Esa noche dormí más tranquila, en parte gracias a Fred. La conversación había quedado inconclusa, pero sólo temporalmente.
-Lo siento mucho- se disculpó Harry- no sabía que estaba Fred aquí…
-Shhh- interrumpí entre risas- no te preocupes. Mejor hay que dormir ya.
No dijimos una palabra más el resto de la noche, bajo la obscuridad de nuestra habitación compartida. El día siguiente amaneció nublado. Me sentí como en Londres, así que estaba mucho más animada que antes. Todos evitaban hablar de Sirius pero sabía que en el fondo estaban preocupados también. La otra cosa que nos mantenía tensos era la situación con los Cullen, los días anteriores la pastelería no había sido abierta por las festividades, pero aquel día iban a llegar Jake y Seth a trabajar y nadie sabía cuál iba a ser su reacción. Preferí no ir a la P.G. y no saber nada más del problema hasta caer la noche y que alguien me lo contara.
Pensé mentalmente en cuánto tiempo había estado ausente mi padre: esa sería la tercera noche. Como siempre, la casa se vaciaba y los chicos salían a divertirse. Ellos notaron cómo me sentía y me dijeron que los acompañara, pero insistí en que se fueran, yo saldría a pasear sola. Los gemelos se quedaron.
-¡Oigan! ¡Váyanse! En cuanto salgan lo haré yo también, así me aseguro de irme en dirección contraria que ustedes.
Yo reí y ellos pusieron los ojos en blanco.
-No podemos dejarte sola. Si te suicidas me sentiría mal y eso no me gusta- dijo George.
-Ah, entonces me acompañan para evitar sentir culpa, ¿cierto?
-Cierto- dijo Fred.
Negué con la cabeza riendo irónicamente. A pesar de todo, estar con ellos no era malo.
Aunque apenas eran las cuatro, lo nublado del día hacía pensar que era mucho más tarde. Traté de escabullirme a escondidas de la casa para pasear sin rumbo fijo y sin tener que dar explicaciones, pero unos metros adelante, Fred me alcanzó.
-Hola.
-¿Qué haces aquí?- le pregunté.
-Acompañándote.
-Ya veo.
El clima había enfriado más de lo normal y se empezaba a sentir la brisa pegando en nuestro rostro.
-Qué raro- comenté- esperaría nieve, no lluvia.
Fred se detuvo. Lo miré con el ceño fruncido.
-¿Qué?
-¿Cómo que "qué"?- preguntó sorprendido- yo buscando la manera de retomar la charla de anoche y tú hablando del clima.
-¡Perdón! Creí que te arrepentirías y sólo quería hacerte creer que lo había olvidado para que no te sintieras mal.
Esbozó una gran sonrisa.
-¿En serio?
Me sonrojé.
-¿Está mal?
-No, sólo que actúas muy bien. De veras pensé que lo habías olvidado.
-Merezco un premio, ¿no es así?
Ambos reímos por lo bajo. Seguimos nuestra tranquila caminata y yo esperé a que reanudara la charla, después de todo él era el que tenía algo que decir. Clavó la vista en la nada, me conmovía verlo así de pensativo. No quería hacerme muchas esperanzas pero el estómago se me llenaba de mariposas al pensar que yo podía ser la causa de ello.
-Roselyn, te conozco hace muchos años…
-No necesitas decir lo que ya sé, Freddy Krueger.
Sonrió confundido, supuse que no sabría quién era Krueger pero Freddy sonaba lindo en él. Dirigió su mirada hacia mí… esos ojos… Quita esa cara de boba, Rose. No, no pude. En cambio, puso su mano en mi cintura y me acercó a él, lo suficiente para que nuestros labios se unieran perfectamente.
-Demonios… ¿Qué pretendes, Weasley?
Lo dije casi como un suspiro, con una voz completamente nerviosa. Él rió abiertamente y me besó. Fue EL beso. Mi corazón latía desbocado, quería que el momento durara una eternidad, que no fuera sólo mi imaginación. Le devolví el beso con desespero, como si nunca más pudiera volver a hacerlo. En cuanto nos separamos, mantuvo la cercanía entre nosotros.
-Qué beso, Roselyn. ¿Cuánto tiempo llevabas deseándolo?
Soltamos una carcajada y me separé un poco de él. Quería mantenerme con la mente clara y no estar bajo el efecto de sus encantos.
-A decir verdad, mucho- confesé, un tanto ruborizada- y si ahora no me dices algo bueno te juro que moriré de vergüenza.
Reímos de nuevo.
-Cómo eres boba.
Seguí caminando para sentir las piernas y sabes que aún funcionaban. Fred fue tras de mí y me detuvo con delicadeza. En cuanto lo miraba, un revoloteo surgía en mi interior.
-Rose, sabes que no soy bueno para las cosas cursis, pero… te quiero.
Las últimas palabras fueron en slow motion impregnándose en mí. No había vuelta atrás. Me había ilusionado. Una enorme sonrisa apareció en mi rostro, pero en cuestión de segundos me puse seria. A él le desconcertó cómo había reaccionado.
-¿Qué ocurre?
Tomó mi mano con firmeza y buscó mi mirada. Yo no sabía por dónde comenzar.
-Tengo miedo. Sabes que la he pasado mal antes y no sé cómo me iría con otra decepción.
-No tienes por qué pensar en una decepción. No la habrá.
Me miraba a los ojos con seguridad, pero yo aún estaba dubitativa.
-¿Y qué tal si yo te decepciono a ti? No soportaría eso tampoco.
-Confío en que no lo harás.
-Fred, me siento mal. Has hecho muchas cosas por mí y tengo la sensación de que no te he devuelto ningún favor.
Se echó a reír.
-No pienses en eso. Lo único que necesito es verte feliz.
¡Aw! Me lancé a darle el abrazo que merecía y no perdí ocasión para bromear.
-¡Eres todo un cursi!
-¡Puaj! ¿Qué me has hecho?
Volvimos felices a la casa de Hermione, charlando pero de cosas superficiales y divertidas. Se soltó la lluvia a mitad del camino y corrimos hasta allá, llegamos empapados y riendo como locos. Todos nos miraron como si un tornillo se nos hubiera zafado, pero tan sólo los ignoramos y nos secamos en un santiamén con magia. La hora de la cena me disminuyó un poco los ánimos, pues continuaba ese silencio e incertidumbre por Sirius. No comí mucho, pero permanecí con la vista en la mesa.
-¿Qué pasó con Jake y Seth?- pregunté de repente y la tensión se liberó un poco. No era común sentir tensión a la mesa con los Weasley ahí.
-Nada nuevo, lo de siempre- respondió Hermione de inmediato y se removió de su asiento. Recordé entonces que los padres de Herms no recordaban nada del incidente. Me levanté para lavar mi plato y me disculpé con ella por lo bajo.
-No te preocupes- dijo- debes estar algo distraída por tu padre. Seguramente llegará pronto.
-Sí, eso espero- murmuré.
-Jake y Seth actuaron normales. Dicen que los Cullen no deben tardar en venir y todo se va a aclarar. Ojalá sea así, porque me ha rondado por la cabeza todo el día ese tema.
-Te entiendo, debería resolverse todo sin problema.
Luego de dedicarle una sonrisa de buenas noches y dar las gracias, subí a mi habitación y me senté al lado de la ventana, en el mismo sofá de la noche anterior. No me molesté en encender la luz pues la luna lucía esplendorosa y quería admirarla un rato. Luna llena. En la esperanza de que en un momento a otro Sirius apareciera. Si tan sólo lo tuviera enfrente le daría un buen golpe y le diría "me tenías muy preocupada". Luego lo abrazaría y no iba a tener que mortificarme más. Una lágrima silenciosa se escapó y escurrió por mi mejilla. Fred no tardó en llegar, esta vez sí lo esperaba.
-¿Por qué la obscuridad?
No le respondí. Se acercó y se sentó a mi lado, acunándome con sus largos brazos. Recargué mi cabeza en su pecho y solté un suspiro.
-¡Qué luna!
-Sí. Lo sé.
-¿Puedo esperar contigo?
Levanté mi cabeza para observarlo. Sus ojos brillaban bajo la luz nocturna y podía percibir su sonrisa. No dije nada, sólo me acerqué a él, y casi como reacción natural, nuestros labios se encontraron.
El amanecer fue especialmente distinto a cualquier otro. Lo primero que percibí al abrir los ojos fue su aroma, ahí estaba, había permanecido toda la noche a mi lado. No podía estar más feliz y triste a la vez, por Fred y por Sirius. La soledad me perseguía, y no siempre fue de mi molestia, pero las hormonas y todo eso me ponían de un humor diferente, además era habitual la depresión navideña. Decidí olvidarme de eso y contemplar a Fred, quien tenía un sueño pesado al igual que sus otros hermanos. Me incliné sin prisa alguna a besarle la frente, tras unos segundos él sonrió, abrió los ojos y me devolvió un beso igual al que yo le había dado.
-Creo que ya llevábamos rato esperando por esto.
Sonreí.
-Apenas ayer tenía que fingir que no me gustabas.
Mi frente se recargó con la suya. Pasamos así unos instantes antes de volver a la realidad. La realidad era que no sabía nada de mi padre, y era peor saber nada a saber algo, fuera bueno o malo. Noté qué Harry no había dormido ahí, pobre, lo ahuyentamos. Tendría que disculparme más tarde.
Bajamos a la sala como siempre y los que estaban ahí nos lanzaron una mirada y una sonrisita sugerente, me ruboricé por lo que estarían pensando Arthur & Molly Weasley y di un paso a mi costado para alejarme de Fred.
-¡Hermano!- exclamó George- ¿Qué pasó?
-¡Roselyn! ¡Querida!- dijo la Sra. Weasley antes de que Fred respondiera, acercándose a mí y dándome un fuerte abrazo- ¿Fred te lo dijo al fin?
Solté una risa nerviosa y el pelirrojo habló antes que yo.
-¿Decirle qué?
Hermione, George, Percy y Ron comenzaron a murmurar cosas al mismo tiempo, por lo que no capté ninguna idea por separado. Ginny puso los ojos en blanco como signo de desesperación y dijo una octava más alta que los demás:
-¡Pues que le gustas! Todos nos dimos cuenta.
Fruncí el ceño aún más sonrojada y lo miré con ternura pero burla a la vez. Yo también era bromista, lo aprendí de los mejores.
-También era evidente en ti, Roselyn, por si te lo preguntabas- dijo George y yo me hice la ofendida.
-¿De veras? Hm… tanta gente viéndome al mismo tiempo me intimida- agregué paseando la vista por la sala, la mayoría se echó a reír.
-Mejor desayunemos para ponernos manos a la obra con los preparativos de año nuevo, ¿les parece?- preguntó la Sra. Granger y todos asentimos.
Año nuevo estaba demasiado cerca. Me sentía muy rara sin mi alocado padre al lado. Eso me quitaba el apetito y por eso delataba mi estado de ánimo con los demás. Fred apretó mi mano por debajo de la mesa y agradecí infinitamente su compañía.
-Rose- dijo Arthur y yo levanté la vista para mirarlo con atención- te aseguro que con esto- nos señaló con la cabeza a Fred y a mí- Sirius no tardará en llegar. El radar paterno lo llamará, créeme.
Esbocé una débil sonrisa. Fui la primera en retirarme de la mesa y Harry me secundó.
-Tengo sentimientos encontrados, Harry- dije, dejándome caer en el sofá. Él se sentó en el del frente para mirarme mejor- tengo una fuerte corazonada de que algo bueno pasará hoy pero también algo malo. Estoy temerosa de lo malo.
-Rose, Sirius significa demasiado para mí, tú lo sabes- asentí- pero son festividades y no se perdería la oportunidad de estar con la familia. No han pasado demasiados días desde que se fue, pero si hoy no aparece, deberíamos contactar a Lupin y buscarlo.
Si pudiera verme, apostaría a que mis ojos brillaron al escuchar la propuesta.
-No lo tengo que pensar. Gracias, Harry. Pero para contactar a Lupin debemos primero escribirle a…
Estábamos en eso cuando una sombra blanca entró a la habitación agitándose por los aires. Era él, era Sirius. Me levanté, esperando a que tomara forma para abrazarlo, pero cuando lo hizo, noté lo mal que se veía. Estaba devastado. Incluso tuve miedo de acercarme demasiado a él.
-Papá. ¿Qué pasó?
Atrás de mí estaba Harry, y más allá todos los demás. Sirius nos observó unos minutos a todos y dijo:
-Llegué hasta Volterra esperando que no fuera muy tarde.
En ese momento tocaron el timbre. Ginny fue rápidamente a abrir la puerta y ahí estaban los Cullen. Inoportunos, siempre inoportunos. Entraron sigilosamente mientras todos esperábamos a que Sirius siguiera contándonos. Sin embargo, en cuanto se dio cuenta de su presencia, se abalanzó hacia ellos desesperadamente, incluso con violencia. Los que pudimos, lo detuvimos. Uno de ellos lucía atónito.
-Ustedes. ¡Ustedes! ¡Malditos monstruos!
Edward, si no me equivocaba, se inclinó hacia Carlisle, el líder, y movió los labios extremadamente rápido en su oído. Carlisle no perdía la expresión serena.
-¡Tranquilo! No tenemos nada que ver con ellos. Por favor, confía en nosotros.
-¡Papá! ¡¿Qué pasó?!
Sirius recobró la compostura en ese momento. Se volvió hacia mí y me miró a los ojos.
-Hay cosas que ni nos imaginábamos que existían, de las que no nos advirtieron. No pude hacer nada para detenerlos... Lupin, mataron a Lupin por ser hombre lobo.
