El clima estaba realmente loco, hace unos cuantos días estaba lloviendo y parecía que no saldría el sol; ahora estaba haciendo calor, odiaba el calor más de lo que odiaba a Antonio. Pero cada vez faltaba menos para que acabara el semestre, no era su último semestre pero sí lo era para Antonio, estaba feliz con eso.

Llegó el día que Antonio no había ido a la escuela, no creyó que ese día llegaría o lo vería, pues siempre era muy puntual y responsable, supuestamente había faltado por una gripa según le dijo Arthur, era increíble que Arthur estuviera más pendiente de los que le pasaba a Antonio que él. No le importaba lo que le pasara, sólo si eso incluía que lo dejara en paz, sí. Estaba totalmente tranquilo, no sentía miradas desde lejos y sentía que podía ir a donde sea sin ser mirado o juzgado. Pero hoy tampoco vería a Gilbert, según le dijo, tenía que ir hacer unos arreglos a su nueva casa.

— ¿Estás triste porque no verás a tu novio hoy?

Ya se había acostumbrado a escuchar que era su novio que ya no valía la pena decir que no lo era. — No, ¿tú veras al tuyo hoy?

— Bien jugado… —Lo fulminó con la mirada, pues sabía a quién se refería. — Y sí, si lo veré, de hecho es muy acogedor el lugar, ¿no quieres ir?

— No, no quiero hacer mal tercio. —Dijo con ironía pues Arthur siempre era el que se quejaba de que hacía mal tercio, otra vez sólo recibió una mirada fulminante acompañado con un chasquido de dientes.

Era raro salir de la escuela y que no lo estuviera esperando cierto albino. Fue hasta la parada de autobús con Arthur, este se fue a la cafetería y él después de mucho tiempo iría a su casa directo de la escuela, hace mucho que no tomaba el autobús.
Estaba esperando a que llegara el autobús, lo miró desde lejos, preparándose para cuando llegara, cuando alguien le llegó por detrás alzando sus brazos en una especie de extraño abrazo. Se espantó tanto dejando escapar un peculiar grito.

— No sabía que podías gritar así. —Dijo entre risas Gilbert.

— ¡Cállate…! ¡¿Qué haces aquí?! Creí que arreglarías tu nueva casa. —Estaba rojo de vergüenza, ese vergonzoso grito que hacía cuando se asustaba, como lo odiaba, pero no podía evitar hacerlo. Por eso trató de cambiar rápido el tema.

— Sí… Me dio flojera y vine para acá. —Tenía sus manos sobre su cintura, mirando al autobús que pasaba de largo sin detenerse. — Parece que lo perdiste. —Lovino miró el autobús todo perdido, tendría que esperar al otro, si no mal recordaba pasaba cada 15 minutos. — O podría llevarte… Sirve que ves mí nueva casa.

Todo parecía un plan, un horrible plan todo calculado. — No, hoy no.

— ¡¿Por qué no?! ¡Te puedo hasta llevar a la escuela en la mañana! —Refunfuñó Gilbert, parecía un niño pequeño haciendo berrinche.

— Aún soy menor de edad, ¿lo olvidas? Vivo con mi madre. —Dijo con sátira, en realidad había muchas más razones.

— A veces se me olvida eso… Entonces, ¿qué tal la próxima semana? Puedes avisar con tiempo. —Parecía no rendirse con eso.

— Está bien. —Terminó aceptando, no podía ser tan malo, o al menos eso esperaba.

— Como te hice perder el autobús, te llevaré como recompensa, sube.

De alguna forma ya sabía que eso pasaría en cuanto lo vio. No se quejaba, se ahorraba el dinero del pasaje, los incómodos asientos de plástico y que le tocara sentarse a lado de un raro.

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Al llegar se sorprendió que Gilbert aún no se hubiera ido, era como si le quisiera decir algo. Sólo se quedó mirando a la nada algo pensativo, se reincorporó y se puso en marcha, estaba muy raro. No le dio mucha importancia y caminó hasta su casa; su madre estaba trabajando, su abuelo estaba durmiendo y Feliciano estaba siendo estúpido por ahí.

Llegó la hora de la cena, Feliciano siempre se la pasaba hablando de lo que pasó en la escuela, su madre asentía y de vez en cuando soltaba un comentario, su abuelo tenía al igual que Feliciano una sonrisa boba pareciendo muy emocionado.
Podría aprovechar para avisar que iría con Gilbert la próxima semana, además era mejor hacerlo mucho antes, así no le salían con tontos planes de la nada para él.

— El viernes un amigo me invitó a dormir a su casa. —Dijo sin levantar la mirada del plato en ningún momento, mientras movía con el tenedor su espagueti.

— ¿Amigo? ¿Te refieres a Arthur? —Su madre no parecía reaccionar, seguía comiendo mientras bebía. — No ocupas ser tan formal, es sólo Arthur.

— No… Es otro amigo.

Los tres dejaron de comer y fijaron su vista en él. Los dos adultos lo miraban asombrado, su hermano con un toque picarón, pues sabía de quien se trataba. — ¿Tienes un nuevo amigo? ¿De dónde lo conociste? Si tú ni sales. —Su madre parecía muy emocionada pero al mismo tiempo confusa, pues su hijo mayor no salía mucho que digamos.

— Lo conozco de por ahí. —No sabía explicarles cómo lo conoció.

— Ya, ya. No es para tanto dónde lo conoció. —Su abuelo entró en la conversación, parecía salvarlo. — Deberíamos alegrarnos de que lo invitaron. —Por una parte Lovino se sentía feliz de que su abuelo lo apoyara, pero por otro sentía que lo trataba como si fuera un completo asocial que no podía relacionarse. — Yo no veo problema, además ya está algo grandecito para que lo dejes ir.

— Ese no es el problema, Papá. —Ahora parecía angustiada. — No conozco a su nuevo amigo, ¿qué tal si es un drogadicto? —Los otros tres se miraron de reojo ante esa pregunta.

— Creo que exageras… Feliciano, ¿tú has visto al amigo de Lovino? —Preguntó a Feliciano, pues dependiendo lo que dijera, la madre accedería, confiaba ciegamente en él, en Lovino, no tanto.

— Sí, se llama Gilbert, va en la universidad. —Lovino lo pateó por debajo de la mesa, no quería decir su nombre, ni que iba en la universidad.

— ¡Oh! Es universitario, te conseguiste un universitario~ Está bien, está bien. Sólo usen protección. —Su madre terminó aceptando, no dejó sonreír cuando escuchó que era universitario.

Durante la cena ya no dijo nada, Lovino quería meterse en un hoyo y no salir. Ahora también el abuelo y su madre creían que Gilbert era su novio sin ni siquiera conocerlo.
Ni siquiera sabía si reclamarle a Feliciano o no, pues hubiera preferido que no dijera nada, pero gracias a eso ya no preguntaron más.

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Sorprendentemente al día siguiente tampoco había ido Antonio a la escuela, sentía que había un Dios que si lo quería.
Sus clases transcurrieron normales, largas y aburridas horas de clases. Arthur se había ido a la última hora, al parecer sus hermanos se habían perdido.

Se sintió un poco mal por Alfred, pues Arthur era su única compañía. Pensó en visitarlo, pero al acabar las clases fue y notó que estaba cerrada, era la primera vez que veía cerrada esa cafetería.

— Es raro que Al cierre, ¿no crees? —Gilbert estaba detrás de él. Se asustó de nuevo, pero no lo suficiente para soltar un grito como la otra vez.

— Sí… —Giró un poco la cabeza pues no veía por ningún lado la motocicleta de Gilbert, cuando volteó vio que se encontraba Antonio. ¿No se suponía que no había ido ese día a clases? De nuevo giró la cabeza, esperando que Gilbert no lo viera, pero ocurrió lo que no quería.

Gilbert estaba mirando justo a donde estaba Antonio. Luego se giró, mirándolo con seriedad. —No te lo había comentado porque al principio pensé que no sabías… Pero creo que siempre supiste. Varias veces he visto a ese chico, he visto que usa el mismo uniforme que tú y he visto que se queda desde que llegamos hasta que nos vamos… ¿Quién es?


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¡SE PRENDIÓ ESTÁ MIERDA!
Oc no…
Actualicé mucho antes de lo previsto. Mi plan era actualizar justo cuando acabaran los finales… Pero aquí estoy, en finales y actualizando… Lo que ya está perdido, ya no se recupera (Yo hablándole al semestre(?)

Se me ocurrió una idea súper genialosa (Creo que esa palabra ni existe(?) pa' el fic, ya veré si lo pongo o no, son ideas muy random mías y pues, son mis gustos xD Tal vez no la ponga o la "adapte" lo más posible es que no lo ponga(?)

CHAN CHAN CHAN ¿Qué pasará? Ni yo lo sé(?) Bueno ya.

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