El esfuerzo de Yuuri había dado frutos.

Desde que Yuri le había propuesto el ir a Japón, encontró una nueva motivación para poner aún más empeño del que ya ponía en su recuperación.

Con el rubio visitándole a diario, además de la excelente atención que le daban los profesionales, y en particular la enfermera, en unas semanas se vio el progreso; Su masa muscular se había regularizado, paulatinamente había dejado la silla de ruedas y ahora necesitaba una muleta tan sólo para sostenerse.

Obviamente no fue él quien tuvo que hacer todo el papeleo y pedir el retiro de su persona, hasta donde sabía, Yuri había hecho todo eso. Cuando le dieron el visto bueno, no pudo estar más feliz.

Ya para ese momento todo estaba listo. Con anterioridad le habían llevado una muda de ropa para cuando le dieran el alta, más no necesitaba. El menor había arreglado todo para que apenas saliese del hospital, se dirigiera de inmediato al aeropuerto.

«Aeropuerto»

―Uh… Qué nervios… ―Susurró Yuuri, agarrando con ambas manos su estómago. Sabía que no era el mismo aeropuerto de hace cinco años, pero…

― ¿Qué sucede? ―Preguntó Lena, quien le hacía compañía hasta que Yuri llegara recogerlo, cuando la tarde estuviese un poco más caída.

El japonés negó, e intentó desviar su consciencia.

―Es emocionante. ―Recordó su principal motivación. ―Ver a mi familia después de años… ―Sonó tan melancólico… Hasta que cayó en cuenta de un pequeño detalle. ―Digo, sé que estaba en coma, pero… ―Intentó corregirse. ―Ya sabes, ellos no lo estaban…

El silencio ajeno interrumpió el viaje que realizaba su ánimo al desánimo.

Yuuri elevó su mirada, y descubrió a Lena sonriendo, mientras observaba su blanco uniforme, del mismo tono que las sábanas de la cama en la que se hallaban sentados.

― ¿Lena…?

Acaso, ¿Había dicho algo que no debía? No lograba entenderlo del todo. Aunque tampoco era necesario que se esforzara demasiado.

―Siendo sinceros… ―Elevó su voz, mas no su mirada.

― ¿Eh? ―El interés de Yuuri se acentuó, notándose en su inconsciente acción de insinuar su cuerpo hacia adelante.

―Pasaron el año nuevo juntos.

Una nueva revelación, la mente del castaño se enredó a más no poder.

La impresión fue tal, que su mandíbula aflojó y quedó boquiabierto.

―Y no sólo éste año nuevo. ―Lena prosiguió; si ya había soltado algo, ¿Por qué no hacerlo todo? ―Todas las celebraciones, o al menos desde que yo llegué, tus parientes han venido a pasarla junto a ti, sin dejar de lado a su familia. ―Siguió sonriendo para el final. Eso debía alegrar a Yuuri, ¿No?

Aunque contrario a lo que esperaba, como siempre, le sorprendió. Se alteró.

― ¿¡Todas las celebraciones!? ―Se inclinó en su puesto, frunciendo el entrecejo. ― ¿¡Gastaron dinero para venir a verme!? ¡Pero si el Onsen…! ―Llevó sus manos a su cabeza, agarrándola con desesperación. No se lo perdonaría, nunca.

Por unos segundos la rubia quedó en blanco, observando cómo entraba más y más en pánico el joven.

Y entonces se rio, llamando la atención de Yuuri.

―Ellos no gastaron dinero. ―Negó, moviendo de izquierda a derecha su diestra. ―Para nada. ―Seguía bastante divertida. Nunca había visto ese lado de su paciente. Aunque si se ponía a pensar, era normal aún desconocer mucho de él.

― ¿Qué…? ―Si antes su mente casi colapsó, ahora mismo ya no existía. Ya nada tenía sentido y él no estaba para enlazar las cosas para encontrarlo. ― ¿Entonces?

Elena se quedó a media palabra cuando de repente su celular, guardado en uno de los bolsillos de su chal, vibró.

―Disculpa. ―Pidió debidamente, sacando en servicio el aparato. Resultaba que el número de ese chip lo tenían muy pocas personas; era de uso únicamente profesional. Así que debía revisar.

Aunque no era más que un mensaje.

― ¡Hablando del Rey de Roma! ―Pareció alegrarse la mujer, sonriendo a Yuuri.

Por unos segundos no entendió, teniendo que partir el largo camino hasta la entrada y salida principal del establecimiento.

«Quien costeó todos los viajes de tu familia hasta acá»

Yuuri seguía caminando. Aún con muleta avanzaba bastante, la emoción podía más.

«Y tu estadía y tratamiento en el hospital»

La luz que entraba por la puerta de cristal le cegó momentáneamente mientras se habría, dejando que el crudo frío le golpease en la cara.

«Es el mismo que ahora está esperándote afuera»

― ¿Estás listo?

La particular sonrisa de Yuri adornaba sus labios, mientras ofrecía su brazo en lugar de esa muleta para seguir avanzando.

― ¡Sí! ―Mostró de vuelta una sonrisa más radiante. Una sonrisa que agradecía todo lo que había hecho y lo que aún no se enteraba.

Una calidez invadió el cuerpo del rubio al ver esa escena, dedicada sólo para él. ¿Cómo había hecho antes para que esa belleza pasase desapercibida a sus ojos? No lograba explicárselo.

―Así que el día llegó.

Lena entró en escena, saliendo de su puesto de trabajo. Había decidido que los despediría, más de cinco minutos no iba a tomarle.

―Elena… ―Su mirada se encontró con la de la enfermera, y esta le paró.

― ¡Sólo Lena! ―Insistió hasta el final, logrando robarle una suave risa a Yuri.

―Lena. ―Se corrigió. Yuuri se sostuvo por unos segundos en su muleta para permitir al ruso hacer lo que debía; abrazar a la que había sido su compañía esos duros años. ―Muchas gracias por todo… ―Susurró, con tal de que sólo ella lo escuchara.

La fémina correspondió el abrazo con cariño. En ese tiempo había desarrollado un lazo con ese jovencito, casi como si fuese su hermano.

―No lo arruines. ―Fue lo que respondió. Sólo importaba que ellos entendieran.

Se separaron entonces, y con sus manos aún encima de los hombros ajenos, ambos se coordinaron.

Dasvidanya.

El vehículo no tuvo compasión de separar a la enfermera de su más antiguo paciente. Apenas habían terminado la despedida y abordaron el taxi que los llevaría al aeropuerto, el chofer pisó el acelerador.

Lena había elevado su diestra, despidiéndolos hasta el final.

La sonrisa que mostraba se borró abruptamente cuando supo que ya no era visible para los jóvenes, y sacó su celular, releyendo el mensaje que Yura le había mandado.

«Me encontré con una persona desagradable, ya estoy afuera.»

Subió en la conversación que compartían y mensajes similares aparecían, siempre. Llevándose por máximo, dos días.

Plateado se menguó junto a dorado, y el ambiente se hizo aún más frío de lo que ya era.

La fémina arregló su chal, acomodándolo lo mejor posible para que el frío no le afectara tanto.

―No me sé la historia completa. ―Comenzó a hablar. No hacía falta que viese a su derecha para saber quién estaba allí. ―Pero si algo sé, es que el único que estuvo acá siempre, con él, fue Yura.

Esmeralda enfrentó a celeste, en un encuentro más gélido que los glaciares de los polos.

―Sería injusto de tu parte arrebatarle lo que ha estado cuidando todos estos años, ¿No crees, Viktor?