Declaimer: Haikyuu no me pertenece.

Declaimer 2: Pings es de barfs~

Lo único mío es la traducción e interpretación.

La canción del capítulo: Keep Breathing de Ingrid Michaelson.


Mil gracias a Zakki por betear esto hasta el final, y soportar mi histeria y mis crisis existenciales. Te amo Aly~


Capítulo 7

La última vez que Tsukishima visitó Tokio fue para el funeral de Kuroo, y se juró a sí mismo que —si podía evitarlo— esa sería la última vez que pondría un pie sobre la capital. Ahí ya no había nada para él. No había nadie a quien ver, nadie para darle un tour, y nadie que le sostuviera la mano y lo besara bajo las luces de la ciudad. Fue en Tokio donde se encontró a Kuroo, y fue en Tokio donde tuvo que conocer a Kuroo durante un campamento de entrenamiento en el que para empezar no quería tener nada que ver. Tsukishima nunca fue a Tokio a visitar a los padres de Tetsurou o a ver su casa, pero la última vez que fue a esa ciudad Kei no tuvo elección y vio a la madre de Kuroo a los ojos mientras ella sollozaba y se aferraba a linda camisa que le había puesto a su hijo, mientras el papá de Kuroo sólo alejaba a su esposa del ataúd. No fue la mejor primera impresión; mejor dicho fue la peor. Esa impresión le dejó el mismo sabor de boca que el aire de Tokio. Sabía a bilis.

A mitad del camino en tren hacia la ciudad, Tsukishima se dio cuenta de que podía recordar mejor el sabor del ácido que como recordaba el sabor de cualquiera de los besos de Kuroo. Presionó su cara contra la palma de sus manos el resto del camino para forzar el pensamiento a permanecer en el fondo de su mente.

Para cuando bajó en la estación, el sol ya había caído, y la ansiedad de caminar por una ciudad que despreciaba y apenas conocía se instaló en él, pero Tsukishima no permitiría que su orgullo sufriera un golpe por comprar un ticket para regresar segundos después de haber llegado. Al menos el clima era agradable. El calor abrazador de finales de agosto era mucho más tolerable al caer la noche. El clima le recordó a Tsukishima a su primer campamento de entrenamiento de verano que pasó en Tokio. Le recordó a esos días que pasó hablando con Kuroo. Practicando voleibol con él. Enamorándose de él.

Tsukishima se recuerda a sí mismo que debe respirar a pesar de que el aire en Tokio lo ahoga por razones que no son la contaminación y el humo del cigarro en la atmósfera.

...•••...

Inhala

Tsukishima se pone sus audífonos, escucha su música para ahogar el sonido de los pasajeros que salen del tren. Todos gritando y arrojando sus brazos alrededor de amigos, familiares, seres queridos esperando por sus llegadas. No hay nadie esperando por Tsukishima a parte de una losa de mármol.

Exhala

Una vez que ha salido de la estación, Tsukishima observa atentamente a su alrededor, examinándolo. Donde estaba la estación no era tan claustrofóbico como el centro de Tokio, y por eso, se sentía agradecido. Aun así, bajó el volumen de su música mientras caminaba por la acera para poder escuchar acercarse a cualquier vehículo que pudiera salir de la nada para dejarlo muerto. Tsukishima quería ver a Kuroo, pero no quería ver a Kuroo con tanta desesperación como para seguirlo.

Inhala

Según lo que le había dicho la madre de Kuroo, el cementerio donde lo habían enterrado estaba a las afueras de Tokio. Con cada paso que daba y cada cuadra que pasaba, el sonido del tráfico y la gente disminuía, también el aire se volvía menos amargo. Tsukishima se hallaba lo suficientemente consciente para apreciarlo. Kuroo habría querido dormir en algún lugar tranquilo.

Y exhala

Tsukishima ni siquiera pensaba que Tokio pudiera estar en silencio, pero mientras estaba mirando las hileras de lápidas, su música era el único sonido que se oía. A pesar del silencio, Kei no se sintió tan solo como imaginó que lo haría. Y mientras movía su peso entre sus pies, juntando el coraje para bajarse de la banqueta y entrar al pasto, se sentía más acompañado en el cementerio que en la escuela o en casa con su computadora.

No era de extrañar que Bokuto fuera a ver la tumba de Kuroo con tanta frecuencia, así que Tsukishima se sintió mal por haberse burlado de él.

Por muy molesto que fuera, a Kei le pareció reconfortante estar entre docenas; no, cientos de cuerpos cuyas almas estaban donde fuera que Kuroo estaba ahora, hartándose de tener que escucharlo hablar sobre cómo fue el mejor jugador de voleibol, sobre cómo él tenía el novio más lindo y de que su mejor amigo era el tonto más grande.

Dejando toda la comodidad de lado, la tentación de dar la vuelta con la cola entre las patas y correr a casa todavía estaba ahí, tan seductora como siempre.

Sin embargo, ya había llegado tan lejos, así que Tsukishima cerró los ojos antes de quitarse los audífonos y dar un paso para entrar al pasto.

...•••...

Encontrar una lápida con el nombre de Kuroo grabado en ella entre cientos de otras lápidas con otros nombres era tan difícil como sonaba. Sin embargo, Tsukishima no se molestó por ello. Las farolas estaban demasiado lejos para ser vistas como algo que no fueran manchas, y la otra única fuente de luz provenía de pequeños e inútiles parpadeos y destellos de luciérnagas.

Tsukishima leyó cada epitafio que pasó ayudado por la linterna de su celular que iluminaba el texto. Ocasionalmente había un doliente, de pie y murmurando palabras que Tsukishima no podía descifrar en las lápidas.

Unos meses atrás, se habría burlado en la cara de alguien que se hacía el tonto por contener las lágrimas mientras hablaba con lo que parecía ser nada. Ahora su pecho le dolía en simpatía.

Su simpatía se terminó en cuanto dio la cuarta vuelta alrededor del cementerio y maldijo en voz baja, preguntándose si había estado perdiendo su tiempo mientras vagaba y gastaba tiempo con personas muertas que no eran Kuroo. Había tomado espacio para mantener la distancia de la otra gente viva en un intento de ser educado, pero se dio cuenta de que dejó bastantes lápidas sin revisar. Dio pasos cansados hacia un par sentado delante de una tumba, inseguro de si debía caminar detrás de ellos o alrededor de la tumba delante de la que estaban sentados. La última opción sonaba más razonable y respetuosa. Como resultado, su mejor intento de estar tranquilo y pasar desapercibido no fue suficiente, por lo que se tensó cuando una de las figuras se giró para mirarlo.

—¡Hey, Tsukki!

Tsukishima respingó en respuesta, girando su cabeza con rigidez hacia el origen de esa voz, medio esperando que un Kuroo en descomposición estuviera sentado con una enorme sonrisa burlona plasmada sobre su rostro. Había pasado tanto tiempo sin escuchar a Kuroo, que olvidó cómo sonaba el sonido de su voz, pero lo que si sabía era que la voz que lo había llamado no era la correcta.

—No lo asustes, Bokuto —la segunda persona golpeó a Bokuto en el hombro, quien resopló y gimoteó en represalia.

En la oscuridad era difícil decirlo, pero Tsukishima no tuvo que verlo para saber que era Akaashi quien estaba sentado en el suelo al lado de Bokuto. No estaba seguro de por qué estaba tan sorprendido de ver a ambos cuando Koutarou le había dicho que era un visitante frecuente de la tumba de Kuroo. Una parte de sí mismo estaba decepcionada porque no podría tener tiempo a solas con la tumba, y la otra parte estaba agradecida de tener gente viva para hablar porque así no se vería tan lunático.

—Ven a sentarte, Tsukishima.

Con la sugerencia de Akaashi, Tsukishima asintió a pesar de saber que su movimiento de cabeza no sería visto por lo oscuro que estaba. Había una bolsa de cuerda entre Bokuto y Akaashi, así que se sentó al lado del mayor de Fukurodani. De todos modos, era inteligente no sentarse en medio de esos dos.

—Ha pasado un tiempo desde que viniste de visita, Tsukki —replicó Bokuto. Su voz seguía teniendo la misma tensión de cuando interactuaron meses atrás.

—Sí, supongo.

—Sabes, de hecho tengo algo para ti.

Tsukishima arqueó una ceja y miró a Bokuto cansinamente, observando cómo tomaba la bolsa entre Akaashi y él.

—Esto es totalmente tardío, pero te dije que te regresaría esto la próxima vez que nos viéramos.

Bokuto dejó la bolsa frente a Tsukishima, quien la miró fijamente por un momento antes de abrirla y remover su contenido. Parpadeó mientras sacaba la ropa de su hermano; la misma ropa que le había prestado a Bokuto cuando pasó la noche en su casa. Para empezar, Tsukishima había olvidado que había prestado las prendas de su hermano.

—¿Has estado llevando esto contigo los últimos meses en caso de encontrarte conmigo? Sabes que vivo en una prefectura totalmente diferen...

—¡No soy estúpido! Y no, no lo he hecho —respondió Bokuto totalmente a la defensiva, y Tsukishima rodó sus ojos—. Sólo la he estado trayendo conmigo cuando vengo aquí.

—Suena como una molestia.

Akaashi suspiró, y Tsukishima podría decir que antes en algún punto él le dijo exactamente esas mismas palabras a Bokuto.

—No realmente, quiero decir; yo sabía que vendrías aquí, y no me quiero quedar con la ropa de tu hermano. Entonces, pensé que sólo sería cuestión de tiempo hasta que nos encontráramos. Y yo tenía razón, ¡así que funcionó! Es mejor a que vaya y me presente en tu casa otra vez, ¿no?

Había tantas, tantas respuestas mordaces y provocativas que Tsukishima podía formular sobre lo que Bokuto había dicho, pero cualquier palabra se perdió en cuanto abrió la boca. El hecho de que Koutarou tuvo la suficiente fe en que él iría era cautivador y bobalicón.

—Cierto. Gracias —Tsukishima decidió no arriesgarse a hablar con palabras de más de una sílaba. Por el momento puso la ropa de su hermano nuevamente en la bolsa, y la dejó entre él y Bokuto.

—¿Has visto la lápida? —intervino Akaashi antes de que Bokuto pudiera volver a hablar. En lugar de contestar, Tsukishima buscó su teléfono otra vez, usando el flash de su cámara para ver. Sólo decía el nombre de Kuroo, el año en que nació y el año en que murió. No había palabras floreadas o poemas, y Tsukishima exhaló audiblemente aliviado. Era apropiado para alguien como Kuroo. No había palabras lo suficientemente elocuentes o merecedoras de ser escritas como la última cosa por la que Kuroo sería recordado.

Al pie de la lápida, Tsukishima divisó un papel de plástico que reflejó la luz de su trabajo. Dirigió el flash hacia ahí para ver que había ramos de flores esparcidos sobre la hierba, si es que incluso se les podía llamar ramos; o flores, en todo caso. Las flores estaban tan muertas como Kuroo, por lo que Tsukishima frunció el ceño.

—¿Tú trajiste eso?

En vez de meter el teléfono a su bolsillo, lo colocó boca abajo para que de esa manera no estuvieran sentados en completa oscuridad.

—¿Yo? No —Bokuto sacudió su cabeza, y Tsukishima se inclinó para mirar a Akaashi quien también negaba—. Creo que fue su amigo; el que tiene el cabello chistoso... ¡Kenma! Él.

Tsukishima parpadeó, dándose cuenta de que se había olvidado completamente de Kenma desde que Kuroo murió. Recordaba vagamente haberlo visto en el funeral de Kuroo, perfectamente inmóvil y silencioso, pero con las mejillas húmedas y los ojos clavados al suelo. Fue fácil olvidarse de él cuando se estaba más enfocado en Bokuto lamentándose y los padres de Kuroo sollozando.

—Oh.

—Sí, sólo lo hemos visto aquí una vez. Supongo que ha estado viniendo cuando yo no ando cerca.

Por el aspecto de las flores, Kenma no había ido de visita en al menos unas semanas. La mayoría de los ramos sólo tenían tallos marchitos. Un par de ramos contenían flores muertas y ennegrecidas con pétalos secos que se convertirían en polvo si fueran sacados de su lugar. Tsukishima se imaginó que esa probablemente era la razón por la que Bokuto no los había limpiado y levantado del suelo. A parte del desorden de envoltorios de flores y mallas, el área alrededor de la tumba de Kuroo estaba impecable. No había hierbas, y la lápida brillaba como si no hubiera estado a la intemperie por meses.

—¿Le has dicho algo?

—Pues, le pedí que se quedara a platicar, pero él sólo dejó las flores y se fue.

—Bueno, no estaba completamente en silencio —Akaashi puntualizó con un comentario mientras sacaba unas cuentas hierbas del suelo. Tsukishima se dio cuenta de que él había estado haciendo lo mismo por los nervios—. Dijo algo sobre cómo Kuroo siempre le había dicho que fuera más social, y que ahora no estaba en posición para negarse sólo porque él estaba muerto.

Tsukishima no podia imaginar a Kenma siendo social con alguien que no fuera alguno de sus antiguos compañeros de Nekoma y Hinata. Había esperado que Kenma pasara tanto tiempo en la tumba de Kuroo como Bokuto lo hacía.

—Él fue un tanto maldito al respecto —se quejó Bokuto mientras se apoyaba en sus manos—. Fue como, ¡dijo que era irrespetuoso que yo estuviera aquí! ¿Puedes creerlo? Me dijo que me levantara e hiciera lo que sea que Kuroo hubiera querido que yo hiciera. Estoy aquí tratando de mantener a su amigo acompañado, y él viene todo condescendiente... ¡Y empieza a escupir toda esa mierda cliché...!

—Él hizo bien —Akaashi interrumpió a Bokuto antes de que éste pudiera continuar, y Tsukishima le agradeció en silencio por eso.

—Sí, claro, como sea.

Tsukishima permaneció callado mientras miraba la lápida frente a ellos. Sus ojos trazaban el nombre de Kuroo mientras reflexionaba sobre sus pensamientos y procesaba el parafraseo de Bokuto.

—Sin embargo, creo que tiene razón —Akaashi habló suavemente mientras el flash del teléfono de Tsukishima se apagaba. La batería se había descargado pero él no pudo preocuparse demasiado—. ¿Tú no lo crees?

En la oscuridad, era difícil de decir, pero Tsukishima pudo notar un pequeño asentimiento de parte de Bokuto. Akaashi hizo un mejor trabajo manteniéndolo tranquilo y con los pies en el suelo de lo que él o Kuroo hubieran podido. Ni siquiera necesitó usar un beso.

Tsukishima abrazó sus rodillas más cerca de su pecho, apretando sus dientes antes de hablar.

—Sí, lo hago.

...•••...

Pasó una hora en silencio, pero no fue una hora incómoda o extraña. Nadie se movía de donde estaban sentados, demasiado perdidos en sus pensamientos para estar haciendo algo más que sentarse. Tsukishima casi rompió el silencio para señalar que nunca había visto a Bokuto tan tranquilo estando alrededor de Kuroo.

—Hay luna llena esta noche —por supuesto, Bokuto tenía que ser el primero en hablar. Las tres cabezas se inclinaron hacia atrás para mirar el cielo, y Tsukishima miró fijamente hacia la luna y las estrellas.

Tsukishima se preguntó cuánto tiempo estuvo Kuroo tirado debajo de la luna y esas mismas estrellas en la noche en que murió. Se preguntó por cuánto tiempo su cuerpo sin vida yació en una piscina de sangre que rápidamente se enfriaba en el asfalto con nada más que un familiar cielo nocturno como compañía antes de que alguien lo encontrara.

Se preguntó cómo se sintió Kuroo al ver sólo oscuridad, azul oscuro y estrellas antes de que todo se desvaneciera.

Los paramédicos le dijeron que murió en el impacto, pero había una cosa que Tsukishima no tenía qué preguntarse. Sabía que en caso de que existiera la posibilidad de que no hubiera muerto en el impacto, Kuroo habría luchado por vivir, habría luchado por seguir respirando incluso si sus costillas fracturadas le dolieran y su boca se llenara de sangre espesa y metálica.

—Oye, Tsukki —Bokuto vuelve a hablar, y Tsukishima regresa a la realidad para fijar su mirada en él—, tu nombre significa "Luna", ¿verdad?

—Sí, la primera parte de mi apellido.

—Técnicamente aún estamos en Tokio y todo, pero en las noches despejadas, la luna se puede ver realmente bien desde aquí; como hoy. Así que es bastante genial que tu nombre tenga eso en él—. Genial, y repentinamente demasiado profundo—. Tienes "luciérnaga" en él también ¿verdad?

—Sí, Kei.

—No puedes ver muchas esta noche, pero usualmente hay un billón de luciérnagas volando alrededor.

—Vi algunas, más temprano.

Tsukishima tragó pesadamente, Bokuto pasó un brazo alrededor de su hombro para jalarlo más cerca. El contacto no era algo que quisiera; pero al mismo tiempo no era algo que tampoco indeseada. Dejó que Bokuto lo acercara, y Tsukishima estuvo determinado a que su visión dejara de empañarse con lágrimas.

—Creo que estaría muy contento con el lugar donde lo enterraron —las palabras de Bokuto eran tranquilizadoras, pero de todos modos Tsukishima empujó sus gafas hasta la parte superior de su cabeza y presionó la palma de sus manos contra sus ojos para forzar las lágrimas a retroceder—. Es como si llegara a verte cada noche.

Tsukishima quiso decirle que él no era la luna, que él no era las luciérnagas, y que Bokuto no podía haber estado más equivocado. En lugar de eso, asintió lentamente, mientras el brazo de Akaashi se estiraba para frotarle la espalda.

—O al menos, le recuerdan a ti —Akaashi intervino con palabras más precisas—. Aunque no creo que necesite recordarlo.

—¡Oh! ¡Y tu nombre tiene "Isla" en él! ¡Y Japón es una isl...!

—Lo entiendo Bokuto, lo entiendo.

A pesar del sollozo que podía sentir arañándole la parte posterior de su garganta, Tsukishima se rio. Las lágrimas se derramaron, pero él rio y sacudió su cabeza ante la estupidez y la profundidad del pensamiento de Bokuto. Sus hombros se sacudieron, y la mano de Akaashi estuvo ahí para calmar los temblores.

—Gracias —Tsukishima se las arregló para decir a través de la risa, acomodando sus lentes de vuelta al puente de su nariz. No tenía ningún sentido el tratar de disimular las lágrimas cuando sabía que de hecho Bokuto y Akaashi estaban llorando con las mismas ganas; sólo que él no podía verlo.

No había ningún "de nada" necesario. El brazo de Bokuto se apretó alrededor de sus hombros, y Akaashi palmeó suavemente su espalda en empatía.

—Deberíamos de irnos —las palabras de Akaashi fueron vacilantes, pero seguía siendo la voz de la razón a través de las lágrimas.

—Sí —contestó Tsukishima, y Bokuto respondió dejando caer su brazo de alrededor de sus hombros. Koutarou se levantó primero, tendiendo ambas manos a Tsukishima y Akaashi para que las tomaran y así ayudarlos a ponerse en pie.

Akaashi se levantó poco después. Tsukishima tomó la mano de Bokuto y se impulsó a sí mismo para levantarse, aunque se sintió más como si Bokuto hubiera sacado su cabeza del agua después de haberse estado ahogando durante meses.

Una vez que estuvo seguro de que podía mantenerse parado por su cuenta, Tsukishima dejó ir la mano de Bokuto para recoger su teléfono y la bolsa que contenía la ropa de su hermano.

—Digan adiós —habló Akaashi después de aclarar su garganta, ahora pasando su mano de arriba abajo de la espalda de Bokuto.

Bokuto se despidió primero, y por la forma en que lo dijo, Tsukishima tuvo la sensación de que no estaría haciendo más visitas diarias.

Por un momento Kei no dijo nada, pero Keiji y Koutarou fueron pacientes. Esperaron a que Tsukishima limpiara sus mejillas con el dorso de su mano; y esperaron a que Tsukishima encontrara las palabras correctas para decir.

—Adiós, Kuroo.

Su voz se atoró en el nombre, pero Tsukishima no se corrigió a sí mismo. En lugar de eso, continuó después de inhalar profundamente. Quiso decir que Kuroo podía olvidar sus promesas, pero "promesas" tenía muchas sílabas, y había una manera más fácil de decirlo.

—Te amo.

...•••...

Tsukishima sacó su computadora portátil tan pronto como llegó a casa. No cambió su ropa manchada de la hierba y suciedad, ni echó agua a su cara empapada de lágrimas. Primero, le envió mensajes a Kuroo. Le dijo que había sido bueno verlo, incluso aunque no habló mucho; incluso aunque no habló en lo absoluto. Los mensajes fueron enviados, y Tsukishima no esperó por una respuesta. Nada llegaría, y él lo sabía. En lugar de esperar, envió algunos mensajes más. Esta vez, sabía que llegaría a oír el ping que había estado esperando escuchar durante meses.

...•••...

[8/26/16, 10:49:24 PM] Tsukishima Kei: Hey.

[8/26/16, 10:49:28 PM] Tsukishima Kei: ¿Estás despierto?

[8/26/16, 10:49:31 PM] Tsukishima Kei: Voy a ir al entrenamiento de mañana.

[8/26/16, 10:49:35 PM] Tsukishima Kei: Juguemos un tres-a-tres.

[8/26/16, 10:49:38 PM] Tsukishima Kei: Si eso funciona para ti.

[8/26/16, 10:49:59 PM] Yamaguchi Tadashi: ¡Claro, Tsukki!

[8/26/16, 10:50:04 PM] Yamaguchi Tadashi: ¡Te veré mañana!

[8/26/16, 10:50:08 PM] Tsukishima Kei: Te veo mañana.

...•••...

NdA: Y ése es el último capítulo. (Sin contar el epílogo)

Honestamente no puedo creer que haya finalizado esta cosa. Pero ha sido toda una experiencia y todo el mundo ha sido tan tan tan lindo. Cada comentario que obtuve me hizo sonreír enormemente y eran tan conmovedores de leer...

Espero que hayan disfrutado el leer este Fic tanto como yo disfruté escribiéndolo. Y realmente espero haberle hecho justicia a esta pareja :-) si lees esta cosa de inicio a fin, estoy muy agradecida de tenerte en el trayecto.

Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer. Significa mucho más de lo que puedo poner en palabras ;_;

NdT: Que les digo... retrasé este capitulo lo más que pude. Lo siento por eso a todos los que leen, pero no estaba lista. Siempre que leía Pings sentía ese dolor que nunca había experimentado de perder a alguien, del duelo, de no saber como es que sigues respirando, a un nivel soportable de literatura. En Febrero me toco pasarlo y bueno, por un tiempo no supe como lidiar con eso. Y luego este capitulo habla de finalmente dejarlo y... y yo no quería dejar ir a mi abuelo. Peeeeero, espero que acepten mi excusa y mis disculpas,y finalmente aquí tienen el último capitulo. Lo hice.

Aún falta un epílogo y el fic extra de que hubiera pasado si Kuroo no hubiera muerto. El epílogo lo subiré al mismo tiempo que en wattpad.

Y creo que sería todo. Gracias por seguir este fic conmigo~ Ha sido genial pasar por ese sufrimiento (?) con ustedes c: Espero que me digan que les pareció este pre final, y que les haya gustado. Tsukki finalmente sanó, y me siento feliz y conmovida por él aunque sigue doliendo.

Y por último, mil gracias a: Maracas-Senpai, Ren T. Dankworth, akirafullbuster, Guest, Taop, ariadnatierna, Meredith cho y itsKaede~ sus comentarios fueron los que me motivaron a no tardarme aún más con este capítulo. Como traductora es lo único que me llevo :D Así que mil gracias~ nos vemos en el epílogo.

Traducción by: LaLa.

"A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd".