Capítulo 7

— Orden, orden, orden por favor.

Vaya, nuestros invitados no habían ni acabado de llegar y, ¡Ya estaban peleando!

— Pero si te estoy diciendo que yo no me he robado nada, tío, anda, joder, ¡¿Cuántas veces os tengo que deciros?! ¡Yo ni salgo todavía en: Sailor Moon Crystal! ¡¿Cómo se supone que yo me iba a robar el…?!

— Oye, Neherenia, — dijo un menos ofuscado y elegante señor— cálmate, cálmate que entre más alterada estés, es peor. Hemos sido citados aquí porque, bueno, nosotros siempre quisimos quedarnos con el cristal de plata. Es lógico que, Yagami, y sobre todo el estudio, sospeche de nosotros pero no son más que eso, sospechas. Tranquila que…

A nuestro estudio fueron "invitados"… Bueno, la verdad es que los que iban a nuestro programa no recibían una invitación, recibían era un citatorio diciéndoles que debían presentarse en: Studios Kinomoto-Li, a tal hora y tal día porque, x persona, los había demandado. Beryl, el gran sabio y los hermanos Black (y quien fue al estudio en representación de los Black, de la familia Black, fue el de siempre, el desocupado de Diamante) Neherenia y Galaxia, fueron al estudio porque los habíamos obligado. Aquellos cinco particulares personajes fueron citados al programa porque Yagami, que es de lo peor y tenía sus sospechas con ellos, los demandó en nombre de: y más, en su nombre también, por haberse robado el cristal de plata que usaron para el programa. Y yo, que no entendía por qué los estaba demandando por partida doble y más, por eso, pasé directamente a preguntarle porque, ya saben, cuando ellos se ponen a pelear nos hacen perder tiempo al aire y el tiempo en televisión es muy caro…

— Yagami, vamos a empezar con usted porque es usted el que los está demandando, ¿le parece?

— Tan seria y tan directa como siempre cada vez que nos vemos, reina. — Me respondió como era él, con mucha seriedad y tranquilidad— Claro, claro, adelante y pregunte lo que necesite que para eso, aunque, miento, no es solo por eso que estoy aquí…

— Tan perspicaz como siempre, señor Yagami.

Lo miré con condescendencia, es que ese tonto siempre, siempre me ha caído mal.

— De hecho eso le quería preguntar. ¿Por qué está usted aquí demandándolos en nombre de y en el suyo propio? No entiendo. puede contratar el mejor buffet de abogados de todo Fandom para llevar un proceso como este. ¿Por qué traer un caso como este, tan delicado, a este programa? De verdad que por más que lo pienso no entiendo.

— Sencillo, reina. — Sonrió con sobrades— Publicidad… Como imagino ya sabe, estamos próximos a lanzar la tercera temporada de: "Sailor Moon Crystal". ¿Lo sabe, verdad?

Asentí.

— Los señores Gremmory no estuvieron del todo de acuerdo con mi idea de traerlos a todos ellos a este programa para que nos respondan por la desaparición de la costosísima copia del cristal de plata, pero…

— Momento, momento, momento, señor Yagami, ¿Qué? — Lo miraba una elegante y bien maquillada Beryl— ¿Qué es lo que acaba de decir? ¿El cristal de plata con el que trabajamos era falso? ¿Eso era una copia?

— Sí, así es, señora Beryl.

Sonrió con triunfo ese bobo de Yagami que, aunque a mí me caiga mal, la verdad sí es esa, se veía muy bien en ese costosísimo traje gris de saco y corbata, bien no se veía, se veía espectacular.

— ¿De verdad creyeron que la señora de Chiba, nos iba a dejar usar su cristal de plata para grabar las escenas en las que lo necesitábamos? Oh, no… Para nada.

— ¡Pero es que era idéntico! — Gritó esa escandalosa de Neherenia mientras el gran sabio y nuestra seguridad intentaban calmarla— ¡Yo juraba que ese era el cristal de plata de la tonta de Serena! ¿Cómo lograron que se viera tan…?

— Sin importar todo el dinero que los señores Gremmory le ofrecieron a la señora Serena por dejarlos usar el cristal de plata durante las grabaciones, el verdadero cristal de plata quiero decir, ella se rehusó; aunque sospecho que quien influenció esa decisión fue el de siempre, su esposo, el señor Chiba. Ella dijo que por nada del mundo expondría el cristal de plata a personas como, bueno, como los presentes, y que...

— ¡Maldita cría! ¡¿Pero quién demonios se cree que es, ah?! ¡Joder, ahora sí que ya me hizo enojar y ojala, ojala y quien se haya robado la copia del cristal de plata no lo devuelva!

— Momento, momento, señora Neherenia, ¿Qué es lo que quiso decir con eso? ¿Podría explicarse mejor, por favor?

— Bueno, pues ese día que fui al estudio yo…

Flashback…

Neherenia llegó elegantemente vestida a las lujosas instalaciones de un martes a las nueve de la mañana. Con su hermoso cabello ondulado meciéndose al compás de viento, bajando de su auto y guardando aquellos costosos lentes en su fina bolsa de diseñador, al igual que sus llaves, le dijo al encargado de cuidar los automóviles en el parqueadero de , que por nada del mundo fuera a descuidar a su lujoso auto, que de eso dependía la propina que ella le daría al salir. Después de recibir la mala mirada de un chico mal vestido, en sus elegantes tacones altos de puntilla y ese en ese hermoso vestido azul oscuro, casi violeta, largo, entró al edificio con la ilusión de poder conseguir un papel en una de las producciones más famosas de ese lugar: "Sailor Moon Crystal". Llegó ahí, muy bien arreglada y temprano (según ella) porque una muy buena amiga suya le había dicho que estaban necesitando una actriz para la serie, y ella, que es tan vanidosa, de inmediato pensó: ¿Por qué no? Muy bien vestida y arreglada, llegó a recepción pero dijo que cuando vio a tanta gente ahí, se desilusionó, dijo que de inmediato quiso irse al ver a tanta gente en las mismas que ella, buscando empleo.

Fin de flashback…

—…Y, no, joder, ¡Había un montón de gente ahí!

— Ah, sí, — se reía con mucha maldad ese bobo de Yagami— yo no sé de dónde sacó toda esa gente que estábamos necesitando personal. Ese día, se nos llenó la recepción, reina, fueron más de doscientas personas. Nunca me imaginé que hubiera tanto desempleo aquí, en Fando York.

— Como vi tanta gente ahí, pues inmediatamente pensé: "No, aquí no hay nada que hacer" Iba a irme pero como me encontré con Zirconia y Para-Para, pues me senté y me quedé charlando con ellas; bueno, eso fue hasta que salió el…

— Hasta que salí yo. — Le guiñó un ojo el gran sabio a Neherenia y, bueno, ella se sonrojó pero Beryl, se enojó, me dio la impresión de que estaba celosa... — Casualmente iba pasando por ahí, después de que me hicieron ir al estudio para nada, ese día a mí no me tocaba grabar…

— Ni me mire así, gran sabio, que yo no soy el encargado de organizar los horarios de los actores. Ustedes saben que eso ya es directamente con el director y…

— Pues sí pero como sea, eso no era lo que iba a decir. — Dijo el gran sabio mientras Yagami, hacia mala cara porque este lo había interrumpido— Señor, Yagami, lo que iba a decir era que tanto Neherenia como yo estamos descartados como sospechosos porque ese día estuvimos juntos. Ese día, y después de confirmar, como usted lo acaba de decir, con el director que no tenía que grabar ninguna escena, la invité a ir por café y luego…

— Y luego, me imagino, lo mismo que hiciste conmigo cuando nos acercamos ese día en el programa, ¿no, gran sabio?

— Beryl… No sé qué es lo que me estás reclamando si la que me mandó al demonio, con propuesta a vivir y todo, fuiste tú, no yo, mi amor.

— Eres un…

— Bueno, bueno, —dije yo como para relajar un poco el ambiente. Algunas personas del público, se reían porque, pues, claro, era gracioso que ellos estuvieran hablando de eso pero… Bueno, estábamos era hablando de otra cosa, no de los problemas de pareja que el gran sabio y Beryl pudieran tener…— no nos desviemos del tema, muchachos, y entonces, ¿Qué fue lo que pasó ese día, Neherenia?

— Ah, sí, pues eso que dijo el gran sabio, reina.

Sonrió muy triunfante, ella y Beryl, no se llevaban nada bien…

— Ese día pues que nos hemos encontrado en la salida y nos hemos puesto a platicar. Él, me dijo que no tenía nada que hacer y que si yo estaba libre, le aceptara una invitación a tomar un café; ya sabéis, para que siguiéramos hablando y nos conociéramos más. Y claro, yo no tenía nada mejor que hacer que ir a una cafetería a charlar con el amable de Atsushi y, luego, conocer su lujoso departamento…

— ¡Perra! — Se enojó Beryl— ¡Tú siempre has dicho que no tienes ojos para nadie más que no sea el triple papacito de Darien y…! ¡Mira! ¡Maldita desgraciada, solo te metiste con él para hacerme enojar!

— No, la verdad es que no fue solo por eso, cof, cof, perra de quinta… Al parecer vosotros sí hiciste con él lo que él quería hacer conmigo ese día, esa tarde que me llevó a conocer su departamento...

Se reía con mucha maldad esa malvada de Neherenia mientras Beryl, se ponía como el vestido que llevaba puesto ese día, roja de la pena que le había dado que la tonta esa hubiera dicho eso como lo dijo.

— Maldita hija de tu…

— Al parecer vos sí accediste a acostarte con él cuando te lo pidió. Vaya, sabía que eras una petimetre cualquiera pero no sabía que tanto… Qué barbaridad…

— ¡Perra hija de…!

— Callaos, zorra. Mejor anda que te folle un pez.

— ¡¿Ah?! — La miró Beryl con desconcierto— ¡¿Al menos podrías hacer tus insultos como la gente normal, españoleta de cuarta?! ¡Es que…!

Ese par de mujeres se empezaron a decir de todo un poco y, bueno, aunque no puedo negar que era muy, muy divertido escuchar cómo se insultaban, no se podía, no habíamos ni empezado con el programa y teníamos que detenerlas…

Goku y Vegeta, las detuvieron como siempre, sin ningún problema o esfuerzo, y pudimos seguir con el programa.

— Bueno, Yagami, si el gran sabio y Neherenia logran comprobar que ese día estuvieron juntos, pues quedarían…

— No te preocupes, reina. — Me miró el gran sabio con suficiencia mientras sacaba algo de un elegante maletín de cuero negro, maldito idiota, siempre que lo veo se ve muy bien, muy elegante— Me tomé el atrevimiento de traer esta grabación. ¿Tienes algún reproductor en donde la pueda poner? ¿En dónde la pueda poner a reproducir para que tú, y usted también, Yagami, puedan ver que es cierto, que ese día Neherenia y yo estuvimos juntos?

— Pues no pero eso se arregla con facilidad. Fye, cariño, ¿puedes arreglarlo, por favor?

Asintió y me sonrió desde donde se encontraba trabajando.

— Gracias, mi neko, gracias mi amor. Bueno, por favor, gran sabio, por favor venga y ponga la cinta porque como a Vegeta no se le puede pedir nada….

— A ver, mujer vulgar. — Dijo Vegeta y le arrebató aquel CD al gran sabio de las manos, luego llegó conmigo en un nano segundo y pasándomelo me dijo…— Tenga. Tenga y después no diga que uno no trabaja porque, me imagino, que por culpa suya, fue que me descontaron doscientos cincuenta eurofics de mi quincena.

— Yo no tuve nada que ver con eso, Vegeta.

De verdad que no, yo no tuve nada que ver pero, no lo podía evitar, me daba risa.

— Sí, claro, como no…

— Que no, de verdad que no. Yo solo le pregunté al que maneja la nómina, a Genos, si Goku habida llegado todo el mes temprano y cuando él me dijo que sí, le sugerí, mas no se lo pedí, que le diéramos el bono por asistencia y por buen comportamiento, yo no hice nada más que eso.

— Como haya sido. Tenga y si necesita algo, me dice. No voy a seguir permitiendo que ese gusano me haga quedar mal porque yo soy…

Vegeta volvió a su lugar refunfuñando, y mientras él refunfuñaba, y Goku se reía, nosotros poníamos a reproducir la grabación y sí, en efecto, se veía muy claramente cuando el gran sabio y Neherenia salían de los estudios de a las diez treinta de la mañana; y la desaparición del "cristal de plata" fue alrededor de las doce y las dos de la tarde, que es cuando mucha gente sale a almorzar.

— Bueno, entonces no fue ni el gran sabio ni la señora Neherenia. — Dijo Yagami y se veía bastante, bastante deprimido por eso… Le iba a tocar hacer algo que odiaba con toda su alma, pedir una disculpa— Gran sabio, señora Neherenia, en nombre de los señores Gremmory, del estudio y en el propio, les pido una…

— No te molestes, muchacho.

Sonrió ese infeliz del gran sabio mientras organizaba su maletín, salía del cubículo y se le acercaba pero, ¿Qué raro? No a Neherenia, como creí que haría, se le acercó fue a una enojada Beryl que cada que podía lo miraba mal…

— No necesito que te disculpes y, por el contrario. Ya van dos veces que vengo a este programa y además de poder ver a la reina que, caray, yo he conocido muchas mujeres hermosas en mi vida, como esta de aquí por ejemplo, pero…

— Ja, —le dio la espalda Beryl y se cruzó de brazos— Eres un infeliz de lo peor, Atsushi. ¿Haberte metido con esa loba cuando…?

— ¡Oye!

Se enojó Neherenia.

— ¿Pero de que estáis hablando, zorra? Todo el mundo sabe que yo, de todas las mujeres que trabajamos en esa mierda de serie…

— ¡Oiga! — Exclamaron todos nuestros asistentes del público.

—… Soy yo. Anda, que soy la hostia, tíos, eso todo el mundo lo sabe, joder… Faltaba más…

— Bueno, bueno, ya. — Se reía el gran sabio de escucharlas insultarse— No es necesario que se disculpe, Yagami, porque además de poder ver a la reina que sí, parece una reina de lo hermosa que es, me hago publicidad. No se imagina la cantidad de casos que han llegado a mi buffet desde que vine la primera vez a este programa y, bueno, creo que no tengo que explicarle que una buena publicidad…

—…Vale más que mil palabras, lo sé, gran sabio, créame que si alguien sabe eso, soy yo.

Hizo mala cara, aunque trató de disimularlo, ese idiota de Yagami.

— De cualquier manera, siento mucho el haberlos hecho venir hasta aquí, mediante un citatorio, y no se preocupe, me encargaré que se les indemnice como debe ser.

— Perfecto. — Sonrio triunfante— Por mi parte no ha pasado nada y, perdóneme pero, —giró a Beryl para que lo mirara— oye, Beryl, ¿quieres que me quede a representarte? Tranquila, no te voy a cobrar nada por defenderte, digo, esta vez…

— ¡Ja!

Y le dio la espalda de nuevo mientras Neherenia salía de su cubículo y claro, como todos nosotros, con el ojo cuadrado porque no entendía qué era lo que pasaba entre Beryl y el gran sabio.

— No, no te preocupes, gran sabio. Vete tranquilo que me imagino que quieres invitar a la españoleta esa….

— ¡Oye! — La detuvo Goku cuando ella, una enojada Neherenia, se le quería ir encima a Beryl para golpearla— ¡Volvedlo a decir, zorra!

— Beryl… Lo que pasó con ella no significó nada para mí porque…

— No, no tienes que explicarme nada. Vete tranquilo que cuando tú y, esa, se fueron a pasear a Nemesis, tú y yo ya no éramos nada. No te preocupes, no necesito que me defiendas, porque yo puedo defenderme sola, y mucho menos necesito que me des explicaciones de lo que hiciste o no con esa, con ella. Vete que no te necesito para nada.

— Puede que tú no necesites que te defienda, eres una mujer completamente independiente y eso, esa es una de las cosas que más me gusta de ti; y no solo eso, además, me gusta tu olor, ah… Tu olor…— Y se le acercó para inhalar de su olor, del penetrante olor de su costoso perfume— Me encanta… Me gustaba mucho despertar y sentir este delicioso aroma en mi almohada, en mi cama…

— No quiero interrumpir, ni ser descortés pero… ¿Entonces qué? ¿Te vas a quedar como abogado de Beryl, gran sabio? Aún no sabemos qué pasó con la copia del cristal de plata y, mis amores, el tiempo en televisión es costoso, muy costoso…

— No.

— Sí. — Dijo el gran sabio después de que Beryl, como por tercera vez, rechazaba su ayuda— Adelante, reina, yo me voy a encargar de demostrar que Beryl, es inocente, que ella no tuvo nada que ver con la desaparición de ese estúpido cristal. Es que, ¿de verdad, Yagami? Le creo que nos hubiera demandado por la desaparición del cristal de plata, es una joya que está avaluada en más de mil millones de eurofics pero, ¿por una insignificante copia? Por favor, eso sí debería darle…

— Esa, insignificante copia como usted la llama, gran sabio, —sonrió Yagami con malicia— les costó a los Gremmory más de diez millones de eurofics.

— ¡¿Qué?!

Gritaron Diamante y Galaxia al mismo tiempo. Y luego Diamante, que no salía de su asombro, preguntó mirando a Yagami…

— Oiga, no, no, no, ¿Cómo? ¿Cómo es que una copia del cristal de plata puede costar tanto? Explíqueme eso, por favor, señor Yagami, porque no entiendo.

— Ah, sí, vera, señor Black, lo que pasa es que los Gremmory tuvieron que comprarle los derechos de autor a la legitima dueña del cristal de plata, es decir, a la señora de Chiba, y no solo eso. Además tuvieron que contratar a varios magos, entre esos, el aquí presente, el señor Flourite…

Una cámara lo enfocó mientras yo lo miraba sin entender nada.

— ¿Tú sabias de eso, Fye, y no me dijiste nada? Es el colmo contigo… Se supone que yo soy tu…

— Pues sí, mi reina, y así es. — Sonrió mientras se quitaba los auriculares y me miraba— Tú, eres mi esposa, y no tengo secretos contigo pero, bueno, esto era algo que no te podía decir porque no podía. Los Gremmory nos hicieron firmar, a mí y a todos los que trabajamos en la copia del cristal de plata, un acuerdo de confidencialidad, no podía decirte nada por mucho que quisiera.

— Ah, bueno. — Sonreí mas aliviada— Eso ya es otra historia, mi amor.

— ¿Un acuerdo de qué? — Pobre Diamante, ese debió haber estudiado más, es como muy burro a veces — ¡Ah! Odio venir a este programa. ¡Nunca entiendo nada de lo que hablan!

— Un acuerdo de confidencialidad, Diamante. — No lo podía evitar, me daba mucha risa verle la cara— Un acuerdo de confidencialidad, es un acuerdo que se hace generalmente por escrito, para evitar que los implicados divulguen la información de la persona con la que están teniendo alguna relación comercial, negocio o sociedad. Mejor dicho, es un acuerdo que no te permite, por más que quieras, ir con el chisme porque eso, bueno, si lo llegas hacer te puede dar hasta cárcel.

— Ah…. ¿Ves?

Se reía sin control.

— ¿Qué tanto te cuesta ponerlo en español, eh? Caray, sinceramente esta gente con estudio me desespera a veces. Válgame Kamisama…

— Bueno, entonces nos quedan como sospechosos, Diamante Black, obviamente toda su familia porque él viene es en representación de todos ellos, y Galaxia y sus trabajadoras.

— Oiga, no, ¿y usted cómo por qué está metiendo a mis muchachas en esto, ah, señora?

— Sencillo, Galaxia. — Me Rei— Todo el mundo aquí en Fandom sabe que tú sin tus trabajadoras, no haces nada. Si es que tú tomaste la copia del cristal de plata, debió haber sido con su ayuda.

Así, y sin saber por dónde empezar para aclarar qué había pasado con la copia del cristal de plata, hice un receso. Creo que todos necesitábamos salir a tomar un poco de aire fresco.

— Receso de una hora.

— Pero…

— Dije, —miré mal Diamante que parecía que tenía prisa por irse— Receso de una hora. Nos vemos aquí en una hora, creo que todos necesitamos descansar.