Capitulo 7 : Chico bueno. Chico Malo.
Querida Hermione Granger:
Oí algo acerca del plan de acogidas y me hubiera extrañado mucho que tu no colaboraras con en él. Tú siempre ayudando a los demás… ¿Has tenido suerte con tu acogido? Espero que la respuesta sea sí.
Ganamos el partido en Rumania por lo que el entrenador nos consintió una semana para descansar. Tenía pensado ir a verte a Londres ¿Te importaría?
Estoy deseando verte. Tu carta me hizo sentir especial. Me alegra saber que después de mucho tiempo no soy el único que quiere, quizás , ¿volver a intentarlo?
Llegaré dentro de unos días a Londres espero tu contestación urgente y que digas sí, sí a pasar un par de días juntos. Deberíamos hablar todo esto en persona.
También te extraña, Viktor Krum.
Después de todo el lio que se había formado con el padre de Luna y por si fuera poco todas las discusiones que había tenido con Draco incluyendo la de la cocina Hermione ni se había acordado de leer la carta de Viktor Krum. Sí, aquella que leyó Malfoy sin su consentimiento. Aquella en la que le proponía, a ella, a Hermione Granger pasar unos días con él. Eran unas buenas fechas. La navidad estaba cerca, bueno quizás no mucho pero si había llegado aquel tiempo helado de invierno algo que Hermione adoraba. No sabía lo que sentía por Viktor. Ahora de repente adoraba sus cartas, cualquier gesto de atención que él tenia hacia ella, todas las ganas que ponía para poder verla. Hacia tanto tiempo que Hermione no sentía eso. Con ron nunca fue así. Jamás hubo pasión ni mariposas en la barriga más bien discusiones, regaños por su parte, orgullo… Se merecía volver a intentarlo con Viktor.
Los pensamientos de Hermione volaban mientras ella permanecía en su cama boca arriba con la carta en el pecho. Aceptaba, por supuesto que aceptaba. Hermione se incorporó cuando la puerta sonó
-¿Señorita Granger? – la voz de McGonagall resonaba tras la puerta.
-Si por favor, pase -gritó Hermione.
La profesora entró con una sonrisa. Y una carta en la mano.
-Enviaron esta carta de la Orden. Hay un sospechoso. El otro día cuando atacaron San Mungo el recepcionista se escondió y pudo oir algunas conversaciones sobre el Señor Lovegood y los demás mortifagos que lo acampañaban. Creo que puede ayudar.
-Vaya profesora, eso es una buena noticia. ¿Cuándo será el interrogatorio? -preguntó Hermione.
-Si no se arrepiente, será mañana por la tarde. El ministro de magia y Ojo loco quien representa a la Orden irán.
-Ojalá todo salga bien. Tenemos que conseguir al señor Lovegood cuanto antes. Ya sea para ayudarle si está siendo amenazado o para… -Hermione no quiso continuar la frase por el bien de su amiga.
-Volver a encarcelarlo ¿no? -le continuó la profesora.
Hermione solamente asintió algo cabizbaja.
-Verá señorita Hermione. La vida es larga y a lo largo de ella se toman miles de decisiones. Algunas nos condicionan más que otras. Y algunas nos hacen mejores personas o…peores. -dijo Minerva consolando a la chica. -pase lo que pase, deberemos estar preparados por si el padre de Luna es culpable.
-Eso la destrozara -dijo Hermione levantando algo su cabizbaja cabeza
-Cuando pasé el tiempo quizás lo agradezca. No es sano tener a personas peligrosas en nuestra vida.
Hermione frunció los labios. La profesora dejó la carta de la orden en el escritorio de Hermione y echándole un vistazo rápido a la muchacha y finalmente salió de la habitación de Hermione.
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Para Draco desde que vivía allí su despertador era el portazo que daba Minerva McGonagall todas las mañanas cuando se iba a trabajar a Hogwart. Entonces ya podía salir de aquella mugrosa habitación y según el día soportar o no a Granger. Agradecía que solo tuviera que soportar a una Gryffindor recién levantado. También agradecía que aquel día fuera el portazo lo que le despertó y no el asqueroso gato de Granger el cual algunos días se dedicaba a arañar su puerta de madrugada. Odiaba a ese gato.
Draco bajaba las escaleras tranquilo y con un cierto aire de chulería. El de siempre. Antes de girar hacia la cocina echo un vistazo hacia la puerta de la biblioteca la cual se encontraba entreabierta. Se acercó y pudo ver a Hermione. La chica estaba tumbada no muy adecuadamente en el sillón. Sus largas piernas sobresalían de él y su cabeza estaba hacia arriba mirando el libro que sostenía en sus manos alzadas. Draco pudo observar su cara de concentración. Su ceño fruncido el que siempre ponía cuando estudiaba en la biblioteca. Sin embargo su cuerpo estaba relajado. De vez en cuando se mordía el labio seguramente cuando leía algo más interesante que el resto. Draco no pudo evitar un suspiro y media sonrisa al observar aquel gesto. Luego recapacitó. Desde que llegó allí con la única persona con la que había interactuado era ella. Quizás fuera su soledad la que hacía que quisiera estar o mejor dicho discutir con ella. Pero debía de ser fuerte. No quería ablandarse ante ella ni ante su beneficio de la duda que siempre le daba. Sabía quién era. Era Hermione Granger. Y por mucho que hubiera cambiado para él seguía siendo una sangre sucia. Draco volvió a suspirar. Esta vez de asco. Y se largó a desayunar.
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Su cuerpo retumbó cuando escuchó el fuerte portazo que seguramente el hurón había dado para ir a desayunar. Siempre hacia lo mismo. Cuando McGonagall se iba el salía de su madriguera. La verdad que después de su discusión lo que menos le apetecía era volver a tenerlo cerca. Cerró su libro y se dirigió hacia su cuarto. Allí se relajaría y podría inspirarse y contestarle la carta a Viktor. La respuesta era SÍ. Si que pasaría aquellos días con él. pero escribirle siempre era difícil. Sin embargo camino hacia su cuarto pudo ver como la puerta de Malfoy volvía a estar abierta. La última vez que piso aquella habitación, Malfoy la pilló y además le arruinó una de sus pociones. Pero había algo que quería comprobar así que echando un vistazo rápido por las escaleras hacia el piso de abajo y sabiendo que no había moros en la costa, corrió hacia la habitación del Slytherin.
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Despúes de la reunión de la orden en la casa de Granger para hablar sobre el asunto de Xenophilius Lovegood, Molly insistió a Harry para que se trasladara a La Madriguera junto con Luna. Luna estaba destrozada y Harry no sabía qué hacer. No siempre había sido el mejor consolando a la personas Así que sin pensárselo mucho, aceptó. Y tanto Harry como Luna marcharon a la madriguera justo después de abandonar la casa de Hermione. Al día siguiente Harry bajo a desayunar, Ginny le esperaba como siempre con una sonrisa en su rostro. Harry no pudo evitar devolverle la sonrisa. Sin duda una de las ventajas de vivir allí era tenerla cerca.
-¿Cómo ha pasado la noche? – le dijo mientras le besaba en la mejilla
-Calló rendida. Pero creo que se ha despertado mucho mejor. Luna es una chica fuerte, podrá con ello. -le dijo poniéndole una mano en el hombro a modo de consuelo.
- Eso espero. También espero que el padre de Luna sea inocente.
-Lo será, Harry.
Sin duda tener a Ginny cerca le tranquilizaba y no sabía cómo hacia pero siempre terminaba por hacerle ver que la situación no era tan mala.
El desayuno fue como siempre allí, divertido. Harry adoraba estar en La Madriguera. Aquellos ruidos que Molly hacia mientras cocinaba con sus ollas y sartenes, las miles de conversaciones que se escuchaban a la vez, el interés sobre los muggles de Arthur, la sonrisa de Ginny…Aunque amaba Grimmauld Place, aquel sitio también le hacía feliz. Todos comenzaron a salir de la cocina por turnos se podría decir, cuando salió Theodore Nott no pudo evitar ver su mirada de enfado algo que Harry no pudo soportar.
-Nott espera – le gritó Harry mientras se encaraba a él
-¿Qué quieres Potter? ¿Qué le lleve el desayuno a Lovegood? Enseguida -contestó con una sonrisa falsa y dándole la espalda para irse
-Nott espera te he dicho -le volvió a repetir
Theodore finalmente se volvió a girar hacia el. Y le miraba con un gesto cansado como si escuchar a Harry fuera un tremendo esfuerzo para él
-Adelante -sugirió Nott para indicarle que podía hablar.
-Si tus intenciones eran buenas y lo único que querías era ayudar a la Orden siento que no puedas formar parte. Pero es complicado para nosotros
-¿El qué? ¿Confiar en mortifagos?
-Sé que no eres mortifago Nott -gritó Harry -Pero intentamos que la Orden sea una organización seria y preparada para enfrentar todo lo que se nos presente y ahora que hay problemas no podemos perder el tiempo en deliberar si podemos confiar en ti o no.
-¿Sabes que Harry? Tienes razón no puedes perder tu valioso tiempo en decidir sobre mí -dijo Nott con un claro tono de ironía y una cara de asco
-No es tan fácil como lo pones.
-Claro que no Potter, solo tú sabes lo difícil que es la vida ¿no? -Nott seguía con su tono irónico en su voz.
-Te prometo que lo pensaremos Nott – sentenció Harry.
Nott soltó un bufido y sin decir adiós se largó de la cocina no sin antes echar una mirada de asco a Harry y Ginny. La chica había permanecido allí en la cocina escuchando toda la conversación entre los chicos.
-Lo entenderá -dijo Ginny a las espaldas de Harry quien se había quedado mirando como Nott se largaba
-¿Y si tiene razón? ¿Y si es inocente y quiere ayudar? -dijo Harry aun sin girarse a mirarla
-Lo sabremos. No ahora pero si dentro de un tiempo.
Harry finalmente se giró y se acercó hacia una silla que había al lado de Ginny.
-A lo largo de la guerra he aprendido que no puedo confiar en todo el mundo. Pero también que hay que saber perdonar. Y ahora Theodore Nott me está pidiendo ayuda y yo se la estoy rechazando.
-No nos podemos arriesgar –Le recordó Ginny
-Lo sé y eso es lo único que me consuela. Si Nott demuestra que quiere formar parte lo haré.
-Sé que lo harás, pero aún es pronto, no te preocupes Harry. Es listo sabrá que hacer para impresionarte. -susurró Ginny con una sonrisa.
Harry sonrió y cogió a la chica por el mentón
-Impresionarme a mí es difícil -titubeó Harry. Ginny le seguía poniendo nervioso algo que la chica notaba y le encantaba.
-No tanto -volvió a susurrar la chica con una sonrisa
Harry retiró su mano del mentón y cogiéndole del hombro la acercó a él y le arrebató un beso. Un beso largo y profundo de esos que había echado de menos. Quería a Ginny. Eso lo sabía. Quizás a veces era lo único que sabía. La chica respondió al beso con la misma profundidad y colocó una mano en el cabello de Harry para mantenerle más cerca aun de ella. Ginny tiró de su pelo haciendo que el chico gimiera y ambos terminará el beso con una sonrisa.
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Si no fuera por su cabello rubio platino casi blanco se podría decir que en la cocina había un dementor. Malfoy estaba de espaldas a la puerta mirando por una ventana, con una taza en la mano. Su cuerpo estaba relajado. Vestía completamente de negro. Algo bastante común en él. Otra de sus manos estaba guardada en uno de sus bolsillos. Él también había crecido. Eso es lo que pensó Hermione cuando lo vió. Ahora era mucho más alto y aunque su cuerpo no fuera atlético su espalda era ancha y todo su cuerpo estaba muy bien definido.
Pociones sanadoras -dijo Hermione a sus espaldas. –Eso es lo que escondes en tu habitación
El chico giró su cabeza y vió su rostro. La chica esperaba su respuesta pero él no estaba dispuesto a dársela. Había vuelto a entrar en su habitación y eso le enfurecia.
Draco volvió a girar su rostro hacia la ventana como si la chica no hubiera dicho nada. Esto hizo que Hermione no entendiera nada y empezara a sacarle de sus casillas
-¿Para que las elaboras? ¿Qué estas tramando? -volvió a intentarlo
-…
El silencio permanecía. Para Malfoy era muy fácil sacar de sus casillas a Hermione. Sin embargo a Hermione le costaba que Malfoy perdiera los nervios.
-Así que tenían razón no podemos confiar en ti, estas elaborando esas pociones para ayudar a tu padre y sus amigos ¿no?
Esta vez el chico si se giró con cansancio y la miro fijamente.
-Deberías de dejar de met…
-Vaya ya hablas -interrumpió Hermione con una sonrisa divertida.
Draco se dio cuenta de que Hermione si confiaba en él y solo había utilizado su punto débil. La desconfianza para hacerle hablar.
-Genial, ahora te crees graciosa Granger, pues déjame decirte lo que no es gracioso. Espiarme. Si no quieres problemas, no los busques porque conmigo los tendrás. –sentenció Draco
-No te espío. Quiero saber a quién le he ofrecido un hogar –dijo Hermione con indiferencia.
-¿Aun sigues con eso? Creo que ya es un poco tarde. Si quisiera haber hecho algo, ya lo hubiera hecho.
-Podrías haberle dicho a Ron lo de Viktor. –dijo Hermione sin pensar
-¿Ahora quieres que le diga a tu novio que le engañas? Ya no saber qué hacer para querer tenerme cerca –sonrió Draco
-No, quisiera saber por qué no lo hiciste.
-Supongo que porque es mejor decírselo a Viktor cuando venga.¿ Porque vendrá no es cierto? ¿Has dicho que si verdad?
-Pero serás… -dijo Hermione mientras sus aletas de la nariz se abrían –aun no he dicho nada.
-Puedes seguir teniéndome miedo porque tienes motivos para hacerlo Granger. –contestó draco con una sonrisa.
-Hermione la observó. Aquella sonrisa tenía algo…¿mágico? Aquellos pensamientos le enfurecían aún mas. Maldito idiota. -Estás tan solo, que lo único que te consuela es molestarme con ese tema.
-Lárgate de aquí ¿quieres? –dijo Draco ordenando su mesa como si no le importara lo que estuviese diciendo ya
-No, no voy a irme a ninguna parte –se enfureció Hermione
-Maldita Granger -mascullo Draco
De repente como siempre Hermione se rindió y comenzó a sentir lastima. Así que tranquila se dirigió a él una vez más. - Si tan solo te sientes por que no haces algo para que empiece a confiar en ti y pueda ayudarte a que no lo estés –susurró Hermione
Draco puso una sonrisa irónica y la miro a los ojos. -Sabes cuál es tu problema que te piensas que quiero algo de ti que quiero tu caridad y no es así. No me interesa nada que me pueda dar una sangre sucia.
-Está bien pues haz lo que quieras. Vive solo aquí, díselo a Viktor pero si vuelven a poner en duda tu lugar en la orden no te apoyare de nuevo. –Y dicho esto la chica salió por la puerta
Genial Granger. –susurró el príncipe de las serpientes
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Aquellas pociones hicieron que Hermione no pudiera pensar en otra cosa así que no tuvo otra opción que ir corriendo y decírselo a Harry. Si Malfoy tramaba algo, no quería estar sola. Quería anticiparse. Que bajo caería Malfoy (otra vez) después de haberle cedido su hogar si después de traicionaba…si después de todo Malfoy trataba de vender o proporcionarle antídotos y medicinas a los mortífagos…no sabría lo que haría, pero Malfoy la pagaría muy caro.
-Lo sabía. –gritó Ron
-Ron aun no podemos asegurar nada. –contestó Hermione –pero si es raro, la verdad
- ¿Estás seguro de que eran pociones medicinales? –preguntó Harry
Hermione torció su cabeza cansada -¿En serio? Me sé perfectamente el nombre de las pociones, sus colores, texturas…Se lo que ví Harry
-¿y le preguntaste? –preguntó Harry
-Si pero ya sabéis…Malfoy…yo…jamás me diría nada. –dijo Hermione casi en un susurro recordando su discusión. Quería ayudarle y se había negado…que novedad pensó Hermione irónicamente.
-Tenemos que averiguar que trama antes de que sea tarde.
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Draco volvió a mirar el reloj situado encima de la chimenea de su habitación. Eran las 4 de la mañana. Caminó de puntillas como hacia todos los jueves cuando ya sabía que todos se habían dormido incluso el gato.
Bajo las escaleras con cuidado intentando no hacer ruido con la caja de pociones que llevaba encima. Aquellas pociones tintineaban notoriamente a cada escalón que bajaba. Finalmente respiro hondo y atravesó la puerta hacia la calle.
-Señor Malfoy está cayendo una helada terrible hoy, podrías no haber venido – dijo la señora Pomfrey –Lo habría entendido.
Draco dejó como siempre en la mesa de la recepción de San Mungo sus pociones. –No importa, dejo esto aquí y me largo. –Draco ni siquiera le dedico una mirada a la enfermera y se dispuso a salir de allí cuanto antes. Si cualquiera se enteraba de que en realidad se dedicaba a proporcionar medicinas a las víctimas que permanecían en San Mungo. Si los mortifagos se enteraban, si su padre se enteraba, estaba muerto.
-Le agradezco mucho lo que está haciendo. –dijo la enfermera a sus espaldas -Los ataques de mortifagos están haciendo uno de los mayores desastres de la historia del mundo mágico y gracias a su ayuda está salvando la vida de muchos inocentes.
-No hay de qué. Pero mantén el secreto a salvo. –dijo Draco secamente saliendo del hospital.
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Hermione movía su bolsita de te nerviosa. Harry y Ron habían acordado ir hoy a averiguar que tramaba Malfoy para ello fueron en busca de algún mortifago para chantajearlo. Se la iba a cargar si sus pensamientos sobre que era un traidor llegaban a ser ciertas.
Algo la saco de sus pensamientos. Era un ruido. Venia de la calle. Y menos mal no quería que Malfoy saliese de su habitación y volver a discutir. Se portó como un cretino la última vez.
Hermione se dirigió hacia la puerta y cuando abrió allí estaba después de cuatro años. Impecable. Elegante. Era él
-Me alegro de verrrte Hermione
-Viktor estas aquí.
Hermione sonreía. Viktor sonreía. Y un rubio observaba por la ventana sin sonreir. La fiesta acababa de comenzar. No sabía lo que le ocurría. Lo había admirado pero ahora casualmente no le agradaba aquella visita.
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Lo conseguí . Aquí estoy después de tanto tiempo. Sé que es un capítulo corto pero creo que contiene mucha intriga y eso siempre gusta.
En mi historia me temo que Draco si tiene ese corazón de oro que J.K. Rowling se niega a atribuirle .
Comentad que os a parecido el capítulo y si Draco os a sorprendido. Lastima que Hermione no se fie ni un pelo.
Espero que hayáis disfrutado de este capítulo tanto como yo escribiéndolo. Nos vemos pronto. Saludos verdes.
