The Only exception- Paramore
CAPÍTULO VI:
Temores.
Debe haber sido una enorme casualidad, iba camino a verla cuando la encontró sobre esa azotea. ¿Cuántas probabilidades había en una ciudad tan grande?
Ni siquiera había dormido, ni siquiera había parado un segundo los últimos cuatro días, tenía que llegar, tenía que verla.
Leo la esperaba junto a Raph sentados en el marco de la ventana, cuando Fénix abrió la puerta del departamento encendiendo la luz. Esta vez venía vestida con unos simples jeans y una polera negra sin mangas, Leo sonrió al ver el pelo ruloso hasta la cintura, los ojos verdes, el mar de pecas sobre la nariz… Fé ni siquiera parpadeó al encontrarlos, cerró la puerta tras de sí y se apoyó contra ella. Se quedó mirando a Leo con una sonrisa, sin siquiera darle una mirada a Raph. Éste suspiró resignado a la idea de que acababa de desaparecer de la escena.
.- Bue...- Dijo, comenzando a voltearse hacia la calle.- Si todo salió bien.
.- Si, si, nos vemos Raph...- Le dijo ella, sin siquiera volverse a verlo.
Raph farfulló algo inentendible y luego desapareció, dejando a Leo solo en la ventana. Éste sonrió un instante antes de entrar definitivamente y cerrar la ventana tras él corriendo las cortinas.
Fé fue suavemente hasta él, sin prisa, sin una palabra, sonriendo... Sin dejar de mirarlo, deslizó los dedos por su cara, acariciando cada línea. Leo cerró los ojos, se inclinó sobre ella, buscando su abrazo. Fé lo envolvió en sus brazos, dejó que ocultara su rostro en su cuello.
Leo no tenía que decir cuánto la había extrañado, no tenía que decir cuánto le había hecho falta o lo feliz que estaba de verla otra vez después de casi una vida sin estar juntos. No tenía que decir nada, ella lo supo, lo vio en su cara. Los pequeños gestos de alguien que jamás mostraba lo que sentía, estaban llenos de significado.
Porque mientras con los demás mantenía esa distancia, física y emocional, con ella no.
Con ella no.
A ella la dejaba acercar y se permitía a sí mismo acercarse, dejarse ver. No fue inmediato y aún lo costaba trabajo hacerlo, después de años de haberse esforzado por encerrar sus emociones, después de años de esforzarse en construir esa imagen implacable, de alguien a quien nada lo daña, nada lo alcanza.
Sólo una vez antes se había permitido a sí mismo mostrarse vulnerable, mostrarse tan débil cómo se sentía a veces, una vez, con Sora. Necesitó hacerlo entonces, como nunca antes se había sentido inmensamente solo y quiso tener a alguien con quien no necesitara ocultarse. Pero los resultados habían sido horribles y sólo le había traído más dolor y la confirmación de que era más seguro seguir encerrado en sí mismo.
Costaba cambiar eso, Fé podía ver el esfuerzo, pero lo intentaba, lentamente cedía. Lo besó suavemente y él le correspondió de la misma forma.
Fé entonces se volvió a mirarlo. Lo mismo que había pensado Raph hacía un rato, se veía igual, pero se sentía distinto ¿En qué? Leo comenzó a separarse de ella. Fé lo miró sin entender, pero él simplemente sonrió. No hacía ningún ademán por quitarse las espadas o el resto de su equipo, por ponerse cómodo y relajarse.
Leo trató de calmarse, con ella era algo más fácil, pero su cuerpo seguía sintiéndose un poco tenso, un poco inquieto. Sonreía para ocultarlo, pero había vuelto a casa y de pronto todo el peso de lo que eso significaba volvía a posicionarse sobre sus hombros, aplastándolo un poquito. Volvía la angustia, volvía ese agujero en medio del estomago. Trataba de disiparlo, sacarlo de su mente, pero era difícil. Mañana ya sería más sencillo, mañana ya habría vuelto a estibar la carga nuevamente, pero por hoy, por hoy todavía costaba…
.- Tengo algo para ti.- Le dijo, tratando de olvidar todo eso.
Fé no pudo evitar sonreír.
.- ¿Un obsequio?- Preguntó con una enorme sonrisa.- ¿Un obsequio para mí?
Leo lanzó una carcajada.
Ella corrió a sentarse a uno de los banquillos frente al mesón de la cocina, emocionada como una niña, Leo se acercó y se detuvo en la esquina del mesón, frente a ella, levantó un brazo hasta su espalda y volvió con la vaina de una espada en la mano, de un poco más de un metro de largo.
La vaina era de madera negra lacada, brillante, completamente lisa a excepción de la línea horizontal que la dividía en dos casi al final. La empuñadura era completamente lisa, sin tope. Fé abrió los ojos y la sonrisa desapareció de su cara.
Había estado esperando ese momento, sólo que no esperaba que fuera esa noche. Vio a Leo, él tampoco estaba sonriendo ahora. Siempre había creído que ese momento sería extraño y algo incómodo y había tenido razón.
Sabía bien que había una parte de Leo que no quería hacer eso, había una parte de él que se resistía a dar ese paso, una actitud que ella no lograba comprender completamente. No entendía del todo sus miedos, cómo una parte de él se esforzaba en enseñarle todo lo que sabía y otra parte luchaba por mantenerla lo más alejada posible de todo lo que constituía su mundo.
Era imposible sostener ambas posiciones, alguna debía ceder y él había hecho la promesa de enseñarle. A pesar de que no quería, no le quedaba más opción.
Fé la sostuvo en las palmas de sus manos. Era pesada, algo así como un kilo. Hasta ese momento sólo había usado la espada de bambú y esta se sentía muy distinta. Leo la soltó y dio un paso atrás, sin poder evitar mirar la escena con cierto temor.
Se preguntó nuevamente si estaría haciendo lo correcto, si no iría a arrepentirse de eso más tarde. Si no iría a arrepentirse de haber puesto a Fé en ese camino, si una espada sería lo correcto para ella. Bajó la mirada, sintiendo el fantasma de un miedo más horrible aún. Se preguntó si no iría a arrepentirse de haberse involucrado en la vida de Fé… si no iría a arrepentirse de haber involucrado a Fé en la suya.
Se volvió a verla, tratando de controlar un súbito pánico que por un momento estuvo a punto de convertirse en auténtico terror ¿Qué estaba haciendo? ¿Arrastrando a esa pobre chica a un mundo en el que todo podía acabar de un momento a otro, un mundo en el que todo lo que amaba estaba en constante peligro de ser destruido? Ese era su mundo, su horrible mundo ¿Qué estaba haciendo? ¿Convirtiéndola en un probable blanco para sus enemigos? ¿Arriesgándola sin darse cuenta? Si tan sólo tuviera algo de cordura, daría media vuelta y no la volvería a ver jamás…
Sabía por experiencia que la tranquilidad en sus vidas era sólo una ilusión, en cualquier momento alguien entraría reventando las ventanas, haciendo volar las puertas, destruyendo todo a su paso. No había casa o guarida lo suficientemente segura, era sólo cuestión de tiempo, lo sabía, todos lo sabían, su mundo podía terminar en cualquier minuto y él la estaba metiendo a ella en el medio.
Más aún considerando el extraño lazo que unía a Fé con sus enemigos… ¿Cómo podía ser? Maldita vida, maldita ironía. Ella ni siquiera lo imaginaba y mientras de él dependiera, jamás lo sabría.
Respiró profundo, tratando de calmarse, de no pensar en nada de eso en ese momento. Trataba de convencerse de que sólo estaba siendo paranoico, de que podría manejarlo, de que nada malo pasaría… Afortunadamente, Fé estaba demasiado absorta mirando la espada como para darse cuenta de lo que pasaba con él.
Fé movió sus manos hacía la empuñadura, también de madera y lentamente cerró su mano alrededor. De un golpe la desenvainó, dejando suspendida en el aire una nota clara, aguda y metálica.
La hoja brilló.
Fé la acercó a sus ojos, dejando la funda en el mesón junto a ella. Observó la hoja. Era hermosa, la línea del temple, ondulada. Vio sus ojos fascinados reflejados en ella... Su mirada bajó hasta la guardia de la hoja, un pájaro grabado en el metal levantaba vuelo desde la base hacia la punta, llegando hasta menos de la mitad de la hoja, las plumas de sus alas y de su cola acababan en una llamarada que giraba por todo el borde de la base.
Se quedó sin aire, boquiabierta... Se volvió a mirarlo ceñuda.
.- Tú la hiciste.- Susurró, sintiendo que el corazón se le salía del pecho. Sólo él podría haber grabado un fénix en la base de la hoja.
Leo no sonrió, tampoco dijo nada. Igual de serio que antes, con la misma expresión de aprehensión escondida en el fondo, asintió. Fé volvió a bajar la vista hacia la hoja y luego se volvió a mirarlo a él. Estaba de más dar las gracias, él no las querría de todas formas.
Ella sonrió.
.- ¿No vas a contarme la historia?- Preguntó. Leo relajó la expresión por fin y sonrió.
.- Tengo millones de historias que contarte, pero tendrán que esperar hasta mañana.
Leo comenzó a alejarse en dirección a la ventana. Fé dejó la espada en su funda sobre la mesa y se paró del banquillo.
.- ¿No vas a quedarte?- Preguntó con desmayo. Él sonrió. Sin esperar respuesta, Fé corrió a abrazarlo otra vez.
Leo rió.
.- Fé, no me he dado una ducha en...- Leo pensó.- Varios días...
.- No me importa.- Fé se volvió a mirarlo suplicante. No podía creer que se fuera tan pronto, después de tanto tiempo sin verse. No entendía cómo podía no compartir sus ganas por llevárselo a la cama, ella apenas se aguantaba... Él se separó y le acarició la cara, sonriendo.
.- Mañana pasaré por ti...- Le dijo. Ella lo soltó, haciendo un puchero, sabiendo que no lograría convencerlo de quedarse con ella esa noche, su mente simplemente no estaba en eso.- Nos vamos a lo de Casey...- Terminó él.
.- ¿La granja?
.- Si. Vas a necesitar espacio para entrenar.
.- ¿Tan pronto? Acabas de llegar...- Dijo ella frunciendo el ceño. Él sólo sonrió.
Fé podía ver que estaba agotado y eso podía explicar mucho, pero había algo más: Su mente todavía debía estar en lo que fuera que hubiera estado haciendo allá tan lejos, todavía estaba en eso, era como si no hubiera vuelto del todo aún.
Se separó de él, suspirando resignada.
.- Ok... entiendo... todavía estás en estado "zen"...- Dijo, haciendo comillas con los dedos.
Leo aguantó la risa.
.- No. No es eso... pero sí, más o menos...- Le dijo.
Fé se fue hasta el mesón de la cocina y se volvió a verlo desde detrás de él.
.- Jamás haré nada de eso si termina arrastrándome al celibato.- Le dijo.
Leo desvió la mirada sonriendo.
.- Pasó por ti a las cinco.- Le dijo simplemente.
Ella aguardó un segundo antes de responder.
.- Está bien.- Dijo al fin con desgana.
Él asintió y desapareció tras la ventana.
Fé se reclinó sobre el mesón una vez que se encontró sola, se quedó mirando la ventana abierta hasta mucho después de que se hubo ido.
A pesar de todo, había ido a verla, a ella, antes que a nadie, antes que a sus hermanos...
Antes que a nadie.
.-
TBC
.-
Gracias por los reviews, como siempre, gracias por la espera y por seguir esta historia…
