Habían pasado tres días desde el "incidente de los fluorescentes" – así era como Blair había llamado a aquello-. Y podía jurar por Christian Dior que nada en el mundo le había sido tan difícil como la tarea de resistirse a los encantos de Serena desde aquel día. Tres días, parecían pocos, sólo se tardaba un segundo en decirlo: tres días. Pero la desesperación que le había causado cada segundo de esos días se le había hecho eterna.
Claro que, considerando que hablamos de Blair, y más particularmente de su obsesión por Serena, hay que cambiar la palabra desesperación por satisfacción. Solo que el consciente de Blair no le dejaba hablar al subconsciente, y en su mundo perfecto no estaba nada bien disfrutar con las atenciones que últimamente le brindaba su mejor amiga.
Quedaron en el hotel para seguir terminando el trabajo de Ciencias Políticas, pues la madre de Blair había vuelto de París esa misma mañana y la mansión Waldorf era un hervidero cada vez que su madre estaba en casa.
Llegó una hora antes de la acordada, pensando que así pillaría a Serena desprevenida y no le daría tiempo a planear nada que implicara dejarla con esa sensación entre las piernas. De este modo, se dedicarían al trabajo, pues de ninguna manera pensaba volver a la mansión Waldorf con una nueva fuente inagotable de fantasías. Tenía una meta: el socialismo. Y una finalidad: no acabar perdida entre los labios de Serena.
Sin embargo, llevaba media hora esperando en el sofá de la suite de los Van Der Woodsen desde que Eric le abrió la puerta, y Serena todavía no había aparecido. Eric le dijo que su hermana había salido a correr hacía una hora, y que estaría a punto de llegar. Blair se sentó a esperar, rebosando triunfo porque, en principio, le había salido bien la jugada. En principio. Pues estamos hablando de Serena.
Y Serena entraba en aquel momento, cerrando la puerta tras de sí, gritándole a su hermano que había vuelto a dejarse la puerta abierta, más alto de lo normal, pues aún no se había quitado los auriculares del iPod.
Blair la vio desde el sofá. Pantalón ajustado de chándal, que le marcaba el culo como nunca. Top blanco de tirantes, que dejaba ver sus hombros. El pelo recogido en una cola alta, algunos mechones de pelo rebeldes sobre su cara. Y sudaba, eso estaba excitando a Blair sobremanera, que ya solo respondía al cuerpo de Serena, que era tan perfecto que dolía. La vio cómo se acercaba a la cocina y cogía una botella de agua de la nevera, bebía con tanta avidez que se le escapaban algunas gotas de la boca y estaban mojando el top que tan bien le sentaba. Cuando miró hacia el salón, vio a Blair acercándose a ella. Muy sorprendida de encontrarla ya en la suite, dejó la botella en la encimera, sin dejar de mirar a Blair, que iba hacia ella con una mirada hasta entonces desconocida, y el cuerpo le tembló, se volvió impaciente, porque supo que Blair iba a besarla. Así, directa y decidida. Iba a besarla, y Serena tuvo que apoyarse en la encimera, le estaban fallando las piernas. Por fin iba a besarla.
Nunca imaginó que su primer beso con Blair iba a ser justo después de haber estado corriendo una hora, toda sudada y en chándal. Por dios, si Blair odia los chándal. Al menos es Nike. Serena seguía mirando a Blair, cuando la tuvo a dos segundos de su boca, ésta bajó la cabeza como si se avergonzara de su comportamiento, y Serena, de vuelta a la realidad, escuchó la voz de su hermano, que estaba plantado entre el salón y la cocina. Y lo maldijo interiormente. Esto no iba a perdonárselo jamás.
- ¿Qué dices, Eric? – le preguntó mirándolo con odio.
- Que Blair llegó hace media hora, pero ya que te lo cuente ella.
- Sí, mejor- le contestó diciéndole que se fuera con la mirada.
- Me ducho y estoy contigo, ¿vale, princesa? – se dirigió a Blair cuando Eric se marchó.Pero Blair no respondió, seguía mirando las baldosas del suelo de la cocina – ¿Blair? – Esta vez sí respondió, sin dejar de mirar el suelo.
- ¿Qué?
- Que me ducho en 10 minutos y nos ponemos con el trabajo. Venga.
- Ok, te espero allí sentada. Total, unos minutos más ya me dan igual.
- Oye, lo siento, pero has venido antes de tiempo.
- Lo sé, es que mi madre estaba insoportable – mintió para excusarse.
- Bueno, ahora me cuentas.
Sí, luego le iba a contar, y más le valía no parar de contarle, porque volver a perder el control no estaba dentro de sus planes. Tenía una misión, y besar a Serena no era ni de lejos ajustarse a lo planeado.
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N/A: Algo cortito que tenía escrito desde hace tiempo, para que no os olvidéis de mi Waldsen. Pronto seguiré con esta historia, que la he dejado un poco de lado, y no puedo permitirme eso.
