Deidara cayó al suelo, deslizándose por la pared de la roca. El dolor le impedía continuar en pie. Ya no sentía sus piernas, y le era imposible continuar haciendo fuerza con ellas. No existía nada salvo el dolor.

Su cabeza se apoyó en el suelo. Respiraba con mucha dificultad, pero ni siquiera la sensación de ahogo le parecía real. Hizo esfuerzos por permanecer consciente, con su cerebro en funcionamiento, pese a que éste insistía en desactivarse para huir de aquel horror.

El rubio se concentró en mantener sus ojos abiertos y no dejarse arrastrar por la apetecible oscuridad que le aseguraría el descanso. No iba a arriesgarse a morir de esa manera tan patética. Logró girar y colocarse mirando al techo. Insoportables punzadas se extendían desde su vientre, por todo su cuerpo.

¿Había llegado ya el momento de dejar al ser de su interior salir? Aún deberían faltar dos semanas. Pero aquel dolor parecía querer hacerle saber que el niño no estaba dispuesto a esperarlas.

Parpadeó un par de veces para intentar despejarse. Tenía que pensar. ¿Cómo se suponía que iba él a dar a luz? Su cuerpo había desarrollado una estructura para dar cobijo a un feto, pero no parecía haber tenido en cuenta el momento en el que él tuviera que abrirse paso al exterior. ¡Él no era una mujer!

Cuando un nuevo espasmo volvió a recorrerle y la realidad se desvaneció por un momento, decidió que no tenía tiempo para esas cosas. Metió la mano entre sus ropas y extrajo un kunai. Le daba igual lo que ocurriera a continuación, pero quería librarse de aquello ya.

Se alzó como pudo apoyándose sobre un codo. El volumen de su embarazo no le permitía adoptar todas las posturas que hubiera deseado, pero no era una buena situación para dejar que nada le limitara. Apretó los dientes y, usando el brazo que tenía libre, clavó la punta del kunai en la parte baja de su propio vientre. Los riesgos que pudieran correr él o el niño le importaban poco. Se dejó llevar completamente por lo que su instinto le decía: que era necesario que le dejara salir de allí.

Poco a poco, extendió el corte hacia arriba, rasgando también la camiseta. La sangre comenzó a caer por sus costados, ensuciándole y bañando el suelo, y él empezó a sentirse cada vez más mareado por la falta de la misma. Y, aún así, hizo esfuerzos por seguir adelante.

Se tumbó en el suelo y empezó a abrir su herida él mismo, con las dos manos. Todo se estaba volviendo oscuro lentamente. Sentía calor. Su mente dejó de responder.

-¡Aguanta, senpai!-oyó.

Deidara no pudo evitar sonreír irónicamente. ¿Iba a morir y sólo era capaz de imaginarse la voz de Tobi?

Habiendo agotado su resistencia, se sumió en la inconsciencia.

#

Un llanto. Un llanto fuerte. Un llanto fuerte y muy molesto. Deidara podía oírlo resonar dentro de él, haciendo que su dolorida cabeza estuviera a punto de resquebrajarse. Los músculos de su cara se movieron levemente, y le hicieron fruncir el ceño sin que él apenas fuera consciente de ello. Un montón de preguntas se empezaron a agolpar en su aún atontado cerebro, que no podía dar más respuesta que un vacío. No sabía ni quién era, ni dónde estaba, ni qué hacía allí.

Tardó aún unos segundos en empezar a recordar. Lentamente, las imágenes volvieron a su mente. La cueva, el dolor, el kunai.

¿Se suponía que aún estaba vivo?

Haciendo un inmenso esfuerzo, abrió los ojos un poco, agradeciendo que todo estuviera oscuro. Luego, se dio cuenta de que, en realidad, tenía un paño colocado sobre ellos. Eso no lo recordaba.

El llanto había desaparecido.

Deidara intentó poner todo en orden, ya que había demasiadas cosas que no encajaban. Quien lloraba debía de ser su hijo. Pero él no se acordaba de haberle visto nacer. Tampoco de haberse curado y era obvio que alguien se había encargado de ello, ya que, si no, él no estaría ahí ahora mismo planteándose todas esas cosas.

Quien fuera, debía de ser la misma persona que acababa de hacer que el bebé se callara.

Él había escuchado una voz antes de desmayarse.

Pero no podía ser…

-¿Deidara-senpai?

Él.

El rubio, haciendo caso omiso del hecho de que hubiera estado al borde de la muerte y de que aún estaba gravemente herido, alzó rápidamente la mano para quitarse de encima aquello que no le permitía ver.

La luz le cegó y le hizo empezar a llorar, pero no le importó. Con lo poco que divisaba le era más que suficiente. Delante de él había una figura vestida de negro con una máscara de color naranja.

Imposible. Aquello debía de ser un sueño.

Pero el dolor era real.

-¿Tobi?-preguntó, incrédulo.

-Sí, soy yo.-respondió el otro.

Deidara volvió a girar la vista hacia el techo y cerró los ojos de nuevo, sin poder asimilarlo aún. ¿Qué hacía Tobi allí? ¿Cómo le había encontrado? ¿Qué había pasado?

El artista gruñó cuando un centenar de pensamientos se empezaron a agolpar, haciendo que su cabeza diera vueltas.

-¿Necesitas algo, senpai?

Deidara volvió a abrir sus párpados para mirarle, pudiendo observarle con más nitidez esta vez. Y, sin embargo, se arrepintió de haberlo hecho cuando le descubrió con un bulto entre los brazos, apoyado contra su pecho, envuelto en un trozo de tela. Su hijo.

-Explicaciones-murmuró el rubio-. Necesito explicaciones, hmm. ¿Cómo has llegado hasta aquí?

-¡Oh! Eso. No me vas a creer, pero tu anillo me lo dijo. Se le pedí a Itachi-san cuando te fuiste. Supongo que el anillo es lo que usa el líder para localizarnos. Pero el tuyo logró encontrarte a ti. Vine en cuanto tuve oportunidad. Y parece que llegué justo a tiempo. ¡Me has dado un buen susto, senpai! Supongo que, después de todo, no engordaste por comer demasiado.

Deidara bufó, pero no dijo nada. Parecía que Tobi no cambiaría nunca. Por otro lado, ¿los anillos hablaban? Sabía que era un objeto importante dentro de la organización, pero nunca pensó que tendrían ese tipo de poder.

Aunque ahora eso ya daba lo mismo.

-¿Me has curado tú?-preguntó.

-Sí. Te reanimé y me encargué de la herida. Estuvo muy cerca, senpai.

El aludido apartó la vista.

-Yo ya no soy tu senpai, Tobi.

Y pensar que al final era él quien le había salvado… Aquello debería haber supuesto un golpe para su orgullo. Y, sin embargo, no lo fue tanto. En el fondo, nunca había considerado a Tobi tan patético como solía decir que era y él le acababa de demostrar que le era leal.

-Senpai siempre será senpai-respondió él-. Aunque no me hayas contado nada de esto. En Akatsuki están un poco alterados, ¿sabes?

Deidara estuvo a punto de reír. ¿"Un poco alterados"?

-Me lo puedo suponer, hmm.

De pronto, Tobi se agachó a su lado. Sin que el otro pudiera hacer nada por evitarlo, le puso al bebé sobre su pecho. Estaba dormido.

-¿Qué…?

-Es un niño.-fue lo único que dijo.

Deidara observó fijamente al pequeño, sin saber qué debía hacer. ¿Aquella diminuta cosa era la que tantos problemas le había dado? Costaba creerlo. De forma automática, alzó uno de sus brazos y lo rodeó con él, sujetándolo para que no se cayera. Iba a tener que ir acostumbrándose a ese tipo de cosas.

Cuando alzó la vista, descubrió que su antiguo compañero ya se estaba preparando para irse. Debía volver.

-Tobi…

-No te preocupes, senpai, no diré nada. Puedes estar tranquilo. Únicamente…-se giró hacia él-¿Quieres que le dé la noticia a Itachi-san?

Los ojos de Deidara se abrieron levemente ante la sorpresa. ¿Cómo sabía Tobi…? Luego pensó que, en las condiciones en las que había ocurrido todo, era lógico suponer que Itachi estaba relacionado.

Sonrió ligeramente.

-Sí, díselo-respondió, deseando que él supiera que ambos seguían vivos y que aún no se había librado de ellos-. Y, Tobi…

El aludido se detuvo ya en la entrada.

-¿Sí?

-Gracias.

#

Itachi observó cómo su maestro se aparecía a su lado, mientras se disponía a volver a la base después de una misión a la que había tenido que ir solo. Ésta había sido de espionaje, por lo que había resultado más seguro enviar a uno; además de que Kisame y su gran espada nunca pasaban de forma desapercibida. Sin embargo, Itachi era alguien discreto y fácil de olvidar, perfecto para ese tipo de cometidos.

-¿Cómo ha ido?-quiso saber Madara.

-Bien.

-Por supuesto. No me esperaba menos de ti.-respondió el otro, imitando deliberadamente al fallecido padre del otro moreno.

Itachi no hizo ningún comentario al respecto y continuó caminando en silencio. Sin embargo, su mentor pronto volvió a reclamar su atención. Y lo que oyó le hizo detenerse en seco.

-Por cierto, Deidara ya ha tenido a tu hijo. Es un chico. Ambos están bien, aunque Deidara ha estado a punto de morir.

¿A punto de morir? Itachi miró a Madara un momento, sin mostrar su preocupación en su cara. Él no debía saber que Deidara le importaba. Ya había empezado a poner en marcha lo necesario para descubrir su paradero, pero debía hacer lo posible por ocultárselo al hombre por el momento. Aunque en su interior sintiera la necesidad de salir corriendo hacia donde fuera que estaba el rubio.

-Supongo que aún era pronto para dejarle morir. Aún le necesitas para que se haga cargo del niño.-dijo, impasible.

-Parece que sigues molesto por el hecho de que no te mencionara lo del embarazo. Es para beneficio de ambos. Además, permíteme recordarte que tú disfrutaste con tu parte del trabajo.

-No estoy molesto, sensei.

Ésa era su relación. Una mentira detrás de otra, excepto cuando era la verdad la única capaz de mantener al otro cegado. Itachi había aprendido muy bien de las lecciones de su maestro.

#

Ya habían pasado varios meses desde que Madara le diera aquella noticia a Itachi. En Akatsuki, completamente ajenos a aquello, habían seguido con la búsqueda de los bijuus, siendo únicamente dos los que faltaban.

Sin embargo, últimamente moverse se estaba volviendo más difícil para la organización. Todos parecían estar alerta de sus planes. Los miembros eran a veces sorprendidos por ANBU o por la policía de las villas y se veían obligados mantener duros enfrentamientos, o huir.

El líder no tardó en hacer un llamamiento. Itachi y Tobi, los únicos físicamente presentes, fueron los primeros en llegar, mientras que el resto hicieron aparición en su forma virtual en la sala de siempre, que había vuelto a ser utilizable desde que habían acabado de reconstruir la base, hacía poco.

El hombre de pelo puntiagudo no se anduvo con ningún tipo de rodeo.

-Se ha filtrado información sobre Akatsuki a varios países-dijo-. Tendréis que moveros con cuidado a partir de ahora. Además, cada uno de vosotros deberá mantener bajo vigilancia a su compañero, para asegurarse de que no hay un traidor dentro de la organización.

Todos se quedaron en silencio, sin que ninguno de ellos se atreviera a hablar. No pensaban que hubiera un chivato dentro de la organización. Las sospechas que pasaban por sus cabezas eran obvias.

Deidara.

Él se había ido hacía aproximadamente siete meses y de forma muy poco amistosa. En ese periodo había podido tener tiempo para asegurarse un refugio en algún lugar e ingeniar alguna forma de contar todo lo que supiera de la organización sin exponerse él, a través de un intermediario, o algo parecido.

El líder, consciente de ello, tomó la palabra de nuevo.

-Hace no tanto, uno de vuestros compañeros decidió abandonar Akatsuki y es probable que él sea quien está detrás de esto. Ya que, por el momento, seguir con nuestros planes resulta imposible, nos centraremos ahora en buscar a Deidara y eliminarlo.

Madara giró la cabeza para dirigir el orificio de su máscara hacia Itachi. Éste continuaba completamente inalterable, como si no hubiera oído nada. Y, de pronto, empezó a hablar:

-Si queremos encontrar a Deidara, será necesario ser bastante precisos a la hora de buscar, ya que es alguien que puede huir fácilmente por el aire. Por ello, sugiero que nos movamos en parejas.

Todos se volvieron hacia él. Pocas eran las ocasiones en las que tenían la oportunidad de oírle. Kisame esbozó una sonrisa. Parecía que su compañero estaba motivado. Después de todo, no le habría sentado muy bien que casi le hicieran estallar junto con el resto de la base.

-¿Hemos de suponer que tienes idea de dónde buscar, Itachi?-quiso saber el líder.

-Las posibilidades no son demasiadas. Deidara entró en Akatsuki siendo joven, por lo que no tuvo ocasión de conocer mucho más que su propio país y, aún dentro de él, se limitaría a algunas zonas. Una vez que se unió a la organización, no hubo un sitio por el que mostrara especial predilección, ni en el que pasara un tiempo más largo del habitual. Por ello, es probable que haya decidido esconderse en su país de origen, sabiendo que cuenta con una cierta ventaja. A su vez, habrá intentado escoger un sitio no muy cercano a su villa, pero en el que, aún así, se sienta cómodo. Hay una cordillera al oeste del País de la Tierra que resultaría un buen cobijo para aquel que lo esté buscando-Itachi se detuvo unos segundos y una apenas perceptible sonrisa apareció en sus labios-. Pero, por supuesto, puedo estar equivocado. Resultaría oportuno que su antiguo compañero me corrigiera en caso de tener una opinión diferente.

Las miradas se dirigieron ahora a Tobi. Por debajo de la máscara, Madara aún tenía la suya posada en Itachi, sin acabar de creerse lo que acababa de oír. Primero, el hecho de que pareciera tan interesado en que Akatsuki diera con Deidara. Y, segundo, aunque no hubiera podido ser completamente exacto, que hubiera acertado con la localización del rubio.

Aquello se ponía interesante.

Alzó las manos, hablando como Tobi.

-No tengo nada más que agregar. Buen trabajo, Itachi-san.

El líder se dirigió a Hidan Y Kakuzu.

-Ahora mismo, sois los únicos que estáis con vuestra pareja de trabajo, ya que Kisame ha tenido que ir a una misión y aún tardará unos días en reunirse con Itachi. Además, no os encontráis lejos del lugar mencionado por él. Moveos hacia allí. Vuestro objetivo es aseguraros de que no más información sea filtrada y matar a Deidara en caso de dar con él.

-Nosotros nos hacemos cargo-dijo Hidan, entusiasmado-. Jashin-sama estará muy orgulloso de mí por ofrecerle un sacrificio así.

Tanto su imagen como la de Kakuzu se desvanecieron.

-Vaya, Deidara me da incluso pena. Era bastante enérgico, me caía bien. Es una lástima-comentó Kisame, enseñando sus puntiagudos dientes al sonreír-. En fin, llegaré lo antes posible, Itachi-san.

El holograma del hombre también desapareció, seguido de los de Zetsu, Pein y Konan, quienes ya no tenían nada más que añadir.

Madara e Itachi se quedaron a solas.

-Buena jugada, Itachi-reconoció el primero -. Pero creo que has dejado cabos sueltos al tener que hacerlo tan precipitadamente.

La reunión y la sorprendente participación del más joven le habían servido para adivinar sus intenciones y cómo pretendía llevar a cabo todo. Y sus métodos, como siempre, lograban impresionarle.

-Puede ser-admitió el otro fríamente-. ¿Dónde están?

El de la máscara se acercó a él. Itachi siempre había sido una persona de pocas palabras y, por ello, se caracterizaba por ser extremadamente directo. Ya había hecho la pregunta cuya ansiada respuesta era la que le había llevado a organizar todo aquello.

-No tan rápido, Itachi. No pretenderás que te vaya a ayudar tan fácilmente cuando has sido tú quien ha filtrado información sobre mi organización y acaba de alterar mis planes-dijo con voz suave-. Deberías ser consciente de que esa clase de imprevistos no suelen ser de mi agrado. Así que vas a tener que convencerme. Y responder a algunas cuestiones que me mantienen intrigado.

-Claro. De cualquier modo, recuerda que el tiempo apremia para los dos, sensei.

-No, Itachi. Ése es el cabo suelto que has dejado. Yo puedo controlar el espacio y el tiempo. Yo podría presentarme casi al instante ante Deidara, si lo quisiera.

-Pero ambos preferimos que eso no ocurra de ese modo.

El de la máscara torció la cabeza ante las palabras de Itachi.

-Es cierto. Por ello, vamos a comenzar. Y no hay mejor manera de hacerlo que por el principio, el momento en el que tú, durante aquella misión en solitario, hipnotizaste a alguien para que, un tiempo después, empezara a dar a diferentes países datos que tú mismo le transmitiste sobre la organización, lo cual, por cierto, me indica que planeaste esto hace ya bastante. No me constaba que pudieras usar genjutsu permanente y mantener a alguien bajo él. No es tu estilo.

Los labios de Itachi volvieron a curvarse ligeramente por segunda vez aquel día.

-Juzgas cuál es mi estilo de la misma manera que juzgaste cuáles eran mis capacidades, sensei. Y has resultado estar en un error en ambas ocasiones.

-Pero aún así he acertado al adivinar que habías sido tú-siguió Madara-. Querías hacernos pensar que Deidara había decidido tomarse su pequeña venganza contra Akatsuki. De ese modo, lograrías despertar el interés por ir en su búsqueda. Además, teniendo en cuenta el crecimiento de la seguridad rodeando a los Jinchuurikis que tú mismo has provocado, sabías que no iba a haber nada que distrajera a la organización de dedicarse a la localización de Deidara.

Itachi asintió.

-Discúlpame, sensei-dijo con expresión gélida-. Permíteme que te dé todas las explicaciones que necesitas.

De nuevo, totalmente directo.

-Por supuesto.

El más mayor se apoyó en una pared cercana, escuchando con atención, mientras Itachi hablaba.

-Mi intención era provocar que el único interés de Akatsuki, por el momento, fuera deshacerse de Deidara. Siendo así, en caso de que tú te negaras a ello, aunque tus motivaciones no fueran cuestionadas, provocarías sospechas de que ocultas algo relacionado con él. Debido a que prefieres que eso no ocurra, tendrías que permitir que alguien fuera a por él, siendo los más adecuados Kakuzu y Hidan. Por supuesto, lo que deseo es que, ante la posibilidad de que ellos encuentren a Deidara y, con él, al niño, y maten a ambos; decidas que darme su localización exacta es lo más prudente.

Madara hizo un gesto de asentimiento con la cabeza. Como maestro, tenía que hacer saber a su alumno que iba bien encaminado. Incluso cuando sus lecciones se basaban en trampas, engaños y desconfianza. Desde luego, Itachi era un buen aprendiz.

-¿Pero por qué no hacerlo de manera que Kisame y tú fuerais los enviados?-quiso saber-O tú solo. Además, ¿qué te hace pensar que yo no voy a hacer nada al respecto?

-No puedo permitir que Kisame tenga conocimiento de nada de esto. E ir en solitario me dejaría expuesto a que tú intentaras detenerme. Del modo en el que está transcurriendo ahora, cualquier movimiento por tu parte te descubriría ante los miembros de Akatsuki y, por el momento, estás más interesado en mantener tu identidad oculta, de la misma manera en la que te interesa que nadie tenga conocimiento de que un Uchiha más ha nacido.

Así que realmente, el hecho de que todo eso hubiera ocurrido cuando Kisame no estaba allí no era casual para nada, de igual modo que la actual posición del resto de los componentes de la organización.

Por otro lado, estaban aquellas deducciones que el Itachi había hecho sobre él. Decidió preguntar por ellas.

-Interesante teoría. Pero fuiste tú quien hizo que Deidara se fuera, no yo. ¿Por qué estás tan seguro de que me importa que nadie descubra lo del niño? También podría asumir que mi identidad saliera a la luz.

Itachi continuó inmóvil e inexpresivo mientras contestaba a todo. No era la primera vez en la que él le ponía a prueba con conversaciones de ese tipo. Y había aprendido que lo mejor era no defraudarle.

-Tú supusiste correctamente que, cuando yo tuviera conocimiento sobre mi hijo, haría que Deidara se fuera, por lo que no te fue necesario provocarlo tú mismo. El nuevo Uchiha entra dentro de los planes que tú tienes fuera de Akatsuki y prefieres seguir manteniendo ambas cosas por separado. Asimismo, aunque podrías descubrirte ante los demás, te sería mucho menos problemático dejarme ir a mí. Me encargaré de que no encuentren al bebé.

-Ya veo. Así que quieres que te diga el sitio exacto donde están, presionándome con el hecho de que tus compañeros ya estén yendo hacia allí y corra el riesgo de que den con él. Has deducido más que correctamente la zona en la que están, pero, por supuesto, prefieres evitarte la búsqueda.

-Tú usaste su anillo para dar con él e ir.

Una amplia sonrisa se dibujó en la cara de Madara que, debido a la máscara, Itachi no pudo ver.

-Impresionante. Ni siquiera Pein ha podido adivinar que los anillos son capaces de localizar a un dueño reciente. Él cree que sólo son útiles si alguien los lleva puestos.

-Te apresuraste demasiado en pedírmelo, sensei. No fue complicado llegar a la conclusión de que lo necesitabas para algo. Y me lo acabas de confirmar.

El de la máscara se alejó de la pared, para ir hasta Itachi. Bruscamente, alzó una mano para sujetarle del cuello, obligándole a que le mirara, y usó un tono algo amenazante para decir:

-Está bien. Irás, aunque no acabo de comprender que es lo que te ha llevado a preparar todo esto. Te has asegurado de que yo no pueda intervenir. Tengo la impresión de que vas a cometer una estupidez poco propia de ti.

-Tengo mis propios intereses hacia ese bebé.-respondió el otro, sin inmutarse.

Aún agarrándole, Madara se acercó algo más a su cara, advirtiéndole con voz calmada:

-Atente a las consecuencias de tus actos, Itachi.