Bla bla bla
Capítulo 7
Los días siguientes transcurrieron en un torbellino de actividad: Después de dos días de trabajo intenso, Bella obligó a Christina a permanecer en cama. Se asustó al ver que las manos de la señora temblaban y que estaba muy pálida. Recordó que le prometió a Edward que la cuidaría.
—Usted puede impartir órdenes desde aquí —señaló mientras arropaba a Christina en la cama—. Necesitamos que mantenga su mente clara para que pueda hacer las listas de lo que hay que preparar.
Una vez que Christina empezó a descansar, Bella se dedicó a preparar todo para la boda, haciendo el trabajo de tres personas. Eso la ayudó a que no le doliera tanto la ausencia de Edward puesto que por las noches se dormía de inmediato, rendida por el trabajo realizado.
El tercer día, Edward llamó a Christina por la tarde. Bella y ella estaban tomando una copa de vino, disfrutando de un momento de descanso, mientras veían cómo se ponía el sol.
Christina habló con su hermano en griego. Antes de colgar, mencionó el nombre de Bella.
— ¿Qué hice ahora? —comentó Bella en tono de broma, aunque estaba un tanto aprensiva. Vio que Christina sólo se encogía de hombros—. ¿Le dijo usted que yo estaba aquí? —insistió Bella. La vio asentir y una punzada de dolor atravesó su pecho. De modo que Edward ni siquiera podía hablar un momento con ella... "En realidad, yo no significo nada para él", se dijo con tristeza.
—No estaba solo, querida —explicó Christina al ver que Bella estaba resentida—. No fue fácil para él hablar conmigo.
Bella asintió y trató de controlarse para no preocupar a Christina.
—Es un hombre muy ocupado —comentó con naturalidad. Christina sonrió aliviada.
Bella siguió trabajando con ahínco y trató de olvidarse de ese incidente. Sin embargo, no pudo acallar del todo las dudas que la invadían.
Hacía una semana que Edward se había ido y Nessie ya estaba dando muchos problemas. Como estaba en las primeras etapas de su embarazo, se encontraba irritable debido a que no se sentía bien. Incluso Jacob estaba a punto de perder la paciencia y Bella se exasperaba frecuentemente.
Una noche, todos estaban sentados tomando algo fresco antes de cenar. Los perros estaban echados en el suelo, malhumorados Bella simpatizó con ellos, pues esperaban a que su amo volviera a casa.
Ella también sentía que tenía las orejas gachas y que ya no podía mover la cola.
—Llevemos a los perros a dar un paseo al pueblo —sugirió Jacob después de que Nessie suspiró tres veces en menos de un minuto— Eso nos hará bien a todos.
—Vayan ustedes —los alentó Christina—. No cenaremos antes de una hora.
Ya estaba anocheciendo. Los tres caminaron por la playa, charlando, escuchando las olas romperse en la orilla del mar. Bella empezó a relajarse. Últimamente estaba muy tensa... tal vez las cosas cambian cuando Edward regresara. Jacob y Nessie caminaban tomados la mano y Bella envidió su familiaridad, pues ella no podía dejar de pensar en ese hombre griego que era tan enigmático.
Soplaba una brisa fresca y las estrellas empezaban a brillar en el firmamento cuando ellos regresaron a la villa. Entraron por la puerta del jardín, riendo por un comentario que Jaco hizo.
De pronto, todos los perros pararon las orejas y echaron a correr mientras ladraban de felicidad.
—Edward ha regresado —anunció Jacob y Bella agradeció que estuviera oscuro, pues así nadie pudo ver su rubor. El corazón le dio un vuelco, y se sintió como una quinceañera en su primera cita.
Antes que Edward saliera al patio, Bella tuvo una premonición y caminó detrás de Jacob y Nessie. Primero oyó que Edward saludaba a los perros y luego él salió, tomando de la cintura a una delgada pelirroja que usaba un vestido negro muy ajustado.
— ¡Victoria! —gritó Jacob. Nessie se detuvo y Bella se le acercó. Las dos vieron como Jacob tomaba a esa mujer de la cintura y la hacía dar vueltas y vueltas mientras ella protestaba con una voz aguda.
— ¿Quién es ella? — susurró Nessie—. Mira su cabello y sus piernas.
Bella miró y de pronto se estremeció. Era obvio que esa mujer tenía una buena relación con Edward. Este vio con una sonrisa cómo su sobrino llevaba a esa chica al interior de la casa.
—Pórtate bien, Jake —advirtió, riendo—. Ya deberías saber que Victoria pega muy fuerte.
—Exagerado —gimió la chica mientras Jacob la llevaba a la sala.
—Vengan a conocer a Victoria —invitó Edward. Miró a Bella con detenimiento mientras Nessie apretaba la boca con enfado y entraba en la casa, muy tensa. Bella se dispuso a seguirla, pero Edward la tomó del brazo y la miró a los ojos—. Gracias por todo lo que has hecho —susurró-. Christina me dijo que has trabajado hasta quedar rendida.
—Todavía falta mucho por hacer —replicó Bella. De pronto, sintió que Edward era más alto que nunca. Había olvidado que era un hombre muy fornido y muy masculino.
—Tenemos mucho tiempo —aseguró él. Se disponía a añadir algo cuando una voz femenina muy fría y de acento norteamericano los interrumpió.
—Edward querido —susurró—-, no me has presentado a tu amiguita —la pelirroja se acercó y sus ojos azules relampaguearon
—Victoria, te presento a Bella. Bella, Victoria —dijo Edward y entro con ellas en la casa.
— ¿Cómo estás? —Bella sonrió, aprensiva pero miró a Victoria a los ojos.
—Yo, estoy muy bien, ¿verdad, querido? —rió la pelirroja. Dio una vuelta rápida al caminar, de modo que Edward se vio obligado a tomarla en sus brazos—. ¿Lo ves? —miró a Bella con un desafío en la mirada que solo otra mujer habría podido entender Edward no pareció darse cuenta de la tensión del ambiente y le dio a Victoria una palmada en el trasero al empujarla a su lado.
—Pórtate bien, traviesa —sonrió—, o tendré que hacerme cargo de ti.
—Oh, sí, por favor —murmuró Victoria. Nessie alzó las cejas con disgusto, lo cual reconforto un poco a Bella Sin embargo, Victoria tomo a los hombres del brazo y los condujo al comedor. Bella y Nessie tuvieron que seguirlos.
— ¡Qué pesada! —susurró Nessie con enfado—. ¿Quién es?
—No tengo la menor idea —murmuré Bella con tristeza. Estaba de acuerdo con la descripción que hizo Nessie de Vistoria, aunque también se percató de que esa pelirroja era muy hermosa a su manera. Debía de tener alrededor de treinta y cinco años. Su piel era muy blanca y sus ojos azules relucían. Su largo cabello tenía rizos naturales y su cuerpo era curvilíneo
Mientras todos tomaban una copa de jerez, se comentó que Vicrotia era una prima lejana de Edward.
—Muy lejana —insistió ella, mirando a Edward de manera significativa— Nos descubrimos hace tan sólo unos años, ¿verdad querido? —ronroneo mientras hacía un ademán con la mano cargada de anillos.
—Yo estaba en Estados Unidos para hacer unos negocios —explicó Edward a Bella y a Nessie. Se tornó incómodo cuando Victoria se acercó más a él en el sofá y le acarició el brazo con suavidad—. Mi tía me pidió que buscara a Victoria. Ella estaba pasando por una época difícil—prosiguió, sin aclarar nada más.
Sin embargo, Victoria no tenía la misma reserva.
—Vamos, querido., estamos entre amigos —susurró con dulzura tan melosa que Nessie rezongó de burla—. Lo que Edward decir es que yo estaba sufriendo por el divorcio más horrible que jamás haya existido —explicó y miró a Bella a los ojos—. Mi ex marido me estaba haciendo la vida imposible y yo necesitaba alguien me consolara. Y Edward tuvo la amabilidad de ser esa persona.
—Hice lo que pude —dijo Edward tan sólo y Victoria lo miró de modo provocativo.
—Y lo hiciste tan bien —ronroneó. La implicación sexual fue tan obvia que Edward los urgió a todos a que fueran a cenar.
—No puedo soportar más esto —masculló Nessie a Bella mientras Victoria monopolizaba la charla durante la noche, hablaron de viejos recuerdos que excluían a las otras dos chicas por completo—. Es como uno de esos vampiros de una vieja película de terror.
—Bueno, pues ellos no están a disgusto en su compañía —susurró Bella con desesperación. Los dos hombres sonreían mientras Victoria hacía otra de sus bromas. Era obvio que esa norteamericana había sido amante de Edward... y tal vez lo seguían siendo.
Por fin, la larga noche terminó y todos se despidieron al pie de la escalera. Edward hizo a un lado a Bella y les dio la espalda a los demás.
—Ya le dije a Christina que podrá levantarse de la cama siempre y cuando no se exceda trabajando —la vio asentir—. Lo siento, Bella. ¿Esta velada no fue nada divertida para ti, verdad?
—Está bien —habló con frialdad, pues no quería que él se diera cuenta de que la hirió el hecho de que le prestara tanta atención a Victoria—. No estoy aquí para divertirme.
—Victoria se adaptará en un par de días —comentó él a modo de disculpa, aunque entrecerró los ojos al oír la respuesta de Bella—. Lo que pasa es que esta noche está un poco emocionada. Hace, algunos meses que no venía a Grecia y teníamos muchas cosas que contarnos.
— ¿De veras? —no podía creer que Edward, que era un hombre muy inteligente, no pudiera darse cuenta de que Victoria era muy hostil hacia ella—. Bueno, ese no es un asunto de mi incumbencia, ¿verdad?
Se alejó de Edward y trató de no mostrar su enfado cuando la norteamericana la llamó con voz melosa.
—Buenas noches, Bella. Me da mucho gusto haberte conocido. Mañana charlaremos para conocernos mejor.
—Buenas noches, Victoria —se percató de que la pelirroja la miraba a ella y a edward con curiosidad—. Me temo que mañana trabajaré todo el día en los preparativos de la boda, pero puedes ayudarme si quieres.
—No hay problema —susurró, aunque sus ojos echaron chispas—. Estoy segura de que puedo convencer a Edward de que se tome el día libre para hacerme compañía. ¿Qué caso tiene poseer todo ese dinero si no puedes disfrutarlo de vez en cuando?
Edward negó con la cabeza y se puso serio .
—No puedo, Victoria. Hace una semana que no voy a la planta y tengo mucho trabajo. Sin embargo, estoy seguro de que a Bella le gustaría que la ayudaras. Y eso también se aplica a ti, Nessie. Ya es hora de que participes en todo lo relacionado con tu boda.
Nessie tan sólo subió a su habitación, mostrando así su opinión de la velada. Victoria tuvo que hacer un esfuerzo por conservar su buen humor.
—Pero si sólo te vi durante unas horas en el avión —protestó suplicante—. Debiste estar conmigo al menos por unas horas la semana pasada.
—Victoria, fui a los Estados Unidos en un viaje de negocios —fue paciente—. Y trabajé desde las siete de la mañana hasta la noche. No tuve tiempo.
—Está bien, querido —capituló con una sonrisa radiante. Lo tomó del brazo y lo condujo hacia la escalera—. Te perdono, pero tendrás que hacer algo para compensar tu falta de atención. Si sólo trabajas y no te diviertes —miro a Bella con astucia felina— Dile a Emily que mañana tomaré el desayuno en la cama, por favor, querida.
Bella se enfureció al ver que Victoria la trataba como si fuera una sirvienta. Fue a darle el mensaje a Emily, a quien no le gusto nada la idea. Sin embargo, Bella tuvo que reconocer que Victoria sabía manipular muy bien a la gente.
Los días que siguieron obedecieron a una rutina muy clara. Victoria bajaba a tomar el desayuno, vestida con un camisón muy revelador, y muy maquillada. En cuanto los hombres se iban a trabajar ella regresaba a su habitación. Salía de allí al mediodía y comía con Christina en la terraza. Luego, paseaba por el jardín o por la casa. Leía revistas de modas y le pedía constantemente a Emily bebidas de fruta fresca. Siempre estaba muy elegante y muy bien peinada. Y miraba con frialdad a Bella cada vez que se cruzaba con ella.
Nessie y Victoria decidieron ignorarse mutuamente, pero Victoria no podía dejar en paz a Bella. La miraba con malevolencia y le hacía comentados ácidos, pero con voz dulzona.
—Supongo que le debes estar muy agradecida a Edward ahora que te está dando la oportunidad de devolverle toda su generosidad -comentó el primer día, viendo como Bella enlistaba los regalos de bodas
— ¿A qué te refieres con eso? —Bella inhaló hondo y se dijo que debía tener cuidado.
Victoria sé acomodó en el sofá y encendió un cigarrillo.
—Bueno, me imagino que debiste sentirme muy mal al enterarte de que tu primita atrapó a Jacob para que se casara con ella —comentó con desprecio—. Y luego, al hecho de quedarte aquí semana tras semana, como si fueran unas vacaciones interminables...
Eso se alejaba tanto de la verdad que Bella perdió el habla por un instante.
—Las cosas no son así —se tensó—. Jacob y Nessie se aman y Edward me pidió que me quedara a ayudar con todo lo relacionado con la boda.
—.¿De veras? —echó a reír incrédula y siguió hojeando su revista.
Las noches eran insoportables. En cuanto Edward regresaba, Victoria lo envolvía como una planta trepadora y suspiraba, diciendo que estaba agotada. Bella empezó a evadir a Edward. Se iba a su habitación después de cenar y esperaba a que él se fuera a trabajar, antes de bajar a desayunar. La noche en que Edward regresó de su viaje, Bella había llorado hasta quedar dormida; pero ahora la envolvía una insensibilidad que la hacía sentir que vivía en el limbo. Sabía muy bien que él hacía lo que Victoria quería, mas no podía evitarlo.
Bella creyó que Edward no se daba cuenta de nada. Sin embargo, la cuarta noche, mientras ella se disponía a acostarse, oyó que alguien llamaba a la puerta. Pensó que debía de ser Emily que le llevaba un vaso de leche caliente. Christina insistía en que Bella se lo tomara, pues decía que la joven estaba perdiendo demasiado peso a últimas fechas. Bella se puso una bata corta, ya que estaba desnuda, y fue a abrir la puerta. Vio a Edward. Este estaba tenso y sombrío.
—Quiero hablar contigo —entró en la habitación y Bella cerró la puerta mientras percibía el olor del empalagoso perfume de Victoria en la ropa de Edward—. ¿Y bien? —la miró de modo intimidante—. ¿Vas a decirme qué es lo que está pasando o tendré que sacártelo con tirabuzón?
—No sé a que te refieres —mintió desafiante. El perfume le provocaba náusea.
— ¿De veras? — la miró con enfado, pero Bella se mantuvo erguida y alzó la barbilla—. Supongo que me estoy imaginando cosas, ¿verdad? —Endureció la expresión— Mira, jovencita, no voy a irme de aquí sino hasta que me digas por que huyes de mi como si fueras un conejo asustado cada vez que me ves.
Bella lo miró con rabia.
—Victoria ha insinuado que trabajas demasiado —señalo el— ¿Es cierto eso?
—Claro que no —negó Bella con enfado—, y sería mejor que ella no compartiera sus opiniones con nadie
—Dios mío —se paso una mano por el pelo, exasperado— Ella sólo estaba tratando de ayudar.
—Bueno, entonces es la primera vez que ella ha "ayudado" desde que está aquí —en cuanto hizo ese comentario, supo que se estaba condenando, a los ojo de Edward, como una mujer maliciosa y celosa.
—Mira, algo te está molestando y quiero saber qué es —fue brusco—. Cuando me fui, tú y yo nos entendíamos muy bien. Y ahora que he regresado...
La referencia a esa época en que Bella albergó tantas esperanzas para ellos dos la debilitó mucho. Preferiría morir que decirle a Edward que sufría mucho al verlo con Victoria...
—Estoy muy bien —fue fría—. El hecho de que no quiero pasar todas las horas en tu compañía no hace que yo sea anormal. A diferencia de lo que puedas pensar, no eres un hombre irresistible.
—No lo puedo creer -estaba perplejo y a punto de perder la paciencia—. ¿Quién demonios dijo que pasaras todas las horas del día a mi lado?
—Bueno, pues es obvio que tú no —replico, sin ninguna lógica: Sabía que no estaba siendo clara; pero ya no le importaba—. ¡Y, de cualquier manera, yo no querría estar contigo aun si me lo pidieras!
— ¿Ah, no? —apretó la boca. Antes que Bella pudiera reaccionar, la abrazó y la beso, de modo hambriento. La chica permaneció inmóvil por un momento, antes que la rabia la invadiera. ¿Cómo se atrevía Edward a pensar que podía prestarle un minuto de atención durante varios días y que luego ella se arrojara a sus brazos, agradecida cuando él se dignara a volver a reconocer su existencia?
Bella lanzó un puntapié. Edward profirió un gemido de dolor al ser golpeado en una espinilla. La abrazó con más fuerza mientras Bella forcejeaba y le golpeaba los músculos duros de la espalda. El la besó con crueldad, a modo de castigo.
Bella no se dio cuenta de que su bata se abrió hasta que Edward la hizo acostarse en la cama, arrodillándose sobre ella. Jadeante, él tomó los brazos de Bella y se los colocó sobre la cabeza. Mientras él contemplaba el cuerpo desnudo, Bella cerró los ojos para no enfrentarse a lo que sucedía. Una lágrima escapó de sus ojos y rodó por una mejilla, pero Bella no emitió ningún sonido. Estaba decidida a no aumentar su humillación al suplicarle a Edward que la soltara.
Los segundos transcurrieron hasta que él gimió de angustia y la soltó. Bella se acurrucó para protegerse de la mirada de Edward. Sintió que él le acariciaba el rostro mojado.
— ¿Qué es lo que me estás haciendo? —murmuró Edward. Habló con odio por sí mismo, pero Bella no pudo entender todo lo que él decía. Edward la cubrió con la bata y la hizo ponerse de pie para poder abrazarla.
Bella oyó los ensordecedores latidos del corazón masculino al apoyar la cara en su pecho. Se mantuvo rígida de miedo y de vergüenza hasta que Edward se apartó de ella. Sombrío, miró la palidez de Bella y sus labios hinchados y temblorosos.
—No te voy a insultar al pedirte que me perdones por lo que hice —susurró, angustiado—. Sólo te puedo decir que lo lamento mucho y que te prometo que no volverá a suceder. Si quieres regresar a Inglaterra, yo lo arreglaré todo para que te marches mañana mismo.
Bella bajó la cabeza y mantuvo los ojos cerrados.
—Me quedaré hasta el día de la boda. Cumpliré mi palabra.
Abrió los ojos al oír que la puerta se cerraba. Al ver el cuarto vacío, la embargó una gran soledad, sustituyendo al amor que sentía por Edward. Nunca lo perdonaría. Nunca.
Al día siguiente, Christina no comentó nada al ver las ojeras y los labios hinchados de Bella. Sin embargo, ésta sintió que la señora la miraba con preocupación mientras revisaba los pedidos para el banquete de bodas
Esa mañana, Bella se enteró de que Edward había salido temprano para hacer un viaje de dos días a una de las islas y que Victoria lo acompañó.
—Fue una decisión súbita —explicó Jacob con desaprobación.
Nessie tomó la mano de Bella y se la apretó. Bella se sintió un poco mejor, al ver que ellos se preocupaban por ella. No obstante, lo que sucedió la noche anterior entre ella y Edward le impedía concentrarse en sus tareas. Todas sus esperanzas yacían destrozadas a sus pies y ya ni siquiera eso le importaba. Parecía que una insensibilidad invadía sus sentidos como una anestesia reconfortante.
—A veces, compartir la preocupación la hace desaparecer —comento Christina cuando terminaron de hacer la última lista. Miro con compasión a Bella, pero esta no queria hablar con Christina, pues entonces se derretiría el hielo que protegía su corazón
—Vamos, Bella — insistió Christina— Se que estoy encerrada casi todo el tiempo en ese cuarto, mas no estoy ciega. No has sido la misma desde que Victoria llegó ¿Se ha estado portando mal contigo?
Bella sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas al ver que Christina se preocupaba por ella. Trató de salir de la habitación, pero Christina se puso de pie, le rodeó los hombros con un brazo y la llevó al balcón; donde había servido un poco de café.
—Bueno, vamos a llegar al fondo del asunto —comentó Christina después que Bella tomó un sorbo de café caliente—. No dejes que Victoria te moleste, querida. Ella se porta igual con cualquier mujer atractiva y soltera que tenga menos de sesenta años. No lo hace por ti personalmente.
—No sólo se trata de ella —susurró Bella.
— ¿Es Edward? —Inquirió y sacudió la cabeza—. Supongo que te está presionando. La paciencia nunca ha sido una de sus cualidades, ni siquiera cuando era niño.
— ¿Presionando?
—Bueno, creo que ya sabes lo que él siente por ti, ¿o no? —Christina estaba exasperada, pero Bella no sabía a qué se refería y la miró, confundida—. ¿No sabes que tú le importas mucho? — se sorprendió la señora—. ¿No has notado cómo le cambia la expresión cuando te mira ?No, tal vez no lo has notado —comentó al ver a Bella.
—Usted se equivoca —repuso ansiosa, la joven—. Edward no me prestado la menor atención desde que Victoria está en la casa y sé la ha llevado de viaje. Hay veces que estoy segura de que él me odia—su labio inferior tembló.
-El odio es el hermano del amor —señaló Christina—. Es muy fácil confundir uno con otro.
-Edward no me quiere —protestó triste—. Creo que yo ni siquiera le agrado. Lo atraigo físicamente porque me parezco mucho a Tanya, pero cada vez que estamos juntos, siempre discutirnos.
— ¿Y tú? —la miró con detenimiento—. ¿Tú qué sientes?
Bella se sonrojó y luego palideció al mirarla a los ojos. Sería un alivio desahogarse con alguien en quien pudiera confiar.
—Lo amo mucho —tartamudeó al fin— Pero por favor, no se lo diga. Eso lo abochornaría y lo molestaría y no quiero que sienta lástima por mí.
—No le diré nada —declaró Christina—, porque tú se lo dirás en cuanto él regrese.
—No puedo —estaba muy apesadumbrada—, ¿No se da cuenta, Christina? Se fue con Victoria de viaje, los dos solos.
— ¿Cómo sabes que fue únicamente con ella? —fue directa—. ¿El te lo dijo?
—Bueno, no. Yo sólo me imaginé que...
—Si quieres saber mi opinión, creo que todos hemos imaginado muchas cosas. Y Victoria sólo ha venido a empeorar las cosas. Créeme Bella, si Edward la quisiera, habría podido casarse con ella hace muchos años. Es cierto que al principio fueron algo más que amigos, pero Edward perdió el interés por ella muy pronto. Por desgracia, Victoria es tan tenaz como un pulpo cuando sus tentáculos se apoderan de algo. Me temo que así es su familia —comentó.
—Yo he tratado de odiarlo —susurró Bella, sintiendo una esperanza en el interior—, pero no puedo. Aun cuando él es... —negó con la cabeza— Yo lo sigo amando.
—Entonces, díselo Bella, él es un hombre muy orgulloso y quedó muy herido una vez por una mujer. Edward no cometerá otra vez el error de mostrar sus sentimientos. Tú tienes que hacerle entender lo que sientes.
—No creo que pueda —murmuró.
—Eso lo tienes que decidir tú —la miró con dureza—. Eso depende de cuánto lo quieres.
Ese día fue interminable. Al anochecer, Bella, exhausta, no fue a cenar. Se quedó dormida en cuanto se acostó en la cama.
Al día siguiente, estaba más descansada y segura de sí misma. Sin embargo, conforme transcurrieron las horas, la invadió una tensión nerviosa que le impedía concentrarse y que le aceleraba el corazón. Por la tarde, Bella fue a dar un paseo al puerto y vio cómo se ponía el sol.
Regresó a la villa por el jardín... el aire estaba fragante con el aroma de las rosas y de la madreselva que crecían en los resquicios del muro Bella contempló la vista desde el jardín, escuchando el canto de algún pájaro solitario.
—Me imaginé que aquí estarías —comentó una voz de acento norteamericano Bella se volvió y vio que Victoria se acercaba a ella.
— ¿Sí? —alzó la barbilla y enderezó los hombros, como si se dispusiera a pelear. Victoria se percató de ello, la miró con frialdad y sonrió con burla.
—Edward me informó que te irás después de la boda, que hay alguien que te espera en Inglaterra.
Bella tan sólo se encogió de hombros. La voz amistosa y forzada de Victoria la estaba irritando mucho.
Victoria bajó la vista y tomó una flor de una hendidura en el muro, aplastándola sin ninguna consideración.
—Lo que pasa es que tengo que darte una noticia que te emocionará mucho. Y si te vas, no te enterarás de qué se trata... por ahora, es un secreto.
— ¿Por qué me lo vas a decir si es un secreto?- se tensó Bella y se estremeció de aprensión. Victoria parecía estar muy satisfecha consigo misma y eso no le agradó a Bella
—Yo sé que debo de parecerte muy poco leal, pero tengo que decírselo a alguien. Además, no sería justo contigo que fueras la última saberlo. Después de todo, serás un miembro lejano de la familia después de que tu prima se case con Jacob, ¿verdad? — le sonrió y Bella vio en sus ojos un brillo de crueldad—. Edward insiste en que debemos hacer el anuncio después de la boda... para que la pareja de recién casados conserve toda su gloria y nada opaque la ceremonia.
— ¿Anuncio? —palideció mucho, aunque el orgullo la hizo hablar con firmeza.
—Apuesto a que ya lo adivinaste —sonrió Victoria y abrió sus ojos con inocencia—. Edward me pidió hoy que fuera su esposa.
Bella miró con incredulidad a la otra mujer. Abrió la boca para hablar y en ese momento Victoria le enseñó una cajita. Adentro, había un hermoso anillo.
—Es bonito, ¿verdad? —murmuró Victoria.
Bella sintió que se quedaba helada al ver la enorme esmeralda rodeada de diamantes.
—Claro, hace años que todos saben que Edward y yo nos casaríamos algún día —prosiguió— Sin embargo, Edward necesitaba establecer su negocio de tal manera que pudiera dejarlo en manos de alguien más mientras él formaba una familia. Claro que eso no podía continuar de manera indefinida y hoy decidimos que ya no podemos esperar para siempre.
Victoria vio el rostro impresionado y pálido de Bella. Satisfecha por el efecto que provocó en la joven su noticia, se dirigió de nuevo hacia la casa, metiendo la cajita del anillo en el bolsillo de su chaqueta de seda.
—No lo olvides, no debes decir nada. No me gustaría ser yo quien echara a perder la boda de Nessie.
A solas, Bella se sentó en la silla más cercana y fijó la vista en la oscuridad. Después de todo, Christina se equivocó. "Debí saberlo", se dijo atónita y triste. "¿Qué buscaría un hombre como Edward en alguien tan insignificante como yo?".Por unos momentos, su autoestima cayó al pozo que Victoria creó con sus palabras. No obstante, Bella recuperó su sensación de valía. No dejaría que eso la destruyera. Sonreiría y charlaría durante los próximos días, antes de irse a Inglaterra. Allí, a solas, curaría las heridas. Había logrado sobrevivir antes de conocer a Edward, lo haría también cuando dejara de verlo.
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Hola! Chicas!! Como estan?? Yo pes muuuuuy bien! Hoy se cumple 1 año y 4 meses desde q mi mozo novio me ama!! ^-^ Y toy muy contenta, ademas ya termine todas mi tareas!!! Disculpen por no subir el cap antes, pero o se iba la luz o el inter o me iba con mi familia por alli!!
En fin espero que les haya gustado este cap! Victoria q tal???? jejeje La kelo!!
Review, review, review!! WIIiiiiiii!!xoxoxox
100% Magia y Amor
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