Novela: Luces lejanas.

Capítulo 7. Paseos.

Al mirar por la ventanilla pude observar a Jasper, que se iba a paso tranquilo por a través del aparcamiento, hacia el Porshe amarillo. Luego, comenzamos el trayecto hacia el centro del pueblo. Pasamos por el hospital, nos contaron que allí trabajaba Carlisle. También nos llevaron a recorrer las tiendas y los restaurantes, sobre estos últimos nos dijeron que el mejor era el restaurante a donde habíamos ido con Jasper, y que, según ellos, los demás eran de muy mala calidad. Después, pasamos por el instituto. Aparcaron el coche en el estacionamiento y bajamos corriendo, porque estaba lloviendo. Al entrar, caminamos por unos pasillos, vacíos obviamente por ser vacaciones. Paramos en la puerta que daba a una oficina, donde había una mujer un poco baja, sentada detrás de un escritorio y tecleando en una computadora que estaba sobre una mesita a su izquierda. Entramos y la mujer dio un respingo por no habernos sentido.

-Lamentamos asustarla, Sra., es que hoy llegaron las dos nuevas estudiantes provenientes de Phoenix, Isabella y Ashley Swan. – Empezó Emmett. Me sorprendí un poco, porque nunca lo había escuchado hablar, pero él estaba tranquilo, como si nos conociéramos de toda la vida. Bueno, según lo que ellos decían sí, pero según mis recuerdos, no. – Y decidimos traerlas para que firmen los papeles y obtengan su horario de clases.

-Bella. – Interrumpí con un hilo de voz. No me gustaba contradecir a mis nuevos amigos, no tenía planeado terminar peleada con ellos por un simple estupidez como que dijeran mi nombre completo, así que me esforcé para sonar tranquila, nerviosa, pero tranquila.

-Sí, lo siento. Bella. – Se corrigió en seguida, mostrándome una ancha sonrisa al tiempo que Alice se reía por lo bajo de mi corrección. Ella pareció saber desde un principio que no me gustaba mi nombre completo, no estaba muy segura cómo, pero lo sabía.

-Está bien. – Aceptó la secretaria cuando se recompuso del susto. – Aquí están. – Anunció al tiempo que sacaba unos papeles de un cajón del escritorio y nos lo entregaba. Recién ahí me di el lujo de observar la habitación. Era bonita, de color púrpura, bastante ordenada, a pesar de los montones de papeles que se hallaban desperdigados por el piso – Deben firmar esto… y estos son sus horarios.

Yo tenía sueño y estaba cansada, así que ni leí lo que tenía que firmar. Ashley tampoco. Luego, le devolvimos a la mujer los papeles y tomamos los horarios que ella nos ofrecía. Ni los miramos, simplemente los metimos en la cartera de Ashley, ya que yo había dejado la mia en el Jeep.

-De acuerdo, creo que eso es todo – Comentó la secretaria mientras se sentaba nuevamente en el escritorio. – Obviamente sabrán que las clases empiezan el lunes, ¿no? – nosotras sólo asentimos. – Genial. Entonces el lunes vengan por aquí al horario de la entrada que les doy el comprobante de asistencia. Deberán entregármelo al culminar el día. – Nosotras volvimos a asentir, como robots.

-Adiós. – Dijimos a coro y comenzamos a caminar hacia la puerta. Escuchamos un débil saludo de despedida por parte de nuestros amigos, pero no nos dimos vuelta, sólo seguimos andando.

Caminamos hasta llegar al Jeep, pero al llegar vimos que Emmett ya estaba allí, con el motor en marcha y sonriendo de oreja a oreja.

-¿Cómo es que has llegado tan rápido, Emmett? – Pregunté incrédula, sin entender nada.

-Son años y años de venir a este instituto. – Luego rió estrepitosamente. – No, mentira. Es que este año he descubierto unos pasadizos secretos que van desde el interior del edificio hacia fuera, y me he empeñado en usarlos. Es divertido. – Rió más fuerte aún.

-Tienes razón. Debe ser algo muy divertido para ti. Creo que serías capaz de hacerlos tu mismo con tal de hacer reír a alguien. – Comenté mientras se me escapaba una sonrisa y Ashley disimulaba una carcajada mi lado, tapándose la boca con las manos.

-¡Si! – Exclamó Emmett al cabo de un momento, después de pensarlo un poco. – Esta misma noche me escabullo de casa con una pala y hago algunos más, ¿Qué les parece? – Sus ojos brillaban de alegría.

-Oh, no. No lo harás.- Lo interrumpió Rosalie. – Hoy te toca a ti ir al bosque a buscar algunos troncos para la estufa. – Vi que Emmett estaba a punto de protestar, porque ya tenía la boca abierta y sólo le faltaba pronunciar las palabras, pero Rose lo interrumpió. – Nada de peros Em, vas a ir sí o sí. – el aludido hizo una mueca de disgusto, pero no dijo nada más, esperó a que todos entráramos al vehículo y comenzó a manejar.

Pasamos lo que quedó de tarde recorriendo el pueblo, visitando algunos lugares a los que acudiríamos normalmente, como el café de la esquina del instituto, el shopping y algunos sitios más. Cuando ya estaba anocheciendo, pasaron por casa a dejarnos. Ashley y yo nos despedimos de nuestros nuevos amigos y bajamos del Jeep cansadas por el día que habíamos tenido. Pero Emmett se bajó al mismo tiempo y abrió la valija. Ahí nos dimos cuenta de que nos habíamos olvidado de los bolsos. Emmett los descargó del Jeep y los dejó en el suelo. Sonrió de oreja a oreja y se fue con paso rápido a la puerta del piloto, que todavía estaba abierta.

Ashley y yo nos miramos y tomamos los bolsos sin ganas. Al llegar a la puerta, nos detuvimos agotadas. Tomé como pude las llaves de mi cartera y abrí la puerta. La luz estaba apagada, así que la prendí de un codazo. Detrás de mí, Ashley cerró la puerta. Al entrar, nos invadió de golpe el olor de Charlie, más o menos el mismo que tenía en su camisa ese día en la mañana. Era un perfume que el habíamos regalado hacía casi cuatro años, en las vacaciones de verano. Me sorprendió que aún lo tuviera, pero conociendo a Charlie, era de esperar. No era muy común que usara algún tipo de perfumes.

-¿Quieres algo de comer? – le pregunté en voz de grito a Ashley mientras tiraba los bolsos en mi cuarto. Éste aún tenía todo violeta, mi color favorito. Charlie había comprado todo de ese color cuando nací, de ahí que me gustara. Ashley apareció en seguida a mi lado, pero no respondió.

-¿Y bien? ¿Quieres algo? - Demandé al ver que no decía nada. Yo la verdad que no tenía ganas de cocinar, pero me sonaba el estómago, lo cual me ponía normalmente de mal humor, así que me rendí.

-Si, está bien. Spaghetti, ¿puede ser? – preguntó poniendo cara de cansada y recostándose en el marco de la puerta.

-Por supuesto. Haré dos fuentes porque después viene Charlie y va a estar muerto de hambre. ¿Puedes prender la cocina por mí? Yo ya voy.

-De acuerdo. Ya vuelvo. – Al decir esto, se marchó escaleras abajo hacia la cocina. Yo me acerqué lentamente a la ventana para mirar hacia fuera, pero casi no se veía nada, ya estaba demasiado oscuro. Caminé marcha atrás hasta toparme con mi cama. Cerré los ojos y me dejé caer en ella. Esa noche sería una tortura. No lograría dormirme jamás con todas las cosas que tenía para pensar. A los cinco minutos apareció Ashley en la puerta. – Ya prendí la cocina y le puse el agua a la olla, ¿ok?

-Gracias. –Dije levantándome de un salto. – Mirá tele si querés. Yo te aviso cuando esté la comida pronta, ¿ta? Quizás demoro un poco más porque no estoy acostumbrada andar por esta casa y todo me parece diferente.

-De acuerdo. Luego de comer tenemos que hablar sobre Alice, tengo algunas dudas sobre ella.

-Ya somos dos, Ash, ya somos dos. Pero veremos que hacer, ¿está bien? – Comenté mientras le sonreía y me acercaba a abrazarla. Luego de separarnos, ella se encaminó hacia el pasillo.

-Bien. Cualquier cosa, estoy en el sillón viendo tele. – Al decir esto, salió a la carrera por la escalera y hasta pude oír el golpe sordo que produjo al tomar impulso y caer sobre el sofá. Espero que no siga haciendo eso, pensé, porque no va a durar mucho más de ser así. Me reí un poco ante la idea de que se cayera al piso si se llegar a romper el sillón, o que le errara al cálculo y se diera de cara contra el piso. Luego, me acerqué a la baranda de la escalera y me subí a ella, como cuando era chica, y me deslicé hasta el primer piso. Al llegar, me dije que no podía ser tan infantil, traté de dejar de reírme y me dirigí con paso decidido hacia la cocina.

Luego de comer, nos sentamos en el sofá grande que había en el living. Era realmente cómodo y bonito, de color negro brillante. Prendimos la tele y nos quedamos calladas. Bueno, durante la cena tampoco habíamos hablado mucho. Charlie había llamado y había dicho que iba llegar de madrugada, porque había tenido que ir a Seattle y aún tenía para rato por allí. Así que, después de lavar los platos no había nada que hacer y ninguna de las dos tenía deseos de hablar sobre lo que había pasado ese día.

-A ver, explícame, ¿Qué sucedió? No entiendo nada y eso como sabrás me pone muy nerviosa. – estalló de pronto Ashley apagando la tele y volteándose en el sillón hacia mí.

-Realmente no lo sé. Es todo tan extraño… Además vos viste como Edward salió pitando hacia la carretera… No entiendo yo tampoco por qué se fue. Ni a qué se refería cuando dijo que lo que le había hecho a Alice había sido por su bien. Por otro lado, si presto atención y trato de recordar a alguna Alice, la única que recuerdo tenía catorce años cuando nací yo y quince cuando naciste vos. Ella era idéntica a la Alice de ahora y vivía donde Alice dice que vivió antes… Además, a pesar de reunir todas las características de la Alice que recuerdo… ella debería tener catorce años más que yo, no mi edad. No comprendo nada. Para colmo, no recuerdo que esa Alice tuviera hermanos…

Ashley se tomó su cabeza entre las manos. Parecía a punto de llorar, pero su respiración era normal, no agitada. Lentamente, levantó la vista hasta posarla en la ventana. Afuera ya era una negrura total y no se distinguía nada. Era aún temprano, las diez de la noche, más o menos.

-Yo también recuerdo exactamente lo mismo. Pero ahora… ¿Qué hacemos? Quiero decir… ¿Andamos con ellos? ¿Nos alejamos? ¿Les seguimos la corriente? ¿O les decimos lo que pensamos sobre Alice? Yo no me quiero alejar de ella, a pesar de todo parece buena…

-No tengo muy claro que debemos hacer. Por lo pronto, deberíamos seguirles la corriente, como si les creyéramos, sin preguntar demasiado, limitándonos a escuchar simplemente. Si seguimos viendo ese tipo de comportamiento, bueno, tendríamos que comenzar a investigar qué es lo que sucede. Pero por ahora vamos a escuchar, capaz que dicen algo más que nos da una pista…

Mientras que yo terminaba de hablar, unos débiles, pero insistentes golpecitos en la puerta principal me interrumpieron. Ash y yo nos miramos sorprendidas, no esperábamos visitas. Lentamente, Ashley se paró y caminó hacia la puerta. Al llegar a ésta se dio la vuelta y me miró. Yo asentí y ella movió el pestillo hacia abajo, con cautela, pero aún sin separarla del marco. Pero de repente algo sucedió.

La puerta se abrió de golpe y entro un muchacho alto, de tez un poco morena, pelo un poco largo, pero de todas formas bastante corto, y el torso desnudo, sólo con un short de color de un vaquero que le llegaba un poco más arriba de las rodillas. Entró como bala, dejando atrás a Ashley, como si la puerta se hubiera abierto sola y no la hubiera visto allí. Pasó por delante de la mesa ratona y se ganó delante de mí. Me estudió unos segundos con su mirada y una sonrisa en sus labios y me tendió las manos para que las tomara y me moviera de allí. Yo me quedé quieta, como una estatua, ya que no sabía quién diablos era. Me ignoró y tomó mis manos, levantándome de repente y con fuerza, y antes de que pudiera reaccionar me atrajo hacia él en un cálido abrazo. Cuando me envolvió con sus manos grandes y me apretó contra su pecho, no pude contener la sensación de que lo conocía, así que rodeé su espalda con mis brazos, sin saber muy bien la razón, durante unos minutos. Luego, delicadamente, me separé de él para observar su rostro. Noté un movimiento a mi derecha, sí, Ashley nos había dejado solos. Mi respiración se cortó al ver ese par de ojos que me miraban intensamente. Claro que lo conocía. ¿Cómo podría olvidar ese par de ojos? Como pude, me forcé a hacer que el aire entrara hacia mis pulmones, aunque no tenía muy claro como hacer eso.

….

Espero que les haya gustado, si puedo mañana subo otro capítulo (: Gracias por los comentarios! (: