CAPITULO VII.-
Un hombre de larga cabellera azulada se acerco con pasos rápidos a la Casa del Fénix y se dirigió al joven criado de su Jefe.
-Shyru, necesito hablar con el Gran Fénix-pidió Saga, en la puerta de la vivienda.
-Ahora mismo le avisare-accedió el pelilargo entrando en la casa. Con la misma rapidez y destreza que le caracterizaba, se acercó al peliazul.
-Señor, su teniente quiere verlo-le informo Shyru.
Ikki arrugo el entrecejo con gesto de molestia, asintió con un movimiento de cabeza y se acomodó en el diván.
Un instante después Shyru volvió a salir y con un gesto le aviso que podía entrar. Saga respiro hondo y trato de reunir el valor necesario para ver a su Jefe. Luego siguió a Shyru dentro de la casa.
Lo primero que Saga vio fue a su Jefe echado sobre el diván, pero se dio cuenta que a parte de Shyru había alguien más en la habitación. Sus ojos se desviaron inconcientemente a la bella figura que se encontraba en la otra esquina de la habitación. La melena dorada como el sol, piel de porcelana, cuerpo atlético, y unos ojos tan azules como el cielo, que lo miraban con curiosidad. En verdad era más hermoso de lo que había notado el día anterior.
-Mi teniente Saga-le presentó su Jefe-No te dejes llevar por su juventud ni su semblante de niño bueno. En realidad es todo un guerrero-decía Ikki
Saga se echo a reír, saludando al bello joven, con una profunda reverencia, luego se enderezo en una actitud magnifica, mientras recordaba los detalles del día anterior.
**********************Flasback********************************
Ikki y Saga, cabalgaban juntos a buena velocidad, en medio de ese paraje desértico. Habían salido en busca de Shión, uno de sus mejores hombres, quien parecía haber sido capturado por la tribu enemiga, ya que en la Isla de la "Reina Muerte", existían dos tribus enemigas que habían guerreado durante generaciones enteras. Eran enemigos a muerte y siempre buscaban motivo de pelea, especialmente con respecto a los límites de sus territorios. Una era la Tribu Fénix y la otra era la Tribu Death Mask. Este último tenia un Jefe temible que se hacia llamar así mismo Máscara de la Muerte, odiaba con toda su alma a Ikki y el capturar a uno de sus hombres para él era una delicia, ya que los torturaba terriblemente hasta la muerte, pensando que se trataba de Ikki.
Ahora ese era el temor del Fénix, que el buen Shión hubiese sido capturado por su peor enemigo. Mando a todos sus hombres a buscarlo, por su seguridad les ordeno ir en grupos, mientras él mismo encabezaba uno. Estaba tenso, trataba de no mostrar la preocupación que le embargaba, pero para Saga era más que notable. El sabia perfectamente que el rostro impasible de su Jefe tan solo ocultaba un temperamento soberbio, el cual parecía que de un momento a otro estallaría, y eso era en verdad algo muy, pero muy atemorizante.
Uno de los hombres que había mandado en busca de pistas, se acercó rápidamente a donde se encontraban. Haciendo un respetuoso saludo comenzó a hablar.
-Señor, aun no encontramos pistas sobre Shión, pero le informó que hay un barco extranjero, anclado en el lado sud.
-De acuerdo Aldebarán, iré a verificarlo personalmente-respondió Ikki-Mientras tanto quiero que sigan buscando a Shión. Aldebarán asintió a la orden de su jefe y se alejo con algunos hombres.
-¡Vamos Saga!-exclamó Ikki y este lo siguió.
Galoparon durante un buen trecho, hasta que divisaron las montañas que nacían en el lado sud de la isla. Por precaución ambos bajaron de los caballos, y se ocultaron en unas rocas salientes, que se encontraban en la parte de arriba, para ver a los invasores sin problemas. Según pudieron apreciar se trataba de una tripulación de barco, conformada por marineros y un capitán ¿Cómo se dieron cuenta? Por los uniformes que portaban todos ellos. Solo una persona parecía no encajar entre ese grupo de personas. Como estaban a una buena distancia de los extranjeros, no podían verle con sumo detalle, pero se notaba que no era un marinero, no solo por sus ropas informales, sino por su dorada cabellera.
-¿Quienes serán?-se preguntó Saga
Ikki solo frunció el ceño con molestia. No le gustaba que invadieran sus tierras, sin embargo sentía curiosidad por ese rubio.
-Ordena a los hombres que estén atentos-ordenó Ikki a su teniente, sin dejar de observar a ese rubio. Saga asintió y evitando que su presencia fuera descubierta, se deslizo hasta volver con el resto de los hombres que los acompañaban. Mientras tanto Ikki observaba como los marineros acomodaban sus cosas para armar el campamento, y ese rubio se subía a la misma montaña en la que él se encontraba. Para suerte suya, el rubio se paró justo frente a las rocas, desde donde vigilaba Ikki, y mientras este miraba el panorama, Ikki pudo contemplar plenamente al rubio. ¡Era en verdad la más hermosa criatura que alguna vez viera! ¡Era admirable ver tanta belleza y perfección en una persona! Ikki estaba realmente embelesado.
-Es hermoso-le escucho decir, seguramente por lo que veía en esos instantes.
Mirarlo era maravilloso, escucharlo hablar era la gloria. Entonces Ikki decidió que esa fantástica criatura sería suya, costara lo que costara.
Sin esperar un minuto más, se retiro con cuidado del lugar donde se estaba escondiendo, y se dirigió con pasos veloces hasta su teniente.
-¡Saga, manda a llamar a todos los hombres!-¡Vamos a atacar a los extranjeros!
El de ojos esmeraldas se sorprendió por la orden de su jefe, y estaba a punto de pedir una explicación, cuando vio el brillo de la determinación en los ojos del Fénix. Decidió que lo mejor para mantener su buena salud y el de sus compañeros era no contradecirlo. Hizo lo que su jefe lo mandaba y por indicaciones suyas atacaron a los recién llegados. La sorpresa fue grande al ver como su jefe se ocupaba de raptar al rubio que hace rato vieran. Luego de tener a todos los hombres de la tripulación apresados, Ikki ordenó que algunos se quedaran vigilando a los prisioneros y el resto volviera a su búsqueda por Shión. Después de eso Saga vio como su jefe cabalgaba de regreso a la aldea, llevándose su preciada carga, y sintió pena por el rubio. Sabía que él seria el que pagaría las tensiones, preocupaciones y frustraciones de su jefe.
**********************Fin del Flasback********************************
Saga dejo sus pensamientos de lado y decidió que había sido una mala idea observar más tiempo al rubio, al escuchar como su jefe lo llamaba con aspereza.
-Saga-pronuncio el Fénix y Saga recordó el motivo por el que se encontraba ahí y cambio su actitud rápidamente.
-Perdone señor-se disculpó, con la esperanza de que pasara por alto su falta. Y es que si algo tenia claro de su Jefe, era de su posesividad
-Yo...le traigo malas noticias-anunció con temor
-Es sobre Shión ¿verdad?-dedujo Ikki con el ceño fruncido, por el semblante de Saga
-Temo que si señor. Encontramos su cadáver en los límites con el de la Tribu Death Mask-contesto con tristeza-Mi señor, estaba casi irreconocible. Shión fue torturado terriblemente y…y...
-No necesito saber más detalles-le cortó Ikki, imaginándose lo demás-¿Ya lo saben sus hijos?
-Si, el pequeño Kiki, no ha dejado de llorar y Mu ha decidido tomar su lugar, para honrarlo-contestó con voz apagada-Hice envolver su cuerpo en telas blancas, tal como es nuestra costumbre antes de traerlo a la aldea. Yo…no quería que lo vieran así.
-Hiciste bien-le dijo Ikki-Encárgate de los detalles para la ceremonia, quiero que sea enterrado con todos los honores.
Saga asintió, hizo otra reverencia y se retiro. Shyru, que tenia buen oído, escuchó perfectamente toda la conversación y también vio conveniente hacer lo mismo y dirigirse a la casa de Mu, para darle sus condolencias y su apoyo. Cerró la puerta que estaba generalmente abierta y verificó que ninguno de los dos necesitara algo, para irse, no sin antes hacer una reverencia al Fénix y al bello rubio.
Ikki no vio inconveniente en que Shyru se retirara. La verdad estaba más ocupado maldiciendo internamente a Máscara de la Muerte. Shión había sido uno de sus pocos hombres al que le había dado su completa confianza. Había sido un servidor leal de su padre y también suyo. ¿Cuántas veces había aceptado sus consejos? Muchas. Shión, a parte de ser un hombre sabio, era un guerrero valiente con un corazón amable, un ejemplo para los más jóvenes. En verdad lamentaba su pérdida, más de lo que cualquiera pudiera pensar, pero no podía manifestarlo. Debía mostrarse a sus hombres como alguien fuerte, en el que podían apoyarse.
Pero su corazón se sentía triste y su cuerpo necesitaba quitarse la tensión, así que miró a la única persona que se encontraba acompañándolo en la habitación. Vio como temblaba y sonrió con mordacidad. ¡Si, esa bella criatura, que le recordaba a un delicado Cisne, era lo que necesitaba en esos momentos!
-Ven aquí...HYOGA-ordenó Ikki mientras se sentaba en el diván.
-¡¡Oh, mi amor!!-exclamó Cristal (Me refiero al primer maestro de Hyoga que solo aparece en la serie), mientras se arrojaba a los brazos de Saga-¡Tenia tanto miedo de que el Fénix, se enojara y se desquitara contigo!
-Calma mi vida-lo tranquilizó Saga al tiempo que le correspondía el abrazo-Nuestro Jefe es de temer, pero también es justo. El sabe que no es culpa de nadie la muerte de nuestro querido Shión. Bueno, en realidad los culpables son los de la Tribu Death Mask-termino de decir con rabia contenida
-Si, es terrible lo que le hicieron-lloró el pequeño (Lo llamo así, porque Saga es más alto y mayor que él n_nU)-Nadie merece una muerte así-exclamó indignado
-Lo se mi amor, yo también me siento muy mal-confesó Saga con los ojos aguados-¿Dónde están los demás?-pregunto viendo que su casa estaba inusualmente vacía.
-Aioria y Aioros decidieron ir a ver a Mu y yo me quedé a esperarte-le respondió un poco sonrojado
-Gracias mi amor, ahora sé porque eres mi favorito-dijo Saga mientras le acariciaba sus cabellos
Cristal, por toda respuesta beso dulcemente sus labios, acariciando su rostro con dulzura, tratando de reconfortar a su amor.
Pronto el beso se convirtió en uno más apasionado y las caricias se volvieron más atrevidas. Saga no tardo en levantar en brazos a su amante, llevarlo a la habitación y tumbarlo en la cama.
Con cuidado fueron removiendo sus ropas, mientras se devoraban con besos y caricias hasta quedar completamente desnudos. Se tomaron un momento para admirarse mutuamente. Mientras Saga mostraba un cuerpo escultural, Cristal tenia un cuerpo igual de bello pero más delicado.
Sin poder resistirse más, Saga atrajo a su amante para besarlo con pasión, mientras le abrazaba su cintura para ir acariciando desde su nuca hasta sus glúteos. Cristal gimió fuertemente ante tales atenciones, aferrando sus bracitos al fuerte cuello del peliazul.
-Tómame-le susurro al oído, excitándolo más de lo que ya estaba. Sin poderse contener se aferró aun más fuerte, al delicado cuerpo de su amante para besarlo apasionadamente. Verlo pedirle que le hiciera el amor con esos ojitos suplicantes y algo tristes, le quitaron cualquier otro pensamiento que no fuera cumplir su deseo.
Sin romper sus besos, Saga fue inclinándolo hasta tenerlo completamente atrapado entre su cuerpo. Sin perder tiempo el peliazul fue deslizando su lengua por ese estilizado pecho, para luego llegar a la hombría palpitante del más pequeño. Después de prodigarle algunos besos y lengüetazos, se lo introdujo de uno en la boca, causando un grito de placer en su amante.
De inmediato, las manos de Cristal bajaron para enredarse en el largo cabello del peliazul, empujando de manera instintiva sus caderas, buscando estar mas dentro de esa boca que se movía con experiencia sobre su endurecida hombría. El mayor ponía mucho empeño en lo que hacia, queriendo causarle el mayor placer a su amante, por ello utilizando algo de su pre-semen, que poco a poco le estaba goteando, fue preparando a su pequeño. Cuando sintió que estaba preparado, dejo su tarea y después de darle un nuevo beso apasionado, se fue introduciendo en su interior. ¡Oh como adoraba sentirse dentro suyo!
El cuerpo más grande cubría al otro frágil, el cual temblaba por la intromisión, pero mientras más se aceleraba el ritmo de las estocadas, más el placer los inundaba, hasta que con un grito de puro placer ambos terminaron.
-Gracias-susurro Cristal, mientras trataba de recuperar la respiración, apoyado en el pecho del mayor, completamente satisfecho.
-No mi cielo, gracias a ti-respondió Saga, mientras lo abrazaba y le daba un dulce beso en la frente-Creo que será mejor levantarnos e ir a ver a Mu-soltó un suspiro amargo-Tengo que encargarme del entierro
-Yo te ayudare-respondió Cristal -Pero descansemos un ratito mas ¿Si? Es que me gusta mucho estar así contigo-dijo cerrando los ojos y volviéndose a apoyar más cómodamente en el pecho del mayor
-De acuerdo, pero después nos levantamos-respondió. ¿Para que negarlo? El también quería tener a su pequeño en sus brazos un rato más.
-¡Mi señor!-llamó Shura, mientras entraba en la habitación
-¡¿Qué quieres?!-exclamo disgustado Máscara de la Muerte
-Perdone mi intromisión señor. Solo vine a avisarle que ya cumplimos sus órdenes-continuo más calmado, viendo como el semblante de su jefe cambiaba a uno más alegre-Dejamos el cadáver tal como nos dijo. De seguro los Fénix ya lo encontraron y deben estar que arden de furia.
-Si, eso es exactamente lo que quería-respondió el jefe de los Death Mask, con una sonrisa maligna-Haz hecho un buen trabajo Shura. Me da gusto saber que eres...obediente-termino de decir esto con una sonrisa predadora, mientras se acercaba a su subalterno
-Mi único deseo es complacerlo-respondió devolviendo una sonrisa libidinosa, mientras su jefe, comenzaba a acariciarlo atrevidamente.
-Eso lo veremos-respondió, sujetándole de los cabellos y jalándolos sin piedad alguna y besándolo rudamente. Pero Shura estaba más que encantado con el trato. Como pudo, comenzó a corresponder las caricias, atreviéndose a dirigir una de sus manos a la palpitante hombría de su jefe, en tanto batallaban con sus lenguas.
Máscara, no se contuvo mucho tiempo y tomando fuertemente a su sirviente lo tiro a la cama para rápidamente posesionarse de sus labios, besándolo rudamente mientras sus manos recorrían aquel cuerpo con lujuria.
Shura había logrado lo que se proponía, Máscara estaba excitadísimo y comenzó a deshacerse de la estorbosa ropa de su ahora amante. Shura hacia lo mismo con las ropas del otro, babeando al ver su escultural cuerpo.
No hubo parte del cuerpo de Shura que no fuera recorrido por la boca y las manos expertas de su jefe, que se extasiaba probando una piel diferente, a la de su usual amante.
Máscara de la Muerte, sabia que el otro quería ocupar su cama solo por conveniencia, solo para obtener más poder del que tenia, al igual que muchos otros antes que él, pero no le importó. El no confiaba en nadie y jamás lo haría. Ahora solo el deseo de poseer ese cuerpo que se le estaba ofreciendo, era su único pensamiento.
Máscara llevo ambas manos a esos delineados muslos, pasando luego a los tentadores glúteos, buscando lo que necesitaba urgentemente y sin preparación alguna, colocó su miembro duro y caliente en la entrada de Shura, y lo penetró de una estocada, haciéndolo gritar.
No tardó en empezar a moverse y disfrutar de su invasión. Después de unas buenas estocadas, el de abajo, decidió participar un poco más. Enredó sus piernas en la cintura de su jefe y lo obligo a acelerar el ritmo sádico que llevaban ambos cuerpos. Shura cerró sus ojos y gemía como desesperado, importándole un comino si los escuchaban. Ambos llegaron al clímax, al mismo tiempo. Máscara cayó rendido encima de Shura, quien tenía una sonrisa de triunfo en la cara, que nadie podría borrar.
-¿Y bien, soy lo suficiente obediente para usted?-pregunto Shura con cinismo.
-Te falta aprender mucho todavía, para complacerme completamente y ganarte mi buena voluntad-respondió Máscara, saliendo de su interior y viendo con cierta diversión como chorreaba su semen mezclado con algo de sangre, de esa entrada que acababa de mancillar.
Shura apretó fuertemente los dientes, por las palabras de su ahora amante. El creía que ya lo había conquistado.
-No importa-se dijo internamente-Caerá tarde o temprano
Con estas palabras en su cabeza, se levanto con cuidado, el trasero le dolía horrores, pero había dado el primer paso para obtener más poder. Máscara en cambio, se acomodó entre las enredadas sábanas de su cama y se quedo dormido.
Fue entonces que Shura suavizo un poco sus facciones, mostrando una mirada igual de lujuriosa y apasionada al ver a su jefe en esa pose semidesnuda.
-Tarde o temprano-susurro como una promesa.
Salio de la habitación ya vestido, y se disponía dirigirse a la puerta para salir de la casa, cuando una voz cargada de resentimiento detuvo sus movimientos.
-¡¡No te saldrás con la tuya!!-exclamó furioso Afrodita
-¿Y quien me va a detener? ¿Tú?-respondió con burla enfrentando su mirada-El jefe ya se cansó de ti y es natural que quiera reemplazarte por alguien mucho mejor.
Afrodita no aguantó más y se lanzó a él, logrando darle un fuerte golpe en el rostro, pero Shura no tardó en devolverle el doble y hacerle caer al piso. Luego se acercó amenazante y tomó bruscamente los cabellos claros del caído.
-Tus días están contados, así que vete haciendo a la idea-le dijo mientras le lamía una mejilla. Lo soltó con la misma brusquedad y salio del lugar con una sonrisa más amplia de triunfo, dejando a Afrodita en el piso.
-No Shura-susurro con rabia, mientras se levantaba un poco del piso-Tú eres el que tiene los días contados-dijo con ojos de furia y el creciente deseo de venganza en su interior.
