Personajes pertenecen a Los JUEGOS DEL HAMBRE.
Capitulo 7
-Veo que ya se curaron – dijo Gale sarcásticamente cuando llegamos a la cerca del bosque, estaba recostado a un árbol con la vista fija en el suelo, aunque yo podría jurar que sus ojos estaban abiertos pero su vista estaba perdida.
-Ojalá, ¿A que debemos el maravilloso honor de tenerte de nuevo en el distrito 12?¿Acaso también fuiste exiliado?- preguntó Peeta con toda tranquilidad, aunque yo sabía y sentía que solo era apariencia, ya que me tenía abraza por la cintura con un solo brazo y podía sentir como se tensaba al hablar.
-¿Exiliado?, no jamás, solo vine para ver cómo estaban las cosas por aquí, a ver si aún sobraban cosas mías en este lugar- dijo de manera algo sarcástica a lo cual Peeta lo entendió a la perfección.
-Mmmm que curioso, he revisado arriba y abajo y en cada rincón del distrito y hasta el momento no he visto nada tuyo, ni que te haya pertenecido en algún momento, ¿tienes algo especial en mente? Si gustas me dices y te ayudo a buscar, así no pierdes el tiempo- de verdad que lo de Peeta eran las palabras, tenía tanta facilidad para poder defenderse en cualquier situación y bajo cualquier cuestionamiento.
-Mmmm claro me vendría muy bien tu ayuda, busco algo que era muy valioso para mí, era mi vida, pero no estoy seguro en qué momento, ni lugar del camino se me ha quedado botado y algún idiota lo haya logrado robar, sabiendo que era MIO- contestó Gale haciendo gran énfasis en la palabra mío y mirándome a mí, que no podía dejar de mirar su cara de disgusto.
-Gale cuanto siento que hayas perdido algo tan valioso, ¿Tenía nombre aunque sea? Así sería más fácil buscar algo tuyo entre lo que hay aquí- Peeta le contestaba tan tranquilo, que cualquiera que los oyera hablar podría jurar que no hay nada de odio ni amargura en cada una de sus palabras.
-Ese es el problema Mellark, no tenía nombre, siempre creí que lo tenía pero me equivoqué-
-Que mal, en ese caso cualquier pudo recogerlo y dejárselo como propio, creo que no podré ayudarte entonces- terminó Peeta y me jaló hacia sí para que camináramos y dejáramos a Gale atrás.
Pero Gale no se iba a quedar de brazos cruzados, eso era obvio –tal vez si me puedan ayudar, ambos-
-¿Para qué será?- dijo Peeta.
-Aparte de buscar lo que me pertenece, vengo a ver unos asuntos del capitolio y los cuartos del edificio de justicia están llenos, así que no tengo donde quedarme, no se tal vez me pueda quedar contigo, es solo una noche- dijo Gale señalándome.
-Con nosotros- lo corregí- si te quieres quedar a dormir solo, puedes quedarte en la casa de Peeta, lleva mucho tiempo deshabitada, si no quieres estar solo en una casa tan grande, puedes quedarte con nosotros en mi casa, puedes dormir en el cuarto de mi madre- logré hablar por fin, con un poco de mentiras, pero eso era lo de menos.
-Tienes razón Preciosa, puede quedarse con nosotros, yo no le hayo problema, la casa es lo suficientemente grande- contestó Peeta, pero al ver sus ojos, me dí cuenta que la bestia dentro de él, había resurgido y estaba tramando algo.
-Perfecto, entonces me quedaré con ustedes, llego como a las 6, para también poder cenar con ustedes- dijo con un aire de superioridad, dio media vuelta y se fue.
Nosotros hicimos lo mismo, solo que en dirección a la casa.
-¿Estás molesto?-
-No, preciosa, ¿por qué he de estarlo?- dijo mientras me daba un gran beso – lo único que me molesta es saber que ahora me toca esperar para estar dentro tuyo, solo porque le tengo que preparar comida al idiota ese, ¿Pero verdad que cómo recompensa por ser un chico tan bien portado me vas a dejar hacerte mía esta noche?- preguntó mientras hacía pucheros con sus suculentos labios.
-Ya veremos cómo se comporta mi esclavo sexual, recuerda que ahora le perteneces a la chica Everdeen-
-Si su majestad, es un placer ofrecerle mis más humildes servicios, prometo no defraudarla- dijo con una gran sonrisa pícara.
Como era posible que todos estos años, nunca me había fijado en él, solo su rostro logra llamar la suficiente atención, hay que verlo bien para saber si es real o es parte de una ilusión.
-Hola PEETA, hola kaniss- no se de donde salió, ni si estaba cerca, pero la preciosa Dellý había salido a nuestro encuentro aún con ese vestido vaporoso y su estúpida sonrisa, se acercó a Peeta y lo abrazó, aún así Peeta no me soltó – que bueno verte por fin fuera Katniss, se notaba que la hacías mucha falta a Peeta, pero tranquila yo lo mantuve entretenido, para que no se sintiera mal, ¿verdat Peet?-
-Eso me imagino, gracias Delly, fuieste muy atenta, igual que mucha gente del distrito, hoy en la mañana me di cuenta que muchos se tomaban su tiempo para poder cuidarte mientras trabajabas- dije volviendo a ver a Peeta- supongo que les daba miedo ver como podías lastimar las paredes nuevas de la panadería-
-¿A mí, en la mañana? Ah ya se dé quienes hablas, de las chicas que sin falta pasan sentadas en las banquitas de la plaza toda la mañana saludándome y preguntándome muy atentas ¿Cuándo estará listo mi pan?- dijo haciendo énfasis en "mi pan".
-Si esas mismas- le contesté.
-Mmm esas sobradas, son del distrito 4, como ahora estamos aceptando a cualquier persona para que viva aquí, no queda de otra más que aguantárselas, igual yo siempre mantuve a Peeta lejos de esas arpías- comentó Delly -¿Y ya te diste cuenta Katniss, Gale volvió? Me imagino que no aguantó estar lejos de su pareja de caza-
-Si ya lo vimos, gracias por la preocupación, pero no creo que se sienta triste por no volver a cazar conmigo, ahora él tiene otros planes y yo también, ¿verdad mi chico del pan?- y le di un fuerte beso a Peeta.
-Mmm si ya veo, que bueno, me alegra que se lleven tan bien de nuevo, me tengo que ir, adiós- Delly se fue un poco alterada y ni siquiera se despidió de Peeta como siempre lo hacía, con un delicado beso en la mejilla.
-Como que Delly se enojó contigo- dije inocentemente.
Peeta soló una carcajada muy alegre, me tomó entre sus brazos y me hizo levantada del suelo, así que enrolle mis piernas entorno a su cintura, no me imaginaba que él tuviese tanta fuerza, o ¿era que tal vez yo me había alimentado tan mal este tiempo que ya tenía peso tipo pluma, faltaba muy poco para llegar a la casa, y Peeta lo hizo conmigo alzada, yo tenía sus rostro entre mis manos y le daba besos, él era un hombre de verdad soñado, no se podía pedir nada mejor, todo iba bien, hasta que se me ocurrió besarlo apasionadamente y este se desconcentró dio un paso en falso y ambos caímos sobre un jardín de dientes de león, , este encima de mí, con sus labios a escasos centímetros de los míos, ni él ni yo nos habíamos lastimado, habíamos pasado mayores dolores en nuestra corta vida juntos, que una simple caída no nos podía hacer daño.
-Mira qué casualidad dientes de león, por fin florecieron, hace tiempo te los había plantado aquí, para que tuvieras un jardín que te recordara a mí, pero no habían no habían querido florecer, supongo que también ocupaban un día tan caliente como el de hoy, ¿no crees?- dijo mientras me ponía varios florecillas en el pelo –eres preciosa Katniss, si no fuera porque estamos muy al descubierto te haría mía en este instante-
-Entonces tendrás que plantar dientes de león en el patio trasero de la casa, para poder cumplir nuestros deseos- dije seductoramente.
-Mañana mismo me pongo en eso, ni lo dudes, ya que me diste permiso hay que aprovechar-
-Si quieres yo te ayudo, así la gente dejaría de verlos comerse con los ojos y con la boca-
-Hola Haymitch, es un gusto verte sobrio- dijo Peeta volviendo a ver hacia arriba de nosotros.
-Hola tórtolos… hola preciosa – dijo al verme- no sabes cuánto extrañe nuestras discusiones, ¿ahora te quedarás con nosotros?- preguntó con tono paternal, tal vez después de todo si había hecho el intento de cambiar.
-Eso intentaré, tu también me hiciste falta- contesté mientras me levantaba, pero para mi sorpresa Haymitch, me jaló hacia él y me abrazó -¿A qué se debe eso?- pregunté devolviendo el abrazo.
-Desde hace tiempo Haymitch se ha comportado así, me imagino que por fin se dio cuenta de que somos lo más cercano a una familia, y lo único que le queda – dijo Peeta, quien al parecer ya estaba acostumbrado a este nuevo mentor.
-Si si algo así- dijo Haymitch y me soltó –chicos se dieron cuenta que volvió…-
-¿Gale?, si nos dimos cuenta- dijo Peeta cansadamente – Y sabes que es lo mejor, que hoy se quedará a cenar con nosotros y que dormirá en la casa-
-¿En la casa con Katniss?-
-No Haymitch, yo dormiré con Katniss, el dormirá en el cuarto de la señora Everdeen-
-Ah mmm ustedes no pierden el tiempo he tórtolos, ¿entonces qué, tengo que irme preparando para que me digan abuelo o tío?¿cómo les gustaría más?- dijo sarcásticamente –bueno, al ver sus caras de asombro, me imagino que aún no habían pensado en eso, me sorprendes Peeta,¿ cómo se te fue a pasar?-
-Mmm bueno, supongo que me dejé llevar-
-¿Te dejaste llevar?¿Acaso ya lo hicieron? Ah ya entendí, estas poniendo en marcha el tratamiento para tu completa curación, excelente, igual considero que deberían cuidarse, a menos claro de que quieran tener mucha familia… ¿Dónde y cuándo lo hicieron si tu saliste hasta hoy?- preguntó intrigado aunque con un poco de malicia.
-Haymitch no es de tu incumbencia… aunque dime como tengo que cuidarme- le corté, me daba pena hablar de estas cosas, pero tenía que estar preparada, después de todo yo nunca he querido tener hijos.
-Ah no es de mi incumbencia pero si quieres mis consejos, jajaja como extrañaba oír tu voz de altanera, me recuerdas tanto a mí, bueno mira en el Capitolio a los tributos sexualmente activos se les recomendaba tomar una pastilla que se llama Amapola todos los primeros de cada mes, pero en el caso de ustedes que ya lo hicieron, no hay vuelta atrás, vas a quedar embarazada- dijo seriamente- jajajajaja ay Preciosa hubieses visto tu cara, es una broma, no pasa nada, ve a comprar las pastillas esas que te dije, tomate dos ya y una a inicios de mes, y sigan disfrutando del placer del amor- dijo tomando uno de los dientes de león enredados en mi cabello y soplándolo con gran delicadeza.
-Haymitch no es gracioso- dije enojada – tú siempre te burlas de nosotros-
-Igual los quiero mucho, no te pongas así, era solo una bromita, ¿puedo ir a cenar yo también?-
-Por supuesto- dijo Peeta sin pensarlo, como se notaba que le fastidiaba saber que estaríamos solos con Gale.
-Ay no Peeta, yo creo que es mejor estar nosotros solos con Gale- hice una pausa y ambos se me quedaron viendo con cara de incrédulos- Ay tenían que haber visto su cara, es solo una bromita Haymitch, por supuesto que siempre eres bienvenido-
-Ja-ja-ja- rió Haymitch sarcásticamente –que graciosa Katniss, pensé que de verdad ya no me querías, bueno entonces los veo al rato para venir a cenar, prepara algo rico Peeta, no dejas que ella meta mano, sabes que ese no es su don- dijo mientras se alejaba.
-Mmm tendré que ver que preparo- dijo Peeta bajando la cabeza, sabía que ocultaba su risa.
-Que concho que eres Peeta, se que cocino espantoso, pero aunque sea dame la oportunidad de aprender-
-Esta bien mi amor, hoy te enseñará a cocinar algo rico y simple, pero si fracasas en el intento serás mía toda la noche y no te dejaré descansar-
-¿Me estás retando?- dije amenazadoramente seductora.
-Pues sí y espero con ganas que pierdas-
-Y si gano ¿Qué gano?-
-Lo que tu quieres-
-Muy bien pensará que quiero ganar, aunque deseo fervientemente perder-
-Uy Katniss me vuelves loco- me agarró entre sus brazos y me besó con tanta pasión que sentí desfallecer de nuevo bajo sus encantos, pero para mi desgracia aún estábamos afuera y había muchas cosas que hacer.
Cuando por fin nos separamos, Peeta se fue a su casa para traer cosas para cocinar, yo entré en la mía y comenzó a acomodarla y limpiarla, llevaba mucho tiempo descuidada, era un trabajo agotador pero deseaba terminar lo más pronto para pasar más tiempo con Peete, intentando dañar sus creaciones comestibles, de solo pensar que me haría suya toda la noche, como lo había prometido, se me erizaba la piel.
Después de un par de horas por fin había acabado y casi al instante escuché a a Peeta llamar a la puerta, baje corriendo y le abrí, traía muchas cosas, pero lo que más me llamaba la atención era ver un pequeño pastel decorado con preciosos flores amarillas y blancas, como las de los dientes de león, era muy hermoso.
-¿Y esto?- dije tomándolo en mis manos –se ve exquisito-
-Gracias lo hice para ti-
-¿Lo acabas de hacer?, eres increíble Peeta, ¿qué más traes?-
-Gracias preciosa, bueno fui a comprar tus pastillas y también cordero, para hacer ese estofado que tanto te gusta, trague también los ingredientes para hacerte los pancitos de queso, y traje unos cuantos hongos para que prepares una rica crema de hongos, que disfrutaré con ganas… toda la noche- dijo al final con esa sonrisa que mataba.
Continuara…
