Siento la tardanza sin más he aquí el capítulo.


Capítulo VI.

Aeris abre los ojos con un sentimiento de terror invadiendo su cuerpo, la penumbra que la recibe no le ayuda en nada a disipar su angustia sin embargo cuando su mirada encuentra la máscara blanca, todo terror desaparece. Recuerda entonces dónde se encuentra y a quién pertenecen los tibios brazos que la rodean. Esa persona cubierta bajo una máscara de misterio ha sido la primera persona en abrazarla en un largo tiempo. De hecho, apenas puede recordar la última vez que su madre le abrazó, a veces incluso se pregunta si en algún momento lo hizo realmente.

Con ayuda de las escasas velas encendidas, la castaña observa a su anfitriona. Tez blanca, un tanto pálida pero no le hace parecer como un fantasma sino más bien como una muñeca de porcelana sin embargo hay algo que mancha esa perfección. Largas, continuas y múltiples cicatrices surcan la piel de los brazos. Algunas parecen antiguas por el color que han adquirido pero aún así son perfectamente visibles, algunas otras son más recientes y el color en ellas parece ser más vivo, por último la ojiverde puede apreciar como las manos de esa mujer están cubiertas de pequeños cortes junto con algunos moretones que lentamente se tornan amarillos con el paso de los días. Aeris acaricia cada una de las marcas visibles, lo hace con sutileza para no despertar a la persona que yace junto a ella. No puede imaginar qué ha ocasionado todo ese daño.

Finalmente observa el rostro relajado de la pelinegra. Aquella máscara le provoca curiosidad, de pronto el deseo de conocer ese rostro crece violentamente haciendo que una de sus manos se dirija a la blanca superficie. Desliza sus dedos por todo el contorno. Sabe que no debería hacerlo, que debe respetar la privacidad de la persona que le está ofreciendo todos sus conocimientos pero en sus palabras aún hay algo que no encaja. Quiere conocer lo que esconde esa máscara para entender por qué una persona que habla de los defectos y virtudes, de cómo los primeros resaltan las cosas buenas y de cómo pulir las virtudes para ocultar todo lo demás; esconde su rostro del mundo.

La castaña piensa que tal vez la máscara cubra una enorme cicatriz sin embargo desecha la posibilidad ya que los brazos de la morena están cubiertos de ellas sin embargo no cubre sus brazos… completamente. Aeris se muerde el labio mientras contempla la posibilidad de retirar aquel objeto pero al final deja que su mano viaje libre por el lado opuesto de ese rostro. Se desliza por la tersa piel, quizá el único espacio que no esté marcado por el paso del tiempo.

Mientras la ojirubí descansa, su cara permanece relajada dejando que la joven Gainsborough aprecie realmente los rasgos de la mujer. Son finos, delicados, jóvenes, en ese momento Aeris puede asegurar que la joven no tiene ni siquiera su edad, probablemente tenga escasos dieciséis o quizá exagerando diecisiete. Es aterradora la forma en que ese hecho se oculta cuando está despierta. Su fisionomía no ayuda demasiado ya que incluso siendo más joven es más alta que Aeris y su cuerpo se ha desarrollado de una mejor manera. Los músculos de sus brazos incluso están ligeramente marcados como si dedicara gran parte de su tiempo a hacer ejercicio. En su cuello son visibles un par de venas dejando notar que quizá todos sus músculos sean sometidos a un gran esfuerzo día a día o tal vez lo fueron en algún momento.

La curiosidad sigue presente en el cuerpo de la ojiverde mientras la tentación está tan cerca que sus dedos pueden tocarla. No sabe lo que puede pasar pero quiere retirar la blanca superficie, sabe que no es digna para hacerse aún con ese secreto y aún así desea, anhela profundamente conocer completamente a su salvadora. Toma la máscara por uno de los bordes, observa atentamente el rostro de su anfitriona asegurándose de que siga dormida. Sus ojos permanecen cerrados y la respiración tranquila, pausada, constante. Inhala lentamente mientras su muñeca se mueve hacia atrás.

Contiene la respiración por un segundo, los ojos rubíes la observan duramente, no con odio sino con dolor. La pelinegra no estaba dormida simplemente tiene un perfecto control de su cuerpo, fue ella quién alejó su mano antes de que pudiese conocer su más grande secreto. Sabe que ha cometido un grave error cuando su anfitriona se levanta sin decir palabra alguna, sin dirigirle una mirada, simplemente se pone la larga capa negra para luego salir de esa habitación para introducirse en una nueva cerrando la puerta tras de sí. El sonido sordo desaparece dejando a Aeris completamente sola.

No tenía derecho alguno para hacer algo así. Ha lastimado a un ser hermoso que no está preparado para asumir su propia perfección, su propia belleza. Por el reflejo de dolor que pudo observar en esos ojos cree tener parte de la respuesta. La morena conoce su rostro mejor que cualquiera, sabe lo que hay debajo de la máscara y no tiene miedo a mostrarlo, tiene miedo a que el mundo se aleje cuando la conozca completamente.

Quizá eso ha influido para que viva así, entre las penumbras de una enorme mansión que se mantiene siempre oculta bajo la fría tierra, un lugar que nadie puede encontrar. Por eso la ojirubí se esconde en la soledad porque así nadie puede lastimarla, porque en el silencio no hay burlas o palabras hirientes. Porque en la oscuridad no hay ojos curiosos.

Y a pesar de todo eso Aeris quiere conocerla porque esa mirada le reveló gran parte de una verdad pero aún queda una historia detrás de ella. No descubrió el secreto que quería sin embargo ha encontrado que incluso un ángel como lo es la morena puede tener miedos y a pesar de la dura mirada que le dedicaron después, Aeris no se arrepiente completamente de su osado acto puesto que quizá sea la única persona sobre la faz de la Tierra en ver la debilidad de ese maravilloso ser. No sabe si irrumpir en la habitación o quedarse después de todo no quiere herir otra vez a ese ser.

Lo medita largos segundos mientras el calor abandona la cama. Ya se ha arriesgado lo suficiente por un día, no quiere que la pelinegra le retire su apoyo si no es que lo ha hecho ya. Luego de largos segundos se levanta de la cama para recorrer un poco la enorme habitación en la que se encuentra. Es un poco fría pero parece realmente acogedora, es una habitación circular por lo que desde el centro de la misma pueda observarlo todo.

Hay diversas puertas que probablemente lleven a otras habitaciones, ella simplemente ha entrado en la del baño sin embargo en ese momento no puede ubicarla exactamente ya que todas las demás puertas son iguales a esa. Ninguna tiene una placa que indique su contenido. Cuando Aeris casi finaliza la inspección se encuentra con la silueta de un piano sumido en la completa oscuridad de una esquina. Le recuerda aquel sótano del teatro.

Se acerca sigilosamente como si tuviera miedo de encontrarse con una bestia feroz aguardando en la oscuridad sin embargo cuando toma asiento en el taburete de terciopelo negro el miedo la abandona. Se siente segura en ese espacio, una sensación familiar y tranquila invade su cuerpo regresándole el calor que había perdido por la frialdad del lugar.

Es como estar en su pequeño cuarto de ensayo tan sólo unos metros por arriba de su cabeza, quizá aquí no tenga la ventaja de grandes ventanales pero al menos aquí no debe observar la puerta cada dos minutos para asegurarse de que no corre peligro. Levanta la tapa y un ligero dolor recorre velozmente su cuerpo recordándole todo el daño al que ha sido sometida. Cierra los ojos con dolor pero no se aleja de aquel instrumento, no es por culpa de su madre que quiera tocar, tampoco es por masoquismo sino porque con la música se siente libre además de que no soporta la soledad si sabe que ha sido culpable de lastimar a la pelinegra. Intenta tocar alguna melodía pero el dolor simplemente se lo impide luego de un instante. Unas manos suaves tomas las suyas delicadamente impidiendo que reciban más daño.

La castaña se sorprende más no se asusta pues sabe perfectamente a quién perteneces. Ese hecho la llena de gran felicidad pues al menos sabe que no es odiada. Puede escuchar un suave suspiro antes de que la ojirubí la suelta y se arrodille a su lado. Se puede observar la tristeza y el miedo en esos ojos de color carmesí.

-Lo siento. – Es apenas un susurro en la oscuridad. La joven Gainsborough no puede entender realmente el significado de esas palabras ya que debería ser ella quién pidiera la disculpa sin embargo no tiene demasiado tiempo para pensar ya que la suave voz vuelve a hacerse presente. – Sé que no debí reaccionar así pero no estoy lista para revelar mi rostro. Tengo miedo de que huyas al conocer esa parte de mí, no quiero que vuelvas a sufrir. Créeme que llegado el momento serás libre para afrontar el mundo por ti misma pero por ahora déjame conservar este secreto, por favor. – La súplica desarma fácilmente cualquier argumento que Aeris pudiese tener así que toma nuevamente las manos de la otra obligándole a devolver la mirada. Hay una sombra de dolor en los ojos carmín y la pianista no quiere lastimarla más.

-De acuerdo. – Una pequeña sonrisa aparece en los labios de aquella persona que mantiene su rostro oculto.

-Acompáñame. – Las dos mujeres dejan esa esquina oscura para cruzar la habitación hasta una de las puertas sin embargo antes de cruzarla Aeris se detiene atrayendo la atención de la otra mujer. - ¿Qué sucede?

-Tu rostro en un secreto pero ¿puedo conocer tu nombre? – La morena se ríe y por un instante parece tener la edad que realmente tiene. Por un breve instante todas las máscaras se caen revelando a la joven de dieciséis años.

-Lo siento, creo que he sido muy descortés. – La risa se va pero perdura la sonrisa. – Mi nombre es Tifa Lockhart, es un placer conocerla señorita Gainsborough. – Como si fuera realmente un caballero le hace una pequeña reverencia y besa el dorso de su mano causando que ría también ante ese hecho.

Entran a la habitación, lo primero que nota Aeris son las herramientas para trabajar la madera que hay sobre un escritorio. Seguramente varios de ellos son los causantes de las heridas en la piel de la pelinegra. En el centro del escritorio hay un trozo del material que ha sido recortado en algunos lados como si fuera una pieza que apenas empieza a trabajarse para dar a la luz a una obra de arte. Porque Aeris está segura de que en eso se convertirá.

-Debes descansar, tu cuerpo aún está maltratado ya lo has visto. No voy a obligarte a practicar hasta la perfección, eso se ha terminado. – Tifa conduce a la castaña hasta un elegante sillón donde la hace sentarse. – Quiero mostrarte algo. – La ojiverde observa atentamente la pared que se extiende frente a ella, no hay repisas, ni cuadros está completamente desnuda, vacía de cualquier decoración sin embargo el sillón está orientado para observar en esa dirección. Ante el desconcierto de la mayor la ojirubí sonríe sin que ese gesto sea percibido. - ¿Preparada?

-Eso creo. – Ante la atenta mirada esmeralda Tifa se acerca a uno de los extremos de la pared para después jalarlo y correr la pared revelando un inmenso cristal que muestra el exterior. De forma sorpresiva no están bajo la tierra como la castaña había supuesto todo el tiempo. Lo que se extiende frente a ella es la impetuosa inmensidad del mar bajo un cielo azul intenso que se prepara para recibir al amanecer. Ambas se quedan en silencio mientras el Sol sale.

-Apuesto que creías que estábamos bajo Tierra. – Las mejillas de Aeris se encienden. – Pero también apuesto a que si te pidiera que llegaras al teatro o te llevara al teatro y te pidiera que volvieras no podrías. – La castaña sabe que esas palabras son ciertas por lo que mantiene el silencio. – Podrías creer que esa es sólo la forma de llegar sin embargo ese laberinto es la mayor protección que tiene este lugar. – La mansión pierde el aire lúgubre. – Sígueme.

Ambas regresan a la habitación principal donde Tifa jala una palanca e igualmente una enorme pared se desliza mostrando el mismo panorama que la anterior. La luz entra con fuerza alumbrando cada rincón.

-Pensé que te gustaba la oscuridad. – La joven Lockhart sonríe de medio lado antes de responder.

-He estado en ella demasiado tiempo. – El piano en el que Aeris se sentó hace unos minutos ahora se encuentra completamente bañado de un brillo dorado. Una nueva pregunta surge dentro de la castaña pero no se atreve a preguntar en ese momento. Sólo espera tener algunas respuestas con el paso de los días. – Es cierto que me muevo bien entre las sombras pero eso no significa que me guste, he pasado mucho tiempo moviéndome en silencio, en penumbras pero no porque así lo desee sino porque tengo que hacerlo de esa forma. – Su semblante ensombrece por un segundo, todo lo que está diciendo tiene un significado oculto y eso es lo que le causa un enorme dolor que se niega a mostrar. Aeris puede verlo en su mirada pero no se atreve a hablar pues no quiere invadir nuevamente su privacidad.

-Me gusta más así. – Esas palabras son suficientes para disipar cualquier atisbo de oscuridad del rostro de la ojirubí.

-A mí también Aeris, a mí también.


utau-mizuki: Hay muchas cosas irónicas en este fic que lentamente se comprenderán con más facilidad. Sobre la mansión subterránea bueno creo que ya no lo es tanto. xD Ya veremos como se desarrolla la historia entre estas dos, fantasma y pianista, durante la que será una larga convivencia juntas. Veremos el proceso de enamoramiento de nuestra fantasmita - que no lo estaba ya? ¬¬ - de cualquier manera gracias por leer y por supuesto por el doble comentario xD

The Brightness of An Angel: Me alegra que te hayan gustado los capítulos. Lamento mucho la tardanza pero al fin la inspiración volvió a mí. Por cierto que si logro que me odies nada podrá salvarme, si Tifa no puede de nada sirve que me de lecciones T_T Ahora no se si quiero que me odies, una parte dice que sí y la otra grita que no pero todo está ya decidido O_o Espero que hayas pasado un cumpleaños genial y también espero que te guste el resto de la historia incluso si eso me condena a muerte. U_U


Espero que les haya gustado el capítulo, muchas gracias por leer y nos veremos pronto.