DISCLAIMER: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi, y los uso sin ánimos de lucro.

CAPÍTULO 7-MARCANDO LÍMITES

Aparcó su flamante coche blanco delante de la casa. Kagome se quitó el cinturón y cogió su bolso, saliendo del vehículo y luego mirándolo con cariño desde fuera. Al fin había podido comprárselo! Y había sido gracias a los extravagantes salarios que cobraba desde que trabajaba para Inuyasha. Y pensar que dos meses atrás había estado a punto de perder el empleo! Pensar en el hombre que amaba le produjo un escalofriante cosquilleo en el estómago y le arrancó una sonrisa boba, que de inmediato fue borrada cuando sus pies volvieron a tocar el duro suelo de la realidad. Las cosas no iban nada bien con él, y estaba tan descontenta con su jefe como lo estaría una madre con su hijo liante. Meneó un poco la cabeza para borrar los malos pensamientos y entró en el recinto de la casa del actor, intentando convencerse a sí misma de que pronto las cosas empezarían a cambiar, en cuanto Inuyasha se diera cuenta de que tenía veinticinco años y no quince. Porque se había comido esos diez años de diferencia en su comportamiento desde que terminó con Kikyo.

Entró en la cocina y empezó a preparar el desayuno con parsimonia. Sango estaba de vacaciones, por lo que había confiado los apuntes que debía tomar en la universidad a un par de amigas y le ofreció a Inuyasha trabajar a tiempo completo mientras su amiga estuviera ausente. Cualquier cosa por contentarle…qué rastrera se sentía a veces. Pero nunca era más feliz que demostrándole que tenía los cinco sentidos dispuestos a él y que ocupaba toda su atención. Eso a pesar de que por su parte, Inuyasha no le dedicara ni un poquito a ella.

Nada había sucedido entre ellos desde que se besaron en su apartamento hacía dos meses. Él afirmó no acordarse, y ella lo aceptó con pesar. Hacía dos meses también que había roto con la arpía de las pasarelas y estaba disponible, y aún así jamás mostró un mínimo de interés por ella. Aquello era algo que había terminado de aceptar y a lo que se había resignado. Se metió completamente en el papel de asistente que consiente a su jefe como un niño pequeño y dedicó toda su esperanza a los mágicos sucesos de las películas. Esperó poder llamarle la atención desde la postura de mejor amiga confidente, de verdad esperó pacientemente, pero apenas pasaron dos semanas el comportamiento responsable de Inuyasha con su trabajo empezó a desmoronarse. Había perdido la cuenta de las veces que habían discutido y las que había tenido que regañarlo por asuntos varios. Aunque aquello no era lo peor, ni por asomo…

A las nueve y veinte, algo más tarde que de costumbre, se oyeron unos pasos en las escaleras. Kagome, quien había estado esperando a que el actor bajara a comerse el desayuno que hacía rato tenía preparado, se levantó de la silla y cerró el periódico que había estado hojeando para entretenerse. Pero el tipo de pasos llamó su atención. Eran demasiado suaves…no eran de él…Rodó los ojos, presintiendo lo que ocurría por experiencia, y no se equivocó.

Una chica rubia de pelo muy largo y liso entró en la cocina, mirando a su alrededor. Tenía los ojos entrecerrados y una mano posada en la frente. No se necesitaban tener más de dos dedos de frente para saber que la atormentaba una terrible jaqueca. Llevaba puesto un vestido de noche arrugado, de modo que era evidente que lo estaba usando por segunda vez sin un lavado previo.

-Buenos días-la saludó Kagome, apoyada tranquilamente en la encimera.-Puedo ayudarte en algo?

La mujer la miró y arrugó el entrecejo.

-Y tú quién eres?-le preguntó, con una nota de desprecio en la voz que no le gustó nada.

-Me llamo Kagome, y soy la asistente de Inuyasha.

-Oh…Sí, es verdad, creo que te he visto con él en alguna fiesta benéfica…-reflexionó. -Higurashi, no es así?

-Sí, en efecto-respondió amablemente.

-Bueno, Inuyasha me ha dicho que bajara si quería desayunar…

-Por supuesto, ahora mismo te preparo algo.

-Tienes algo que no lleve hidratos de carbono, colesterol y tampoco grasas de ningún tipo?

-Sí. Agua-espetó, haciendo una mueca. Genial, otra maniática obsesiva de la dieta aún estando como un palillo. Al instante supo que había sido demasiado maleducada con su comentario, porque la rubia la miró con cara de pocos amigos, pero no había podido evitar ponerse borde con la chica. Hasta un estúpido adivinaría a qué vino esa mujer la noche anterior, y por qué no se había cambiado de ropa. El sólo hecho de imaginársela cerca de Inuyasha con poca ropa hizo que le hirviera la sangre.

La desconocida abrió la boca para replicar, pero la puerta de la cocina volvió a abrirse y Miroku entró por ella, sonriendo enseguida a Kagome.

-Buenos días, preciosa-la saludó, besándola en la frente.

-Hola, Mir.

Miroku apenas oyó la contestación de su compañera de trabajo, porque se quedó embobado con la despampanante mujer que tenía delante. Ésta lo notó y le sonrió con coquetería.

-A quién tengo el placer de conocer?-le tendió la mano, y ella correspondió al agarre.

-Me llamo Asuka, y usted?

-Soy Miroku, el mánager de Inuyasha.

-Encantada…Vaya, asistente y mánager…Qué buena vida tiene este hombre.

-Tiene también dietista, y le hace de entrenadora personal, aunque ahora está de vacaciones.

-Vaya…

En ese momento, volvieron a oírse pasos en el pasillo. Asuka pareció entretenerse y esperó a quien tuviera que entrar con aires de seducción. Kagome cerró los ojos dolorosamente. De verdad tendría que presenciar más arrumacos entre el hombre del que estaba enamorada y otra mujer? Desvió la mirada hacia su derecha con disimulo para no ser testigo del desgarrador espectáculo, pero en cuanto vio que Miroku abría la boca descaradamente con sorpresa, volvió a dirigir su vista a la puerta. No era Inuyasha el que entraba, sino otra chica, morena de pelo corto hasta los hombros. Era tan guapa como Azuka, y en cuanto se vieron se fundieron en un apasionado beso francés. Kagome sintió náuseas y un doloroso retortijón en el estómago. Dos. Esta vez habían sido dos! Maldito Inuyasha! Se fijo en Miroku de nuevo y actuó por impulso. Le propinó un golpe de mano plana en la cabeza, sacándolo de su hechizo, ya que parecía embobado con el espectáculo que se estaba llevando a cabo frente a él.

Mientras las chicas seguían besándose como si estuvieran solas, Kagome fulminó a su compañero con la mirada y le pellizcó el brazo.

-Quieres un babero?-preguntó, sarcástica. Se cruzó de brazos y resopló. Maldito fuera el sexo masculino en general también!

-Por el amor de una madre…Ahora puedo decir que idolatro a mi jefe…

Se ganó una bofetada esta vez, y tuvo que inmovilizar las manos de Kagome, las cuales se movían presurosas para pegarle aun más.

-Cálmate, Kag, no hay para tanto…No puedo mirar siquiera? No exageres!

-Que no exagere? Bueno, si dices que no hay para tanto, se lo podré contar a Sango? Si tan gracioso te parece, seguro que a ella también!

La expresión de Miroku cambió a una de terror cien por cien, como si le hubiera dicho que alguien a sueldo se presentaría en su casa esa noche con una motosierra.

-No, eso no! –suplicó.

-Miroku, cariño, pórtate bien y no habrá nada que lamentar – Le dedicó una maquiavélica sonrisa y miró de nuevo el reloj de la cocina. Sango le había pedido que lo vigilara en su ausencia y reconocía que estaba resultando más un entretenimiento que no una tarea.

Las nueve y media. Suspiró.

-Me haces un favor?-el mánager se giró hacia ella y levantó una ceja, esperando el pedido-Inuyasha tiene grabación en los estudios esta mañana, concretamente dentro de una hora, y comienza a hacerse tarde. Podrías subir a despertarle?

-Por qué yo?

Kagome se sonrojó un poco y miró de reojo a Asuka y la otra chica, quienes ahora se estaban comiendo a medias el desayuno de Inuyasha como si estuvieran en su casa.

-Porque no veo conveniente que suba yo …Si ellas están aquí, ya sabes…

-Oh! Ya se habrá vestido, mujer-supuso, quitándole importancia con un gesto de manos. Miró su reloj de pulsera-Yo tengo que irme pitando, he venido a traerte unos documentos que tiene que firmar. Pasaré a recogerlos esta tarde cuando volváis de los estudios, pero ahora tengo una reunión urgente con Seshomaru.

-Pero…

-Vamos, Kagome! Ni que fuera la primera vez que tienes que subir a despertarle!

-Que lo haya tenido que hacer otras veces no significa que me convenga, Miroku-replicó.

El aludido se limitó a encogerse de hombros y sonreírle con burla. En ese momento, Kagome lo comprendió.

-Eres un rencoroso.

-Por qué dices eso, cielo?-preguntó, con un deje de inocencia muy mal fingido.

-Eso es por haberte amenazado con lo de Sango?

-En serio tienes que preguntarlo? Te tenía por una persona inteligente, Kagome-volvió a mirar su reloj y se apartó de la encimera donde estaba recostado.-Ahora si me voy, y rápido.

-Oye! No, espera!

-Que pasen un buen día, señoritas.

Las dos chicas le sonrieron y se despidieron con la mano, sensuales. Kagome quiso provocarse el vómito allí mismo. Esas cabezashuecas no merecían a Inuyasha! Aunque bien pensado…no creía que a Inuyasha le interesara encontrar a alguien que se ajustara a su personalidad. Durante esos últimos meses, parecía más absorto en acostarse con media Tokio que en volver a tener una relación seria.

Miroku desapareció corriendo por la puerta, a sabiendas de que su perseguidora le pisaba los talones. Kagome se rindió en cuanto lo vio salir por la puerta del jardín.

-Judas!-gritó, con los brazos en jarras. Oyó que se subía a un coche riéndose y que éste arrancaba, perdiéndose en los sonidos matutinos de la ciudad. Suspiró y se tapó el rostro con las manos. No podía culparlo. Miroku no sabía nada de sus sentimientos por Inuyasha y se lo había tomado a una simple broma. Cómo iba a decirle que temblaba de sólo pensar en…?

Verás, Miroku, me da cosa entrar en el dormitorio de Inuyasha y terminar retozando con él sabiendo que está desnudo debajo de las sábanas. No se negaría porque es un pervertido de mierda, pero a pesar de eso, me tiene enamorada hasta la médula, sabes?

Ja, ja, ja. Estúpida conciencia. La asistente resopló y se armó de valor. Volvió a entrar en la casa y casi chocó con Asuka y la otra bruja, quienes salían.

-Nos vamos, Kagome. Gracias por el desayuno-dijo la primera, mirándose las uñas distraídamente.

-Sí, estaba bastante bueno. Veo que las dietas que sigue Inuyasha son proporcionales a su cuerpo-añadió la segunda, intercambiando una mirada cómplice y coqueta con su amiga.

Kagome soltó una risita y sonrió amablemente, siguiéndoles la veta con educación. Se preguntó si un par de puñetazos bastarían para destrozarles esas más que operadas narices.

-Nos vemos, guapísima-se despidió Asuka, mandándole un beso con la mano.

-Cuidaos, chicas-respondió. En cuanto las tuvo a varios metros y desaparecieron por la esquina, añadió- Zorras.

Sabía que si su madre la viera usando un lenguaje tan vulgar la regañaría severamente. Pero no había sitio en su alma para la consideración, los celos ocupaban todo el espacio disponible para los sentimientos.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Se estiró perezosamente en las sábanas. El dolor de cabeza lo estaba matando, pero aun así su sonrisa arrogante y satisfecha era más que notable. La próxima vez serían tres chicas las que se levantarían con él. Ya podía ver la cara asombrada de Miroku cuando se lo contara. Sin detalles, por supuesto. Asuka y Kocho le habían parecido descaradas la noche anterior cuando las conoció en la discoteca, y comprobó que no se había equivocado cuando las tuvo en su cama haciendo maravillas con su cuerpo. Keh! Y pensar que había estado a punto de casarse… La vida era demasiado corta y había que disfrutarla.

La puerta se abrió bruscamente y soltó un gemido, tapándose las orejas cuando ésta chocó contra la pared. El ruido del impacto resonó en su cabeza como si le hubieran puesto un enorme altavoz a medio metro.

-Se puede saber qué haces aún en cama?-lo regañó una voz más que conocida.

Abrió un ojo y vio a su asistente observándolo con los brazos cruzados y un tic en la ceja desde el marco de la puerta.

-Ya estamos otra vez?-se quejó. Se giró bocabajo y se acomodó en la cama, debajo de las sábanas.

-Eso digo yo. Me vas a decir por qué he tenido que darles tu desayuno a ese par de…?-

-Diosas?-interrumpió, sonriéndole con coquetería. Se apoyó en un codo, su pecho quedó al descubierto y Kagome creyó morir del esfuerzo que tuvo que hacer para no correr y arrojarse a sus labios ante ese sensual comportamiento.

-Sí. Diosas de la gilipollez. Menuda vergüenza para el sexo femenino…Se puede saber para qué las trajiste?

Inuyasha era realmente malo con las indirectas, por lo que no supo captar que aquella había sido una pregunta retórica que no necesitaba respuesta.

-Como que para qué las traje? No sabes lo que es un menage a trois?

Touché. Qué era mejor? Echarse a llorar o estrangularlo? Y las dos cosas? Luchó por calmar sus instintos asesinos. Entrecerró los ojos, amenazante, y lo señaló con el brazo medio flexionado.

-Tienes cinco minutos para estar abajo. Hoy toca grabación.

-Es broma? Tengo que ducharme!-reclamó, con el ceño fruncido.

-Cinco minutos, Inuyasha-repitió, con voz plana.

Dicho eso, salió de la habitación como alma que lleva el diablo. Se detuvo en medio de las escaleras para apoyar la espalda en la pared y respirar hondo, calmándose. Los ojos le escocían y un doloroso nudo en la garganta amenazaba con soltar más de un sollozo desde que Inuyasha le había confirmado sus "actividades" de la noche anterior. Y qué esperaba? Que hubiera traído a Asuka y la otra zorra para jugar al parchís? O al ajedrez? No, para eso se necesitaban mínimo dos dedos de frente, cosa de la que carecían esas dos. Sin embargo, dados los comentarios de Inuyasha parecía que no se necesitaba ser inteligente para hacer bien según que otro tipo de cosas. Cosas que hacía con todo el mundo. Con todo el mundo menos con ella.

Suspiró y la garganta le dolió aun más. Cerró los ojos y se cubrió el rostro con las manos. Meses antes, cuando renovaron el contrato después de los sucesos con Kikyo, parecía que las cosas iban a ir para mejor. Pero sólo habían servido para hacer de su vida un infierno.

Maldecía al amor tanto como al estúpido de Cupido y a sus jodidas flechas.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

-Hoy comeremos de camino a Saitama.

-Cómo? Se puede saber por qué diablos hay que ir a Saitama?-se quejó el actor. Llevaba una mano puesta en la frente, haciéndose de visera, como si las gafas de sol no le bastaran. El alcohol no perdonaba, y lo sabía, pero no había escuchado a su conciencia la noche anterior, al igual que llevaba haciendo últimamente, sacando de quicio cada vez más a su asistente.

Kagome rodó los ojos. Doblaron la esquina y se dirigieron al estudio seis, esquivando antes un vehículo de carga que llevaba varios decorados.

-Porque Miroku aceptó tu participación en un anuncio de bebida para deportistas. Te lo dije ayer, es que nunca me escuchas?

-No empecemos otra vez, Kagome. Es esta tarde?

La aludida se mordió la lengua para no replicar.

-Sí, esta tarde. Saldremos hacia allí cuando acabes de grabar-respondió, con voz tensa.

Él no añadió nada más, pero lo oyó murmurar alguna que otra palabrota. Hizo caso omiso y empujó la puerta del estudio cuando llegaron.

Tras tres horas de grabación ininterrumpida, el director dio por terminada la sesión y los actores empezaron a retirarse del plató, conversando animadamente entre ellos. El equipo técnico también se dispuso a recoger todo lo necesario para cerrar la jornada, y Kagome cerró el vano con el que llevaba un buen rato ventilándose. Se levantó de la silla reservada para Inuyasha y lo esperó con una botella de agua en la mano. Al ver que tardaba más de lo normal, lo buscó entre la multitud que interpretaba a un pueblo pequeño medieval desde su sitio, balanceándose un poco a derecha e izquierda. La sangre le hirvió cuando lo vio hablando con la actriz que interpretaba a una cazadora de demonios, con una sonrisa demasiado ancha para su gusto. Maldito mujeriego…

"Cálmate, Kagome, no seas paranoica. Sólo están hablando", pensó, inspirando hondo para calmarse. Pero como si de una burla del destino se tratara, en ese momento el actor acarició juguetonamente la mandíbula de la joven, quien soltó una risita estúpida y jugueteó con un mechón de la peluca plateada que él usaba.

Dios, qué asco. Su frustración actuó por ella. Dejó bruscamente la botella de agua sobre la silla y decidió adelantarse. Se despidió de mala gana de un par de cámaras que la saludaron y se metió por el pasillo de los camerinos, dispuesta a esperarle ahí. Ser su asistente no incluía tener que actuar de aguanta-velas, pero qué se había creído? Se acomodó en el pequeño sofá de cuero negro y sacó su móvil, con el cual se entretuvo con la demo de un juego mediocre, pero que le bastaba para olvidar un poco lo que ese descarado pudiera estar haciendo allí fuera. No pasaron ni cinco minutos que la puerta del camerino se abrió, e Inuyasha entró buscándola con la mirada y el ceño fruncido. Su entrecejo se arrugó más cuando la vio tumbada tranquilamente, ignorándolo.

-Estás cómoda?-espetó, sarcástico. Bebió un poco de la botella que había encontrado en su solitaria silla y la dejó sobre el tocador.

-No mucho, la verdad. Deberías pedir un cambio, este trasto me está clavado una barra en el…

-Se puede saber por qué no me has esperado? Para eso te pago?

-Me ha parecido que estabas muy bien atendido ya.

Inuyasha rodó los ojos y resopló. Se dejó caer en la silla giratoria y le dio la espalda a la chica. Se quitó la peluca y luego se secó el sudor de la zona con una toalla.

-Que yo quiera quedarme hablando con una compañera después del rodaje no significa que no te necesite. Y mucho menos que puedas irte de rositas-sentenció, fríamente. Miró a Kagome a través del reflejo del espejo y la vio arquear una ceja y esbozar una sonrisa torcida, escéptica.

-Que yo sepa, dejarme plantada como una imbécil delante de todos para tirarle los trastos a Sakura no estaba incluido en el contrato.

-No le estaba tirando los trastos, sólo conversábamos. Y además, no sé ni por qué te estoy dando explicaciones.-se quitó la parte de arriba del traje, dejando su pecho al descubierto- No eres mi novia, así que…

-No, no lo soy, menos mal.-teniéndole delante exhibiendo sus entrenados músculos, se preguntó de dónde había sacado el valor para decir aquello.

Auch! Diana en el orgullo. Inuyasha se levantó bruscamente de la silla y la fulminó con la mirada.

-Haz el favor de levantarte.

-Pero de qué vas?

-Ya!

El tono autoritario de su voz no admitía réplica. Kagome bufó y se levantó. Conocía los límites de confianzas entre jefe y empleada, ya se había arriesgado una vez a cruzarlos y aún no sabía si el resultado había sido bueno o malo. Era un balance que había resultado tener connotaciones negativas. Inuyasha se acercó a ella a menos de medio metro, y Kagome tuvo que resistir el impulso de alargar las manos para delinear esa esplendorosa musculatura con caricias. Se mordió el labio para no soltar un suspiro.

-Escúchame bien, bonita. Cuando te dije que te daría más confianza no me refería a que pudieras montarme estos numeritos de niña pequeña. Con más o menos libertades, siempre habrá límites, y si sigues con esta actitud los cruzarás y se me terminará la paciencia. No dejas de ser mi empleada, Kagome. No lo olvides.

Cada una de las palabras pronunciadas por el hombre le dolió a Kagome en lo más profundo de su alma. Luchó por no bajar la mirada ni intimidarse ante las amenazas de su jefe, como tampoco de no verse demasiado afectada por la línea que éste acababa de trazar entre ellos. Aunque no le gustara admitirlo, Inuyasha tenía razón. Eran amigos, pero también era su jefe y debía tenerle un cierto respeto, sobretodo en horas laborales. Ahora miraba hacia atrás en el tiempo y reconocía que había actuado demasiado impulsivamente, pero…cómo iba a justificarse? No podía decirle que estaba celosa, simplemente. Bueno, sí podía, pero no creía que cargarse la relación fuera algo de gusto para ninguno de los dos. Suspiró. Cedió y bajó la vista, desviándola hacia un lado para que no se quedara clavada en la tableta que se marcaba en los abdominales del actor.

-Te pido disculpas. No volverá a suceder, Inuyasha-murmuró, apretando los puños.

El aludido soltó un resoplido y se dio la vuelta dando por terminada la conversación. Volvió a sentarse en la silla y cogió una toallita para quitarse el maquillaje de la cara. Su mano se detuvo en el acto cuando vio por el espejo la expresión de Kagome. Algo se retorció en su estómago al verla así. Decaída, con los ojos brillosos. Había tenido que marcar el terreno, pero por otro lado sabía que la joven era sensible de carácter…a lo mejor se había pasado de severo. Quizá no debería haber sido tan duro al regañarla como si fuera una mocosa de cinco años. Hundió el rostro en sus manos y suspiró, maldiciendo la delicadeza del sexo femenino, pero sintiéndose mal de todas formas. Respiró hondo y se giró con parsimonia.

-Kagome, lo sien…

-Termina de cambiarte, te espero en el coche-interrumpió la chica, con voz ronca. Ya estaba saliendo por la puerta cuando había querido hablarle y su disculpa fue cortada cuando ésta se cerró, haciendo que un incómodo silencio invadiera el camerino al encontrarse a solas con su conciencia.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

El trayecto a Saitama había sido, sin duda, incómodo. El comportamiento libertino de Inuyasha de los últimos meses había sido origen de varias discusiones entre actor y asistente, pero pocas veces éstas dejaban tantas secuelas. Ninguno de los dos abrió la boca durante el viaje, él miraba el paisaje distraídamente y ella no quitaba sus ojos de la carretera, concentrada al cien por cien en el volante. A diferencia de la mayoría de veces, esta vez Inuyasha se sentó en el asiento del copiloto, con la intención de poder entablar una conversación un poco más directa para romper el hielo con más facilidad que si estuviera acomodado en los asientos traseros. Sabía que Kagome no estaba enfadada, pero sí dolida, y sabía por experiencia que el orgullo de una mujer podía llegar a ser terrible.

Cuando llegaron se dirigieron al pabellón polideportivo de la ciudad, el lugar donde se grabaría el anuncio, enseguida les recibieron cuando atravesaron las puertas del vestíbulo. Les ofrecieron el almuerzo en el restaurante del edificio, y el patrocinador de la bebida que había que anunciar se sentó con ellos, entablando enseguida una conversación con Inuyasha. Kagome comió en silencio, demasiado acostumbrada a que los peces gordos de la televisión no le prestaran atención. Maldijo internamente cuando quiso dar un trago a su cerveza y los dedos resbalaron de la copa por unos instantes. Volcó sin querer un poco de cerveza sobre su camisa, nueva de hacía una semana. Inuyasha la miró de reojo y pareció darse cuenta, pero siguió hablando con el patrocinador. Su falta de interés la deprimió un poco, pero reconoció que tampoco era como si se hubiera cortado un dedo, sólo se había manchado. Suspiró y se levantó para ir al baño a intentar arreglar el error.

Se perdió por los pasillos, aquel polideportivo era enorme y la señalización de las instalaciones era pésima. Fue tal su mala suerte que cuando consiguió volver de vuelta al restaurante ya no había nadie allí, menos los camareros. Uno de ellos la informó amablemente que la grabación del anuncio estaba a punto de empezar, y que se haría en la piscina interior. Gimió, dolida porque Inuyasha no la hubiera esperado y se apresuró en alcanzarle. Total, qué esperaba, después de una pelea?

Diez minutos después, una vez haber conseguido situarse en ese condenado edificio entró en la sección de la piscina y le vio allí, entre varios hombres más, vestido ahora con un neopreno y leyendo lo que parecía un guión, sentado tranquilamente en uno de los trampolines. Se dirigió a él a paso rápido por si necesitaba algo, sabía que no había hecho bien en irse sin avisarle, pero fuera quien fuera que estuviera en el cielo parecía divertirse fastidiándole la existencia, ya que no había dado ni cinco pasos cuando resbaló con un charco de agua. Hubiera caído de cabeza a la piscina si unos fuertes brazos no la hubieran sujetado por la cintura, apartándola del "peligro" y del espantoso ridículo que habría hecho de no haber sido así.

-Estás bien?-preguntó una voz masculina.

Kagome sintió que su salvador la liberaba del agarre y se giró para verle la cara. Sintió que se le cortaba la respiración. El pedazo de hombre que tenía delante era muy moreno de piel, tenía el pelo largo recogido en una cola alta y unos ojos azules como el cielo. Asintió, medio embobada, y él le dedicó una preciosa sonrisa con la cual mostró unos dientes blancos perfectos.

-Sí, estoy bien…Gracias-balbuceó. Se alejó un poco de él al ver que estaban quizá demasiado cerca y que, para terminar de rematar el incómodo momento, él llevaba puesto un bañador que se ajustaba a su espectacular cuerpo musculado.

-Seguro? Estos azulejos tienen muy mala leche, no te has cortado?

-No, no-aseguró, pero examinó un poco sus pies de forma discreta, sin agacharse. Luego volvió a mirarle y le sonrió tímidamente.-Muchas gracias.

-No hay de qué. No podía permitir que una chica tan guapa se zambullera en un destructor de belleza así como así.

Kagome rió, divertida por el mote que el joven desconocido le había puesto a la piscina. Casi sin darse cuenta, se colocó un mechón de pelo rebelde detrás de la oreja y jugueteó con otro.

-Cómo te llamas?

-Kagome. Kagome Higurashi.

-Bonito nombre. Eres socia de aquí? Ahora vamos a grabar un anuncio y no creo que…

-Oh! No, no…Soy la asistente de Inuyasha Taisho.

-Ah! Entiendo-volvió a sonreírle y Kagome se sintió verdaderamente idiota-Yo soy Koga.

-Un placer. Tú también vas a salir en el anuncio?-preguntó, como si acabara de darse cuenta de las anteriores palabras de Koga.

-Ajá.

Sin darse cuenta, habían empezado a caminar hacia el equipo de grabación, situado al otro lado de la piscina. Uno al lado del otro, conversaban con la misma facilidad que si se conocieran de toda la vida. Kagome estaba tan inmersa en la conversación con ese hermoso joven que no se dio cuenta de que unos ojos castaños la vigilaban desde lejos con recelo.

FIN DEL CAP 7!

No he creido necesario aclarar de quien eran esos preciosos ojitos^^uuuhhh a ver ke pasa en el próximo chap!

Siento mucho haber tardado tanto en subir, lo cierto es ke mire la ultima fecha de actualización y me sorprendi cuando vi ke fue hace dos meses ya…No me había dado cuenta de que había pasado tanto tiempo, de haberlo sabido me hubiera esforzado más en subir antes…Lo lamento! U.U

Capítulo dedicado a Mery J Black, ella ya sabe porqué XD nah, lo diré, el personaje de Koga lo hemos creado entre ella y yo, y los sucesos del próximo chap me los ha diseñado en su mayoría jeje t'estimuuuu (L)

También lo dedico a mi amiga Aida, la idea del menage a trois fue suya! XD

Nos vemos en el próximo cap, espero no tardar mucho^^

Bss,

Dubbhe