Veinte minutos atrás en el tiempo, cuando los chicos estaban ocultándose en el baño contando sus anécdotas de terror, las chicas platicaban en el salón….

-De acuerdo, hay que admitirlo…-

La voz suave de Alvida resonó en los oídos de todas las demás. La miraban con atención, unas cuantas cabizbajas, con las mejillas coloradas de vergüenza y otras negando con la cabeza mientras susurraban " ¿Pero qué hemos hecho?"

Alvida trataba de mantenerse en alto, ignorando con esfuerzo cualquier ridiculez que hubiese cometido en su ataque de calentura. Por el momento, solo había que esperar y tratar de evitarse mas situaciones embarazosas. Soltó un suspiro quedo y levanta la mirada hacia sus compañeras.

-… nos dejamos llevar, todas nosotras. No hay de qué avergonzarse-

-Si claro, para ti es fácil decirlo. Tú no fuiste quien persiguió a Enel y le dio besucones… Oh, caray, ¿pero en que estaba pensando?- dijo Conis, con el rostro enterrado en sus manos. Sus orejas estaban tan rojas como un tomate y su vergüenza era tal que no se atrevía a mirar a las demás. Lo que no entendía era, efectivamente, el por qué había actuado de esa forma. Enel no le agradaba, lo consideraba un entrometido engreído con el ego más grande que sus orejas, pero aun así algo había ocurrido en la mañana, algo que hizo que de repente lo encontrara… irresistiblemente atractivo. –Creo que me estoy volviendo loca- agrego con un suspiro, aceptando su destino de ser una chica que de la nada se enamoraría de chicos creídos y chismosos para toda la eternidad. No había nacido bajo una estrella de buena suerte, por lo visto.

-¡Ay, pero yo que vergüenza!- chillo repentinamente Keimi, cubriendo su boca con una mano y con un gesto de angustia en el rostro – De seguro Luffy ya no va a querer hablar conmigo de nuevo, ha de creer que soy una acosadora criticona. ¿Y con qué cara voy a decirle a Hachi lo que ocurrió, eh? ¿Con que cara? –

-Pues con la que tienes, ni modo que te la quites- respondió Goldenweek encogiéndose de hombros, como si esa pregunta fuera o muy mal planteada o simplemente muy estúpida.

Keimi la miro con reproche, pero no pudo decir nada debido a la vergüenza que sentía. Afortunadamente, Hancock salió a su auxilio.

-Miren a esta descarada. A ti no te da vergüenza la forma en que te comportaste con Crocodile y Galdino, ¿o si? Te les aventabas encima como leona en plena caza. Eso no es nada aceptable, pero que se puede esperar de una pintora sin clase…- informo Hancock a las chicas. Muchas soltaron un murmullo de cuchicheos incomprensible que detonaba desaprobación…y un poco de risas.

- Si bueno, como sea- dijo Goldenweek indiferente, sin expresión en su rostro – Al menos a mi no me confunden con un payaso vestido para Halloween-

Esa respuesta fue como un balde de agua fría para Hancock, cuya sonrisa se rompió en sus labios para transformarse en un horrible puchero. Un colectivo "Uuuhhhh" se origino (gracias a Alvida) ante tal afirmación. Nami trato de contener una carcajada, pero tampoco se esforzó tanto y termino por dejar escapar una risa decentemente audible, la cual Hancock detecto de inmediato, con sus ojos echando fuego y los dientes rechinando.

-Por favor, Nami, no se dé que te ríes si a ti Luffy te dijo exactamente lo mismo. Debiste ver la expresión de horror de sus ojos cuando te vio venir, con tus zapatos de abuela y tu camisa sacada de un ofertón navideño- gruño Hancock con malicia.

Nami dejo de reír de inmediato y se puso de pie de forma brusca y rápida. Hancock la imito al instante y las dos se acercaron hasta estar a menos de medio metro de distancia la una de la otra

El resto las miraba mientras murmuraban entre ellas, desde comentarios a especulaciones de si Nami en realidad había comprado su blusa en un oferton de navidad.

-Pues para mí que se la compró en una rebaja de primavera- dijo Goldenweek en voz alta – Porque yo tengo una igual y yo la conseguí allí el año pasado-

No era la intención de la chica aspirante a pintora ayudar a Hancock ni afectar a Nami, pero su comentario tuvo ese preciso efecto. Fue más del combustible necesario para la ración de insultos de Hancock.

-Anda, búrlate de mi ropa- permitió Nami con un movimiento de mano, para sorpresa de todas, incluso de Hancock – No hay problema, si quiero, puedo ahorrar un poco de dinero y permitirme, eventualmente, esas prendas tan caras que traes puestas tu encima, Hancock. Pero tú nunca te veras bien. Jamás, sin importar que ropa te pongas, porque aunque la changa se vista de seda, changa se queda-

Nami dio el toque final a sus palabras mirando lentamente de pies a cabeza a Hancock con descaro y sin ningún temor. Las chicas aplaudieron su respuesta con ímpetu y risas, esta vez ya no tan "discretas".

-Es gracioso porque es cierto – dijo Goldenweek con un sonrisa ligerísima en los labios, encogiéndose de nuevo de hombros. –Y ante la verdad, no hay que enfadarse, Hancock-

Pero Hancock no presto atención a sus compañeras ni por un instante. De un paso agresivo y fuerte, se acerco a Nami hasta casi quedar frente a frente. Todas las risas se detuvieron en ese momento. Robin y Vivi , presintiendo el peligro que corría su amiga, se levantaron velozmente de sus asientos. Margaret y Sandersonia reaccionaron igual a favor de Hancock.

Pero la chica de ojos azules no ataco a la chica de pelo naranja. Simplemente se quedaron viéndose fijamente a los ojos, con los ceños fruncidos y las bocas torcidas. No parpadeaban, y el efecto que se lograba era bastante intimidatorio.

-Se van a pelear en cualquier momento- noto Paula con los ojos muy abiertos y le dio un codazo a Valentine – Ponte abusada para que cuando se noqueen, tomemos sus tarjetas de crédito, que la que le quite a Crocodile ya la cancelaron-

-Mejor dicho, nos la acabamos – corrigió Valentine muy jovial viendo el anillo de 10 quilates brillar en su dedo que se había comprado gracias a esa tarjeta –Bueno, más bien tú te la acabaste por que yo solo me compre esta baratija-

-Y…y yo solo me compre un vestido….-

La conversación de las dos chicas se interrumpió por la palpable tensión que se había originado entre Nami y Hancock.

-No me asustas, Hancock- aseguro Nami con rudeza.

-Pero de seguro que tu cara si asusta a las ratas, Nami- dijo Hancock ferozmente.

-Que original eres, ¿te costó mucho pensar ese insulto, querida?- dijo Nami con el sarcasmo inundando su lengua.

Hancock dio un paso hacia enfrente, y Nami retrocedió un poco por instinto.

-Te crees muy lista- gruño Hancock.

Nami no se dejo vencer y fue ahora ella quien dio el paso hacia delante, haciendo que Hancock diera marcha atrás.

-Y si me creo ¿tú que harás? -le pregunto desafiante.

-Ah, ya veo…. Me gustaría verte tan atrevida una vez que Luffy sea mío – susurro Hancock, siseando como una víbora.

-Sobre mi cadáver, Boa- respondió Nami con seriedad, apretando los puños.

Hancock sintió la rudeza de la chica y estuvo a punto de dar otro paso atrás, pero se armo de valor y recupero terreno, volviendo a quedar empatada con Nami.

Todas las demás chicas contenían el aliento, estrujando sus manos del estrés y la expectativa. Sentían como sus latidos sonaban en sus gargantas, casi dificultando tragar saliva. Era una situación como pocas, y resultaba excesivamente…

-¿Saben? Si los chicos estuvieran aquí, de seguro empezarían a gritar "que se peleen pero en bikini, que se peleen pero en bikini"-

-¡GOLDENWEEK!- gritaron todas contra la ella.

-Pero eso harían- razono la chica pintora al ver que las demás la miraban con desesperacion y enojo, pero para evitar otro de sus comentarios, Viví le tapo la boca con una mano.

- Esa chica no sabe controlar su lengua- observo Nami, mirando a Goldenweek.

-Sí, y que lo digas- concordó Hancock, asintiendo amistosamente.

Por una milésima de segundo, el duelo se olvido solo para ser retomado casi de inmediato. Hubiera terminado en pelea tal vez, con varios tirones de cabellos, mordidas y una que otra bofetada si nofuera por el recién llegado que había entrado cuando todas estaban muy ocupadas gritándole a Goldenweek.

-Chicas, por lo que veo no se la están pasando de rositas entre ustedes- dijo la voz amanerada del profesor Ivankov.

Todas sus alumnas sintieron un escalofrió ante las inesperadas palabras del profesor. Nadie lo habia visto llegar, ni siquiera Hancock y Nami quienes estaban en el frente del salón.

-Pro-profesor- dijo Nami rápidamente, haciendo una pequeña reverencia.

-Podemos explicarlo- añadió Hancock, con mucha educación y sin rastro del la ferocidad que la había poseído hacia menos de un minuto – Nosotras solo estábamos, pues….-

Ivankov pidió silencio mostrando en alto la palma de su mano derecha. Estaba bastante serio, y Nami sintió que se había metido en un gran lio, pero en cuanto vio sonreír compresivamente al okama maestro, se tranquilizo profundamente. Las demás chicas soltaron un inaudible suspiro de alivio, y Goldenweek tuvo que pedirle permiso a Vivi de que la soltara.

-Oh, perdona- se disculpo Vivi, un poco tímida.

-No hay problema- dijo Goldenweek sin darle importancia al asunto –Solo que para la próxima, trata no asfixiarme-

Por su parte, Ivankov estaba bastante conmovido. Cuando a los chicos les había dado su fiebre de calentura, sabía que la cura perfecta era una educativa película (y un remedio aun mejor que el no conocía, eran las películas… eh, de adultos), pero con las chicas era un poco distinto.

No podía evitar una gran ternura de ver como las pequeñas estaban madurando, y sentía que era su obligación siendo su profesor, de darles unos cuantos consejos para conquistar sus presas… o en otras palabras, a los muchachos.

Pidió a sus estudiantes que le contaran todo lo que había ocurrido. Rio con ellas de ciertas historias, y la que más le hizo reír fue la de Lola y Absalom.

-Iba a pedirle matrimonio, pero se desmayo antes de que pudiera firmar los papales – platico Lola, un poco triste.

-Oi, no hay prisa Lola, un paso a la vez- recomendó Ivankov con dulzura. No le sorprendió ver que las chicas habían sido un tanto burdas en su trato con los chicos, era algo completamente natural.

-Pero también puedo darles unos cuantos consejos que harán que caigan rendidos a sus pies como arboles recién talados – anuncio Ivankov misterioso.

Sus palabras tuvieron el resultado esperado, porque a todas las mujeres se les iluminaron con chispas los ojos hasta que parecieron luceros deslumbrantes en la costa.

-¿En verdad puede?- preguntaron ilusionadas.

-Pues claro que puedo, pequeñas damas. Están hablando con nada menos que el profesor Ivankov, escritor de más de 500 libros sobre la interacción entre hombres y mujeres, técnicas de cortejeo , tipos de besos, formas de ser atractivo y varias novelas de sex…uhm, de temas variados. Y productor, escritor y director de cientos de películas educativas para adolecentes. Aplica restricciones, come frutas y verduras- dijo Ivankov como si estuviera dando más un comercial de televisión que un anuncio escolar.

Pero aquello fue un detalle sin importancia, porque las chicas estaban ahora muy entusiasmadas, y no tardaron en bombardear al profesor con miles de preguntas y peticiones de consejos.

-Oi, con calma – pidió el profesor- Ustedes solo guarden silencio y dejen que su querido profesor les transmita todo su conocimiento en el arte del coqueto y la conquista-.

Las chicas obedecieron y escucharon atentamente a todo lo que decía Ivankov. Aquella era una oportunidad de oro y mas valía no perdérsela ni un segundo.


-…y siempre dejen que el pague la cena, aunque el no haya comida nada. Oh, y no olviden que….-

Alguien toco la puerta e Ivankov se vio obligado a interrumpir su sesión de consejos por unos segundos. Al abrir, se encontró con que eran todos los muchachos de su salón. Había estado tan ocupado aconsejando, que no noto la ausencia de los chicos hasta ese instante.

-Si, pueden pasar, solo un segundo- dijo Ivankov al muchacho de pelo verde.

-Da igual - respondió Zoro.

Ivankov cerró la puerta unos momentos y guiño un ojo a sus alumnas.

-Chicas- les dijo – una dotación masculina a la orden. Apliquen bien lo que les he ensenado-.

Las chicas se prepararon. Unas se maquillaron y otras reían nerviosamente mientras Ivankov dejaba pasar a sus alumnos.

Nami se estaba arreglando el peinado cuando una bolita de papel cayó en su escritorio. Con curiosidad y precaución, la desdoblo y leyó su contendido.

"Que empiece la guerra, clienta de ofertones" decía la nota, con la inconfundible caligrafía cursiva de Hancock.

Nami sonrió, saco su bolígrafo de su estuche y escribió con letras firmes y decididas antes de volver a arrugar el papel y arrojársela de nueva a Hancock.

Lo que escribio fue lo siguiente :

"Morderás el polvo, payasa de Halloween"


Hola ,hola, como estan lectores? :D

Yo muy bien, y espero que ustedes tambien. Bueno, este cap iba a tratar ya del desastre que ocurriria con las chicas y los chicos en el salon, pero me parecio bueno escenificar la reaccion de las chicas de sus propios actos, je. Espero les guste :).

Agradezco a Carmen Tashio,ashira23,girlhatake95,orangestardestiny,Liolyn GingerNamy y NattyBezariusPhamtohiveotaku D por sus comentarios. Muchas gracias , en serio, es un gusto que les agrade la historia :)

!Gracias a todos por leer!