¿Ustedes creen en los milagros? Porque yo sí. Esta es mi respuesta a una serie de promesas irresponsablemente hechas hacia la persona que mas aprecio en esta pagina. Prácticamente me obligó a buscar a la musa porque no pensaba seguir. Se que a nadie le interesan mis motivos para haber abandonado esto por tantos años, pero ahora me resulta indispensable continuarlo y darle un final (Uno bueno).

En fin, quisiera dedicarle este capitulo, y también los que siguen a Prika, mi pequeña padawan y también la amistad mas duradera y solida que he tenido con alguien en linea.

Disfrútalo bebe :3

Alguien debería matarla

Capitulo 7

Orihime Inoue no recordaba, en ningún otro punto oscuro de su vida, haber estado más emocionalmente inestable he irracionalmente aterrada. Y vaya que eso era decir mucho si se tomaba en cuenta todos los traumas sufridos en su infancia.

Una vez, cuando tenía cinco años, su hermano la había dejado encargada con una amiga de la familia. Para ese entonces sus padres aun estaban vivos y el trabajo de cuidarla había recaído sobre su hermano mayor, pero al parecer el tenia mejores cosas que hacer en esa ocasión (y todas las posteriores hasta quedar huérfanos).

Tenían en ese entonces una vecina, la cual vivía en una casa enorme y escalofriante. Nadie sabía nada de aquella mujer, aparentemente dulce, solo que sobrepasaba los 60 años y jamás se casó ni tuvo hijos, pero por alguna razón su familia pensó que era buena cuidando niños pequeños e indefensos.

Una vez estando a solas con ella no podía hablar muy fuerte, jugar, ni reírse demasiado, o decir cosas sin sentido, propias de alguien de su edad, pero tampoco podía quedarse callada, sin hacer nada, porque entonces se convertía en una chiquilla descortés y holgazana. La verdad era que ella odiaba a los niños hicieran lo que hicieran.

-¡Te dije que te callaras!- Orihime recordaba, completamente perdida en el pasado, como aquella mujer la arrastraba del brazo, sujetándola con tanta fuerza que solo podía limitarse a llorar.

-Solo estaba cantando bajito…- le decía la pequeña niña pelirroja entre lloriqueos, mientras era obligada a bajar las escaleras de aquel sótano escalofriante. Sus pequeñas y delgadas piernas la hacían tropezar tanto que aquella horrible mujer había preferido suspenderla por completo del brazo, importándole poco que este se dislocara el brazo.

-¡No quiero escucharte en todo el resto del día!- ella siguió bajando las escaleras, sin dejar de sujetarla como a una muñeca de trapo molesta he incomoda. Cuando por fin la bajó, fue únicamente para abrir un compartimiento escondido en el piso. Estaba tan oscuro que no se alcanzaba a distinguir que era lo que había dentro de ese espacio enorme, frió y aparentemente estrecho, pero no tuvo que pensarlo demasiado después de ser arrojada ahí. Solo era un hueco húmedo, con las paredes mohosas de ladrillo. Cada vez que movía los pies podía escuchar como algo crujía bajo su calzado, como pequeñas ramas que en realidad terminaban siendo simples huesos de gato. Su vecina tenía muchos gatos y un jardín demasiado pequeño como para enterrarlos a todos. Con el tiempo se había acostumbrado a arrojarlos ahí, junto con una capa de arena y cal para evitar pestes.

Orihime rogó incansable su libertad, completamente muerta de miedo, prometiendole mil cosas que su "cuidadora" no alcanzó a escuchar por marcharse demasiado pronto de ahí. Lloró sin remedio como la niña pequeña y asustadiza que era, deteniéndose apenas para respirar con dificultad en aquel lugar olvidado por dios. Bebiéndose las lagrimas que los puños mojados de su sueter no pudieron retener, se desahogó hasta el punto de solo mascullar sollozos.

Para mala suerte de ella, lo peor llegó después, al comenzar a sentir que no estaba del todo sola. No podía ver nada, pero sus pupilas seguían moviéndose, como si estuvieran buscando una sombra escondida en la oscuridad mas absoluta. Huesos de gato crujiendo bajo los pies de un segundo cuerpo, otra respiración que solo pudo ser percibida cuando dejo de llorar. Difícilmente era otro niño castigado como ella, ni siquiera creía que fuera humano. Lo que fuera eso estaba ahí, observándola y era para ella tan real como el cielo azul. Sin poder moverse o gritar, solo se limitó a desear estar en otro lugar, cualquiera. Debajo de su cama por la noche, incluso dentro del enorme y horripilante armario de su abuela. Ha su tierna edad todo lo que le parecía aterrador de pronto se volvió seguro al compararlo con ese lugar.

Crujido lento tras crujido lento. Respiración cada vez más agitada acompañada por lo que parecía ser un chillido lastimero, interminable. Todo le indicaba que estaba a menos de 20 centímetros y ella estaba a punto de perder el conocimiento.

-Tu hermano acaba de llamar, al parecer llegara antes…- en menos de un segundo, su niñera improvisada la había levantado, agarrándola del cuello de su abrigo para sacarla de ahí como si no pesara nada. Una vez que tuvo a la niña fuera, cerró la entrada y le echó el tapete encima tan rápido que ni siquiera le dio tiempo de reaccionar. La hizo subir las escaleras con rapidez y ni siquiera notó lo dilatado de sus pupilas o la alarmante palidez en su piel. En cuanto cerró la puerta del sótano y le dio la espalda, la anciana mujer escucho un grito desgarrador saliendo de la garganta de la chiquilla, seguido por otros muchos igualmente estruendosos, como si la estuvieran matando a golpes. Solo pudo hacerla callar después de amenazar con devolverla al sótano. Jamás quiso volver a esa casa después de eso.

Pasaron años enteros antes de volver a ser la chiquilla alegre y despreocupada de siempre, pero el miedo jamás desapareció por completo. Solo fue desplazado por la tristeza de la tragedia y con el tiempo terminó convirtiéndose en otro tipo de miedo. Miedo a estar sola, miedo a no ser aceptada, a no ser amada… a final de cuentas, sin importar cuantos años hubieran pasado, aun seguía siendo la chiquilla aterrada y abandonada a su suerte que lloriqueaba en una esquina, sin poder hacer nada.


(Dos días y medio antes)

-¿Esta despertando?- a Orihime le constaba trabajo recordar en donde estaba o como había llegado ahí. Tenia el sabor del vomito en la boca y su cabeza estaba hecha un desastre. Era igual como en la ultima fiesta de Matsumoto, hace algunas semanas, cuando despertó inconsciente a la orilla sur del lago cercano al parque. Unas cuantas copas, una hermosa escena de Ichigo besandose con Rukia, un poco de música deprimente con temática dolida, más tragos… y después un espacio vació de seis horas.

-Parece que si…- había poca luz, pero alcanzaba a reconocerlos a todos los que se encontraban a su alrededor, mirándola desde arriba. Eran sus amigos (o al menos la mayoría de ellos) y parecían preocupados -Sigo pensando que debimos de haberla llevado al hospital- la dulce voz de Hinamori sobresalió de entre las demás, mientras que le tomaba la mano para revisarle el pulso; ¿Qué era exactamente lo que había pasado?, ¿Y en donde estaba? Sus pensamientos estaban tan revueltos que le costaba trabajo recordar todo lo sucedido antes de ese momento. Sentía que le había golpeado la cabeza con un ladrillo y para su mala suerte no lo habían hecho con la suficiente fuerza.

-Denle espacio- Ishida mencionó, antes de acomodarse los lentes y abrir los brazos para hacerlos retroceder, en especial a Matsumoto, la cual prácticamente estaba encima de ella. Orihime se encontraba recostada en lo que parecía ser el suelo de tierra y piedras más duro del mundo. Su cabeza estaba recargada sobre algo suave, pero todo el resto del cuerpo se encontraba en agonía.

-Hiyori, repite de nuevo porque estamos aquí- de todas las personas que esperaba ver, ellos dos era en definitiva sus ultimas opciones. Ambos rubios estaban parados a lado de ella, mirándola con más aburrimiento que preocupación.

-Porque no tenemos nada mejor que hacer- la pequeña rubia con pecas se limitó a responder, como si fuera obvio.

-¿Y por qué no tenemos nada mejor que hacer?- ninguno de los dos parecía querer estar realmente ahí, y no los culpaba, ese lugar era espantoso.

-Porque nuestros amigos son unos estúpidos- un grafitti, en una estación de policías, a plena luz del día, ¿Había otra manera de describirlos?

-Ohhh… es verdad- una cosa era haber aceptado participar en una sesión espiritista que seguramente seria una perdida de tiempo (o con algo de suerte podría convertirse en una posesión satánica) y otra era haberlos acompañado a ese lugar solo por mantener la costumbre de no llegar temprano a sus casas.

-¿Qué fue lo que pasó?- Orihime preguntó, al tiempo que intentaba enderezar el cuerpo lo suficiente como para sentarse. Había algo de todo eso que no terminaba de encajar y sentía pavor de recordar las cosas por su cuenta.

-Llegamos en cuanto nos llamaste- el chico de lentes se apresuró a decir, al tiempo que la ayudaba a sentarse.

-¿Los llamé?- justo enseguida de preguntar aquello, todo volvió de nuevo a ella y ese lugar se volvió siniestro y helado de golpe. Estaban en el mirador, donde había pasado todo, y las cintas policíacas cubrían todo el barandal oxidado, con los señalamientos respectivos de una escena del crimen. Ahora era solo cuestión de tiempo para que llegaran a ella y Rukia… Rukia estaba viva. Apenas respiraba, pero estaba viva y hablaría. Era un maldito hecho que hablaría.

-Sí, por lo de Rukia- Rangiku respondió la pregunta, visiblemente ebria pero milagrosamente coherente -Vamos, la que se bebió las tres botellas de vodka fui yo…- la rubia soltó una risotada al terminar de hablar, casi cayéndose de espaldas al perder el equilibrio estando en cuclillas. Nadie pareció compartir su humor, pues se quedaron serios en su lugar, absortos en el pesimismo de la situación. Rukia estaba luchando por su vida en el hospital y Orihime parecía demasiado enferma y confundida como para estar bien.

-Ha vomitado mucho, creo que no debería de estar aquí…- Hinamori mencionó, logrando solamente que la pelinaranja se impacientara mas.

-¡¿Dónde esta Rukia?!, ¿Cómo esta ella?- Orihime preguntó casi desesperada, al tiempo que intentaba ponerse de pie tan repentinamente que apenas cobró un poco de impulso, volvió a desplomarse pesadamente en el suelo. Si necesitaba un poco más de lástima por parte de sus amigos, con eso lo había conseguido.

-Mejor no intentes levantarte, te vas a desmayar de nuevo- Ishida le aconsejó, haciéndola desistir de realizar cualquier movimiento brusco. Estaba completamente segura que no serian tan atentos con ella si supieran el horrible ser humano que era realmente.

-Rukia esta… no se como decirlo…-Momo se apresuró a hablar solo para dejar pasar una pausa larga, seleccionando tan cuidadosamente las palabras que le hacia suponer lo peor, o en su caso, lo mejor, ¿Por qué no le decía que había muerto súbitamente y la libraba de todo ese sufrimiento?. Era sencillo. Era lo que necesitaba- Fueron muchos los días que estuvo perdida, pero debemos tener fe. Aun quedan esperanzas…- la pequeña chica le tomó la mano, mientras que el camino de lágrimas silenciosas bajaba por ambos lados de su rostro, haciéndola sentir un poco peor. El daño colateral se volvía cada vez más difícil de cargar, y la sensación de ser la peor persona del mundo se volvía aun más evidente al caer en cuenta que prefería verlos sufrir toda la vida que decirles la verdad.

-¿Hasta donde recuerdas?- Ishida preguntó, recordandole de nuevo que también estaba ahí. No era algo que hiciera apropósito, pero siempre olvidaba su presencia, como si se desvaneciera ante sus ojos en cuanto dejaba de hablar.

-Yo les dije que Rukia estaba viva por teléfono y luego me fui con su hermano y…- ya para ese momento recordaba todo lo que había pasado en su mayoría, y para su desgracia, de nueva cuenta no se había tratado de un sueño- Y cuando llegamos…- Orihime no quería estar de nuevo en ese lugar y hubiera preferido dar cualquier excusa que ir ahí, pero debía saberlo. Era su obligación verificar que tan viva se encontraba y si aun quedaba una oportunidad para ella. Entonces la vio, prácticamente se había bajado de la limusina aun en movimiento, y era una imagen tan cruda, tan directa y desgarradora que no pudo mirarla más de unos cuantos segundos- Cuando llegamos ella estaba… estaba tan… mal- esa imagen la había perturbado más de lo que hubiera imaginado, hasta el punto de caer en la conclusión de que jamás podría olvidarse de ella. Un cadáver que respiraba, y más que lástima, sintió pánico al imaginarla levantadose de la camilla para matarla. El olor, por otro lado, era indescriptible, convirtiéndose en el último elemento para hacerla retroceder todo lo que le fue posible antes de vomitar y perder el conocimiento. Quizás, y solo quizás, debió de haberse preparado más para ese momento.

-Bueno, si recuerda mucho…- Hinamori mencionó, visiblemente sorprendida y sin saber como mejorar esa situación. Cuando llegaron, ya estaban subiendo a Rukia a la ambulancia y Orihime se encontraba de rodillas, vomitando, sosteniéndose ella misma el cabello y entonces tuvieron que tomar una decisión difícil: Ir con Rukia o socorrer a la chica que los había llamado. Ichigo no necesitó pensarlo mucho antes de subirse por la fuerza a la ambulancia, pero los demás se dieron el tiempo para elegir. Solo cuando Orihime dio las primeras señales de estar perdiendo el conocimiento, se volvió obvio para los demás que debían ayudarla. Si a Inoue le hubieran dicho que la habían escogido a ella por encima de Rukia, no podría creerlo.

-¿Alguien más se siente muy sobrio?- Matsumoto habló, aunque en realidad solo estaba pensando en voz alta. Ella no era buena en eso de enfrentar situaciones como esa y embriagarse era lo único que sabia usar como salvavidas y escudo emocional.

-Yo también la vi, pero aun hay esperanza- Momo insistió en eso y Orihime solo formo una pequeña sonrisa por cortesía. Intentaba calmarse, repitiéndose que si estaban ahí, tan preocupados por ella era porque Rukia no había dicho nada. Aun- ¡Y la encontramos!, Sin necesidad de un ritual satánico…- por la forma en que lo dijo, parecía aliviada y al mismo tiempo contenta, aunque realmente no había nada por lo cual estar feliz. Sí, Rukia Kuchiki estaba viva, pero no le esperaba una buena vida si lograba recuperarse, y nada volvería a ser igual para nadie.

-No iba a ser satánico Momo- Rangiku salió en defensa de su más reciente hobby. Ella era una profesional certificada de Internet y no iba a permitir semejante calumnia- Solo íbamos a pedir un poco de ayuda espiritual y ya. No es mi culpa que a veces se me salga un poco de las manos- la rubia se encogió de hombros, al tiempo que evitaba el contacto visual con Hinamori, adivinando su mirada recriminadora.

-Si no son satánicos, ¿Por que siempre terminan en exorcismo?- la pequeña niña de cabello negro interrogó, entrecerrando los ojos mientras sentía por décima vez en el día una punzada en la herida sobrenatural de su hombro- ¡En mi exorcismo!- aclaró, sintiendo la necesidad de ser lo mas especifica posible. Hace unas horas estaba más que preparada para encaminarse a otro viaje sin retorno al impredecible mundo paranormal, pero con los sucesos recientes toda la efervescencia del momento se había desvanecido por completo.

-Pasa en cuatro de cinco ocasiones y ya dices que en todas Momo. No seas exagerada…- levantado los brazos, Matsumoto continuo negándose a aceptar lo desafortunado que siempre resultaban sus proyectos espirituales para su mejor amiga.

-¿Exagerada?- tenia la regla de no tomar demasiado enserio nada de lo que Matsumoto dijera cuando estaba muy ebria (lo cual últimamente era todo el tiempo), pero en ese ocasión la falta de seriedad de su amiga en ese momento especifico le hizo perder los estribos por un segundo.

-¡Basta las dos!- ambas chicas se sorprendieron por la interrupción de una Orihime visiblemente molesta, justo cuando Hiyori y Shinji comenzaban a hacer sus apuestas sobre el resultado de esa pelea- Este no es momento de hablar de eso cuando Kuchiki-san esta apenas con vida…- ella no podía ser la única interesada en eso. Podía sentir como la carcomía por dentro la incertidumbre de no saber su estado actual. Si estaba viva, podía despertar, si despertaba, podía recordar, y si recordaba, Orihime bien podría dar su vida por terminada en ese preciso momento. Nadie podía entenderla, y en su lugar solo malinterpretaron su desesperación por ponerse de pie con una preocupación por saber de su mejor amiga. Todos estaban tan conmovidos por la fuerza y devoción de su amistad que la ayudaron a levantarse, casi cargándola hasta que ella pudiera permanecer de pie por su propia cuenta. Incluso los dos chicos más temidos de la escuela que hasta el momento no le había demostrado algo parecido a la consideración estaban participando en eso.

-Cuidado, te vas a caer si te levantas tan rápido- tanto Rangiku como Hinamori habían olvidado por completo su discusión y ahora cada una la sostenía de un brazo diferente-Tu y tu gemela siguen débiles y borrosas- Matsumoto completó su frase, haciéndole creer que quizás ella necesitaba más ayuda para caminar e ir de un punto a otro sin tropezarse.

-Te esperábamos en casa de Ran-chan- Hinamori comenzó a contarle todo lo que había pasado y Orihime quiso saber desde un principio. Tuvieron que sentarla un la piedra más grande y cercana cuando sintieron que volvían a llevarla a rastras, pero la tierna chica siguió hablando- Estaba Ishida, Ichigo, Hiyori, Shinji…- haciendo una pausa, volvió a sentir la necesidad de ser cuidadosamente selectiva para contarlo de la manera mas prudente. Ella era siempre tan considerada con los demás que a veces llegaba a frustrar un poco.

-¿Por qué se sabe nuestros nombres?- Hiyori mencionó en voz lo suficientemente alta para que lo escucharan todos, aunque solo iba dirigido a su compañero de pandilla. Ellos dos no se habían tomado la molestia de aprenderse el de ninguno de ellos y eso que los habían escuchado llamándose por sus nombres toda la noche.

-¿Kurosaki-kun?- por su parte, Inoue se había quedado perdida en el dato de Ichigo, completamente incrédula. Solo se le ocurría pensar que quería seguir gritándole y quizás agredirla físicamente, porque ya para ese momento dudaba de la afectividad de su actuación desesperada.

-Si… nos dijo que quería disculparse contigo, pero no nos dijo porque. Entonces llamaste y nos diste la noticia junto con la dirección. Llegamos casi al mismo tiempo que tú. Alcanzamos a Rukia cuando ya estaba a punto de llevársela y te estabas desmayando- Orihime intentó seguir escuchándola, pero la pregunta de donde estaba Ichigo se había apoderado de toda su atención.

-El motivo por el que llegamos tan rápido fue gracias a que yo maneje- Matsumoto no pudo evitar atribuirse eso, ignorando las miradas discordantes de los demás.

-No hubo un minuto en el que no creyera que moriríamos- Hinamori palideció un poco más con solo recordarlo, y los demás le dieron la razón.

-Momo como siempre esta exagerando- la rubia de grandes atributos quiso defender lo insalvable, mientras Orihime se armaba de paciencia, haciendo dramas mentales imposibles sobre los motivos y el paradero del chico que aun amaba a pesar de todo.

-Te pasaste todos los altos, casi atropellabas a un anciano, tres niños y dos gatos…- su pequeña mejor amiga comenzó a narrar los acontecimientos del viaje, visiblemente exaltada. Aun no iba ni a la mitad, cuando Matsumoto intervino.

-Bueno, ya, quizás fui un poco descuidada, pero puedo culpar por completo a la preocupación que sentía y…- casi como algo karmico, Orihime interrumpió a Rangiku para finalizar aquel desvió de tema, ¿Era mucho pedir que fueran al grano por lo menos una vez?

-¿Qué paso después?, ¿Dónde esta Kurosaki-kun?- Inoue se esforzó por mantener la calma sin éxito.

-Llegamos cuando estaban metiendo a Kuchiki-san a la ambulancia y entonces vomitaste y te desmayaste- Hinamori siguió contando, como si nunca hubiera sido interrumpida.

-Se fue con el hermano de Rukia en la ambulancia y no hubo manera de sacarlo de ahí- Rangiku hizo memoria, completando lo que estaba diciendo su amiga- También se fue con ellos un hombre extraño, muy pálido. Con solo decirte que se me bajó el alcohol un 30% solo de verlo. Era espeluznante…- Matsumoto sintió un escalofrió subiéndole la espalda con solo recordarlo.

-¿El detective Ulquiorra?- ¿como había podido olvidarse de ese hombre?, Todo de él le parecía inquietante. La forma en la que hablaba, las preguntas que hacía para terminar sacando sus propias conclusiones, la sensación de que lo sabía todo y ahora solo estaba jugando con sus nervios. Era imposible saber sus verdaderas intenciones, o que tanto la había descubierto. A pesar del terror que le causaba el sentirse investigada, hubo algo aun más grande que logro eclipsarlo. No se trataba de algo nuevo, fue bastante obvio y debió de haberlo esperado, pero el hecho de que Ichigo se fuera con Rukia en lugar de quedarse con ella le había estrujado tanto el corazón que bien podría caberle en el puño cerrado.

-Pues… no tengo idea de cómo se llamaba- la rubia subió ambos hombros para complementar su respuesta- Nosotros cinco nos quedamos contigo hasta que recuperaste la conciencia- comentó lo evidente, al tiempo que sentía que el destello repentino de sobriedad comenzaba a volverse un inconveniente.

-¿Y cuanto tiempo pasó?- estaba segura que no había sido mucho porque se sentía más cansada que nunca.

-Yo diría que… 30 minutos- Hinamori respondió después de revisar la hora en su celular. La ambulancia ya se había ido, y por más que todos pensaron que lo mejor seria buscar a alguien con experiencia medica, el miedo de empeorarlo todo les hizo creer en las habilidades de Matsumoto. En definitiva, esa era una noche rara para todos.

-Tuve que usar mis mejores técnicas para revivir personas- la rubia se atrevió a jactarse, al tiempo que recordaba a todas las personas que habían estado en el lugar de Orihime, con su nivel de decadencia respectivo. Podían decir muchas cosas de ella, pero tenia un récord perfecto de no dejar morir a nadie.

-Tenemos que ir con ella, ¿saben a que hospital la llevaron?- Orihime volvio a retomar la platica importante cuando finalmente sintio que podia caminar por si misma sin darle lastima a un niño con muletas.

-Supongo que al mas caro de la ciudad- Hinamori respondio sin esfuerzo. Todos ahí sabian que el hermano de Rukia no escatimaria ni un solo centavo y menos en un momento como ese.

-¡Entonces vamos!- la pelirroja no sabia que les pasaba a todos, con esa calma tan pausada y desesperante, como si no les interesara saber lo que seria de Rukia esa noche. Y la manera en que la miraban… jamás había visto tanta lástima junta. Ni siquiera en el funeral de su hermano.


Orihime apenas prestó atención al los diálogos que habían tenido antes de llegar a un acuerdo respecto a quien conduciría. Por obvias razones, todos estaban en contra de que manejara Matsumoto, pero el auto era suyo y ella estaba empeñada en hacerlo, así que fue realmente difícil convencerla de lo contrario. Inoue estaba tan concentrada en tantos pensamientos caóticos que lo único que pudo sacudir su mente lo suficiente como para salir de ese trance fue el verse reflejada en la ventana trasera del auto. Lo más alarmante de todo había sido el tiempo que tardó en reconocerse, pues aquella chica lucía lamentable. Con el cabello enredado y la ropa enmugrecida de tierra, estaba lejos de ser la chica que había salido esa mañana de la casa de Matsumoto, con la esperanza de que ese día seria un poco mejor que los anteriores. Era como una indigente zombie y no pudo adivinar si no le habían dicho nada respecto a su apariencia por caridad o crueldad.

-¿Inoue-chan, pasa algo?- la vocecita de Hinamori la hizo salir de sus pensamiento y negó instintivamente con la cabeza como respuesta antes de subirse al carro. En cualquiera de los casos, no podía permitir que Ichigo llegara a verla así, en esas fachas.

Orihime insistió tanto en hacer una escala en la casa de Matsumoto para cambiarse de ropa que nadie quiso llevarle la contraria. Aprovechó cada segundo, olvidando el cansancio para cambiarse la ropa y lavarse el pelo, tropezando con sus propios pies mientras intentaba poner las ideas en orden. Físicamente, estaba lejos de sentirse bien, y si por ella fuera se encerraría en la habitación hasta que todo pasara. Quería hacer tantas cosas antes de llegar al hospital y enfrentar su destino que en verdad consideró decirles a todos que no tenia las fuerzas suficientes para acompañarlos y lo mejor sería quedarse a dormir. En verdad le habría encantado hacer eso.

-Estoy lista- Orihime mencionó, respirando pesadamente. El aire que se respiraba en ese lugar era diferente. Sobre el comedor se encontraba la tabla de Ouija, las velas negras, un frasco con huesos e incluso una gallina negra enjaulada debajo de la mesa, lo cual indicaba una sesión de espiritismo intensa de la cual ya no quería formar parte de ninguna manera. En la barra del comedor se encontraba una enorme biblia, un litro de agua bendita y un rosario interminable, solo en caso de que eso se saliera de control (lo cual era increíblemente probable). No era normal ver a una de tus amigas trepando las paredes como arañas, con la cabeza volteada y hablando una lengua irreconocible. Había sido tan gráfica y traumatica la ultima sesión que se juró a si misma no volver a meterse en algo así por ningún motivo. En retrospectiva, fue la desesperación la que le hizo creer que hacer eso seria la mejor opción para encontrar las respuestas que necesitaba (por no decir la única).

-Acabo de hablar con Ichigo- la dueña de la casa dio la noticia en cuanto colgó el celular, pasando a convertirse en el centro de atención- Rukia sigue grave y cualquier cosa podría pasar. Puede que le quede poco tiempo…- inconscientemente Orihime cruzó los dedos para que se volviera una realidad y casi había sentido algo parecido al optimismo. Al salir de la casa, le echó un ultimo vistazo adentro, como si esa fuera la ultima vez que la vería, y por primera vez, se sintió preparada para enfrentar lo que viniera.


El viaje de la casa al hospital fue relativamente corto. Como era cerca de las dos de la madrugada, el tráfico era básicamente inexistente y aunque Orihime había encontrado algo muy parecido a la determinación en la casa de Matsumoto, la perdió casi por completo cuando llegaron al hospital. Tuvieron que pasar algunos minutos antes de que pudiera entrar, usando la escusa de que solo necesitaba un poco de aire.

-¡¿En que habitación esta Rukia Kuchiki?!- fue lo primero que escuchó al entrar, con la imagen de Matsumoto a punto de subirse al recibidor. Alguien debía decirle que los vestidos diminutos y los lugares elevados no eran una combinación ganadora.

-¿Segura que no quieres que te revisen?, Te ves muy débil y estamos en un hospital, podrías aprovechar-de nueva cuenta, solo supo que Ishida estaba a un lado de ella cuando lo escuchó hablar. Estaba tan nerviosa que se sobresalto en su lugar y contuvo el grito de angustia en su garganta.

-Todo lo que necesito es descanso, y solo podre estar tranquila cuando sepa que Kuchiki-san esta bien- Orihime trató de disimular de la mejor manera su perturbación, y tomó asiento en una de las bancas de espera donde se encontraba el resto, sin quitarle la vista a Matsumoto, casi seguros de que en cualquier momento la recepcionista llamaría a los de seguridad para que la sacaran del hospital.

-No tenían que acompañarnos hasta aquí, ¿Saben?- cuando Hinamori se sintió incapaz de seguir viendo el interrogatorio que Matsumoto le hacia a la pobre mujer detrás de la computadora, se sintió con la suficiente confianza para entablar una conversación con las únicas dos personas que no parecían terminar de encajar en el grupo: Shinji e Hiyori. No era como si los estuviera corriendo de ahí, pero le daba curiosidad verlos todavía con ellos. Prácticamente no los conocían ni les habían hablado lo suficiente con anterioridad como con otras personas que no estaban ahí.

-Aun no han pagado las fianzas de nuestros amigos, así que no nos importa estar aquí- la respuesta de Hiyori fue suficientemente convincente, mientras alzaba los hombros para reafirmar lo poco interesada que estaba de permanecer o irse.

-Este lugar no ha cambiado nada, incluso tienen a la misma recepcionista…- Shinji tomó la palabra, fijándose en la chica tras el mostrador. Ella permanecía calmada, impasible, mientras escuchaba atentamente a Matsumoto.

-¿Recuerdas cuando te trajimos en el auto de Lisa por la herida que te hizo aquel vago?- estar ahí era como entrar en una maquina del tiempo. En el ultimo año y por el estilo de vida conflictivo de su grupo, había perdido la cuenta de cuantas visitas habían hecho, pero esa era la más relevante de todas para el.

-¿Quién diría que traía escondida una navaja entre los harapos?- en ese momento había sido una situación muy seria, pero actualmente recordarlo los mataba de risa. Desde entonces fueron más cuidadosos en eso de molestar a personas al azar.

-La mayoría aposto que no te salvarías- Hiyori fue la única que desafió ese pronostico, llevandole la contraria a sus amigos. Incluso fue ella quien organizó las apuestas y guardó el dinero, pues sabía que no sería tan fácil deshacerse de él.

-Debe de haber una manera más fácil de convertirte en el líder de una pandilla, pero quise tomar el camino difícil- después de superar la convalecencia, los demás le habían adquirido cierto grado de respeto a su manera peculiar. Era ocho personas muy diferentes entre si, a los cuales la vida los había unido por el espíritu compartido de anarquía social y el dinero de sus familias. Oficialmente Hirako Shinji no era el líder del grupo, pero siempre terminaban haciendo lo que él decía y cuando no estaban parecían perder la dirección por completo. Simplemente ya no podían funcionar igual cuando no estaba Shinji con ellos, como bien lo habían demostrado esa noche.

-¿Cómo que no podemos entrar a verla?, ¡Es totalmente injusto! Quiero hablar con la persona a cargo- ya había pasado un tiempo considerable desde que Matsumoto había ido por información y nadie creía que estuviera llegando a algo. Orihime estaba tan ansiosa que no había pronunciado una sola palabra desde que se había sentado.

-¿Por qué dejamos que Ran-chan pidiera información?- Hinamori preguntó lo evidente, mientras se hundía un poco más en el sillón de cuero.

-Ella solo gritó que lo haría… y lo hizo…- el chico de lentes mencionó justo lo que había pasado hace unos minutos. Ya para esa altura de la noche nadie le quería llevar la contraria a nadie, teniendo como único consuelo que mañana era sábado y por tanto podían librarse del estrés de madrugar para ir a clases.

-Somos prácticamente de su familia y exijo una explicación- con la misma firmeza con la que se aferraba cuando el tipo de la barra se negaba a servirle más tragos, la rubia seguía insistiendo en lo mismo y no pararía hasta escuchar lo que quería.

-Señorita Matsumoto, ¿Ha estado bebiendo de nuevo?- ciertamente no era la primera vez que estaba ahí, pues ella parecía tener la maldición de que cada evento que realizaba terminaba en desastre de una u otra manera. La chica detrás del recibidor la conocía mejor de lo que había llegado a conocer a su propio padre y sabia armarse de paciencia, ayudada en gran parte por su naturaleza dócil.

-Una, quizás dos copas cuando mucho…- mintió instintivamente como si se tratara de un oficial de transito, bajando la guardia solo por un segundo antes de volver a la discusión- ¡Pero no me cambies el tema, Nemu! Queremos saber en donde la tienen y tu no vas a seguir intentando esconder información sobre que habitación esta…esta… este… ¡Rukia!- su cabeza cada vez era un desastre más grande.

-Por ultima vez, la señorita Kuchiki se encuentra en la habitación 204, en el pabellón de cuidados intensivos y no puede pasar a verla nadie aun, ni siquiera un familiar, por la gravedad de su estado, pero pueden esperar noticias afuera, en el corredor o la sala de espera- la voz de la chica fue calmada, esforzándose por ser lo mas clara posible y no dejar nada a la interpretación, pero al ver cara perdida de Rangiku supo que había fallado rotundamente.

-Lo anoté todo. No le hagas mucho caso, ha sido una noche larga y hemos perdido la cuenta de cuanto ha bebido- Ishida tuvo que intervenir cuando Matsumoto empezó a dar señales claras de que estaba a punto perder el equilibrio, alcanzando a agarrarla a tiempo. Aunque no era su obligación disculparse por lo que otras personas hacían, de una u otra manera terminaba haciéndolo cuando se encontraba en compañía de personas problemáticas como la chica que sostenía en brazos. Rangiku Matsumoto era una de las chicas más populares y deseadas del ultimo año, cuyas fiestas ya se habían hecho leyenda en la escuela, pero cuando las cosas se ponían difíciles, los amigos verdaderos se volvían escasos.

-Descuida, no es la primera mujer alcoholizada que me grita esta noche y probablemente tampoco será la ultima…- la recepcionista respondió con la misma voz calmada que había usado con Matsumoto. Era como si ya estuviera totalmente acostumbrada y fuera parte indispensable de su trabajo soportarlo.

-¡Necesito que me atiendan ahora!- como si se hubiera tratado de una invocación, de la nada una adolescente se abrió paso entre ellos, completamente entrada en pánico mientras se cubría la mitad del rostro con el brazo -Creo que voy a quedar ciega de mi ojo derecho por verterle alcohol en una fiesta- además de notarla visiblemente ebria, no había mucho que decir, excepto que reafirmaba lo dicho por la recepcionista y le hacia perder un poco más la fe a Ishida respecto a las nuevas generaciones. Aquella chica no podía tener mas de 14 años.

-¿Ves a lo que me refiero?, Es un viernes por la noche, no puedo esperar menos- lo que era ese día y el fin de semana entero, se trataba de un desfile llamativo de emergencias grotescas y completamente evitables. Era un error pensar que las personas con dinero tenían mas clase y educación que la gente promedio.

-¡Date prisa, que voy a morir en cualquier momento!- la chiquilla chillo con impaciencia y Nemu apretó el botón debajo del mostrador para que vinieran los paramedicos, mientras abría una nueva hoja de registro en la computadora.

- Habitación 204- repitió una vez más antes de concentrar toda su atención en la chica que recién había llegado y exigía toda su atención por ser pariente de alguien importante, como todos los que llegaban ahí.

-Creo que le gustaste…- Matsumoto mencionó cuando se alejaron solo unos pasos, siendo completamente indiscreta. Su habilidad para crear parejas imaginarias parecía estar alerta las 24 horas- Quien diría que tu encanto nerd funcionaria con alguien alguna vez- levantando ambas cejas, Rangiku siguió un rato con lo mismo, olvidando momentáneamente el motivo principal de estar ahí.


Gracias a la guía de Shinji e Hiyori, habían llegado al pabellón de cuidados intensivos en poco tiempo. Ambos conocían las instalaciones por haber estado ahí con anterioridad. Ni siquiera se pelearon para ver quien tenia la razón sobre el camino correcto y era hasta cierto punto extraño verlos coordinados en algo. Matsumoto también conocía el lugar, quizás hasta un poco mejor, pero en su condición actual apenas y podía diferenciar la izquierda de la derecha o el piso del techo. El hospital era enorme, pero supieron que habían tomado el camino correcto cuando encontraron a Ichigo de pie, frente a la puerta de la habitación, visiblemente desesperado. Ni siquiera se inmuto cuando ellos llegaron.

-¿Cómo esta ella?- fue lo primero se le ocurrió preguntar a Orihime en cuanto estuvo lo suficientemente cerca como para ser escuchada. Tenía tantas ganas de interrogarlo incansablemente, (¿Rukia puede hablar?, ¿Esta consciente?, ¿Ha dicho algo?, ¿Una mentira tal vez?, ¿Cómo que quise matarla o alguna locura por el estilo?) pero presentía que se evidenciaría así misma de hacerlo y solo se concentró en no quebrarse antes de tiempo, completamente segura de que si hubiera dicho algo así, difícilmente estaría teniendo esa platica sin ser golpeada en el rostro.

-Mal...- a pesar de que por un momento pareció que no había escuchado la pregunta, la forma en la que respondió, casi cortante, les hizo saber que las ultimas horas habían sido escasas en novedades- No ha despertado desde que la encontraron. Lo único que nos han dicho los doctores es que van a hacer todo lo que este en sus manos, pero no han dado ni siquiera un poco de esperanza. Si sobrevive la noche sera un milagro- los pronósticos eran buenos. Si moría antes de despertarse, su secreto se enterraría junto con ella, pero pese a eso, no estaba feliz. El proceso estaba siendo demasiado desgastante emocionalmente para todos. Hinamori se había ido al baño con Rangiku para ayudarla a vomitar, Ishida estaba teniendo una pelea por teléfono con su padre porque se había ido sin decirle nada y Shinji e Hiyori estaban a punto de quedarse dormidos en la banca del pasillo. Solo estaban ellos dos y no era tan bueno como Orihime se había imaginado que seria.

-Ella es fuerte, solo necesita más tiempo- Orihime hizo su mejor intento de sonrisa mientras se acercaba más a él -También fue un milagro encontrarla viva, así que yo no estaría tan segura de que Rukia vaya a irse sin dar pelea- ella mencionó lo contrario a lo que esperaba que pasara, mientras el nudo en la garganta se le volvía más grande que otras veces.

-Yo… yo no se en que momento pasó. Nunca debí de haberla dejado sola- estaba tan afligido, tan frustrado. Podía sentir toda su rabia de solo verlo. Por la ventana de vidrio en la puerta daba a la habitación donde se encontraba Rukia, rodeada de doctores y con su hermano a un lado, sentado a metros de ella. Según lo que había alcanzado a escuchar de la recepcionista, no estaba permitida la entrada a nadie que no fuera parte del personal medico, pero una vez más, para Byakuya Kuchiki las reglas no aplicaban. Más curioso que ver eso, fue descubrir que también se encontraba adentro, sentado a un lado del hermano de Rukia, el detective que parecía empeñado a seguirla a cada lugar que iba desde que lo había conocido. Ambos hombre estaban entretenidos, hablando de cosas seguramente importantes y Orihime no podía dejar de mirarlos. Se esforzaba en vano para leer sus labios y completar las palabras que podrían darle sentido a la plática, pero solo estaba perdiendo el tiempo. No era buena espiando las conversaciones de los demás y justo cuando estaba a punto de alejarse de la ventana, notó que el detective dejó de hablar, girando la cabeza para verla fijamente con aquellos ojos verdes e intensos que la hicieron querer escapar de ahí como si el hospital estuviera de pronto en llamas.

-No puedes culparte por eso- ella retomó la conversación de inmediato, sin poder hacer nada por ocultar su angustia- Nadie sabe lo que ocurrió esa noche...- la chica siguió, controlando las lágrimas por el estrés.

-Inoue, también quería hablar contigo sobre lo que paso esta mañana. Yo… yo no debí de haberte tratado de esa manera y en verdad lo siento- escucharlo mencionar eso fue el punto de quiebre para romper la presa de lagrimas que venia reteniendo desde que había puesto un pie en el hospital. Era un llanto mudo, de ojos enormes y lágrimas abundantes.

-E-esta bien Kurosaki-kun, esto a sido muy duro para todos- era curioso como no podía moverse, pero si responderle. Él estaba genuinamente arrepentido y ella quería que por lo menos una sola vez en su vida él pudiera sentir algo diferente al cariño de una buena amistad. Pero no.

-No, no esta bien. Tú eres mi amiga y no tenia derecho a dudar de ti- la sensación terrible de rechazo hacia si misma solo empeoro un poco más cuando el chico la abrazó- Si alguien es el responsable de que Rukia este luchando por su vida soy yo- le confesó y ella simplemente negó con la cabeza. No sabía lo que estaba diciendo. Nunca sabía nada. Quería empujarlo lejos de ella, pues se sentía incapaz de seguir mendigando su amor después de las cosas horribles que había hecho por él. Necesitaba decirle que estaba ciego si no había sido capaz de ver que ella lo amaba más de lo que Rukia habría podido llegar a hacerlo. Que ella era la verdadera responsable de lo que le había pasado y que de lo único que se arrepentía era de no haber deshecho del cuerpo en un mar de ácido.

-¿Kurosaki Ichigo?- la voz detrás de ella le hizo reconsiderar cualquier arranque de estupidez valiente, al tiempo que Ichigo la soltaba para hablar con el hombre que había salido de la habitación. Esa era su señal para irse de ahí y recoger lo que le quedaba de dignidad.

-¿Hay nuevas noticias de Rukia?- Ichigo preguntó y Orihime tuvo ganas de alejarse mas rápido de ahí. Ocupaba despejar su mente, salir de ese lugar, respirar aire fresco, pero en vez de eso, se dio la vuelta, plantándose en su lugar para escucharlo todo. Si de alguna manera había logrado armar el rompecabezas que exponía su culpabilidad, quería escucharlo de una vez.

-¿Eres Kurosaki Ichigo?- el detective volvió a insistir, ignorando la pregunta que le había hecho el chico. El viaje en la ambulancia había sido silencioso e Ichigo lo recordaba tomando notas, con la misma mirada inexpresiva que seguía teniendo en ese momento.

-Si, pero…- la confusión se volvió presente en el rostro del pelinaranja y Orihime solo pudo pensar en lo peor.

-Necesito que me acompañe a la comisaria para hacerle unas preguntas- escucharlo fue como un balde de agua fría. A final de cuentas, y pasara lo que pasara, alguien tenia que pagar por lo que le había ocurrido a Rukia, he Ichigo encajaba perfectamente en el perfil de primer sospechoso, incluso más que ella.

-¿Crees que yo le hice esto?- la respuesta indignada de él fue bastante predecible pero comprensible. Orihime podía sentir que no se agradaban entre si, lo cual no mejoraba para nada esa situación. De cualquier manera, Ichigo no podía darse el lujo de sobresaltarse y comenzar una pelea. No ganaría nada y solo conseguiría ser vetado del hospital, además de terminar en la estación de policías de todas maneras.

-Parte de la investigación es eliminar sospechosos potenciales y según mi informe eras muy cercano a la victima. Es algo de rutina y podría llevar al verdadero culpable, si es que no se trató de un accidente- el ambiente se había vuelto repentinamente tenso y cualquier cosa podría pasar. Había sonado tan razonable, tan lógico que no hubo manera de enojarse con él o llevarle la contraria. Solo estaba haciendo su trabajo, por mas inoportuno que pudiera ser.

-¿No puede ser aquí?, No quiero alejarme hasta saber que va ha estar bien- él mencionó, esta vez más calmado, al tiempo que el detective negaba con la cabeza, sin darse el tiempo de considerarlo. Era como si no tuviera corazón. Incluso Orihime, que odiaba a Rukia y quería más que nada en el mundo que Ichigo se alejara de ella, le hubiera dicho que sí después de escuchar la manera en que lo dijo, casi suplicante.

-¿A dónde va Ichigo?- Hinamori preguntó, volviendo con Matsumoto. También fue en ese momento cuando Ishida cortó la llamada y se unió a ellas para presenciar como se llevaban a su amigo.

-Creo que van a interrogarlo- Orihime respondió, imitando el tono de voz del detective Ulquiorra. Ichigo Kurosaki era el único hombre al que había amado y por primera vez no estaba segura de lo sentía por él, mientras lo veía partir. Había llegado a su límite por ese día.

-Es una locura pensar que lo hizo él- Matsumoto salió a la defensiva, dándose un segundo aire- Es como decir que tú lo hiciste, simplemente no tiene sentido- mencionó, levantando los brazos indignada y dándose la vuelta para marcarle por milésima vez en la noche a su ausente novio.

Este capítulo de redención quedo más largo que el camino de la serpiente. El motivo por el cual no puse agradecimientos en esta vez fue porque no estaba segura si las personas que comentaron vayan a leerlo. Ya saben, por todo el tiempo que paso y las posibilidades tan remotas.