CAPÍTULO 7: AYUDA
– Verás... Hay una chica que creo que me puede gustar. – Las mejillas de la ojiazul se volvieron rojas y evitó la mirada de Santana. La morena se dio cuenta de que estaba hablando de ella, por lo que decidió acercarse a su amiga. Cogió la mano de la rubia y juntó sus labios con los de Brittany. En el momento que sus labios se tocaron, una corriente recorrió el cuerpo de las dos chicas. Se sentía tan correcto y tan bien...
– ¿Sigues teniendo dudas? – Preguntó la morena al separarse.
– No, desde luego que no... – Respondió la rubia antes de volver a besar a la latina.
Faltaba una hora para que amaneciera y la familia Hummel-Hudson seguía vigilando a Blaine. Ninguno se había apartado de él. Cuando se desmayó lo tumbaron en una cama, mientras lo hacían vieron la sangre, por lo que le quitaron la camisa y vieron sus heridas. Kurt se sintió fatal al verlas. No sabía quien es el joven, pero nadie se merece semejante castigo. Le curaron la espalda con lo poco que tenían en la casa y se dedicaron a rezar para que se despertara. No podían permitirse llamar a un médico y no tenían a nadie a quien pedirle ayuda. En ese momento, el moreno abrió los ojos.
– ¿Como te sientes, chico? – Preguntó Burt.
– Mi hermana... – Dijo el ojimiel.
– ¿Dónde la podemos encontrar? – Quiso saber Finn.
– Soy Blaine Anderson... Supongo que sabéis donde está mi casa. – Susurró el joven antes de volver a dormirse.
Toda la familia se miró desconcertada. Tenían en su casa al hijo de su jefe... ¿Qué hacía un señorito de la alta sociedad en un mitin a favor de los derechos humanos? Burt salió en dirección a la casa de los Anderson para avisar a la familia del chico.
Cuando llegó, avisaron al señor Anderson.
– ¿Qué desea?... ¿Pasó algo en las minas?
– No... verá... Ayer encontramos un chico inconsciente en la calle sangrando. Hace un rato se despertó y nos dijo que es su hijo.
– Yo no tengo hijo...
– Papá... – Gritó disgustada Brittany mientras corría hacia donde estaba el visitante. – ¿Podría llevarme con mi hermano? – Santana siguió a la chica. No se separaría de ella, mucho menos después de saber que le correspondía. Avisó a Rachel y Sam para que los acompañaran y todos se dirigieron en busca de Blaine.
Cuando llegaron, Britt corrió hacia su hermano. Rachel se acercó también para curar las heridas con los preparados que les había dado el médico. El moreno volvía a estar consciente y se alegró de ver a la rubia.
– ¿Cómo estás? – Preguntó la chica.
– Bien, ya sabes... Me dieron un golpe en la espalda... No fue fuerte, pero me abrió las heridas... – Dijo Blaine.
– En un momento te curamos y te llevamos a casa. – Lo consoló ella.
– Asegúrate de recompensarles por su amabilidad. Me han cuidado muy bien... – Pidió el ojimiel.
Rachel colocó un trozo de tela enroscada en la boca del moreno para que mordiera porque lo que iba a hacer era muy doloroso. Brittany se apartó para refugiarse en los brazos de Santana mientras las lágrimas llegaban a sus ojos. La latina la abrazaba. Cuando la gasa empapada que sostenía la criada tocó la espalda de Blaine, el chico emitió un grito que fue ahogado por la tela que mordía. Todo su cuerpo estaba tenso. Kurt corrió al lado del chico y sujetó su mano.
– Aprieta todo lo que necesites – Le indicó.
Cuando la gasa volvió a tocar otra de sus heridas, volvió a gritar y sujetó la mano del castaño con toda la fuerza que tenía. Carole estaba mirando fija hacia las dos chicas... Las muestras de cariño no eran sólo de amistad... Sam se percató de eso, corrió hacia las chicas y advirtió a Santana. No quería otro problema como el sucedido con Blaine. Puede que habrían ayudado al moreno, pero no sabían como reaccionarían ante los sentimientos de sus amigos. A la mujer ese gesto de sobreprotección del rubio no le pasó inadvertido, tal vez...
Cuando terminaron de limpiar las heridas de Blaine, comenzó una discusión entre los presentes sobre qué hacer con el ojimiel.
– Yo tengo una amiga, se llama Quinn. Puede que ella pueda cuidar a Blaine hasta que se recupere. Así no molestamos más a esta familia tan generosa. – Propuso Rachel.
– Y molestamos a otra familia. Lo mejor será llevarlo a mi casa. – Dijo Santana.
– Está muy lejos, la otra vez lo movieron los dos criados de los Anderson más fuertes. Creo que nosotros no podemos recorrer tanto camino. – Dijo Sam.
– Britt y yo también participamos. – Respondió la latina.
– Sujetando las piernas... – Aclaró el rubio. Necesitamos moverlo entero.
– Burt, Kurt y yo podemos ayudar... – Sugirió Finn.
– Gracias... Pero quiero llevarlo a casa. – Dijo Brittany.
– Lo siento, a tu casa no puede volver... Ya oíste a tu padre. – Dijo la morena.
– No creo que sea lo correcto que se aloje en la casa de su prometida. – Añadió la rubia.
– A estas alturas no hay que preocuparse por mi honra... – Sugirió Santana.
– ¿Has mantenido relaciones? – Preguntó la ojiazul.
– No, pero nadie creerá que tu hermano mancilló mi honor... – Aclaró la latina.
– ¿Por qué no lo dejáis aquí? – Sugirió Carole – Creo que tenéis miedo de que lo juzguemos, pero creerme, está seguro aquí. Tenéis como garantía que él sabe que toda mi familia está metida en la revolución de ayer en la plaza... y de forma activa. Confío en vosotros, confiad en nosotros.
N/A: Espero que os haya gustado... Os deseo a todos una feliz navidad, rodeada de todos aquellos que amáis... Besos
