Después de este episodio me sentí mucho más ligada a Alice Cullen. Podría decirse que desde ese momento Alice me parece una personita encantadora, a pesar de su completa falta de escrúpulos para obtener lo que quiere y su molesta obsesión con ciertos aspectos de su humanidad perdida que insiste en revivir y compartir con los demás. Por ejemplo, el hecho de que es insufrible cuando quiere ir de compras, o que siempre tiene un comentario para hacer sobre lo que uno lleva puesto. El hecho es que ese fue el comienzo de mi relación con Alice.

Es extraño, porque, aunque no lo supe hasta mucho después, todo lo que la Península de Olympic podía ofrecerme se me presentó en los primeros tres días… Es una pena que no haya sabido reconocerlo antes… o quizás haya sido mejor así.

De modo que el día 14 de marzo ya mis iniciales reticencias hacia los Cullen habían sido desmoronadas por la simpatía de Alice y el amable silencio de Jasper. Manoel y yo finalizamos el día pensando cómo encontrar a la dichosa bruja y meditando las palabras de Alice.

Basta, hermano, me voy a ver a mi papá.- gruñí.

¿Es una buena idea?- musitó Manoel.

No le respondí con otra cosa que con un golpe tremendo al cerrar la puerta. Tardé tan poco en empezar a correr que ni siquiera había atravesado las zonas más transitadas. Me alejé del Flagstone Motel, de su insufrible olor a nicotina y de la soledad de mi hermano. Crucé los bosques sintiéndome ligeramente mal por dejarlo hablando solo, lo cual era una chiquilinada. Pero llegué a Forks sin permitirme pensar en que era realmente una pésima idea.

Recordé que cuando era humana debía recorrer esta distancia en auto y me tomaba un rato largo; mi padre me llevaba en su aparatoso coche de policía al cine y de vuelta a Forks. Es increíble cuando uno se siente capaz de salvar las distancias que poblaban nuestras vidas tan velozmente.

Las distancias físicas eran las que podíamos desafiar. Podíamos desafiar a la muerte, al desgaste del tiempo en nuestros cuerpos. Podíamos desafiar a la vida, al ingenio humano, siendo el eslabón supremo de la cadena alimenticia. Pero no podíamos torcer el curso de la naturaleza. No podíamos desafiar nuestra propia inmortalidad, y aunque el tiempo no nos hiciera mella, seguía pasando inexorablemente, y eso no podía ser desafiado.

Y no podemos salvar las distancias más enormes… por ejemplo la que ahora me separa de Charlie; vivimos dos vidas diferentes, dos mundos diferentes; la distancia de mi no vida a la exhuberancia de cualquier vida humana es insalvable.

Pensando en mi papá crucé las últimas hileras de árboles. Salí de la espesura que rodeaba mi casa. Y pude sentir el olor suave y dulce de un vampiro.

Mi primera reacción fue el terror histérico, inmediatamente me dí cuenta de que ese olor era demasiado cítrico y agresivo, y yo conocía ese olor. Era ella, la pequeña horma de mi zapato. Victoria.

Ella ya había llegado. Deduje que habían venido desde el sur, y seguramente venía rastreando mi aroma; estaba investigando sola. No pensaba atacar, pues de lo contrario James y Laurent y quien sabe quién estarían con ella.

Cerré los puños con fuerza y contuve la respiración. Intenté acecharla, cuidadosamente, moviéndome sigilosa y veloz, el viento venía en mi dirección, golpeándome con en olor de Victoria; pero ella no podía sentirme.

La divisé antes que ella a mí. Me desplacé concentrada en que no me viera, toda la fuerza de mi ser ocupada en el deseo de permanecer oculta. Me imaginé, infantilmente, metida hecha un ovillo en una caja, una caja negra que en mi subconsciente representa a mi mente. Casi me reí de esa ocurrencia inoportuna; me hubiera gustado ovillarme sobre mí misma, en el rincón más tierno de mis pensamientos, como durmiendo, en lugar de acercarme a esta fiera que me aterraba hasta la médula.

Y entonces ocurrió. Estaba preparada para saltarle encima, con el viento aún a mi favor, pero fuera de toda esperanza de no ser vista u oída ya; nos separaban apenas tres metros.

Victoria se volvió hacia mí, luego se volvió hacia su izquierda, luego me dio la espalda, revoloteando los ojos en todas direcciones, desesperadamente buscando algo.

Me detuve un segundo y volvió a mirar en mi dirección, y luego al otro lado.

Victoria no me veía.

No quise detenerme a pensar y me abalancé sobre ella abrazando su garganta con mis mandíbulas. Apenas llegó a gritar, mientras forcejeaba intentando cortar su cuello. Ella me tomó el brazo derecho y lo dislocó haciéndolo girar sobre su eje como una hélice, para lo cual tuve que soltar su tráquea a medias cercenada para cortarle la mano que me atenazaba de un mordisco. El dolor insoportable de mi brazo hábil me hacía gruñir y jadear, mientras Victoria dejaba escapar una especie de rugidos ahogados. Era rápida, y como yo la había soltado para desembarazarme de su mano, ella ya corría a través del bosque.

Empecé a perseguirla frenéticamente; Victoria tiene una habilidad especial para escabullirse. Este encuentro fue una tremenda casualidad, ella debía tener la guardia baja porque de no ser así jamás la habría tomado de sorpresa.

Me deslicé lo más rápido que pude ignorando la desagradable sensación de mi brazo, podía ver el relampagueo del cabello rojo de Victoria más adelante, pero ella ya se había recuperado lo suficiente para dificultarme la visual. Parecía estar en todos lados y su rastro se me estaba volviendo intrincado y difícil de seguir.

Entonces se detuvo, durante una milésima de segundo, y por esa milésima de segundo su figura se me hizo clara y pude ver precisamente el camino que me llevaría a ella. No me detuve a pensar porqué se había detenido, sino que arremetí lo más rápido que pude y salté.

Aterricé contra su espalda, dejándola de cara al suelo y le desgarré con los dientes la columna vertebral. No lo pensé. Si lo hubiera pensado no lo hubiera podido hacer nunca. Porque eso fue lo que hice, le corté la cabeza de un mordisco. Era como si hubiera encerrado a mi corazón, mi vida y lo que quedaba de mi humanidad en una jaula y la hubiera ocultado en un cofre de siete llaves. Estaba muy lejos de mí, de lo que era, de lo que me gusta creer que soy. Pero James mató a Vivian, y si dejo a su novia suelta van a volver a matarnos, pensé. Lo supe, lo sabía. Sabía que era una simple cuestión de preservación. Tenía que matarla antes de que me matara a mí. Antes de que nos encontraran.

La partí con los dientes lo más que pude, la corté en pedazos. Me pregunté como podía ser que esto fuera aún más horrible de lo que imaginaba, y mi última reticencia se desvaneció cuando me acordé de la mirada atenta e inteligente de Vivian, y me dí cuenta, tomé plenamente conciencia de que ésta era la única forma de matar a un vampiro. Las dos piezas del rompecabezas, mi benefactora con su vitalidad y su encanto, y los trozos de granito gimientes que estaba por empezar a quemar, se juntaron en mi mente haciendo "clic". Así había muerto, así había muerto Vivian. Me dolió imaginar la cabeza cortada de Vivian, tan hermosa y joven, y todo su cuerpo blanco…

Entonces lo sentí. No me había dado cuenta porque estaba ocupada con Victoria. Pero ahora recordaba que la única razón por la que había sido capaz de alcanzarla era porque había vacilado. Mi enemiga había frenado momentáneamente sus zigzageos de bailarina; y en ese momento había podido dirigirme hacia ella…

Había un aroma extraño y desconocido. No se parecía a nada que hubiera sentido; era un olor áspero y desagradable que me gritaba peligro, y me incitaba a correr. Busqué con la mirada desesperadamente alrededor; mientras prendía la leña sobre el cuerpo de Victoria; ni los mismos diablos me iban a hacer huir antes de terminar mi tarea.

Y enfrente mío había una bestia enorme.

Aunque suene estúpido, esa fue mi primera impresión; que era enorme. En medio de mi estupor, no atiné a distinguir si era un oso, un puma, un lobo; hasta que comprendí que era un lobo. Uno mucho más grande que cualquiera que hubiera visto; un lobo mucho más grande que un caballo; de pelo negro y ojos fieros, enormes y brillantes, que me enseñaba todos los dientes en un gruñido bestial.

Comenzó a acercarse a mí, y yo a alejarme de él, ambos mirándonos a los ojos como si estuviéramos unidos por una extraña hipnosis. Me moví hacia un costado y él me imitó, así que retrocedí, mientras él me ganaba terreno. Si no fuera por que mi instinto me prevenía de acercarme al animal, hubiera pensado que nos movíamos como dos bailarines en un dueto. El animal, como de repente comprendí, era mi antítesis; era lo único capaz de destruirme. No sé cómo supe esto, pero lo supe.

El enorme lobo me siguió rondando, enseñando los dientes. No pude hacer nada aparte de deslizarme frente a él como si fuera su reflejo en el espejo. ¿Qué era este animal? Empecé a percibir un aroma dulzón de nuevo; mucho más floral y sutil que el de Victoria. Lo había sentido una vez, ya… y la bestia lo estaba percibiendo también, porque comenzó a gruñir mucho más agresivamente sin dejar de mirarme. Entonces una prescencia conocida estaba a mi lado.

Mi hermano me puso una mano en el hombro, de pie a mi lado.

Jefe de los Quileutes.- dijo una voz.

Era la voz de Carlisle Cullen. A un costado de mi campo visual comenzaron a aparecer las siluetas de los Cullen. Pude distinguir claramente a Edward, y a su lado la pequeña silueta de Alice.

Ella es amiga nuestra. Si no ha cruzado el límite hasta ahora, te doy mi palabra de que no lo hará ni intentará hacerlo. – dijo la voz paciente de Carlisle.

La enorme bestia retrocedió hacia las sombras, con lo que me pareció un asentimiento dirigido a Carlisle. Corrió velozmente entre la espesura, lejos.

Mi hermano me abrazó ferozmente en cuanto desapareció. Lo estreché durante un momento. Sin soltarlo, me volví hacia mis nuevos aliados.

¿Qué ha sucedido?- preguntó Carlisle mirándome bondadosa pero seriamente.

Me encontré con Victoria, uno de los que nos persiguen, cerca de la casa de mi padre. Está allí.- dije señalando el fuego.

Edward, Emmett y Alice habían venido con Carlisle y mi hermano.

¿Cómo llegaron aquí?- pregunté, repentinamente- ¿Cómo supieron?

Tuve una visión en la que Victoria te atacaba y ganaba. Pero fue una visión bastante tardía, ya que no la vi antes. – explicó Alice.- Verás, yo puedo predecir las consecuencias de las acciones cuando alguien toma una decisión. Parece ser que la decisión de Victoria de atacarte o la tuya de dar pelea fue tan brusca que no me dio mucho tiempo para anticiparme. Entonces llegamos aquí.

¿Y ese ser, ese lobo? ¿Qué era?

Es el único descendiente que queda de una estirpe de hombres lobo.- dijo el doctor Cullen.- Creíamos que no habría más, pero apareció este- parecía asombrado.- no lo habíamos visto hasta hoy.

¿Hombres Lobo?- pregunté.

Sí. Son los enemigos naturales de los vampiros. Sin embargo, con esta tribu, o manada, hemos llegado a un acuerdo y establecido un tratado. Como nosotros no atacamos humanos, ellos nos permiten ocupar un territorio vecino sin cazarnos ni revelar nuestro secreto; y viceversa. Pero hemos divido el territorio; no podemos pisar su parte de la frontera. Cualquier vampiro desconocido que entrara en sus tierras sería asesinado. Estuviste a punto de cruzar la línea.

Entendí entonces porqué el lobo me seguía y se adelantaba sin atacarme, porqué me seguía como mi reflejo en el espejo. Estaba preparándose para atacar en cuanto atravesara la frontera, y yo había estado a punto de cruzarla sin saberlo.

Me estremecí.

No vi nada relacionado con los hombres lobo.- murmuró Alice, frunciendo el ceño.

Probablemente porque son impredecibles… tan impredecibles que hay uno ahora…-dijo Carlisle, como si pensara en voz alta.

Me pregunto si habrá más.- me volví hacia Emmett, que hablaba por primera vez.

Vamos a tener que averiguarlo. Esto cambia mucho las cosas.-repuso Edward.

Deberíamos volver a casa. Nos gustaría que vinieran con nosotros, hay muchas cosas que discutir. – dijo Carlisle, mirándonos.

Por supuesto.-susurró Manoel, sin soltarme. Estaba bastante shockeado.

Comenzaron a caminar, para volver a casa.

Gracias.-dije. Recién ahora caía en la cuenta de que me habían salvado el pellejo, que podría haberme metido en las garras del lobo inadvertidamente y los Cullen habían llegado a tiempo. Y Alice, pensé con ternura, había visto mi futuro, y había decidido ayudarme. No debería sorprenderme porque me había dicho que eso era lo que pensaba hacer, pero ahora comprendía la sinceridad de sus palabras y la gratitud empezaba a llegarme en oleadas.

¿Por qué?- preguntó Carlisle, con una sonrisa amable.

Por… venir… por… todo.

Parece que no necesitabas mi ayuda con Victoria después de todo.-comentó Alice. Me estremecí.

Pero de cualquier modo, si no hubieran llegado podría haberme metido en el terreno de los lobos.- le dije.- Y… vinieron.

Hubo un momento de silencio. Parece ser que se conmovieron. Manoel me apretó el hombro cariñosamente.

No fue nada. – repuso Carlisle.- Vamos a casa.

Bueno, comienza la acción.

Sobre Bella VS Isabel, Isabel es el apodo que Manoel le puso a Bella. Ella prefiere que le digan Bella, pero él la ha bautizado así y usa el apodo para molestarla y también porque es una forma solapada de mostrarle cariño. Ella va a insistir en sus próximas interacciones en ser llamaba Bella, excepto cuando esté en la ciudad que va a usar un apodo por si acaso, para que Charlie no la reconozca. Eso estaba por notarse en cuanto empezara a interactuar con los Cullen un poco más, en los próximos capítulos. Tengo lectores/as muy inteligentes que se me adelantan en todo!

Seguramente surjan varias preguntas interesantes a partir de este capítulo, que se van a ir respondiendo a medida que avanza la historia… muchas gracias por leer!!!