Disclaimer: One piece no me pertenece.
—Esta historia está dedicada a Sarah.
—Miranda More —casi 14 años.
—Palabras: 9750.
Capitulo 7
—Me prometí ser libre y vivir sin arrepentirme pero, ¿puedo hacer una excepción en este momento?—Miranda More.
...Y Miranda exploto.
—¿Pero qué de...? ¿¡Tú también!? ¿¡Y a quién llamas "mamá"!? ¿¡Cuántos años crees que tengo, bastardo!?
Ace guardó silencio, luego volteo su cabeza y arrastro a Luffy alejándose de Miranda quien estaba más que enfurruñada con todo el asunto.
—¡Oi! ¡No me dejen gritando sola! ¡Tú! ¡El chico de pecas! ¿Sabes dónde puedo encontrar al maestro Rayleigh? ¡Tengo que hablar con él de algo urgente!
Miranda los perseguía, pero Ace la ignoraba mientras tapaba con una de sus manos la boca de Luffy para que éste no hablara.
La chica More los persiguió y vio seguir caminando —o siendo arrastrado por la cuenta del chico idiota— mientras les gritaba preguntas sobre el paradero de Rayleigh, hasta que suspiro exasperada, paro de caminar, inhalo fuerte y libero tal gritó que varias aves volaron lejos apenas escucharlo.
—¡YA DEJA DE IGNORARME IMBÉCIL!
Ace no paró de caminar y arrastrar a su hermano. Miranda se paso una mano por sus cabellos de forma enojada creado un recorrido que finalizo con dos dedos en una de sus sientes pensativa. ¿Qué podía hacer si el muy maldito no la escuchaba?
Miranda no tenía ganas de gastar su tiempo pensando —ya bastante tenía con su poca paciencia como para agregar el trabajo de pensar—, por lo que recurrió a lo que su instinto —que siempre terminaba siendo la decisión final— le dijo, más sus ganas de golpear todo a su alrededor.
Por eso, utilizando el Busoshoko Haki, creó una armadura invisible que cubrió sus piernas y pies, y luego posó una media sonrisa de superioridad en sus labios. Después de todo, si ella quería, no sería necesario utilizar Haki para lo que quería hacer —ya tenía fuerza de sobra, y esta se vio en aumento desde que llego al Oro Jackson—, pero quería lucirse, esos dos chicos poseían el Haki de los reyes, ¿cómo reaccionarían a su fuerza? Tenía que verlo. ¡Además, sobretodo, el hecho de que la hubieran ignorado tan descaradamente ya era suficiente para asustarlos un poco con su fuerza!
Y golpeó el suelo tan rápido y potentemente que incluso deshizo su armadura casi al instante. El golpe parecía no haber derribado el espacio en el que ella estaba parada, pero la onda de fuerza había derribado todo alrededor.
—¿Pero qué demonios? —Ace había tropezado por la sorpresa e intensidad del golpe que prácticamente había destruido más de veinte metros a la redonda de bosque. Su tropiezo ocasiono haber soltado a Luffy y que éste cayera de —forma cómica— cabeza al suelo. Pero sin embargo, no se quejo y simplemente se rió a su manera mientras Ace se volteaba a ver a Miranda —la cual también le dirigió una mirada de superioridad— con ojos abiertos de sorpresa. Parecía querer decir algo puesto que su boca estaba entreabierta, pero guardo silencio en cuanto la cerró.
Miranda sonrió. Había logrado cerrarle la boca al muy bastardo que antes la había ignorado.
Tenía ganas de reírse en su cara en aquellos instantes. Y lo hizo. De un momento a otro se empezó a reír de forma tan escandalosa que incluso cayó al suelo sosteniéndose la barriga.
(Ni que estuviera haciendo competencia con las risas de Luffy ante la situación en la que estaban.)
Hace días que Miranda no reía tanto —ya se notaba, ella no era mucho de reír, pocas eran las ocasiones en las que reía, pero de verdad—, por eso segundos después de haber comenzado, dejó de hacerlo escurriendo las lágrimas que se habían formado en sus ojos marrones. Soltando una ultima risita, se paró de un salto y miró en la dirección en la que todavía Luffy se seguía riendo.
Miranda sonrió levemente mostrando sus dientes.
De un rápido movimiento, Ace le había dado un buen golpe en la cabeza a Luffy.
—¡Ya deja de reír!
—¡Ouch...!
Miranda frunció el ceño y borro su sonrisa.
—¡Oi! —lo interrumpió ella— ¿Dónde está Rayleigh? —Miranda se cruzó de brazos expectante. Igualmente, si ellos querían una nueva demostración de su fuerza si la llegaban a ignorar nuevamente, con gusto la haría. Pero esta vez más y más potente.
—Tsk... ¿por qué tendría que decírtelo? —el chico Ace le había dirigido una mirada y sonrisa de medio lado. Miranda al ver sus gestos y escuchar sus palabras, apretó sus labios.
«Miércoles*. Odio a este chico».
—Porque sí, idiota. —Miranda le echó la lengua de forma infantil mientras que Ace le fruncía el ceño, pero luego sonrió y Miranda quiso golpear esa maldita sonrisa.
—No deberías contestarle de esa manera a tus mayores.
—¡Yo te pregunte primero! ¡Deberías haberme contestado! ¡Maleducado! —según recordaba Miranda, una persona educada no podía contestar a una pregunta con otra pregunta. O algo así. Era lo básico, como cuando te presentabas a alguien, primero tendrías que decir tu nombre y luego preguntar el de la persona a la que te presentas. Pero no era como si Miranda fuera la persona más educada del mundo. Sólo eran pequeños recordatorios de algunas madres que pasaban con sus hijos por los puertos en los que ella era abandonada luego de ser alejada de sus madres, y comenzara la rutina de ir de barco en barco. Las madres tenían siempre voces calmadas, diciéndoles cosas como estas a sus hijos y enseñándoles ya de paso cosas que seguramente les servirían para sus futuros. Miranda recordaba que en esos días se volteaba desinteresada y los veía —a madre e hijo o hija— y escuchaba. También recordaba que cuando se daban cuenta de su presencia, ellos se apartaban y la madre arrastraba lejos a su hijo o hija.
(Malditos niños mimados y madres tontas que no tenían ni idea de la vida en el exterior. Pero Miranda había aprendido cosas "educadas" de parte de éstos.)
La vena en la frente de Miranda, palpito de forma peligrosa.
«Deben ser, seguramente, hermanos. Los dos comparten la idiotez innata. A este paso no conseguiré saber la ubicación del viejo maestro Rayleigh».
—Como sea —había murmurado Ace, y se había volteado y agarrado a Luffy —el cual los estaba mirando con una sonrisa en sus labios, a la cual Miranda considero de locos, porque, ¿quién sonreía en aquel tipo de situaciones tan tensas? Bah, no era como si a ella le importara un rábano lo que hiciera o dejara de hacer ese chico— alejándose de paso, caminando por las grietas dejadas por el golpe que ella misma hizo.
Ignorándola, nuevamente.
Miranda apretó sus puños de forma amenazante.
Pensó, por cinco segundos, en algo que fuera lo suficiente importante como para poder detenerlo y conseguir su atención.
Abrió sus ojos.
—¡Oye chico! ¡tengo una duda! —Ace paró de caminar y se volteo discretamente hacia Miranda mientras la fulminaba con la mirada y guardaba —como siempre— silencio. Al ver esto, ella sonrió mentalmente— ¿Dónde está "MiraMa", alias "mamá"? ¿Por qué ustedes dos piensan que soy yo? ¡Y no digan sólo porque me parezco a ella, malditos!
—¡Es porque eres fuerte! —sí, ese había sido Luffy que había empezado a agitar las manos infantilmente, para luego ponerse a contar con los dedos todos los adjetivos que la hacían parecer a Miranda, su "MiraMa"— También ruda, y tienes las mismas escam–...
Luffy no pudo terminar de decir aquella última palabra —para mala suerte de Miranda, quien esta curiosa por su parecido a la supuesta "madre" de esos dos chicos— pues recibió un buen golpe —pero NO por Miranda, SINO que— por el mismísimo Ace que lo dejo OK.
—¡Ah! ¡¿Por qué lo dejaste inconsciente?! ¡Al menos él SÍ me estaba contestando una pregunta! —le gritó Miranda enfurruñada —incluso hasta el punto de haberse olvidado del verdadero objetivo de sus preguntas, "llamar la atención" (y fue todo un éxito)— mientas pataleaba de forma infantil.
—No digas nada. No quiero escucharte hablar —Ace la fulmino con la mirada. Miranda se mantuvo firme a pesar de todo.
—¿Acaso ella está... —Miranda dejó de hablar. Lo había visto en los ojos del chico frente a ella, había sentido la misma sensación de la perdida, además de haberla visto en sus ojos. Y si no estaba de esa manera aquella persona, entonces, en el mejor de los casos, estaba en un estado muy grabe para que se reflejara en los ojos del chico Ace.
Ace abrió sus ojos por segundos antes de volverlos a la normalidad, pero guardo silencio, no dijo ni una palabra y Miranda tampoco.
Miranda simplemente chasqueo la lengua. Debió haberlo notado. El chico Luffy se comportaba de "esa" manera.
La manera de un niño al perder a alguien preciado.
—Deberías dejar de ser tan duro contigo mismo —murmuró Miranda, y luego se volteo y se alejo del lugar. Ya no le interesaba Rayleigh, a decir verdad no quería hablar con esos chicos. Quería estar lejos de ellos. Si estaba cerca, posiblemente le traería malos recuerdos.
Y no, no estaba huyendo. Simplemente no quería saber nada del futuro.
Camino unos minutos más, paró, se subió a un árbol cercano, se recostó en una rama y pensó que esta vez había pasado mucho más tiempo que en su viaje anterior al futuro. ¿Cuántas veces más pasaría esta clase de cosas? A Miranda ya le estaban perturbando un poco.
Parecía que, de alguna forma, el objetivo del viaje ya había sido cumplido, puesto que unos minutos después de recostarse en la rama del árbol a descansar, Miranda fue nuevamente absorbida por esa extraña cosa y llevada de vuelta a su tiempo y a su estado antes de viajar al futuro.
Sin embargo, Miranda no se movió ni un centímetro y contemplo cómo el maestro Rayleigh —ironías de la vida— se hacía cargo de la gigantesca bala de cañón de un golpe.
Habían personas impresionantes en este mundo.
Por eso Miranda debía ser más fuerte, para vencerlas y vencer todo lo que pudiera.
—x—
Si lo pensamos bien, ahora Garp, al ya saber de su existencia —y el hecho de ser una de las nakama del Rey de los Piratas—, la empezaría a investigar como hizo con cada uno de la tripulación —según Rayleigh dijo.
Miranda se sentía medio entusiasmada pues ahora él y los demás marines la tomarían en cuenta y habrían más peleas a las que pudiera enfrentarse. ¡SÍ! Por fin lo había logrado. ¡El reconocimiento! ¡Oh! Se sentía tan bien.
Miranda sonrió al pensar en ello, y siguió trapeando los suelos de madera del Oro Jackson —al parecer le había quedado de tarea, pero bueno, ¿de qué se podía quejar si no había otro entretenimiento, y los entrenamientos con el maestro Rayleigh eran, por lo máximo, una vez al día y luego no tenía nada por hacer? ¡De nada se podía quejar, por supuesto! Además, si no fuera por ella, Crocus y quizá otro nakama por ahí, suelos como estos jamas serían limpiados (al menos no por un laaaaaaargo tiempo, y ella no era fan de los lugares sucios. Era algún tipo de tic de ella)—.
También, Miranda se encontraba haciendo tiempo para ir a la enfermería por aquel libro que le había pedido a Crocus desde la isla Thommy.
Quizá el hecho de haberle gritado a un niño más pequeño que ella sobre que era una adolescente en pleno desarrollo fue lo que la incito —además de cierto problema— a pedirle un libro a Crocus —quien se lo recomendó, ya que ella no podía aguantar charlas con hombres sobre su desarrollo, y también, a decir verdad, la lectura la ayudaría a desarrollar su rapidez al leer— sobre estos temas de la adolescencia —vaya uno a saber qué habría allí y cómo habrá llegado a ser escrito (eso se decía Miranda a veces) de seguro fueron los malditos hombres (y esa fue la conclusión a la que llego por último)—.
Cuando termino de trapear los suelos, se dirigió a lavar la ropa —otra cosa que tenía que hacer por el amor de Dios y su olfato sensible— de sus sucios nakamas. Había notado también antes de haber llegado a la isla Thommy, que ésta se había acumulado durante su mes de coma y demás días, y tuvo que lavar todo lo que pudo —que resulto ser más de la mitad de lo que había ahora— en un día de la semana en la que navegaron. Ahora iba por el resto (por lo menos era satisfactorio que alguno de sus nakama le compraran productos de limpieza, aunque a veces le fastidiaba la conducta tan machista que mostraban. ¡Ni que fuera la madre de ellos! ¡Tsk!).
Al terminar rápidamente la colgó el algunas cuerdas que sobresalían de los mástiles. Se colgaba y trepaba cual mono para poder dejar las prendas bien lavadas de un modo que no se arrugaran ni dejaran marcas innecesarias en la ropa que arruinaran su duro trabajo.
Al terminar, se limpio la frente con su brazo mientras suspiraba satisfecha y con una sonrisa. Luego borro su mueca y frunció el ceño y la boca.
—Tsk. Ni que me agradara hacer esto —murmuró mientras se dirigía a la enfermería por su libro.
Miranda entro de forma tranquila a comparación con las de antes, lo que ocasiono que incluso Crocus no supiera que era ella hasta voltear a verla con su vaga mirada detrás de aquellos vagos y clichés lentes.
Luego de segundos sin reaccionar, Crocus por fin señaló al libro encima de una gran pila de libros. Miranda fue a agarrarlo y miró la portada y abrió el libro pasando hojas, cuando paro en una se fijo en el contenido de ésta y luego fruncir el ceño y rodar los ojos.
Sintió sus mejillas enrojecer y salió corriendo directo a su cuarto.
—Si no entiendes algo o alguna palabra ven a preguntas —sintió el vago grito de Crocus a sus espaldas.
Ese libro le había hecho recordar otro extraño y perturbador problemita de su "desarrollo".
Y ahora incluso conocía el nombre y el por qué a penas tocar la cama y ponerse a leer la página donde había visto esa imagen dibujada de cierto problema de las mujeres. De todas las mujeres.
Maldición. Incluso había pensado en ese entonces que se trataba de algún tipo de... ¿hemorragia interna? —¿así lo llamaba Crocus? Quién sabe—.
Miranda suspiro. Luego leyó a su ritmo lento el libro, algunas palabras no las antendía y a decir verdad no estaba tan bien mentalmente y físicamente para ir a preguntarle a Crocus sobre ella. Luego vería qué diablos haría con ello.
Miranda nunca se espero que el primer libro que tocara se trataría de "Educación sexual".
Vaya vergüenza.
«Aunque a un adulto no le importarían esta clase de cosas. De seguro ellos no sienten vergüenza alguna. ¡Desgraciados malditos! ¡Van a pagar por ello!».
La linea de pensamientos de Miranda se fue al diablo y paso a los insultos a los mayores, ignorando, de por sí, tener el libro completamente abierto frente a ella revelando una imagen de una chica desnuda.
Qué descarada. Pero ella ni notaba la imagen.
—x—
Miranda se sentía extrañamente feliz desde que habían cruzado por Calm Belt hacia el East blue durante tres duros días de remos y remos, y peleas y peleas contra enormes, "gigantescas" bestias marinas que terminaron de alimento para su capitán, para ella y para sus demás nakama.
«Adiós Grand line», ese había sido el primer pensamiento dramático de Miranda al llegar al Calm belt y comenzar a remar con los demás.
«...¡Y hola East Blue!»
Oficialmente era la primera vez que "pisaba" —o viajaba— otras aguas que no fueran las del Grand line. Nunca había salido de éste, quizá por eso su humor había estado más tranquilo y alegre que antes.
Sonreía con más frecuencia, e incluso cuando a penas salieron del Calm belt se tiro de un chapuzón al agua y nadó por más de una hora como una desquiciada —hasta el punto de seguir como un pescado al Oro Jackson cuando éste se empezó a mover por el viento (y las velas alzadas) que le proporcionaba un mar normal—.
Luego de eso hicieron una pequeña fiesta donde Miranda devoro, tanto como su capitán, la mayor parte de la carne que quedaba de los reyes marinos que habían matado. Incluso cantó el Binks no sake tanto al revés como de la forma normal —en esta parte parecía una borracha con las palabras, ya que había cantado tantas veces la canción al revés que intentar unir las palabras de forma normal la hacían parecer una idiota que cantaba cosas sin sentido alguno. Aunque al final todos se rieron, escupieron sus bebidas o sus comidas—.
Incluso, —¡Incluso!— en esa fiesta había bebido un poco de sake y se atrevió —¡Se atrevió!— a darle una cachetada a Buggy —alias Narizotas— por entrar en un estado de locura extraña de payasos.
—¡Oye, tranquilízate! —le había gritado Miranda al encajarle la cachetada, tan dramática y anormal como podía verse, mientras luego lo agarraba por los hombros— ¡ni que fueras la persona más anormal por tener una nariz roja y fea! ¡Gyahahahaha!
Claro que estaba un poco fuera de sí.
Luego de eso Buggy entro en un estado de shock que duro hasta que avisaron sobre una isla —fueron dos largos días, oh yeah—.
No llevo mucho tiempo llegar a una isla a decir verdad —incluso Miranda pensó que sería más largo el tiempo que pasarían—. Había visto al navegante usar una extraña cosa llamada "brújula" que eran algo así como Log posespero diferentes —se perdió de más de la mitad de la charla que éste animado le daba en cuanto le pregunto sobre el extraño aparatejo—. De todas formas lo básico sería que ahora se guiaban por puntos cardinales o algo así, y que las brújulas no apuntaban a una isla en especifico.
En fin.
En la primera isla que habían encontrado en el East Blue luego de tan largo tramo, no era más que una isla "selvática". Miranda estaba algo entusiasmada. Quería saltar del barco y explorarla (¡Ya no más islas que tienen un sólo clima! ¡Ahora una isla que puede tener varios! ¡Genial!). Sin embargo, se contuvo y se comió las uñas por la ansiedad del momento. Quizá por eso es que Rayleigh la había visto y por ello la había mandado junto con su "equipo" a traer provisiones para el barco. Miranda no había oído nada más que la palabra "pueden ir a la isla" y "provisiones", por lo cual, ya en la isla, ni siquiera noto a Shanks y Buggy hasta que el primero tosió discretamente —Buggy casi despierta su lado machote al notar que Shanks quería la atención de Miranda, lo que ocasiono que él sintiera "coraje" (miedo) y casi liberara su poder... Sí, claro—.
Fueron momentos de discusiones y peleas algo idiotas, en las que participaban mayormente Akagami y Miranda mientras Buggy sólo miraba alrededor temblando de pies a cabeza y oyendo cosas raras.
Sin embargo, también éste último fue el que se dio cuenta, luego de un tiempo, que además de haber perdido el objetivo de buscar alimentos, también se habían perdido ellos —literalmente.
Pero claro está que cuando intentó por todos los medios posibles decirles a estos dos chicos más fuertes que él —le tenia miedo especialmente a Miranda, ¡porque Akagami no era mejor que él! ¡No, claro que no!— que estaban más que perdidos, simplemente las palabras no salían —es que luego recordó el suceso de cuando vio por primera vez a Miranda luego de que ésta hubiera despertado del extraño coma provocado por un extraño insecto, y el comentario que había agregado sin siquiera darse cuenta de que casi pierde su vida gracias a él. Ugh, todavía puede sentir el dolor de los golpes de la chica sobre él... ¡Incluso había colgado su cabeza en la punta del mástil! ¡Y habían muchas gavotas alrededor!—. Buggy simplemente sintió un escalofrío y se quedo más que callado.
No era que tuviera miedo.
No, claro que no.
Al final, el siguiente que había notado que estaban más que perdidos era Akagami. Y claro, hizo lucir sus pensamientos entre discusión y discusión con Miranda —aunque la mayor parte de la discusión era protagonizada por ella.
—Eh... ¿no estamos perdidos? —fue la inteligente interrupción de discusión de Shanks.
Miranda guardo silencio en ese instante mientras Buggy sudaba frío y tenía pensamientos insanos sobre cómo demonios iba a matar a Akagami.
Quizá lo tiraría al mar para que se ahogara.
Miranda señaló acusadoramente hacia Akagami cuando se dio cuenta de que sí, estaban perdidos.
—¡Es por tu culpa, idiota! ¡Si no fuera porque vinieron conmigo, entonces esto no hubiera pasado!
Y el extraño parloteo de Miranda siguió con más insultos hacía su equipo —que de equipo no tenían nada— mientras Akagami miraba los alrededores todavía parado en el mismo lugar en el que había liberado su comentario. Hasta que sonrió —ignorante era de los insultos que le mandaba a diestra y siniestra su única nakama femenina— y alzó la mano como para obtener la atención de los dos presentes.
Por supuesto que lo logró casi al instante.
—¡Tengo un plan! —Miranda lo miró mal.
—¿Y a quién le importa, imbécil?
Shanks la miró con el ceño fruncido. Pero luego sonrió animado.
—Iré adelantándome a la parte más elevada, y si consigo encontrar el barco volveré a este punto. Mientras tanto busquen comida por los alrededores. Pero no muy lejos.
Shanks empezó a correr rápidamente desapareciendo de la enojada vista de Miranda, quien ni siquiera tuvo tiempo de replicar su idea.
«Desgraciado Akagami. Maldito; imbécil; $#%&%$#...»
Buggy sudaba frío y prácticamente no escuchaba a nadie ya. Miraba alrededor de forma paranoica. Su estado daba pena. Como siempre.
—Narizotas, deja de ser tan inútil y sigue caminando.
Porque Miranda al fin y al cabo no obedecía a nadie, y menos idiotas como Shanks. «Ya vera él...». O al menos, desobedecería todo menos la parte de la comida. Tenía hambre.
—¿¡A quién le dices Narizotas inútil!?
Miranda lo ignoro y siguió hablando. —No es que me importe que termines en un barranco para no volver a verte nunca más pero, si nos perdemos y no regresamos hoy, planeo usarte como carnada para los animales y las bestias que habitan la isla cuando tenga hambre.
—¿¡HE!? N-no lo harías... ¿verdad? ¡A-así que cállate! —las orejas de Buggy lanzaban humo del enojo. Sus mejillas estaban tan rojas como su nariz y sus dientes se apretaban al igual que sus recientes manos empuñadas. Estaba nervioso, pero enojado —como siempre—.
—¿Debería? Y, por lo otro, sólo espera hasta la noche para saberlo —Miranda lo volvió a ignorar y siguió caminando mientras se hurgaba la nariz desinteresada (¿hace cuánto tiempo que no lo hacía? Ni lo recordaba).
—¡Eres una sádica!
Al escuchar esas palabras, ella sonrió mientras sacaba su dedo de su nariz y mandaba a volar al moco de forma descarada.
—Por supuesto.
Y Buggy sollozo por tener siempre tan mala suerte. ¿Qué había hecho para merecer esto?
Ah, sí...
(¡En momentos como estos prefería una y mil veces estar con Akagami que con esta nakama psicópata que quería deshacerse de él: de su preciosa existencia!).
Pasaron minutos mientras Buggy se quejaba detrás de ella y Shanks todavía no regresaba. Por lo demás, era lógicoque siguieran perdidos. Miranda hacía oído sordo a cada queja de Narizotas y trataba de concentrarse en los sonidos del bosque por si notaba a algún animal cerca.
De repente, oyó algo a la distancia. Fue un sonido casi imperceptible, pero ella, con tan buen oído y tanta hambre repentina, lo pudo sentir.
—¿...dónde estará Akagami? ¿Y si se lo comió un animal gigante?... ¿y s-si e-ese animal luego viene por nosotros? ¡Por supuesto, soy fuerte! ¡P-pero no podría dejar a una nakama atrás! ¿P-por qué no nos ocultamos en alguna parte? ¿No está muy oscuro? ¡No tengo miedo por supuesto! D-debería haber seguido a Akagami...
Miranda sintió una vena palpitar en su cien. Ya había oído tanta mentira y tantas veces —dos, para ser precisos— el "Akagami" de Shanks que simplemente quería mandar a su "nakama". Luego presto atención a una de las últimas preguntas mientras seguía atenta a los alrededores por algún nuevo sonido. Sí, estaba oscureciendo, veía formarse poco a poco el atardecer. No se preocupaba por Akagami —Puff, como si alguna vez lo hiciera—, y sabía que él era fuerte —¿más que ella? ¡JA! Por supuesto que no— y se podría defender bien. También estaba el hecho de que podría venir hacia ellos sólo con usar el Haki de observación.
Miranda volteo su cabeza nuevamente al sentir otro sonido. Era extraño. ¿Por qué el animal en cuestión no había atacado? Después de todo los animales actuaban por instinto —cof cof— y parecía que "este animal" estaba dando vueltas, rondando por alrededor de ellos desde hace un buen rato. Detuvo su andar y Buggy chocó con ella y cayó de trasero a la firme tierra —sintió que el cuerpo del mismo temblaba en cuanto impacto con su cuerpo—.
—¿¡Por qué paras de caminar de repente, idiota!?
Miranda le miró mal a tal punto que Buggy sudo frío y dejó de hablar.
—Cállate, Narizotas. O te cortare en pedacitos y los lanzare al mar para que mueras.
Está claro que el mencionado apodado ni siquiera dijo un pío.
Otro sonido capto la atención de Miranda y casi por instinto se puso en posición de pelea (olvidándose incluso de las dos espadas a sus costados. ¿Pero de qué le iban a servir si a penas las sabía usar? ¡Era mejor el cuerpo a cuerpo que el espada con cuerpo! Eso está más que claro).
Buggy también esta vez pudo notar el levísimo sonido por su miedo en aumento, además de gracias a su paranoico ser. Se encorvo levemente y puso sus dos mano empuñadas y temblantes acurrucadas bajo su mentón y en su pecho mientras sudaba del miedo, nerviosismo y sin saber qué hacer en esa situación (claro está que si notara que él mismo se podía hacer pedazos su cuerpo y volar seria una gran ventaja para esa situación en la que se imaginaba estar. Pero él era idiota por naturaleza —eso pensó Miranda).
Otro extraño sonido de ramas. Era como si aquel animal estuviera rondándolos en círculos.
Sin embargo, tal susto y sobresalto se llevaron Buggy y Miranda respectivamente cuando la bestia saltó frente a ellos que los dos cayeron al suelo —Miranda se reprocho internamente por su forma de actuar— y sintieron un golpe en la cabeza bastante duro que los dejo inconscientes —aunque Buggy en realidad quedo inconsciente más por todo el pánico que tenía encima que por el golpe que aquel ente extra le había dado—.
El gritó de guerra fue lo único que escucharon los dos antes de quedar inconscientes.
—AHHHHHHHahhhhhhhhhhAHHHHHHHH...(*)
—x—
Miranda se despertó cuando sintió a alguien picarle de forma exageradamente delicada la mejilla izquierda. Aparto la mano como si fuera un vil mosquito y se volvió a acurrucar en las mantas. Estaban muy calentitas.
Abrió sus ojos de repente y se paró de aquella cama extraña llena de pieles. Miro para los lados rápidamente.
—¿¡Dónde diablos estoy!?
Sintió un extraño suspiro cariñoso bajo a un lado de ella y entonces notó a algo costado en la MISMA cama en la que ella tiempo atrás estaba acostada. Cuando bajo la mirada con el ceño fruncido de forma lenta y pausada se encontró a alguien mucho más grande que ella en cuanto a cuerpo.
—Al fin despiertas my lady.
Miranda cayó de trasero al suelo del susto que se dio y se apartó arrastrándose por el suelo de madera hasta un rincón alejado de aquel hombre extraño. Claro que miro a su alrededor al hacerlo y noto que se encontraban en un pequeño cuartito.
«¿Dónde diablos están Shanks y Buggy cuando los necesitas? Bastardos malditos, de seguro escaparon en cuanto me vendieron a este tipo... ¡O lo que sea que hayan hecho! ¿Dónde demonios estoy?».
Trago saliva. ¡La puerta! ¡Una puerta! Tenía que buscar una purta o una ventana por la cual diera a su libertado.
—Tranquila mi linda señorita. No le haré nada que no quiera. Después de todo tu eres mi amore.
Miranda se aparto más en cuanto notó al chico —porque tenía pinta de adolescente, sólo que más mayor incluso que Shanks— acercarse hacia ella.
«¿En qué idioma habla, por dios?».
El chico extraño y musculoso extendió la mano.
—Puedes llamarme Alger Rye. Hermosa.
De una manera extraña Miranda no pudo evitar sonrojarse de manera vergonzosa. ¿¡Desde cuándo alguien le decía cosas tan cursis!? Apartó la mano que le extendió el chico de forma brusca y se alejó por las paredes del cuartito aún más de él.
—¡No quiero saber tu nombre! ¡Quiero salir de aquí! Y te lo volveré a preguntas ¿Dónde estoy? —Miranda a pesar de estar roja por los extraños comentarios del chico a su persona, todavía tenía sentido común y quería salir de allí lo más rápido posible.
Sin embargo, el chico, ¿Rye? sonrió un poco avergonzado y se apartó de Miranda dejándole su espacio. Hizo una reverencia y entonces ella noto al instante la poca ropa que usaba.
«Oh-dios-mio... ¡Por eso detesto a este mundo! ¿Por qué los hombres pueden andar con el pecho al aire y las mujeres no? ¡Malditos!». No, Miranda no era una pervertida y lo que menos había pensado en cuanto vio al chico frente a ella con una harapo cubriéndole sus "partes" fue en cosas indecentes. Es más, el feminismo en su interior era lo que la hacia ver menos adolescente de lo que en verdad era.
—Oh, señorita —Miranda rodó los ojos— Tranquila que no le haré nada. Ya se lo dije.
«Lo que tiene de educado lo tiene en la ropa que No usa» pensó con sarcasmo.
—...Y no se encuentra muy lejos de su barco. Pero por favor quédese aquí mientras tanto. Es de noche y no quiero que ninguna bestia le hiera ese belle* cuerpo, Mademoiselle.
Miranda alzó una ceja sin entender ninguno de los supuestoshalagos del chico. De todas formas, al escuchar aquella respuesta de dónde se encontraba se paró apresuradamente.
—¡No me importan las bestias que hayan afuera! ¡Yo las venceré a todas! —lo señaló Miranda con el ceño fruncido— ¡No soy una mujer débil! ¡Para que vayas sabiendo! ¡Pertenezco a una tripulación pirata súper famosísima!
El chico volvió a sonreí y luego, de forma bastante anormal (según Miranda), bajo la cabeza con un sonrojo en sus mejillas mientras se la rascaba de forma avergonzada.
Miranda lo miraba incrédula. ¿De dónde demonios vendría este hombre para actuar de esa manera tan extraña frente a ella?
—Usted... —el chico, Rye (Miranda pensaba que mejor llamarlo por el corto que por el largo) empezó a hablar—...desde que llegó aquí me a atraído a primera vista —subió la Mirada con una sonrisa de ojos cerrados todavía rascándose la cabeza avergonzado— Por eso... ¿quisieras ser mi esposa?
Fueron segundos de silencio.
—¿Eh?... ¿¡EEEEEEEEEEEEH!?
El gritó se escucho por toda la isla hasta el punto de que algunas aves volaron lejos de los árboles en los que estaban durmiendo o descansando luego de un largo día.
—¿D-de qué estas hablando? ¡Soy una pirata! ¿A qué viene... eso? ¡No me pienso casar con nadie nunca en mi maldita vida!
—Entonces usted es de las difíciles —de la nada Rye sacó un lápiz y una libreta y empezó a anotar en ella de forma concentrada algo que para Miranda era más que incomprensible. Luego subió la mirada, la miró por unos momentos y la bajo nuevamente con una sonrisa en los labios— Agresiva, se avergüenza con facilidad, tiene unos lindos ojos y cabello...—Miranda apretó sus puños, al tipo un poco más y le salían corazones en los ojos.
Miró alrededor esta vez más concentrada. Algo bajo sus pies capto su mirada, se agacho y miró el pequeño agujero por donde entraba algo de aire, puso uno de sus dedos en él, lo presiono y lo levanto encontrándose con una compuerta que daba hacia una escalera que a la vez la dirigía al a tierra firme.
¡Estaba en algún tipo de cuarto en un árbol!
Miró hacia el chico y éste parecía no notar lo que hacia, por lo que se escabullo hasta la escalera y empezó a bajar de forma apresuradamente desquiciada por ésta.
No quería casarse con nadie. No le gustaban los halagos. Tenía hambre. ¡Y no sabía dónde demonios estaba!
«¡Esto definitivamente no es lo que esperaba de una isla del East blue!» lloro en su interior a penas tocar tierra.
Se fijo que habían más construcciones de pequeñas casas con techos de paja y de madera a su alrededor —la luna los iluminaba—, y de forma valiente se apresuro a cada uno de ellos en busca de Buggy.
No es como que quisiera salvarlo. Claro que no. ¡Sólo que no quería regresar y que la recriminaran por dejar a un nakama atrás! ¡Eso la dejaría menos fuerte ante todos a los que admiraba! Y claro está que no quería miradas de decepción.
En cada una de las chozas que rodeaban el gran árbol sólo habían armas —en una encontró sus espadas gemelas colgadas con elegancia lejos de la suciedad y las agarro junto al cinturón para ponérselo en la cintura con ellas— hasta que en una por fin encontró a Buggy.
Amordazado en un tronco, pero al fin y al cabo lo había encontrado.
Mientras lo desataba y le daba golpes para que se despertara, Miranda miró todo el tiempo hacia el árbol de donde había bajado y donde se encontraba Rye. En una noto que el chico había bajado de forma apresurada y miraba alrededor para luego alejarse de ellos hacia el bosque.
Suspiro con alivio.
¿Pero ahora cómo iba a hacer para llegar al barco? De repente recordó la isla de los cerezos y el cómo se había perdido. ¡Nadie la había ido a buscar! De seguro ahora sus demás nakama tampoco lo harían. ¡Incluso si esta isla era sospechosamente peligrosa!
—...estúpido Akagmi... psicópata Miranda... dejen de atarme en aquel extraño tronco...
Miranda le fruncido el ceño a Buggy y su extraño sueño donde estaba ella.
«Más te vale que sea un sueño donde te esté matando». Le encajó un buen golpe con haki en el estomago y por fin hizo que el narizotas se despertara algo sobresaltado —aunque Miranda evito el grito tapando su boca con la palma de su mano (iba a hacerlo con su puño, pero se contuvo con todo su ser)—.
Buggy balbuceó cosas incomprensibles pero Miranda le hizo un gesto de que se quedara callado. Éste asintió. Ella apartó su mano.
—Escucha, hay un chico raro llamado Rye que quiere casarse conmigo. ¿Dónde está Akagami?
Buggy tuvo ganas de reírse de su compañera pero se lo guardo para otro momento más sano.
—No lo sé. Acabo de despertar y lo único que encuentro es tu horrible cara frente a mí y tu mano en mi boca. ¿Qué no estábamos en el bosque?
—Ah, es verdad —Miranda frunció el ceño— Akagami de seguro nos abandono. Ese bastardo.
Buggy también compartió sentimientos.
—De todas formas... —ella siguió hablando— Si este chico nos encuentra no tengo ni idea de qué me, o nos hará. Tenemos que ser cautelosos —fue hasta la puerta y le echó una mirada a las afueras de la choza. Parecía que no había nadie cerca— Ven, narizotas, vayamos a buscar el barco.
—¿¡A quién le dices na...!?
Miranda le mandó una mirada de muerte.
—Shhhhh —ella puso su dedo firme entre el medio de sus labios pidiendo un claro "cállate, cierra tu maldita boca" indirecto.
Corrieron lejos mientras Miranda notaba cada sonido de los alrededores además de el de sus pisadas. Fue entonces cuando activo su Haki de observación y una sonrisa de medio labio surco sus labios al comprobar que Shanks estaba cerca. Agarro de forma fuerte los cabellos de Buggy y corrió más rápido que antes hasta la dirección donde se encontraba su rival de vida.
—¡Oi! ¿Por qué tan de repente...?
—Encontré a Akagami —Buggy suspiro aliviado en su interior a pesar de sentir un dolor inmenso en su cuero cabelludo. Pataleo un poco y manoteo a Miranda para que lo soltara.
Cuando llegaron a donde supuestamente estaba el chico pelirrojo, Miranda se encontró con una gran vena palpitando en su cien peligrosamente. Apretó sus puños soltando el cuero cabelludo de Buggy y se dirigió con paso fuerte hasta donde se encontraba durmiendo plácidamente Akagami. Cuando prácticamente ya estaba frente a él le encajó un pie en el estomago a éste y lo hundió de forma dolorosa.
—¡Despierta, idiota! ¡Tú durmiendo y nosotros con problemas!
Shanks despertó sobresaltado y escupiendo saliva y un poco de sangre en el proceso. Quizá ella se había pasado un poco.
Qué va. Se lo merecía por imbécil.
—¿Pero qué te pasa?
—¿¡De qué hablas!? ¡TÚ ERES EL QUE ESTABA DURMIENDO MIENTRAS QUE NOSOTROS ERAMOS SECUESTRADO POR UN CHICO DEL BOSQUE! —y Miranda no agregó más porque le paso por la mete futuras bromas si le dijera que el chico Rye quería que se casara con él. El por qué, ella no tenía ni idea.
Le era todo completamente incomprensible.
Sin embargo, no parecía ser un chico amenazante, o al menos no con ella, puesto que lo había dicho en sus palabras "que no le haría nada que ella no quisiera". O sea que secuestrarla y obligarla a casarse con él era en lo que menos pensaba.
Había oído decir que la iba a "conquistar". Pero eso era imposible.
—¿De qué hablas?
Miranda salió de sus pensamientos y le frunció el ceño a Shanks.
—¡Un tipo caníbal me amordazo en un cuarto obscuro!
—Y a mí me dejo dormir en su cama —agregó Miranda frunciendo la boca ante este hecho. Sintió un escalofrío.
¿Qué diablos le pudo haber hecho mientras estaba dormida, además de tocarle la mejilla?
Los dos chicos se la quedaron mirando raro. Shanks se paro y quiso tocar la frente de ella pero ésta se aparto con un gesto de su mano frente a ella a punto de golpear a cualquiera que la quisiera tocar.
—¿No te hizo nada? —lucía preocupado con esa mirada seria.
—¡Tsk! ¡Por supuesto que no, idiota! —le respondió más cortante. Para luego poner una mano en su mentón pensativa. En su interior pasaban todas las ideas de lo que pudo haber hecho el tal Rye mientras estaba en esa cama, pero no pasaban más que toqueteos en la cara o burlas hacia su persona mientras durmiera para que no lo viera —vaya pensamientos más inocentes—. ¿Por qué Shanks luciría tan preocupado por cosas como esas? De cierta forma no eran cosas "tan malas". ¡Eso es! ¡Debía haber otra cosa que ella no sabía! ¿Qué seria ese algo misterioso?
Pero tampoco podía preguntar qué le pasaba por la mente a este chico quien era su rival de vida.
—De todas formas ya nos tenemos que ir. He encontrado el camino.
—Vamos, vamos rápido —apresuro Buggy mirando hacia todas partes. De repente oyeron un ruido extraño y un león más grande de lo normal salió de la nada a punto de atacar a Miranda. Sin embargo, antes de que siquiera éste pudiera poner sus garras o boca sobre ella, cayó planchado a la tierra de forma dramática.
Miranda tenía la mandíbula por el suelo. ¿Quién se había atrevido a sacarle parte de su entrenamiento?
Rodó los ojos a penas vio al chico Rye ir hacia ella sosteniéndose de una liana y con un arco y flechas en su espalda. Saltó elegantemente y quedo parado frente a ella.
Volvió a rodar los ojos. Se dio media vuelta y trato de huir a la dirección a la que habían empezado a caminar antes de ser "atacados" por el león. Ignorando así al chico que supuestamente estaba enamorado de ella. Bah. Que asco. El amor era un asco.
—Ah~ ¿Cómo se encuentra mi bella flore? —sintió pasos a sus espaldas y siguió caminando.
—¡Oye! ¿Quién eres tú? —sí, ese había sido Shanks y sus preguntas "geniales".
Sintió pasos parar y supo que Akagami había captado la atención del supuesto "Caníbal" —según Buggy—.
—No puede ser...—Miranda dejo de caminar y se volteo algo curiosa hacia los chicos tras ella. Vio a Rye mirando de forma amenazante hacia Shanks mientras éste igualmente lo fulminaba con la mirada «Hombres idiotas. Parecer mosquitos en celo». Rye señaló a Akagami y luego la miro a ella por unos segundos antes de voltear la vista hacia Akagami y Buggy de vuelta—. ¡No puede ser posible! ¡Rivales en el amor! ¡T-tengo que... anotar esto! —Miranda se palmeo la cabeza de forma exasperada. «Hombres idiotas»...— ¡Pero no importa! ¡Yo la conquistare y ella sera mi esposa no importa qué! —el aura alrededor del chico se torno rosa en cuanto se arrodillo frente a Miranda y le tomo la mano de forma delicada. En ese instante él se puso a fantasear sobre futura boda, futura casa, futuros hijos, futuro perro y futuro "ver a sus hijos dormir junto a su amada esposa". Claro que Miranda hacia todo lo que podía por liberar su mano, hasta el punto de encajarle una patada a Rye y mandarlo a volar lejos.
—¡Nunca aceptaré, bastardo! ¡Nunca me casare! —Miranda le echó la lengua al chico que salía volando y luego se cruzó de brazos— ¡Vámonos de aquí! —fulminó con la mirada a los chicos frente a ella y los cruzó con paso duro hasta la dirección donde se suponía estaría el barco.
Shanks y Buggy sonrieron satisfechos. Miranda no iba a cambiar su actitud con los hombres ni le daría trato especial a ninguno por muy "conquistador" que fuera.
—¡Buen golpe! —oyeron los tres que gritaba el chico a lo lejos antes de impactar con algún árbol.
Miranda sintió un escalofrío. Fue por el león que había derrotado Rye y lo empezó a arrastrar de vuelta por el camino hacia el barco.
«Misión cumplida».
Se fueron de la isla esa misma noche bajo las amenazas de la chica a la tripulación.
—x—
Habían pasado cuatro semanas desde que había viajado por primera vez al futuro.
"Entonces está por ocurrir. Quizá un mes, o menos", las palabras de aquel viejo Rayleigh no podrían haber sido tan exactas.
—...esa será mi última orden para ustedes...
Miranda no lo noto entonces, pero todos se le habían quedado mirando expectantes, como si ella tuviera algún tipo de poder que hiciera retractarse al capitán de su decisión. O quizá era por otras razones. Sí, Miranda era del tipo de persona a la que no cualquiera podía mandar. Y el hecho de que pareciera una estatua —por lo muda y quieta que estaba— en esos momentos, hacía a todos guardar silencio y verla.
No, no es que en ese momento Miranda More sintiera al mundo como una patada en el hígado. O, si fuera hombre, —aunque no lo era, y NUNCA lo preferiría ser— sería una patada en sus bol–(Censurado).
No, ella simplemente estaba callada porque no sabía que decir.
Estaba muda.
Aunque la mudez duro poco.
—Yo... usted... ¡Usted me debe un favor!
—¿¡Quéeeeeeee!? —ya nadie la entendía.
—Sí... ¡Por no haberme podido librar del coma y...! ¡...por no haber ayudado en mi recuperación...! ¡Además, capitán, usted dijo que fue todo su culpa ¿no?! ¡Y por eso me lo debe! —gritó Miranda algo desesperada, muy en su interior temblando como gelatina.
El capitán Roger parecía un poco sorprendido, pero luego parecía estar considerando sus palabras.
—¿Cuál es el favor?
Ella bajo la mirada un poco sin poder evitarlo.
—Escúcheme capitán, yo... ya sabía que este momento llegaría. Era inevitable luego de haber escuchado de su enfermedad incurable. Por eso he estado pensando en proponerle algo —Miranda todavía seguía con la mirada gacha— Yo no tengo un motivo por el cual vivir; ni familia, ni amigos. Nada lejos de este barco. Incluso no tengo un sueño que no sea el de hacerme más fuerte, pero creo que no cuenta lo suficiente como uno —suspiro derrotada—. No tengo nada —dijo firme— Y he llegado a pensar que si no fuera por ustedes y el largo tiempo que he pasado en este barco, me hubiera entregado a la marina para que simplemente acabaran con mi vida —cada palabra salía más baja que la otra, pero luego alzó la mirada— ¡Por eso...! —señalo a Roger— En este instante lo estoy amenazando con que cumpla definitivamente el favor que le voy a pedir —todos la miraron sorprendidos pero Miranda ni se inmuto— ¡Si no acepta mi propuesta entonces queda la opción de entregarme a la marina! Y si acepta... ¡La futura orden que me dé en el caso de que pierda será cumplida con mi vida! ¡No importa lo que sea! Y...
—Está bien —la corto Roger, serio y con una mirada tan neutral y fija en ella que casi hizo a Miranda arrepentirse de sus palabras. (¡Por dios! Si incluso había "amenazado" a su capitán)—. Acepto.
Miranda sintió un peso salir de su espalda. Un alivio inundo cada poro de su cuerpo y sus nakama suspiraron aliviados.
Miranda plantó una sonrisa en sus labios. Esta vez iba a demostrar su fuerza incluso si en realidad no fuera ciertamente a golpes, sino de aguante.
—Si permanezco en pie durante trece minutos de sus golpes entonces me quedare con usted hasta su final. Y en el caso de que pierda... De que no lo logre...
—...Entonces te daré la orden definitiva —completó el capitán.
Esta vez todos sus nakamas —a excepción de Crocus, Rayleigh y Shanks que sorprendentemente guardaban silencio, mientas los otros dos primeros se encontraban con los brazos cruzados pero en diferentes esquinas— soltaron un grito de sorpresa bastante femenino. ¿Cómo habían llegado a esto? A decir verdad no se esperaban aquella propuesta de parte de su nakama femenina Miranda. Ella era bastante impulsiva —mente y cuerpo— por lo que sabían todos, incluso el capitán, que se esperaba el grito de protesta de su camarada desde que él lanzó la orden. Lo impactante era todo lo demás dicho. Desde el principio al fin. Roger estaba sorprendido, sabía algunas cosas por las que había pasado su pequeña nakama —cosas a las que trataba de no darle importancia, pero incluso si no lo hiciera, hay cosas que no se olvidan tan fácilmente— por lo cual sentía que le debía una grande por todo lo que la haría pasar por la orden que acababa de dar a todos. La esperada e inevitable orden de ir separándose: de disolver a los piratas de Roger. Ella era muy pequeña, y por lo que acababa de decir y confirmar, no tenía nada más que a ellos.
Sin embargo, ella sabía tanto como él que este día llegaría. Y planeaba hacer algo para que al menos retrasara lo inevitable: dejarla sola en el mundo.
Muy en su interior Roger pensó que de cierta forma esa niña era astuta por la idea que había planteado. Después de todo había pasado por entrenamientos con su amigo Rayleigh donde soportaba los golpes de éste todo el tiempo.
...De todas formas...
Él sabía el resultado de todo esto. Y quizá, no, estaba seguro de que no sería un final muy agradable para él, para todos los demás, ni mucho menos por sobretodo para ella; Miranda.
—x—
Miranda no sabía qué orden le daría su capitán. No sabía qué le depararía de ahora en adelante su vida.
Pero sabía a ciencia cierta cómo terminaría esta cosa que había propuesto. Incluso el viejo maestro Rayleigh se lo había dicho.
Sin embargo, algo en su interior decía que batallara, que luchara por las cosas que de verdad quería. ¡Ella no quería ser la típica chica cursi que aceptaría todo lo que su capitán dijera! Ella quería quedarse con él hasta su final. ¿De qué le serviría estar lejos al ser nakama si no podían ayudarlo como él lo hizo con ellos de forma tanto indirecta como directamente?
Quizá Miranda no se daba cuenta de por quién en realidad estaba recibiendo aquellos duros golpes, ni por quién se mantenía firme recibiéndoles, al igual de por quién lloraba.
Era por ellos. Ella quería demostrarles que todo era posible. Que a pesar de que no fuera la mejor decisión del mundo, ella quería estar con su capitán. Ya se lo había dicho, no le importaba morir en este barco condenada por la misma marina. Ella no tenía miedo a la gente que más odiaba en el mundo.
Ella estaba enfrentándose a todo.
Ella estaba siguiendo adelante.
Ella estaba demostrando lo fuerte que se había convertido en el tiempo que estuvo con ellos.
Porque todos la apoyaban. Porque todos juntos eran una gran familia que celebraban sus victorias y luchaban por hacerse más fuertes en las derrotas. Porque ellos eran personas a las que ella apreciaba más que a nadie.
Porque ellos habían llegado al nivel de sus madres en todo este tiempo. Ellos le habían enseñado, regañado, golpeado, entrenado, regalado cosas, dado un cuarto para ella sola, darle dinero... Se sentía como una hija siendo mimada.
Una lágrima bajo por sus ojos mientras veía la cara de sufrimiento de su capitán.
Porque él también la apreciaba. Porque él sufría lo que estaba haciendo ahora con su nakama ya ensangrentada.
Todos lo hacían.
Las rodillas de Miranda no aguantaron más mientras escupía algo de sangre.
«Me costaba reconocer que puede doler que te marches de aquí, y no me quieras llevar».
Las lágrimas bañaban su rostro lleno de sangre y moretones.
«Soy como un ave que busco una tonta ilusión, ame y preferí regalar la libertad que tanto anhele».
Cubrió su rostro sin poder evitar los sollozos. El dolor en su cuerpo no superaba al dolor que sentía en su interior. Muy en su interior.
En este inmenso mar... ¿estoy condenada a vivir en soledad?
—Esto se a terminado. He ganado.
El rey de los piratas se alejó al igual que sus demás nakama. Dejando allí a una adolescente que había perdido.
Fueron doce minutos con cincuenta y cinco segundos.
Recordaría esos números por el resto de su vida.
Porque ese día, las lágrimas volvieron de una forma que nunca olvidaría.
Miranda More... había perdido.
Pero no en como lo hacía en las batallas contra Shanks o contra el maestro Rayleigh... No, esto era diferente.
Ella...
Había perdido su única oportunidad de demostrar todo lo que tenía.
Había perdido la oportunidad de quedarse con él hasta el final.
De quedarse con ellos hasta el final.
Lo único que Miranda pudo hacer en ese instante fue llorar y cubrir sus lágrimas con sus brazos.
—x—
Inhalo y exhalo luego de haber gritado que se callaran todos de una maldita vez.
Ya había oído la orden.
La cumpliría con su vida. Ese había sido el trato.
Miró a sus nakama por última vez, ellos tapaban los bordes del Oro Jackson para que ella no intentara salir de él.
Muy en su interior quiso patearlos por tanta cursilería.
Miró a Crocus parado en la puerta de la enfermería. Él la veía y asentía hacia ella, a lo cual ella hizo lo mismo en una despedida silenciosa.
«Adiós Crocus-sensei.»
Desvió la mirada hacia arriba donde Rayleigh también la veía. Le frunció el ceño y él a ella. Quiso echarle la lengua y decirle lo mucho que su barba estaba geométricamente cortada ese día. Y que además, se parecía mucho a Crocus con su cara y sus lentes.
«Adiós maestro Rayleigh. No se vuelva tan gruñón en el futuro.»
Desvió la mirada hasta Buggy quien a pesar de decir que la odiaba se encontraba llorando a lágrima vida al igual que unos cuantos más. Miranda lo fulmino con la mirada, se acercó y estrelló su cabeza contra la madera del suelo.
«Adiós Narizotas».
Busco con la mirada y por fin encontró a Akagami apartado de la multitud silenciosa y llorona.
Se acercó y le encajó una buena cachetada ante la mirada un tanto incrédula de todos.
—No me mires así imbécil. ¡Más te vale no andar de vago luego! ¡Me enteraré y mandaré a alguien a que te patee el trasero para que me recuerdes si no lo haces! —le escupió con voz yakuza— Sigo odiándote. ¡Y lo seguiré haciendo por el resto de mi vida! Así que más te vale hacerte más fuerte. Porque incluso yo no quiero que un nakama confiable pierda su maldita fuerza y muera de forma patética. Y... ¡Y yo quería ese sombrero! —lo señaló acusadoramente, antes de reafirmar su agarre en su mochila y apartar la mirada y el dedo que lo señalaba para alejarse hacia el barco.
«Adiós maldito imbécil Akagami».
Se paró frente a los que le hacían un muro hacia su barquito y los aparto de forma brusca haciendo que estos terminaran estrellándose con otros nakamas.
«¡Y adiós a ustedes también!».
Se subió al barquito, lo desató y cayó al mar de forma brusca. Escuchaba cómo los demás comenzaban a llorar mientras ella remaba.
«Adiós Oro Jackson».
El horizonte mostraba un claro atardecer que la contemplaba de forma irónica.
«Oh, vaya. Ahora que me doy cuenta, tú eres el mismo barquito con el que llegué al Oro jackson. Vaya, con el que he llegado me he ido. Irónico».
Ya lejos, las lágrimas volvieron a fluir de sus ojos luego de extrañas picazones en su nariz.
«Adiós... piratas de Roger. Adiós, vida pirata. Quizá algún día nos volvamos a ver... ¡aunque no lo espero!».
En ese inmenso mar, una adolescente sollozaba de forma ruidosa mientras las lágrimas caían de sus ojos de forma desbordante. Quién diría que ella dejaría de ser tan fuerte por una segunda despedida. Sentía sus fuerzas desfallecer.
Ni siquiera parecía que fuera la segunda, sino la primera. Y lo era, ella se despedía de sus nakamas. No de sus madres. Aunque con ellas no tuvo la oportunidad siquiera de despedirse.
Había sido casi un año lleno de aventuras, incluso ya tenía un apodo y una gran recompensa. ¡Además de haber sido reconocida por el mismo Garp!
Fresachul...
Miranda sonrió entre lágrimas. No era un apodo genial pero... Lo recordaría. Después de todo ese apodo se lo ganó en sus viajes en el Oro Jackson.
Se preguntó por un momento qué estarían haciendo en ese instante sus exnakama.
De seguro ya habían parado de llorar.
Qué pena que ella todavía no lo hiciera.
¿Dónde irían a parar todos ahora? ¿Qué les depararía el futuro? ¿Alguno de ellos se convertiría en algún pirata más poderoso del mundo?
Esperaba que al menos esos bastardos aprovecharan la oportunidad de seguir un camino en el mar. De ver el cielo con las olas bajo sus pies.
—La luz del sol entre la oscuridad...~
Dibuja una linea en el cielo...~
Me lleva a lo lejos, a otro mundo eterno...~
donde el mañana regresará...~
—x—
Al día siguiente, cuando despertó con las olas moviendo su barquito de una forma tranquila, reviso su mochila en busca de algún alimento. Se sorprendió al encontrarse con aquel extraño libro de Akuma no mi que había desaparecido antes de su coma señalando en una nueva página, y también, una Akuma no mi con forma de fresa que la miraba de forma burlona.
No había comida en la mochila. Pero sin embargo, ella nunca comería una fruta del diablo. Por lo cual, simplemente se echo en el barco boca arriba y contempló el cielo esperando su nuevo paradero.
¿Cuál sería?, se preguntó en tanto en sus pensamiento como en voz alta. Después de todo nadie podía decir nada ahora.
—x—
Rayleigh contemplaba a su buen amigo Roger beber más sake de lo habitual, pero sonriente.
—¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué la enviaste lejos? —los dos sabían a qué se refería el rey obscuro.
No obstante, inesperadamente Roger rió escandalosamente.
—Tiene un futuro bastante particular. Ella tiene que... mecer una cuna.
Nadie entendía a Roger, pero tampoco hay que culpar a Rayleigh por no haber comprendido el significado tras esas palabras, haberlas malinterpretado y simplemente agarrar a Roger por el cuello de su capa de Rey pirata de forma amenazante.
—¡Eres un (censurado) pedófilo! ¿Qué le hiciste a la pobre niña? ¡Con razón lloraba tanto! ¡Te propasaste con ella, ¿verdad?!
—Oi, cálmate Ray, ¡no es lo que crees! ¡Lo le he hecho nada! ¡Me gusta otra mujer! ¡Ya tengo otra mujer! ¡Se llama Rouge, para que sepas! ¿Quién crees que soy? ¡No le haría eso a mi nakama!
—¡Desgraciado! ¡Y todavía tienes a otra mujer...!
Luego de minutos de charla —griteríos— después, Roger por fin pudo demostrar su inocencia de una forma bastante patética; arrodillándose a los pies de su amigo y jurándole que no le había tocado ni un pelo a su nakama y que no se refería a que ella estaba embarazada con lo que había dicho. ¡Ni que Rouge fuera otra más!
Sino a algo más.
Continuará...
.««.Fin del 1er arco "Viaje en el Oro Jackson".»».
Aclaraciones:
*—Miércoles: "Mierda".
*—Aquel grito, intente imitar al de Tarzan, pero no tengo ni idea de cómo se hace para imitarlo en escrito.
*—Belle —bello(a), hermoso(a).
*—Mademoiselle—señorita.
De todas formas. He estado ausente por problemas, uh, eh, ¿cómo decirlo? Creo que por los problemas climáticos. No soporto el maldito calor y estoy cada vez más derretida cuando me pongo a escribir, por ello busco la noche —como Batman—, pero en la noche ya estoy cansada y sólo me queda una hora, y esa hora termino viendo anime y..., en fin, es complicado. Así es la vida.
Por cierto, hay ciertas partes como la orden del capitán que se irán aclarando con el tiempo. Por lo demás, espero les haya gustado el capitulo.
Por cierto, ¡este es el capitulo más largo que he hecho en mi vida!
—Sarah: ¿Y? ¿Qué tal? ¿Te a gustado? ¿Disgustado? Ando desgastada últimamente por el cambio del clima. Apenas y puedo tocar la compu. ¡Ah!, dile a Atzu-san que al final la fruta del diablo será una fresa (que lea los PMs anteriores que nos hemos mandado por si ella no te a contado nada xD) como ella me sugirió que fuera :D. ¿Te gusto cómo puse a Rye?
Por cierto, este es el último viaje al futuro que tendrá Miranda. A decir verdad sólo iba a poner uno, el primero, pero luego quise poner otro.
Visiten el facebook en mi perfil. Allí encontraran buenas y grandes imágenes de Miranda More para los curiosos. Es un facebook dedicado a Fanfction.
