Cables cruzados: problemas de descenso

- ¿Lo tienes todo?

- Ajá.

- ¿Las llaves?

- Ajá.

- ¿Y el uniforme de Grimmnasia?

- Iuhg.

- Lo sé.

Raven se levantó de la cama y caminó hacia Apple, que seguía revisando sus cosas para que no le faltara de nada en su primer día. Se había puesto uno de los vestidos que le había comprado, el strapless negro brillante con la falda morada entallada por arriba y con volantes*, pero se había negado a usar el enorme alzacuellos a juego. Es más, a escondidas había metido en la caja de los instrumentos los complementos tan estrafalarios que Apple decía que la harían parecer más "malvada". Como su pelo ya había vuelto a ondularse, aprovechó para recogérselo hacia atrás con un pasador plateado y dejar dos mechones sobre los hombros para taparlos.

Apple había vuelto un poco tarde el día anterior. El profesor Wolf le había hecho aguantar un sermón en su despacho sobre cómo los trozos de cristal podían haber acabado en la pezuñita de algún lobezno extraviado. Al llegar, le había enseñado cómo funcionaba el espejo-pad tras inutilizar la función reflectante y borrar la aplicación espejo-espejito mágico. Por suerte, no le había preguntado de dónde había salido el aparato.

- ¿Ya te has descargado el horario? – preguntó la futura Blancanieves – Tengo que irme ya a clase y no quiero dejarte sola si no lo tienes todo claro como el cristal.

- Descuida, lo tengo – y para que se quedara tranquila, tocó el icono del horario en su espejo-pad para revisar el itinerario.

Once clases. No está mal, pensó. Lo que no estaba tan bien era que más de la mitad tenían que ver con su destino. Villanería, Malvadología, Historia de las Brujas… Luego estaban las comunes, las que tenían todos los alumnos. Literatura Fabulosa, Grimmnasia... Y por último, las optativas. Raven había escogido Música sencillamente porque era la opción más normal de la lista. O, al menos, eso le había dicho al ministro, que se había encargado de su matrícula. De otra forma no le habría permitido cursarla. Demasiado "buena", había dicho.

- Oye, una pregunta – Apple asintió y continuó -. ¿Cómo es que nos toca Entrenamiento y Cuidado de Bestias y Quimística juntas? Creía que tú estabas en cuarto curso y yo en quinto.

- Y así es, pero algunas asignaturas funcionan de manera distinta – explicó -. La mayoría van por papeles, como tus clases de Economía Bruja e Historia de los Maleficios, y otras van por cuentos, como las que tú y yo compartimos. Luego, para las clases con más alumnos, hay profesores que prefieren organizarlas por cursos, como el profesor Wolf y el profesor Nimble.

Raven tardaría un tiempo en acostumbrarse al sistema escolar de Ever After High.

- Por cierto – añadió -, me encanta tu pintalabios. Mucho más apropiado que el que llevabas ayer – Raven intentó decirle que se equivocaba, pero Apple no la dejó -. ¡Vaya, qué tarde! Lo siento, no podré acompañarte a tu primera clase. Pero tienes el mapa en el espejo-pad, ¿no? – ya se encontraba bajo el marco de la puerta. Raven asintió con desgana – Perfecto. ¡Nos vemos en la Castillería para comer!

Y se marchó.

¿Qué había sido eso? ¿Apple pensaba que tenía pintados los labios ayer? No obstante, le había dado la impresión de que lo había dicho sin convicción, como si quisiera creer que así era. Raven decidió no darle importancia y accedió a la aplicación mapa de su tableta.

"Espejo-pad". Otra palabra que aprender.

Menos mal que su primera clase era Literatura Fabulosa, pues ya sabía cómo llegar. Cogió sus llaves, las del cuarto y la taquilla. Ahora que nadie la veía, se dio un manotazo en la frente por casi olvidarse la cartera de nuevo. La metió en un bolso recubierto de bisutería, cortesía de Apple, y se dispuso a asistir a clase de Jack B. Nimble. Pero se llevó una sorpresa al abrir la puerta y ver a Madeline con cara de payaso triste (literalmente), mirándola con desilusión.

- ¡Maddie! ¿Qué haces aquí?

- Refunfuñar – contestó sin cambiar su expresión.

- Sí, ya lo veo – dijo al tiempo que cerraba la habitación con llave y la guardaba en el bolso.

- ¡Es que Apple acaba de decirme que hoy es tu No-Cumpleaños! – dio un pequeño saltito y apretó los brazos contra los costados, los puños cerrados a cal y canto.

- Maddie – fingió seriedad -, por suerte para las dos soy una gran fan de Alicia en el País de las Maravillas, y por eso sé que cuando dices que hoy es mi No-Cumpleaños significa que el verdadero problema está en mi Sí-Cumpleaños – y mientras decía esto, caminó con ella en dirección al edificio vecino.

- ¿No lo entiendes? – ahora sí que parecía triste - ¡Cumples dieciséis en Noviembre! Yo tengo quince. Significa que no iremos a Literatura Fabulosa juntas. ¡Con las ganas que yo tenía de que oyeras mi historia!: Lady Chocolat en el Reino de los Pasteles Caramelizados.

- Ah, o sea que tú eres de cuarto, como Apple.

- Sí.

- Entonces no estés triste – la animó -. A lo mejor también tenemos clases comunes – a Maddie se le iluminó el rostro -. Por cierto, he estado pensando. ¿Cómo es que ayer nadie estaba en clase después de que tú salieras de la del profesor Nimble? – gracias al mapa, Raven encontró su taquilla en el pasillo del ala Norte. Jugó a emparejar cada libro que había allí con las asignaturas que le tocaban, y acabó por coger el de Literatura Fabulosa y cerrarla de nuevo.

- ¡Ah, eso! – rió divertida – Estamos en la semana de orientación, porque faltemos a un par de clases no pasa nada. Además, Apple y Briar están en el Consejo de Alumnos Reales, tienen algunos privilegios. ¡Por si te sorprende que falten con frecuencia a mitad de cuento!

Por fin se detuvieron frente al aula.

- Bueno, nos vemos en la Castillería, Rae – se despidió Maddie -. ¡Me debes un postre!

- No creo que eso llegue para compensar lo de la librería – gritó Raven, ya que su amiga se había ido alejando con cada palabra que salía de su boca.

- ¡Eso es porque no has visto los helados que hacen aquí! – le devolvió el grito antes de desaparecer por una esquina.

En la clase todos estaban alborotados. Aviones de papel cruzaban volando la habitación y una música estruendosa resonaba desde los altavoces de megafonía. Los estudiantes corrían, bailaban y saltaban sin ton ni son. El caos era tal que un libro estuvo a punto de aterrizar de lleno en la cara de Raven, pero se salvó gracias a que alguien interceptó el objeto golpeándolo con una especie de palo cual pelota de béisbol.

El muchacho que había llevado a cabo la hazaña era alto, algo así como cabeza y media más que ella, y llevaba puesto un chaleco marrón con capucha encima de una sudadera verde musgo. Tenía un peinado bastante extraño, con mechones largos y zonas rapadas que parecía aún más estrambótico debido a la actividad física realizada. Mirando un poco más atentamente, descubrió que lo que la había salvado fue el mango de un hacha.

Un hacha. No tardó mucho en hacer la asociación e inmediatamente aplastó el cuerpo contra el lugar más cercano a la salida.

El cazador.

- ¡Orden! – el profesor Nimble entró entonces en la clase - ¡Vamos, sentaos, sentaos! ¡Huntsman, guarda el hacha! No me hagas repetirlo – en ese momento avistó a Raven -. ¡No te quedes ahí! Siéntate, deprisa. ¡La aventura comienza!

Raven dudó, no sabía qué hacer. Así que sin pensarlo mucho, siguió su instinto y se situó en el centro de la tercera fila, arriesgándose a que la echaran. Pero en vez de eso, todos empezaron a cuchichear.

- ¿Pero qué hace?

- ¿Es nueva?

- Claro, eso lo explica todo.

- Pobre, la que se le viene encima.

Miró a su alrededor solo para darse cuenta de que el área circundante a ella tenía los asientos vacíos. Una persona en la primera fila agitaba frenéticamente las manos y la cabeza, gesticulando repetidas veces "no" con los labios. ¡Era Cedar! Y justo en ese momento una chica se sentó a su lado.

Parecía joven para tener su misma edad e iba ataviada con un adorable vestido azul y amarillo de cuello alto y botines con pelo falso en la parte superior. Había dibujos de osos por toda la falda y como remate, un abultado lazo coronando una interminable cascada de rizos, los más dorados que había visto jamás. Se notaba que los cuidaba con esmero. La chica la miró con intriga, luego con emoción contenida. Aquello no le estaba dando buena espina.

- Hola – trató de ser amable. La clase todavía no empezaba -. No te molesta si me siento aquí, ¿verdad?

- ¡Para nada! – exclamó. Parecía encantada de tener a alguien cerca con quien interactuar. ¿Por qué los demás la marginaban? – Eres nueva, ¿verdad? Me presentaré, soy Blondie, Blondie Lockes – le estrechó la mano con fuerza -: reportera del insti y perfeccionista de nacimiento.

Blondie Lockes… Osos… ¡Por supuesto! La hija de Ricitos de Oro.

- Yo soy…

- ¡Espera! – interrumpió – Deja que lo adivine - la miró durante un par de segundos y frunció profundamente el ceño -. Mmm… Puedo ver que eres una villana. Y los ojos y las mechas violetas me dicen que además, bruja – se rascó la barbilla y se concentró aún más -. Pero, ¿de qué cuento eres?

Le daba un poco de miedo responder a esa pregunta, pero ¿acaso no terminarían sabiéndolo tarde o temprano? Un chico entró apresuradamente en el aula pidiendo disculpas por el retraso, pero el profesor Nimble se lo pasó por alto ya que la clase aún no había empezado. Raven tomó aire y respondió.

- De Blancanieves.

Así. Sencillo y directo. Había usado a la protagonista como referencia en un desesperado intento de amortiguar el impacto. Pero ni eso impidió que todos se giraran hacia ella con los ojos como platos y que el muchacho que había entrado se parara en seco en mitad de las escaleras y mirara confundido en la misma dirección. ¿Y ella? Pues, ¿qué más? Se refugió en su silla-trono lo mejor que pudo.

- ¿Eres… Raven Queen? – quiso saber Blondie. La expectación provocó que se hiciera el silencio, y Jack B. Nimble aprovechó para comenzar la lección.

- ¡Blondie! Ya tendrás tiempo de interrogar a la señorita Queen cuando acabe la clase. Y, Dexter, ¡siéntate de una vez, chico!

La curiosidad la pudo y cuando giró la vista hacia donde estaba, sus miradas se cruzaron. El tal Dexter se sonrojó furiosamente y raudo y veloz, se sentó junto al joven cazador, que dejó de prestar atención a la chica nueva.

- Ahora, tomad nota. Hoy la clase va sobre… ¡Gremlins escupe-hielo! – el profesor cogió un puntero e inició un nuevo relato cuyo protagonista era, obviamente, él mismo. Y aunque Raven no entendía la finalidad de aquel método, supuso que el maestro sabía lo que hacía. De lo contrario, lo habrían echado. ¿Verdad?

Abrió uno de sus cuadernos para coger apuntes. Pero… ¿cómo? ¡Solo tenía una hoja! Agitó la cabeza y volvió a abrir la libreta, pensando que quizás era su imaginación. Pero no, una sola página. Ni más ni menos.

- ¿Disculpa? – susurró Blondie Lockes a su izquierda – Sé que es precipitado y que es tu primer día y tu primera clase, pero… ¿podría entrevistarte para el blog del instituto? – sacó su espejo-pad del bolso con disimulo y le dio a grabar.

- Eh… - volvió a mirar su cuaderno. A lo mejor era una de esas rarezas de fábula que aún no entendía – Sí, si me dices cómo funciona esta cosa.

- ¡Genial! – Blondie chilló conteniendo el volumen. Le dio unas instrucciones rápidas – Las hojas son mágicas, aparecen espontáneamente cuando escribes. Duran el tiempo que indica la etiqueta – se frotó las manos -. Y ahora, dime, Raven Queen, he oído que eres la compi de cuento de Apple White.

- Sí, eso es – sonrió. De momento parecía una buena chica.

- ¿Y qué se siente ante la idea de tener que vivir todo un año a menos de un metro de la princesa más adorada de Ever After?

- Bueno…

- ¿Envidia? – se adelantó.

- ¿Cómo? – preguntó confusa.

- ¡Vamos, Raven, no seas tímida! – a pesar de que seguía murmurando, los más cercanos trataban de escuchar lo que decían - Entiendo que debe hacer que te hierva la sangre azul que "la más hermosa del reino", que no eres tú, te deslumbre con su impecable perfección todos los días.

- ¿Qué? ¡No! Yo… - intentó explicarse.

- Sí, lo sé – se disculpó -. Lo siento. Tú también eres muy hermosa.

- ¡No! Lo que quería decir es que no estoy celosa de…

- ¡Tranquila! Ni que fuera algo malo. Es parte de ser una villana de cuento.

- Pero es que no la envidio. ¿Cómo podría? ¡Apenas sí la conozco!

- ¡BLONDIE! – ambas brincaron en sus asientos cuando el profesor Nimble gritó su nombre – Ya está bien. Raven, por favor cámbiate de sitio.

He ahí el por qué Blondie Lockes estaba aislada del resto de alumnos.

Cedar volvió a hacerle gestos a Raven, esta vez para pedirle que se sentara a su lado. En cuanto se hubo instalado, le dijo:

- No le hagas caso, Raven. No es mala persona, solo necesita aprender a escuchar más.

También ahora entendía los comentarios de los otros alumnos respecto a su elección de asiento. Al parecer las insistentes preguntas de Blondie exasperaban a más de uno. Aún con todo, Raven seguía pensando en el chico del hacha.

- Ese de ahí… - no consideró necesario acabar la frase. Sabía que con un simple cabeceo, Cedar captaría el mensaje. Y así fue.

- Sí, es Hunter Huntsman, el hijo del Cazador del Cuento. No solo del tuyo. Si no está en clase, se pasa el día entero pegado a Cerise Hood – se encogió de hombros y terminó -. No sé, es como si sintiera la necesidad de protegerla en todo momento o algo así.

Echó un último vistazo al atlético adolescente, entretenido con el otro chico, el que había llegado tarde. Parecía que eran viejos amigos.

Cuando acabó la clase, Raven revisó su horario para ver cuál sería la segunda del día, y se estremeció cuando comprobó que era Villanería General con el señor Wolf. ¡Maleficios! Para esta asignatura no necesitaba libro, pero lo que la frustró de verdad fue que, al buscar el aula en su mapa, ponía que estaba en un piso llamado "Catacumbas". Pero ella no había visto ni escaleras ni ascensores el día anterior.

- ¡Demonios! ¿Y ahora cómo llego yo a esas dichosas Catacumbas?

- ¿T-te ayudo?

Se volteó para ver quién se había dirigido a ella. Era el amigo de Hunter, el que había llegado tarde. Ahora, frente a frente, pudo apreciar el aspecto suave y fino de su cabello castaño, su anguloso perfil cuadrado y la inexorable atracción que uno sentía al mirar sus profundos ojos azules a través de las gafas de pasta negras. Vestía muy informal, a su parecer: polo y camisa, pantalones grises con deportivas y una chaqueta azul por encima. Parecía un chico normal de su antiguo instituto. Lo único que lo distinguía de ellos era la corona.

- Eh, ¿qué? – se le había ido la pinza al verle tan de cerca. ¡Qué raro!, pensó.

- Digo, si no quieres – el muchacho empezó a tartamudear de los nervios -, t-tampoco p-pasa nada. ¡O sea, q-que no imp-p-porta! Es decir… - ¡Vaya! Pues sí que estaba nervioso. Tenía que intentar calmarlo.

- Soy Raven.

De nuevo, directa al grano. Se estaba luciendo. Pero, al final, funcionó.

- Dexter – casi se atragantó al decirlo, pero siguió -. Dexter Ch-Charming.

¡Charming! ¿Es posible? ¿Aquel chico tan agradable era en realidad el futuro marido de Apple? Sin saber bien el motivo, se sintió decepcionada. Aunque por otra parte era lógico. Ella era "la más hermosa" y estaba destinada a estar con alguien tan guapo y dulce como él. Pero no pudo evitar pensar que quizá Apple podía llegar a ser demasiado superficial y que no sabría apreciar a aquel amor de chico. Entonces, le entró una duda.

- ¿No huyes de mí? – pero recordó que él había llegado un poco tarde a clase y que no había prestado la misma atención que los demás a su conversación con Blondie – Porque lo entendería si ya no quisieras ayudarme.

- ¿Por qué no iba a hacerlo? – objetó con circunspección. Seguro que le había ofendido. Raven suspiró para sus adentros: aquel sí era un príncipe azul de los de verdad – Necesitas ayuda, y a una damisela en apuros siempre hay que ayudarla.

Raven quiso reír, pero no lo hizo.

- ¿Tengo pinta de damisela en apuros? – quiso sonar mordaz, pero por alguna razón le salió neutro. Negó una vez y continuó – Mira, creo que no me oíste cuando lo dije en clase, así que te lo diré clarito. Soy la hija de la Reina Malvada, no una princesa. No tienes que rescatarme.

Livett habría cruzado mares tempestuosos a nado solo para ver la expresión que se dibujó en la cara de Dexter Charming. Sintió remordimiento, aquel chico le caía bien. Pero eso era lo mejor. Ya tenía suficiente con lidiar con Apple White como para tratar también con su noviecito. Sin embargo, la respuesta de Dexter rompió todos los esquemas que Raven se había formado en los últimos minutos.

- Ya decía yo que era raro poder hablar con una chica sin desmayarme.

La convicción y la seriedad de sus palabras fueron tales que Raven no pudo aguantar más.

Y se echó a reír. Rió como no lo había hecho desde su llegada a Ever After High. Desde su marcha de Far Away. Desde la despedida con sus padres. Se dobló de la risa antes de exclamar, feliz:

- ¡De acuerdo! Vale, tú ganas. ¡Eres bueno! – vio que Dexter también estaba sonriendo, así que aceptó su ofrecimiento. El muchacho se lo había ganado -. Está bien, guíame, apuesto caballero. Me pongo en tus manos.

Dexter se sonrojó aún más si cabe y le indicó el camino. Anduvieron hasta llegar a un hueco rectangular en la pared del que no se había percatado antes. Él pulsó un botón minúsculo en un saliente y donde parecía no haber nada se abrieron las puertas de cristal de un ascensor.

- ¡Wow! – Raven entró en la cabina transparente y se asustó al ver que no había cuerdas que la sujetaran. Dexter notó su tensión.

- Es mágico – explicó -. Te llevará a donde tú le digas, tan solo tienes que pronunciar el nombre de la clase o el ala del edificio en alto.

- De acuerdo – relajó la postura. Ya se estaba cansando de tantas sorpresas -. Villanería General.

- ¡No, espe…!

Pero el ascensor ya se había dejado caer como un peso muerto al vacío, siendo sustituido al instante por otro idéntico. Lo último que Raven le oyó decir a Dexter fue: agárrate bien.

El cubículo voló, giró y zigzagueó a toda velocidad por un montón de túneles de piedra oscura. La puerta no se había cerrado y en un momento dado Raven estuvo a punto de precipitarse al abismo por el impulso al cambiar de ruta. Cuando se hartó del mareó, gritó furiosamente.

- ¡Ya basta! ¡PARA!

Un aura morada rodeó a Raven y, como una llamarada, salió disparada en todas direcciones. Con un último frenazo, el ascensor se detuvo en el borde de una galería iluminada con lámparas de aceite flotantes, y justo frente a un portón de madera vieja sobre el cual había una placa oxidada que ponía Villanería General. Al ver que seguía suspendido en la nada, Raven salió corriendo del elevador, al que fulminó con la mirada. Aliviada al Fin, se dio la vuelta solo para proferir un alarido. Ahí estaba Cerise Hood, a un centímetro de distancia. ¡Menudo susto le había metido!

Ni siquiera pudo protestar porque la joven de la caperuza la rodeó, se metió en el ascensor diabólico y, tras esperar a que se cerraran las puertas, habló. Lo curioso fue que le habló a ella.

- Tiene que cerrarse. Si no, se pone de los nervios – Raven contuvo el aliento. Nunca había escuchado una voz tan femenina y gutural como la suya -. A la entrada – y con eso, Cerise desapareció por el túnel del techo.

Lo único que pudo pensar fue que Apple se había confundido. Cerise no era el nombre de una fruta, sino el color rojo particular de dicha fruta.

Con un temblor irracional recorriéndole la espalda, se sentó en uno de los asientos libres del aula de Villanería General. Era muy diferente a la de Literatura Fabulosa: el techo era bajo, las paredes húmedas y había telarañas por todas partes. Las mesas estaban todas al mismo nivel, eran grandes y de hierro, para tres o cuatro alumnos cada una, puestas en dos filas iguales. En el lugar del profesor se hallaba el Lobo Feroz.

- Vaya, vaya. ¡Miren a quién tenemos aquí! – farfulló el señor Wolf. Por un momento juraría que el tono de voz de su profesor era clavadito al de Cerise – Raven Queen es una alumna modelo.

- ¿Cómo dice? – ya estaba cansada de tantas tonterías, así que la pregunta sonó ruda.

- Digo – respondió enseñando sus enormes y afilados dientes – que para ser la hija del Mal más Maligno de Ever After, su educación no parece estar a la altura de semejante título – Raven seguía sin entender nada -. ¿Acaso ve a alguien más aquí, aparte de usted?

Efectivamente, estaba sola. Ningún otro estudiante a la vista.

- Los villanos faltan a clase, señorita Queen – la regañó el profesor -, no son responsables ni siguen su horario, y menos en plena semana de orientación – se estiró en su silla-no-trono y se dispuso a echar una siesta -. Ya que es usted la única que ha venido – bostezó -, puede hacer lo que quiera, pero no se irá hasta que las trompetas toquen.

Durante el resto de la hora Raven se entretuvo haciendo garabatos en su libreta nueva. Tal y como el profesor Nimble le había dicho, cuando se cansó de sujetar la pluma, dibujó sobre ella círculos con los dedos y el objeto cobró vida, delineando trazos abstractos sobre el papel.

Al son de las trompetas, y tras despertarse de un sobresalto y maldecir a Milton Grimm y sus molestas ideas, el profesor Wolf la echó de clase.

Raven miró el horario y aunque dudó si ir, supuso que el castigo del profesor de Economía Bruja no sería peor que el que acababa de recibir. Lo mejor era que no tendría que coger el ascensor en un buen rato, ya que el aula se encontraba al doblar la esquina. Pero al contrario de lo que había imaginado, estaba llena. Había una pausa de un cuarto de hora entre clases para que a los alumnos les diera tiempo de llegar, pero la mayoría ya se encontraban allí, esperando. Ninguno prestó atención a Raven, que se sentó en la última fila del aula, parecida a la de Villanería General.

Pasados los quince minutos, una anciana con huesos de pollo y plumas en el pelo entró sentada en una especie de taburete flotante. Se quedó pensando hasta que se acordó de un proyecto de historia de segundo curso en el que una compañera había expuesto la historia de una leyenda popular rusa: la bruja Baba Yaga. Al parecer tenía una reputación lo suficientemente infame como para que a nadie se le pasara por la mente faltar a su clase.

- Bien, lo retomaremos donde lo dejamos ayer – ni siquiera se dignó a mirar al alumnado -. Pero antes – levantó una hoja en su escritorio -, ¿Raven Queen?

Entonces sí, todos la miraron. Esta vez no se encogió, había aprendido la lección. Se irguió y asintió, dándose cuenta de que aquellas personas no la miraban con miedo, sino con estimada curiosidad. Su desahogo no duró mucho, pues se dio cuenta de que esa fascinación era por ser la hija de una reconocida villana.

- Bien – masculló Baba Yaga -. Seguro que no le costará habituarse al nuevo temario, ¿verdad? Al fin y al cabo, usted ha nacido para esto – y le dedicó una sonrisa, o eso pretendía ser, de lo más maliciosa.

Se equivocaba, pensó Raven. Y, si no lo hacía, se recordó a si misma que había alguien en el mundo que no lo creía así.

Pensar en su madre, Ebony, la llenaba de una sensación amarga e incómoda. ¿Dónde estaría ahora? ¿Pensaría también en ella? ¿Habría asistido a una clase como esa? Muchas preguntas, todas sin respuesta.

Jamás la conocería. Nunca se abrazarían ni se dirían lo mucho que se habían echado de menos. Su verdadera madre nunca llegaría a decirle que estaba orgullosa de ella. Lo único de lo que Raven podía estar segura acerca de aquella mujer era que la quería, y que por eso se había sacrificado para darle la oportunidad de elegir.

La gran mayoría de estudiantes estaban más atentos a ella que a la profesora, que explicaba sin mucho interés la forma correcta de maldecir a un animal pequeño para que obedeciera sus órdenes.

Ella no haría eso. No sería una bruja malvada. Se lo había prometido a sí misma y a sus padres adoptivos.

A su madre, donde quiera que estuviese.

Lucharía, lucharía por su libertad.

Hasta el Final.

Y solo era el Principio.


Hola, gente! Aquí, en España, son las 2:20 de la madrugada del lunes. Pero qué le vamos a hacer, os quiero demasiado como para haceros esperar a aquellos que estáis ahí en Sudamérica.

¡Final dramático! No era lo que tenía pensado porque, sinceramente, no tenía la más mínima idea de cómo acabar el episodio. Por eso hoy voy a tener ojeras XD Lo he releído y reescrito unas CIEN (cuatro) veces, así que si encontráis algún error en la edición, me mato (o me dejo sin postre, que es peor).

* El vestido es el de la serie. ¡Pintao! Pero sin el cacho artefacto ese de plumas. El peinado, más de lo mismo: sin la diadema esa de pinchos pero con el mismo recogido.

¿Se nota que mi personaje favorito es Cerise? No, ¿verdad? ¡Claaaro, si es que yo lo rompo!

Bueno, nos vemos. ¿Cuándo? Pues el viernes 27. Aaadiós!