The Potter Twins

~Lumos~

Juro solemnemente, que mis intenciones no son buenas


Malfoy no volvió a las aulas hasta última hora de la maña na del jueves, cuando los de Slytherin y los de Gryffindor estaban en mitad de la clase de Pociones, que duraba dos ho ras. Entró con aire arrogante en la mazmorra, con el brazo derecho en cabestrillo y cubierto de vendajes, comportán dose, según le pareció a Harry, como si fuera el heroico su perviviente de una horrible batalla.

—¿Qué tal, Draco? —dijo Pansy Parkinson, sonriendo como una tonta—. ¿Te duele mucho?

Lyli trataba de no reírse de Pansy. "Te gusta Draco, Katherine" le dijo su conciencia "Se supone que ya habías desaparecido ¿no?" respondió Lyli en su cabeza.

—Sí —dijo Malfoy, con gesto de hombre valiente. Pero Harry vio que guiñaba un ojo a Crabbe y Goyle en el instan te en que Pansy apartaba la vista.

—Siéntate —le dijo el profesor Snape amablemente.

Harry y Ron se miraron frunciendo el entrecejo. Si hu bieran sido ellos los que hubieran llegado tarde, Snape no los habría mandado sentarse, los habría castigado a quedarse después de clase. Pero Malfoy siempre se había librado de los castigos en las clases de Snape. Snape era el jefe de la casa de Slytherin y generalmente favorecía a los suyos, en detrimento de los demás. Lyli miro a Hermione, pero esta estaba leyendo las instrucciones detenidamente así que no le prestó atención.

Aquel día elaboraban una nueva pócima: una solución para encoger. Malfoy colocó su caldero al lado de Harry y Ron, para preparar los ingredientes en la misma mesa, pero antes de hacer eso el estaba coqueteando con Lyli.

—Profesor —dijo Malfoy—, necesitaré ayuda para cor tar las raíces de margarita, porque con el brazo así no puedo.

—Weasley, córtaselas tú —ordenó Snape sin levantar la vista.

Ron se puso rojo como un tomate.

Draco tato de no descomponer la cara, lo cual le funciono pero Lyli la vio, ya que quería que Lyli le cortara las raíces.

"En estos momentos me sirve de mucho parecerme a mamá" pensó Lyli

—No le pasa nada a tu brazo —le dijo Ron a Malfoy entre dientes.

Malfoy le dirigió una sonrisita desde el otro lado de la mesa.

—Ya has oído al profesor Snape, Weasley. Córtame las raíces.

Ron cogió el cuchillo, acercó las raíces de Malfoy y empe zó a cortarlas mal, dejándolas todas de distintos tamaños.

—Profesor —dijo Malfoy, arrastrando las silabas—, Weas ley está estropeando mis raíces, señor.

Snape fue hacia la mesa, aproximó la nariz ganchuda a las raíces y dirigió a Ron una sonrisa desagradable, por de bajo de su largo y grasiento pelo negro.

—Dele a Malfoy sus raíces y quédese usted con las de él, Weasley.

—Pero señor...

Ron había pasado el último cuarto de hora cortando raí ces en trozos exactamente iguales.

—Ahora mismo —ordenó Snape, con su voz más peli grosa.

Ron cedió a Malfoy sus propias raíces y volvió a empu ñar el cuchillo.

—Profesor; necesitaré que me pelen este higo seco —dijo Malfoy, con voz impregnada de risa maliciosa.

—Potter, pela el higo seco de Malfoy —dijo Snape, echán dole a Harry la mirada de odio que reservaba sólo para él.

—Profesor ¿A cuál de los dos? — pregunto Lyli para que Snape quitara la mirada que tenia de Harry

—Me refería a su hermano, usted continúe con lo suyo Señorita Potter— le dijo a Lyli, que muy disimuladamente le dedico una mirada llena de odio a Snape, Lyli miro a Harry diciendo lo-siento y volvió a hacer la pócima

Harry cogió el higo seco de Malfoy mientras Ron trataba de arreglar las raíces que ahora tenía que utilizar él. Harry peló el higo seco tan rápido como pudo, y se lo lanzó a Mal foy sin dirigirle una palabra. La sonrisa de Malfoy era más amplia que nunca.

—¿Habéis visto últimamente a vuestro amigo Hagrid? —les preguntó Malfoy en voz baja.

—A ti no te importa —dijo Ron entrecortadamente, sin levantar la vista.

—Me temo que no durará mucho como profesor —co mentó Malfoy, haciendo como que le daba pena—. A mi pa dre no le ha hecho mucha gracia mi herida...

—Continúa hablando, Malfoy, y te haré una herida de verdad —le gruñó Ron.

—... Se ha quejado al Consejo Escolar y al ministro de Magia. Mi padre tiene mucha influencia, no sé si lo sabéis. Y una herida duradera como ésta... —Exhaló un suspiro pro longado pero fingido—. ¿Quién sabe si mi brazo volverá al gún día a estar como antes?

"Si perderíamos a otro tarado" Dijo Lyli en su mente

—¿Así que por eso haces teatro? —dijo Harry, cortán dole sin querer la cabeza a un ciempiés muerto, ya que la mano le temblaba de furia—. ¿Para ver si consigues que echen a Hagrid?

—Bueno —dijo Malfoy, bajando la voz hasta convertirla en un suspiro—, en parte sí, Potter. Pero hay otras ventajas. Weasley, córtame los ciempiés.

Lyli sin querer le corto la cabeza a todos sus ciempiés muertos por lo que dijo Malfoy "¿Cuánto a que si le lanzo este cuchillo le cae en la cabeza?" se pregunto Lyli mentalmente

Unos calderos más allá, Neville afrontaba varios proble mas. Solía perder el control en las clases de Pociones. Era la asignatura que peor se le daba y el miedo que le tenía al pro fesor Snape empeoraba las cosas. Su poción, que tenía que ser de un verde amarillo brillante, se había convertido en...

—¡Naranja, Longbottom! —exclamó Snape, levantan do un poco con el cazo y vertiéndolo en el caldero, para que lo viera todo el mundo—. ¡Naranja! Dime, muchacho, ¿hay al go que pueda penetrar esa gruesa calavera que tienes ahí? ¿No me has oído decir muy claro que se necesitaba sólo un bazo de rata? ¿No he dejado muy claro que no había que echar más que unas gotas de jugo de sanguijuela? ¿Qué ten go que hacer para que comprendas, Longbottom?

Neville estaba colorado y temblaba. Parecía que se iba a echar a llorar.

—Por favor; profesor —dijo Hermione—, puedo ayudar a Neville a arreglarlo...

—No recuerdo haberle pedido que presuma, señorita Granger —dijo Snape fríamente, y Hermione se puso tan co lorada como Neville—. Longbottom, al final de esta clase le daremos unas gotas de esta poción a tu sapo y veremos lo que ocurre. Quizá eso te anime a hacer las cosas correctamente.

Snape se alejó, dejando a Neville sin respiración, a cau sa del miedo.

—¡Ayúdame! —rogó a Hermione.

—¡Eh, Harry! —dijo Seamus Finnigan, inclinándose para cogerle prestada a Harry la balanza de bronce—. ¿Has oído? El Profeta de esta mañana asegura que han visto a Si rius Black.

—¿Dónde? —preguntaron con rapidez Harry y Ron. Lyli solo escuchaba. Al otro lado de la mesa, Malfoy levantó la vista para escuchar con atención.

—No muy lejos de aquí —dijo Seamus, que parecía emo cionado—. Lo ha visto una muggle. Por supuesto, ella no en tendía realmente. Los muggles piensan que es sólo un cri minal común y corriente, ¿verdad? El caso es que telefoneó a la línea directa. Pero cuando llegaron los del Ministerio de Magia, ya se había ido.

—No muy lejos de aquí... —repitió Ron, mirando a Harry de forma elocuente. Dio media vuelta y sorprendió a Mal foy mirando.

"Oh por Dios, ¿qué pasaría si el encuentra a Harry?" se pregunto Lyli

—¿Qué, Malfoy? ¿Necesitas que te pele algo más?

Pero a Malfoy le brillaban los ojos de forma malvada y estaban fijos en Harry. Se inclinó sobre la mesa.

—¿Pensando en atrapar a Black tú solo, Potter?

Lyli sabía exactamente la respuesta que Harry iba a decir, porque también ella la tenía en mente.

—Exactamente —dijo Harry.

Los finos labios de Malfoy se curvaron en una sonrisa mezquina.

—Desde luego, yo ya habría hecho algo. No estaría en el cole como un chico bueno. Saldría a buscarlo.

—¿De qué hablas, Malfoy? —dijo Ron con brusquedad.

—¿No sabes, Potter...? —musitó Malfoy, casi cerrando sus ojos claros.

—¿Qué he de saber?

Malfoy soltó una risa despectiva, apenas audible.

—Tal vez prefieres no arriesgar el cuello —dijo—. Se lo quieres dejar a los dementores, ¿verdad? Pero en tu caso, yo buscaría venganza. Lo cazaría yo mismo.

—¿De qué hablas? —le preguntó Harry de mal humor.

En aquel momento, Snape dijo en voz alta:

—Deberíais haber terminado de añadir los ingredien tes. Esta poción tiene que cocerse antes de que pueda ser ingerida. No os acerquéis mientras está hirviendo. Y luego probaremos la de Longbottom...

Crabbe y Goyle rieron abiertamente al ver a Neville azo rado y agitando su poción sin parar. Hermione le murmura ba instrucciones por la comisura de la boca, para que Snape no lo viera. Harry y Ron recogieron los ingredientes no usa dos, y fueron a lavarse las manos y a lavar los cazos en la pila de piedra que había en el rincón, Lyli también hiszo lo mismo.

—¿Qué ha querido decir Malfoy? —susurró Harry a Ron, colocando las manos bajo el chorro de agua helada que salía de una gárgola—. ¿Por qué tendría que vengarme de Black? Todavía no me ha hecho nada.

—Cosas que inventa —dijo Lyli—. Le gustaría que hi cieras una locura... pero tranquilo

Cuando faltaba poco para que terminara la clase, Snape se dirigió con paso firme a Neville, que se encogió de miedo al lado de su caldero.

—Venid todos y poneos en corro —dijo Snape. Los ojos negros le brillaban—. Y ved lo que le sucede al sapo de Long bottom. Si ha conseguido fabricar una solución para encoger, el sapo se quedará como un renacuajo. Si lo ha hecho mal (de lo que no tengo ninguna duda), el sapo probablemente mori rá envenenado.

Los de Gryffindor observaban con aprensión y los de Slytherin con entusiasmo. Snape se puso el sapo Trevor en la palma de la mano izquierda e introdujo una cucharilla en la poción de Neville, que había recuperado el color verde. Echó unas gotas en la garganta de Trevor.

Se hizo un silencio total, mientras Trevor tragaba. Lue go se oyó un ligero «¡plop!» y el renacuajo Trevor serpenteó en la palma de la mano de Snape. Los de Gryffindor pro rrumpieron en aplausos. Snape, irritado, sacó una pequeña botella del bolsillo de su toga, echó unas gotas sobre Trevor y éste recobró su tamaño normal.

—Cinco puntos menos para Gryffindor —dijo Snape, bo rrando la sonrisa de todas las caras—. Le dije que no lo ayu dara, señorita Granger. Podéis retiraraos.

Harry, Ron, Lyli y Hermione subieron las escaleras hasta el vestíbulo. Harry todavía meditaba lo que le había dicho Mal foy, en tanto que Ron estaba furioso por lo de Snape.

—¡Cinco puntos menos para Gryffindor porque la po ción estaba bien hecha! ¿Por qué no mentiste, Hermione? ¡Deberías haber dicho que lo hizo Neville solo!

Ella no contestó. Ron miró a su alrededor.

—¿Dónde está Hermione?

Harry también se volvió. Estaban en la parte superior de las escaleras, viendo pasar al resto de la clase que se diri gía al Gran Comedor para almorzar.

—Venía detrás de nosotros —dijo Ron, frunciendo el en trecejo.

Malfoy los adelantó, flanqueado por Crabbe y Goyle. Di rigió a Harry una sonrisa de suficiencia y desapareció.

—Ahí está —dijo Harry

Hermione jadeaba un poco al subir las escaleras a toda velocidad. Con una mano sujetaba la mochila; con la otra su jetaba algo que llevaba metido en la túnica.

—¿Cómo lo hiciste? —le preguntó Ron.

—¿El qué? —preguntó a su vez Hermione, reuniéndose con ellos.

—Hace un minuto venías detrás de nosotros y un ins tante después estabas al pie de las escaleras.

—¿Qué? —Hermione parecía un poco confusa—. ¡Ah, tuve que regresar para coger una cosa! ¡Oh, no...!

En la mochila de Hermione se había abierto una costu ra. A Harry no le sorprendía; contenía al menos una docena de libros grandes y pesados.

—¿Por qué llevas encima todos esos libros? —le pregun tó Ron.

—Ya sabes cuántas asignaturas estudio —dijo Hermio ne casi sin aliento—. ¿No me podrías sujetar éstos?

—Pero... —Ron daba vueltas a los libros que Hermione le había pasado y miraba las tapas—. Hoy no tienes estas asignaturas. Esta tarde sólo hay Defensa Contra las Artes Oscuras.

—Ya —dijo Hermione, pero volvió a meter todos los li bros en la mochila, como si no la hubieran comprendido—. Espero que haya algo bueno para comer. Me muero de ham bre —añadió, y continuó hacia el Gran Comedor.

—¿No tienes la sensación de que Hermione nos oculta algo? —preguntó Ron a Harry.

—Ron es la vida de Hermione si les oculta algo ah de ser por algo ¿no?- dijo Lyli corriendo para alcanzar a Hermione

El profesor Lupin no estaba en el aula cuando llegaron a su primera clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Todos se sentaron, sacaron los libros, las plumas y los pergaminos, y estaban hablando cuando por fin llegó el profesor. Lupin sonrió vagamente y puso su desvencijado maletín en la mesa. Estaba tan desaliñado como siempre, pero parecía más sano que en el tren, como si hubiera tomado unas cuantas comi das abundantes.

—Buenas tardes —dijo—. ¿Podríais, por favor; meter los libros en la mochila? La lección de hoy será práctica. Sólo ne cesitaréis las varitas mágicas.

La clase cambió miradas de curiosidad mientras recogía los libros. Nunca habían tenido una clase práctica de Defen sa Contra las Artes Oscuras, a menos que se contara la me morable clase del año anterior, en que el antiguo profesor había llevado una jaula con duendecillos y los había soltado en clase.

—Bien —dijo el profesor Lupin cuando todo el mundo estuvo listo—. Si tenéis la amabilidad de seguirme...

Desconcertados pero con interés, los alumnos se pusie ron en pie y salieron del aula con el profesor Lupin. Este los condujo a lo largo del desierto corredor. Doblaron una es quina. Al primero que vieron fue a Peeves el poltergeist, que flotaba boca abajo en medio del aire y tapaba con chicle el ojo de una cerradura. Peeves no levantó la mirada hasta que el profesor Lupin estuvo a medio metro. Entonces sacu dió los pies de dedos retorcidos y se puso a cantar una mo nótona canción:

—Locatis lunático Lupin, locatis lunático Lupin, locatis lunático Lupin...

Aunque casi siempre era desobediente y maleducado, Peeves solía tener algún respeto por los profesores. Todos miraron de inmediato al profesor Lupin para ver cómo se lo tomaría. Ante su sorpresa, el mencionado seguía sonriendo.

—Yo en tu lugar quitaría ese chicle de la cerradura, Peeves —dijo amablemente—. El señor Filch no podrá entrar a por sus escobas.

Filch era el conserje de Hogwarts, un brujo fracasado y de mal genio que estaba en guerra permanente con los alumnos y por supuesto con Peeves. Pero Peeves no prestó atención al profesor Lupin, salvo para soltarle una sonora pedorreta.

El profesor Lupin suspiró y sacó la varita mágica.

—Es un hechizo útil y sencillo —dijo a la clase, volvien do la cabeza—. Por favor; estad atentos.

Alzó la varita a la altura del hombro, dijo ¡Waddiwasi! y apuntó a Peeves.

Con la fuerza de una bala, el chicle salió disparado del agujero de la cerradura y fue a taponar la fosa nasal izquier da de Peeves; éste ascendió dando vueltas como en un remo lino y se alejó como un bólido, zumbando y echando maldi ciones.

—¡Chachi, profesor! —dijo Dean Thomas, asombrado.

—Gracias, Dean —respondió el profesor Lupin, guar dando la varita—. ¿Continuamos?

Se pusieron otra vez en marcha, mirando al desaliñado profesor Lupin con creciente respeto. Los condujo por otro corredor y se detuvo en la puerta de la sala de profesores.

—Entrad, por favor —dijo el profesor Lupin abriendo la puerta y cediendo el paso.

En la sala de profesores, una estancia larga, con pane les de madera en las paredes y llena de sillas viejas y dispa res, no había nadie salvo un profesor. Snape estaba sentado en un sillón bajo y observó a la clase mientras ésta penetra ba en la sala. Los ojos le brillaban y en la boca tenía una son risa desagradable. Cuando el profesor Lupin entró y cerró la puerta tras él, dijo Snape:

—Déjela abierta, Lupin. Prefiero no ser testigo de esto. —Se puso de pie y pasó entre los alumnos. Su toga negra on deaba a su espalda. Ya en la puerta, giró sobre sus talones y dijo—: Posiblemente no le haya avisado nadie, Lupin, pero Neville Longbottom está aquí. Yo le aconsejaría no confiarle nada difícil. A menos que la señorita Granger le esté susu rrando las instrucciones al oído.

Neville se puso colorado. Harry y Lyli echaron a Snape una mira da fulminante; ya era desagradable que se metiera con Ne ville en clase, y no digamos delante de otros profesores.

El profesor Lupin había alzado las cejas.

—Tenía la intención de que Neville me ayudara en la primera fase de la operación, y estoy seguro de que lo hará muy bien.

El rostro de Neville se puso aún más colorado. Snape torció el gesto, pero salió de la sala dando un portazo.

—Ahora —dijo el profesor Lupin llamando la atención del fondo de la clase, donde no había más que un viejo arma rio en el que los profesores guardaban las togas y túnicas de repuesto. Cuando el profesor Lupin se acercó, el armario tembló de repente, golpeando la pared.

»No hay por qué preocuparse —dijo con tranquilidad el profesor Lupin cuando algunos de los alumnos se echaron ha cia atrás, alarmados—. Hay un boggart ahí dentro.

Casi todos pensaban que un boggart era algo preocu pante. Neville dirigió al profesor Lupin una mirada de terror y Seamus Finnigan vio con aprensión moverse el pomo de la puerta.

—A los boggarts les gustan los lugares oscuros y cerra dos —prosiguió el profesor Lupin—: los roperos, los huecos debajo de las camas, el armario de debajo del fregadero... En una ocasión vi a uno que se había metido en un reloj de pa red. Se vino aquí ayer por la tarde, y le pregunté al director si se le podía dejar donde estaba, para utilizarlo hoy en una clase de prácticas. La primera pregunta que debemos contes tar es: ¿qué es un boggart?

Hermione y Lyli levantaron la mano.

—Señorita Lyli—

—Es un ser que cambia de forma —dijo—. Puede tomar la forma de aquello que más miedo nos da.

—Yo no lo podría haber explicado mejor —admitió el profesor Lupin, y Hermione y Lyli se pusieron radiantes de felicidad, Hermione había ayudado a Lyli asi que era como, el ver a un alumno graduarse con las mejores calificaciones —. El boggart que está ahí dentro, sumido en la oscuridad, aún no ha adoptado una forma. Todavía no sabe qué es lo que más miedo le da a la persona del otro lado. Nadie sabe qué forma tiene un boggart cuando está solo, pero cuando lo dejemos sa lir; se convertirá de inmediato en lo que más temamos. Esto significa —prosiguió el profesor Lupin, optando por no hacer caso de los balbuceos de terror de Neville— que ya antes de empezar tenemos una enorme ventaja sobre el boggart. ¿Sa bes por qué, Harry?

Era difícil responder a una pregunta con Hermione y Lyli al lado, que no dejaban de ponerse de puntillas, con la mano le vantada. Pero Harry hizo un intento:

—¿Porque somos muchos y no sabe por qué forma deci dirse?

—Exacto —dijo el profesor Lupin. Y Hermione bajó la mano algo decepcionada, mientras que Lyli le sonreía a su hermano—. Siempre es mejor estar acompa ñado cuando uno se enfrenta a un boggart, porque se despis ta. ¿En qué se debería convertir; en un cadáver decapitado o en una babosa carnívora? En cierta ocasión vi que un bog gart cometía el error de querer asustar a dos personas a la vez y el muy imbécil se convirtió en media babosa. No daba ni gota de miedo. El hechizo para vencer a un boggart es sen cillo, pero requiere fuerza mental. Lo que sirve para vencer a un boggart es la risa. Lo que tenéis que hacer es obligarle a que adopte una forma que vosotros encontréis cómica. Prac ticaremos el hechizo primero sin la varita. Repetid conmigo: ¡Riddíkulo!

¡Riddíkulo! —dijeron todos a la vez.

—Bien —dijo el profesor Lupin—. Muy bien. Pero me temo que esto es lo más fácil. Como veis, la palabra sola no basta. Y aquí es donde entras tú, Neville.

El armario volvió a temblar. Aunque no tanto como Ne ville, que avanzaba como si se dirigiera a la horca.

—Bien, Neville —prosiguió el profesor Lupin—. Empe cemos por el principio: ¿qué es lo que más te asusta en el mundo? —Neville movió los labios, pero no dijo nada—. Per dona, Neville, pero no he entendido lo que has dicho —dijo el profesor Lupin, sin enfadarse.

Neville miró a su alrededor; con ojos despavoridos, como implorando ayuda. Luego dijo en un susurro:

—El profesor Snape.

Casi todos se rieron. Incluso Neville se sonrió a modo de disculpa. El profesor Lupin, sin embargo, parecía pen sativo.

—El profesor Snape... mm... Neville, creo que vives con tu abuela, ¿es verdad?

—Sí —respondió Neville, nervioso—. Pero no quisiera tampoco que el boggart se convirtiera en ella.

—No, no. No me has comprendido —dijo el profesor Lu pin, sonriendo—. Lo que quiero saber es si podrías explicar nos cómo va vestida tu abuela normalmente.

Neville estaba asustado, pero dijo:

—Bueno, lleva siempre el mismo sombrero: alto, con un buitre disecado encima; y un vestido largo... normalmente verde; y a veces, una bufanda de piel de zorro.

—¿Y bolso? —le ayudó el profesor Lupin.

—Sí, un bolso grande y rojo —confirmó Neville.

—Bueno, entonces —dijo el profesor Lupin—, ¿puedes recordar claramente ese atuendo, Neville? ¿Eres capaz de verlo mentalmente?

—Sí —dijo Neville, con inseguridad, preguntándose qué pasaría a continuación.

—Cuando el boggart salga de repente de este armario y te vea, Neville, adoptará la forma del profesor Snape —dijo Lupin—. Entonces alzarás la varita, así, y dirás en voz alta: ¡Riddíkulo!, concentrándote en el atuendo de tu abuela. Si todo va bien, el boggart-profesor Snape tendrá que ponerse el sombrero, el vestido verde y el bolso grande y rojo.

Hubo una carcajada general. El armario tembló más violentamente.

—Si a Neville le sale bien —añadió el profesor Lupin—, es probable que el boggart vuelva su atención hacia cada uno de nosotros, por turno. Quiero que ahora todos dediquéis un momento a pensar en lo que más miedo os da y en cómo po dríais convertirlo en algo cómico...

La sala se quedó en silencio. Harry meditó... ¿qué era lo que más le aterrorizaba en el mundo?

Lo primero que le vino a la mente fue lord Voldemort, un Voldemort que hubiera recuperado su antigua fuerza. Pero antes de haber empezado a planear un posible contraataque contra un boggart-Voldemort, se le apareció una imagen ho rrible: una mano viscosa, corrompida, que se escondía bajo una capa negra..., una respiración prolongada y ruidosa que salía de una boca oculta... luego un frío tan penetrante que le ahogaba...

Harry se estremeció. Miró a su alrededor, deseando que nadie lo hubiera notado. La mayoría de sus compañeros te nía los ojos fuertemente cerrados. Ron murmuraba para sí:

—Arrancarle las patas.

Harry adivinó de qué se trataba. Lo que más miedo le daba a Ron eran las arañas.

Lyli pensó, pensó y pensó, pero…. Lo único que se le venía a la mente era Victoria, James, lord Voldemort, pero ella sabía que le tenía un profundo miedo a Edward Cullen, aquel día en ese bosque….. Tembló con solo recordarlo, Harry lo noto y abrazo a su hermana.

—¿Qué sucede?

—Nada, solo recordé que era lo que mas miedo le tengo

Por suerte el profesor hablo, cortándole las palabras a Harry.

—¿Todos preparados? —preguntó el profesor Lupin.

Harry y Lyli se horrorizaron. Ellos no estaban preparados. Pero no qui sieron pedir más tiempo. Todos los demás asentían con la cabeza y se arremangaban.

—Nos vamos a echar todos hacia atrás, Neville —dijo el profesor Lupin—, para dejarte el campo despejado. ¿De acuerdo? Después de ti llamaré al siguiente, para que pase hacia delante... Ahora todos hacia atrás, así Neville podrá tener sitio para enfrentarse a él.

Todos se retiraron, arrimándose a las paredes, y dejaron a Neville solo, frente al armario. Estaba pálido y asustado, pero se había arremangado la túnica y tenía la varita preparada.

—A la de tres, Neville —dijo el profesor Lupin, que apun taba con la varita al pomo de la puerta del armario—. A la una... a las dos... a las tres... ¡ya!

Un haz de chispas salió de la varita del profesor Lupin y dio en el pomo de la puerta. El armario se abrió de golpe y el profesor Snape salió de él, con su nariz ganchuda y gesto amenazador. Fulminó a Neville con la mirada.

Neville se echó hacia atrás, con la varita en alto, mo viendo la boca sin pronunciar palabra. Snape se le acercaba, ya estaba a punto de cogerlo por la túnica...

¡Ri... Riddíkulo! —dijo Neville.

Se oyó un chasquido como de látigo. Snape tropezó: lle vaba un vestido largo ribeteado de encaje y un sombrero alto rematado por un buitre apolillado. De su mano pendía un enorme bolso rojo.

Hubo una carcajada general. El boggart se detuvo, con fuso, y el profesor Lupin gritó:

—¡Parvati! ¡Adelante!

Parvati avanzó, con el rostro tenso. Snape se volvió ha cia ella. Se oyó otro chasquido y en el lugar en que había es tado Snape apareció una momia cubierta de vendas y con manchas de sangre; había vuelto hacia Parvati su rostro sin ojos, y comenzó a caminar hacia ella, muy despacio, arras trando los pies y alzando sus brazos rígidos...

¡Riddíkulo! —gritó Parvati.

Se soltó una de las vendas y la momia se enredó en ella, cayó de bruces y la cabeza salió rodando.

—¡Seamus! —gritó el profesor Lupin.

Seamus pasó junto a Parvati como una flecha.

¡Crac! Donde había estado la momia se encontraba aho ra una mujer de pelo negro tan largo que le llegaba al suelo, con un rostro huesudo de color verde: una banshee. Abrió la boca completamente y un sonido sobrenatural llenó la sala: un prolongado aullido que le puso a Harry los pelos de punta.

¡Riddíkulo! —gritó Seamus.

La banshee emitió un sonido ronco y se llevó la mano al cuello. Se había quedado afónica.

¡Crac! La banshee se convirtió en una rata que intenta ba morderse la cola, dando vueltas en círculo; a continua ción... ¡crac!, se convirtió en una serpiente de cascabel que se deslizaba retorciéndose, y luego... ¡crac!, en un ojo inyectado en sangre.

—¡Está despistado! —gritó Lupin—. ¡Lo estamos lo grando! ¡Dean!

Dean se adelantó.

¡Crac! El ojo se convirtió en una mano amputada que se dio la vuelta y comenzó a arrastrarse por el suelo como un cangrejo.

¡Riddíkulo! —gritó Dean.

Se oyó un chasquido y la mano quedó atrapada en una ratonera.

—¡Excelente! ¡Ron, te toca!

Ron se dirigió hacia delante.

¡Crac!

Algunos gritaron. Una araña gigante, de dos metros de altura y cubierta de pelo, se dirigía hacia Ron chascando las pinzas amenazadoramente. Por un momento, Harry pensó que Ron se había quedado petrificado. Pero entonces...

¡Riddíkulo! —gritó Ron.

Las patas de la araña desaparecieron y el cuerpo empe zó a rodar. Lavender Brown dio un grito y se apartó de su ca mino a toda prisa. El cuerpo de la araña fue a detenerse a los pies de Harry. Alzó la varita, pero...

—¡Aquí! —gritó el profesor Lupin de pronto, avanzando rápido hacia la araña.

¡Crac!

La araña sin patas había desaparecido. Durante un se gundo todos miraron a su alrededor con los ojos bien abier tos, buscándola. Entonces vieron una esfera de un blanco plateado que flotaba en el aire, delante de Lupin, que dijo ¡Riddíkulo! casi con desgana.

¡Crac!

—¡Adelante, Neville, y termina con él! —dijo Lupin cuan do el boggart cayó al suelo en forma de cucaracha. ¡Crac! Allí estaba de nuevo Snape. Esta vez, Neville avanzó con decisión.

¡Riddíkulo! —gritó, y durante una fracción de segun do vislumbraron a Snape vestido de abuela, antes de que Neville emitiera una sonora carcajada y el boggart estallara en mil volutas de humo y desapareciera.

—¡Muy bien! —gritó el profesor Lupin mientras la clase prorrumpía en aplausos—. Muy bien, Neville. Todos lo habéis hecho muy bien. Veamos... cinco puntos para Gryffin dor por cada uno de los que se han enfrentado al boggart... Diez por Neville, porque lo hizo dos veces. Y cinco por Lyli y otros cinco por Harry.

—Pero yo no he intervenido —dijo Harry.

—Tú y Lyli contestasteis correctamente a mis preguntas al comienzo de la clase —dijo Lupin sin darle im portancia—. Muy bien todo el mundo. Ha sido una clase es tupenda. Como deberes, vais a tener que leer la lección sobre los boggart y hacerme un resumen. Me lo entregaréis el lu nes. Eso es todo.

Los alumnos abandonaron entusiasmados la sala de profesores. Harry, sin embargo, no estaba contento. El profe sor Lupin le había impedido deliberadamente que se enfrentara al boggart. ¿Por qué? ¿Era porque había visto a Harry desmayarse en el tren y pensó que no sería capaz? ¿Había pensado que Harry se volvería a desmayar? Lyli no tenía nada en contra porque sabía que ella no podría aguantar el ver a Edward otra vez.

Pero nadie más se había dado cuenta.

—¿Habéis visto cómo he podido con la banshee? —decía Seamus.

—¿Y la mano? —dijo Dean, imitándola con la suya.

—¿Y Snape con el sombrero?

—¿Y mi momia?

—Me pregunto por qué al profesor Lupin le dan miedo las bolas de cristal —preguntó Lavender.

—Ha sido la mejor clase de Defensa Contra las Artes Oscuras que hemos tenido. ¿No es verdad? —dijo Ron, emo cionado, mientras regresaban al aula para coger las mochilas.

—Parece un profesor muy bueno —dijo Hermione—. Pero me habría gustado haberme enfrentado al boggart yo también.

—¿En qué se habría convertido el boggart? —le pregun tó Ron, burlándose—, ¿en un trabajo de clase en el que sólo te pusieran un nueve?

—Ja ja, que chistoso Ron.

Esos dos se fueron discutiendo, pero a Harry no se le pasó lo de su hermana.

—Ahora dime que paso en la clase.

—No me paso nada Harry.

—A mi no me engañas, puede que no nos conozcamos del todo, pero soy tu gemelo.

—Está bien, veras, yo toda mi vida me la pase en el mundo Muggle, hasta que….

Y empezó a contarle todo, Edward, los Cullen, Victoria, James, la despedida, cuando termino de relatar la historia una que otra lagrima derramo.

Harry estaba más que enojado.

—Cuando lo vea, lo voy a asesinar y torturar.

Lyli sonrió débilmente.

—Harry, es un vampiro, su piel es dura y fría y creo que los hechizos no servirían contra su piel, pero como quiera, gracias

Lyli abrazo a Harry, y este le regreso el abrazo.

—Bueno, te reto el primero que llegue a la sala común hace los deberes del otro.

Harry corrió primero.

—¡Oye no seas tramposo!

Ambos corrieron rápidamente, sin saber que el profesor Lupin los observaba, este sonrió al saber que ambos reaccionaron mejor de lo que el esperaba.


~Travesura realizada~

POR FIN!

Si lo se, milagro que actualize, pero.. tengo una lista de cosas por las que no actualize:

1- ¡ME CASTIGARON! (Enserio ¿quien castiga a la que mata al hamster de su hermano?) solo los fines de semana puedo usar la computadora.

2-Sali muy mal en calculo mental (La verdad es que me vale pero a mi papa si le importa)

3-El 23 de febrero me voy a Tamaulipas (NO ME QUIERO IR) asi que todos los dias que YO puedo usar la computadora me llevan a Eagle Pass =(

Pero.. ya estoy aqui =P, hoy les tengo un maratón, no se si conozcan el Foro de Univision pero ahi tienen algo que es maratón cuando suben 3 capitulos o mas a la webnovela, y como ahora tengo 42 reviews de ustedes pienso que por ser tan pacientes se merecen mas de un capitulo.

Asi que, probablemente cuando termine de escribir esta nota ya iniciare con el otro capitulo.

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Alec- No les dijiste

Oh es cierto, ¡YA PASO LA OLIMPIADA EL 15 DE MARZO NOS DICEN QUE SACAMOS Y EL 18 DE MARZO EN QUE LUGAR QUEDO EL COLEGIO!

Damon- Y...

Oh, los ejercicios que el profesor nos pone se me hicieron mas dificiles que el examen en si.

Stephan- Y...

Espero que salga bien *-*.

Bien ya no las aburro, a ¡LEER!