Together.
Iroh la esperaba en el hall, había tenido una charla amena con Lee mientras esperaba. El mayordomo era un buen hombre y además oficiaba de chofer. En confidencialidad, el General le dio las indicaciones para ir hacia el salón—bar donde tendrían su reunión. El hombre no tardó en acceder, él mismo le comentó que, a pesar de estar trabajando día y noche, y de los encuentros con el propio General, la "Señorita Sato" estaba melancólica y Lee temía que pudiese desencadenar en algo peor si no se hacía algo.
El General, sólo asintió en respuesta y buscó, de la manera más educada posible, de instar al hombre que apresurase los preparativos del auto en vez de hablar. Para él era comprensible que Asami pudiese estar de humor algo caído, no todos los días tienes un viaje excitante alrededor del mundo y formas parte de una lista de eventos determinados que concluyen a salvar el mundo para después volver a la rutina de siempre. Tampoco, no todos los días, una de sus más cercanas amigas es herida de gravedad y decide viajar a su tierra natal para curarse, ni comienzas a distanciarte de tus amistades. Son demasiadas cosas que suceden, mucho para procesar y asimilar. Pero para él, había una gran diferencia entre el humor alicaído y "algo peor si no se hacía algo". Aún no habían llegado a ese punto. Y, en su experiencia familiar, podía estar casi seguro de ello. No al cien por cien, pero podía estar seguro.
Tenía que admitir, pese a todo, que aquello no le gustaba… No le gustaba verla preocupada o angustiada, porque él era capaz de hacer todo lo humana e inhumanamente posible para verla sonreír. Porque él tenía ganas de pegarse al lado de ella y preguntarle e insistirle hasta el cansancio que era lo que le hacía mal y quería que ella confiara en él lo suficiente (y más también, por qué no) como para contarle y llorar en sus brazos o en sus hombros. No quería que ella lo distrajera con sus labios suaves y sus ojos hipnotizantes, no quería que ella intentara alejar los problemas o aquellas preguntas que no deseaba responder con besos y abrazos.
Iroh sabía que tenía que ser paciente, por más que no le gustase. Ella eventualmente le respondería una vez que estuviese más relajada. Eso lo sabía, sí. Pero… estaba preocupado.
Y el hecho de que haya estado Mako allí no solucionaba las cosas. Él era el ex de ella y eran amigos. Incluso Tenzin y Lin se distanciaron cuando terminaron su relación, claro que existió aquél asunto de la destrucción casi total del Templo Aire y del intento de encarcelar a Pema de por medio, pero aun así, actuaron como casi cualquier persona normal actuaría después de separarse: evitando al otro. Y sin embargo… ellos siguieron juntos. A pesar de que él saliera con el Avatar, amiga en común de Asami y luego terminara la relación. Ninguno de los tres se planteó la idea de estar separados los unos de los otros hasta recién. Y no parecía estar agradándoles a ninguno, aunque del Avatar era difícil saberlo, Iroh le había mandado algunas cartas, preguntándole tanto a ella como a su padre por el estado de salud, pero Korra no había respondido ninguna carta y Tonraq sólo decía que su hija estaba trabajando en recuperarse.
Mako y ella habían estado hablando y, de hecho, el detective pronto logró lo que él no había logrado, que ella le hablase con honestidad de sus preocupaciones. ¿Acaso era porque él era demasiado mayor para ella, como para comprenderla?
Los pasos de Asami bajando las escaleras desviaron su atención de sus propios pensamientos y se concentraron en ver la figura de la pelinegra vestida en aquellas finas ropas, tan bien combinadas y tan armónicas que resaltaban la belleza y la elegancia de su andar. Iroh no pudo evitar sonreír embobado ante la vista, pero se recompuso lo más rápido que pudo para tenderle ofrecerle una mano y caminar juntos hacia la cochera.
—Te ves espléndida –comentó dándole un beso en la mejilla. Ella sonrió.
—Gracias, no eres tan malo eligiéndo ropa, después de todo—respondió Asami, divertida—. Deberías hacerlo más seguido. Quizás te podría contratar como mi asesor de modas.
—No creo que lo vaya a aceptar, por más que signifique estar más tiempo a tu lado –habló él con tranquilidad—. No podría alejarme de mi deber con República Unida.
Asami sonrió.
—Supongo que me tendré que conformar con verte de tanto en tanto –suspiró.
—Podrías venir conmigo –sugirió él—. En alguna que otra ocasión, claro, no quiero tener que alejarte demasiado tiempo de tus actividades con Industrias Futuro.
—Lo tendré en cuenta, Iroh –ella volvía a sonreír con calma, pensando quizás en la posibilidad—. Hm, despertar día a día a tu lado…
El tono de voz sugerente le bastó al General para que los colores se le subieran al rostro y que ella rompiera en claras risas.
—No es justo que te diviertas a costa mía— le reprendió él, mientras llegaban al auto y él se adelantaba para abrirle la puerta—. Si lo dices, más vale que sea en serio. No está bien que juegues con las ilusiones de un hombre.
—Oh, no seas melodramático ¿de quién aprendiste eso?—comentó, dando un pequeño gracias mientras se acomodaba en el interior del vehículo y veía como él cerraba la puerta, sólo para rodear el mismo y subirse del otro lado.
Sentados uno cerca del otro en un reducido espacio, Iroh se planteó la posibilidad de que sus largos paseos se debían a la intención de evitar estar en una posición donde uno no podía huir del otro, tal y cual estaban dentro del satomóvil. Él exhaló un pequeño suspiro, dándose cuenta de que nunca antes se había puesto tan paranoico por estar a solas con una mujer. La pelinegra, dándose cuenta del suspiro, lo observó con curiosidad, por lo que el hombre rápidamente buscó un tema de conversación.
— ¿Conoces a Bumi? Me he criado gran parte de mi vida con él. Sobre todo, la militar. No le gusta tomarse las cosas muy en serio.
—Sí, me pareció notarlo –rió ella—. Tiene mucha energía dentro de sí.
—Nunca escuché una manera tan educada de decirlo –se permitió reír Iroh mientras el coche avanzaba, recordando a aquella suerte de mentor y compañero que con la que le tocó relacionarse—. Conseguí la recomendación de mi abuelo, para entrar a las Fuerzas Unidas… aunque tuve que tener el aval de mi madre en primera instancia. Fue un poco difícil, porque, bueno, ella no quería que me alejase de mis deberes reales, por estar en la línea de sucesión.
Mientras hablaba, se había acomodado para estar cerca de ella, quien con aquellos ojos verdes mostraba curiosidad y entusiasmo por saber más sobre él.
—Mi abuelo también me ayudó con eso, alegando en que necesitaba tener experiencia militar y conocer las políticas del resto de las naciones, así como sus tratos… no pretendo aburrirte con todas las razones que le dio…
—No es necesario tener ese decoro conmigo… Iroh –lo interrumpió Asami mientras le dedicaba una mirada amable—. Puedes contarme.
—Pero es aburrido…
—Y lo dice un príncipe con la posibilidad de ascender al trono –señaló ella divertida. Iroh le sonrió y acercó sus labios a la mejilla de ella, para darle un corto y fugaz beso.
—Una cosa es verlo y otra cosa es oírlo –habló al separarse, ella lo observó con un sonrojo en sus mejillas levemente maquilladas y ambos se perdieron en la mirada del otro.
Por los espíritus… él podía mantenerse observando aquellos ojos únicos por toda la eternidad si así lo quisiera. Y nunca se aburriría, Iroh podía jactarse de ello. La quería. Sabía que la quería, todo en ella le atraía, sus ojos, esa sonrisa sincera de labios pintados, el tono suave y dulce de su voz, su piel tersa y blanca, su deslumbrante inteligencia, aquella forma que ella tenía para tentarlo y jugar con él de una manera inofensiva…
Un bache en una calle mal pavimentada hizo que ambos se tambalearan en sus asientos, resultando en la ruptura del encantamiento. No era nada grave, como mucho, un susto mínimo del momento, pero ambos recuperaron el decoro y se volvieron a mirar. El hechizo ya no era posible, la magia del momento se había dispersado.
—Sólo… calla y continua –le ordenó Asami con un sonrojo y una incomodidad provocada por el inusual momento íntimo. Y Iroh asintió, bajando su vista hacia sus propias manos, intentando hacer memoria.
—Mi abuelo convenció a mi madre diciéndole que una carrera en las Fuerzas Unidas me daría experiencia tratando asuntos políticos en el exterior y no era necesario que tuviese que aspirar por llegar a lo más alto para saber cómo se movía el mundo militar…
— ¿Y cómo fue que llegaste a ser General? Si no era necesario…
Iroh torció la cabeza en gesto vago.
—Bumi hizo demasiadas recomendaciones –se limitó a decir, como explicación, aunque no tardó en explayarse—. Tuve maestros muy estrictos en mi infancia, sea en defensa, combate sea fuego—control o táctico. No tardé en resaltar, aunque no sirvió de mucho cuando el parloteo de Bumi me expuso como nieto de Zuko… me terminaron ascendiendo tanto por el linaje como por mis capacidades, pero dudo cuál de las dos tiene más peso.
El auto se detuvo junto a las risas propias de Asami por la anécdota en sí y la expresión del rostro del General mientras hablaba. Lee les anunció que habían llegado y les deseó buena suerte a ambos, informando que lo llamaran cuando deseaban marcharse. Tanto uno como otro le agradecieron por el viaje y Iroh fue el primero en bajar, para ayudar a Asami a hacerlo. Tomados del brazo el uno del otro, avanzaron hacia la puerta del establecimiento.
El exterior era una fachada blanca, inmaculada con detalles en dorado. Las puertas eran grandes, negras con vidrios transparentes y estaban ornamentadas con esculturas y detalles finos de animales típicos de las cuatro naciones. Mucha gente entraba y salía casi constantemente, respirándose un aire de jovialidad y dicha.
Iroh observó a Asami y contempló el rostro de sorpresa de la menor. Los ojos abiertos, la sonrisa sincera y ese aire de curiosidad. Él apretó su mano, en cierta manera, contento de poder disfrutar aquella reacción.
— ¿Qué opinas?
—Parece muy concurrido…— comentó tras dudar—. ¿Qué hay dentro?
—Es un salón—bar, hay música en vivo y una amplia pista para bailar…
En aquél momento, un grupo de mujeres pasaron riéndose estrepitosamente. Tenían vestidos de un rojo, celeste, verde o fucsia fuerte y llamativo, con flecos cayendo alrededor de toda la prenda. Los mismos eran sorpresivamente cortos, llegándole hasta las rodillas, como mucho, dejando ver sus piernas largas enfundadas en medias blancas. Tenían zapatos de poco taco e informales que hacían juego con sus vestidos. Usaban sombreros pequeños, de un modelo similar al de Asami, pero más vistosos, con plumas y adornos brillantes. Tenían pestañas postizas, grandes e inusualmente largas, y con los labios pintados de un fuerte color rojo.
Asami hizo un gesto de desagrado, al verlas pasar, pues hacían un escándalo innecesario que rompían con la magia del lugar. Iroh intercambió una mirada con ella y se encogió de hombros.
— ¿Entramos?
—Por favor— pidió ella, provocando risas en él.
Ni bien ingresaron, se encontraron en un recibidor donde una mujer les preguntó amablemente si querían dejar algo allí. La pelinegra, aunque algo dudosa, aceptó dejar su cartera allí. Le dieron un número para retirar más tarde su pertenencia y ambos se dirigieron a la puerta que enfrentaba la de entrada y competía en imponencia.
Al cruzarla, ambos se encontraron con una amplia habitación, tan grande como un patio de juegos infantil. Había un pequeño escenario donde una banda tocaba sin descanso alguno en uno de los extremos de la habitación, mientras que en el centro había una barra de bebidas y de allí al otro extremo, mesas ordenadamente dispuestas. Algunas estaban ocupadas por parejas o grupo de la mismas; otras, por mujeres que no paraban de reír con voces de ardilla u hombres que hablaban con voces de estruendo y fumaban como chimenea; varias mesas estaban vacías, aunque había sacos y carteras reservando el lugar, pues sus ocupantes se encontraban en la pista de baile. La misma, cabe señalar, ocupaba el espacio entre la barra y el escenario. Era grande y estaba ocupada por parejas que bailaban al ritmo de la música, cuerpo a cuerpo.
Asami observó el baile y un repentino sonrojo apareció en su rostro (ver notas). El General la observó y rió de manera silenciosa.
—No te preocupes, no tendremos que bailar una pieza lenta si no quieres—le susurró él.
—No hables antes de tiempo—le reprochó ella—. Solo... no estoy acostumbrada a bailar ese estilo.
—Oh, pero es algo que podemos resolver fácilmente.
La mirada calmada, que pretendía ser persuasiva la hizo reír de nuevo.
—Esperemos a un tema... no tan romántico—le pidió ella.
Iroh accedió sin reparos y se dirigieron hacia las mesas, en donde ocuparon una vacía. Tras acomodar la silla para ella, él se sentó a su derecha, quedando más cerca y generando un ambiente más íntimo entre ambos.
Ella le dio una mirada cargada de ternura y buscó su mano. Iroh le dio rápidamente la mano y la sostuvo entre las suyas.
—Escucha... sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites
La sonrisa cálida de Asami se desvaneció de inmediato y bajó la vista con cierta pena. Una mueca triste se asomó en sus labios. El pelinegro se preguntó qué estaría pensando ella en aquél momento.
—Lo sé. Lo sé— expresó por fin ella, asintiendo—...es que no... No sé cómo empezar o por donde hacerlo.
Se mordió el labio con cierto nerviosismo y Iroh decidió no insistir. No podía verla así sabiendo que era él el que la instaba a estar así. Cuando un mesero se acercó a entregarles la carta, Iroh se negó a aceptarla.
—Solo queremos un tema más alegre, para empezar a bailar—se explicó. El hombre asintió.
—Veré lo que puedo hacer señor— asintió antes de marcharse.
El general lo vio alejarse antes de volver la vista a Asami.
—Supongo que será tiempo al tiempo, ¿no?—le preguntó con calma y un intento de sonrisa. Ella le devolvió el gesto antes de responder.
—Gracias por entender...— musitó. Él le dio unas palmaditas en las manos sin perder su sonrisa.
—No es que vaya a poder hacer otra cosa, ¿verdad?
De alguna manera sus palabras le sonaron amargas. Él lo sabía, pero no podía hacer mucho al respecto. Sentía esa pequeña punzada de celos al recordar lo fácil que ella le había dicho al joven de fuego sobre lo que la abrumaba, mientras que él tenía que conformarse con esperar a que ella pudiese encontrar las palabras. Iroh supo que ella había notado esa amargura cuando ella extrajo una de sus dos manos que estaban entre las suya para ponerla encima y mirarlo con aprehensión.
—Iroh...—pronunció entonces con tono suave y trémulo, y él sólo se enojó consigo mismo. ¿Cuántas veces se habían llamado por su nombre? El sabor del arrepentimiento lo invadió con fuerza.
Para aquél entonces, su pedido había sido oído y una música de piano y saxofón comenzaba a sonar, más alegre y más enérgica. Encontrando la excusa en la música, se obligó a sonreír y tomar su mano mientras se ponía de pie.
—Vayamos a bailar—la invitó. Asami lo observó unos instantes antes de seguirlo.
Sin soltar su mano, el camino hasta la pista se le hizo eterno. Más que nada porque estaba cargando con sus propios sentimientos. No debió haber dicho eso. No debió insistir, no debió dejar que su orgullo hablase por él. Iroh no era de esas personas impulsivas, sus emociones, sus sentimientos... esas cosas él no las dejaba al aire tan fácilmente. Menos todo lo que él consideraba como algo negativo.
Al llegar al borde de la pista, el pelinegro se detuvo, volviéndose a ella, quien le sonrió débilmente antes de buscar como estaban las demás parejas.
—Pon una mano en mi hombro— le indicó él, agradeciendo que Asami se prestara a la situación y no buscase hablar con él por lo ocurrido.
Algo renuente, Asami hizo lo pedido y el general de inmediato sintió aquella mano fina y pequeña. Sonrió tenuemente, pues aún sentía placer por el contacto con ella. Flexionó su brazo, el brazo en cuyo hombro estaba la mano de la pelinegra y lo pasó por la cintura, ubicándola en la espalda, a la altura del hombro
— ¿No estamos muy cerca?— le preguntó ella, observando que estaban casi rozándose el uno con el otro. Iroh negó suavemente con la cabeza.
—No en cuanto al baile—repuso él.
—Pero la gente...
—Haz como si no estuviesen, después no te preocuparas por ello –aseguró con calma—. Aunque me sorprende que reacciones así.
— ¿Por qué? A todos los bailes que asistí, eran de salón. Nunca nada informal…
— ¿Pero nunca saliste con algún grupo de amigas o algo así?
Asami parpadeó, mientras la música seguía y ellos sin empezar a bailar aún.
—No en estos últimos dos años –se encogió de hombros ella.
—Bueno, es cierto que estos tipos de baile se han puesto de moda ahora, pero… aun así, debo decir que me sorprende. ¿El Equipo Avatar no fue ni siquiera a festejar sus victorias?
Iroh pudo ver como ella arqueaba una ceja.
—Disculpa si estar ocupada ayudando a Korra…
—Está bien, está bien. Entendí el punto –rió él aún sin soltarla—. En fin… mano izquierda en mi hombro, mano izquierda en tu espalda, manos derechas juntas; ahora, cada vez que doy un paso, tú das uno hacia atrás. Si yo doy un paso al costado, tú me imitas; si te tomo de la cintura…
— ¿te tomo de la cintura? –preguntó con inocencia ella. Iroh rió.
—No, dejas que te levante –respondió—. Pero no estaría mal.
Ella sonrió de costado y le dio un pequeño golpe en el hombro, con la mano que allí tenía.
—Sólo sígueme el paso, y el ritmo. El resto te saldrá cuando te relajes –le sonrió el hombre joven.
—De acuerdo…
Dando pasos circulares, al ritmo de una música enérgica, rápida y amena, comenzaron a mezclarse entre la multitud. Los primeros pasos de la pelinegra fueron temerosos y le costó ir al ritmo de él. Pero el General tampoco se quedó atrás, le costó encontrar un ritmo en el que ella se sintiese cómoda bailando y que las otras parejas no chocasen con él, pero tras uno o dos traspiés, pisar la punta del zapato del otro más veces de las deseadas y enredarse las piernas, Asami logró acompañar a cada paso a Iroh, así como el mismo logró encontrar la velocidad adecuada para llevarla.
Las canciones fueron pasando, lentamente al principio, y más rápido cuando se acercaba el final. Así como las primeras pistas se mantuvieron enérgicas y rápidas, las que vinieron después fueron más calmadas, más románticas y más íntimas. Incluso el paso y la forma de mirarse cambió, ya no variaba tanto la postura, sino que las parejas se quedaban casi en un mismo lugar y a penas se desplazaban alrededor de círculos imaginarios. Iroh y Asami no fueron la excepción a la regla, ella incluso llegó a sentirse cómoda en el ambiente como para dejar reposar su cabellera negra en el pecho del hombre y cerrar los ojos mientras se dejaba llevar.
El General, por su parte, apoyaba suavemente su mentón sobre la coronilla de ella y con aire meditabundo pensaba en el día y aquellas pequeñas espinas de las que ninguno de los dos deseaba hablar.
Nota: Hola a todos, después de la enorme trolleada del viernes (véase en Avatar, Libro 4, Capitulo 3: nos mostraron a la hermosa hija de Zuko, pero no le pusieron voz ni mencionaron su nombre), aquí estoy, nuevamente, escribiendo un capitulo que creo que lo podría haber hecho más corto. Aún así, no me desanimo. Me gustó el cap, creo que desde el primero que no pongo tan patente los sentimientos de Iroh. En fin...
Básicamente lo que bailaron vendría a ser Foxtrot, pero dentro del mismo estilo esta el rápido y el lento. Desafortunadmente encontré muy pocos vídeos que no fuesen de exhibición para certámenes y concursos donde se evalua todo menos el baile en sí. Algo parecido sucede con el Charleston, aunque en este no se encuentra a las parejas bailando juntas, sino esas coreografías en las que los involucrados miran al público mientras bailan e.e En fin... las chicas con los vestidos curiosos y risas molestas son flappers. Unas linduras de chica, a decir verdad, pero muy rebeldes para su época.
¡Reviews!
Kuviroh: Oh, ya veo. Siento haberlo malentendido (insersese aquí un cartel que apunta directo a Lillinet que dice: "pésima para relacionarse con otros"). Oh, ya veo, no sabía que había una pelea entre esos grupos. Hoy en día el fandom se pelea hasta por la mosca que vuela. Gracias por leer y, de nuevo, mil perdones.
ElenaR: jajajaja, bueno, aquí tienes al Iroh bailarín, espero que te haya gustado. Y en cuanto a comprarlo, la verdad no sé. Oí que estaba agotado, pero a lo mejor, hay alguno disponible aún xD Gracias, no voy a mentir, me costó escribirla sin que pareciera que había algo entre ellos. Es dificil hoy en día hacer una conversacion entre dos personas que fueron pareja y ahora son amigos ._. Pero muchas gracias por leer.
En fin, mis queridos lectores, me iré a dormir, o a intentar dormir ya que hoy ando un poco mal de salud (estúpido cocinero que lavó mal la estúpida lechuga en el estúpido restaurante al que fui hoy), así que si algo sonó raro o falta en el capitulo avisenme y lo editaré en cuanto me sienta mejor, pero no podía pasar de hoy para subirlo.
¡Saludos!
