¡Hola a todos mis queridos lectores! Como algunos pensaran, me desaparecí por mucho tiempo, no tengo excusas, aunque el trabajo, la desidia, la falta de inspiración, todo se juntó para evitar que escribiera. Pero como me prometí a mi mismo y a los pocos lectores que siguen mi historia, la terminare, cuesteme lo que me cueste, por que mis personajes lo valen.
Un agradecimiento especial de mi parte a Focustos44, que sin proponerselo logró conmoverme al escribir su historia: "La Corte de Fanfiction" me hizo pensar en como debían de sentirse nuestros personajes cuando no continuamos nuestras historias o las dejamos inconclusas, sin darles la oportunidad de tener un final digno de ellos mismos. En verdad, gracias amigo mio.
Ya no dire mas por que la charla se hace aburrida y lo que les interesa es la historia. Espero la disfruten tanto como yo lo hice, por que deben saber, que la mitad de la historia me llevo solo un dia, ya que estuve inspirado, bueno, eso ustedes lo juzgaran. Sin mas que agregar, disfruten la lectura.
Disclaimer: My Little Pony Friendship is Magic no me pertenece, sino a Hasbro y a la gran Lauren Faust; yo solo hago uso de sus personajes para mi propio entretenimiento y el de algún que otro lector.
Summary: El Reino de Equestria se ve amenazado por un viejo y letal enemigo. El Siervo del Rey tiene una misión malvada y para cumplirla debe acerarse a las portadoras de los elementos de la Harmonia. Solo el arma más poderosa de todas podrá hacer frente a esta amenaza. Twilight, ¿Estas dispuesta a morir por amor?
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Cronicas de Equestria I
El siervo del Rey
Capítulo 7: La Furia de Garuda
Scootaloo había salido del edificio con el ruido de la primera explosión. Al enterarse del ataque, los maestros y cuidadores del orfanato habían ordenado a todos quedarse dentro de la construcción, pero ella quería ver lo que sucedía allá afuera. Y sus ansias solo aumentaron con el ruido de una segunda explosión.
-¡Scootaloo!
No escuchó el grito. Abrió la puerta y quedo observando absorta sobre el rellano de la puerta el paraje que se mostraba ante sus ojos. Cloudsdale se encontraba bajo un cumulonimbo gigante de color negro del cual relámpagos incandescentes caían sobre la ciudad haciendo estallar los edificios en una esfera de luz enceguecedora dejando solo un inmenso cráter en su lugar.
-¿Qué está pasando? -se preguntó en voz baja.
Vio como cientos de griffos descendían de la colosal nube hacia la ciudad y como otras decenas de pegasos ascendían para luchar e intentar refrenar el avance avasallador de los griffos invasores.
-¡Scootaloo entra ahora!-
Pronto la pequeña pegaso se vio cubierta por un ala color plata que la empujaba hacia el interior del recinto y que cerraba la puerta impidiéndole observar la imagen de su ciudad caer.
-¡Tienes que irte con los demás, ahora!
Un pegaso de pelaje color gris la apartó de la puerta. Y antes de cerrarla por completo, Scootaloo pudo observar en su mirada el miedo que sentía.
-Señor Stein.
-No, Scootaloo. –dijo mirándola a los ojos. –Tienes que irte ahora.
No fue una sugerencia. Y aunque no lo deseara demasiado, el señor Stein era su maestro preferido, aquel que la había cuidado pos más tiempo y quien era el más amable con ella. Corrió lo más rápido que pudo mientras veía, detrás de ella, a su viejo maestro asegurando la puerta con tablas y clavos.
Avanzó velozmente a través de los pasillos del orfanato, y agradeció internamente que este no fuera tan grande. Encontró las escaleras que conducían al sótano y bajo los escalones de dos en dos, apresurando su paso recorrió el pasillo poco iluminado y llegó a las bodegas, antiguas habitaciones que fueron utilizados como almacenes en tiempos más venideros y que ahora, solo fungían como bodegas repletas de basura.
Golpeó con sus cascos la última puerta pero nadie contesto. A lo lejos aún podía escuchar las explosiones de la ciudad y eso no hacía más que ponerla ansiosa. El seguro de la puerta hizo "clic" y esta se abrió dejándola ver varios rostros conocidos dentro.
Muchos de los potrillos que ahí se encontraban no eran más que huérfanos como ella, abandonados a su suerte y recogidos por los amables maestros que cuidaban con gran entusiasmo ese viejo orfanato.
-¡Scootaloo! ¿Dónde estabas? –exclamó un viejo y barbudo pegaso café. - Por Celestia, temía que en uno de tus arranques hubieras salido.
-¡El señor Stein está tapando la entrada, hay griffos bajando de una gran nube negra arriba de Cloudsdale!- gritó ella de pronto. -¡¿Qué está pasando?!
Una multitud de rostros infantiles dirigieron sus miradas hacia el rostro del adulto. Él se las devolvió con algo de pesar; ¿Cómo decirles a un grupo de infantes que su ciudad estaba siendo atacada? Todo indicaba que las relaciones diplomáticas con Ilrinar había fallado de manera catastrófica, y este ataque no era sino una respuesta a eso. Había sido tan rápido y letal que dudaba mucho que Cloudsdale se mantuviera en pie por mucho más tiempo, no sin la ayuda del ejército.
-Pequeños- musitó indicándoles que se acercaran a él.
Observó cada uno de los rostros compungidos, sintiendo el miedo en su mirar como el suyo propio. Suspiró y se preparó para suavizar la noticia lo más que pudiera.
-A veces, las peleas entre amigos son inevitables. A veces, la intolerancia y el odio de unos pocos basta para que muchos se lastimen. Olvidan a sus amigos, con la vista cegada por el poder y la avaricia, cosas que destruyen en alma y nos alejan de la luz… para envolvernos en la oscuridad-
-¿Los griffos están enojados con nosotros?- preguntó un pequeño pegaso de color violeta.
-Al parecer, así es- contestó sin saber si era tristeza lo que sentía al ver la mirada inocente del pequeño.
-¿Y qué les hicimos para que se enojaran?- cuestionó otro.
-¿Y que va pasar con la ciudad?-
Miró a todos y cada uno sin saber que decir. También él tenía miedo, pero temía más por las vidas de los pequeños que se encontraban delante de él y cuya respuesta definiría en gran medida lo que sucedería a futuro.
Probablemente la ciudad seria arrasada y la vida de cada uno de ellos dependería de la piedad delos griffos. Se preparaba mentalmente para dar la fatídica respuesta cuando un sonido parecido al de un golpe sobre la madera retumbó en el piso superior. Todos miraron hacia el techo asustados, algunos comenzando a llorar levemente, con gimoteos, otros firmes ante la expectativa, esperando algo más.
Un segundo golpe se escuchó retumbar la madera igual o más fuerte que el anterior. Luego un tercer, después un cuarto y el silencio invadió la habitación. Todos miraban de un lado a otro, esperando con miedo el sonido de las puertas al ser atravesadas.
Scootaloo se sentía atrapada en ese lugar. No escuchaba nada más que unos pequeños susurros y gimoteos rezagados entre los pequeños que intentaban no llorar. No sabía que sentir siquiera, odio por aquellos que los atacaban o pena por la situación en la que se hallaban, encerrados, esperando que los encontraran.
De repente, repetidos golpes se escucharon en la puerta. Esta se abrió y dio paso al pegaso de color plata que respondía al nombre de Stein. Observó a todos que le miraban con duda, esperando buenas nuevas. Esperando esperanza.
Al final, viendo que nadie decía nada. Fue Scootaloo quien hizo la pregunta que todos querían hacer. -Señor Stein, ¿qué sucede allá arriba?
Stein nunca fue entrenado para esto, tampoco le dijeron que hacer en esta clase de situaciones. Era solo un profesor, un mero guía para estos pequeños pegasos.
-No lo sé Scoo, pero no voy a dejar que nada les pase- "Primero muerto" pensó.
Sonrió intentando darles ánimos. Esperaba que con esa respuesta todos dejaran los pensamientos fatídicos para después, no ahora cuando necesitaba mantenerlos lucidos.
Algunos sonrieron después de esto, con un poco de firmeza en sus emociones, con un poco renovada confianza. Confianza que se vio reducida a cenizas, cuando el sonido de las puertas del orfanato viniéndose abajo por la fuerza de sus atacantes les llegó a los oídos.
Docenas de pasos se escucharon en el piso superior y algunos murmullos enardecidos llegaron hasta ellos. Scootaloo miró a ambos adultos esperando ver algún atisbo de tener un plan.
Ambos adultos se miraron y asintieron en sincronía. Stein con un casco sobre sus labios les instó a guardar silencio y a seguirlo. Abrió la puerta y se adentró en la oscuridad del pasillo. Unos segundos después volvió a mostrarse en el rellano de la puerta indicándoles que lo siguieran.
Todos hicieron caso, uno a uno fue saliendo de la bodega, en fila y siguiendo al profesor. Avanzando de puntitas a través del pasillo, intentando hacer el menor ruido posible, atentos a cualquier señal de ser descubiertos.
Detrás de ellos, un cubo de metal calló al suelo tintineando en repetidas ocasiones haciéndolos frenar y volver la vista atrás. Un pequeño pegaso de pelaje amarillo les devolvió la mirada con un sincero y avergonzado "perdón".
Con un "vamos" Stein indicó seguir el camino. Apresuraron el camino por si el ruido hubiera alertado a sus enemigos. Llegaron hasta una puerta de madera raída por el tiempo en la cual Stein introdujo una llave oxidada que hizo un chasquido al girar.
-Apresúrense, ahora- dijo Stein, abriendo la puerta frente a él.
Todos entraron a trompicones y cerraron la puerta tras de sí con seguro, bloqueándola con lo que tuvieran al alcance.
Scootaloo miró la habitación en la que se encontraban y que jamás había visto en su vida. Había cajas viejas llenas de vaya a Celestia saber que, montones de periódicos apilados y pupitres amontonados. Solo otra bodega como las demás.
Stein se acercó a una puerta metálica al otro lado de la bodega. Una salida posterior del orfanato que daba hacia una pequeña colonia de casas con techos bajos. Una perfecta forma de escapar y no ser vistos desde el cielo.
-Si lo que piensas es salir, ten en cuenta que somos demasiados, por mucho que nos ocultemos- mencionó el pegaso de crin café.
El asintió, conocía ese hecho. Mantener un grupo de pequeños pegasos ocultos sería difícil, mucho más considerando si eran un grupo tan numeroso. Por eso desde que había visto a los griffos invadir Cloudsdale había comenzado a planear mil y un maneras de poder sacar a los potrillos sin ninguna baja, pero cada una de las teorías tenia errores fatales, encrucijadas donde en el peor de los casos, perdía a uno de ellos.
Por eso había elegido este plan.
-Apilen todo lo que encuentren en una esquina. Se ocultaran mientras ellos me persiguen a mí- les dijo a todos con decisión.
Todos le observaron con sorpresa, no creyéndose la idea. Incluso el profesor de pelaje café le miró sorprendido.
Stein comenzó a amontonar las cajas antes las expresiones sorprendidas de todos, no importándole lo que pensaran. Había tomado esa decisión porque era la más factible; era el mejor plan para proteger la vida de los pequeños, y si para eso debía poner en riesgo su propia vida. Que así fuera.
-¡No! ¡No puede hacerlo!- sobresalió la voz de Scootaloo.
Stein volteo a verla sabiendo que ella sería el mayor obstáculo para llevar a cabo su plan. La apreciaba, la quería demasiado. Como si fuera la hija que nunca pudo tener.
-Scoo…- se acercó a ella y la tomó en un fuerte abrazo.
-Scootaloo, mírales a todos… mírate a ti misma…- le susurró al odio para luego señalarlos a todos. –Merecen una oportunidad para vivir… y yo estoy dispuesto a darles esa oportunidad-
-Pe… pero-
-Scootaloo- dijo el, limpiando con su caso las lágrimas que recorrían sus mejillas. –Eres la pegaso más valiente que he conocido en mi vida. Siempre, a pesar de la adversidad, te has mantenido firme en tus metas, con una brillante sonrisa después de cada fracaso y de cada victoria.
Se levantó con ella entre sus cascos. La cargó frente a si para mirarla directamente a los ojos con una dulce sonrisa.
-Y sé que ahora los protegerás a todos, porque eres la mayor. Porque eres la más valiente. ¿No es así?
No dijo nada, no asintió ni negó. Simplemente no quería separarse de quien la había cuidado desde que nació. Quien le había visto crecer, quien le había abrazado y dicho que todo estaría bien cada vez que, llorosa, regresaba a casa después de lastimarse. Quien la reprendía cada vez que hacia algo malo, para después dejarle escaparse de los castigos para ir a jugar al patio. Quien había sido más padre que maestro durante toda su vida.
Al final, sin poder decir nada. Asintió despacio sin querer hacerlo.
-…Gracias, mi pequeña.
La depositó en el suelo y el pegaso de crin café colocó un casco en su hombro. Sin decir más se entendieron. No había palabras que decir después de todo.
-Prepárense, no tardaran mucho en llegar.
Nadie se atrevió a protestar, solo se dedicaron a acomodar todas las cajas y demás basura que encontraron para apilarla en una esquina, dejando un pequeño hueco en el que pudieran ocultarse después.
Cada uno fue metiéndose entre la basura, intentando esconderse lo mejor que podía. Scootaloo fue la última y antes de adentrarse con los demás dio un último vistazo atrás. Stein le sonreía, prometiéndole que se volverían a ver.
Y aunque ella sabía que era prácticamente imposible, creía fervientemente que podría verlo de nuevo.
Le dio la espalda y se zambulló con sus compañeros. Poco tiempo después unos fuertes golpes se escucharon en la puerta y todos se apretujaron.
-¡Abre la puerta! ¡Sabemos que estás ahí!
-¡Un comentario demasiado estúpido de su parte señores!- dijo Stein en sorna.
Una parte de la puerta salto en astillas y Stein esperó a que lo vieran perfectamente. Tenían que verlo, fijar su atención en el para no notar a los niños.
-Aquí estoy pajarracos, ¿o debería llamarlos cerebros de plumas? No sé cuál es el mejor halago- se burló.
La puerta cedió y por ella entraron seis griffos furiosos. Quien parecía el líder dio un paso al frente con la mirada fija en él.
-Matenlo- ordenó.
Ante lo dicho los 5 subordinados se lanzaron sobre él. Stein abrió la puerta de una sola patada y salió disparado hacia el exterior confiado en que todos lo seguirían. Sin embargo, grande fue su error al notar que el líder había quedado rezagado, inspeccionando la bodega, sospechando de sus planes.
¿Por qué había esperado hasta ser visto si podía escapar desde antes? ¿De qué servía? También les había provocado, la pregunta era, ¿Por qué razón provocas a un enemigo que te supera en número y fuerza?
Scootaloo vio desde su posición la actitud extraña del griffo. Se había quedado en lugar de perseguir al profesor Stein como este lo había planeado.
Un ruido a su espalda llamó su atención. Volteó la vista y no pudo evitar maldecir al ver a un pequeño que sollozaba por el miedo. Miro de nuevo a su enemigo quien se acercaba con una sonrisa al haber descubierto el plan.
Stein había hecho todo para proteger algo. Para cuidar a alguien.
Scootaloo se vio presa del miedo. Si los descubría, los mataría a todos y eso era algo que no debía permitir.
-¡Aquí estoy!- gritó ella haciendo gala de su impulsividad.
Sin decir más se echó a correr ante la sorprendida mirada del griffo. Paso por debajo de él antes de que este preparara su arma y sin más salió a la calle.
Volteo su vista atrás, sonriendo con satisfacción al ver a su perseguidor detrás de ella. Enfocó su vista un poco más y a lo lejos pudo ver a sus compañeros y al profesor verla alejarse con los rostros compungidos.
Stein lo había dicho. Era la mayor y la más valiente. Los protegería como su padre lo había hecho.
No lo defraudaría. Costase lo que costase.
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Soarin jamás en su vida había presenciado una tormenta tan grande como la que ahora se mostraba antes sus ojos. La lluvia le hacía imposible ver más allá de un par de metros y el viento golpeaba con tal fuerza que sus alas se movían con miedo a romperse en miles de pedazos.
-¡Tenemos que controlar la tormenta!- gritó Spitfire a lo lejos.
Y aunque se encontraba justo a un par de metros a su lado, Soarin nunca la escuchó. La tempestad se encontraba sobre Cloudsdale, y todos los pegasos que podían volar habían sido llamados a ayudar. Había visto muchos, desde unos muy ávidos e inexpertos, hasta unos demasiado cansados por los años. Pero los necesitaban, cualquier par de alas sería necesario si no querían ver su ciudad destruida.
Desde su posición pudo observar a decenas de guardias del sol y de la luna batir sus alas contra la tormenta. Pero nada parecía detener las nubes negras que los engullía sin piedad alguna.
-¡Capitán Soarin!- dijo un soldado lunar a su lado.
El solo asintió sin contestar siquiera. No le gustaba el título, pero tanto como Spitfire y el habían sido obligados por la princesa Celestia a prestar sus servicios para el bien común en caso de necesidad. Y este, definitivamente, era uno de esos casos.
-¡No podemos hacer nada! ¡Necesitamos más refuerzos!-
Tal vez no era tan inteligente como el General Starshield o la capitana Spitfire, pero había algo que el sí sabía. Esta tormenta no era normal y presagiaba algo sumamente malo.
"Llego de la nada. Nadie vio las nubes negras a la distancia… ¿Qué demonios está pasando?"
-¡Capitán!-
-¡Retira a todos a la ciudad, no podemos hacer nada aquí!-
-¡Señor! ¡¿Qué pasara con los que están dentro de las nubes?!-
-¡Traigan a los que puedan!- lo sentía demasiado, pero no quería perder a mas compañeros. -¡Retirada!-
Se lanzó hacia delante para adentrarse de lleno en las nubes negras. Apenas penetró su vista se cubrió de una oscuridad perenne que no le permitía ver sus manos siquiera. Sintió como su pelaje se erizaba con la estática y el helado clima que gobernaba dentro de la nube. Sus oídos comenzaron a zumbar de manera molesta y Soarin comenzó a sentir miedo, no veía nada a su alrededor, solo oscuridad. Sus alas se encontraban entumecidas por el frio y lo mismo comenzaba a ocurrir con sus patas.
"No se siquiera si sigo vivo"
Aleteo con más fuerza intentando escapar de ese lugar con desesperación mas no encontraba la salida. De arriba abajo, de izquierda a derecha, de adelante atrás. La oscuridad era infinita y él no sabía hacia donde se dirigía.
-¡Eyyy!- creyó gritar. -¡Alguien!- Solo los zumbidos llegaban a sus oídos. Sentía su boca seca y sus alas partirse por el cansancio. Tenía que encontrar la salida y rápido.
Un golpe en el abdomen le sacó el aire impidiéndole gritar. El golpe fue tan fuerte que juró haberse roto un par de costillas. No gritó de dolor, su orgullo podía más. Mordiéndose el labio intento ver a través de la negrura sin poder ver nada.
Un golpe más lo hizo caer en picada atravesando las nubes para ser recibido por un impacto en su rostro que le hizo escupir sangre.
-¡Sal de ahí bastardo!- grito blandiendo la espada que tenía en el cinto.
Lanzaba estocadas al aire, más ninguna encontraba más resistencia que la nada.
"Tienes que concentrarte… primero, encuentra a tu enemigo"
Cerró los ojos intentando enfocarse en los sonidos que le rodeaban. Zumbidos, solo interferencia que le hacía confundirse. Frunció el ceño intentando concentrarse más aún si era posible. Un choque metálico al sur, un grito de dolor al norte, risas sobre su cabeza…
El viento cortante a su espalda.
De un veloz movimiento dio la vuelta colocando su espada como defensa recibiendo el choque titánico de un mandoble que lo empujó varios metros hacia atrás.
Volvió a mirar a todos lados intentando encontrar a su atacante. Nada. Cerró los ojos concentrándose en su exterior…
-Ni con toda la concentración del mundo podrás hacer más que detener un golpe, pegaso-
Soarin giró su cabeza en dirección a la voz.
-Al menos no soy un cobarde que se esconde en las sombras- respondió.
Y toda su valentía y audacia desapareció al sentir la punta de la espada enemiga entre sus alas, amenazándolo con atravesarle el pecho de un solo movimiento.
-Al menos seré yo quien atraviese tu pecho con mi espada- susurró la voz a su oído.
No fue lo suficientemente rápido en esta ocasión. Dio un giro de l80 grados esquivando la espada que atravesaría su espalda, pero su ala se quedó atrás, siendo atravesada por la espada.
-¡Aaaghhh!-
Como si dé un juego se tratara, el griffo movió su espada de arriba abajo, queriendo producir el mayor daño posible a su enemigo. Soarin con un ala herida no se podía mantener en el aire; desenvaino su espada lanzando la estocada hacia atrás deseando cortar algo más que aire.
Una garra detuvo su ataque tomándolo por su brazo. Soarin se vio inmovilizado con su enemigo a la espalda.
-¿Eso es todo lo que puedes hacer?- pregunto con sorna, moviendo de arriba abajo la espada que se encontraba enterrada en el ala del pegaso.
-¡Aaaaaagghhhh!- el dolor era insoportable; dudaba que su ala quedara bien después de esto. -¡Maldito!-
-Fuertes palabras para un pony-
-¡Capitán!-
Y Soarin pudo ver todo en cámara lenta.
Uno de sus subordinados embistió al griffo de lleno desenterrando la espada de su ala. Sin darse cuenta, el desconocido salvador tomó su casco y lo comenzó a jalar hacia la tierra a toda la velocidad que le permitían sus alas. Ambos caían en picada, mientras Soarin se debatía entre la conciencia y la inconsciencia que nublaba su vista a causa del dolor. Pudo ver detrás de el a varios griffos perseguirles a gran velocidad, este hecho le despertó, si les alcanzaban morirían.
Con su única ala útil, se impulsó más, intentando ayudar a su compañero pero no era mucho lo que podía hacer. La gravedad lo atraía con más fuerza que la que producían sus alas.
-Capitán, tiene que informarle a la Princesa Celestia-
Y sin entender muy bien la petición, se vio lanzado hacia abajo por su compañero que lo despidió con un saludo militar. Y lo último que vio de él fue su vuelo en contra de los griffos.
Su cuerpo atravesó la nube negra y la luz por fin penetró en los ojos de los pegasos al salir de la nube negra que los había tragado, y Soarin pensó que hubiera sido mejor jamás volver a ver nada. La imagen de una Cloudsdale siendo invadida por cientos de Griffos lo paralizó en el aire. Los pegasos luchando contra los invasores en el cielo, las calles y los techos de las casas.
Una furia que jamás había sentido y que nunca creyó ser capaz de sentir le invadió como un maremoto. Sin pensarlo siquiera, aceleró su vuelo hacia un griffo en particular que estaba a punto de blandir su falange contra un pequeño potrillo que lloraba en el suelo al lado de un cuerpo inerte.
Como una exhalación y sin importarle un poco su ala destrozada, recorrió la distancia que los separaba en un par de segundos, blandiendo su espada cortando de tajo el cuello de la bestia alada.
El cuerpo calló al suelo en un chasquido seco mientras su cabeza rodaba a un par de metros por la fuerza del ataque. Soarin levantó la vista hacia la pequeña que con su casco intentaba despertar inútilmente al pegaso que yacía en el suelo.
Se acercó a paso lento hacia el pequeño con la intención de ayudarle, pero un hecho le hizo detenerse. Un charco de color carmesí comenzó a extenderse desde el cuerpo, avanzando hasta sus cascos. Como un acto reflejo, dio un paso atrás intentando alejarse hasta que la sangre le alcanzo manchando su pelaje.
-No-
Sin poder apartar la vista de la escena pudo notar la cantidad de sangre que emanaba de la herida, era imposible que ese pegaso siguiera con vida. La batalla había cobrado su primera víctima.
-Maestro… Señor, despierte-
Esto era inconcebible. Durante los meses de preparación para batalla le habían entrenado para matar y ver a la muerte a los ojos, pero esto era algo completamente diferente.
-Tenemos que irnos-
Levantó a la pequeña pegaso en vilo y corrió a resguardarse bajo el techo de una casa que aún no había sido destruida. Se recargó en una pared y se dejó caer al suelo con el potrillo en brazos. Aun escuchaba la algarabía desde fuera, el choque de las armas, los gritos de batalla y de terror. Miró hacia abajo y se encontró con unos ojos turquesa que le veían con miedo y que, el juraba, preguntaban qué harían a continuación; una pregunta que él no tenía idea de cómo contestar.
-¿Estas bien?-
Ella no dijo ninguna palabra y solo asintió débilmente. Las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de la pequeña y Soarin se apresuró a limpiarlas, levantó su mentón y pudo observar todas las emociones que ella tenía; pudo comprender que si él tenía miedo y no sabía cómo enfrentar esta situación, una pequeña pegaso… simplemente no lo soportaría.
-Tranquila, todo estará bien- dijo con una sonrisa temblorosa. -¿Cómo te llamas pequeña?-
Ella guardó silencio, no sabía que contestar. Abrió su boca pero ningún sonido salió. Respiró profundo intentando calmarse y pronuncio su nombre.
-Scootaloo-
-Bien- acarició su morada crin con su casco en forma paternal y le sonrió intentando darle fuerzas. –Saldremos de esta juntos, ¿está bien?-
Ella solo asintió en respuesta. No había puesto atención a la pregunta del pegaso azul, ni siquiera sabía que rayos estaba sucediendo en ese momento. De un momento para otro había salido del orfanato para ver más de cerca, y al siguiente momento un griffo la estaba persiguiendo queriendo matarla, y después el Señor Stein, quien intentó salvarla… el señor Stein había muerto por protegerla.
-Tranquila, te sacare de aquí, lo prometo. Y luego, cuando todo termine yo te entrenare para que entres a la academia de los Wonderbolts, ¿está bien?-
Ella le miró sorprendida. ¿Cómo sabía ese pegaso de su sueño? En primer lugar, ¿Quién era ese pegaso?
-Soy Soarin, el segundo al mando de los wonderbolts, es un placer conocerte en persona Scotaloo-
-¡¿Tu eres Soarin?!-
-Shhh, silencio Scootaloo, recuerda que estamos rodeados- dijo el acallándola con su casco. –Necesito que te concentres y me ayudes, ¿está bien?-
Ella asintió en respuesta con las fuerzas renovadas. Aun no podía dejar de pensar en el señor Stein quien sacrificó su vida para protegerla.
-¿Lo conocías?- pregunto de golpe viendo en la dirección a donde miraba la pequeña.
Ella asintió una vez más en silencio, sin poder responder. Él esperó sin soltarla.
-El..el… él era mi maestro- dijo limpiándose una lágrima de forma ruda. –Me…me cuidaba en el orfanato-
-Lo siento mucho, pequeña-
Ambos guardaron silencio por unos minutos, cada uno en sus propios pensamientos. Pero él no la había soltado aun, la abrazaba a su pecho protegiéndola lo más que pudiera, aunque no fuera demasiado.
Era un desconocido…
-Escucha Scootaloo-
Él no podía hacer demasiado
-Mi padre me dijo una vez que la muerte siempre nos llega; a todos. Sin embargo, la muerte solo es una mentira… el cuerpo llega a su fin, pero el alma y la fuerza siempre pasan a quienes amamos. Ahora, dentro de ti, está la fuerza de tu maestro, su alma entera está protegiéndote y dándote las fuerzas para seguir adelante. Ahora mismo eres la pegaso más fuerte e increíble que he conocido-
Pero si había algo que Soarin Dash podía hacer, eso era brindar algo de esperanza a quienes la habían perdido.
-¿Es hora de salir de aquí, no crees?- y ella asintió con una pequeña sonrisa adornando su rostro.
Ambos abrieron lentamente la puerta, observando a todas direcciones esperando no encontrarse a un enemigo. La calle estaba desierta y en el cielo ya no se observaban tantos combates. Ahora las batallas se llevaban a cabo en el suelo, dentro de las casas; Soarin sabía que Cloudsdale ya se encontraba perdida. Para que el ejército fuera vencido y la lucha se llevara a cabo en el suelo, significaba que los únicos que quedaban eran los no combatientes, los ancianos, mujeres y niños.
-Es ahora o nunca Scootaloo- dijo susurrando.
Ambos salieron de la casa y corrieron pegados a las paredes. Siempre dando una mirada hacia atrás, Soarin rezaba para que no fueran vistos. Doblaron en la siguiente esquina adentrándose en un callejón un segundo antes de que una tropa de unos diez griffos salieran a la calle. Todos buscaron algún indicio de supervivientes, pero nadie vio nada. En seguida el líder dio la orden de avance y todos se pusieron en marcha, deseando terriblemente encontrarse con más pegasos a quienes asesinar.
-Vamos, Scootaloo-
La levantó hacia una ventana. Ella se estiro alcanzando el rellano para poder ver hacia adentro. No había nadie ahí. Golpeó débilmente el vidrio para ver si este se rompía, mientras debajo de ella Soarin volteaba a ver cada segundo hacia los lados sin encontrar nada más que una ligera llovizna.
-Vamos, rompe el vidrio y entra, rápido-
Ella golpeó el vidrio con sus cascos y con todas sus fuerzas. El ruido que hizo el vidrio al romperse y caer al suelo fue lo suficientemente grande para alertarlos. Ella saltó hacia dentro de la casa seguida de Soarin y ambos se colocaron pegados a la pared contando los segundos y esperando cualquier ruido.
Soarin se levantó y corrió hacia la ventana. Desde ahí podía ver a los lejos algunos pegasos rezagados que se mantenían en combate a duras penas. Pero se podía notar a leguas que los griffos tenían las de ganar, la diferencia numérica era enorme.
Ahora todo se debatía en dos cuestiones, salir y buscar ayuda o esperar por ella. Ambas tenían remotas posibilidades de terminar bien, pero él sabía que siempre, en una guerra, el movimiento puede mantenerlos con vida.
"El problema es que no hay ningún lugar a donde ir"
-¡Soarin! ¡Tú ala está sangrando!-
El pequeño grito llamó su atención y dirigió su vista hacia su ala herida. Como un arco reflejo un dolor lacerante le inundó desde su ala hasta su espalda. La piel de su ala derecha estaba cortada como un pedazo de tela raída y manchada de rojo, y donde antes había plumas de color añil, ahora solo se encontraba un retazo de piel y plumas sangrantes que manchaban el piso.
Soarin apretó la mandíbula intentando aguantar el terrible dolor que lo mantenía paralizado. Se dejó caer al suelo pesadamente, intentando con todas sus fuerzas resistir. Su vista se concentró en el suelo, intentando pensar en cualquier cosa que pudiera distraerlo.
Una gota de sangre a unos centímetros de él, luego otra y otra más. Más allá de un metro, en la ventana que acababan de atravesar… Con terror vio como en el marco de la ventana aun había rastros de sangre. Se levantó de golpe y corrió hacia ella, viendo hacia la calle donde pudo divisar pequeñas gotas color carmesí que los guiaba hacia su posición.
-Scotaloo, tenemos que irnos ahora-
Caminó hasta la cocina donde tomó entre sus cascos el primer pedazo de tela que vio. Lo doblo cuidadosamente y coloco sobre su herida sangrante. Con un pedazo de cortina amarró el pedazo de tela de tal manera que ejerciera presión sobre la herida y dejase de sangrar.
Dejó escapar un quejido de dolor al apretar el nudo. Miró a la pequeña pegaso que le observaba con preocupación. En un intento de calmar su inquietud le sonrió lo mejor que pudo a pesar del dolor que le pesaba. Se acercó despacio a ella y con cuidado despeinó sus cabellos morados indicándole que le siguiera.
Ambos avanzaron cautelosos ante cualquier ruido. Cruzaron la estancia de la casa y salieron al patio trasero donde se ocultaron tras un terraplén. Soarin observó a todas direcciones sin percibir movimiento alguno.
Con un silencioso "ahora" corrió hacia la calle con Scootaloo tras de sí. Estaban a un par de metros de la siguiente casa donde se ocultarían cuando una flecha se incrusto en el suelo frente a él.
Soarin volteó en la dirección de la flecha y abrió los ojos sorprendido. Frente a él se encontraban al menos cinco griffos armados con espadas y arcos de metal apuntándoles directamente a la cabeza. Se colocó frente a Scootaloo en pose defensiva, el enfrentamiento era inevitable, con su ala herida sería imposible escapar por el aire y correr con la pequeña a cuestas solo sería algo estúpido.
-¿Qué tenemos aquí? Pero si es Soarin Dash, el relámpago azul-
Abrió los ojos sorprendido. Ellos sabían quién era el e incluso su apodo en el equipo de los Wonderbolts. Estos griffos estaban bien informados, lo que indicaba que su ataque había sido planeado desde ya hace mucho tiempo.
-¡Y miren! ¡Trae consigo a una pequeña potrilla!- señaló otro.
Soarin los maldijo, ahora que se habían fijado en Scootaloo no había ninguna posibilidad de que ambos salieran ilesos. Pero tal vez podría conseguir tiempo para que ella escapase, aunque fuera solo unos minutos.
-¿Y que saben ustedes cabezas emplumadas?- gritó.
Los cinco lo miraron con duda por unos segundos para luego cambiar su semblante. Soarin sonrió, había prendido la mecha.
-¡Estúpidos cobardes!- veía la furia crecer en sus ojos, no faltaba demasiado.
-Soarin, ¿qué estás haciendo?- susurró Scootaloo detrás de el con miedo. ¿Es que Soarin se había vuelto loco?
Él la miró de reojo y le guiñó un ojo. Con un movimiento de su cabeza le indicó voltear la vista a su espalda.
No comprendió al principio pero después todo tuvo sentido y eso a ella no le gustó en absoluto. La idea de escapar mientras él los distraía no solo le parecía lo más cobarde; abandonarlo mientras ella se salvaba le parecía ruin y enfermizo.
-No sé qué intentas hacer pegaso, pero si lo que quieres es que os asesinemos a ti y a la pequeña… te lo has ganado- dijo el que se encontraba delante de todos.
-Ya quisiera verlos intentándolo… imbécil-
-Mátenlo-
En un parpadeo cuatro griffos se lanzaron con la única intención de asesinarlo. Dando un último vistazo a su protegida corrió hacia ellos, esquivando una lanza que se dirigía hacia él, golpeando la tráquea de su dueño, rompiéndola y dejándolo tirado en el suelo luchando por respirar.
Soarin no había sido entrenado desde pequeño en el combate como los grandes guerreros que existían en Equestria, vamos, ni siquiera había llevado un buen entrenamiento en combate. Por órdenes de los altos mandos había sido seleccionado de un grupo de varios ponys y pegasos para formar parte del ejército en caso de necesidad y gracias a sus habilidades tanto en combate como estrategia se le había otorgado el rango de capitán después de llevar un entrenamiento intensivo de seis meses a cargo de los más crueles militares.
No era un experto combatiente. Pero sabía que para ganar en contra de una lanza, solo hace falta esquivar la punta e inutilizarla.
Con su casco desvió la siguiente estocada dirigida a su cuello. Dejó seguir la trayectoria del arma y justo cuando estuvo en el punto exacto golpeó con su casco libre la mitad de la vara rompiéndola en un crujido limpio. Tomó la parte que tenía el filo y manipulándola la dirigió hacia su oponente que no pudo hacer más que ver como esta desaparecía en su abdomen.
Sin mayor miramiento, Soarin desenvainó su propia espada del cinto. No volteó a ver si Scootaloo había escapado, distraerse frente a su enemigo podría costarle la vida de la pequeña y la propia. Se colocó en posición de combate con la hoja de su arma en forma horizontal apuntando a su enemigo.
Esperó el siguiente ataque.
-¡Maldito!-
No escuchó la ofensa, estaba demasiado concentrado en defenderse. La cuchilla de la lanza se dirigió a su pecho y el la esquivó girando hacia un lado, lanzando su propia estocada que, por la fuerza de su giro golpeó la cabeza de su enemigo, fracturando gran parte del lado izquierdo de su cráneo.
-Te recomiendo que bajes la espada, Soarin- dijo una voz a sus espaldas.
Desde el momento en que escuchó la voz y los quejidos provenientes de la pegaso que quería proteger supo que había fallado; iban a matarlo a él y a la pequeña.
-Maldición- fue lo único que dijo al voltearse y ver al griffo que lideraba el grupo pisar con su garra la cabeza de Scootaloo. Sintió hervir su sangre al ver que la pequeña lloraba no solo de miedo, sino de dolor.
-Déjala libre- dijo, intentando calmarse y no cometer alguna estupidez.
-No estás en condiciones de ordenar- contestó ejerciendo un poco más de fuerza en su garra haciendo gritar de dolor a la pegaso anaranjada.
-¡Basta!- grito el lanzando su arma a un lado. –Es solo una pequeña, no tiene nada que ver en esto-
-Eso no lo decides tú-
Soarin dio un paso adelante cuando el griffo desenvainó su propia arma y la apuntó a la sien de Scootaloo. Se detuvo a unos milímetros del parpado de su ojo derecho. Soarin detuvo su caminar ante la mirada de su enemigo.
-Por favor… te lo suplico-
El griffo lo miró con duda por unos instantes.
-¿Acaso te importa esta pegaso que no puede volar?- vio a Soarin y después a Scootaloo que le miraba con sorpresa y miedo. –Sus alas están atrofiadas-
La revelación los golpeó a ambos. Soarin ya se había dado cuenta desde el momento en que la vio, pero dudaba que la pequeña conociera el hecho de que sus alas eran inservibles para volar.
-¡Scootaloo, no lo escuches!- gritó suplicando para que no perdiera la calma. –¡Tu podrás volar algún día!-
El griffo asintió en la dirección de Soarin pero a alguien que no era él. Un terrible golpe en la cabeza le nubló la vista y le hizo recordar que aún tenía un enemigo a sus espaldas. Lo había olvidado por completo al ver a Scootaloo en peligro… Se maldijo por su descuido.
-Eso no es cierto- dijo mirándolo desde su posición. Sonrió ante la mirada de Soarin. –…Y tú lo sabes-
Liberó de su peso la cabeza de Scootaloo y ella miro desde el suelo a Soarin con los ojos llorosos. Soarin jamás se había sentido de esa manera en toda su vida. Sintió pena, tristeza, lastima, dolor por ella, y un terrible odio y sed de muerte hacia el autor de esta atrocidad.
-¿es.. es cierto? ¿no podre… volar nunca?- preguntó ella captando su atención.
No supo que contestar, estaba desesperado. Debía hallar una forma de salvar a la pequeña antes de que ese griffo decidiera terminar con todo. Intentó levantarse pero sus fuerzas eran insuficientes, volvió al suelo con un golpe cuando el soldado sobre el volvió a pisarlo.
-Claro que si- escupió a la tierra. –Si tú así lo deseas, lo harás-
Scootaloo miro al capitán resistiéndose a pesar de que su cabeza estaba siendo aplastada contra el suelo. ¿Por qué lo hacía? Ella no podía volar, era la única pegaso en Cloudsdale que no podía alzar el vuelo. ¿Por qué se sacrificaba tanto por una pegaso inútil como ella?
-¡Scootaloo!- gritó Soarin levantándose de su posición aun con la garra del griffo sobre su cabeza.
Todos mostraron caras de sorpresa al ver la fuerza del pegaso quien se mantenía firme a pesar de tener un ala rota y gran parte de su cuerpo herido.
-Mátalo- dijo el griffo.
-¡Saldremos de aquí juntos y te enseñare a volar!-
-¡Eh dicho que lo…Aaaaghhhhh-
Todo sucedió en cuestión de segundos. Donde antes había está el griffo ahora se encontraba una pegaso con cola y crin que simulaba los colores del arcoíris mientras que el cuerpo de este, yacía sobre los escombros de una pared destrozada.
Soarin miro de un lado a otro y aprovecho el momento. Giro sobre su cuerpo y se soltó del agarre de su enemigo que se encontraba con la guardia baja. Sin darle tiempo a reponerse, salto sobre el estrellando su casco contra su tráquea varias veces hasta ver que su cuello hacia sido completamente destrozado.
Se levantó con un suspiro de alivio, aun con la adrenalina en su sangre. Miró hacia donde se encontraba Rainbow Dash y agradeció en silencio su intervención. Si no fuera por ella, seguramente no estarían tan bien ahora.
-Soarin, ¿Qué demonios está sucediendo aquí?-
-Ni la menor idea, llevo luchando todo el día por sobrevivir y se lo mismo que tu-
-¿Por qué rayos están haciendo esto? ¿No se supone estábamos en paz?-
-No Rainbow, esto fue algo planeado con antelación, esta masacre no es cuestión de días-
Un gimoteo llamó la atención de ambos. Soarin comprendió de inmediato y solo negó con la cabeza en dirección a la pegaso cian. Cargó entre sus brazos a la pequeña y la llevó un poco lejos.
-Scootaloo, tranquila-
-Pe..pero…-
-¡Scootaloo, escúchame!- levantó su mentón y la hizo mirarle a los ojos.
Se encontraba cansado, sangrando por cada poro de su piel; se veía del asco, eso era seguro. Pero su mirada tenía coraje de sobra para prometerle un futuro.
-Volar no es cosa de anatomía, de si tienes alas pequeñas o si tienes un cuerpo muy grande- con su casco señaló su pecho. –Volar depende de que tan alto quieras llegar, depende de si quieres vivir para siempre en la tierra o si quieres que tu casco toque las nubes-
Le sonrió, inundándole de fuerza y ella asintió entre lágrimas. Con cuidado la abrazo a sí mismo y caminó hacia donde se encontraba la pegaso que los salvó.
-Tenemos que salir de aquí- dijo ella comenzando a liderar la marcha.
-Lo sé, pero tenemos que ser cuidadosos, si nos volvemos a encontrar con ellos, no creo que salgamos tan bien librados-
-Tranquilo, falta poco para el límite de la ciudad, desde allí podremos escapar si volamos en picada-
-…Bien, peguémonos a las paredes y seamos precavidos, ¿está bien?-
Ambos se acercaron a los muros de las casas abandonadas. Caminado entre las sombras y viendo a lo lejos las cada vez menos peleas que se llevaban a cabo en el aire. Rainbow miraba con furia contenida como cada pegaso que se encontraba luchando era vencido por una cantidad enorme de enemigos. Inhalaba y exhalaba frustrada por no poder hacer más que intentar escapar completa de esa ciudad. Miro a sus espaldas y no pudo evitar un deje de preocupación por su compañero de los Wonderbolts; Soarin se veía demasiado pálido y sus pasos eran tambaleándose, como si no pudiera aguantar su propio peso por mucho tiempo más.
-Soarin..-
-No pasa nada, sigue caminado Rainbow-
Ella asintió volviendo la mirada al frente. Ante ella se encontraba una de las avenidas principales que rodeaban la ciudad. Una vía pública donde no había edificios o construcciones que pudieran servirles de sombra. Más allá se podía observar el límite de la ciudad, el fin de la gran nube que mantenía a Cloudsdale en el cielo y que se encontraba casi sobre Ponyville.
Rainbow volteo la vista al escuchar un golpe cercano. Vio con espanto y sorpresa como el cuerpo de Soarin se encontraba sobre el suelo, con los ojos cerrados y una respiración agitada.
-¡Soarin! ¿Estás bien?-
-S…si- contesto entre jadeos. –Es solo el cansancio… creo que eh perdido demasiada sangre…-
-Soarin..- susurró Scootaloo por lo bajo.
-Tranquila… solo es el cansancio, aun puedo seguir-
Para reafirmar sus palabras se levantó apoyando uno de sus cascos en el suelo. Ambas vieron con preocupación cómo el pegaso luchaba para levantarse. Soarin abrió sus ojos sorprendido por todo el esfuerzo que solo el hecho de posarse sobre sus cascos representaba. Al final terminó recargando su peso en la pared a su espalda.
Las miró intentado mostrarles una sonrisa tranquilizadora que sabía, no era nada creíble. –Tranquilas, solo necesito un par de minutos para reponerme-
Scootaloo asintió, acercándose a él para ayudarlo. Rainbow Dash en cambio, se encontraba dudosa de que hacer a continuación. Soarin podría decir mucho, pero ella se encontraba viéndolo de frente. Él estaba herido y cansado, la llaga que tenía su ala había dejado de sangrar pero se encontraba de un color negro malsano, su cuerpo estaba cubierto de magulladuras y golpes que no podía contar.
-Al parecer ya llegaste a la misma conclusión, Rainbow Dash- dijo Soarin mirándola a los ojos.
Ella le regreso la mirada con furia. ¿Cómo se atrevía siquiera a pensar en esa posibilidad? ¡Era el elemento de la lealtad, por Celestia!
-Ni se te ocurra mencionarlo- gruñó.
-Rainbow… se razonable… si no lo hacen…-
-¡Cállate!- Rainbow Dash se encontraba indignada ante la idea. –No digas una palabra más, ¿entendiste?-
Scootaloo miraba a los dos adultos de uno a uno sin comprender que discutían. No era el momento más adecuado para pelear, tenían que salir pronto de allí o los podían encontrar.
-¿Por qué están peleando?- cuestiono la pequeña pegaso.
Ambos la giraron la mirada, ninguno queriendo decirle la verdad. Soarin, frente a ella con la vista baja, incapaz de mirarla a los ojos y decirle que no podía avanzar mas, que solo le quedaba quedarse atrás para no estorbarles en su huida.
-Vamos Soarin, dile porque discutimos-
El pegaso la miró de mala manera y luego desvió la mirada avergonzado, incapaz de seguir sosteniendo sus amatistas recriminadores.
-Soarin quiere que sigamos sin el-
-…¿qué?- Scootaloo lo miró mientras Soarin solo deseaba morir y dejar todo. –Pe..pero, Soarin tenemos que salir de aquí… tu dijiste que saldríamos de aquí-
Unos pequeños sollozos inundaron la escena y abarcaron toda la mente del rendido pegaso. Soarin no pudo evitar alzar la mirada y sentir su corazón ser estrujado a polvo al ver a Scootaloo llorar.
-Tu dijiste… tu dijiste… ¡Dijiste que saldríamos de aquí!-
-Scootaloo, baja el tono de tu voz- suplicó Soarin desde el suelo. Ya hacía tiempo que se había rendido al cansancio y se había arrastrado al suelo.
-¡No!- gritó ella para después lanzarse contra el para golpearlo repetidas veces en el pecho. –Dijiste que saldríamos de aquí! ¡Mentiroso! ¡Mentiroso!-
Soarin la abrazó sin importarle demasiado el dolor de sus heridas. Scootaloo temblaba de impotencia entre sus brazos y hasta cierto punto, Soarin comprendía su pesar. Aquel que le había dado fuerzas para seguir adelante se había rendido, aquel que le había instado a continuar estaba tirado en el suelo sin poder dar un paso más.
Pero esto no era cuestión de voluntad y espíritu, había perdido demasiada sangre y su respiración dificultosa no hacía más que gritarle lo grave de su estado.
-Perdóname por favor- dijo el entre lágrimas.
Scootaloo alzó la mirada y pudo ver los ojos aguamarina del pegaso anegados en lágrimas. Un segundo después todo se volvió oscuridad para ella.
-¡¿Por qué hiciste eso?!- gritó Rainbow encolerizada.
Soarin acomodo a una inconsciente Scootaloo en su regazo, colocándola en una manera que no le molestara tanto a sus heridas. La vio allí, dormida y tranquila, ajena a toda la destrucción y muerte que la rodeaba.
-¿Sabes?... si hubiera tenido una hija, me habría gustado que fuera como ella-
Acarició el cabello violeta de su crin y después su tersa mejilla. Con delicadeza posó un pequeño beso en su frente. Esta sería su despedida, que todos sepan que dio su vida para salvar aquello que consideraba valioso.
-No tienes que hacer esto… podemos salir.. todos juntos- susurró Rainbow con la primera lagrima surcando su mejilla.
El negó suavemente con la cabeza y una pequeña sonrisilla adornando su rostro. Con lentitud y las pocas fuerzas que le quedaban le tendio a Scootaloo a sus cascos.
-He repasado cada uno de los planes que se me han ocurrido intentando buscar una solución… - Rainbow tomó a la pequeña pegaso entre sus cascos y la abrazó a su pecho en un gesto protector. –Pero no he hallado ninguno donde podamos salir de aquí los tres-
-No deberías rendirte… Podríamos intentarlo...- recriminó.
Soarin sonrió. No podía culparla por reprocharle su debilidad y su falta de esperanza. Ella era el elemento de la lealtad, aquella quien nunca abandonaba a sus amigos y era capaz de enfrentarse a un ejército solo para defenderlos. Pero también sabía que era inteligente, ella había llegado a la misma conclusión, solo que no se resignaba a tomarla.
El la tomaría por ambos entonces.
-Rainbow Dash, llévate a Scootaloo al linde de Cloudsdale, yo distraeré a los merodeadores y les abriré camino-
Una vez más hizo apoyo sobre sus cascos y se levantó, más decidido que nunca.
-Soarin…- suplicó Rainbow.
-Si no te vas ahora, los tres moriremos, y de verdad quiero que Scootaloo pueda volar algún día-
Rainbow Dash limpio sus lágrimas y por fin comprendió la fuerza de Soarin. Viéndolo ahora, avanzar con paso decidido a pesar de todas las heridas que cubrían su cuerpo, hacia la calle abierta frente a él.
Soarin avanzó hacia la mitad de la calle donde se mantuvo esperando. Era un suicidio llamar la atención, pero no tenía más fuerzas para seguir huyendo, menos aun luchando. Distraería a los griffos que se encontraran a la redonda y abriría camino para que Rainbow Dash y Scootaloo abandonaran Cloudsdale.
Rainbow Dash se colocó en posición con Scootaloo sobre su lomo. Lista para salir disparada cuando Soarin diera la señal, fuese cual fuese.
Pronto un grupo de griffos aterrizó frente al herido pegaso. Soarin los observó uno a uno, midiéndolos… no tendría oportunidad. Después uno más, 6 griffos se colocaron a su izquierda.
Soarin dirigió la mirada hacia donde Rainbow Dash se encontraba. Con un asentimiento de la cabeza él se lanzó hacia su último combate y ella extendió ambas alas en toda su envergadura, corriendo a todo lo que daban sus piernas para poder alzar el vuelo.
Rainbow Dash no volteo ni una sola vez. Con la mirada al frente se lanzó en línea recta hacia los límites de la ciudad de las nubes.
-¡Aaaaghh!-
Escuchó el grito de Soarin y esa fue su perdición. Miro a lo lejos como esté había sido arrojado al suelo mientras una de sus alas era cercenada y sostenida por un griffo que se burlaba de él.
Rainbow no necesitó más para olvidar todo el plan. Se detuvo en un arbusto lo suficientemente grande para ocultar a la inconsciente Scootaloo y ocultarla con su follaje; esperaba poder verla de nuevo.
Volvió la vista de nuevo hacia Soarin y no dudó romper la barrera del sonido al ver como un griffo tenía su espada en el cuello del pegaso. Llegó en un par de segundos hasta donde el griffo se hallaba, impactando uno de sus cascos en el afilado y duro pico, arrancándoselo de un solo golpe.
Todos los griffos se pusieron en guardia ante la repentina aparición de la pegaso. Rainbow miró a todos lados, buscando una salida, pero estaba rodeada de enemigos que solo esperaban un solo movimiento para cubrirla de flechas.
-¿Por qué no te fuiste cuando pudiste? Tonta- dijo Soarin desde el suelo.
-Yo jamás abandono a mis amigos- le sonrió en contestación.
-Y ¿qué pasara con Scootaloo?-
-Ella volara algún día, aunque no la veamos. Sé que lo hará-
-Spitfire tenía razón.. – dijo entre un acceso de tos. –Eres tan terca como una mula-
Ambos se sonrieron una última vez y enfrentaron la mirada de sus enemigos con valentía. Dispuestos a esperar la muerte.
-Mátenlos- rugió el capitán.
-Yo no eh dado esa orden-
Todos y cada uno de los presentes voltearon la vista hacia la calle donde un unicornio color café y crin negra amarrada en una coleta avanzaba tranquilamente sobre las nubes. Algunos griffos apuntaron sus ballestas contra el pony café, más una orden de su líder basto para que desistieran de disparar.
-¿Qué haces aquí, Dhio?- susurró amenazadoramente el capitán de los griffos.
-Creí que no me recordarías Beren, nuestro encuentro fue tan rápido antes de que perdieras la consciencia que pensé tendría que recordártelo-
-No tientes a tu suerte equino- siseó peligroso. –Tus trucos de magia no te protegerán para siempre-
Dhio rio con sorna y pasó al lado del capitán no sin antes mirarlo a los ojos. El enfrentamiento de miradas terminó con una orden silenciosa: "quédense al margen" y Beren bufó frustrado al recibir órdenes del que consideraba, un ser inferior.
-Tú debes ser Rainbow Dash, ¿no es así? La portadora del elemento de la lealtad- no fue una pregunta, temió Rainbow, ese extraño pegaso sabía quién era y todo le gritaba que era de cuidado.
-Así es, ¿quién eres tú?-
Rainbow Dash miraba a todos lados mientras contestaba, le habían dado tiempo antes de matarlos, debía aprovechar la oportunidad para salvar a todos, incluido al herido Soarin.
-Eso no importa ahora. Pero te hare una pregunta de vital importancia y quiero que me contestes con sinceridad. Si lo haces, prometo dejarlos ir con vida a todos juntos, incluida a la pequeña pegaso que dejaste escondida en los arbustos-
Rainbow lo miró con odio. Estaba usando la vida de todos como amenaza, incluida la vida de Scootaloo. Pero no había otra salida, debía sacarlos de ahí, era su deber.
-Está bien, pregunta – dijo rechinando los dientes con furia.
-¿Qué sabes sobre el "Seif al Din"?-
-No sé de qué hablas-
-Mala respuesta- contesto Dhio. Con un ademan de su casco hizo que todos los griffos apuntaran sus ballestas hacia la pareja. –Una vez más, Rainbow Dash. ¿Qué sabes sobre el "Seif al Din"?-
-¡No sé nada! ¡No sé de qué estás hablando!- contestó desesperada.
-Sccht…Es una lástima, yo estaba hoy de buenas- les dio la espalda y comenzó a caminar en dirección contraria a ellos.
-¡Espera!- gritó Rainbow Dash. –Dijiste que si contestaba con la verdad nos dejarías ir-
-Es cierto… bueno, no me sirven de nada de todas maneras… Señores, hagan lo que quieran-
Todos los griffos se prepararon para disparar sus ballestas en dirección a Rainbow y Soarin. Dhio avanzó hasta colocarse al lado de Beren y asintió en una orden muda. Beren solo lo miro con resignado enojo sin poder hacer más que aceptar la orden dada. Levantó su garra indicando cargar las armas. Rainbow notó que no se detendrían. Se agachó hasta cubrir con su cuerpo el de Soarin dispuesta a recibir todas las flechas en su cuerpo.
-Ahora- ordenó Beren, el capitán de las tropas y decenas de flechas fueron disparadas contra Rainbow y Soarin que cerraron los ojos incapaces de ver.
El choque del metal resonó a través de toda la calle. Como un trinar de cientos de aves que se encontraban justo frente a ellos. Rainbow Dash abrió los ojos despacio y pudo ver frente a ella un pegaso de pelaje azul sosteniendo lo que parecía ser una gran puerta de madera con sus cascos.
-Parece que llegue justo a tiempo- dijo Rage con gran esfuerzo, intentando sostener la pesada puerta de madera.
-¡Rage!- gritó Rainbow Dash alegre. -¿Qué haces aquí?-
El pegaso no contestó. Cuando todas las flechas detuvieron su embate, levantó la puerta dejándose ver ante los griffos y el unicornio de pelaje café.
-Dhio, necesito hablar contigo-
El unicornio sonrió regresándole la mirada. Regresó sus pasos y se colocó delante de Rage ante la mirada de todos.
-Rage, ¿conoces a este tipo?- preguntó Rainbow mas fue ignorada.
-¡Rage! Mi amigo, hace tiempo no te veía- Dhio se paseó de un lado a otro, disfrutando el momento.
-Rage, ¿qué está sucediendo?, dímelo por favor- suplicó la pegaso de crin multicolor.
-No es el momento Rainbow-
Dhio los miraba entretenidos, ¿acaso era lo que él pensaba? –Rage, no me digas que aún no saben la verdad sobre ti…-
-¿Qué verdad? … ¿Rage?-
Rainbow ahora estaba más confundida que nunca. En primer lugar, ¿Quién era el unicornio a quien todos los griffos obedecían sin chistar? ¿y que tenía que ver Rage con todos ellos? Acaso era amigo de los griffos? Pero, hasta hace pocos días llegó a Ponyville y le hicieron una fiesta de bienvenida. ¿Acaso….?
-¡Tu! ¡Traidor!- gritó Rainbow Dash señalándolo con su casco. -¡Nos mentiste! ¡Te ofrecimos nuestra amistad y ahora vienes a terminar tu trabajo!-
-Raibow, calmate-
-¡Maldito!- exclamó con lágrimas. –¿A cuántos pegasos inocentes asesinaste hoy? ¡¿Eh?! ¡No vuelvas a dar un paso en Ponyville! ¡No te acerques nunca a mis amigas!-
-¡Ya basta!- Rainbow sintió un fuerte dolor en su mejilla y vio sorprendida como Rage tenía su casco en alto. La había abofeteado.
-¡Idiota!- grito ella en respuesta lanzándose contra el con toda la intención de molerlo a golpes.
Rage, que sabía cómo actuaria de manera prevista la pegaso, se movió a un lado y la hizo tropezar para someterla en el suelo. Rainbow forcejeaba contra el pegaso que se encontraba sobre ella. Estaba demasiado furiosa para notar el pequeño sonrojo que inundaba las mejillas del semental al encontrarse en una situación tan comprometedora.
-Cálmate hembra- dijo sobre ella. –Si quieres salir viva con todos tus amigos, hazme caso maldición- le susurró al oído.
Al instante ella se detuvo y caviló las posibilidades. Rage ahora era su enemigo, pero le estaba prometiendo dejarla ir con Soarin y Scootaloo. Debía actuar de buena manera y de paso, cobrárselas.
-¡Suéltame maldito!- gritó zafando uno de sus cascos del agarre del semental y conectando un buen golpe en su mandíbula.
"¡Hija de tu…!" Rage la miró con odio y ´pudo ver una pequeña sonrisa de suficiencia en su rostro. Lo había hecho a propósito.
-¡Cálmate o juro que te cortare el cuello!- ordenó empuñando una pequeña daga y colocándola sobre su garganta.
Ella no hizo más movimiento. Rage, aun con el labio partido por el golpe alzó la vista hacia Dhio.
-¿Ahora, podrías decirme que sucede aquí? ¿Dónde demonios esta Crimson?-
Dhio le regresó la mirada divertido. Y no pudo ocultar su maquiavélica sonrisa al escuchar la pregunta del pegaso.
-Digamos que tu hermanito tuvo un altercado con unos Thimberwolves… no salió bien parado-
-Mentiroso, mi hermano podría contra cientos de esas criaturas hechas de basura-
-¿Ya te dije que se topó con una hidra?-
Rage lo miró sorprendido. Las hidras no eran enemigos fáciles, menos después de una larga batalla. Y aunque dudaba seriamente que Crimson Foil, su querido hermano fuera acabado por algo como eso, había otra duda que recorría su mente.
-¿Cómo sabes todo eso?- siseó, no queriendo saber la respuesta en realidad.
-… Yo le di el golpe final-
Nadie lo vio venir, ni siquiera Dhio con la extrema confianza en su poder. Rage alzo su casco al aire y una esfera de cristal refulgió sobre este. Estrelló la pequeña esfera en el suelo y un brillo cegó los ojos de todos los presentes con excepción de Rage y Rainbow Dash a quien este cubría sus ojos.
Sin pensarlo más de dos segundos Rage tomó su daga y sin ver más allá de la luz blanca que le escocía los ojos, lanzó su estocada al frente donde debía encontrarse Dhio.
El grito de odio y la fuerza de su ataque fueron tan grandes que la daga se clavó en su pecho hasta la empuñadura, atravesando la armadura, las costillas y el corazón, en un golpe letal lleno de rencor y venganza.
Dio vuelta sobre sí mismo y levantó a una anonadada pegaso. Rainbow Dash comprendió su señal y salió disparada en busca de Scootaloo, Rage en cambio cargó al inconsciente Soarin sobre su lomo y ambos salieron disparados hacia los lindes de la ciudad.
La luz blanca desapareció entre gritos de dolor y furia al notar que sus presas escaparon. Pero entre el coro de gritos y maldiciones no se encontraba la voz de ningún unicornio.
Dhio se encontraba de pie, con el ceño fruncido, enojado consigo mismo por no predecir ese movimiento que le costó no solo que el elemento de la lealtad escapara, sino también Rage, el hijo prodigo de Unity.
-Maldito seas- susurró, estrellando el cuerpo del griffo que tenía frente a él contra el suelo. El cuerpo y la daga de Rage se hicieron añicos con la presión que ejerció su magia. –¡¿Qué están esperando maldición?! ¡Síganlos!-
-¡Rainbow apresúrate!- grito Rage lanzándose al vacío.
-¡Voy detrás de ti!-
Un mar de flechas cayó sobre ellos. Tanto Rainbow como Rage intentaban esquivar como podían las flechas que disparaban a matar. Rainbow abrazaba a Scootaloo contra su pecho mientras evitaba que ninguna flecha la hiriera, Rage en cambio caía en picada sin preocuparse demasiado en su indeseado pasajero.
-Déjame- escuchó Rage en su oído. Volteo la mirada y pudo ver a Soarin mirándolo directamente. –Déjame y protégelas a ambas, los distraeré aunque sea un poco, ocúltense en el bosque Everfree-
-¿Estas demente? ¡Ni siquiera puedes volar!-
-Por favor.. Solo déjame hacer esto antes de morir-
-…. ¿Estás seguro?-
-Equestria ha sido buena conmigo, déjame devolverle el favor-
-¿Cómo demonios piensas hacer eso es tal estado?-
-Si algo puede salvarnos a todos, son los elementos de la Harmonia, y ella es uno de ellos- dijo Soarin, señalando hacia Rainbow Dash. –Prométeme que las protegerás- dijo mirándolo a los ojos.
-Sabes que no puedo hacerlo- contestó desviando su mirada hacia el frente.
-Me importa un casco quien seas o de donde vengas, o si eres un traidor, prométeme que las protegerás… ¡Prométemelo maldita sea!-
Rage asintió sin mirarlo y Soarin sonrió satisfecho. Con un impulso se soltó de Rage y se mantuvo sobrevolando el cielo, esperando a que todos los griffos que venían contra el fueran lo demasiado estúpidos para intentar matarlo de frente.
"Es un hermoso día para morir"
Rage voló en dirección a Rainbow justo a tiempo para cubrirla de una de las flechas que iba dirigida a su espalda. Está notó la sombra y miro a Rage con sorpresa.
-¡¿Soarin…?!-
El negó y dirigió su mirada al cielo, donde se podía ver como varios griffos peleaban contra el antiguo capitán de los Wonderbolts.
-¡Vuela más rápido! ¡No es tiempo para distraerse!-
Las flechas no paraban de caer sobre sus cabezas mientras Rage intentaba desviarlas con sus cascos.
-¡Tenemos que llegar al bosque!-
-¡No llegaremos!- una flecha atravesó de lado a lado su ala haciéndole sacar un quejido. -¡Dirígete hacia los manzanos!-
Rage dio una pirueta en el aire justo para ver como un griffo que los había alcanzado se abalanzaba sobre él. Esquivó la primera estocada y con la misma inercia del giro conecto una poderosa patada en el cuello de su oponente dejándolo inconsciente. Tomo al espada en el aire dispuesto a seguir luchando cuando otro griffo se lanzó en picada dispuesto a atravesarlo.
-¡Ahora no maldito!- Ambos chocaron espadas, y la zarpa del griffo fue lo suficientemente rápida para rasgar el rostro del pegaso. -¡Aaaaghhh!
Mientras ambos forcejeaban, Rage pudo observar como dos griffos mas le adelantaban dispuesto a ir por la pegaso cian. Volviendo su vista a su contrincante y sin importarle el dolor de los cortes de su rostro, dio un cabezazo a la frente de su enemigo. Este se desconcentro y fue el momento que Rage esperaba, usando su espada para atravesar su pecho.
"No los dejare"
Con todas sus fuerzas lanzó su espada esperando matar a uno de los griffos. Maldijo por lo bajo cuando esta solo logro hacerle un corte en su lomo. Plegó sus alas sobre su cuerpo y se lanzó como si fuera una flecha dispuesta a atropellar al griffo.
En medio de su carrera vio con terror como uno de los dos griffos se encontraba justo sobre Rainbow Dash apuntando su ballesta justo a su cabeza. Abrió sus alas y dio un solo impulso con todas sus fuerzas, acelerando en gran medida.
-¡Rainbow cuidado!- grito Rage en el momento en que tacleó al griffo por la espalda.
Rainbow intentó voltear a su espalda pero el dolor de una flecha enterrada en su costado la hizo desistir del intento.
El dolor la noqueó por completo y la vista se le nubló. Con una última mirada pudo ver como Scootaloo seguía inconsciente sobre su pecho y como Rage gritaba algo que no logró escuchar.
Pronto todo se volvió solo obscuridad.
xXxXxXxXxXxXxXxXxXxXxXxCONTINUARAxXxXxXxXxXxXxXxXxXxXxXx
¿Y bien? Es el capitulo mas largo que eh escrito, pero pienso que quedo bien. ¿Ustedes que opinan?
Espero les halla gustado y sigan las aventuras de los hermanos, intentando descubrir cual es su verdadero destino.
Nos veremos en el próximo capitulo. Cuidence mucho, vale?
Atte. Aspros
