Un día con el tío Charlie

Albus aun le daba vueltas a lo de Scorpius Malfoy. Después de aquel encontronazo en el ministerio le había mandado al menos diez lechuzas, algunas con cartas, otras con ranas de chocolate y otro tipo de dulces y golosinas que ni siquiera conocía. Él no era un rencoroso, pero en un primer momento le había dicho que iba a ser difícil de olvidar y personalmente, lo que más le preocupaba era que si lo hacía demasiado rápido el Ravenclaw no le tomaría en serio. Si le hacía algo y con cuatro chorradas volvía a hablarle como si nada jamás lo respetaría, así que pensó que lo mejor que podía hacer era mantenerse firme y hacerse el duro. Si realmente estaba interesado, como él mismo lo estaba en el rubio, seguro que insistiría. O al menos, eso era lo que él quería pensar.

En sus cavilaciones estaba cuando su padre tocó con suavidad en la puerta. Como también era costumbre la abrió sin esperar a que le diese paso.

–Al, Hugo y el tío Charlie van a ir al callejón mágico de Manchester.

–Diles que en seguida bajo.

No le apetecía mucho salir, pero el tío Charlie le había estado hablando entusiasmado durante más de una semana sobre aquella salida y no había sabido como decirle que no. Y no era porque no le entusiasmase la idea, pero su mente de chico de dieciséis años le tenía en estos momentos más ocupado en pensamientos acordes con su edad.

Mientras los tres se dirigían al traslador que los llevaría a la ciudad, ninguno dijo ni una palabra, y en cuanto pisaron el césped donde habían aterrizado la situación no cambio mucho.

Después de al menos una hora sin que ninguno de sus dos sobrinos abriese la boca Charlie tuvo que hacer un alto en el camino.

–A ver chicos, esto no tiene ninguna gracia si estáis enfadados. Porque es eso, ¿no? No os habéis dirigido la palabra y ambos estáis muy serios.

–A mi no me pasa nada –soltó Hugo.

–A mi tampoco –se apresuró a añadir Albus.

–Bueno, serán imaginaciones mías.

Pero obviamente no lo eran y cuando llegaron a la parte más divertida del callejón y ninguno de los dos chicos parecía divertirse ni con las escobas ni con las golosinas, se plantó frente a ellos con el ceño fruncido.

–Bien, seguidme, ahora vamos a sentarnos los tres tranquilamente en esa cafetería y a hablar de qué demonios os pasa.

En cuanto tomaron asiento tanto Albus como Hugo se apresuraron a mirar cada uno para un lado y cruzarse de brazos.

–Albus, tu primero.

–¿Porqué yo? –casi lloriqueó.

–No –interrumpió Hugo bastante molesto–. Empezaré yo si quieres –se giró para mirar a su primo y entrecerró los ojos–. Te quejas de james. Siempre dices que él se comporta como si fuese mejor que el resto, pero luego tú a la mínima haces el papel de princesita, dejando que mi amigo se arrastre por algo en que ambos tuvisteis la culpa.

–Yo no hice nada –se apresuró a contestar Albus– él fue quien me dejó en ridículo en un primer momento.

–Creía que había sido así, pero luego él me dijo que quiso hablar, contarte la verdad antes de nada, pero que tú le metiste la lengua hasta la garganta. Él está muy interesado en ti. Y tú dejas que se humille delante de su padre y del tío Harry, permites que te mande cartas y cartas que no respondes… ¿Quién te crees que eres? ojalá se aburra y deje de hablarte.

Albus se ruborizó de inmediato y se quedó sin decir nada debido a la impresión.

–A ver, chicos –intervino su tío– ¿Qué demonios os ha pasado?

Entre Albus y Hugo (porque ninguno de los dos dejaba de interrumpir al otro mientras hablaba) le contaron a su tío lo que había pasado.

–Mirad, quizás os parece que esto es un problema, pero eso es porque estáis en una edad… que bueno, vuestra mayor preocupación son los estudios, los amigos… los novietes. Pero no dejéis o arruinéis una relación, ya sea romántica o solo de amigos por una tontería. Tanto si fue él como si fuiste tú, Albus, ambos deberían hablar, pero de iguales. No permitas que él se humille ni que lo haga contigo. Respétalo si quieres que él también te respete y sobre todo, decíos lo que sentís y pensáis en todo momento. Y más si estáis seguros de que todo eso es mutuo. Quizás pensáis que no tengo que opinar de estos temas. El viejo tío Charlie, que jamás se casó o formó una familia, pero precisamente, que veo todo eso desde fuera y con perspectiva, os recomiendo que no os preocupéis por algo como eso, porque la solución es sencilla y muy simple.

Albus y Hugo se miraron algo azorados. Quizás su tío llevaba razón.

–Pero es que… –protestó el moreno– no quiero que piense que puede hacerlo de nuevo.

–Al, no seas injusto, él no te engañó, quería decírtelo. Sabes que somos muy amigos, que lo conozco muy bien. No intentaría juntarte con alguien que pudiese hacerte daño y lo sabes.

–¿Acaso no confías en el bueno de Hugo? –le preguntó su tío–. Él no te dejaría en manos de cualquiera.

Al miró a su primo que puso ojos de cordero. Él los puso en blanco.

–Quizás tengas razón, tío Charlie. A lo mejor le estoy dando demasiadas vueltas.

–Respóndeme sinceramente, ¿quieres perdonarle? –Albus asintió– ¿no crees que podrían hacer cosas más constructivas que discutir o irse uno detrás del otro a ver quien tira más fuerte?

–Tienes razón –puntualizó el moreno–. Ahora pienso en cosas más constructivas y… creo que le escribiré una lechuza nada más llegar a casa. Hugo, ¿Sabes si Scorp está en Malfoy Manor aun o está donde sus abuelos en Francia?

–¿Malfoy Manor? –preguntó el pelirrojo mayor– ese chico… Albus.

–Sí –dijo Hugo con voz cansina y repetitiva– es Scorpius Malfoy, el hijo del Draco Malfoy, el hurón, el Slytherin arrastrado… deja esa cara ya, tío Charlie, papá ya me comió la cabeza durante mucho tiempo por ser su amigo. Por cierto, Al, estuvo riéndose durante horas por lo avergonzado que vino tío Harry cuando los cuatro se encontraron el ministerio.

–Debí perdonarlo allí, pero no me di cuenta en esos momentos. Mi padre estuvo dándome una charla durante varias horas y luego desistí, él no quería ni oír hablar sobre que me enredara con él y me dijo que si mi madre se enteraba me mataría. Pero ahora que el tío Charlie me lo ha hecho ver todo de otra forma, creo que sí, definitivamente le perdonaré y hablaré con él.

–Espera, espera… –interrumpió– no se te ocurra decirle a Harry o a Ginny que fui yo quien te dijo eso. Es más, olvídalo todo. ¿Aun estoy a tiempo de hacerte un obliviate?

Sus sobrinos le miraron con el ceño fruncido y luego se rieron a carcajadas, menudas tonterías decía su tío.

Pero este pensó que su hermana jamás le perdonaría por haber arrojado a su pequeño en brazos de un Malfoy. Entre eso y que cuando cumplió tres lo llevo a volar con dragones, no le extrañaría que le pusiese una orden de alejamiento

Un día con el tío Charlie

Albus aun le daba vueltas a lo de Scorpius Malfoy. Después de aquel encontronazo en el ministerio le había mandado al menos diez lechuzas, algunas con cartas, otras con ranas de chocolate y otro tipo de dulces y golosinas que ni siquiera conocía. Él no era un rencoroso, pero en un primer momento le había dicho que iba a ser difícil de olvidar y personalmente, lo que más le preocupaba era que si lo hacía demasiado rápido el Ravenclaw no le tomaría en serio. Si le hacía algo y con cuatro chorradas volvía a hablarle como si nada jamás lo respetaría, así que pensó que lo mejor que podía hacer era mantenerse firme y hacerse el duro. Si realmente estaba interesado, como él mismo lo estaba en el rubio, seguro que insistiría. O al menos, eso era lo que él quería pensar.

En sus cavilaciones estaba cuando su padre tocó con suavidad en la puerta. Como también era costumbre la abrió sin esperar a que le diese paso.

–Al, Hugo y el tío Charlie van a ir al callejón mágico de Manchester.

–Diles que en seguida bajo.

No le apetecía mucho salir, pero el tío Charlie le había estado hablando entusiasmado durante más de una semana sobre aquella salida y no había sabido como decirle que no. Y no era porque no le entusiasmase la idea, pero su mente de chico de dieciséis años le tenía en estos momentos más ocupado en pensamientos acordes con su edad.

Mientras los tres se dirigían al traslador que los llevaría a la ciudad, ninguno dijo ni una palabra, y en cuanto pisaron el césped donde habían aterrizado la situación no cambio mucho.

Después de al menos una hora sin que ninguno de sus dos sobrinos abriese la boca Charlie tuvo que hacer un alto en el camino.

–A ver chicos, esto no tiene ninguna gracia si estáis enfadados. Porque es eso, ¿no? No os habéis dirigido la palabra y ambos estáis muy serios.

–A mi no me pasa nada –soltó Hugo.

–A mi tampoco –se apresuró a añadir Albus.

–Bueno, serán imaginaciones mías.

Pero obviamente no lo eran y cuando llegaron a la parte más divertida del callejón y ninguno de los dos chicos parecía divertirse ni con las escobas ni con las golosinas, se plantó frente a ellos con el ceño fruncido.

–Bien, seguidme, ahora vamos a sentarnos los tres tranquilamente en esa cafetería y a hablar de qué demonios os pasa.

En cuanto tomaron asiento tanto Albus como Hugo se apresuraron a mirar cada uno para un lado y cruzarse de brazos.

–Albus, tu primero.

–¿Porqué yo? –casi lloriqueó.

–No –interrumpió Hugo bastante molesto–. Empezaré yo si quieres –se giró para mirar a su primo y entrecerró los ojos–. Te quejas de james. Siempre dices que él se comporta como si fuese mejor que el resto, pero luego tú a la mínima haces el papel de princesita, dejando que mi amigo se arrastre por algo en que ambos tuvisteis la culpa.

–Yo no hice nada –se apresuró a contestar Albus– él fue quien me dejó en ridículo en un primer momento.

–Creía que había sido así, pero luego él me dijo que quiso hablar, contarte la verdad antes de nada, pero que tú le metiste la lengua hasta la garganta. Él está muy interesado en ti. Y tú dejas que se humille delante de su padre y del tío Harry, permites que te mande cartas y cartas que no respondes… ¿Quién te crees que eres? ojalá se aburra y deje de hablarte.

Albus se ruborizó de inmediato y se quedó sin decir nada debido a la impresión.

–A ver, chicos –intervino su tío– ¿Qué demonios os ha pasado?

Entre Albus y Hugo (porque ninguno de los dos dejaba de interrumpir al otro mientras hablaba) le contaron a su tío lo que había pasado.

–Mirad, quizás os parece que esto es un problema, pero eso es porque estáis en una edad… que bueno, vuestra mayor preocupación son los estudios, los amigos… los novietes. Pero no dejéis o arruinéis una relación, ya sea romántica o solo de amigos por una tontería. Tanto si fue él como si fuiste tú, Albus, ambos deberían hablar, pero de iguales. No permitas que él se humille ni que lo haga contigo. Respétalo si quieres que él también te respete y sobre todo, decíos lo que sentís y pensáis en todo momento. Y más si estáis seguros de que todo eso es mutuo. Quizás pensáis que no tengo que opinar de estos temas. El viejo tío Charlie, que jamás se casó o formó una familia, pero precisamente, que veo todo eso desde fuera y con perspectiva, os recomiendo que no os preocupéis por algo como eso, porque la solución es sencilla y muy simple.

Albus y Hugo se miraron algo azorados. Quizás su tío llevaba razón.

–Pero es que… –protestó el moreno– no quiero que piense que puede hacerlo de nuevo.

–Al, no seas injusto, él no te engañó, quería decírtelo. Sabes que somos muy amigos, que lo conozco muy bien. No intentaría juntarte con alguien que pudiese hacerte daño y lo sabes.

–¿Acaso no confías en el bueno de Hugo? –le preguntó su tío–. Él no te dejaría en manos de cualquiera.

Al miró a su primo que puso ojos de cordero. Él los puso en blanco.

–Quizás tengas razón, tío Charlie. A lo mejor le estoy dando demasiadas vueltas.

–Respóndeme sinceramente, ¿quieres perdonarle? –Albus asintió– ¿no crees que podrían hacer cosas más constructivas que discutir o irse uno detrás del otro a ver quien tira más fuerte?

–Tienes razón –puntualizó el moreno–. Ahora pienso en cosas más constructivas y… creo que le escribiré una lechuza nada más llegar a casa. Hugo, ¿Sabes si Scorp está en Malfoy Manor aun o está donde sus abuelos en Francia?

–¿Malfoy Manor? –preguntó el pelirrojo mayor– ese chico… Albus.

–Sí –dijo Hugo con voz cansina y repetitiva– es Scorpius Malfoy, el hijo del Draco Malfoy, el hurón, el Slytherin arrastrado… deja esa cara ya, tío Charlie, papá ya me comió la cabeza durante mucho tiempo por ser su amigo. Por cierto, Al, estuvo riéndose durante horas por lo avergonzado que vino tío Harry cuando los cuatro se encontraron el ministerio.

–Debí perdonarlo allí, pero no me di cuenta en esos momentos. Mi padre estuvo dándome una charla durante varias horas y luego desistí, él no quería ni oír hablar sobre que me enredara con él y me dijo que si mi madre se enteraba me mataría. Pero ahora que el tío Charlie me lo ha hecho ver todo de otra forma, creo que sí, definitivamente le perdonaré y hablaré con él.

–Espera, espera… –interrumpió– no se te ocurra decirle a Harry o a Ginny que fui yo quien te dijo eso. Es más, olvídalo todo. ¿Aun estoy a tiempo de hacerte un obliviate?

Sus sobrinos le miraron con el ceño fruncido y luego se rieron a carcajadas, menudas tonterías decía su tío.

Pero este pensó que su hermana jamás le perdonaría por haber arrojado a su pequeño en brazos de un Malfoy. Entre eso y que cuando cumplió tres lo llevo a volar con dragones, no le extrañaría que le pusiese una orden de alejamiento