¡Perdón por los errores de ortografía! Trato de corregir la mayoría, pero algunos no los veo… o escribí esa parte ya muy al final que ni me fije. Lo siento :'v
Capítulo nuevo antes de una semana XD milagro :v. Bueno, creo que cada vez se alargan un poco más los capítulos, espero no les importe. También quería decir que este podría decirse que tiene ahora si multiparing. Además de que como en cierta parte van a pasar como que varias cosas más o menos al mismo tiempo los "~*~" son para avisar que se va a cambiar de personajes o de punto de vista o algo así. (Me arrepiento a veces de haber tratado de hacer un fic largo DX)
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Hidekaz Himaruya (¿Hace cuanto que no pongo eso DX?)
3 semanas antes del accidente.
A Berwarld no le agradaba la idea de mudarse, y odio con toda su alma tener que cambiarse. Se cuestionaba tantas veces si valía la pena dejar su vida por el deporte que amaba, hasta el grado de cuestionar si realmente lo amaba.
2 semanas antes del accidente.
El otro niño era energía pura, corría para todos lados y alcanzaba altas velocidades con poco impulso. Se acercaba a Berwarld, trataba de hacerlo hablar y de ser posible, mostrar alguna expresión, incluso si solo era enojo, por qué se burlaba constantemente de él por qué era más lento.
Horas antes del accidente.
Eran las 6, el entrenamiento había terminado por ese día. Mathias hablaba animadamente con él entrenador, sobre algunas cosas de estilo libre y trucos. Había sido el primer día de Berwarld en su nueva escuela, no hablo con nadie y las pocas palabras que dijo le causaron que varios se burlaran de él por su acento. Tal vez fue por eso... O sólo fue un intento de socialización.
—Mathias... —Tanto el entrenador como el aludido, voltearon asombrados, el pequeño sueco no había dicho palabra desde que había llegado.
—¿Si, Ber que quieres? —Alegremente el otro niño se acercó.
—Hagamos una carrera —El joven danés estaba un poco desconcertado. Llevaba diciéndole lo mismo al otro desde que descubrió que era más rápido que él. De igual manera acepto gustoso, le tenía cierto aprecio al menor, eran compañeros en el deporte y tenían casi la misma edad.
El entrenador les dijo que no había problema, que ya eran grandes y que no era la primera vez que andaban solos por ahí, así que tomaron sus cosas y se subieron en el teleférico para llegar a la cima. Mathias habla de cosas sin importancia, con su espíritu competitivo burbujeandole dentro. Berwarld lo ignoraba, concentrado en vencerlo, y desquitar su enojo y resentimiento en la bajada. Se colocaron detrás de una línea trazada burdamente por ellos mismos en la nieve. Y a la cuneta de tres comenzaron el descenso.
Y ahí fue cuando sucedió.
El danés tomaba la delantera, iba sustancialmente más rápido que el otro. El sueco estaba tan ensimismado en sus pensamientos, tratando de conversarse que esto valía la pena, que no importaba lo demás mientras pudiera seguir sintiendo la velocidad, la nieve bajo sus pies, el sonido del viento en sus oídos, tan concentrado estaba en eso, que se le olvidó dar vuelta. Escucho a lo lejos un grito "¡Berwarld! ¿¡Qué estás haciendo!?" Se estaba dirigiendo a una zona de salto, un lugar al que sólo iban los profesionales o los locos. Pensó en detenerse, más el miedo le impedía moverse o girar. Iba a caer.
Por otro lado Mathias dio una vuelta brusca, casi perdiendo el equilibrio. Aceleró lo más que pudo, debía alcanzar al otro antes de la caída, a esa altura terminaría gravemente lesionado, y si no se movía podía incluso morir, debido a la posición en la que se estrellaría. De ahí todo fue rápido y lento a la vez. Mathias alzó la mano y sujeto del brazo a Berwarld, tiro hacia atrás con todas sus fuerzas, pero fue demasiado tarde, la inercia y velocidad que llevaban ambos le impidió parar. Dejaron de sentir el suelo, estaban cayendo; y en un instinto, al ver la cara de terror del más pequeño, el más grande rodeó su cuerpo con el suyo, con esperanza de absorber el impacto. En el momento del choque, la pierna izquierda del danés golpeó primero, en una mala posición, luego recibió la carga de dos cuerpos en caída libre. La pierna se rompió, no hubo manera de que no lo hiciera.
Berwald no vio nada por instantes, al ver el abismo abriéndose ante sus pies. Luego de eso, todo fue borroso. Hasta que sintió el impacto, contra algo, infinitamente más blando que la nieve. Y escuchó el sonido, como de una gran rama quebrarse. Luego un grito de dolor, seguido de gemidos de agonía. Volteo y sólo vio sangre, mucha sangre tiñendo la nieve lentamente, rojo sobre blanco.
—Ber... ¿Estás herido? —Una voz débil silencio por segundo los sonidos de ó con la cabeza frenéticamente, estaba algo adolorido, por la caída, pero no sentía nada grave.— Ve por ayuda... Por favor.
Mathias sudaba, todo su cuerpo estaba rígido, y parecía tener problemas para respirar. Luchaba contra el dolor inaguantable de su pierna, con un pequeño vistazo logró ver su hueso, atravesaba la piel y relucía en la superficie. Lagrimas recorrían su rostro, estaba sufriendo. Y el pequeño sueco no se movía.
—No puedo dejarte así —Reclamaba llorando, en su mente se acumulaban mil imágenes... ¿Y se iba y al regresar... Al regresar... No quería pensarlo. Las respiraciones entrecortadas del otro lo asustaban. Entró en pánico, no sabía qué hacer, no podía moverse, sentía que se le iba el aire.
Lo siguiente lo recordaba perfectamente, una imagen nítida que se quedó grabada en su cerebro para siempre. Mathias movió su mano, lo suficiente para tomar la suya y obligarle a mirarlo, articulo, porque ya no podía ni hablar, "Vamos a estar bien" y sonrió.
—¡Berwarld! —Tino estaba en casa del sueco, como siempre que visitaba el país (lo cual era bastante seguido). Recordaba bien la primera vez que el otro lo había invitado... O más bien, cuando Mathias había dicho que se quedara en casa de Berwarld porque su casa era muy chica y el sueco tenía casi una mansión, lo cual era una exageración, pero si era más grande que el pequeño departamento del danés. Hasta ese día siempre se había quedado con el danés. —¡Berwalrd despierta!
—Tino... — El finlandés miraba al recién despertado, era una cosa muy común. Tanto el sueco como el danés solían tener pesadillas por las noches.
—Sí... ¿Buenos días? —Le hubiera gustado decir "Es solo un sueño, una pesadilla" o "no es real" pero sabía que no era cierto. Así que solo se conformó con mostrar una sonrisa nerviosa.
Esa noche fue especial, al menos eso pensaron ambos. Berwarld se incorporó e hizo una seña para que Tino se sentara a su lado. El más joven lo hizo, afuera la noche seguía, convirtiéndose lentamente en madrugada. Entonces el sueco habló, nunca le había contado a nadie con tanta precisión lo que había pasado, desde que se enteró que se tenía que mudar hasta el instante en que Mathias había sonreído.
—Después de eso se desmayo. Supongo que por la pérdida de sangre o el dolor. —Su mirada estaba perdida mientras hablaba, el arrepentimiento era tangible en su voz— Y yo me quedé ahí sin hacer nada.
—¡Tenías 11 años, no se supone que supieras que hacer! — Y eso creía con toda sinceridad el finlandés. — ¡Pudiste haber muerto! ¡Pudieron haber muerto! Y ustedes dos se la pasan sintiéndose culpables… ¡Tú no aguantas verlo sin sentir que le arruinaste la vida! ¡Y él no puede ni mirarte porque cree que eres incapaz de disfrutar lo que más te gusta por culpa del accidente! ¡Nadie los entiende!
Tras terminar de gritar, Tino se sintió sumamente avergonzado, su cara se puso roja y miro al suelo, no era su intensión alterarse así. Murmuro una disculpa y regresó a su habitación rápidamente. El sueco por su parte se quedo mirando la puerta sonrojado, y es que el finlandés se había visto tan lindo.
Unos días después.
Había muchas risas alrededor, al igual que múltiples conversaciones. El invierno se acercaba, los últimos días de otoño estaban por terminar. Un viernes tranquilo, había estado nevando los últimos días así que el centro de esquí había estado parcialmente cerrado. Aunque eso no había impedido que varias personas asistieran a la dichosa fiesta. Cuando Lukas había preguntado a Matthew sobre esta, él le contestó que Tino había estado ausente en su cumpleaños ya que su familia había insistido que lo celebrara en Finlandia, así que cuando había vuelto unos días después Mathias y otros le habían dicho que le festejarían de nuevo, claro que el finlandés se había negado diciendo que no quería causar molestias y así. Pero una vez que se esparció la idea, decidieron que festejarían de igual modo, cualquier excusa era buena para celebrar, y esta vez la "razón" fue: Fiesta de despedida.
—Solo se va una semana —Murmuró por lo bajo el noruego, mientras veía los demás celebrar. Algunos haciendo intentos de baile en el reducido espacio del café, la mayoría bebiendo bebiendo, etcétera.
—Me parecía extraño que no hubieran hecho algo exactamente la misma noche que regresó Via… Tino. —A su lado, Arthur había aparecido. Pudo notar un poco su incomodidad al tener que pronunciar el nombre del sujeto al ser incapaz de pronunciar el apellido.
—Esto… ¿Pasa a menudo? —A Lukas le agradaba Arthur y a Arthur le parecía excelente que Lukas tuviera tanta información y buen gusto sobre la literatura mágica.
—Esos tres —contestó señalando a Gilbert, Mathias y Alfred— suelen usar cualquier excusa para beber y hacer fiesta. Bueno aunque Alfred es menor y puede beber. Pero se siente lo suficientemente "cool" como para decir que lo hace.
—Aa… —Bondevik también había notado que Arthur era atormentado frecuentemente por el hiperactivo gemelo de Matthew; por eso, secretamente adoraba quietarle su diversión a Jones, hablando con Arthur en cada oportunidad. Era excelente ver a un sujeto de su porte actuando como un niño al cual le acabas de robar su dulce favorito.— ¿Cómo fue que terminaste aquí?
Preguntó sin más cuando vio que el estadounidense se acercaba, podría disfrutar de un berrinche en esos momentos. Vio que el inglés tomaba una cerveza de una mesa cercana y la tomaba toda de un jalón, como dándose valentía para hablar. Lo que sucedía era que la primera vez que el inglés había venido al centro de esquí había sido por trabajo, una aburrida junta obligatoria. Al final de esta lo único que se le antojaba era embriagarse, odiaba bastante como había terminado su vida, odiaba su trabajo, y se arrepentía bastante haberlo aceptado… Posiblemente debió de leer que el nuevo puesto estaba en otro país, antes de aceptar. Termino yendo al bar del prestigioso hotel.
Al día siguiente despertó, con una resaca descomunal, en una cama ajena con otro sujeto, con la genial noticia de que había sido despedido por haber generado disturbios en estado de ebriedad. Seguía en el centro de esquí… Al parecer en una de las habitaciones del hotel. Resignado se había metido en el único lugar donde vendían bebidas calientes a un precio razonable y espero, comenzando a arrepentirse de su decisión, mientras pensaba en cómo era que se suponía que viviera ahora, no tenía suficiente dinero para volver a Inglaterra, ni tenía manera de hacer dinero.
—Y el sujeto con el que me acosté… resultó ser el que atendía el bar… —El inglés ahora estaba muy ebrio, decía incoherencias entre palabras, cosas sobre una biblioteca y trabajos de medio tiempo. —Y es el sujeto más molesto que he conocido… ¿Sabías que Yao me paga para ayudarle a su hermano en la escuela pero al niño ese ni le importa?... Al menos tengo té gratis…
—Aaa… —Lukas se arrepintió de haber preguntado, no estaba como para aguantar los discursos de un ebrio. Al final ni siquiera había podido disfrutar del berrinche de Alfred porque este se había ido nada más vio al otro tomar la cerveza.
—Oh no… —A la exclamación del inglés, el noruego volteo curioso hacia la dirección que el otro estaba mirando. Entrando por la puerta estaba un rubio sin afeitar con sonrisa de seducción. Iba de aquí para allá saludando a todos con excesivas muestras de afecto. —No sabía que ese iba a venir.
—Mathias, cuánto tiempo sin verte. Fuiste muy insistente con eso de que viniera— Puede que lo ultimo fuera mentira. Tenía un fuerte acento francés, tanto que Lukas dudaba que fuera verídico. Y por el tono usado por Arthur casi podría asegurar que era él de quien estaba hablando hace unos momentos… a parte el sujeto llevaba un atuendo que delataba su profesión, sobre todo por esa copa plateada bordada que estaba en su camisa. Saludo al aludido con un abrazo, de esos que al principio son completos y luego dejas el brazo en el hombro de la persona para seguir hablando con ella y más personas. Un sujeto en lo sumo afectuoso averiguó el noruego al verlo saludar a las personas que iban pasando mientras hablaba con Alfred, Gilbert y Mathias. En algún momento rompieron a reír y se separaron.
—Francis, que bueno que viniste. Creí que no ibas a poderte escapar del trabajo—El hotel que se encontraba en el lugar, era extremadamente fino y caro. Así que les ofrecía a los huéspedes toda clase de cosas y atenciones, por lo que era muy raro que algún empleado pudiese faltar sin avisar.
—Me subestimas… Y supongo que debo agradecerte la insistencia. —El extraño se acercó, justo en el instante en que Berwalrd Oxenstierna pasó por la puerta, callando por unos instantes a todos. Algunos todavía no se acostumbraban a que gente famosa se pasara por ahí. — Que pasión guardas tras esa cara inexpresiva. No recuerdo haberte visto antes… —La definición de espacio personal no era algo que Francis tuviera muy claro, o bueno, tal vez sí, pero no le importaba mucho. Así que Lukas se sintió sumamente incomodo por la cercanía del rostro ajeno.
—Francis, no molestes al nuevo. —El aludido ignoro la queja, igualmente se alejo del noruego y se acercó para susurrar algo en el oído del inglés. Este se sonrojo y lanzó sin piedad un puñetazo al brazo del francés. Por su lado el, se escabulló entre las personas, para encontrarse cara a cara con Berwarld, para ese entonces ya se había acostumbrado a verlo por ahí, aunque eso no quitara que Lukas siguiera sintiendo extremada admiración por el deportista. Le tomó como un minuto al nervioso fan el poder solamente saludar al deportista, que le contesto con un leve asentimiento de cabeza.
—Ustedes dos, ¡Beban! — La noche había progresado rápidamente, muy pocas personas se encontraban sin alcohol en su sistema, Lukas era una de esas. El albino, los obligó a tomar al menos una cerveza, diciendo cosas sobre lo aburridos que eran los sobrios y otras cosas. El más alto dio un suspiro resignado y miro al otro nórdico como diciendo: "Sólo bebe, así nos dejará en paz". El noruego entró en pánico, y es que resulta, que por extraño que sonará, él nunca había bebido. De igual manera bebió.
A la dichosa fiesta habían sido arrastrados Emil y Xiang por sus respectivos hermanos, no importó cuando dijeran que podían cuidarse solos, simplemente fueron ignorados por sus hermanos sobreprotectores. Así que ahora se encontraban afuera del tumulto de gente. Leon seguía sin acostumbrarse muy bien al clima, así que temblaba un poco por el frío, el otro era como inmune o algo así. Habían estado conociéndose aún más estos días que habían podido pasar viéndose cara a cara, descubriendo que era bastante diferente hablar con alguien así que a través de una pantalla. Desgraciadamente, tras estar todo el día charlando en esos momentos ya no se les ocurría que decir, como si cuando el sol se ocultaba se les acabarán las ideas. Disfrutaban de su mutua y silenciosa compañía, los dos se parecían, creciendo bajo la supervisión de un hermano mayor, con el pequeño detalle de que en casa de Emil solo eran él y su hermano, mientras que en casa de Xiang... Bueno, había como media China ahí metida.
—Quien iba a decir que tu hermano iba venir hasta acá sólo por ese esquiador —comentaba sin mucho interés el asiático.
—A todos nos sorprendió, Lukas nunca hace cosas así, siempre como que piensa todo detenidamente. Y ahora se lanzó como si nada. —Cabe decir que el islandés se había preocupado mucho por ello, tanto, que temió que cuando llegará su hermano fuera a estar medio muerto o algo así de drástico. El pánico que sintió cuando al tocar el timbre nadie respondió no se comparaba con lo que sintió cuando vio a Lukas asomarse por un lado del sujeto extraño que le había dicho que nadie vivía ahí. Esperaba algo terrible y se encontró con algo completamente terrorífico. Definitivamente no necesitaba saber nada de los encuentros furtivos de su hermano.
—La vida está llena de sorpresas.
Cayeron en un confortable silencio, la brisa fría les robaba el poco calor corporal que lograban generar, pero preferían eso a tener que lidiar con la bola de adultos ebrios de adentro. La música se oía distante, apagada por las gruesas paredes del lugar. La nieve ligeramente acumulada, comenzaba a derretirse, bajo sus pies. Finalmente Emil comentó algo, rompiendo el silencio.
—No hay luna hoy —Ni estrellas, el cielo era completamente negro, la única luz provenía de las lámparas.
—Me acabas de dar una idea.
Al islandés no le agradó mucho la idea, temía por la vida de su amigo, no quería que se muriera a pocos días de haberlo visto en persona. Xiang tuvo que explicarle unas tres veces al otro que era normal para él traer cierto tipo de objetos consigo. Incluso si estos eran cohetes, y una caja de cerillos. El asiático no podía admitir que tenía cierta afición a volar cosas, por alguna razón el pensar que Emil lo consideraría un raro y tal vez loco hacía que se guardará ese tipo de cosas. Lo más extraño era que normalmente no le importaba que pensaran eso de él, salvo por Emil y lo que no sabía era que posiblemente Emil era de esas personas a las que no le importaría si él era un loco, siempre y cuando siguiera vivo. Igual ya había hablado y de paso no podía desperdiciar una noche tan perfecta como esta. Le tomó al asiático unos veinte minutos en convencer al nórdico que no pasaría nada, que era seguro y una que otra explicación científica completamente falsa, pero que sirvió para convencer al otro.
Tras la explosión, varias personas decidieron ir a ver. Mientras Xiang y Emil se reían por lo bajo, ocultos en algún lugar, todo había sido idea de asiático, pensaba el islandés que diría si alguien preguntaba qué había pasado. Las luces de colores duraron poco tiempo, lo suficiente para hacerse notar y que todo el mundo pudiera admirar su intensidad. Ahí, escondidos, los dos se perdieron en su pensamientos; el islandés estaba entre divertido y preocupado, ya que nunca se le hubiera ocurrido que terminaría lanzando pirotecnia en un lugar lleno de madera; el otro, sentía emoción y una extraña sensación en el pecho, miraba a su amigo y seguía sin creen que de verdad estuviera ahí. Y como por inercia, se recargó en el más alto.
Tino y Mathias se conocían desde hacía com años. Y aunque al principio el finlandés se mostraba nervioso y algo serio, terminaron descubriendo que se llevaban mejor de lo que creían, y cuando ambos pudieron beber legalmente, solían retarse sobre quién tenía más aguante. Esta vez no era diferente. Después de 16 cervezas, los dos seguían frescos como una lechuga. Tal vez con un poco de color extra en las mejillas y el equilibrio algo estropeado, pero nada que un poco de aire fresco no pudiera solucionar. Por lo tanto salieron un rato, justo para ver qué un par de adolescentes amargados trataban de encender lo que parecía ser algún tipo de fuego artificial, para luego huir ridículamente una vez que lo consiguieron.
—Sabes... Sve a veces tiene pesadillas —Las luces de colores en el cielo, atenuaron un poco el impacto de esa frase. Tino recordaba todas esa veces cuando se quedaba en casa del sueco y pensaba que decir "a veces" era mentira, "casi diario" sería más correcto.— Yo... No lo entiendo. Y sé que no puedo… ¿Por qué ustedes dos...?
Tino volteó a ver a Mathias, que se recargaba contra la pared al lado de la puerta, sosteniendo firmemente otra cerveza. Estaba a punto de explotar como aquella mañana hacía unos poco días, pero se contuvo al ver la mirada triste y vacía del danés, como alcanzando un punto en el infinito, reviviendo las imágenes del pasado... Ahora el finlandés se sentía culpable. Cuando eran adolescentes, el más pequeño solía tratar de juntar a sus dos amigos, debido a que le habían dicho que solían ser muy buenos amigos; tras fracasar en todos sus intentos les preguntó directamente que cuál era el problema, recibió silencio como respuesta y miradas evasivas de ambos. En algún momento alguien mencionó el accidente, comentando lo extraño que era que solamente Khøler hubiera salido lastimado, mientras que el otro niño salió intacto. En realidad al finlandés eso no le pareció muy relevante, salvo que sentía en su interior que algo más había sucedido ese día, algo que rompió la relación entre aquellos dos, algo relacionado directamente con el incidente.
—Es que él no parece feliz. —Fue la respuesta del más alto, dicho eso regreso adentro.
La mirada triste del más joven lo siguió, recordaba las pequeñas, casi minúsculas sonrisas del sueco. Pensaba que el danés se equivocaba, es más estaba seguro de que lo hacía; aunque sabía a qué se refería; diez años atrás, en el terrible accidente... Había visto algunas fotos de ambos niños antes de ese día, los dos sonreirán a la cámara, uno exageradamente y el otro con una sonrisa algo más normal, siempre con sus esquís; incluso existía una donde estaban abrazados, el más alto (en ese entonces Mathias) pasaba amigablemente su brazo por encima del hombro del otro y viceversa.
—¿Tino? —Conocía esa voz grave y ese tono especial, en donde parecía preguntar "¿en qué estás pensando?"
—Me siento mal por él… Por ti… ambos. —Cuando el otro asintió, el finlandés se dio cuenta de que en realidad no le estaba poniendo atención. Tras tantos años de convivencia había aprendido a leer los pequeños gestos del más alto— ¿Berwarld, todo bien?
No respondió, simplemente se inclinó un poco, lo suficiente para que sus caras quedaran a centímetros de distancia. Lo que pasó instantes después desconcertó al más bajo, y lo hizo sentir avergonzado, apenado y muy incomodo. Porque nunca lo previó, siempre pensó que el más alto lo veía como un buen amigo, nunca como algo más... Y adjudico el movimiento al alcohol, aunque era obvio que el otro no había bebido casi nada.
—Ah yo... —¿Qué decir? ¿Cómo hacerle entender sin romper nada en el proceso?— Yo... Mira Berwarld yo...
—Lo entiendo —Al parecer Tino había olvidado que sus expresiones faciales hablaban por sí solas.— Lo siento.
Dicho eso se fue, sintiéndose tan idiota, el sueco se reprochaba, había visto cosas donde había querido, no donde realmente estaban. Tantos años había logrado aguantar para ir a arruinar todo en un segundo. Dicen que cuando vas a regarla es mejor regarla completamente que solo a medias… así que siguiendo este depresivo pensamiento Berwarld se dirigió directamente hacía Mathias.
Lo que nunca supo el finlandés fue que esa noche no rompió uno, sino dos corazones en el proceso. Un desafortunado noruego se le ocurrió la brillante idea de salir a tomar algo de aire fresco, después de tener una animada charla con casi todos y que un danés se riera diciéndole que era un "ebrio hablador". Justo en el instante para ver a la persona que idolatraba y por la que todavía sentía algo besar a otra.
Fue extraña la sensación, de pronto se hizo consiente de la brisa fría, de que la orilla de sus pantalones se congelaba porque estaba mojada y de que una sección de su pecho comenzaba a doler. ¿Y qué era eso caliente que sentía recorrer sus mejillas? ¿O el sabor salado que se colaba a su boca?
Final abrupto adrede… No me odien ;-; Si esto siguiera las reglas de las historia eso sería como el climax. Tampoco crean que me he olvidado de algunas parejas o personajes, (o que metí a Francis en esto porque YOLO), casi todo aquí tiene un sentido que se verá muy pronto. De aquí ya todo es como desenlace (Aun así creo que me llevare unos dos o tres capítulos más en acabar esto, tal vez más, depende DX)
Dejen Reviews para cualquier cosa, incluso los más pequeños me hacen muy feliz :) y agradezco los que me han dejado, dándome motivación para terminar este drama. XD También siéntanse libres de decir "no sirves para el multiparing, mejor ya puro DenNor" les juro que los entenderé. También esperoq ue me perdonen lo raro de las parejas y bueno... TODO DX
Gracias por leer.
