Capítulo 7.
La playa.
La primera semana de julio, Vegeta y toda su familia se cogieron quince días de vacaciones.
Al comienzo de la segunda quincena empezaban las fiestas de su ciudad y entonces no podrían permitirse irse de vacaciones.
Los primeros siete días Vegeta se marchó con su familia al norte, a visitar a unos parientes que tenían en Asturias, pero el martes de su segunda semana de vacaciones, Bulma recibió un mensaje suyo en el que le proponía que fueran a la playa al día siguiente.
Ella aceptó, pues no tenía planes. Durante la semana anterior había estado saliendo con Lázuli, bañándose en la piscina pública durante el día y disfrutando del descenso que experimentaban las temperaturas por la noche. Pero su amiga se había marchado a ver a su hermano y no volvería en varios días, así que no tenía planes. Además, tenía ganas de estar con Vegeta otra vez. Mentiría si dijera que no lo había echado de menos (a su cuerpo, por supuesto) durante la semana en que tuvo que conformarse con ver cuerpos esculturales en la piscina. Cuando una estaba soltera descubría que todos los tíos buenorros tenían novia. Aunque ella por suerte tenía a Vegeta, su folloamigo.
Así que el miércoles se vistió con su look más playero, cargó una nevera con comida y bebida, y se marchó con Vegeta.
—Qué moreno te has puesto —Le admiró en cuanto se montó en el coche.
—Es lo que tiene dejar de estar encerrado en un restaurante y salir a hacer marchas al aire libre —Replicó él, visiblemente feliz.
La música pop-rock los acompañó durante todo el trayecto hasta la costa.
—Esto es un parque natural —Bulma acababa de leer el aviso en un cartel marrón que había junto a la carretera por la que Vegeta había hecho girar el coche —. ¿A qué venimos a un parque natural?
—No me verás a mí en una playa masificada y llena de algas. Te va a gustar este sitio, ya lo verás.
Tras un rato de trayecto por un camino que parecía sacado de una película de miedo que transcurría en medio del desierto, aparcaron el coche a cierta distancia de la playa, entre unos pinos que apenas hacían sombraje. Sin coger ningún bártulo, se asomaron a ver la playa y el mar.
—¡Qué poca gente! —Se maravilló Bulma, que estaba acostumbrada a ir a playas mucho más concurridas. Una larga playa de arena clara se extendía frente a ellos con apenas seis sombrillas clavadas—. ¿Es que hay medusas o algo?
—¡Qué va! ¿Pero has visto cómo estaba el camino de tierra por el que hemos venido? Además, mucha gente prefiere otros tipos de playas, con chiringuitos y demás. Vamos, pongámonos crema y almorcemos antes de meternos al agua.
—¿Y si nos da un corte de digestión?
—Bah, eso no existe. Métete despacio y ya está. Vamos.
Vegeta le embadurnó la espalda y las piernas con crema, restregándole también el culo.
—Ahí no creo que me haga falta protección, ¿Eh? Pero si quieres seguir con tu masaje, por mí bien.
—¿Qué te hace pensar que no necesitarás crema en tu bonito culo?
—Llevo un bikini pequeño, pero no tanto.
—¿Y si te dijera que vamos a ir a una playa nudista? ¿Te escandalizarías?
Ella se giró para mirarlo.
—La gente de allí abajo iba en bañador.
Vegeta sonrió y cogió algo del maletero. Le mostró a Bulma una malla que contenía unas aletas y unas gafas con tubo.
—¿Vamos a ir buceando a algún sitio?
—Suenas asustada. No tienes por qué con ese cuerpazo que tienes a base de correr. Eso sí, yo iré detrás. Si con el pantaloncito de deporte ya estás para comerte, con el bañador…
Arrebatándole las aletas y las gafas, le dio un aletazo en la cabeza.
—Tú podrías haber venido más sexy —Atacó—. Mira que venirte con un bañador de flores.
—Voy a venir en boxers, marcando paquete.
—¿Y qué más da lo que marques o dejes de marcar si según tú vamos a acabar en bolas? —De pronto pareció ocurrírsele algo y entrecerró los ojos, cavilando—. A los tíos…
—¿Qué?
—Sin bañador os colgará.
—No, levita.
—¡Anda ya! Me refiero a que tiene que ser un espectáculo raro.
—¿No has visto ninguna picha colgando?
—En los documentales de tribus indígenas de África y el Amazonas. Pero en la vida real siempre las he pillado saludando…
—Anda, vamos, que te explico cómo funciona el tubo.
—Metértelo en la boca y respirar. Qué dificultad.
Pero los tubos que había traído Vegeta no eran los que uno encontraría en un todo a cien y tenían una salida de agua en la base del tubo que les permitía sumergirse para ver peces y rocas del fondo marino sin tener que preocuparse por si su respiradero se llenaba de agua o no.
Al salir a la superficie simplemente tenían que soplar y sin casi esfuerzo el agua salía disparada y ellos podían seguir respirando sin necesidad de sacar la cabeza. Y las aletas... ¡qué complicadas! Tuvo que entrar en el agua de espaldas para poder avanzar sin que sus nuevos pies de rana la hicieran caer.
La experiencia fue absolutamente increíble. El mar ese día estaba en calma y el agua estaba transparente, lo que les permitía avanzar paralelos a la costa, disfrutando de los arrecifes y bancos de peces que se escondían bajo el mar.
Había animalitos de todos los tamaños y colores, Bulma incluso vio una familia de caballitos de mar y una estrella de mar roja muy grande. Por seguridad, se mantuvieron a distancia de la costa cuando esta se transformaba en muros de piedra contra los que podrían chocar por culpa de las corrientes submarinas.
Vegeta le tocó el pie en una ocasión y cuando se giró para ver qué quería, vio que tenía una cámara entre las manos. Le tomó una instantánea bajo aquellas aguas cristalinas.
Bulma ya sentía sus tobillos algo doloridos por la fuerza inusitada que tenía que hacer con ellos cuando su compañero le indicó que se dirigieran hacia la costa. Cuando llegaron a una zona donde ya se hacía pie más que suficiente, Bulma se quitó las aletas y, parándose sobre la arena, se quitó también las gafas. Él la imitó y sonrió.
—¿Qué tal?
—¡Maravilloso!
Habían recalado en una pequeñísima playa desde la que tan solo podía accederse desde el mar, por lo que estaba desierta. Salieron hasta la orilla y se sentaron cerca del agua, de tal forma que las olas les lamieran los pies y las piernas. Él sacó de los bolsillos de su bañador un par de zumos y le tendió uno a Bulma. Mientras se los tomaban, ella preguntó:
—¿Y todo esto, submarinista?
—¿A qué te refieres?
—¿Por qué tienes equipación buena de buceo y una cámara acuática? Eres una caja de sorpresas.
—La verdad es que el equipo es de mi hermano Tarble y su novia, pero me encanta bucear aquí. Y diría que tú también lo estabas pasando en grande.
—Desde luego. Me ha encantado.
Se quedaron mirando el mar que se extendía ante ellos, en silencio, mientras daban sorbos a sus zumos a través de las pajitas. Tras unos minutos de relajado silencio, ella dijo:
—Podrías tener a cualquier chica, ¿Sabes?
—¿Qué?
—Eres un buen tío que hace cosas bonitas, como llevarme a un mirador en mitad de la noche para hacerme el amor a la luz de las estrellas o traerme a una cala de un parque natural. Podrías conquistar a cualquier chica y aun así pierdes el tiempo haciendo esas cosas para mí. ¿Por qué?
—¿Qué te hace pensar que no te quiero conquistar? —Preguntó él muy serio, y por un momento Bulma se asustó, aunque después una sonrisa burlona apareció en el rostro masculino, haciendo que ella se relajara.
—No, en serio. Eres el tipo de hombre del que cualquier chica se enamoraría.
—Del que cualquier chica como tú se enamoraría —Corrigió él.
—¿Qué quieres decir?
—Has dicho que el otro día te llevé a hacer el amor bajo las estrellas. Otras muchas chicas lo verían como que las llevé siendo noche cerrada a un sitio dejado de la mano de kami para hacerlo sobre una piedra dura. Y hoy… ¿Cuántas chicas no se habrían quejado a mitad de camino de que le dolían las piernas, que si estoy loco por llevarlas tan lejos…? Muchas preferirían quedarse tomando el sol en la playa que haber hecho el esfuerzo de venir hasta aquí.
—Tú te juntas con pijas, ¿No?
Él se encogió de hombros, mirando el horizonte. Transcurrieron un par de minutos hasta que Vegeta preguntó de pronto:
—Y si te gustan todas estas cosas, ¿Por qué no te estoy conquistando al hacerlas?
—¿Es que quieres conquistarme? Recuerda que el contrato…
—Contesta a mi pregunta.
Bulma lo miró durante unos segundos, contrariada, y después se giró para mirar el horizonte. Vegeta ya pensaba que no le contestaría hasta que de pronto:
—No creo en el amor.
—¿Por qué?
—Vaya pregunta más tonta, pues porque no.
Vegeta sabía que andaba sobre terreno resbaladizo, pero aun así insistió:
—Así que me dices hace un momento que cualquier chica se enamoraría de mí y después me dices que no crees en el amor. No tiene mucho sentido.
—El amor es solo una ilusión.
—El amor es, como mínimo, una reacción química de nuestro sistema. Existe, aunque no podamos medirlo ni verlo.
—El amor no es una reacción química —Ella, que hasta entonces no lo había mirado, posó sus ojos en él, desafiante —.El deseo es una reacción química. El enchochamiento quizá también lo sea. Pero el amor es… el amor no es nada porque no existe de verdad. Solo pensamos que lo hace.
—¿Qué te hizo Yamcha para que pienses así?
Él no se había andado por las ramas y Bulma se sintió instantáneamente furiosa con él.
—¿Y a ti qué te importa?
Fue a ponerse en pie rápidamente pero Vegeta la cogió por la muñeca e impidió que se levantara, obligándola a tumbarse sobre la arena. Se echó parcialmente sobre ella para evitar que intentara huir.
—¡Déjame en paz! No eres mi novio.
—No, soy tu amigo con derecho a roce y eso es precisamente lo que estoy haciendo: rozándote y siendo tu amigo. Cuéntamelo, te sentirás mejor.
Bulma intentó quitárselo de encima, pero era demasiado grande. Finalmente, refunfuñando, se quedó quieta y miró hacia otro lado. Él no se dio por vencido y aguardó; no estaba muy seguro de que su estrategia fuera a funcionar y se sintió profundamente aliviado cuando ella dijo en apenas un susurro:
—Cuando rompimos, me dijo que ni tan siquiera recordaba haberme amado alguna vez.
—Me dijiste que cuando lo dejasteis tú tampoco lo amabas —Respondió él, también en tono suave.
—Ya, pero yo al menos sí recuerdo el tiempo en que lo quería, los años en que fuimos felices. Y él ahora me dice que todo fue mentira, que jamás me amó. El muy cabrón me dijo que con dos meses que llevaba viéndose a escondidas con su nueva novia, había experimentado muchas más sensaciones que conmigo en siete años. ¿Cómo se atreve?
—Es un capullo.
—Pensar que todo fue una ilusión mía… —Los ojos se le estaban llenando de lágrimas.
—Eh, eh, eh. No llores. No por él. No fue una ilusión, ni una mentira. Si él no recuerda lo que sintió por ti, que se joda. Tú al menos disfrutaste de siete años de felicidad.
—De felicidad y de tragar mucha mierda por él, por una ilusión.
—Todos sufrimos en una relación. Hay momentos buenos y malos —Replicó él apartándole un mechón de pelo de la cara—. Cada cual decide con qué se queda. Él decidió quedarse solo con lo malo, o peor, con la nada. Espero que tú seas más lista.
—Lo odio.
—¿A Yamcha o al amor?
—Ambos.
—Bueno, mientras odies el amor, quiere decir que existe.
Ella frunció el ceño y la expresión que adquirió su rostro hizo que Vegeta se riera. Le dio un toquecito en la nariz y se apartó de ella, girándose hacia el mar y permitiéndole de nuevo que se moviera. Aun así, ella se quedó tumbada sobre la arena.
—¿Y cuál es tu excusa? —Interrogó de pronto—. Si crees en el amor, ¿por qué no lo buscas? ¿Por qué no te has traído al futuro amor de tu vida a esta playa remota?
—No lo busco porque ya lo encontré —Inconscientemente, hizo una pausa dramática—. Y no fue ni es correspondido.
—¿Seguro? Quizá si insistes le ablandes el corazón.
Pese a que le daba la espalda, Bulma pudo ver que se encogía de hombros negando suavemente con la cabeza, mostrando su desacuerdo.
—Bueno, míralo por el lado bueno, si no es correspondido no puede ser el amor de tu vida.
Se quedaron en silencio durante largo rato, cada uno sumido en sus propios pensamientos, hasta que de pronto Vegeta sintió el dedo de Bulma haciendo círculos sobre su espalda. Se giró para mirarla y vio que ella se había quitado la parte de arriba del bikini y la de abajo se la había desatado. Sonrió, animado de pronto, y se volteó completamente hacia ella.
—En estos momentos estoy teniendo una seria reacción química…
Bulma rió y lo acogió entre sus brazos, acariciando su espalda. Sería la primera vez que lo hacía en la playa, con el agua rozando sus pies y el sol bañando su cuerpo desnudo. Entre sus piernas, Vegeta no tardó en estar listo para entrar en ella, aunque antes de hacerlo sacó de su bolsillo derecho un preservativo.
—Mejor que el bolso de Mary Poppins —Bromeó ella.
Vegeta la silenció con un profundo beso a la vez que, muy lentamente, se deslizaba en su interior.
En aquella ocasión, la poseyó de manera pausada y relajada, siguiendo el ritmo de las olas, hacia adelante y hacia atrás. Ella, sin llegar a enroscar las piernas a su alrededor, jugaba con la posición de sus extremidades inferiores y movía las caderas para acompasarlas con las penetraciones de él. El ritmo sostenido se convirtió en embates conforme se fue acercando el clímax y ambos llegaron al orgasmo a la vez entre jadeos.
A falta de amor, buenas eran las reacciones químicas de otro tipo.
Holu :) Subí el capítulo hoy porque no sé hasta cuando vuelva a temer tiempo D: Pero ya falta poco para acabar.
De cualquier modo review son bienvenidos.
Un beso ¡CHAO! :*
