Antes que nada, mis disculpas a los lectores de esta historia. Realmente no tuve tiempo de actualizar antes, asique, en recompensa me esforcé mucho en este cap! Asique espero que lo disfruten y, como siempre, espero sus comentarios! Nos vemos!
Capítulo VII: La realidad de la farsa. Felicidad.
- ¿Te sientes un poco mejor?- preguntó ella, mientras retiraba de la frente de Kyouya el paño húmedo, que ya se estaba entibiando.
- Sí.- la luz temprana del día sorprendió a Kyouya. Miró a su compañera de cuarto, nuevamente.- Haruhi, ¿qué haces aquí …?- Haruhi volvió a dirigirle la mirada y una sonrisa.
- Es que…quería asegurarme de que todo estuviera bien...Después del desmayo, me quedé muy preocupada la verdad…
- Perdona por hacerte preocupar…Debí escucharte cuando me dijiste que tenia fiebre. Gracias.- En esta oración, la voz de Kyouya sonaba tan honesta y tranquila, que Haruhi sintió cómo el aire en su pecho se contenía.
- Señorita Haruhi, el vestido, le queda maravillosamente bien. Mire. – Ella volteó el cuerpo entonces hacia el espejo, siguiendo las instrucciones de la señora Takarada.
El vestido blanco, sencillo, de tiras sobre sus hombros, que ajustaba su pecho y cintura, y se abría hacia abajo, formando hacia el final una cola corta.
- El niño Kyouya estará orgulloso cuando la vea…- Haruhi sólo sonrió, mientras mantenía la mirada sobre el espejo.- ¿Sabe?...Él la ama profundamente.
- ¿Eh?- volvió a mirar a la anciana.
- Él, gracias a usted, es él mismo…Se libera de la presión de ser el mayor heredero de los Ootori…Cuando está con usted, él…Se vuelve un poco más humano.
-¡Dios!...No puedo…en verdad que no puedo.- replicaba molesta Haruhi, mientras borraba por enésima vez la hoja, hasta romperla esta vez- ¡Diablos!- Kyouya apartó entonces la vista de su libro.- Tengo que hacerlo…¡voy a hacerlo!
- Haruhi, con todo ese escándalo, no puedo concentrarme- levantó entonces el joven la vista- ¿Qué haces?- mientras la observaba trazar las líneas sobre la hoja borroneada.
- Intento hacer un dibujo…Es que le prometí al hijo de Tachibana que le ayudaría en su tarea…Estaba triste porque no podía dibujar a un superhéroe que había inventado para una historieta que le mandaron a hacer…Mira. – Le extendió la hoja- ¿me quedó bien, cierto?
- ¿Un supercerdito?- la mirada de Kyouya escaneaba la imagen.
- ¡Maldito ricachón sin sentimientos!- Haruhi susurró mientras borraba nuevamente la hoja, un poco ofendida. Nuestro joven entonces agarró el papel y tomó del interior de su saco un lápiz.
- ¿Cómo es ese superhéroe?...- preguntó a la vez que se acomodaba los anteojos, con la misma mano que sostenía el lápiz.
La mirada de Haruhi se posicionó sobre el objeto.
- Kyouya, ¿ese lápiz es…?¿Todavía los tienes?
- ¿Este?...Me lo regalaron alguna vez, antes venir a Estados Unidos.- respondió maliciosamente. En la cara de la muchacha, se alumbró una sonrisa.
- Kyouya, él…- la muchacha llevó su mano al pecho, su corazón se agitaba.- Él no es el "rey de las sombras" …
- "que yo también comparto los mismos miedos…"- susurró ella guiada por la melodía de la radio.
- "también busco una cinta para atar el tiempo…"- completó Kyouya, mientras miraba la ventana- "también arrastro conmigo una cadena de sueños". Buena canción de Serrano..- Ella le sostuvo la mirada. El timbre de voz del joven sonaba tan expresivo y cansino, casi al borde del suspiro, como si aquel verso le pesara.
Entonces entendió Haruhi que Kyouya tenía sueños y miedos que lo paralizaban, sentimientos que encerraba tras ese armazón impenetrable, en lo subyacente de la mirada evasiva, en las entre líneas de su discurso medido y estratégico.
- Señora Takarada, yo intentaré hacerlo lo mejor posible.- La anciana sonrió, mientras terminaba de acomodar el velo. Ciertamente, lo dicho le pesaba; ¿se esforzaría en mantener la farsa o en ser la buena esposa que la anciana esperaba?
- ¿Qué sientes por el niño Kyouya, Haruhi?
- ¿Qué?- la pregunta sorprendió a la muchacha- Bueno, yo…- Haruhi sintió su voz temblar, experimentó cómo una fiebre le subía por las mejillas.
- Entiendo.
- ¿Qué?...Pero si aún no he…
- Es una respuesta suficiente para un buen inicio…- La abuela contestó. "¿Inicio?", se cuestionó la muchacha- Bueno, estás lista.
Tras el viaje hacia la iglesia, especialmente acondicionada para el día, Haruhi descendió del auto; sus piernas temblaron mientras avanzaba a punto de ingresar a la Iglesia.
Cuando cruzó el umbral, se detuvo instintivamente. La gente se puso de pie.
Kyouya volteó su cuerpo para verla. Sonrió estrechamente. Porque, a pesar de la farsa, había alcanzado uno de sus sueños. Más de lo que podía imaginar.
Desde la otra punta, el corazón de Haruhi aumentó su paso. "¿Por qué sonríes así?...¿Por qué estoy tan nerviosa?...¿Por qué es un alivio que me mires de esa forma, Kyouya?...", se preguntó sin ser capaz de encontrar respuestas.
Rompiendo el protocolo, Kyouya abandonó su puesto en el altar y caminó firme hasta la novia.
Ya llegué- dijo ella, tímida, sin levantar la vista del piso.
Bienvenida.- El muchacho ofreció en silencio su brazo. Ella entendió el gesto. Y así emprendieron el camino hacia el altar, con andar firme pero lento.- Eres…hermosa.
Gracias, tú también te ves muy bien…- el heredero de la cadena Ootori rió delicadamente: Haruhi en verdad era despistada.- Kyouya.
Dime.
…
¿Pasa algo?...
Estoy un poco nerviosa…¿T-Tú no?- cuestionó insegura, quizá temió una respuesta.
Sí.- "él no busca esconderse conmigo", caviló la novia. Recién entonces se percató que la mano del brazo que la sostenía, temblaba un poco.- ¿Tienes miedo?
No.- respondió firme- Estoy con Ootori Kyouya, después de todo. – la mueca de risa se amplió su rostro. "Haruhi, realmente quisiera que…esto fuera bueno para ti.", pensó el joven.
La ceremonia transcurrió sin contratiempo.
Ambas partes aceptaron la propuesta del otro.
- Bueno, el novio puede besar a la novia.- replicó el sacerdote que oficiaba el sacramento.
Kyouya quitó delicadamente el velo de la cara de su esposa. La contempló risueña y sonrojada.
- Perdóname por esto.- susurró Kyouya mientras acercaba su rostro a los labios de la joven novia.
- N-No te disculpes.- replicó sonrojada desde la punta de sus orejas.
La Iglesia, entonces, estalló en aplausos. Los recién casados sonrieron al público expectante.
Kyouya tomó la mano de Haruhi y caminaron, de nuevo, por el pasillo del templo; esta vez, en busca de la salida.
Habían transcurrido tres meses del día de la ceremonia en la Iglesia.
- Creo que no fue una buena idea darle vacaciones al personal…- repetía por tercera vez Kyouya, cada vez más molesto.- Al menos hubiéramos dejado al cocinero, o a la Señora Takarada…Pero tú…- La mirada fría e inquisidora de Kyouya, se posó sobre Haruhi, que de inmediato se vio afectada por esa energía pesada que el aire traía cuando el más joven de los Ootori se molestaba.
- ¿Es que no puedes vivir sin tu séquito de empleados?...¡Ya sé! Hagamos de cuenta que esto es como la película, "El náufrago", y tenemos que hacer todo para sobrevivir…- dijo ella siempre sonriente, mientras intentaba cocinar uno de los platos gourmet a los que Kyouya estaba acostumbrado.
- No sé por qué, pero nunca me gustó esa película.- Haruhi estalló en risas al escuchar la monótona voz de Kyouya dejar escapar un dejo de desesperación en sus palabras.
Entonces, su teléfono celular sonó.
- Hola…¡Ah, sí!...La recuerdo, no podría olvidarla tan fácilmente…- La voz del joven sonaba como un perfecto seductor- ¿Cree que pueda tener un momento durante la semana?...Sólo bastará un momento…Bueno, muchas gracias, no esperaba menos de usted. Adios.
Era una mujer. Y los músculos de Haruhi se tensaron. "¿No podría olvidarla tan fácilmente…"? Estaba un poco molesta, no consideraba apropiado que le hablara así a una mujer delante de ella, "soy…su esposa, después de todo", pensó."Ay, ¡pero qué cosas pienso!...Kyouya no es así, él no…me engañaría…¿Cierto?.. ¡Uy, Haruhi!...Después de todo, ¡Kyouya puede hacer lo quiera!", reflexionó para sí.
-¿Pasa algo?
- Nada.
- Estás dejando que se queme aquello.
- ¡Diablos!- respondió, mientras apagaba rápidamente el fuego.
Ambos se encontraban a la mesa, degustando el postre que Haruhi había preparado.
- No ha sido tan terrible, ¿no?- comentaba ella mientras saboreaba el postre.
- No ha estado mal.- respondió Kyouya. El sonido y las luces del celular de Haruhi vibrando sobre la mesa. Ella lo sostuvo mirando la pantalla de la llamada entrante.
- Ta-Tamaki- su voz fue inaudible. Ella tomó el teléfono, torpemente se levantó de la mesa y salió del comedor hacia el patio trasero de la casa.
"¿Tamaki?", se preguntó Kyouya. Ansioso y molesto, se colocó cerca de la puerta al patio, lo suficiente como para mantener la vista sobre ella.
- ¿Qué quieres?- preguntó ella, distante.
- Que me perdones, Haruhi…Yo cometí muchos errores, y quiero arreglarlos. Yo…Te quiero.
- …-
- ¿Haruhi?- Ella se había quedado detenida en el espacio. Tamaki, finalmente estaba ahí, intentando redimirse ante ella, arrastrándose como había planeado junto a Kyouya antes de firmar el pacto, pero su corazón no respondía.
Había pensado muchas veces en esta circunstancia; en ese tiempo, su corazón se regocijaba, el amor de Tamaki representaba, entonces, la felicidad misma. Y ahora, cuando el momento había llegado, esa felicidad parecía lejana e inexistente. ¿Por qué lo que pudiera decir Tamaki importaba tan poco?
- Sí.
- Necesito que hablemos, quiero verte…Yo te extraño…Bueno, no sólo yo…Maria Antoinette también te echa mucho de menos.- Haruhi sonrió.
Los sentimientos de Kyouya remolinearon en su pecho al verla sonreír. El joven entendió que aquellos dos, seguían siendo aquellos dos después de todo.
El final estaba cerca, Haruhi pronto dejaría la casa y su vida y el corazón de Kyouya se marcharía con ella.
Brisalunar- 21/11/2010
"La arena de los relojes, hizo crecer el desierto"
