Esta historia pertenece a Sharon Sala, y los personajes a SM, yo sólo la adapte a nuestra pareja favorita porque me pareció demasiado buena como para ignorarla. Espero que les guste tanto como a mi, y recuerden que yo no gano nada con esto, sólo la satisfacción de realizar mi buena acción del día. Esta historia consta de 15 capítulos más el epílogo. Trataré de actualizar seguido, pero no prometo nada.

Bye

De regreso al pasado


Capítulo 7

Bella había empezado a quitarle el polvo a las estanterías del salón, pero había dejado el trapo y la cera sobre la mesa y estaba sentada en el suelo, con las piernas cruzadas, mirando un álbum de fotos. Nada podría haberla preparado para lo que encontró dentro, ni en el más increíble de sus sueños.

Las primeras páginas estaban dedicadas al primer año de su matrimonio con Edward. Recordaba aquellas fotos y los momentos en que habían sido tomadas. Después había bastantes del nacimiento de Nessie, y de sus tres primeros meses de vida. La mayoría eran fotos de Edward con la niña en brazos, o de los padres de Edward con ella.

Pero después tuvo que enfrentarse con algo imposible de negar. Página tras página, año tras año, Bella con Nessie o con Edward, aquellas fotos eran la prueba física de que había estado presente en aquellos acontecimientos. Eran fotos sin relevancia, de las que solo son preciosas para los que las han tomado. Retrataban momentos cotidianos, desde hacerle trenzas a Nessie hasta construir un castillo de arena en la playa. Había fotos de navidades y de su primer día de Acción de Gracias en la casa nueva, de su treinta cumpleaños o de Daniel dándole las llaves de su coche. Cuantas más veía, más recordaba. Pero aquello no tenía sentido. ¿Cómo era posible que recordase algo que no había ocurrido?

Suspiró y se frotó la frente. ¿Qué era lo que quería? Aquello no podía ser otra cosa que su locura, aumentando por momentos. Más de una vez, durante las pasadas veinticuatro horas, se había preguntado si realmente no estaría encerrada en algún hospital y estaría viviendo una fantasía que solo ocurría en su mente. Eso tenía más sentido que cualquier otra cosa. Pero miró de nuevo las fotografías. Parecían reales.

Muchas veces habría deseado ser capaz de volver al pasado y revivir el momento en que Edward había puesto a Nessie en el asiento trasero del coche y había dado marcha atrás sin darse cuenta de la persecución que se estaba desarrollando detrás de él. Había revivido aquel horror una y otra vez, siempre que cerraba los ojos. Pero siempre había sido igual. La pelea, Nessie llorando. Edward marchándose furioso, y ella mirando cómo se marchaban, sin intentar nada para que parasen.

Se le puso la carne de gallina.

Siempre había sido igual. Hasta el día anterior.

El día anterior, en la tienda de antigüedades, había tenido el mismo sueño, pero no había cambiado hasta el punto en que Edward había dado marcha atrás en la carretera. Ella se había echado encima del capó, en vez de mirar. Le había pedido a gritos que parase y que no se marchara. Por primera vez desde que la pesadilla había comenzado, él y Nessie habían sobrevivido.

Cerró los ojos, recordando el anillo que había encontrado en aquel trocito de encaje y al extraño anciano que la había mirado con aquellos ojos tan tristes. El anillo le había parecido muy pequeño, y sin embargo le había entrado perfectamente en el dedo. Respiró hondo, intentó calmarse y recordar lo que había pasado después.

Oh, sí. Había olor a polvo en el aire, y otra fragancia más sutil, la de rosas secas. Había estado a punto de desmayarse y había tenido que apoyarse en un mueble.

A Bella empezó a latirle el corazón con fuerza. Incluso en aquel momento sentía el pánico de saber que algo había empezado a moverse y que ella no podía pararlo. Recordaba vagamente cómo había empezado a darle vueltas la cabeza, como si todo lo que la rodeaba estuviese moviéndose hacia atrás.

¡Atrás!

Soltó un grito al pensarlo.

No. No era posible.

Era imposible volver al pasado.

Pero no podía desechar aquel pensamiento. ¿ Podría ser que el último sueño que había tenido de su pelea con Edward hubiera sido real? ¿Podría ser que hubiera tenido la oportunidad de cambiar su destino?

Dejó el álbum de fotos en su sitio y fue hasta el teléfono. Descolgó y marcó un número.

—Información. ¿En qué puedo ayudarlo?

—¿A qué fecha estamos?

—¿Perdone?

—Por favor —le rogó Bella—. Solo dígame a qué día estamos.

—A veintiséis de septiembre.

Bella empezó a temblar. Había entrado en la tienda de antigüedades el dos de octubre. Respiró hondo y preguntó:

—¿De qué año?

—Señora, ¿se encuentra bien?

«No, pero puede que esté loca».

—Sí, pero por favor dígame la fecha completa.

—Estamos a veintiséis de septiembre de dos mil dos.

Bella colgó el auricular sin contestar a la telefonista. ¿Qué podía decirle? A propósito, creo que he viajado en el tiempo y no quiero llegar tarde a cenar.

Antes de que pudiera pensar con claridad, sonó el teléfono. Dio un respingo y pensó que quizá fuera la telefonista, para decirle que tenía un billete gratis hacia el manicomio.

—¿Diga?

—Bella, querida, ¿qué tal?

—¿Esme?

Esme Cullen se rió.

—Sí, soy yo. ¡No hace tanto tiempo desde que no hablábamos!

«Solo seis años..., pero ¿a quién le importa?»

—Eh... Lo siento, estaba completamente distraída.

—¡Ah! No te preocupes, a todos nos ocurre a veces —respondió Esme—. Te llamaba porque pronto será el cumpleaños de Nessie, y quería saber si habéis hecho algún plan especial. Si no, a Carlisle y a mí nos encantaría que vinierais a cenar.

—Eso suena estupendo —dijo Bella—. Le preguntaré a Edward y te llamaré, ¿de acuerdo?

—Muy bien. No estaba segura de si haríais una fiesta, y no quería molestar.

—Los abuelos nunca molestan.

—Eres un encanto —dijo Esme—. Me gustaría charlar un ratito más, pero Carlisle me está esperando. Avísame para lo de la cena. Hasta luego.

—Sí, hasta luego —respondió Bella, y colgó, asombrada por la conversación con una mujer que una vez la había odiado con todas sus fuerzas, y sin embargo, había estado cariñosa y cálida.

Iba a tomar otra vez el álbum de fotos cuando volvió a sonar el teléfono. Esta vez, contestó un poco más centrada.

—¿Dígame?

—Hola, guapa... soy yo.

Se sintió aliviada y se dejó caer sobre una silla.

—Oh... eres tú.

Él respondió con la voz burlona.

—¿Quién creías que sería?

—Es que acababa de hablar con tu madre. Nos ha invitado a cenar por el cumpleaños de Nessie.

—¿Y qué le has dicho?

—Que la llamaría más tarde, cuando hablase contigo.

—Lo que tú decidas me parecerá bien —dijo Edward—. ¿Estás muy ocupada?

—No mucho. Estaba mirando un álbum de fotos cuando llamó Esme y todavía estaba al lado del teléfono cuando has llamado tú. Me ha sorprendido.

Él se rió entre dientes.

—Mira, cariño, no tengo mucho tiempo antes de ir a los juzgados. Quería contarte que me ha llamado Jasper Whitlock. Quiere hablar con Nessie sobre el hombre que se acercó a ella ayer en el colegio.

—¿Jasper Whitlock?

Edward frunció el ceño. Aquellos vacíos de memoria de Bella estaban empezando a preocuparlo seriamente.

—El padre de Molly. La mejor amiga de Nessie, Bella. Es detective del departamento de policía de Savannah, ¿te acuerdas?

A Bella se le hizo un nudo en el estómago.

—La policía. Oh, Dios... por supuesto, se me había olvidado que era policía. Oh, Edward, ¿es que piensan que...?

—No saben nada seguro, cariño. Solo están investigando todas las posibles pistas. Con dos niñas desaparecidas, no pueden permitirse el lujo de pasar nada por encima, ni siquiera si es inverosímil.

—Sí, por supuesto. ¿Qué tengo que hacer?

—Vete a recoger a la niña a la escuela como de costumbre. Él va a ir a casa con el pretexto de devolverle una chaqueta que Nessie se dejó en su casa la última vez que durmió allí. También va a llevar a un agente que se va a encargar de dibujar al tipo con la descripción que haga Nessie. Tenemos que dejar que él le dé las explicaciones. Nessie no va a pensar que haya nada raro en todo el asunto, y él sabrá cómo hablarle para que no se asuste.

A Bella le temblaba la voz sin que pudiera evitarlo.

—¿Vas a estar tú aquí?

—Nada podría impedírmelo.

Bella suspiró.

—Esto es horrible, ¿verdad?

—Sí, pero no tan horrible como lo que están pasando los padres de las niñas desaparecidas.

—Oh, Edward...

—No te preocupes, cariño. Nessie está a salvo y nosotros nos vamos a asegurar de que continúe estándolo.


Mike tomó dos cuencos de macarrones con queso del microondas y los puso en una bandeja. Añadió dos cucharas de plástico y dos tetrabricks pequeños de zumo de frutas. Miró la bandeja durante un instante y fue hacia la encimera. Tomó dos plátanos y los puso junto a los cuencos.

—Aquí tenemos... una comida perfecta para dos niñas que están creciendo.

Tomó la bandeja y se dirigió a su habitación. Cerró la puerta con el pie y dejó la bandeja sobre la cama para apartar la alfombra que había sobre la puerta de metal del sótano. La abrió, volvió a tomar la bandeja y empezó a bajar las escaleras.

Pasando por alto el hecho de que las había gritado muy poco antes, su voz sonó como si estuviera encantado.

—Hola, hola, hola —dijo, mientras bajaba—. Os he traído una comida muy rica. ¿Tienen hambre mis dos angelitos?

Bree Tanner había sido, una vez, una niña feliz, pero quedaba muy poco de aquella niña. Aunque su ropa estaba impecable y le habían cepillado el pelo, y se lo habían recogido con un pasador rojo, los moretones de sus brazos y el corte que tenía en el labio eran imposibles de olvidar. Estaba sentada en el borde de la cama, mirando al vacío, con un poco de saliva en el labio inferior.

Jane Volturi era una niña despierta y extrovertida. No consideraba a nadie como un extraño, pero al conocer a Mike aquella palabra había tomado un significado distinto para ella. Él la había manejado con facilidad desde el principio, y la niña no había visto venir el peligro. Mike había usado el truco del perrito y la correa. Esperó hasta que la vio venir, y soltó la correa, sabiendo que el cachorro echaría a correr. Jane vio al perrito ir hacia ella, y al hombre gracioso corriendo detrás, tanto como podía. Ella pensó que estaba haciendo algo bueno. A solo cuatro manzanas de su casa, se puso de rodillas y tomó al cachorrito en brazos. Sonrió al entregarle el perro al señor, y no se dio cuenta de que pudiera haber ningún peligro cuando él le acarició la cabeza y le dio las gracias por ser tan amable.

Cuando le ofreció dejarla llevar la correa del cachorro mientras caminaban hacia su casa, ella se distrajo con el premio inesperado e hizo lo imperdonable. Se fue con un extraño. No recordaba la última vez que había visto a sus padres. Había dejado de llorar por las noches y aunque Bree no hablaba con ella, Jane se acurrucaba a su lado para dormir como si fuera lo que le ataba a la cordura.

Oyó que se abría la puerta y que el hombre las llamaba. Se puso de pie rápidamente, porque no quería estar allí sentada. Él jugaba a juegos en la cama que no le gustaban nada. Le tomó con fuerza la muñeca a su amiga y le susurró desesperada:

—Levántate, Bree... Tienes que levantarte.

Pero la niña no se movió, y Jane no tenía fuerza suficiente como para moverla. Incapaz de hacer otra cosa que cuidar de sí misma, corrió hacia el otro extremo de la habitación.


Bella se fue hacia el colegio de Nessie casi una hora antes de la hora de salida. En parte, por miedo a no perderse por el camino, pero lo más importante, porque no quería que Nessie volviera a sentir ansiedad porque nadie iba a recogerla a tiempo.

Aunque no sabía exactamente adonde iba, condujo hasta el colegio sin equivocarse ni una sola vez. Estaba empezando a aceptar el hecho de que había ocurrido algo extraordinario en su vida.

Aparcó en la acera del colegio y se quedó esperando dentro del coche, deseando que el corazón le dejase de latir tan fuerte.

Mientras esperaba, miró por el retrovisor y vio a un hombre alto, muy rubio y vestido con ropa de deporte. Bajaba por la calle del colegio, y se paró para atarse el cordón de la zapatilla. Cuando se levantó, miró a su alrededor para ver si alguien lo estaba observando.

Bella agarró con fuerza el volante. Tenía el pelo casi amarillo. ¿Y si era el hombre que había hablado con Nessie? Tomó el bolso y buscó el teléfono móvil. Si él se acercara un poco más, podría ver mejor su cara.

Mientras esperaba, con los dedos preparados para marcar el teléfono de la policía, el autobús de la escuela pasó a su lado y se acercó a la acera. En ese momento dejó de ver al hombre. Unos segundos después, llegó otro autobús, y después dos más, hasta que hubo una fila de autobuses alineados esperando a los niños que salían del colegio. No veía nada de la acera de enfrente.

Un par de conductores salieron de los autobuses y encendieron un cigarro. Otro rodeó su autobús, comprobando los neumáticos y la puerta trasera, para asegurarse de que todo estaba en orden.

Bella salió del coche y cruzó la calle hacia el colegio, buscando al hombre. Pero no lo veía. Entonces se dio cuenta de que había un policía uniformado justo en la puerta de la escuela, y empezó a relajarse.

En aquel momento, oyó el sonido estridente de la sirena que anunciaba el final de las clases. Unos segundos después, las puertas del edificio se abrieron. Se sintió frustrada cuando vio que los profesores y los niños salían e iban hacia ella. Intentó no dejarse llevar por el pánico, pero no tenía idea de cómo era la profesora de su hija.

—¡Hola, señora Cullen ¿Está buscando a Nessie?

Bella se volvió y miró hacia abajo. Una niña pequeña y rubia con las mejillas sonrosadas la estaba mirando con una sonrisa.

—Sí, la estoy buscando. ¿Quién eres tú?

La niña soltó una carcajada, como si Bella le acabara de gastar una broma muy graciosa.

—¡Soy yo, Molly!

«Molly. La mejor amiga de Nessie».

—¡Ah, claro! —dijo Bella, frotándose los ojos como si acabara de despertarse.

Molly se rió de nuevo y señaló detrás de Bella.

—Ahí vienen. Las últimas filas han tenido que esperar en el vestíbulo porque Riley Biers ha vomitado.

—¡Ah, caramba! —exclamó Bella.

—¡Mami, mami!

Se volvió y vio a Nessie saludándola desde el principio de su fila, y dejó escapar un profundo suspiro de alivio.

—¡Hola, cariño! —le dijo.

—Bella... Buenas tardes.

Bella imaginó quién era la mujer que la había saludado y se lanzó a la conversación sin titubear.

—Hola, señorita Weber. He oído que alguien ha tenido un pequeño accidente en el vestíbulo.

Angela Weber miró al cielo con resignación.

—Cinco segundos más, y nosotros habríamos estado fuera del edificio, antes de que ocurriera.

Bella le sonrió comprensivamente mientras Nessie deslizaba su manita dentro de la de su madre.

—Mami, ¿nos vamos a casa?

Bella miró a su hija, sintiendo un amor que le atenazaba el corazón.

—Sí, cariño, nos vamos a casa —miró fijamente a la señorita Weber—. ¿Está bien?

—Muy bien —contestó la profesora, y se fue a meter a cada niño al autobús que le correspondía, mientras los otros padres que habían ido a recoger a sus hijos esperaban en los coches.

Nessie hablaba sin parar, y saltaba mientras caminaba hacia el coche, sintiendo que todo era seguro en su mundo. Bella la escuchaba ausente, contestándole solo cuando era necesario. Continuó mirando a todo el que pasaba por su lado y también a la gente que había dentro de los coches. Algunos la saludaban, y ella les devolvía el saludo, pensando que sabrían quién era.

—Mami, tengo hambre. ¿Podemos parar por el camino para comprar patatas fritas?

Bella pensó en el detective que iba a estar pronto en su casa.

—Hoy no, Nessie. Tenemos que damos prisa en llegar a casa.

—¿Porqué?

Bella dudó. Edward le había pedido que no le dijera a Nessie que el detective Whitlock iba a ir a hablar con ella.

—Porque... porque creo que papá va a ir a casa pronto, y quiero estar allí cuando llegue.

—¡Sí! — gritó Nessie alegremente—. A lo mejor juega conmigo.

Bella sonrió.

—Quizá. Pero tenemos que esperar a ver si está en casa, ¿de acuerdo?

— De acuerdo.


Mike Newton miró fijamente al policía que vigilaba los autobuses. Cuando el agente lo miró a él, tomó unas tijeras de podar que había en el suelo, cerca del seto de una casa, y se puso a cortar como si viviera allí. Había visto a la mujer que había salido del coche y no había pensado nada raro. Había cientos de niños en aquella escuela, así que ¿cuál era la probabilidad de que hubiera ido a recoger a su ángel?

Cortaba los arbustos con golpes secos por la irritación que sentía. Se dijo a sí mismo que no tenía importancia y que todavía tenía mucho tiempo para conseguir que su plan funcionase.

Miró cómo se marchaban los autobuses y se puso a la sombra de un magnolio mientras los primeros coches empezaban a marcharse también. Entonces la vio, en su precioso coche azul, y sintió que la ira lo invadía. No era justo. Aquella era su niñita. La había elegido porque era especial. No era posible que aquella mujer supiera cómo hacer feliz a una niña. No como él. Bree y Jane necesitaban a su nueva hermana, y no las iba a decepcionar. Tiró las tijeras de podar al suelo con una maldición y empezó a correr hacia casa.


Jasper Whitlock aparcó enfrente de la casa de los Cullen y tomó del asiento de atrás la chaquetita rosa que Nessie se había dejado en su casa. Mire al policía y le hizo la última recomendación.

—Muy bien, Yorkie. Recuerda que tenemos que tomárnoslo con tranquilidad. Si la asustamos se acabó.

—Sí, señor —respondió el policía, y tomó si maletín al salir del coche.

Jasper tenía muchas esperanzas cuando llamó a la puerta. «Por favor. Dios, haz que esta sea la oportunidad que estamos esperando».

Unos momentos después, Bella abrió y los invitó a pasar.

Jasper le dio un abrazo cariñoso, intentando disipar el miedo de su rostro.

—Hola, Bella. Siento que esté ocurriendo todo esto.

—No más que nosotros —respondió ella—. Nessie está en su habitación. Voy a llamarla.

—Tenemos que conseguir que parezca algo informal. ¿Qué te parece que nos sentemos en la cocina, con leche y unas galletas?

Bella sonrió.

—Será la segunda ración, pero algo me dice que ella no va a poner ninguna objeción.

Jasper rió suavemente.

—Sí, es una apasionada de las galletas de chocolate, ¿verdad?

Bella asintió, pero su pensamiento estaba en otro lugar. «¿Las galletas de chocolate son sus favoritas? Otra cosa que no sabía».

—Por favor, id a la cocina. Ahora mismo vamos nosotras.

Mientras subía las escaleras, se le ocurrió que quizá Jasper Whitlock supiera más de los gustos de su hija que ella misma. La idea era desalentadora, y le hacía sentirse como si no fuera tan buena madre como quería. Abrió la puerta de la habitación de Nessie.

— ¡Hola, mami! ¿Ya ha llegado papá?

—No, pero tienes visita.

—¿Quién? ¿Es Molly?

—No, pero casi.

Nessie dejó el puzzle que estaba haciendo y saltó de su sillita. Salió corriendo de la habitación y bajó las escaleras.

—¡No corras!—le advirtió Bella, y tuvo que gruñir entre dientes porque la niña las bajó de cuatro en cuatro. Bella la siguió apresuradamente y llegó a la cocina justo a tiempo para oír su grito.

—¡Tío Jazz, eres tú! ¿Ha venido Molly a jugar conmigo?

Jasper Whitlock le dio a la niña un abrazo.

—No. He venido a traerte la chaqueta rosa.

—Oh, qué bien. ¿Has venido solo para eso?

Él sonrió.

—Sí. Quería ponérmela, pero el rosa no me queda bien.

Nessie soltó una risita.

—Tío Jasper, eres tonto. Tú no puedes ponerte mi chaqueta. Eres demasiado grande.

—Quizá tengas razón —dijo, y señaló al policía que había llevado con él—. Este es mi amigo, Yorkie. Estamos tomando leche y galletas. ¿Quieres?

Nessie miró a Bella pidiéndole permiso. Cuando Bella asintió, la niña se salió de los brazos de Jasper y fue hacia la nevera.

—Yo saco la leche para mí —dijo, y lo hizo.

—Yo te ayudo —le dijo Bella, y le quitó a Nessie el cartón de leche de las manos antes de que fuera a parar al suelo—. ¿Por qué no te sientas al lado del tío Jazz mientras yo te preparo la merienda?

Antes de que Nessie se hubiera sentado, oyeron que se abría la puerta de la calle.

—¡Papá ya ha llegado! —gritó Nessie—. ¡Papá! ¡Estamos aquí! —exclamó, y tomó una galleta del plato antes de que alguien pudiera cambiar de opinión acerca de dejarla tomar una segunda merienda.

Bella asintió a los dos policías cuando fueron a saludar a Edward.

—Siento llegar tarde. He tenido una llamada muy importante a última hora. ¿Habéis empezado ya? —preguntó.

—No, acabamos de llegar.

—Muy bien. Dadme un segundo y voy a la cocina.

Dejó el maletín en el suelo y la chaqueta en la barandilla de la escalera.

Cuando entraron en la cocina, Edward miró a su hija.

—Hola, duendecillo, ¿me has dejado alguna?

Nessie rió y le dio otro mordisquito a su galleta.

—No.

—Monstruito... Entonces yo me voy a comer las tuyas —bromeó Edward, y tomó la muñeca de Nessie, como si fuera a comerse la galleta.

Jasper tenía los nervios a flor de piel mientras esperaba que terminasen los juegos. No podía dejar de preguntarse si las dos niñas desaparecidas continuaban con vida, y sabiendo que si lo estaban, quizá no pudieran reír nunca más. Finalmente, Edward se sentó a la mesa con Nessie en su regazo. Cuando asintió, el policía Yorkie sacó su cuaderno y un carboncillo y empezó a dibujar. Inmediatamente, atrajo la atención de la niña.

—¿Qué estás haciendo? —le preguntó. Jasper se inclinó hacia delante, mirándola fijamente la cara.

—Está haciéndome un dibujo.

—¿Qué dibujo?

—Oh, no sé. ¿Se te ocurre algo? Nessie sonrió.

—¡Un caballo! ¡Dibuja un caballo!

Bella se sentó al lado de Edward y de Nessie. No los tocó, pero necesitaba estar cerca de ellos. Lo que ocurriera en los cinco minutos siguientes podía ser vital para encontrar a las niñas y salvaguardar la seguridad de su propia hija.

—¿Y qué te parece un payaso? —le preguntó Bella—. Pregúntale si sabe dibujar un payaso.

Jasper ya sabía que la niña se había referido al extraño como si fuera un payaso, y asintió en señal de aprobación por la introducción del tema que había hecho Bella.

—Eso es una buena idea —dijo.

Nessie frunció el ceño.

—No me gustan los payasos.

—¿Por qué no?

Nessie apoyó la cabeza en el pecho de Edward para sentirse más segura.

—No pasa nada, cariño —dijo Edward—. Puedes explicárselo al tío Jasper.

—He hecho una cosa mala —respondió, y miró hacia otro lado.

—No, no fue una cosa mala —dijo Jasper—. Pero fue una equivocación, ¿verdad?

Ella asintió.

—Ah... Dime lo que pasó, cariño.

—Hablé con un extraño en el colegio —y añadió—. Se supone que no puedo hablar con ningún extraño.

—Eso está bien. Los niños no hablan con los extraños. Pero el hombre también hizo una cosa mala, ¿no?

Nessie abrió mucho los ojos. Era la primera vez que había pensado en ello desde aquel punto de vista.

—¿Qué hizo?

—Habló contigo cuando ni tu padre ni tu madre estaban allí. Él también sabía que estaba mal, pero lo hizo de todas formas. Necesito encontrar al hombre y decirle que no lo haga más. ¿Crees que puedes ayudarme?

—Pero yo no sé dónde vive —respondió Nessie.

—Pero sabes cómo es, ¿verdad, cariño?

Nessie lo pensó por un instante, y miró a sus padres.

—Sí, cariño, nosotros queremos que ayudes al tío Jasper. ¿Crees que puedes? —le preguntó Bella.

—Sí, sí puedo.

—¡Estupendo! —dijo Jasper, y le pellizcó la nariz—. Pues ven aquí y siéntate sobre mis rodillas—. Yo te haré preguntas sobre cómo era y Yorkie lo dibujará. ¿Tenía la cara redonda como un globo, o más cuadrada, como una caja?

—Redonda —respondió Nessie inmediatamente—. Como sus ojos. Eran grandes y redondos, también.

A Jasper se le aceleró el pulso. Quizá aquello funcionase, después de todo.


Aquí va el otro. Lo subí antes de irme a dormir, ya que he dormido como tres horas en los útimos tres días, así que lo más probable es que suba el otro en unos tres o cuatro días más (Voy a dormir dos de seguidos xD!)

Hasta la próxima!