Me ha surgido un imprevisto y voy a tener que dejar de lado las actualizaciones diarias. Lo siento, pero a partir del próximo capítulo van a pasar a ser semanales.


Parte VII

A la marcha de Franky siguió un proceso de adaptación en el que los niños tuvieron que acostumbrarse a lo silenciosa que resultaba la habitación sin el bullicioso joven y sus espontáneos gritos cuando se le ocurría algo o, simplemente, estaba alegre. A mediados de mayo sucedió algo que turbó la nueva rutina que se había establecido en sus vidas, y amenazó por destruirla por completo.

Un día los llamaron a ambos al despacho de la directora del lugar, y ellos fueron, nerviosos, temiendo que hubiesen descubierto alguna de las cosas que habían hecho últimamente, como el día en que metieron una caca dentro de la deportiva del imbécil de Jabura o la comida que habían estado robando de la nevera.

Lo que encontraron al abrir la puerta hizo desaparecer aquellas sospechas, pero despertó unas aún mucho peores. En el despacho, junto al director Sengoku, estaba un niño. Un niño al que no habían visto en la vida.

Al orfanato Sabaody llegaban unos tres o cuatro niños nuevos cada año, de los que uno o dos solían tener edad de ser asignados a la guardería. A los demás se los ponía en una habitación en la que los monitores creyesen que iban a sentirse cómodos. De cara a los adultos Law y Kid eran un par de niños aplicados y con bastante buenos modales, a pesar de la ligera agresividad de Kid y el hecho de que Law era demasiado directo, y por tanto estaban en la cabecera de la lista para recibir un nuevo compañero de habitación.

Aquel niño debía tener unos cinco o seis años, lo que lo convertía en un candidato perfecto para su habitación, teniendo Kid los cinco años ya cumplidos y estando Law a unos meses de cumplir ocho. Se miraron y ambos vieron que coincidían en que aquel chico no les gustaba. Tenía el pelo negro, un severo caso de sobrepeso y su expresión al mirarlos les dejó claro que se creía por encima de ellos.

-Law, Kid, gracias por venir. ¿Podéis cerrar la puerta?

Law hizo lo que el director pedía y preguntó, sin acercarse lo más mínimo:

-¿Qué pasa, señor?

-Este es Charlos. Ha tenido la desgracia de perder a sus padres en un desafortunado accidente,- Law se fijó en que el niño no parecía afectado en lo más mínimo ante este comentario,- y no tiene más familia que pueda hacerse cargo de él, así que he pensado que vosotros podríais ayudarlo a adaptarse al orfanato.

Law miró a Kid, y vio claramente que su amigo tenía tan pocas ganas como él de hacerlo, pero ambos sabían que el hombre, por muy amable que estuviese siendo, no les estaba pidiendo su opinión.

-Claro.- Dijo Law.

-Entonces, Charlos, deja que te enseñe tu nueva habitación.


Nada más el director hubo cerrado la puerta, el niño nuevo se giró a mirarlos y les dijo, con expresión de estar oliendo mierda:

-Me da igual lo que el viejo diga, ni se os ocurra dirigirme la mirada, plebeyos.

Y se fue a tumbarse en la cama que había sido de Franky hasta el momento.

Kid miró a Law, comprobando que el comentario le había sentado tan mal como a él.

-Ni aunque nos pagasen, imbécil.- Le espetó, saliendo de la habitación seguido por Law y cerrando la puerta de un portazo.- ¿Pero quién coño se cree que es?

-Vamos a averiguarlo.- Dijo Law, mortalmente serio, Y Kid supo que estaba muy enfadado.

Casi me da pena ese imbécil. Pensó el pelirrojo con malicia. Él podía tener muy mal carácter y darle una paliza a cualquiera que le molestase, pero Law era más sutil a la hora de vengarse. Y más cruel. Se moría de ganas por ver lo que haría.

Pronto estuvieron de nuevo frente a la puerta del despacho del director y Law llamó a la puerta.

-Adelante.- Escucharon la voz del hombre y entraron.

Él los miró extrañado.

-¿No deberíais estar con Charlos?

Law hizo un movimiento similar a una negación con la cabeza.

-Ha dicho que quería estar solo, y parecía bastante alterado. Señor,- Law se mordió el labio, aparentando estar pensando cómo decir lo siguiente, y Kid se tuvo que morder la lengua para no reírse de lo buen actor que era,- ha dicho que perdió a sus padres. Nosotros no sabemos cómo se siente, porque hemos vivido aquí siempre, así que nos da miedo decir algo que pueda sentarle mal.- Miró a Kid, y este asintió con la cabeza.- ¿Podría hablarnos un poco de él?

Kid y Law realmente habían pensado en darle una oportunidad al nuevo antes de echarlo. De verdad que se habían planteado aquella posibilidad, pero cuando llegaron a la habitación esta se desvaneció como si nunca hubiese existido.

Charlos estaba sentado en la cama de Franky dándole órdenes a Makino, que había ido a ayudarlo a colocar sus cosas, para que todo estuviese exactamente como lo quería, cambiando varias veces de opinión y sin molestarse en levantarse en ningún momento.

Que la llamase "tú" como si fuese una criada que debería estar agradecida por el simple hecho de que le hablase solo hacía la situación aún peor.

Los dos niños se miraron y Kid movió los labios, dibujando las palabras "este crío está muerto". "Y enterrado", fue la respuesta de Law.


La conclusión que Kid y Law habían sacado de su conversación con el director era que Charlos era un niño mimado, acostumbrado a cosas caras y a que se hiciese siempre lo que él quería. Por supuesto, el hombre no lo había explicado con esas palabras, pero era la traducción que Law y Kid habían hecho de lo que les había dicho.

Tras un largo debate en el que, para decepción de Kid, habían descartado el enfoque violento, decidieron que la mejor solución sería hacer que él mismo pidiese un cambio de habitación. Y así fue como comenzó la operación "moverse dentro de lo permitido en el orfanato para molestar al niñato más alguna otra cosilla".

Habían comenzado por pasar una semana vigilando todo lo que Charlos hacía. El niño se levantaba con el tiempo justo para vestirse y bajar a desayunar, donde comía todo lo que podía echarse a la boca siempre protestando de la mala calidad de los alimentos, iba a clase solo porque ya tenía los seis años cumplidos, se quejaba del colegio plebeyo e insultaba a la gente, al volver al orfanato se echaba una siesta, no salía nunca a jugar al patio y se comportaba como si fuese mejor que todos. En la cena volvía a echarse todo lo que podía a la boca y a las nueve estaba en la cama.

Realmente, la operación era muy simple. Kid y Law se ponían siempre el despertador una hora antes del desayuno para entrenar, pero de repente parecían haberse vuelto sordos, porque este se pasaba varios minutos sonando antes de que uno de ellos se despertase y lo apagase, tiempo más que de sobra para que el tercer niño de la habitación estuviese despierto y quejándose. A la hora de la siesta Kid se ponía a dibujar o a trabajar con cualquier cosa con la que hiciese ruido y acabe teniendo que encender la luz, con Law entrando varias veces al cuarto a buscar cosas y a hablar con él. Si sin querer tiraba zapatos y demás al suelo y armaba un escándalo, él no tenía la culpa.

Además, Law no tenía ni idea de cómo había llegado una pequeñísima cantidad de hongo venenoso al champú de Charlos, lo suficiente para ir causándole una erupción por toda la cabeza, y si los niños del colegio se habían tomado en serio los comentarios que ellos dos hacían de que ese crío necesitaba que le bajasen los humos, tampoco sabían nada del tema.

Con la llegada del mes de junio Charlos estaba ya casi al límite y Law y Kid decidieron que era el momento de poner el toque final a su plan.


El orfanato Sabaody tenía un gran jardín por el que, a través de unos agujeros en el muro, pasaba un pequeño riachuelo que se movía entre los árboles y arbustos que ocupaban la parte trasera de dicho jardín. En ese riachuelo podían encontrarse renacuajos que a muchos niños les gustaba recoger y tener como mascotas. Como aquello era algo que se consideraba bueno para desarrollar las capacidades empáticas de los niños, era una actividad a la que en el orfanato los animaban activamente.

Por eso, cuando Trafalgar Law y Eustass Kid fueron a pedir un cubo donde poder meter unos cuantos renacuajos, Makino les sonrió y les dio el más grande que encontró, diciéndoles que tuviesen cuidado de no pincharse con nada.

Así se encontraron los dos niños pasando un sábado por la mañana metidos entre los árboles, agachados junto al riachuelo tratando de atrapar cuantos renacuajos pudieran y meterlos en el cubo, que ya habían llenado con agua del propio río. O más bien, Kid estaba agachado tratando de cazar algunos mientras Law buscaba los diferentes bichos que había leído que podían comer. Kid había hecho, con ayuda de Franky, una caja donde guardarlos y Law estaba utilizando sin demasiado éxito una bolsa de plástico para intentar atraparlos.

-Deberíamos haber conseguido una red o algo, así no hay manera.- Protestó Law, susurrando, ya cansado de agitar la bolsa.

-¿Y si buscamos hormigas?- Sugirió Kid.

-Bueno, servirán.

El crujido de una rama los sobresaltó, haciendo que Law se girase hacia donde había venido el ruido y Kid se levantase de golpe, evitando por poco volcar el cubo en el que ya tenían unos cuantos renacuajos.

Unas risitas y más ramas y hojas siendo aplastadas les avisaron de que alguien venía, y pronto vieron salir al causante de entre dos arbustos. Un niño de pelo negro, de aproximadamente un año de edad, iba tan feliz por el improvisado bosque del orfanato, arrastrándose a cuatro patas y destrozando su peto azul en el proceso.

Se dirigía directo al agua.

-¿Qué hace aquí este crío?

Ignorando la pregunta de Kid, Law se acercó al recién llegado y, para disgusto de este, lo levantó en brazos. El niño comenzó a moverse desesperado, tratando de zafarse y volver al suelo.

-¿Cómo has llegado tú aquí?- Le preguntó Law, logrando atraer su atención.

El pequeño se quedó mirándolo un momento antes de, al parecer, decidir que le gustaba y dedicarle una amplia sonrisa, comenzando a reírse y levantando los brazos para tocarle la cara.

-Te ha salido un fan.- Se burló Kid.

Law se sentó en la raíz de un árbol, colocando al niño en una de sus piernas y sujetándolo con un brazo detrás de la espalda para que no se le escapase.

-Cállate y busca hormigas, Kid.

-¡¿Qué?! ¡¿Por qué tengo que hacerlo yo?!

-Si lo suelto, este crío se va derecho al agua.

-¡Pues que se ahogue! ¡Le está bien por escaparse!

-Tú también te escapabas, Kid.

-Pero yo nunca estuve a punto de tirarme al agua.

-No, tú preferías matarte saltando de una ventana.- Respondió Law, recordando el susto que le había dado Kid un día cuando, subiéndose a una montaña de libros, casi conseguía salir por la ventana de la biblioteca. Por mucho que estuviese en una planta baja, un niño tan pequeño se habría hecho daño.

-Eso no es verdad.- Acusó Kid.

-Claro que lo es.- Respondió Law tranquilamente, moviendo la pierna y haciendo que el niño diese saltitos sobre ella, riéndose.

-¿Vas a quedarte ahí sentado jugando a los canguros?

-No. Supongo que tendré que acompañarlo a la guardería.

-Estamos ocupados, Law.

-¿Y qué sugieres? ¿Qué lo deje aquí tirado? Si fuese otro a lo mejor me lo pienso, pero este crío es interesante, si ha sido capaz de escaparse y llegar hasta aquí.

Kid, cabreado, le dio una patada al cubo, que cayó al suelo desparramando todos sus contenidos.

-Pues quédate ahí con tu nuevo amiguito.

Y se fue de allí, apartando a golpes cualquier parte de la flora que se metiese en su camino.

Law no intentó detenerlo, consciente del mal humor de Kid y de que el aquel momento la única forma de calmarlo pasaba por ahogar al niño que tenía en sus brazos o cualquier otra cosa igual de macabra. Y, como ya había dicho, aquel niño le parecía interesante, como el propio Kid se lo había parecido en su momento, aunque de una forma un tanto diferente. Para empezar, este era mucho más alegre.

Bajó la cabeza y se lo encontró mirándolo con una expresión bastante seria para un niño de su edad.

-Ignóralo, ya se le pasará.

Bajó la vista a la etiqueta con el nombre que llevaban todos los niños de la guardería.

-Monkey D. Luffy, ¿Eh? Supongo que no sabrás qué quiere decir la D., ¿no?- El niño siguió mirándolo.- Yo soy Trafalgar Law.

-A-Aff… Affar…- Comenzó Luffy, intentando pronunciar el curioso nombre.

-Mejor si me llamas Law.

-¡Affy!- Exclamó el pequeño, ignorándolo.

-"Affy" no, Law.

-¡Affy!- Gritó de nuevo Luffy, sonriendo ampliamente.

Law suspiró.

-No vas a hacerme ni caso, ¿verdad?

Como única respuesta, Luffy se rió.

-En fin.- Law aseguró su agarre en el niño y se puso en pie.- Será mejor que te lleve de vuelta, antes de que les de un ataque o algo.

Continuará


¡INOCEEEEEEEEEEEEEENTEEEEEEEE EEEEEES! xDDDD

¿Qué imprevisto ni qué hostias? ¡Tenía que hacerlo! xDDDDD

Nos leemos mañana n.n