Sólo puedo decir: Puto capítulo. Se me borró más de la mitad porque por accidente sobrescribí donde ya tenía la mitad escrita, me dio una flojera viva escribirlo otra vez pero lo hice, espero les guste.

Secuestro de Arthur, un amor verdadero.

Alfred estaba allí, triste, triste y más triste, pateaba melancólicamente una lata en un pasaje con música blues de fondo, mundo mágico no tenía ninguna gracia sin él, lo único con lo que soñaba era tenerlo nuevamente entre sus brazos, besarlo, bajar por su lindo cuello dejando besos húmedos y mordidas, escucharlo, no, quería verlo gemir, su carita fruncida en sensaciones extrañas y adultas cuando empieza a tocar y a morder más profundo, su boca con un sabor tan típico… tan de él.

Porque Arthur Kirkland se había convertido en su mundo, en su vida, en su razón para respirar, en el que provoca cada suspiro enamorado, en el que lo estremece, aquel que lo vuelve un hado lleno de deseo de tener sólo para él a ese lindo niño, tan devorable, masticable, violable, esa piel, suave, esas manos, delicadas y hermosas, a veces como las de una niña, en especial cuando las entrelaza, vuelve a verse gruñendo, no creía poder aguantar ese diabólico tiempo sin su universo, sin su adorado niño.

Porque en el diccionario de esa hada, de Alfred F. Jones, Arthur Kirkland era el mismísimo sinónimo de "vida", y también el equivalente exacto de la palabra "amor". Porque con y por él sería capaz de hacer cualquier cosa, si ese chico le digiera que se matara, agarraría la pistola y él mismo se apuntaría, porque si ese chico le dijera que lo ama y que jamás lo dejará… él, lo haría, lucharía contra todo el mundo. Porque era su soporte emocional más fuerte, porque era el amor de su vida, un tanto pequeño e inexperto pero con mucho potencial.

Arthur tenía todo lo que Jones podía llamar felicidad. Él era la magia… que nunca tuvo. Una magia llena de sentimientos lindos, amor, ternura, pasión, incluso sexual. Todo lo abarcaba él.

–Y…¿y si me deja? –

No, no le gustaba pensar en cuando llegara ese entonces, ese fatídico momento, habría un día, en que el menor se aburriría de él, desearía cualquier cosa, menos su instancia a su lado, cuando llegara ese día… simplemente su corazón se rompería, aún así, ese día estaría sonriendo, porque en todo ese tiempo pudo ser feliz… e hizo feliz a su inolvidable pequeño. Podría vivir sin él… lo conseguiría, se creía incapaz ahora mismo, pero lo lograría con el tiempo.

Por ahora, estaba seguro que no lo engañaría con alguien en la tierra, se lo había hecho prometer. Se sintió algo irritado cuando su cachito volador empezó a vibrar rápidamente soltando pequeñas descargas eléctricas, era como un comunicador, alguien le estaba llamando, gruñó un poco, odiaba cuando le interrumpían sus cursis, homosexuales y pedófilos pensamientos, se jaló un poco el cachito recibiendo la trasmisión, una tontería del ejercito mágico, basura… basura.

Y su cuerpo se congela, se paraliza, su corazón queda pendiente entre su pecho y fuera de su cuerpo, son seis palabras que destruyen su fantasioso mundo que había creado junto a su pequeño.

"A Arthur Kirkland lo han secuestrado".

En tanto, en el cuartel de mundo mágico el alemán movilizaba a todo ser mágico disponibles para rastrear magia oscura o alguna escena de crimen mágico, tenían que hallarlo y encerrarlo nuevamente, ese demonio no podía estar suelto, no otra vez, porque sus pensamientos van más allá de una simple travesura o dominio del mundo. Miró al Italiano que estaba preocupado por él, se dejó respirar un poco más relajado, al menos se encargaría de que ese ser no lo atacara a él, nunca tocaría a Feliciano.

–Por favor Lud, tómalo con calma ¿qué hace a ese anti-padrino diferente a los demás? –el militar se llevó las manos con seriedad a la cabeza, sin hallar qué poder decir, luego, se abrazó cálidamente al hado de los dientes que se sentó en su regazo con una pequeña sonrisa.

Sólo ese italiano lo podía tranquilizar en un momento como aquel.

–Porque él ni siquiera es en si un anti-padrino, Feliciano...–

–¿No lo es... ve~?–susurró extrañado.

El conocimiento que tenía todo tipo de ser mágico es que existían diferentes distribuciones de éstos, algunos especializados como cupido, que era Francis, o Santa Claus, que era Tino, un amable Papá Noel sin esposa, pero con cierto duende sueco bastante interesado en el gran constructor de sueños de los niños, por otro lado existían los Pixies, aburridos seres en el más aburrido mundo, no se reían con nada y entre más monótono fuera el mundo era mucho mejor para ellos.

Y los anti-padrinos, cada vez que se crea un ser mágico en aquellas tierras nacía un anti-padrino, era el contrario de sus personalidades, he aquí la controversia, cuatro de julio de 1776, la independencia de una nación llamada Estados Unidos sobre el imperio inglés, allí nació él, lo llamaron Alfred F. Jones, un chico alegre y optimista, un bebé risueño que amaba a sus padres. Todo era normal, excepto que cuando ese niño nació ningún anti-padrino se creó.

Ludwig respiró profundamente… ese idiota que nació sin anti-padrino, su historia quizás era algo más dura, pero a pesar de eso, el americano siguió adelante, esperando, a que su vida, cuando llegara el día, esa persona especial la reconstruyera, el mismo alemán lo vio cuando fue hacer un pequeño segundo chequeo a la casa de ese niño, Arthur Kirkland, ese inglés, gruñón, testarudo, lo que fuera, había vuelto a armar la vida del americano. Sí, esa que desapareció.

Hace ya más de doscientos años atrás.

Ludwig en ese entonces no era el general supremo, sólo un lider mayor en aprendizaje, se esforzaba demasiado para escalar puesto tras puesto cuando se le asigna una misión especial, una de recolección de información y espionaje, sencillo y deliberadamente fácil pensó, pero el caso le llamó la atención, la foto era la de un ser mágico, aún un niño de apenas unos cuantos años. Sus padres, lo abrían concedido justo el cuatro de julio, lo impactante de ese muchacho es que su magia... era demasiada para un solo ser, quizás eso y que no tuviera un anti-él era lo que preocupaba a las autoridades militares en el reformatorio mágico al que harían que el chico fuera.

–¿Alfred F. Jones verdad? –respondió con voz seria que mandaba el deber. –Claro, considérelo un hecho. –

El chico era normal, gozaba de un gran poder que sólo utilizaba en juegos, pero a veces, se iba a esconder a su pieza, sus padres estaban algo preocupados, no demaciado, no mucho, y… sin pleno aviso, cuando el hado mágico cumplió doce años en apariencia... eso pasó. Lud estaba espiando, oye gritos desgarradores y una tétrica risa en la casa, su deber era avisar antes de actuar, lo hizo, para cuando llegaron la casa estaba en silencio, minutos más tarde se escuchó el sollozo de un niño, quien flotaba con sus pequeñas alas lastimeramente.

Las autoridades entraron detrás del pequeño, la escena era horrenda, los padres están muertos y en sus cuerpos había un mensaje cocido junto a sus ojos.

"Su hijo los quiere, por eso, no miren a nadie más".

Ese niño los había asesinado, todos los militares lo estaban apuntando para asesinarlo, pero el alemán lo cubrió evitando que le dieran. Pidió tiempo con él, el pobre chico de rubio cabello sólo llamaba a sus padres entre suplicas.

–No llores…–

–M-Mi madre… mi padre… él me di-dijo… que no volverían, él… mi reflejo…–sollozaba el pequeño mientras era sujetado por cuatro hombres, lágrimas de frustración y confusión nublaban su pequeño rostro.

En efecto, ese ser mágico había asesinado a sus propios padres, de sus ojos salían lágrimas de confusión que preguntaban con desesperación si podían traer devuelta a su Daddy y a su Mom, el militar alemán dobló la cabeza con pésame, mientras el pequeño volvía a estallar en llanto. El caso le impactó, demasiado, tocó el rostro del menor quien subió la cabeza, de alguna forma, hallaba inocente al pequeño.

El pensamiento lo obsesionó.

–Volverás a tener una familia… pequeño…–susurró el alemán suavemente.

El menor elevó la cabeza mientras sus ojos azules brillaban por el cristalino líquido que seguía saliendo de sus orbes.

–Cuando tengas un ahijado… tendrás a alguien a quien amar, serán una familia feliz…–

–¿S-será como mi esposa? ¿tendremos hijos? ¿me amará por siempre…?–

–Hemmm…–el militar dudó, pero el niño había dejado de llorar con tanta brutalidad, le sonrió amablemente. –Sí, será tu vida… y lo amarás más que a nada en el mundo…–

–M-más que a nada en el m-mundo…–repitió el chico. –Más que a nada…–sonrió sutilmente, aún recordando a sus padres.

Desde ese día, lo único que mantenía la esperanza del pequeño es que algún día, él encontraría a una persona realmente amada. Lo que no sabía Lud es que había creado dos sentimientos en aquel niño, uno, de esperanza y verdadero amor y otro… de demencia y obsesión. Después de todo, Alfred fue llevado a cuidados especiales, era algo así como un peligro público, después de una ardua investigación se encontró el problema, Alfred convivía con su Anti dentro de él, eran uno, por eso, compartían algunos sentimientos, el amor a sus padres por ejemplo.

El cual, la parte endemoniada tomó como obsesión… una que le decía que sus padres sólo debían ser de él, que nadie más podía atraverse siquiera a mirarlos, únicos… sin que miraran a nadie más, muertos, los mató, así, lo último que verían era la sonrisa de su hijo asesinándolos hasta el final, conservaría sus cuerpos, claro, si es que hubiera tenido presente que tenían un transmisor… el cual muertos, dejaba de funcionar, se vio rodeado y cuando el momento llegó, volvió a ser el pequeño niño, alegre y animado consternado por la muerte de aquellos seres mágicos que le dieron la vida.

Sólo tendrían que separarlos, separando con maquinas las contrapartes de la personalidad de un mismo ser, el experimento fue un éxito… o al menos, algo así.

–Era diferente Feliciano… cuando los separamos, un niño pálido y de cabello negro estaba metido dentro de uno de los grandes tubos, aquel día mataron a más de trece seres mágicos, todos aquel niño sin ningún conocimiento previo en magia…–

–¿Él? –

–Exacto…–suspiró. –Recuerdo sus últimas palabras, su última obsesión… "aunque me encierren, hallaré el modo, hallaré la solución… los mataré a todos si hace falta para tenerlo, tendré un ahijado, lo tendré" –

–¿Arthur Kirkland? –susurró algo temeroso el italiano.

–Me temo que sí, al darle esperanzas a Jones cree una obsesión en su contraparte, debemos encontrar al chico antes de que… lo mate, lo viole, o quizás que otro sentimiento enfermo adquiera al tenerlo más tiempo consigo… –

El alemán sólo abrazó nuevamente el cuerpo de su pareja, dando un suave beso, él no perdería ante un solo hombre, sería una vergüenza, lo encerraría para no dejarlo salir jamás, para la próxima no tendría privilegios, quedaría inmovilizado con una camisa fortificada.

Así sería.

Mientras tanto, en aquel espacio amplio y a la vez diminuto ese ser de cabellera negra y ojos azules penetrantes y serios cargaba al muchacho dando paso tras paso.

Los brazos aferrados a la joven criatura, su sonrisa era suave y delicada, un pequeño gesto de bondad se distinguió en sus labios, quizás una muy buena imitación o simplemente un reflejo de interés o deseo, ese niño era perfecto, justo como lo soñó, sólo para él, su mente vuelve dolorosamente al pasado, todos quieren quitarle lo que es suyo, los matará… matará a todo lo que vuelva a interponerse entre su obsesión y él, deja el cuerpo anestesiado sobre la camilla, depositando un beso en sus labios, demasiado corto para hacerlo sentir más, no debía excitarse, no aún. No en exceso.

Tenía que pensar las cosas… pensar demasiado, duele, su cabeza se va a destrozar, pero tiene que llevarse al limite, la sonrisa se ensancha de manera diabólica, quiere reir, pero sigue maquinando cada posibilidad de éxito y fracaso de la armada militar por encontrarlo. Solución perfecta… se rompe, se quiebra, algo interfiere, rechina los dientes, quiebra su tranquilidad, hace aparecer un banco en esa sala enorme y vacía donde sólo hay una cama. La que sostiene a su niño, a su juguete. Sólo de él.

–Shit… ochenta… ochenta… no logro subirlo, tengo un ochenta por ciento de posibilidad de que no me encuentren… ¿qué pasa con ese veinte? ¿qué es ese veinte? ¿no puedo superarlo? si los mato a todos cuando entren… sería ochenta y cinco, no, baja… la locura no me dejará ser analítico, setenta, setenta por ciento que los mate a todos si me encuentran, la posibilidad de que escape entregando a cambio la vida de Arthur es de…–abre los ojos impresionado, la cabeza retumba y su gesto vuelve a ser demente y a la vez elegante. –Si lo entrego tengo un noventa y cinco de posibilidad de ser libre para siempre, el cinco por ciento es que esas hadas ataquen a traición…–

Miró al chico encima de la cama, las piernas suavemente abiertas, los brazos, uno arriba y otro tocando su vientre, su gesto tranquilo, delicioso, el demonio se sintió encantado, maravillado, objeto de locura y deseo eterno, quiere tocar, quiere examinar, quiere violar y profanar el cuerpo, lágrimas, quiere verlas, ahora, en ese momento. Sonríe tranquilo, la prioridad es conservar a ese niño por siempre, devorado para toda una eternidad, si daba la oportunidad de que su cuerpo violara a ese niño se distraería demasiado, ya sólo tenerlo allí le parece sofocantemente irresistible.

Se acerca a él sentándose en la cama colocándolo en sus piernas, siente el trasero suave acomodarse en su entrepierna, contiene un gruñido para no ponerse duro en pleno inicio, sería vergonzoso, no lo comería aún, era muy pronto además de que el tiempo escaseaba, siendo analítico, si profundiza mucho su tacto en esos instantes lo follará hasta que el niño no pueda más... y con eso, desgraciadamente entre su degenerada obsesión ante ese cuerpo lo haría desvariar, pensar sin anticipación.

Al menos, quería memorizar el cuerpo, cerró los ojos, delineando con exquisitez el cuello, delgado, suave, el aroma de su cabello es más fuerte que el que posee en su cuerpo, marcas, leves, le entran suaves ganas de penetrarlo, odia las marcas que hay en su cuello, ya ha sido tocado allí, mordería más fuete luego para sacar esa muestra de propiedad, se desliza debajo de la camisa, toca suavemente los pezones, suaves, tiene calor, no se endurecen, las yemas apretan más fuerte haciendo que el menor se remueva entre sus brazos, así le gusta, se ponen duros, son pequeños, es entretenido jugar con ellos, sus manos bajan hasta sus muslos, delgados, el cuerpo instintivamente junta ambas piernas, presionando la mano fría del demonio, le parece enfermizamente sugestivo.

Separa un poco las piernas y baja los bóxer, ve el pene, pequeño, quizás creciera un poco más cuando se endureciera, tocó un poco, casi en un goce, otro delirante gemido fue la respuesta ante aquel acto por el inglés que dormía profundamente.

Se va hacia atrás esta vez, sonríe al no ver marca alguna allí.

–Virgen...–susurra separando un poco las nalgas del inglés con suavidad, el pequeño en sueños gruñe un poco, jadea su nombre.

Gime "Alfred" con voz aterciopelada y dulce, follable y erótica. Se siente maravillado, su mente no da cabida a que en esos momentos el inglés esté hablando de su contraparte.

Separa un poco más viendo su agujero, pequeño y estrecho, nada ha entrado, tiene la tentación de adentrar un dedo húmedo y verlo retorciéndose, de todas formas no había razón de que ellos no pudieran entrar...

No pudieran entrar, eso, eso es. La clave para ganar frente a ese ejercito.

Su plan ahora era de un noventa y ocho por ciento de éxito.

–Creo que sí tendré tiempo para meterla bien dentro tuyo pequeño...–se restriega en un morboso movimiento con el niño, le lame la oreja y deja que sus manos acaricien al chico, quien empieza a gemir con fuerza.

El menor abre los ojos, hallándose a sí mismo en una cama, mira confundido el ambiente, es como un palacio. Porque el demonio se contuvo e ideó una forma de poseer a Arthur Kirkland que no fuera carnal, no aún, para que nunca más ame a su nauseabunda y bondadosa contraparte, nunca más. Ahora sólo lo querría a él, le guste o no.

Devuelta en el cuartel el general Lud y el hado de los dientes se estaban mandando una escena poco apta para menores de trece años, en lo que en eso, sin pensar ni un puto momento en la privacidad de un otro entra Jones con una patada karateka, Lud casi queda pegado al techo mientras con la varita trata de ponerse algo de ropa y Feliciano se cubre con la gran chaqueta militar.

–¿Jones?–

–Nada...–susurró serio. –¡Nada de Jones maldita sea, dejaste que se lo llevaran! ¡dejaste que lo hicieran Lud!–el americano estaba colérico, ni siquiera se daba el tiempo para ver que el alemán sólo tenía unos bóxer militares para cubrir todo su cuerpo.

–Alfred... nosotros...–

–¡Iré por él, es mío, mi gran amor, no puedo dejarlo, lo amo mucho!–exclamó suavemente mientras sus ojos se ponían algo rojizos. –Esta vez podré salvarlo, esta vez lo lo haré feliz... no me pueden quitar esta oportunidad...–

–Jones...–susurró seriamente Lud llegando cercano al padrino mágico cuyo corazón parecía estarse rompiendo en dos.

Porque amaba a Kirkland, realmente lo amaba y él... no pudo protegerlo, se lo prometió e incluso así no pudo, no quería ser un inútil, si sólo podía ser el héroe de su pequeño una última vez seria feliz...una última vez.

–No puedes interferir Alfred, ya has escuchado la orden...–

–¿O si no qué?–susurró desafiante sintiendo la ira de la frustración en todo su cuerpo.

–Se borrará la memoria de Arthur... como si nunca hubieras existido, y así tambien la tuya, para evitar que vuelvas por él, serás reasignado Alfred...–

–Oye Feli...–susurro el americano esbozando una pequeña sonrisa al italiano pasando del comentario del militar, una sonrisa diminuta pero sumamente decisiva.

Porque...no hay nada de lo que arrepentirse, Lud tenía razón, ha sido feliz, Arthur Kirkland llenó todo lo que le faltó, porque lo ha hecho sonreír como nunca, porque ha sido más feliz que nunca, porque con él aprendió lo maravilloso que era estar enamorado, porque si todo se acaba allí ha sido realmente grandioso.

–Dile a Arthur...¡este estúpido padrino... realmente amó haber sido tu padrino mágico, realmente... te amó!–sonrió con una pequeña lágrima en los ojos. –Ojalá me perdone... por no volver, ojalá que sea... por siempre feliz...–sonrió el muchacho con la vista en alto.

–¿Que piensas hacer Jones?–susurró serio el alemán, pero sin intenciones de detenerlo, se veía decidido.

–No fallaré, incluso si no puedo rescatarlo, si yo muero, Anti-Alfred también morirá..–sonrió sutilmente el americano, dejando definitivamente la sala.

Porque quizás la última medida de Jones es la que ese demonio no puede remediar, Alfred, su estúpida y enamorada contraparte es el dos por ciento de posibilidad que él y su plan sólo pudiera fracasar. Porque si una de las dos partes muere, la otra también morirá.

N.A: Sólo nos quedan tres capítulos de esta historia, espero que la hayan disfrutado tanto como yo hacerla en un momento de aburrimiento mega ocioso en clases. Por cierto, si alguien… de buen corazón podría guardarme mi historias -que son muchas- le estaría agradecida por el resto de mi vida, por ahora no tengo donde guarda tantas… D:

Próximo capítulo: Lógica demoníaca, juicio final.

Perfecto, Arthur Kirkland para ambas partes era perfecto, tanto como para la demencia y lujuria de Anti-Alfred como la pasión que sentía su ex-padrino mágico, Jones lo sabía, aunque lograra liberarlo de su contraparte… sería el adiós, y si sólo se lo llevaba con él no sería diferente a ese cruel demonio. Sea cual sea el veredicto, Alfred no se arrepentirá.