Hola, aquí les hago entrega del séptimo capitulo de la historia.
Perdón por el retraso pero, como la semana pasada fue mi cumpleaños, me anduvieron trayendo de aquí para allá y la verdad es que no tuve mucho tiempo.
Disclaimer: Nada es mío todo es propiedad de Renaissance pictures y Universal Studios.
Palomitas, refresco y...
CAPITULO VII
- Llegamos- dijo Xena señalando la aldea que se encontraba a unos cuantos metros de ellas.
- No, guerrera. No me puedes dejar aquí- intervino cuando le vio las intenciones a Gabrielle de empezar a despedirse- Vamos. Al menos tienes que conocerlos- insistía mientras la halaba por el brazo, quien sin oponer resistencia se dejaba llevar. La bardo solo giraba los ojos llevando por las riendas a Argo.
Los caminos empedrados eran los encargados de conducirlas por aquellas amplias calles que poseía la villa; no era tan pintoresca como la anterior pero no por eso dejaba de tener un ambiente agradable. Los rostros sonrientes de la gente dejaban entrever que era una aldea pacífica y armoniosa.
La joven estaba maravillada, corría y daba vueltas por todos lados, parecía una niña pequeña en día de solsticio emocionada por abrir sus regalos.
- ¿Todo está bien?- preguntó Xena cuando notó que el semblante de la castaña se había tornado serio de un momento a otro.
- Sí, es que… diez años es mucho tiempo…todo está tan cambiado- dijo con un dejo de tristeza.
- No te preocupes, podemos pregu…
- No- se adelantó Neera- Aún reconozco el lugar. Es solo que… aún no puedo creer que esté en casa…y todo gracias a ti.
La bardo que se encontraba unos pasos atrás de ellas, pudo oler las intenciones de Neera de saltar a Xena para abrazarla, así que rápidamente se interpuso entre las dos evitando ese contacto y ganándose un mohín por parte de Neera.
- Y bien… ¿Hacia dónde?- dijo tratando de parecer ajena a las intenciones de la joven.
Cuando llegaron a la casa, cuando la joven abrió la puerta divisó una silueta que yacía sentada sobre una silla meciéndose lentamente con la vista fija sobre la chimenea.
- ¿Mamá?- dijo suavemente tocando su hombro.
- Nee…Neera ¿Eres tú? ¿De verdad eres tú?-
El reencuentro fue sorpresivo y emotivo. Un fuerte abrazo, lágrimas y muestras de afecto sellaron el momento.
- Espera a que te vea tu hermano. Mira cuanto has crecido- decía la señora con la mejor de sus sonrisas- Y dime, ¿Con quién vienes?- dijo la señora, ya que estaba tan entusiasmada por el regreso de su hija que no notó que venía con alguien más.
Las presentaciones fueron acompañadas por múltiples agradecimientos por parte de la señora, que aún no podía creer que su hija hubiera vuelto a casa como tantas veces soñó.
Después de convencerlas- en especial a Gabrielle- de que se quedaran a cenar, Xena y su bardo acordaron dar una vuelta por las calles, para darles un poco de privacidad al fin y al cabo tendrían mucho de que hablar después de haber pasado tantos inviernos sin verse.
Ambas salieron de aquella morada y sin tenerlo previsto, la bardo rozó la mano de Xena con la suya haciendo que a la guerrera se le erizara la piel. ¿A quién engañaba? Podría tal vez distraerse con alguien más pero nunca, por más que lo intentara dejaría de amar a Gabrielle, nada tenía el suficiente poder para arrancarle el amor por su bardo; desde que la conoció, ella se había convertido en su camino, su luz, su vida, su razón por quien vivir.
- ¿Quieres un beso?
- ¿Qué?- exclamó la guerrera parándose en seco.
- Que si quieres ver eso- dijo la bardo señalando un pequeño cartel que anunciaba una pequeña obra de teatro del lugar. Que sería representada por algunos jóvenes del lugar.
- Sí, vamos- "Hay Xena, lávate las orejas"- se reprendía.
Al lugar no se le podía llamar teatro, ni siquiera uno pequeño. Una tarima y unas cortinas color azul marino eran el intento de teatro. Se sentó el público en las pequeñas butacas y fueron apagadas unas cuantas velas para que el único lugar iluminado fuera el escenario.
Aprovechando la situación, la bardo se acercó y acurrucó en Xena excusándose con que una de las paredes de madera estaba dañada y dejaba entrar una corriente de aire.
La historia no tenía una pinta interesante, más que nada habían entrado para matar el tiempo hasta la hora de la cena. Tan entretenida estaba que Xena se quedó dormida. Al terminar la representación, la rubia se percató que su amada dormía, no quería despertarla, quería disfrutar verla soñar, hacía tanto tiempo que no la veía dormir así… tan tranquila. Pero no podían quedarse ahí para siempre. Así que con todo el pesar del mundo, la bardo se incorporó y susurró al oído su nombre. La guerrera lentamente fue abriendo los ojos, pero se incorporó de un respingo cuando sintió que Gabrielle besaba su oreja. La bardo se echó a reír ante la reacción.
- Pelearás contra veinte a la vez, pero para ver una obra… simplemente no eres buena.
- Qué graciosa- ironizó- Aún tenemos algo de tiempo ¿Qué quieres hacer?
- "Besarte"- pensó- No lo se… ¿Qué tal si… solo caminamos por ahí?
Cuando salieron aún había luz de día, caminaron por un largo rato en el cual la bardo utilizaba cualquier pretexto para abrazar a Xena, o para tomar su mano.
Al final, terminaron bajo la sombra que les obsequiaba un gran manzano; Xena recargada sobre el tronco y Gabrielle recostando su cabeza sobre las piernas de su guerrera.
Segundos después Gabrielle recordó los dulces que había comprado. Estaba tan cómoda junto a Xena que los había olvidado. Después de desatar el pequeño nudo, la bardo le acercó la bolsita a la guerrera para que tomara uno, pero ésta, en vez de comerlo, se lo dio en la boca a su bardo; esa era la oportunidad perfecta para poder tocar sus labios sin levantar sospecha.
- Y dime… ¿De qué trató la obra?- dijo mientras jugueteaba con el rubio cabello Gabrielle, enredando y desenredando sus dedos en él.
- Pues…- tragó el pequeño dulce- contaba la historia de un muchacho y una joven- comenzó la bardo, pero en realidad no tenía nada que ver con la obra- que se conocieron cuando eran prácticamente unos niños pasaron los años y se convirtieron en grandes amigos, fue entonces cuando el joven se dio cuenta de que no era simple amistad lo que sentía por ella, más bien estaba enamorado. Intentó confezarselo en varias ocasiones pero a la hora de la hora, el miedo de perder su amistad lo invadía. ¿Tú que dirías si alguien muy cercano a ti te dijera que te ama? Por ejemplo- se incorporó Gabrielle sin dejar de verla a los ojos- ¿Qué dirías si te dijera que estoy enamorada de ti?
- "Me harías la persona más feliz del mundo"- Yo… yo creo que depende de si yo estoy también enamorada de ti ¿No crees?
- Sí, pero… ¿Y si no lo estuvieras… qué me dirías?
- Yo…- tardó unos segundos en contestar- no lo sé.
- ¿Cómo que no sabes?
- Sí, es que… no me lo imagino- dijo e inconcientemente se perdió en la inmensidad de las deslumbrantes esmeraldas que la bardo tenía por ojos.
La guerrera decía la verdad. No se imaginaba cómo se sentiría no estar enamorada de Gabrielle. Había pasado tanto tiempo amándola que se había olvidado cómo era verla como amiga.
- Xena- dijo sacudiéndola del brazo al ver que la guerrera se encontraba como ida.
- Lo siento- dijo volviendo en sí- Me perdí en tus ojos.
- ¿Qué?- exclamó sorprendida pero con una sonrisa enmarcando su rostro.
- Nada, nada, olvídalo- "¡Rayos! Volví a pensar en voz alta, debo de ser más cuidadosa con lo que digo, no es que no sea verdad pero…"
- Dilo de nuevo, por favor- dijo interrumpiendo sus pensamientos y mirándola con una tierna sonrisa junto con ojos suplicantes que brillaban de ilusión.
- "No Gab, no me mires así, no te puedo negar nada si me miras de esa forma. No Xena, no cedas ante esa mirada… Hazte la dura"- se repetía en su mente, pero sabía que con esos ojos le era imposible competir y salir victoriosa, así que resignada a que esa batalla la tenía perdida, suspiró audiblemente y la bardo inmediatamente se supo triunfante.
- Me perdí en tus ojos Gabrielle. Son… son muy bonitos- dijo Xena haciendo que la bardo acentuara considerablemente su sonrisa - ¿Feliz?
- Mucho. Y… ¿Te digo un secreto?- dijo mientras con dos de sus dedos caminaba ascendentemente sobre uno de los brazos de la guerrera.
- ¿Qué?- preguntó ladeando la cabeza enternecida por el rubor formado en las mejillas de la bardo, causado por su anterior confesión.
Gabrielle le hizo una seña para que se agachara y Xena obedeció.
- Los tuyos son hermosos- dijo en susurro con tono seductor haciendo que Xena mordiera sus labios y se estremeciera cuando sintió los labios de la bardo rozando contra su oído.
- Y tú lo eres más- sentenció con una amplia sonrisa viéndola a los ojos.
- ¿En serio?
- Por supuesto que sí. No cualquiera puede presumir que tiene una amiga hermosa.
Amiga. Otra vez esa palabra, otra vez esa expresión que cada vez era más odiada por Gabrielle, quería materializar la palabra y arrojarla al piso con todas su fuerzas. Quería, deseaba y anhelaba ser más. ¿Acaso nunca podría pasar de ser eso… una simple amiga?
- Ahora regresemos a la casa- dijo Xena levantándose- Ya nos han de estar esperando.
- No, no quiero ir- respondió la bardo, quien se encontraba aún en el suelo haciendo pucheros.
- Y yo no quiero que me hagas esas caras. Anda, vamos- decía mientras la ayudaba a levantarse- Comerás bien. Mira, imagínate un gran plato de humeante comida…- le decía la guerrera mientras la llevaba por los hombros encaminándose de regreso, pero Gabrielle se agachó para salir del agarre.
- No, ve tú- interrumpió.
- Anda Gab, solo serán un par de horas, quizá menos.
- No. ¿Por qué no sólo nos vamos?
- Si sigues así no me quedará de otra más que llevarte cargando.
- Me gustaría ver que lo intentaras- dijo mezclando los tonos desafiante y juguetón.
- No me retes bardo- Gabrielle se limitó a levantar una de sus cejas, para después comenzar a correr. Pero antes de que pudiera dar dos pasos, sintió un brazo atrapar su cintura, para después cargarla como "costal de papas".
- No Xena, eso no se vale- decía mientras pataleaba.
- Yo te lo advertí.
- De acuerdo, yo camino. Bájame- Xena obedeció y la depositó suavemente en el suelo. Pero solo logró que Gabrielle volviera a correr, la guerrera solo sonrió y negó con la cabeza. Esta vez decidió darle un poco de ventaja a la bardo.
Gabrielle no paraba de correr, y cada ciertos metros volteaba a ver atrás para dónde se encontraba Xena, pero ésta aún se encontraba parada. Cuando perdió de vista a la guerrera, se refugió detrás de un pozo de agua, y esperando no ser encontrada apoyó las palmas de sus manos sobre sus rodillas para recuperar el aire. Fue ahí cuando vio aterrizar delante de ella un par de botas negras ya más que bien conocidas para ella. Cuando alzó su vista y sus ojos se encontraron con los de la guerrera, le sonrió inocente como una niña que acababa de hacer una travesura, Xena no hizo más que devolverle la sonrisa y volverla a cargar.
- ¿Me bajas?- dijo cuando habían avanzado unos pasos.
- No Gab, no voy a caer de nuevo.
- Anda, prometo no volver a correr.
- Sé que no lo harás, porque no te bajaré.
- Mala- dijo fingiendo enojo, porque Gabrielle adoraba que Xena la cargara.
Al llegar, un joven desconocido hasta ahora para ellas dos, les abrió la puerta. Poco después les fue presentado como el hermano de Neera; Urian, que era dos años mayor que ella, era un joven delgado, pero denotaba cierta musculatura seguramente por el trabajo diario, tenía cabello castaño tirando a rubio, sus mechones caían lacios sobre su frente dándole una apariencia bastante atractiva.
Las tres mujeres recién llegadas repitieron platos ya que llevaban varios días sin comer del todo bien, puesto que tenían que repartir la comida de dos personas en tres porciones.
Comieron guisado de cordero junto con patatas rellenas de queso y para fortuna de Gabrielle, de postre tenían nada más y nada menos que pan de nuez.
- Bueno… es tarde y tenemos que irnos- puntualizó Gabrielle, que no se la había pasado del todo mal en la cena, lo que sí, era que le estaban empezando a hartar los jueguitos de pies bajo la mesa de que Neera había mantenido con Xena durante toda la cena.
- No pueden irse así nada más- agregó el joven, que desde que había llegado, no le quitaba los ojos encima a Gabrielle.
- Haremos una pequeña fiesta, en su honor- dijo Odile; madre de la joven.
- No es necesario- exclamó Xena.
- ¿Cómo de que no? Insisto, por lo menos déjennos agradecerles que hayan traído de vuelta a mi hija. La haremos mañana- la guerrera volteo a mirar a Gabrielle, como buscando su aprobación. Sabía que no le haría muy en gracia quedarse.
- Sí- dijo con desgano encogiéndose de hombros.
- Grandioso. Duerman aquí. Ahorita vemos cómo nos acomodamos.
- No se preocupe, nos quedaremos en una posada- dijo Xena.
- De acuerdo, pero yo me encargaré de que no les cobren nada.
Lo dicho, la señora habló con la encargada y no les cobraron ni un quinto. Ya en la habitación, Gabrielle tomó un baño y casi sin mirar a Xena se fue a la cama.
- Te tomaste muy bien la idea sobre quedarnos.
- Pues…aunque gritara y pataleara, igual nos terminaríamos quedando.
- Gab, entiende. Nos veríamos mal si hubiéramos rechazado su invitación.
- ¿Y estas segura que es eso o es porque no querías despedirte de tu Neera?- la bardo no quería escuchar su respuesta, así que rápidamente agregó- Estoy cansada, buenas noches- dijo volteándose y tapándose la cabeza con la manta.
- Gab, no te enojes. Si no tendré que hacerte cosquillas- dijo para intentar sacarle una sonrisa, pero al no tener resultado volvió a ponerse seria- Escucha, no es que…
- Déjame dormir- sentenció de manera fría.
A la guerrera le dolió la actitud cortante de la bardo, nunca se había puesto así con ella y lo peor era que no entendía.
Muy temprano en la mañana comenzaron los preparativos, decoraron toda la casa con adornos florales, sencillos aunque vistosos, colocaron una delgada tarima de madera que serviría como pista de baile y una larga mesa con bocadillos suculentos. La fiesta dio inicio cuando recién había oscurecido. No había muchos invitados, únicamente familiares y amigos. En total, sumaban unas veinte personas, de las cuales todas querían ver a la muchacha que estaba por fin de regreso.
Cuando empezó a sonar la música, Neera no lo pensó dos veces y sacó a bailar a Xena.
La bardo solo se quedaba celosa desde su silla, observándolas reír de buena gana mientras bailaban y daban vueltas.
La señora Odile, que estaba en todo, se percató de que Gabrielle estaba sola en la mesa así que le dijo a su hijo que la sacara a bailar. El chico obedeció. Al principio la bardo se negó, pero ante la insistencia del joven, no tuvo más remedio que aceptar. Se internaron en el interior de la pista e involuntariamente quedaron muy cerca de donde estaban ellas.
De repente la guerrera sintió unas enormes ganas de ver a Gabrielle, sus ojos la extrañaban y comenzó a buscarla insistentemente con la mirada, y para su desgracia la encontró abrazada a Urian, quien quiso aprovechar la romántica situación- producto de la música suave que estaba- y le dio un beso en la boca a Gabrielle tomándola por sorpresa, la bardo no le correspondió y el joven se dio cuenta, pero para Xena fue una puñalada en la espalda, y sintió unas incontrolables ganas de matarlo.
- ¿Pasa algo?- preguntó Neera.
- No, no es nada- dijo tratando de controlar sus ansias de agarrar al joven y estrellarlo en la primer pared que encontrara- ¿Quieres ir a otro lado?- preguntó la guerrera, quería escapar de ahí. No podía soportar ver a Gabrielle regalándole sus besos a ese muchacho.
- ¿A dónde?
- No sé, un lugar… donde haya menos gente- la castaña sonrió y la bardo enterró sus uñas en los brazos de chico cuando las vio tomadas de la mano saliendo de la pista y entrando a la casa de Neera.
- Perdón, es que… no lo resistí. Te veías tan linda que…- su frase se quedó en el aire, ya que la bardo salió corriendo dejando al joven solo e indeciso entre seguirla o no, pero optó por no hacerlo ya que estaba seguro de que no tenía posibilidades con ella.
Mientras tanto en una de las habitaciones de la casa se encontraban una joven de ojos grises y una guerrera conversando de algunas cosas sin importancia, reían de vez en cuando.
- Ese día en el establo ya no me contaste nada. ¿Cómo es que terminaste viviendo allá?
- Pues…ahora están bastante recuperados, pero…antes mi familia era muy pobre, y al poco tiempo de que nací mi padre murió. A duras penas, podíamos vivir mi madre, mi hermano y yo. Mi madre trabajaba muy duro, pero al pasar los años cada vez se cansaba más y más rápido. Diario veía en su rostro desesperación y dolor de no poder sacarnos adelante. Mi hermano también trabajaba, pero sus ganancias eran mínimas.
Una vez, yo estaba jugando por la villa y un hombre se me acercó y me dio tres dinares. No comprendí por qué, y me fui corriendo a mi casa. Ahora entiendo que lo hizo porque quería saber donde vivía.
Fue así como Altair comenzó a frecuentar nuestra casa, así lo hizo durante unos años. Supongo que con el paso del tiempo se empezó a encariñar comigo, no del modo que tal vez estás pensando, más bien era como un cariño fraternal. A veces para ayudarnos un poco, Altair le daba algo de dinero a mi madre. Se debía mucho y él lo sabía. Un día yo estaba detrás de una puerta y pude escuchar cuando él le propuso llevarme, para que de ese modo pudieran vivir mejor. Mi madre lo rechazó inmediatamente y le dijo que se fuera de la casa. Esa noche yo estaba en mi cuarto, escuché unos sollozos que venían de la habitación de mi madre, entré sin hacer ruido y vi que estaba llorando, en seguida comprendí el por qué. No quería verla así, pero no supe que hacer para consolarla, solo… me senté a su lado y la abracé. A los dos días me fui con él.
- ¿Tu madre te vendió a un aldeano?- preguntó incrédula.
- En ese entonces no era un aldeano. Cuando lo conocí tenía varias casas en distintas aldeas, tenía bastante dinero, y era un hombre de buena posición social. Aunque no gracias a sus propios méritos, si no más bien por varias series de engaños que hizo a lo largo de su vida. Todo iba muy bien, pero como nada es para siempre, poco a poco se empezaron a descubrir sus tretas y la gente se dio cuenta de que no era alguien de fiar. Le empezó a ir muy mal, y así terminó siendo cuidador de un establo.
Siempre fue muy agradable conmigo, y a pesar de que me cuidó desde que tenía quince años nunca intentó nada malo conmigo, me crió algo así como su hija. Pero después de que su mundo se vino abajo, fue perdiendo su amabilidad y comenzó a hacerse irritable. Buscaba cualquier pretexto para gritarme, solo esa vez me pegó. Fue ahí cuando me cansé de su actitud y… apareciste tú- la castaña tomó el rostro que tenía enfrente y se acercó hasta besarlo, Xena se quedó pasmada por un momento, pero respondió al beso. Eso fue el detonador para que Neera enredara sus dedos en el cabello negro para hacer el beso más profundo…
Y bueno así acaba la historia...
¡Noooo! no es cierto.
La idea inicial era acabarlo en este capitulo, pero... iba quedar muy largo, entonces lo dividí en... aún no me decido si hacerlo en dos o tres partes más.
Amenazas, comentarios y demás, pueden dejármelas en un review.
Por cierto, una pregunta... que prefieren: implícito o explícito... sí, yo sé que saben a qué me refiero.
Saludos
