Capitulo 6: Como mamá, no hay dos... ni tres, ni cuatro.

—Nami, ¿estás despierta? —escuché a mamá tras la puerta mientras estaba leyendo un libro ya que no me habían dejado hacer nada más en el resto del día.

—Sí, adelante, mami. —puse mi libro a un lado y me senté para escucharla.

Mamá abrió la puerta y la cerró con lentitud. Tenía cara de preocupación y tristeza y eso me hizo preocupar.

—¿Qué pasa? ¿Por qué traes esa cara?

Mamá se quedó callada.

—¡Mamá! ¿Qué pasa? ¡Me asustas! —insistí.

—Nami, desde pequeña siempre he buscado la manera de que siempre estemos juntas, de que siempre nos contemos todas las cosas, problemas, ánimos, desánimos, decepciones, logros, metas, sueños, tristezas, enojos, enemistades, novios, relaciones, amigas, amigos, familia, etc., de que más que todo seamos amigas. Siempre te explicaba cosas como la infancia, la pubertad, la sexualidad, las relaciones sociales, y temas generales y siempre te decía que cuando pasara algo me lo comentaras —su voz temblaba—. Que siempre estaría ahí para apoyarte y que cualquier cosa que necesites, estaré dispuesta a dártela. ¿Es así?

—Sí… ma —dije con cautela, asombro, extrañez y miedo, mucho miedo—. Pero no entiendo. ¿Qué pasa?

Sus palabras me recordaron que no le había comentado nada y merecía saberlo. Eso me hacía sentir muy mal y temerosa.

—Pues, eso me pregunto yo, ¿qué pasa, Nami? ¿Ya no confías en mí?

—Claro que sí, mami, pero no entiendo a qué viene todo esto. Si es porque no he vuelto a decirte cómo va mi periodo, es porque mami, ya tengo 16 años; o si es porque no me he vuelto a bañar contigo, eso lo hacía a los 9 años, ya he crecido un poco.

Mamá sonrió, tomó una bocanada de aire y vi cómo se esforzaba por decir algo.

—Vi las sábanas en el cuarto de Luffy.

Mi cuerpo colapsó, mi mente estaba dando golpes con las paredes de mi cráneo, mi aparato respiratorio se detuvo y el digestivo también porque quería tirarme un peo de los nervios; mi mandíbula amenazaba con temblar, mis ojos amenazaban con llorar, mi estómago por vomitar, mis piernas por temblar, mi boca por gritar y mi corazón por salirse de ahí.

No tenía ni la más asquerosa idea de qué hacer en ese momento.

—El día que... —aclaré mi garganta porque esta también amenazaba con tartamudear—. El día en el que vinieron nuestros amigos Marco se cortó el dedo y dejó sangre en...

—¡Ya deja de mentirme!

—Pero...

—Pero nada. Sé lo que pasa contigo y Luffy.

Me sentí más perdida que nunca. Perdería la confianza de mi mamá, de papá y perdería a Luffy. Empecé a llorar. No quería que todo pasara así de esa manera.

—Sé que perdiste la virginidad y sé que fue Luffy quien...

—Mamá, ya, no es necesario —interrumpí.

—Sé que fue Luffy quién te encubrió. Él es tu cómplice y quien sabe con qué lo habrás manipulado. ¡No puedo creerlo, Nami! ¿Meter a Luffy en esto? ¿Qué Luffy te cubra?

Me quedé boquiabierta y sólo le agradecí a Dios por eso, creí que todo se iría al demonio cuando mamá se enterara de lo nuestro, pero, no fue así y pude respirar de nuevo. Pero, ahora venía el tema de mi primera vez.

¿Qué se supone que le iba a decir? Estaba cansada de tener que mentirle siempre a mamá.

—¿Por qué no simplemente me dijiste?

—Ma, no es fácil, a pesar de la confianza que llevamos no es fácil contarte algo íntimo, tan privado, algo que sólo lo cuentas y comentas con tus amigos. Siempre tenemos el miedo de contarles a las madres porque… porque son simplemente madres y no son de nuestra edad, no entienden nuestras cosas y puede que nos juzguen, es sólo un miedo y no es fácil, no es fácil, ma.

—Mira, Nami —se sentó y corrió un mechón detrás de mi oreja—. Te amo y quiero lo mejor para ti. Así que quiero aconsejarte y no es que quiera saber quién fue, cómo fue, cuándo fue, sólo quiero apoyarte y saber un poco, claro, pero lo que tú quieras contarme, mi amor.

No hay nada de malo en perder la virginidad, pero siempre es bueno tener un apoyo profesional, maduro y experto en cuanto a esas decisiones y momentos. A pesar de que tú a tus amigos les cuentas todo, necesitas a alguien más maduro y responsable que pueda guiarte. No olvides protegerte siempre, no sólo para evitar un embarazo no deseado sino también para las enfermedades de transmisión sexual. Si no quieres contarle a tu madre cuando lo hiciste bueno, es normal sentir pena al contarlo, pero recuerda siempre pensar con la mente muy, muy bien lo que estás haciendo y las consecuencias para después.

Decidí contarle a mamá cómo pasó, bueno no con detalles. No podía mirarla a la cara cuando lo hacía y con respecto "al chico" tuve que decir que fue con Ace y ahora quiere que vaya a la casa. Tendré que pedirle que me ayude.

¡Qué momento tan incómodo!

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—Pero... ¡Aaaagh! —grité desgarrando mi voz—. ¿Por qué no las escondiste bien, Luffy?

—Hice lo que pude, Nami. Estaba nervioso y no teníamos mucho tiempo. Entiende de una vez.

—¡Ay, Luffy! —suspiré tirándome a la cama con los brazos extendidos y de espaldas—. ¿Qué le diré a Ace? No quiero jugar con sus sentimientos. ¡No puedo! Es inhumano.

—No lo sé, Nami. —dijo tirándose encima mío y tocándome los muslos.

—¡Luffy! No es momento de hacer nada. —lo reprendí.

—Pero, eres tan hermosa.

—¡Ash! Contigo no se puede —grité yéndome de la habitación.

—Deberíamos aprovechar que nuestros padres no están —gritó a mis espaldas.

—¡Ni creas! —grité más fuerte y me encerré en mi habitación.

¡Ugh! Todo esto es realmente estresante. ¿Qué no se da cuenta? Estaba muy enojada porque gracias a él mi mamá se enteró y creía que ir a decirle a Ace: "Hey, será que puedes fingir que lo hiciste conmigo frente a mi mamá, y volvernos novios de mentiras" no, no, no. Lo que más me afectaba era Ace. Él siempre se había comportado de maravilla conmigo. ¡Por eso me gustaba tanto! Pero, todo cambiaba... Quería a Luffy y quería luchar por lo nuestro. Y no sabía hasta dónde sería capaz de llegar por eso.

Mi cabeza empezaba a doler de tanta información y estrés que tenía. Mamá quería invitar a Ace a cenar y ni sabía cómo le iba a comentar eso. No podía, no podía.

—Nami, y... —Luffy abrió la puerta de mi habitación y paró en seco—. ¡Wow! Tu pose —me recorre con su mirada—. Cálmate o no me pidas que me calme.

Soy muy elástica y estaba acostada con mis piernas abiertas a ambos lados sosteniéndolas con la mano. Suelo concentrarme así.

—¿Qué pose? —reí—. ¿Estás muy emocionado, amigo? —lo recorrí con la mirada y empecé a reírme.

Rápidamente se tira encima de mí y me empieza a besar y yo lo seguía, le pasé mis largas uñas por su cuello y me salí de debajo de su cuerpo besándolo, luego me acerqué a su oído y susurre:

—Hoy no será Luffy—Y salí de mi habitación.

—¿Qué? ¿Estás loca? ¿Me dejarás así y ya?

Sonreí victoriosa mientras lo escuchaba gritar.

—¡Está no se queda así! ¡Ya verás! —gritó.

Y luego lo escuché correr tras de mí.

Corrí riéndome por toda la casa y tomando atajos. Él iba detrás de mí con su camisa en las manos amenazando con golpearme. Yo sólo reía y él también, como los viejos tiempos.

—Te arrepentirás apenas te atrape —gritó

—¡Suerte con eso, imbécil! —respondí riendo y corriendo.

Estábamos corriendo y riendo como locos y la puerta se abrió frente a nosotros. Sin pesarlo Luffy me tiró la camisa y quedé con ella en las manos y ambos aún sin poder controlar la risa.

—¡Eres tan tonta!

—¡Y tú tan estúpido!

Mamá y papá entraron, nos vieron riendo y se miraron con extrañeza. Luego, nuestra risa se les contagió.

—Ok, ok —calmó papá con gracia—. ¿Qué fue o es tan gracioso?

—Es que —reí mientras pensaba una excusa—. Es que le quité la camisa a Luffy porque quería molestarlo y me empezó a perseguir por toda la casa y se cayó llegando a la cocina —reí con fuerza y me tiré al sofá.

—¡Guau! Veo que ya no se llevan tan mal —dijo mamá.

—No mamá... Aún nos odiamos —y le tiré la camisa a mi hermanastro.

Continuara…

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