Liter
"Son los ímpetus de las pasiones deslizadores de la cordura, y allí es el riesgo de perderse."
Zero hizo una movida practica, calculada y eficaz, y ella se ajusto a él como el cilindro que acoge la llave, encajaban perfectamente. Sus manos se enterraron en la melena castaña, tirando de las hebras hacia atrás, la escucho jadear, su aliento formo una nube de niebla en el aire y luego se desvaneció. Sus caderas ondearon sobre él, con cierta timidez, al principio. Zero le concedió el tiempo que necesitaba para acostumbrarse a su tamaño, hasta que la música de sus gemidos llego a sus oídos y Zero tomo aquello como la luz verde que lo invitaba a liberar a la bestia.
La tomo de mil formas, marcando un ritmo lento, profundo, las pequeñas manos de ella arremolinaban las sabanas, y el golpeteo de sus senos marcaba el compás de su danza. Su rostro era una mancha borrosa, pero él pudo adivinar una sonrisa en sus labios, una pecaminosa mueca que dejo entrever el brillo de sus colmillos.
- Tómame, toma todo de mí, Zero. – suplico ella, enterrándose más aprisa sobre èl. Le echo los brazos al cuello, y recibió el premio de su lengua dejando un camino de humedad en su yugular. Su nariz respingona rozo cuidadosamente esa zona, deleitándose con su aroma.
Zero aferro un brazo en su cintura, el otro manteniendo una sujeción en su espalda, con la mano enredada en su cabello. Sabía lo que ella quería, lo sabia por que èl mismo no era capaz de controlar su propia necesidad por más tiempo.
- Entrégamelo…- susurro con una nota de tormento.
Zero sentía el hormigueo en su pelvis, la tensión en sus testículos, pronto culminaría y quería mirarla a los ojos cuando eso ocurriera.
Ella le engroso con más insistencia, empujándolo sobre ella, Zero se apoyo en las palmas de sus manos para no aplastarla, pero ella era, verdaderamente, masoquista. Contuvo la respiración al sentir sus manos agarrándole las nalgas y presionándole contra su cavidad. Zero se mordió la lengua, su mente rápidamente poniéndose en blanco.´
- Ten-go, tan-ta sed. – ella murmuro, en medio de gemidos enloquecidos por la pasión. Las gotas de sudor perlaban su cuerpo, escurriendo por sus curvas y mezclándose con las de él.
Zero deseo poder ver con más claridad el manchón que era su cara, se conformo con pensar que su expresión debía de lucir tan anhelante como la suya. Se inclino, ofreciéndole su garganta.
- Zero…- sus fríos dedos trazaron la fina línea de su carótida. Sus labios rozaron los suyos en una corta caricia, y luego prosiguieron a besarle el costado de la nuca.
Zero creyó que se desmayaría en el tornado de éxtasis que lo embargo una vez que sus caninos perforaron su carne, sus muslos suaves lo sostuvieron durante todo el proceso y sus jugos le empaparon. ¡Kami! ¿Qué más podía darle? ¿Qué más podía tomar de él? Le pertenecía en todos los sentidos y facetas existentes, le había pertenecido desde que ella envolvió su mano y lo llevo al interior de la mansión Cross, era suyo, en cuerpo, en alma y en sangre.
- Yuuki…- el murmuro en pos de su cuello, ansioso de saciar su más grande deseo. Le quito el pelo de allí, abriéndose paso con su boca, alisto sus colmillos para dar la estocada final, estaba a punto de culminar. – Yuuki…yo…
- No te atrevas….- ella lo alejo, con el liquido carmesí oscuro de sus venas fluyendo por sus comisuras. – Se supone que renunciaste a esos sentimientos…- replico adusta. Y él adivino la chispa rojiza que ahora colmaba sus pupilas, esa que delataba su naturaleza de depredador. – Somos enemigos, lo único que nos ata es la lujuria de la sangre. No lo olvides. – sentenció.
Zero entreabrió los labios para responder, pero su voz no acudió al exterior.
Entonces despertó. Descubriéndose sentado en el incomodo puesto de vigilancia que había apostado en la puerta de la Torre Nocturna. Con sus manos encogidas sobre el pecho, alzo la vista, al balcón de la habitación principal que se hallaba encima de su cabeza, donde ella dormía. Como siempre, tan cerca y tan lejos de él.
Una incómoda tensión en la cremallera de su pantalón le arranco una grosería, dejándole constancia de una parte de sí que no se había desentendido completamente del sueño.
Zero suspiro con pesar, diciéndose que tendría que cambiar la guardia con Kaito para visitar el gélido y comprensivo asilo de los azulejos blancos. Otra vez.
Fin historia 7.
