Disclaimer: Todo lo que reconozcan, no es mío.

Cap 7: Entrando a tu mundo.

Edward´s PoV:

Le debía a Alice un riñón, o un pulmón lo que quisiera por haberme dado este reto. Bella se levantó del suelo entre las miradas pícaras de los presentes. Yo me levanté con ella, Em empezó a aplaudir y silbar.

—¡Muéstrale lo fieras que somos los hombres Cullen!—Soltó, y se llevó un-bien merecido-golpe de Rose. A la que se le estaba haciendo costumbre golpear a mi hermano.

—¡Cállate Emmet!—Dijeron Alice y Jazz al unísono, después se miraron el uno al otro y rieron a carcajadas-estaban bastante borrachos-mientras Em los imitaba infantilmente.

Tuve que reírme, por un momento incluso olvidé mi reto, pero al ver a Bella aún en pie y riéndose por los comentarios de los chicos le guiñé un ojo y señalé con la cabeza en dirección a su habitación.

Seguí a una muy, muy roja Bella hasta su habitación, quería tomarla de la mano y susurrarle que todo estaba bien. ¡Mas que bien, estaba jodidamente bien! Pero tenia miedo de abrir la boca y cagarla, después de todo no podía estar cien por ciento seguro de que ella también quisiera aceptar este reto ¿No? El hecho de que yo a su lado no pudiera mantener las manos quietas-como un adolescente-y que cada dos por tres debiera pensar en Emmet en un tanga sexy para que mi soldadito no hiciera de las suyas, no significaba que ella estuviera igual de desesperada por mí. Suspiré cuando llegamos a la puerta de su habitación. Tomé la mano de Bella y le sonreí pícaramente sin poderlo evitar. Giró el pomo y entramos, la habitación era pequeña y ordenada, con un armario blanco y mesita de noche del mismo color, la cama de matrimonio-una tentación para mí y mis hormonas revolucionadas-tenía un bonito edredón fucsia.

—Muy acogedora—Le susurré en el oído, para-además de romper el hielo-calmar mis ansias por olerla. Sí, sé que puede sonar como si fuera un puto perro en celo o algo así, pero es que Bella huele malditamente bien. Y al sentir mi aliento en su cuello ella se estremeció. Me senté en su cama y ella seguía estática. Me pasé una mano por el cabello empezando a desesperarme—Bella, tranquila solo es un juego. Ven—Palmeé el lugar al lado del que ocupaba en la cama y ella sonrió tímidamente pero se sentó a mi lado. Rodeé sus hombros con mi brazo y acuné su cabeza contra mi pecho, y debo confesar que eso se sintió demasiado bien para mi autocontrol de mierda. Y ella seguía sin hablar—¿Bella?—Un débil "mm" escapó de su garganta—¿Estas bien?—Insistí, sintiéndome bastante tonto.

—Si, lo siento. Es que la cerveza hace estragos en mi cerebro, siento como que estuviera flotando o algo así—Me dijo y no pude evitar reírme con su confesión. Bueno, reírme y besarla, porque el movimiento de sus labios contra la piel de mi pecho-aunque aún tuviera la camiseta puesta-fue demasiado erótico para mi pervertido soldadito-que ya estaba en pie de guerra, por cierto-.

Después de un beso fogoso a Bella le entró la risita tonta-por el alcohol creo-y me separó lentamente de su cuerpo, a la vez que se incorporaba y quedaba de pie enfrente de mí. Cuando pude ver sus intenciones mi corazón tronó contra mi pecho, tan fuerte que pensé que ella lo escucharía. Cosquillas y calambres-muy agradables-recorrieron mi cuerpo al ser conciente de la intimidad que nos embargaba.

Se llevó sus manos al comienzo de su camiseta y la subió lentamente, mirándome a los ojos. Mi cuerpo reaccionó al instante y mi polla empezó a apretar dolorosamente contra mi pantalón. Admiré su estomago plano y las suaves curvas de su cintura, pero lo que más me gustó fueron las dos hendiduras marcadas en su pelvis. Me estremecí, su cuerpo era toda una tentación. Pronto su sujetador estuvo descubierto, ella seguía mirándome con una sutil sonrisa en la cara. Yo a estas alturas babeaba. Tiró su camiseta a la silla de su escritorio y cruzó sus brazos debajo de sus pechos, que se juntaron. ¡Madre mía eso no debería ser legal, demasiado caliente para mí! Me dieron unas ganas desesperantes de arrancarle el sostén con los dientes.

—Ahora tú—Me costó dos segundos entender su orden, me levanté de la cama y los ojos de Bella se abrieron al encontrar el bulto-gran bulto por cierto-de mi pantalón. Sonreí con suficiencia. Al igual que ella me despojé de mi camiseta lentamente, mirándola a los ojos. Cuando mi torso estuvo descubierto Bella se acercó tímidamente y acaricio mi estomago con sus suaves y pequeños dedos. Apreté los dientes e ignoré los calambres de mi entrepierna. Ella siguió acariciando mi estomago, pecho y hombros. Despacio, torturándome con sus lentas y sensuales caricias. Cuando llegó al comienzo de mi pantalón eché mi cabeza hacía atrás y gemí roncamente sin poderme contener.

—Te toca—Pude decir, aunque mi voz sonó demasiado ronca y ansiosa. ¡Estaba intentando controlarme, de verdad que sí! Bella asintió sonriendo tímidamente y llevó sus manos al inicio de la cinturilla de su pantalón. Los bajó lentamente hasta sus rodillas, yo solo podía observar cada zona de sus exquisitas y cremosas piernas. Las bragas de algodón se adherían tanto a su húmedo coño que me costaba apartar la vista de esa zona en especifico. Cuando pude volver a mirarla a lo ojos ella estaba sonrojada y sus ojos brillaban extasiados.

—Quítate el pantalón, Edward— Ella me lo ordenó ¡Joder, Bella definitivamente quería volverme loco! Su voz, insinuante, calida y femenina desprendía sexo por cada silaba pronunciada. Y le hice caso, por supuesto desabroché torpemente mi cinturón y bajé mis jeans hasta mis rodillas. Bella observó cada movimiento con ojos ansiosos, el ambiente se estaba tornando demasiado caliente, a los dos nos costaba respirar. Mi polla palpitaba contra la ínfima tela de los calzoncillos, clamando a gritos sordos por ser liberada, por fricción, y por entrar a ese pequeño y húmedo coño de Bella. Aparté mis pensamientos de su intimidad y me obligué a pensar en frutas-siempre funciona-para bajar algo la gran excitación que tenía. Pero dio la casualidad que Bella no estaba muy por la labor, fue a dejar su pantalón sobre la silla de su escritorio, y al volverse tuve una vista privilegiada de su culo, sus redondeadas y apretadas nalgas se encogieron imperceptiblemente a cada paso de Bella por la habitación. Y sus dos sugerentes hoyuelos justo al comienzo de su culo rompieron la última cuerda que me ataba a la cordura. No pude soportarlo más.

—¡Al demonio—Jadeé, mientras acortaba nuestra lejanía en dos grandes zancadas. Me apropié de sus caderas y estampé mis labios contra los suyos, girándola firmemente y apretándola contra mí. Cuando mi polla colapsó con su vientre jadeé y ella me acompañó.

Succioné su labio inferior entre los míos, con ese sabor embriagante de la piel húmeda y delicada de su boca y el olor de su calido aliento impactando contra mi garganta, estaba a punto de volverme loco. Llevé mis manos a sus redondeadas caderas y acaricié hambriento de su piel. Palpé su cintura con mis pulgares, mientras mi lengua buscaba la suya. Sin darle tregua lamí sus labios y la piel de su paladar y ella gimió contra mi boca mientras nos sentábamos en la cama, haciendo que mi polla comenzara a palpitar frenética por la búsqueda de roce. Puse las palmas de mis ansiosas manos contra su estomago, plano y caliente y la espalda de Bella se enarcó para mí, en un gesto tan inocente como estimulante. Sus pechos se apretaron más contra la fina tela de su sujetador y mis pupilas de dilataron ante el placer de la visión de su cuerpo. Ella acomodó sus manos detrás de mi cuello y separó su boca de la mía en busca de aire, su próxima acción me dejó tan aturdido que no pude controlar el gemido que escapó de mi garganta. Bella se sentó a horcajadas en mis piernas y buscó mi boca con desesperación, tirando de mi cabello para acercarme más. Al instante llevé mis manos a su espalda y acaricié toda la extensión de esta, la piel de su cuerpo se ponía de gallina con mis caricias, adoré las sensaciones que Bella podía llegar a experimentar con mi toque. Su menudo cuerpo se adhería al mío, comenzó a mover las caderas contra mi palpitante miembro y no pude contenerme, con un movimiento la tumbé debajo de mí y llevé mis manos a sus muslos, mientras los hacia subir para que rodearan mi cadera, Bella seguía frotando su húmedo coño contra mí. Comenzó a jadear y yo la acompañé, mientras nos besábamos y su saliva refrescaba mi ardiente garganta. Bella se quedó mirando mi torso desnudo unos largos segundos, después llevó sus dedos hasta mi estomago y trazó círculos imaginarios, el solo roce de sus pequeñas manos contra mi cuerpo me hizo embestir contra sus caderas, en búsqueda de fricción. Al sentir mi miembro duro contra ella jadeo más y gimió arqueando su espalda para mí. Besé su cuello y lo lamí empapándome de su aroma, Bella comenzó a gemir muy bajito, lo justo para que llegara a mis oídos y comenzara a excitarme mas. Sin más dilación metí las manos detrás de su espalda y solté el broche del sostén, exponiendo sus duros y redondos pechos. Sus pezones rosas y tiernos invitaban a ser lamidos por mi ansiosa lengua, estaban hechos a medida para mi boca. Saqué la prenda y la tiré al suelo, acaricié los dos y los masajeé en mis manos, Bella gemía y arqueaba su espalda, haciéndome las caricias más certeras. Pasé mi lengua sobre uno de sus pechos y lo chupé con devoción, haciéndome adicto a su exquisito sabor y a su textura algodonosa. Mordí sus pezones y ella soltó un gritito ahogado, busqué su boca sin dejar de acariciar sus senos y su estomago, mientras embestía una y otra vez contra su excitado coño, por encima de la ropa interior, podía notar la humedad de Bella a través de mi calzoncillo. Noté los dedos de Bella en el principio de mi ropa interior y gemí de placer. La ayudé a deslizar la prenda hasta mis rodillas y luego los tiré bruscamente al suelo. Y completamente desnudo volví a tumbarme sobre ella, sintiendo su coño más cerca de mí deseoso miembro. Nos frotamos uno contra el otro, gimiendo de placer, besándonos y bebiendo el uno la saliva calida del otro. Quise ir más allá y probarla, bajé mis manos por sus costados-pasando por sus duros pezones que pellizqué suavemente-y llegué hasta la tela de sus bragas. Metí los pulgares en la cinturilla y comencé a bajarlas lentamente, mirándola a los ojos, siempre dándole la opción de parar-aunque internamente rogaba que no fuera así-.

Bella me miraba fijamente, sonrojada y jadeante, sus ojos brillaban y su boca roja e hinchada estaba entre abierta esperando por mis labios. Fue la visión más caliente que jamás tuve el placer de contemplar. Bajé sus braguitas blancas hasta sus rodillas dejando besos en todo el trayecto, mientras ella se estremecía en las zonas más sensibles. Contemple su hermoso cuerpo en su total desnudez, expuesto ante mí y para mí. Y en ese momento la habría penetrado hasta el fondo, haciéndola clavar sus uñas en mi espalda. Pero apreté los dientes y me controlé. Besé su estomago y sus senos, chupé, lamí y succioné cada poro de su torso, le dí todo el placer del que fui capaz con mi lengua. Mi miembro llegaba a dolerme de tanta sangre acumulada en el, palpitaba frenético, caliente contra el interior del muslo de ella. Llegué hasta su centro y lo besé suavemente, para después rodearlo con la punta de mi lengua. Los jadeos y gemidos de Bella me incitaban a más. Succioné su clítoris entre mis labios y luego lo mordí despacio, mi lengua se empapaba de sus jugos-que eran tan dulces como ella-.

Quise hacer que se corriera penetrándola con la lengua. Ubiqué mi boca en su entrada y cuando fui a meterla me dí cuenta de que estaba demasiado apretada, es más había una barrera. Su himen. Jamás hubiera imaginado que Bella fuera virgen, mis anteriores experiencias, mi dedicación por darle placer e incluso mi tranquilidad, se fueron a la mierda con este descubrimiento.

Me dí cuenta demasiado tarde de que me había separado de su cuerpo y la miraba con los ojos abiertos por la sorpresa.

—Sigue—Rogó, con esa voz suya anhelante, casi suplicante por mis atenciones. Bella lloriqueaba un poco por mi pausa, arqueaba sus caderas y juntaba sus muslos buscando liberación.

Pero yo aún seguía algo abrumado por mi gran descubrimiento, entonces fui conciente de que estábamos en su habitación, de que había más gente en la casa y de que su primera vez, no podía ser así…

Tragué saliva.

—Tú…eres virgen—Le dije.

Bella se incorporó rápido en la cama, apartándose de mí e intentando cubrirse con el edredón. Me sentí mal.

—Tranquila cariño. Solo me sorprendió, nada más—Le aseguré intentando reparar el daño. Me senté a su lado y la abracé despacio. Suspiré frustrado por mi poco tacto.

—Lo siento—¡Maldita sea, soy un puto asco! Ella se sentía culpable por mí estupidez. Me pasé la mano por el pelo, desesperado por buscar una explicación que no empeorara el asunto.

—No es tu culpa. Mira, no hay nada que deseé más que tumbarte en la cama y follarte como un animal—Vale, el tacto en este momento no era lo mío, Bella se sonrojó y dejó caer su pelo como una barrera entre nosotros.

—Pero no seguiste. ¿Por qué?—Preguntó. Quité el pelo de su precioso rostro y lo puse en su hombro, acariciándolo. Le dí un beso en el cuello y ella volvió a estremecerse.

—Porque quiero hacer bien esto, quiero que sea especial y que lo recuerdes como algo bonito. No aquí con nuestros amigos en el salón, no así por un reto—Tomé sus manos entre las mías y la miré a los ojos, para que viera la sinceridad de mis palabras—Quiero hacerte feliz, deseo que todos nuestros momentos juntos sean especiales, y me esforzaré por lograrlo—Le aseguré. Ella volvió a sonreír tímidamente y yo suspiré aliviado. La volví a besar, en el rostro y en los labios, pero sin deseos de profundizar más. Por ahora-y por extraño que resulte-no estaba preparado para ir mas allá, primero tenía que concienciarme de su virginidad y estar seguro de hacer que el momento en que la perdiera conmigo-porque debía ser conmigo, solo imaginar a otro así con ella me entraban ganas de romper algo-fuera placentero para ella, tanto como lo seria para mí.

—Bien—Me dio un beso mariposa en los labios y se levantó de la cama—Mi pijama te quedará algo estrecho—Dijo entre risitas. Le sonreí de medio lado y ella negó con la cabeza mientras se sonrojaba. Yo solo podía mirar su precioso cuerpo desnudo e intentar controlar mi -demasiado grande-excitación.

Nos vestimos con la ropa del otro-Bella sujetando mi jeans fuertemente con mi cinturón y yo apretado en su pijama-y salimos tomados de la mano, rumbo al salón.

El silencio de la estancia me sorprendió un poco. Miré a Bella, que tenía el ceño fruncido, negó con la cabeza tan perdida como yo.

El salón del pequeño apartamento estaba a oscuras, pero al entrar pudimos ver la luz de la televisión encendida. Me fijé en la película que estaban viendo. Titanic… ¿Em y Jazz viendo Titanic? Mariquitas.

Carraspeé sonoramente.

—¿Y bien?—Dijo Bella entre dientes, aparentemente enfadada por que se hubieran olvidado de nosotros. Aunque era todo fingido, no habíamos llegado a consumar nada, pero el tiempo de intimidad con Bella fue lo mejor de la noche.

Una figura menuda saltó del suelo y corrió como un bólido al interruptor de la luz. Tuve que parpadear varias veces para acostumbrar mis ojos a la claridad de la lámpara. Y cuando por fin abrí completamente los ojos encontré la cara de una sonriente Alice-su sonrisa en realidad, daba un poco de miedo-delante de mí.

—¿Terminaron?—Alice se acercó a Bella y la miró de arriba abajo, mientras mis hermanos se carcajeaban de mi atuendo-Rosalie estaba dormida en el hombro de un muy sonriente y emocionado Emmet-.

Dejé que se rieran un rato, mientras miraba a Bella y le sonreía abiertamente. Nuestras manos seguían entrelazadas, era una sensación exquisita. ¿Quién me iba a decir a mí, que esa preciosa joven vestida de novia estaría hoy así conmigo? Es como un sueño hecho realidad. Le apreté la mano y ella me guiñó un ojo. No se cuanto tiempo estuvimos así, mirándonos y diciéndonos todo sin palabras.

—Es tarde, creo que deberíamos irnos—Dije al ver el bostezo de Jazz. Aunque para ser sincero, no tenía ganas de irme. Pero la vida es dura y lo bueno se termina.

—Si, pero no se olviden ¡El viernes salimos!—Alice-aún con cara de sueño-dio saltitos por todo el salón rodeando a Bella—¡Tengo tantas ganas de volver a Forks!—

Em cargó a Rose hasta la habitación de invitados-cabe aclarar que mi hermano lucía radiante con la rubia en sus brazos-mientras Jazz y yo ayudábamos a recoger. Cuando el salón volvió a estar limpio Alice y Bella nos llevaron hasta la puerta. Me permití estar al lado de mi pequeña todo el tiempo que me fue posible, y darle pequeños besos en el cuello y la nuca a cada oportunidad. Antes de irme nos cambiamos de ropa de nuevo y me despedí de una hiperactiva Alice, que daba saltitos emocionada y hacía planes sobre el viaje a su pueblo. Mentiría si dijera que no estaba emocionado con pasar las vacaciones con mi Bella. Una vez en la puerta me giré hacía Bella mientras Jazz y Em me separaban en el ascensor-Jazz tuvo que arrastrar, literalmente, a Emmet que quería quedarse a ver "el show"-para darnos intimidad.

—Bueno Edward, esto soy yo—Me señaló su casa y a si misma, recargada en el marco de su puerta.

—Pues me encantas, ahora más que nunca—Le aseguré. Bella sonrió abiertamente.

—Tú también me encantas Edward—Dijo y mi corazón hizo complot con las mariposas de mi estomago para bailar "la lambada". La besé suavemente y ella correspondió encantada, y en ese beso en el que ninguno exigió nada, y solo nos limitamos a acariciarnos con los labios, me dí cuenta…Me estaba enamorando perdidamente de Bella. Y seria el hombre más feliz de la tierra, si ella algún día pudiera corresponderme. Con una sonrisa en la cara y un ultimo apretón a su mano, partí hacía mi hogar, con una nueva sensación de perdida en el pecho, que apareció justamente al separarme de la esplendida mujer que me recibió en su vida con los brazos abiertos.

Bella´s PoV:

Permanecí estática en mi posición-recargada en el marco de la puerta-hasta que Edward se metió en el ascensor. La cabeza de Emmet salió de nuevo para sonreírme jocosamente. Rosé los ojos y suspiré sonriendo. Debo admitir que me decepcioné un poco cuando él no siguió con lo que estaba haciendo en mi habitación. Pero luego lo pensé mejor, no hay muchos hombres que eviten una buena sesión de sexo solo por encontrar que la chica es virgen. Eso hacía Edward mucho más especial para mí, porque me restaba y lo adoré por su comportamiento. Y sí, aun seguía cachonda perdida, pero podía esperar. Suspiré de nuevo y entré a mi departamento. Y ¡Horror! Alice estaba sentada en mi sofá, con una sonrisita maligna en su cara, mientras balanceaba los pies de atrás adelante.

Gemí y intenté correr hacía mi habitación, pero su bracito se cerró en mi muñeca, giré la vista hacía mi amiga, que negaba con su dedito mientras seguía con esa sonrisa mortal en su cara.

—¡No, no no!—Acompañó la negación con su dedo—Mala Belly-Bells mala, ahora siéntate aquí—Me arrastró al sillón y me sentó a su lado—Y cuéntale a tu mejor amiga del mundo mundial todo, y cuando digo todo es T-O-D-O—Gemí, ella no se conformaría con poco, querría saber hasta los gemidos exactos que escaparon de nuestras gargantas. Tomé aire y me preparé para una sesión de interrogatorio maniático compulsivo, cortesía de mi pequeña amiga Alice-ella empezó a dar palmas, sabiéndose ganadora-.

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N/A: ¡100 Rr! ¡Soy feliz, feliz, feliz! Muchas gracias a todas/todos los que me apoyaron, en realidad se los agradezco muchísimo. Tengo que decirles que este capitulo es como de transición, Bella le abrió las puertas a su mundo y él le mostró-en la fiesta-un poco de su condición social. ¿Podrán estar juntos, siendo de clases sociales tan distintas? Aunque queramos pensar que el estatus social es algo irrelevante, desgraciadamente, no es así y mas adelante verán el por qué les digo esto. Bueno, también debo informarles que no tendré tanto tiempo ahora para actualizar-empecé a trabajar-y llego rendida, solo ténganme paciencia, porque intentaré seguir el ritmo, y no aburrirlas.

¡Las quiero! ¡Besitos!