JAIME

"Has cambiado…" Las palabras de Cersei retumbaron en su mente en un eco que parecía extenderse hasta el infinito. Tenía un par de días de haber vuelto a King's Landing y su vida ya se había transformado en un infierno. Le hubiera gustado culpar a Vargo Hoat por cortar su mano derecha, o a Lady Catelyn por liberarlo y dejarlo a merced de salvajes como los Brave Companions, o decir que todo había ocurrido por la necedad de Brienne al negarse a desencadenarlo, si no hubiera sido por ella tal vez no los habrían atrapado…

Pero Cersei tiene razón, cambié y de eso el único culpable soy yo –vio el muñón descansando sobre la mesa blanca de la White Sword Tower, hogar de la Kingsguard, y arrugó la frente—Cambié, mi hermana me lo recrimina y yo peleó con mi señor padre

Durante el camino de Riverrun a King's Landing el mundo se había destruido para rehacerse en algo que Jaime no alcanzaba a reconocer. Él nunca más sería el espadachín que había sido nombrado caballero a los cinco y diez años, su primogénito Joffrey, estaba muerto, su hermano Tyrion enfrentaba un juicio por envenenar a su sobrino, Robb había contraído matrimonio -sólo los dioses sabían porqué- con Jeyne Westerling— Se volvió loco para insultar a los Frey de esta manera –pensó sintiendo un vacío en la boca del estómago con sólo pensar en todas las cosas que podrían salir mal para Stark después de esto.

El mundo no era el que conocía. Ahora se preocupaba por las decisiones que tomaba Robb y no disfrutaba más el poseer a su hermana. Casi volvió a sentir el terrible dolor en su mano al recordar como Vargo Hoat la había cercenado, había creído que enloquecería, no veía sentido a su vida y, por largas horas de agonía, no supo más quién era él. Sólo dos cosas lo habían sostenido: la necedad de Brienne por traerlo con vida a King's Landing, para no faltar a su palabra, y la otra…

La otra razón fue Robb –sabía que Lady Catelyn jugaba un doble juego al liberarlo. Por supuesto que deseaba con todas sus fuerzas ver a sus hijas una vez más pero, también lo quería lejos de su hijo. Cuando subió a la barca, con su primo Ser Cleos, y Brienne, debió sentirse feliz por dejar su jaula y sin embargo no lo estaba. No podía sacarse de la cabeza la ira de Robb, sus palabras y el odio con el que descargó su espada contra los barrotes de madera. Por un instante había estado seguro que lo iba a partir a él, y tal vez esa había sido su intención.

Jaime quería mentirse diciendo que no le importaba lo que Stark pensara, después de todo había arrojado a Bran por la ventana por amor…porque era amor lo que sentía por su hermana ¿verdad?.

Pero si eso es cierto, ¿por qué duele tanto saber que él me odia ahora? –quería verlo una vez más y explicarse, decirle a Robb que…¿qué exactamente?, no tenía excusa ¿qué clase de caballero arroja a un niño por la ventana?— El Kingslayer, esa clase –era una esperanza tonta pero no quería morir sabiendo que Robb lo odiaba, tal vez lo despreciara aún más después de hablar con él pero debía intentarlo. Y eso era lo que lo había mantenido con vida todos esos días.

Cuando llegó a King's Landing no perdió tiempo en buscar a Cersei, necesitaba yacer con ella para encontrarse así mismo nuevamente y no le importó si estaban en el Septo con el cadáver aún tibio de su hijo, tenía que sacar a Robb de su cabeza y de su corazón—.Pero eso no me ayudó –incluso su hermana lo había notado. Muchos días, penurias y dolor después al fin podía ver cual era la verdad— Me enamoré de Robb –rió casi histéricamente sintiéndose el más grande idiota que alguna vez pisara los Siete Reinos— Deberían darme mi propio traje de bufón con sombrero de campanitas incluido –¿qué clase de idiota se enamora de su captor, de su enemigo, de quién lo humilló y derrotó?.

Si creyó que todos sus problemas se solucionarían cuando volviera a King's Landing no pudo estar más equivocado. Estando cautivo no deseaba más que ver a su hermana nuevamente y estando con su gemela no podía dejar de pensar en Robb, estando dentro de ella no podía dejar de anhelar estar dentro de su Joven Lobo— Quien haya dicho que la magia no existe no conoce a Robb, porque de alguna forma logró embrujarme a mi. Debería estar más preocupado por el destino de mi hermano o sufriendo por la muerte de mi hijo y en vez de eso no dejo de pensar en él.

La fuerza de la costumbre le hizo golpear la mesa con su brazo derecho y un agudo dolor le recorrió el brazo, como si agujas se le enterraran debajo de la piel. Se estaba volviendo loco y si no actuaba pronto sólo sería peor. Al final tomó una desición, permanecería en King's Landing sólo hasta que el juicio de Tyrion concluyera y después…después buscaría a Robb.

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Ese día Cersei lucía hermosa vestida de blanco, de pie en su habitación con cortinas y decorados en el mismo color. Las esmeraldas que adornaban a su hermana no hacían más que resaltar el color de sus ojos, tan parecidos a los suyos y, a la vez, tan diferentes. Su hermana era una visión de belleza sublime, pero él ya no la deseaba; incluso encontraba fastidiosa la forma en la que lo presionaba para que arreglara sus problemas, buscándolo sólo cuando lo necesitaba—. Y esta vez me necesita porque nuestro señor padre quiere encontrarle un nuevo marido y sacarla de la corte…no que yo lo culpe –y ella parecía no escuchar o no querer entender que él tenía sus propios problemas con su señor padre y no podía ayudarla en esta ocasión.

— Son tus hijos también, ¿cómo puedes permitir que me separen de Tommen? –su hermana continuaba insistiendo. Era como un cuchillo clavado en la carne, hundiéndose cada vez más, molesto y doloroso.

— No son mis hijos, tan sólo mi semilla. Tú te encargaste de eso cuando ni siquiera me permitiste cargarlos al nacer –Cersei acortó la distancia entre ellos y lo abrazó, un movimiento tan repentino como inesperado y aquello lo desarmó. Jaime podía sentir su suave busto contra su pecho y el dulce aroma de su cabello llenando sus sentidos. Ésta era la Cersei que había extrañado, amado y deseado.

Si ella fuera siempre así, si fuera como Robb, podría amarla con toda el alma –pensó, devolviéndole el abrazo.

— Jaime, te necesito, necesito a mi otra mitad –Cersei sonaba tan vulnerable, aferrándose a él con miedo de soltarse y que la marea se la llevara y eso lo conmovió. Pronto se encontró acariciando su espalda, sintiendo su sedoso cabello bajo sus dedos.

— Entonces déjalo todo –susurró con voz cargada de cariño— Hagamos como los Targaryen, cásate conmigo y…

Su hermana lo apartó como si tuviera peste gris, en un instante cambiando no sólo su tono de voz, su expresión, sus emociones, todo.

— ¿Enloqueciste?, nosotros no somos Targaryen, y ya me estoy cansado de recordártelo –en un parpadeó su dulce amante se convirtió en la leona que era la reina regente— Todo el poder que tiene Tommen viene de Robert, ¿cómo puedes pensar en hacer público lo nuestro? Nuestros enemigos nos destruirían.

¿Nuestros enemigos o los tuyos? –dolió darse cuenta de que clase de persona era su hermana. No estaba enamorada de él, estaba enamorada de si misma y sólo ahora caía en cuenta de esta verdad—. Soy su gemelo, le gusta estar conmigo porque se ve a ella misma al compartir mi cama y lo que pudo ser ella de haber nacido varón –sí, dolió pero todas las verdades duelen.

— Él lo arriesgó todo por mí –dejó escapar sin darse cuenta. Robb era capaz de amarlo como siempre había deseado que su hermana lo hiciera.

— ¿Él? –Cersei lo observó intrigada— ¿Quién es él? –. Jaime guardó silencio y su hermana comenzó a impacientarse, demasiado acostumbrada a pedir y obtener en un parpadeo— ¡Por los Siete Infiernos!, ¡habla!. Al menos me debes eso. ¿Quién es él?.

Tiene razón, es mi gemela y mi amante, le debo una explicación. ¿Pero cómo explico ésto? –se dijo, por una vez en su vida no sintiendo miedo pero sí ansiedad.

— Me enamoré, Cersei –su hermana lo vio como si le hubiera clavado su espada en el corazón, con silenciosa confusión, sorpresa y reproche— Yo no lo busqué, sólo ocurrió, pero…

— ¿Quién?, ¡¿QUIÉN? –estaba seguro que sus gritos despertarían a todos sus Hermanos en la White Sword Tower, pero no tenía cómo reprochárselo pues, en su corazón sentía que la había traicionado.

— Robb Stark –toda la ira de Cersei se esfumó y hasta el mismo aire pareció desaparecer en el instante que el mundo entero se detuvo. Su hermana estalló a carcajadas y aquello le resultó aún más perturbador que su enojo.

— Eres un hermoso tonto –rió Cersei, escondiendo la boca detrás del dorso de su mano— Robb Stark… –rió como si nunca antes hubiera escuchado algo tan gracioso— ¿Te cortaron tu masculinidad además de tu mano? –sus burlas comenzaban a enfadarlo.

— ¡Basta!.

— ¿Qué te hicieron los Stark?, ¿en qué momento el Rebelde en el Norte te… —la risa cortó sus palabras—…sedujo?. ¡Que patético se escucha!, ¿tan desesperada es la lucha en el norte que Stark se está vendiendo como ramera?.

La ira, caliente y peligrosa como el acero en un bracero, creció dentro de él.

— No vuelvas a hablar de Robb de esa manera –se movió y en dos zancadas ya estaba sujetando a Cersei del brazo. Su voz destilaba peligro y no sabría decir si fue eso o sus palabras las que dejaron a su hermana sin aliento. Cientos de pensamientos cruzaron la mente de su gemela, podría saberlo con sólo verla, pero ninguno habló.

— Te desconozco –Cersei rompió con la pesada atmósfera, hablando apenas con un hilo de voz.

— O tal vez nunca me conociste –su hermana se liberó bruscamente de su agarre y caminó hacia la puerta entre el susurro de sus faldas, azotándola al salir con tal fuerza que ahora sí estaba seguro de que sus Hermanos la habían escuchado.

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Estaba seguro de que Cersei creyó que bromeaba cuando dijo que se había enamorado de Robb Stark, que lo decía para molestarla pero, conforme transcurrieron los días fue claro que hablaba muy enserio. Era increíble como un rostro que antes le produjera tanto amor y desea ahora sólo le hacía enojar. Evitaba a su gemela siempre que le era posible, la contradecía y pronto la reina regente se hartó: "Has cambiado…"– sí dulce hermana, cambié y pronto me marcharé también.

Le tomó un par de días decidirse a buscar a Lord Varys, después de que el príncipe Oberyn Martell exhalara su último aliento, y de estar seguro que su hermano sería ejecutado. No podía dejar morir a Tyrion y no lo haría. Reducir a Varys a una masa temblorosa fue sencillo, incluso con una sola mano, presionar la hoja contra su cuello no le requirió esfuerzos. El eunuco aceptó ayudarlo y él estaba listo para marcharse cuando algo, un presentimiento quizás, lo hizo detenerse con la mano en el pomo de la puerta.

— ¿Tus pajarillos te lo dicen todo? –la pregunta desconcertó a Varys. El eunuco tenía un pañuelo contra su cuello, donde la daga de Jaime había mordido su carne, y aún lucía un tanto alterado después de ver su propia sangre.

— Así es mi Señor, ¿hay algo que le inquieta?.

Tantas cosas –se dijo, aún dándole la espalda.

— ¿Qué se sabe del norte…de Robb Stark? –por un instante Varys estuvo tentado a preguntar si lo había escuchado bien, pero al ver la mancha roja en su pañuelo decidió sólo responder.

— Su tío, el ahora Lord Edmure, va a contraer matrimonio con Roslin, una de las hijas de Lord Frey –explicó la Araña buscando otro pañuelo dentro de sus mangas— Lord Stark fue requerido en la ceremonia y supongo marchará hacia los Twins pronto…—algo en la voz de Varys lo hizo voltear.

— Hay algo más, ¿no es así? –cuando el eunuco titubeó Jaime avanzó a zancadas hacia él y le mostró la daga. Eso fue suficiente para disipar sus dudas.

— Su majestad real, la reina, ordenó a Lord Frey que le entregue la cabeza de Lord Stark –las palabras salieron como un torrente y Jaime se quedó clavado en su sitio.

— ¿Qué estás diciendo?, ¿cómo?, ¿cuál es el plan? –sintió un hueco en la boca del estómago y por un momento temió que sus rodillas temblaran, pero no sucedió.

— Es una trampa, la boda. Lord Frey debe acabar con Lord Stark y sus huestes y mantener a Lady Catelyn y Lord Edmure como rehenes –explicó Varys, atropellando las palabras al hablar, Jaime le daba miedo así que pronto le dio una detallada explicación de lo que su hermana planeaba y cómo pretendía conseguirlo.

Cersei perdió la razón –tenía los puños apretados con tal fuerza que sangre brotó de entre sus dedos.

— ¿A cambio de qué los Frey harán esto? –pero tan pronto la pregunta escapó de sus labios obtuvo la respuesta— Riverrun. Lord Frey quiere Riverrun.

Varys asintió hasta que recordó que con la escasa luz de sus aposentos Jaime a penas y podría verlo.

— Sí.

— ¿Cuándo es la boda?.

— Dos semanas, quizás tres. Todo depende que tanto tiempo le tome al Joven Lobo alcanzar los Twins teniendo todos los ríos inundados.

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Aún no entendía cómo había terminado Brienne en el mismo barco que él, pero ahí estaba su fea y testaruda cara—. Al menos vestida en cota de malla y cuero hervido luce mejor que con sedas y listones –su hermano Tyrion debía estar a salvo ahora, o eso esperaba, no había tenido tiempo de esperar y en cuanto se despidió de él -si a eso se le podía llamar despedida- corrió hacía el muelle para zarpar rumbo a los Twins.

— Con este viento llegaremos pronto a los Twins, mi Señor –el capitán sonreía estúpidamente con los brazos en jarras, tan orgulloso de estas noticias como si hubiera sido obra suya que el viento soplara a su favor. Pero Jaime estaba demasiado preocupado como para pensar en una respuesta mordaz así que sólo asintió.

— Tiene razón –habló Brienne cuando el capitán los dejó— Los dioses están de tu lado, con este viento podríamos llegar a tiempo.

— No tenías que venir –Jaime no la veía, su vista estaba perdida en algún punto lejano. King's Landing ya no se distinguía, y pronto dejarían de ver también la costa.

— No podía dejarte venir solo.

— ¿Por qué no? Ya no soy tu responsabilidad –se giró para verla— Tú prometiste traerme con bien a King's Landing, felicidades, eso lo hiciste muy bien; ahora tenías que buscar a Sansa Stark, no quedarte como mi niñera.

— Lady Catelyn también se encuentra en los Twins –le recordó Brienne, comenzaba a conocer a Jaime lo suficiente como para ya no tomar ofensa de sus comentarios—. Además, es más probable que ambos tengamos una oportunidad a que…—se detuvo abruptamente y Jaime sonrió.

— Dilo moza, a que un lisiado, solo, entre a la casa de Walder Frey para rescatar a su damisela en desgracia –casi rió al imaginar la cara que pondría Robb si escuchara aquello.

Brienne se sintió mal por sus palabras.

— Lo lamento Ser Jaime, no era mi intención ofenderte.

— Nunca te disculpes por decir la verdad –suspiró, descansando la espalda contra el barco— ¿Desde hace cuanto lo sabías?.

Brienne pareció confundida.

— No sé de qué me…

— Lo mío con Robb, ¿desde hace cuanto lo sabes? –Jaime insistió— Esta mañana cuando Ser Loras te trajo, cuando descubriste a dónde me dirigía, tú sabías porqué tengo que llegar a los Twins; ¿por qué?.

Ella observó sus grandes manos por un instante, no sabiendo cómo responder.

— Cuando la fiebre te asaltó de camino a Harrenhal, delirabas –al fin habló pero aún sin verlo— Murmurabas pidiéndole perdón a Robb –Jaime se tensó— Una y otra vez pedías que te perdonara y jurabas…—Brienne se sonrojó, desde el cuello hasta la raíz de su rubio cabello.

— ¿Qué juraba? –preguntó con más violencia de la que pretendía.

— Jurabas que lo amabas –era claro que a la Maid of Tarth, le avergonzaba repetir aquello.

— Ah –fue su seca respuesta.

— Yo…sé lo que es perder a quien amas –continuó Brienne en un arranque de valor— Y…si tú, si tú lo amas y yo puedo ayudar en algo…

— Gracias –en esta ocasión sí levantó el rostro para verlo y se sonrojó aún más al ver una sonrisa sincera en el rostro de Jaime. Posiblemente la moza estuviera loca, pero no más que él, y tenía que admitir que se sentía bien saber que no viajaría solo.

Continuará…


N/A: ¿Review?, ¿no review? En serio que no muerdo ^^ déjenme saber que piensan ¿sí?.