Capitulo VI. Deux ex machina
Los animales volvieron al oscuro bosque dejando al grupo de magos aun en el suelo. Sirius fue el primero en levantarse del suelo, precipitándose hacia la tumba de Hermione. Comenzó a cavar de forma desesperada, mientras todos a su alrededor digerían lo que acababa de suceder. Nadie podía creer como podía haber dado ese giro la situación.
Sirius cavó y cavó, sudaba, sollozaba, le dolían las manos, las uñas… se chocaba contra piedras, sus uñas se partían… pero el solo quería una cosa. Encontrarla. Minerva se acercó a él cogiéndole pos los hombros para que parara. Pero el la empujó haciéndola caer al suelo sin voltearse a mirarla.
Y siguió cavando. El tiempo parecía ir más lento, parecía que no llegaría nunca al final, que nunca la hallaría entre tanta tierra. A cada nuevo puñado se desesperaba más, y arrancaba las raíces que encontraba con mas furia.
Hasta que al fin, tocó la madera. Se paró unos segundos a respirar y siguió quitando tierra para destapar el ataúd, donde la habían enterrado. Hermione, su Hermione. Casi podía volver a ver sus rizos castaños, sus ojos almendrados… casi podía…
La madera antes lisa y finamente decorada, estaba rota. En el centro, la madera estaba astillada hacia fuera. Sirius sintió el peso de su cuerpo cuando su mente deslumbró la realidad de la situación.
Abrió el ataúd, descubriendo que lo que quería encontrar no estaba allí. Se la habían vuelto a arrebatar, otra vez.
Se derrumbó completamente, recordando todas y cada una de las veces que la había perdido. Su dolor crecía a cada recuerdo. Se ahogaba en cada segundo que no la había tenido. Se odiaba por cada momento en que no la había salvado.
Y en ese momento decidió parar.
Paró de oír.
Paró de ver.
Paró de sentir.
…de respirar.
Pidió a su corazón que dejara de latir.
Y él, asi lo hizo.
Paró de pensar.
Paró de recordar.
… y de ordenar.
Se olvidó de que existía.
-Hermione.
-…
-Tomate la leche… -pedía Marius agotado de la lentitud de la niña.- Por favor, tienes que irte a dormir. Y yo tengo que trabajar.
-No! –Contestó con testarudez la pequeña golpeando la mesa.
-Maldigo el día que aprendiste esa palabra.
Entonces una lechuza entró por la ventana, volando hasta posar-se delante del hombre. Le desenrolló la carta de la pata y la abrió al tiempo que la lechuza salía por la ventana. La abrió y leyó en voz alta.
"Estimado señor Ridddle;
Tengo el placer de informarle que tras haber hablado con mi esposa, hemos tomado la decisión de inscribir a nuestras dos hijas menores a su escuela. Desgraciadamente la mayor entrará a Hogwarts este mismo año, por lo que no será posible inscribirla. Esperamos su confirmación.
Atentamente,
Cygnus Black."
-¿Lo has oído enana? – Preguntó al tiempo que daba un salto de alegría- Tenemos a la mitad de las semillas Black en nuestro poder. Esto avanza, si… mamá estaría orgullosa. ¿No crees?
Pero al mirar a la niña, esta se había dormido sobre la mesa.
-Estúpida niña.
Sacaron el cuerpo de Sirius del agujero, y lo llevaron a la enfermería del castillo. Todos caminaban apesadumbrados. Su última esperanza se había desvanecido ante sus ojos. ¿El bien no podía triunfar nunca? ¿Acabarían sepultados sin esperanza bajo el yugo de los magos oscuros?
Nadie quería aceptarlo, pero todos pensaban los mismo. Caminaban hacia el castillo sin levantar la vista, siguiendo el camino que guiaba Albus, su maestro, su guía… Sin ánimos de plantear que el plan del anciano fuera erróneo, sin ganas de plantear otra solución.
Entonces el anciano se detuvo, y unos pocos alzaron la vista. Una niña había aparecido frente a Dumbledore, y lo miraba con ira. Tenía el pelo castaño, al igual que los ojos. Las facciones, conocidas de sobras por todos, les dejaron la piel helada. Y de repente empezó a hablar.
-Habéis fracasado. Otra vez. Y resulta que este condenado humano…- dijo dirigiendo la mirada a Sirius desfallecido sobre los brazos de Hagrid.- … le ha revuelto las tripas a la sensiblera Pwill. Y como siempre tengo que encargarme yo de vuestros estúpidos errores. Antes me gustabais. –A cada palabra subía mas el tono.- Pero me he cansado. Por primera vez vais a ser conscientes de las consecuencias de jugar con la línea natural de los hechos.
Minerva intentó intervenir pero esta no le dejó.
-No me interrumpas Minerva.- Ordenó con tono autoritario- Sabéis que ocurre cuando se altera tanto la línea temporal? Que dejáis de existir. –dijo burlonamente ante las miradas atónitas de todos los presentes. Pero Pwill no quiere que os destruya. Y como le debo el favor de todos mis amantes… aig… que asco me da esto. Os dejaré elegir.
-¿Que opciones nos das? – preguntó Dumbledore.
-Entre el presente de ahora, o el presente que creara el último viaje al pasado.
-¿Pero tú quien eres?-Intervino Minerva.
-Eso no te interesa querida, créeme. ¿Y bien? ¿Qué elegís?
Todos se mostraron dubitativos, no entendían que pasaba. Esa aparición de la nada, ese discurso, esa actitud con todo lo que había pasado…
-Vamos, que no tengo todo el milenio.
Entonces apareció corriendo Malin y se arrodilló ante la niña rogando.
-Por favor, concédenos un tiempo más, lo podemos arreglar.
-ESTUPIDA SEMIDIOSA, COMO OSAS TOCARME! – gritó mandando de una patada a la chica hasta Hagrid.
De pronto la niña se transformó en una mujer hermosísima y hecha una furia.
-Me había olvidado de ti. A casa. –Y chasqueando los dedos hizo desaparecer a Malin. –Mucho mejor, ahora elegir. Albus va, que si la fastidias otra vez no pasara nada, mas no te pueden odiar.
-El otro presente. – dijo el anciano bajando la cabeza.
-Echo!
Marius despertó a causa de los lloros de Hermione, y refunfuñando fue a ver que ocurría. Cuando llegó esta lloraba alargando el brazo hacia la ventana. La levantó en brazos y la miró, pero ella solo miraba a la ventana. La acercó a esta, pero ella miraba fuera, y cuando lo tubo a mano golpeó el cristal mientras seguía llorando.
Al cabo de un rato de intentar entender a la niña, la sacó al jardín y la soltó en el suelo.
Hermione corrió hacia la oscura noche levantando los brazos al cielo. Marius la dejó, no entendía que pasaba.
De repente se detuvo y sin bajar las manos, lloró y lloró, grito, sollozó. Hasta quedarse sin fuerzas. Tras una hora de lloros, él decidió acercarse. Y al intentar cogerla esta le golpeó.
-Es tu culpa! –Grito sollozando- Tu culpa! Tu culpa! Tu culpa!
Y se alejó de él unos pasos mientras seguía llorando. Él la dejó, confundido. ¿Qué había hecho ahora?
Tras unas horas así, la niña se quedó dormida sobre la hierba, y Marius la recogió volviendo a la casa.
-Solo sé que cada día entiendo menos a esta niña.
Se sentía en calma. Ahora todo había cesado. No se oían gritos ni explosiones. No olía a sudor y a sangre. No sentía nada. Ni siquiera a sí mismo.
Empezó a tener la certeza de que todo estaba bien. No había nada por lo que preocuparse. Nada le haría daño nunca más, ni tampoco a la gente a la que quería. Ahora todo estaba en paz. No había dolor ni pena, ya no volvería a sentir que no la tenía.
Entonces empezó a sentir algo. Un olor familiar lo embriagaba. Lo conocía, era el suyo. Al mismo tiempo notó una calidez a su alrededor. Se sintió protegido, más que en ningún otro momento. Era como si estuviera de nuevo con ella. En su cama una mañana de invierno, cuando ella no quería levantarse, y era capaz de volver a caer dormida, momento que él aprovechaba para contemplarla.
Y entonces ella apareció ante él.
-Sirius.- le llamó suavemente.- Escúchame atentamente, "La salvación nacerá de la tierra, pero a la muerte no seguirá porque se sabrá guiar por el camino de la verdad, ya que en su tiempo los malvados ya la condenaron."-recitó cogiendo entre sus manos la cara del mago.- Tienes que protegerla. Tienes que sacarla de la oscuridad. Nunca le mientas. Enséñale a volar. Recuerda quien eres.
-Pero que quieres decir? A quien tengo que…?
-Shh! Y que beba leche!
Mansión Black.
Unos berridos horrendos despertaron a Walburga haciendo que se levantara de la cama y fuera a ver a su hijo mayor, que aun teniendo 3 años, todavía lloraba muchas noches. Mientras subía las escaleras refunfuñaba "estúpida elfa que no sabe ni hacer callar a un niño", "que desgracia la mía con lo calladito que ha salido Regulus". Y cuando llegó a la puerta le dijo al niño.
-De tanto llorar te volverás muggle.
El pequeño la miró y se calló de repente volviéndose a estirar en la cuna.
-Mucho mejor.- Dijo la señora Black, volviéndose hacia las escaleras de nuevo.
Lain9.0
Siento haber tardado tanto en subirlo. Si me descuido tardo una década. Es cortito pero intenso (como los demás caps), pero espero que os guste, y prometo que el próximo no tardara en llegar.
Gracias por leer!
