Y vuelvo a ser un loco para sobrevivir a la locura de la vida
(Fito & Fitipaldis)
Disclaimer: Todo lo que podáis reconocer, es de Rowling. El resto, es todo, todito, mío, sólo mío xD. Conste que no hago esto con ánimo de lucro, y es sólo una mera diversión, que, espero, compartáis conmigo.
El capítulo, en sí, era para ser publicado ayer, pero por culpa de un par de asuntillos, no pude... ruego que me disculpéis.
Agradecer los reviews del capítulo anterior a Druella Black, Elianita 11, Zory, Auroramor22, chukii, Isilme x 2 (xD), Alba Diggory-Black , -41tz1- y Sonia
Ponéos cómodas, porque APB Productions, os trae una nueva entrega de mi paranoya semanal!!
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29 Septiembre 1976
7. Entre la espada y la pared
La semana había pasado sin pena ni gloria; al menos para los estudiantes de Quinto Año, y por supuesto, para los de Sçeptimo Año, a los que no hacían otra cosa que atosigar con trabajos, deberes, apuntes, libros de lectura y amenazas, a legir, entre TIMO's y EXTASIS.
A parte de los estudiantes de los cursos inferiores, los que se pegaban la gran vida, eran los de Sexto.
Tenían tiempo para prestar, dar y regalar, aun que la mayoría de ellos lo usaba para otras cosas, si no más productivas que estudiar, al menos, si más placenteras, como por ejemplo, dos de ellos, esconderse en un torreón abandonado de la mano de Merlín, para quitarse la ropa lentamente, y besarse, con ganas, muchas ganas. De hecho, esos dos estudiantes de Sexto, ya casi nunca iban a dormir a sus respectivas Salas Comunes. Ya que el hecho de que les hubiesen prohibido estar juntos, hacía que aquello que los unía, se hiciese más fuerte, atrayéndolos con la fuerza de un imán. Pero no eran los únicos de Sexto que se dedicaban a otras cosas diferentes de estudiar. Un chico se pasaba el noventa por ciento del día mirando a una chica, esperando su reacción ante la proposición que le había hecho, aun que ella no soltase prenda. Otro, soñaba con prinesas de cabellos dorados y olor a coco, que si no superaba su timidez, no tendría jamás. Y otro se volcaba de manera casi obsesiva con los estudios, ya que intentaba que una de sus amigas sacase la mejor nota posible en sus exámenes. Otra vivía el Quidditch con una intensidad aplastante, y otro no era oído ni escuchado por nadie del castillo, ya que hacía sus salidas nocturnas sin que nadie lo supiese.
Pero de todos los estudiantes de Sexto, sin lugar a dudas, el que más amenamente había pasado la semana, había sido Edgar Bones. El chico había sido abordado en su ronda de prefecto del martes por Lyanna Taylor, su Lyanna, la chica que le gustaba desde que había llegado a Hogwarts, lo había secuestrado durante una guardia de prefecto y lo había secuestrado en un baño del tercer piso, y se había pegado a él, lo había besado de una forma posesiva. Lo había pegado a una pared, y el resto, con un poco de intensidad, había venido sólo... Diane, al enterarse, se había entregado en cuerpo, alma y voluntad, al Quidditch. No era que le gustase Edd, ni mucho menos, era sólo que... de todas las chicas que había en Hogwarts, tenía que liarse, precisamente, con aquella que se cepillaba a todo lo que estuviese lo suficientemente duro. Beth y Sirius se habían pasado la semana entera durmiendo en la torre de las camas, a veces siendo uno, y otras, simplemente, besándose hasta caer dormidos. Se querían. Se querían de una forma que casi les daba miedo a ellos mismos. Porque no hacía ni un mísero mes que estaban juntos, pero los besos que se daban parecían sellados con sangre. Se querían tanto que no concebían la existencia del uno sin el otro. Se compenetraban tanto que era como si llevasen toda la vida juntos.
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El sol se filtraba a través de la ventana del balcón de la torre de las camas, y le dio en los ojos, despertándolo. Sirius abrió los ojos y fue consciente de que unos flaquitos y suaves brazos le rodeaban la cintura, al tiempo que una respiración le hacía cosquillas en la espalda. Agarró la mano de Beth, y se soltó de ella, antes de girarse en la cama, y verla, dormida, desnuda y preciosa, acurrucada contra él. Acarició suavemente su delgadísimo brazo, y la miró, con los rizos despeinados, cayéndole sobre el rostro, un suave rubor en las mejillas y los ojos cerrados. Era preciosa. Sencilla y desesperadamente preciosa. No entendía qué le pasaba, qué tenía Beth para haberle hecho perder el rumbo que llevaba su vida hasta que la conoció. Tal vez fuese su aspecto inocente, pero ávida por aprender todo lo que él le quisiese enseñar, tal vez porque le hacía sentirse bueno, o tal vez que eran dos almas atormentadas, lamiéndose las heridas y la piel, pero habían llegado a ser un elemento simbiótico, completo, sólo cuando estaban juntos.
Enredó los dedos en los rizos de Beth, y le acarició la melena, dorada, suave y con un dulcísimo olor a coco. Ella arrugó la nariz molesta, antes de abrir los ojos, levemente, y ver a Sirius, mirándola embelesado. Esbozó, luego, una dulce sonrisa y agarró con su pequeña manita, la mano que Sirius tenía en su pelo.
-Buenos días, preciosa.-susurró el moreno.
-Buenos días, cielo-susurró ella abrazándose a él con todas sus fuerzas.
Rodaron, por la cama, abrazados, desnudos, piel contra piel, riéndose como locos, por el simple hecho de estar juntos, y se besaron con avidez, con suavidad, con desenfreno, y volvieron a reír.
-Hoy es sábado, ¿no?-preguntó ella sentándose en la cama, y mirando a Sirius, que estaba tumbado, mirándola con una sonrisa.
-Si, me da a mi que si.-replicó él con una sonrisa, acariciándole un costado.
-¿Y qué vamos a hacer?.-preguntó ella levantándose y empezando a vestirse. La verdad era que a veces se sorprendía de su falta de pudor, pero la verdad era que, con Sirius parecía haber perdido todo rastro de vergüenza, y era él, la única persona en el mundo que conocía a la Bethany que vivía dentro de la Bethany dulce, inocente y cariñosa que todos conocían. Sirius conocía la chica traviesa, la muchachita ávida por aprender, con más ganas que experiencia, pero que había logrado complementarlo a todos los niveles.
-Por mí, secuestrarte aquí hasta que Hogwarts se derrumbe de viejo-dijo con una sonrisa, viendo como ella se sacaba la melena del interior de la blusa.-Aun que creo que a tus amigas ya tu hermano les parecería extraño que no aparecieses, y que no se encontrase tu cuerpo-añadió sentándose en la cama, mientras ella se colocaba bien las medias del uniforme.
-Prometiste dejarme marchar si alguien sabía donde estaba, y Sophie lo sabe...-le recordó ella con una traviesa sonrisita.
-Si, y también sé que tú no quieres marcharte-replicó poniéndose de pie y empezando a, siguiendo el ejemplo de Beth, vestirse.
Ella soltó una risita y terminó de alisarse las arrugas de la túnica, mientras Sirius se ajustaba, a ciegas, la corbata del uniforme. Beth se acercó a él y sustituyó sus manos en la corbata, apretándosela levemente.
-¿No crees que será raro que tengamos el uniforme a pleno sábado, y aun encima el de ayer?.-preguntó antes de acariciarle una mejilla y rozaba su nariz con la de Sirius.
-Tal vez piensen que te has pasado toda la noche haciendo cosas malas con tu novio... pero tú tienes demasiado aspecto de niña buena y ellas no tienen tanta imaginación.-dijo Sirius con una sonrisa.
Bethany se quedó sin aliento. Nunca habían definido los parámetros exactos de su relación. Se querían, y eso bastaba para ambos; pero de repente, él decía que era su novio. Y a ella, no le importaba en absoluto. El problema era que Bethany no sabía si Sirius estaba preparado para ser su novio en el sentido estricto de la palabra.
-Sirius... ¿Eres mi novio?-preguntó dubitativa.
-Eso tenía entendido.-replicó él, con su mejor cara de niño bueno.
-¿Estás seguro?-musitó ella.-Quiero decir... ¿Te sentirás... bien? A lo que me refiero... ¿no te sentirás oprimido ni nada de eso?
Él soltó una risita entre dientes.
-Si yo digo que soy tu novio por algo será, ¿no?-murmuró él besándole la mejilla con suavidad.
-Supongo que si...-musitó ella, abrazándolo.
-Te quiero, princesa-susurró Sirius contra su pelo.
Bethany se abrazó a él, y recostó la cabeza en su pecho.
-Y yo a ti, cielo-musitó.
Era así, se pasaban la vida en un mundo de algodón de azúcar, rosa y dulce; y se querían, tanto que casi daba miedo... lo suyo, por el momento, era breve, pero intenso. Bethany, había probado lo que Sirius podía darle, no quería aprender la manera de renunciar a ello; y Sirius, a pesar de haber estado con muchísimas chicas antes de Bethany, ella tenía algo especial, algo que no tenían las demás. Tal vez porque había sido virgen la primera vez que lo habían hecho, tal vez porque con ello le había salvado la vida, o porque con su dulzura y su cariño había logrado reparar una parte del alma herida del moreno. Pero si algo tenía claro el chico, era que Bethany formaba parte de su corazón, en el hueco justo al lado de los Merodeadores.
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Se levantó, y a los pies de su cama, sobre el baúl, se encontró la misma nota que se había encontrado durante toda la semana: un trozo de pergamino doblado, con forma de corazón, y dentro, escrito con una caligrafia fina y estilizada (como nunca pensó que James Potter pudiese tener) la misma misiva de todos los días: ¿Has pensado ya si puedes calmar la voz de tu conciencia y hacer algo que no se da mal y me hace sentir bien? ¿Preparada para hacer una buena obra?. Y ella, como siempre, se reía, olía la carta, que tenía un peculiar aroma a menta, y la guardaba en medio de su libro de Encantamientos. Lily todavía no tenía muy seguro lo qué le pasaba. Desde luego, no quería quedar con James para... lo que fuese que el moreno quería hacer; porque ella tenía claro que, a parte de la extraña angustia que había sentido cuando él había empezado con Hestia, no sentía nada por el moreno, ya que era un engreído, un cabezahueca, y un egocéntrico... y más allá de todo ello, se había aprovechado de ella.
La pelirroja se metió en el baño, suspirando cansada, y se metió bajo la ducha. No podía negar que adoraba los besos de James, despertaban en ella sentimientos dormidos y salvajes, pero sobre todo peligrosos. Peligrosos porque no los controlaba, ni cuando empezaban, ni cuando terminaban, no cómo se calmaban. Ni cuando volverían a atacar. Y Lily Evans odiaba, sobre todas las cosas, lo que se escapaba a su control.
Salió de la ducha y se envolvió en una toalla, al tiempo que oía como alguien se levantaba en el dormitorio. Casi al instante, llamaron a la puerta.
-Lily... déjame entrar, por favor...-pidió la voz de Diane con algo que rallaba la desesperación.
-Dy, cariño, estoy desnuda...-dijo con suavidad.-Espera un segundo...
Diane pareció olvidar sus poderes y sus costumbres mágicas, porque al cabo de tres décimas de segundo, estaba aporreando la puerta con todas sus fuerzas.
-LILY EVANS, ME CAGO EN MERLÍN, ÁBREME LA PUERTA-aulló.
La pelirroja abrió la puerta y se apartó de la trayectoria de su amiga, que se abalanzó, entre arcadas, hacia la taza del váter, y empezó a regurgitar todo lo que había comido desde que tenía uso de razón.
-Dy... ¿Dy? ¡Oh Merlín!-la pelirroja, todavía envuelta en su toalla se empezó a vestir.-Alice, Jeyne... arriba, que Diane está enferma-llamó en voz lo suficientemente alta, poniéndose unos vaqueros.
Se arrodilló al lado de su amiga y le puso una mano en la frente, mientras la morena apoyaba la cabeza en la fría pared de piedra, respirando con dificultad. Lily apartó la mano alarmada. Diane estaba ardiendo en fiebre. Justo en aquel momento entró Alice, con el pijama rosa gigante que se ponía para dormir.
-¿Diane, cielo, qué te pasa?.-preguntó con dulzura, sentándose en el borde de la bañera.
En aquel momento llegó Jeyne, con un pelo color lila y los ojos a juego, con el pálido rostro asustado. Diane tenía los ojos llenos de lágrimas... Diane... la que nunca lloraba, estaba sudorosa, pálida, y temblaba.
-Chicas...-su voz sonaba débil, comparada con los gritos de unso segundos atrás.-Me muero...-musitó.
-No digas bobadas, ahora mismo vamos a la enfermería.-le espetó Lily levantándose y tendiéndole la mano.
-Escuchadme... necesito que lo sepáis...-un suave tono imperante en sus labios.-chicas...-respiró profundamente, como si le costase un dolor inmenso.-Me gusta Edd Bones... no tengo ni puta idea de por qué me gusta, ni cómo llegó a gustarme, pero... las cosas están así... él se tiró a la Taylor de Slytherin el martes... y desde entonces... yo...
-Te has estado comportando como una energúmena...-replicó Jeyne con una mueca de disgusto.
-El caso...-Diane respiró profundamente, como si cada vez le costase más.-es que cada vez me sentía peor... era, como una pregunta que me hacía mi inconsciente... me preguntaba a mi misma por qué no yo... y me obsesioné...-escupió en el váter.-Sé que no he estado muy comunicativa, pero la única forma de ignorar lo que sentía era dedicándome al Quidditch, pero ayer... ayer los vi, en los terrenos, de la mano, besándose...-sollozó.- Y me senté en las escaleras de mármol...
-¿Con el uniforme?-Alice estaba alarmada.
La morena asintió, con un escalofrío, mientras, volvía a sentir una arcada y devolvía una substancia amarillenta.
Las lágrimas empezaron a correr por el rostro de Alice, al mismo tiempo que Lily se quedaba lívida. Jeyne fue la primera en reaccionar, y se abalanzó, corrieno, hacia el baúl de su amiga, para coger un pantalón vaquero y un jersey, y los llevó al baño.
-¿Puedes vestirte, Dy?.-preguntó con la voz tensa.-Nos vamos a la enfermería.-aseguró, antes de, con cierta dificultad, quitarle el pijama por la cabeza.
-Jeyne, ve a la habitación, yo la visto.-musitó Alice, que, al hablar tragaba lágrimas.-No quiero que te contagies-musitó, mientras terminaba de quitarle el pijama a su amiga.
Ninguna de las tres pudo obviar un grito, al ver el estómago plano de Diane cubierto de redondeles rojos, como cabezas de alfiler, que brillaban, sanguinolentos y purulentos, como a punto de explotar. Diane, impotente, simplemente, redobló la fuerza de sus sollozos...
-Chicas... no quiero morirme... me da igual Edd... me da igual todo, no quiero morir-gimoteó suplicante.
Lily la abrazó con todas sus fuerzas. Había sido a la primera que había conocido, en Kings Cross, cuando era una costia menuda y morena. Había sido la primera de todas sus amigas. No podía perderla en aquel momento.
-No vas a morirte, cielo...-se levantó y la tomó de la mano, logrando, con ayuda de Alice, ponerla en pie.
El camino hasta las escaleras, fue una verdadera odisea, básicamente porque Diane a penas podía mantenerse en pie, y necesitaba ayuda para descender las estrechas escaleras de caracol, de modo que, cuando llegaron a la Sala Común, Alice y Lily, que estaban ayudando a caminar a Dy, cayeron al suelo, desmadejadas las tres.
Jeyne fue a subir por las escaleras de los dormitorios de chicos, para ir a avisarle a James o Remus, y que fuesen a ayudarlas, pero, justo en aquel instante, la puerta de entrada de la Sala Común se abrió, y por ella entró Sirius Black, vestido con el uniforme de clase y completamente despeinado. Al verlas allí, alzó levemente una ceja. Eran dos compañeras de equipo, la chica por la que estaba loco su mejor amigo y una chica que adoraba todo Gryffindor por su dulzura. Y, por encima de todo, eran las mejores amigas de Beth. Su Beth.
-¿Chicas? ¿Qué os pasa?-preguntó dubitativo.
-Sirius...-Jeyne suspiró aliviada.-Por favor, tienes que ayudarnos-pidió, casi desesperada.-Diane... las bacterias... está infectada...
Los ojos grises del moreno se abrieron de par en par, y sin esperar a que nadie le dijese nada más, recogió a su compañera de equipo, que temblaba en el suelo, y salió con ella de la Sala Común. Alice, Lily y Jeyne se apresuraron en seguir las amplias zancadas del moreno, que era considerablemente más alto que ellas.
Diane seguía llorando, y temblando, aferrada con fuerza a la pechera de la túnica de Sirius.
-Deberíamos avisarles a Beth y Soph.-musitó Alice secándose las lágrimas con el dorso de la mano, antes de que nuevas lágrimas cayesen por sus mejillas.-Y además, Frankie se preocupará si no me ve...-sollozó.
-No te preocupes, Daniels, cuando deje a Diane en la enfermería iré a avisarle a Remus y James, y seguramente Lupin les avise a vuestras amigas-dijo el moreno apurando el paso.
Cuando entraron en la efermería, Madame Pomfrey se echó las manos a la cabeza y ahogó un grito. Dejó a Diane sobre la cama y apartó a sus amigas de allí con una campana protectora, para evitar el posible contagio.
-¿Qué le ha pasado?.-preguntó con acelerada brusquedad, al comprobar que todavía estaba consciente.
-No lo sé.-mintió Jeyne, Lily estaba demasiado pálida para hablar, y Alice lloraba aferrada a Sirius.-Sólo sé que esta mañana se despertó vomitando...
La enfermera alzó la varita y envolvió a Diane en una especie de venda para momias, dejándole solo la parte inferior del rostro descubierta, para que pudiese respirar.
-Ha sido una suerte que la hayáis traído antes de que perdiese la consciencia, de lo contrario no podría haber hecho nada... pero ahora todavía puedo salvarla. Le he puesto un conjuro pseudo momificador, y eso detendrá el avance de la infección...
Jeyne y Lily asintieron. Alice se separó levemente de Sirius y se secó las lágrimas, a tiempo para ver como la enfermera sacaba la varita y lanzaba un patronus por la puerta.
-Siento deciros, chicas, que el estado de vuestra amiga es delicado, y que no podremos hacer nada por ella hasta que encontremos la cura...-suspiró, al tiempo que Dumbledore entraba por la puerta.-Puede oíros, pero ahora está muy débil. En cuanto le haga unos hechizos reconstituyentes podréis pasar a verla... mientras tanto, tened cuidado y a alimentarse, por favor, que os quedaréis en los huesos...-se alejó de ellas, pero todavía pudieron oír lo que le dijo a Dumbledore.-A esta la detuvimos a tiempo, Albus, pero tenemos que encontrar la cura, no puede pasarse un curso entero vendada.
Los Gryffindor no pudieron oír nada más, porque salieron de la enfermería. Alice parecía más tranquila, y Lily ya estaba bien. sirius, sin embargo, caminaba sumido en sus pensamientos. Diane era la mejor amiga de Beth, una de sus mejores amigas. Si le pasaba algo, su rubia se moriría de un disgusto, y a parte, si le pasaba algo, se quedarían sin una cazadora de Quidditch con un talento natural desconocido en nadie hasta la fecha. Entraron en la Sala Común, y se encontraron con los demás Merodeadores sentados en los sillones de al lado de la chimenea, en la que crepitaba un agradable fuego. Hacía frío, a pesar de estar a finales de septiembre. Sirius no quería imaginar cómo de fría sería la luna llena de diciembre, porque la de ese mes, que había sido el miércoles pasado, había sido aceptablemente fría ya, y él, de no ser porque su forma animal era un pero bastante lanudo, se habría congelado.
-¿De donde venís?.-preguntó James nada más verlos entrar en la Sala Común.
-De la enfermería, Potter, Diane está infectada.-dijo Lily con voz inexpresiva.
El abanico de expresiones que usó el moreno, pasó de la incredulidad al miedo, y de él al dolor y a la preocupación en menos de un parpadeo.
-Merlín Mágico...-murmuró, al tiempo que pasaba un brazo por los hombros a la pelirroja, que, sorprendentemente, lejos de apartarlo, se sintió gratamente reconfortada y apoyó la cabeza en el hombro de James.
Justo en aquel instante, Frank bajaba por las escaleras de caracol del dormitorio, y Alice corrió hacia él, abrazándolo con todas sus fuerzas.
-Al, ¿Qué ocurre, princesa?-inquirió al ver que todos tenían semblantes de velorio.
-Que mi Dy... mi Dy está infectada-sollozó la rubia rompiendo a llorar de nuevo.
El castaño abrazó a su novia con fuerza, pero, al menos Jeyne conseguía mantener, de entre las tres chicas, un mínimo de entereza.
-Remus... ¿Podrías ir a Ravenclaw a avisarles a Beth y Sophie?.-preguntó con suavidad.-Es que... yo no estoy de ánimos...
El chico miró alternativamente a sus amigas, a Sirius, a James y a Peter, y luego salió de la Sala Común, caminando a buen paso.
Sirius se dejó caer en el sofá, al lado de Peter, aliviado por que nadie se hubiese percatado de que tenía el uniforme del día anterior, y preocupado, porque si Diane caía, el equipo caía, y no sólo por eso. Era de su casa, compañera de su clase, una chica a la que veía todos los días, y por encima de todo, era amiga de su novia, y si algo le pasaba a alguna de sus amigas, Sirius sabía que ni todo el amor del mundo, ni todo su amor, bastarían para hacer feliz a la rubia. Su rubia.
Con lo que no contaba Sirius, era con que Peter fuese tan extremadamente observador, a pesar de ser consciente de que sí lo era. A su amigo le encantaba observar. Era lo que hacía: observaba, archivaba y callaba hasta que era necesario utilizar la información que tenía.
-Sirius, ¿Qué haces con el uniforme? Hoy no tenemos clase.-dijo, como si su amigo se hubiese confundido de día al vestirse.-Y... ¿hueles a coco?-preguntó luego, con un leve matiz desconfiado en la voz.
Sirius soltó una risita por lo bajini.
-El uniforme... es que anoche quedé con una chica y aun vuelvo ahora... y... ¿olor a coco? Tú sueñas demasiado con la Redford, creo yo-masculló con una punzada de celos oculto en la voz.
Su futura cuñada se sentó a su otro lado, y vio como Cornamenta se sentaba con su Lily.
En aquel momento, entró Remus en la Sala Común, con semblante serio, y los miró a todos de uno en uno.
-Beth y Sophie están en el pasillo. No pueden entrar, así que lo mejor sería que bajásemos a desayunar con ellas.-dijo con suavidad.
Lily asintió con la cabeza, como en estado de shock, y se soltó de James, encaminándose a la puerta. Jeyne la siguió, y Sirius fue detrás de ambas, seguido de Peter, luego Remus y James, y por último, Frank, que llevaba a Alice envuelta en un abrazo de oso.
Al salir al pasillo, Sirius vio algo que nunca creyó que vería. A Bethany llorando a lágrima viva, sentada en el suelo, con los brazos alrededor de las rodillas, y Sophie impotente, en medio del pasillo, llorando también, sin poder sentarse o apoyarse en una pared; y al moreno, la necesidad de abrazar a su novia, se le hizo insoportable, sobre todo porque las lágrimas estaban besando unos labios que sólo él tenía derecho a besar. Y entonces, su chica, le envió una muda mirada suplicante, desde sus ojos plateados de lágrimas, y él se sintió rastrero, por estar en Gryffindor y no tener el valor suficiente para abrazarla. Pero olvidándose de las amigas de su Beth, de Peter, y de lo que cualquiera salvo su pequeña rubia pudiese sentir, se arrodilló delante de ella y la abrazó.
-Redford, ¿Te encuentras bien?-preguntó frotándole la espalda con suavidad, tratando de transmitile un mínimo de amor en ese roce.
-Sirius... Merlín, Sirius...-hablaba, tan bajo, tan ahogada, que Sirius era consciente de que sólo él la escuchaba.
-Tranquila, mi vida, yo estoy aquí,- susurró en su oído, para que sólo ella pudiese oírlo.
Al mismo tiempo, Remus rodeaba los brazos de Sophie por los hombros, y le depositaba un suave beso en la frente.
Y sin que nadie dijese o sospechase nada, porque Peter, en un principio, achacó la reacción de Sirius a sus aires de caballero de brillante sonrisa; bajaron a desayunar, con las chicas, más tristes, de lo que habían estado en mucho tiempo.
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Se sentó al lado de su hermana, en el Gran Comedor, y Lyanna miró a Destiny con una ceja alzada, en una muda pregunta.
-¿Qué tal está mi hermana favorita?.-preguntó la Ravenclaw a su hermana mayor.
-Pues, para serte sincera, bastante cansada. Los Hufflepuff tienen más energías de las que yo pensaba,... ¡joder con el hermano de Amy!-dijo por lo bajo.
-Así que él es tu nueva distracción-asumió Destiny, mirándo a Lyanna, una réplica exacta, sólo que mayor.
-Si... podría decirse así...-dijo la Slytherin con tono condescendiente.
-¿Mejor que Black?-inquirió luego Destiny con una sonrisa de invitación.
-No hay nadie mejor que Black, Dest-dijo Lyanna cortante.
La quinceañera suspiró. Su hermana estaba hasta las bragas por Sirius Black, y ella podía hacer que Lyanna fuese feliz, simplemente tenía que pronunciar las palabras mágicas, y el Gryffindor danzaría al son que Lyanna le tocase. Ese era el mayor defecto de los Gryffindor, que tenían el valor moral de la lealtad demasiado arraigado. Y cuando les exigías una prueba de lealtad... solian saltar chispas. Pues bien. Destiny había decidido hacer saltar llamas.
-¿Cuándo te viene bien acostarte con Black?-preguntó como si fuese la pregunta más normal del mundo.
La Slytherin puso los ojos en blanco.
-Destiny, quiero acostarme con él por mis propios medios, sin que tú intervengas-dijo Lyanna cortante.
-Pero resulta, hermanita, que tirándote a un Hufflepuff, por muy hermano de tu mejor amiga que sea, no conseguirás tirarte al chico de tus sueños, que aun encima es el sex symbol del colegio.-masculló la Ravenclaw.-Aquí hay que pasar a la acción, Ly, y si no decides actuar en tu propio beneficio, significaría eso que la sangre Slytherin que tienes en tus venas, la que heredamos de papá, es menos que la mía, que estoy en Ravenclaw.
-¿Qué quieres decir con pasar a la acción, Dest? ¿Arrastrarme para que me haga caso?-masculló Lyanna, cortante.
Destiny esbozó una ambigua sonrisa.
-Tú dime una fecha, y un lugar, y ahí tendrás a Sirius Black dispuesto a todo contigo-le dijo con suavidad.
Lyanna alzó una ceja.
-¿Qué te hace creer que tienes tanto poder sobre él, hermanita?.-preguntó con suavidad, con escepticismo.
La menor de las dos hermanas, soltó una risita.
-Saber es poder, hermanita-dijo con retintín.-Y yo sé demasiado...
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Bethany seguía llorando. De hecho, no había dejado de llorar ni un minuto desde que los Gryffindor salieron de la Sala Común. Al principio había sido un llanto incontrolado, y Black, inexplicablemente, la había abrazado. Lo que, contra todo prognóstico, había calmado a la rubia. Después, Lily tomó el relevo. Ya estaba más calmada, y al ser la mayor de todas sus amigas, tenía que cuidar de las demás.Pero Beth seguía llorando a lágrima viva. Sabían que teía demasiado presente la muerte de su madre, y que no soportaría perder a nadie más, y menos a Diane, con quien compartía la condición de huérfana por parte de madre. Las dos chicas estaban muy unidas, y para Beth, perder a Diane significaría algo tan doloroso como incomprensible.
Sirius se sentía muy mal. Necesitaba abrazar a Bethany, incluso más de lo que, él sabía, ella necesitaba que él la abrazase. En el pasillo de la enfermería, Kate y Don Wood se unieron a ellos, y la chiquilla de ojos azules se acercó a Jeyne, que era con la que más confianza tenía.
-¿Cómo está?-preguntó con aprensión.
-La verdad, no lo sabemos, Kate, lo único que nos dijo Pomfrey fue que lo habían pillado a tiempo, pero no sabemos nada más-dijo en voz baja.-Ahora íbamos a verla...-los ojos lilas de Jeye se posaron en Don Wood.-¿No te habrás aprovechado de nuestra niña?-masculló mirándolo con cara de pocos amigos.
El castaño puso los ojos en blanco.
-Jeyne, como habrás comprobado con aterioridad, sé estar cerca de una chica sin tirármela-masculló, sin embargo, con una sonrisa.-Y para mi Kate es como una hermana o una prima, y yo no me tiro a nadie de mi familia.
Y en aquel momento, llegó el que faltaba, Jack Redford, que había ido a ver como estaba su hermana, y que, al verla llorando, lo primero que hizo fue fulminar a Sirius con la mirada, y después abrazar a su hermana con todas sus fuerzas.
-Bethy, cariño... no llores-susurró acariciándole el pelo.
Ella enterró el rostro en su pecho y sollozó. Jack y Beth no se llevaban bien, de hecho, generalmente no se soportaban, y se gritaban, y ella la emprendía a golpes con él cuando le tocaba demasiado la moral, pero para Jack, su hermana era como un último recuerdo de su madre, su viva imagen, y el único recuerdo que le quedaba de ella. Y la quería, como a la única chica que le importaba de verdad.
Sophie, separándose de Remus, que estaba rodeándole los hombros con un brazo, se acercó a la puerta de la enfermería. Respiró profundamente y entró.
La enfermera estaba sentada ante una mesa de madera, estudiando unos pergaminos, y alzó la vista en cuanto vio llegar a las cinco chicas. Esbozó una mística sonrisa y les indicó que se acercasen a Diane.
-Le he hecho un hecizo paralizante del cuello para abajo. De esa forma se frena el avance de la infección. Hay que renovarlo cada día, pero de momento está fuera de peligro, y puede hablar.-explicó, guiándolas hacia la cama de su amiga.
La morena estaba acostada, con la vista fija en el techo, pero giró la cabeza y sonrió cuando las oyó acercarse.
-Chicas...-su voz sonaba débil, pero bien.
-Dy... eres una jodida irresponsable-masculló Beth tirándose sobre su cuerpo, inmóvil y vendado y abrazándola.
Todas se quedaron mirando a la rubia, la chiquilla dulce y cariñosa que nunca decía tacos.
-Vaya, Beth, no es necesario que me castigues por ello asfixiándome, pero que sepas que te abrazaría si pudiese-dijo con suavidad.
La rubia soltó una risita y se sentó a los pies de la cama de su amiga, secándose las lágirmas con el dorso de la mano. Cuando todas hubieron abrazado a Diane, y la hubieron recubierto de besos, la morena suspiró.
-¿Por qué lo has hecho?-preguntó Lily con dureza.
La morena compuso una expresión de disgusto.
-Si pudiese, Lily, me encogería de hombros, pero como no soy capaz, conténtate con saber que lo hice porque necesitaba dejar de pensar en Edd con la Taylor.
-Pero esa no es la solución-dijo Sophie con dureza.-Deberías haber hablado con él, y no intentar hacer una estupidez.-añadió.-¿Me has visto alguna vez a mi queriendo suicidarme porque Remus no quiera nada conmigo?
-Lo sé, sé que fue una completa imbecilidad...-musitó Diane.
-Mujer, tampoco es tanto... Yo si Frankie se besase con otra delante de mis narices...-Alice suspiró y dio un beso en su frente.
-Venga, Dy, arriba ese ánimo, que nuestros compis de equipo han venido a verte, y Remus también-dijo Jeyne con una gran sonrisa, al tiempo que Pomfrey se escandalizaba al ver entrar al equipo de Gryffindor de Quidditch al completo, acompañados de Jack Redford, Frank, Remus y Pettigrew.
La morena, pese a no poder moverse, se echó a reír debido a la cara de frustración que se le quedó a la enfermera al ver a tanta gente en su enfermería, de una forma tan repentina.
-MI PACIENTE NECESITA DESCANSAR-aulló como una nergúmena-EL QUE NO ESTÉ FUERA DE ESTE LUGAR EL TREINTA SEGUNDOS LIMPIARÁ LOS ORINALES DE LA ENFERMERÍAS HASTA QUE SE LE CAIGAN LAS UÑAS.-y todos pusieron pies en polvorosa, dejando a una Diane partiéndose de risa, y el lugar desierto en menos de treina segundos.
La maniobra de dispersión de los invasores de la enfermería, consistió en que cada uno agarró a la chica que más le iba, y salió corriendo con ella: James con Lily de la mano, Sirius, antes de que nadie se diese cuenta, había desaparecido, y Beth, con él. Frank había sacado a Alice, pies en polvorosa. Donnovan Wood había agarrado a Kate de la mano y había salido por patas, seguido de Jack, que no sabía donde estaba su hermana, y de Remus, que corría de la mano, con Sophie. Jeyne salió sola, antes de perderse en un pasadizo que llevaba a las mazmorras.
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James caminaba con Lily rodeada con un brazo. La pelirroja caminaba en silencio, y al parecer, no era consciente de la posición en la que ella y James se encontraban, pero, si ella no protestaba, el moreno, desde luego, no pensaba hacerlo. El chico era consciente de que la prefecta estaba absolutamente preciosa, con sus pecas más pálidas de lo normal, y sus ojos verdes todavía brillando con los restos de las lágrimas que había derramado.
-¿Estás bien?-preguntó con la voz levemente enronquecida.
Ella lo miró, como si, por primera vez, acabase de darse cuenta de que estab ahí. Esbozó una, casi imperceptible y triste sonrisa, y se encogió de hombros.
-No lo sé, Potter, la verdad es que estaba demasiado asustada... supongo que... si la pierdo... si pierdo a alguna de mis amigas...-suspiró abatida, mientras entraban en la Sala Común.
-¿Por qué no me llamas James?-preguntó él, levemente dolido.
-Porque no quiero que te hagas ilusiones respecto a mi-dijo con tristeza.-No puede ser. No te quiero... y lo siento...
-Lily... Evans... puedo esperar para siempre-aseguró él.-Y te garantizo que al final cederás... te lo aseguro-añadió con altanería.
Ella entrecerró los ojos.
-Seguro.-masculló antes de soltarse de él y subir por las escaleras de su dormitorio.
El moreno se quedó allí plantado, debatiéndose entre seguirla y dejarle espacio. Al final iba a ser suya. No importaba lo mucho, muchísimo que patalease. Cuando un Potter se fijaba una meta, no había nadie que le impidiese llegar a ella.
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La dejó apoyada en la estatua que había a los pies de la escalera que llevaba a su Sala Común y la abrazó con todas, todas sus fuerzas, hundiendo el rostro en su pelo dorado.
-Beth, mi vida...-tomó su rostro entre las manos y la miró a aquellos ojos verdes que le hacían perder la noción de la realidad.-¿Estás bien?-preguntó con suavidad.
Ella se puso de puntillas, levemente, y lo besó intensamente, con ansia y casi desesperación. Sirius, en medio de aquel beso, notó como las emociones de Beth se habían disparado, y estaba dándoles rienda suelta de la manera que él le había enseñado. Quemándolas en un beso.
La chica se separó levemente de los labios de Sirius, sin soltarse de su cuello, a penas medio milimetro, para poder respirar, con su cascada de bucles dorados cayendo alrededor de la cabeza de Sirius. Estaban respirando el mismo aire, y el chico empezaba a tener demasiado calor.
-Ahora estoy mejor, cielo-susurró contra sus labios, antes de juntarlos nuevamente, con ardor, con fiereza, con miedo, entregando todo lo que tenía en ese beso.
Sirius le rodeó la cintura con los brazos y la levantó en el aire, dejándola a su altura. En medio de uno de los pasillos más transitados de todo Hogwarts, besándose de una forma desenfrenada, casi con locura.-Te quiero-suspiró ella en medio del beso.
El moreno la abrazó con fuerza, con todas sus fuerzas.
-Y yo a ti, mi vida, y yo a ti-susurró volviendo a besarla.
Se separaron levemente.
-Cielo...-Bethany respiró profundamente, tratando de controlar los desbocados latidos de su corazón.-Me voy a la Sala Común un rato-susurró antes de darle un beso en los labios.-Por la noche nos vemos.
Y se alejó de él, subiendo por las escaleras que llevaban a su sala Común.
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Se lo encontró sentado en las mazmorras, como si la estuviese esperando. Y la verdad era que lo estaba.
-Has tardado-dijo Regulus, con simpleza.
Jeyne, pálida como un espectro, se sentó al lado de su prometido, frotándose los ojos, para devolverles su color natural.
-Diane... está infectada.
La mirada del moreno se volvió cautelosa, y la miró detenidamente, para ver si estaba o no sentada en el suelo. Y lo estaba, pero tenía un pantalón vaquero. Pese a todo, Regulus etiró un brazo y tiró de ella, antes de sentarla en su regazo.
-¿Te encuentras bien?-preguntó luego mirándola a los ojos.
La chica sacudió su melena, mirándolo con una ceja alzada.
-Si descontamos que estoy alucinando por que últimamente tienes las manos levemente largas, si, ahora estoy bien...
El chico se rió entre dientes.
-Pues lo de las manos largas, Jeyne, es culpa tuya-replicó él, con una traviesa sonrisa.-Si no te pusieses esos escotes, mis manos estarían más quietecillas...-añadió, como quien no quiere la cosa.
Ella soltó una carcajada, y lo abrazó, antes de plantarle un sonoro beso en la mejilla.
-Regulus, cielo, hasta la boda, intenta controlarlas, o de lo contrario... te la cortaré...
-¿El que?-el moreno parecía repentinamente alarmado. Parecía.
-Lo que se me antoje...-replicó ella con una pícara sonrisa.
Regulus suspiró y acercó su frente a la de su prometida.
-Va a ser un desastre, ¿lo sabías?-preguntó con la voz ronca.
-¿El que?-inquirió Jeyne desorientada.
-Todo... Jeyne, una cosa es que ahora nos llevemos bien, y otra cosa es casarnos-murmuró.-Tú no estás enamorada de mí, y yo tampoco de tí... y... joder, vale, tenemos que montárnoslo... y va a ser un jodido desastre-masculló amargamente.
-No tiene por que salir mal, Regulus... para acostarse con alguien no es necesario estar enamorada.-dijo Jeyne con suavidad.
-Lo dices como si lo hubieses hecho miles de veces-dijo él, divertido.
-No, pero... como decía Hestia, lo único que importa es tener la confianza suficiente-dijo ella esbozando una sonrisa.
-Supongo...-dijo él con una traviesa sonrisa, antes de depositar un beso en la comisura de sus labios.-Pero... ¿no podríamos practicar un poco? Digo... para tener una noche de bodas como Merlín manda.-preguntó luego, con los labios a menos de un milímetro de su piel.
Jeyne se giró y lo miró a los ojos.
-Más quisieras Black-dijo con una risita, antes de levantarse y alejarse por las escaleras.
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Alice y Frank se detuvieron en medio de un pasillo con muchas, muchísimas vidrieras. Se miraron a los ojos y el castaño abrazó a su novia.
-Aly... ¿estás bien?, preciosa-preguntó en su oído.
-Si, Frankie, mi amor, pero...-esbozó una sonrisita traviesa-¿Podríamos hacer explotar estas vidrieras?-preguntó con su tono más angelical.
La sonrisa del castaño, que generalmente era dulce, se tornó gamberra e insinuatoria. Alzó una ceja leve, muy levemente, y rozó su nariz con la de Alice, arrodillándose en el suelo. La rubia se dejó caer delante de su novio, y pasó las manos por su cuello, acercándose a sus labios.
-Pase lo que pase, cariño, siempre te querré.-susurró antes de besarlo.
No fue un beso como acostumbraban a ser los suyos. Este estaba cargado de lujuria, de anhelo, de maldad.
Todos a una, los cristales explotaron, como si una bomba hubiese explosionado en medio del pasillo.
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La acompañó hasta la entrada desierta de la Sala Común de Ravenclaw.
-¿Te encuentras bien?-preguntó Remus con una sonrisa, todavía sin soltar a Sophie, a quien tenía agarrada del hombro.
-No sé, depende de como tú me veas-susurró ella con una sonrisita.
-Pues yo te veo bastante bien-replicó él. Remus no. Lunático.
-Vaya, pues entonces es que tienes la vista bien regulada-replicó ella como si nada.
Remus soltó una carcajada.
-Que creída-dijo con una sonrisa.
-Fuiste tú el que dijo que estaba bien-replicó ella mordaz.
-¿Ni siquiera un poco preocupada?-preguntó él, mirándola a los ojos.
-Eso si, pero va por dentro, así que, digamos que, por fuera como un queso, y por dentro como un flan.-dijo ella con una pícara sonrisa.
-Me gusta mucho el queso-dijo el lobo.-Y el flan...
Sophie soltó una risita.
-Anda, Remus, que me voy.-dijo antes de ponerse de puntillas y darle un beso en la mejilla. Luego, sin mirar atrás, subió por las escaleras, sin querer pensar que el pecho le estallaba porque implicitamente, Remus le acababa de decir que le gustaba.
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Aun no hacía cinco minutos que había dejado a Beth en la puerta de su Sala Común, aun no se había alejado ni doscientos metros del lugar, cuando una chiquilla lo agarró por la túnica, haciéndole darse la vuelta.
Sirius se giró, para encontrarse con la Taylor de Ravenclaw, que lo miraba con una sonrisilla de superioridad.
-Vaya, Black, el chico con el que más ganas tenía yo de hablar-dijo con una cantarina voz de inocencia.
-¿Y que quieres?-preguntó cruzándose de brazos.
-Ya sabes, que te acuestes con mi hermana... nada nuevo-dijo ella, con voz aburrida.
El moreno alzó una ceja y la miró con incredulidad.
-Por el amor de Merlín, niña, ¿qué te fumaste?-preguntó despectivo.
Ella soltó una carcajada demente y lo miró con una sonrisa.
-No fumo, Black, es sólo que sé que estás con Redford, y sinceramente, no sé que tiene ella que no tenga mi Lyanna, y además, creo que si tu amiguito Pettigrew se entera, podría enfadarse, ¿no crees?
-Tía, tú estás fatal del bolo-le espetó Sirius.
-Puede, pero como no te acuestes con mi hermana, le diré a tú amigo que estás con la chica de sus sueños, y perderás a uno de tus mejores amigos...
Sirius se giró, marchándose de allí, desesperado. Sabía que aquella chica era completamente capaz de decírselo a Peter.
-Elige, Black-su voz llegó a él, como si lo estuviese siguiendo.-Tus amigos o tu chica...
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-Entraremos en Hogwarts cuando tú nos des la señal, y obligaremos al ministro a entregarnos el control, bajo la amenaza de matar a un chico cada hora hasta que lo haga-dijo su voz, baja y sibilante.
Severus no quería. Meter a Voldemort en Hogwarts era peor que matar. Podría hacer daño a Lily, y eso no podía consentirlo.
-Mi señor, no creo que sea buena idea-dijo, contrito.
-¿Osas desafiarme? ¿Dónde están tus lealtades, Severus?-preguntó Lord Voldemort, con su voz más temible.
-Con vos, mi señor-juro con solemnidad.-Es solo que, veo complicado que Dumbledore abandone el colegio algún día, señor.
-Todo se puede dar... es cuestión de esperar a que las cartas estén sobre la mesa...
Snape asintió. Estaba entre la espada y la pared...
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La noche era oscura, y había caído repentina sobre el colegio, tan repertinamente como Sirius había caído sobre Beth en la cama, besándola con una intensidad desconocida hasta el momento, la besaba con miedo, pero ella no sabía que lo era. El chico tenía miedo a perderla, por encima de todas y cada una de las cosas de ese mundo. La quería con toda su alma, y no podía renunciar a ella, porque si lo hacía, perdería todo lo bueno que había en él.
Sus manos recorrieron su cuerpo delgdo y frágil, como queriendo aprendérselo de memoria, recordando cada lunar, cada curva, cada milímetro, recorriéndolo con los labios, con las yemas de sus dedos, con todo lo que tenía. La adoraba, por Merlín. No sabía si por la suavidad de su piel o el color de sus ojos. Lo único que Sirius sabía a ciencia cierta, era que no podía renunciar a aquello que sentía cuando ella depositaba suaves y tímidos besos en su pecho y en sus hombros. No podía renunciar a los ténues arañazos que le hacía en la espalda, al notarlo dentro de ella.
No podía renunciar al sabor de sus labios, ni a su mirada inocente. No podía renunciar a su inocencia, que pese a todo lo que había pervertido su piel con la lengua, se negaba a abandonarla. No quería renunciar a ella. Nunca.
Y mientras le hacía el amor, despacio, suave, deseando no terminar nunca, oyéndola suspirar, gemir de placer, murmurar su nombre entre suspiros. Sirius supo que estaba completamente enamorado, y que no podía hacer otra cosa que no fuese quererla con toda su alma.
Mientras le rodeaba la cintura, desnuda y menuda, con un brazo, ella poyó la cabeza en su pecho.
-Sirius, te quiero.-susurró cerrando los ojos.
-Y yo a tí, amor, y yo a tí...
Besó suavemente sus rizos, que caían sobre su rostro.
-Bethy, cariño, te prometo que nunca, nunca, pase lo que pase, dejaré de quererte-dijo con la voz ronca.
Ella adormilada, abrió los ojos y lo miró confusa.
-Sirius... qué cosas tienes... claro que nunca lo harás-musitó, acomodándose sobre su pecho.-Te quiero...
Sirius notó, como lentamente, se iba quedando dormida. Lo que ella no sabía, era que él se encontraba entre sus sentimientos, atrapado, entre la espada y la pared.
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Hola a todoos!! Espero que os haya gustado, porque a mi me gustó, mucho, además, pero me costó sudor y sangre escribirlo.
¿Qué hará Sirius? ¿Que pasará con Diane? ¿Y con Jeyne y Regulus? ¿Qué pasará a partir de ahora?
Nos vemos en una semanita (más o menos, que el cole me estresa)!!
Todo lo que queráis, en un substancioso review!!!
Beshitos con sabor a Merodeador!!
Se os kiere!!
.:Thaly:.
