El jardinero inoportuno

—Hey, Ino-cerda— llamó Sakura agitando la mano dramáticamente mientras la aludida terminaba de guardar sus zapatos en la gaveta que le correspondía.

—¿Qué quieres, frentesota?

—Vamos a ir a ver una película terminando las clases ¿No vienes?

La rubia negó con la cabeza.

—Estoy castigada— dijo como excusa avanzando por el pasillo al lado de la chica de pelo rosa que había levantado una ceja en inminente gesto de incredulidad.

—¿Tú papá te castigó?

—¡No! ¡Me castigó la señora Hanamira!— respondió sarcásticamente. Sakura rodó los ojos.

—Pudo ser algún maestro, pero bueno ¿Tú papá te castigo a ti? ¿A su princesa que ni el suelo merece?— volvió a preguntar para aclarar la idea que en un principio había querido decir, consiguiendo que la otra le diera un pellizco que no dudó en devolver.

—Mejor di que tenías planes con Sai, sonaría menos falso.

Ino torció la boca y miró a su compañera seriamente.

—De verdad estoy castigada, ayer llegué como seis horas después de la hora que me dieron permiso.

Sakura se encogió de hombros.

—Entonces creo que solo serán Naruto, Kiba y Chōji. Shikamaru dijo que Temari-san viene de visita, así que lo contamos ausente toda la semana. Shino dijo que estaría ocupado, Neji y Hinata están con lo de la boda, si no va Neji no va Tenten, a Lee nadie lo ha visto y Sasuke-kun ni siquiera escuchó la propuesta completa… y yo…

—No vas si no va Sasuke— completó la rubia —. Ya supéralo, además, ya sabes cómo es él, igual va a terminar ahí, así Naruto deba romperle las piernas y sacarlo a rastras de su casa.

Sakura de verdad intentó sonreír, pero falló miserablemente.

—Iba a decir "si no vas tú". Además, estoy segura de que la dichosa película que escogió Naruto es una de su degenerada colección.

La rubia se encogió de hombros entrando a su salón y despidiéndose de Sakura que estaba en el contiguo.

—No te deprimas, Sakura— le dijo asomando la cabeza al pasillo —. Todos los hombres pasan por esa etapa de hacerse los interesantes.

—¡No hables como si supieras todo de hombres!— le gritó la otra.

—Bueno, sé más que tú ¡Cualquiera sabe más que tú!— y la rubia desapareció dejando a Sakura jurando mentalmente cobrar venganza por la humillante verdad que había delatado frente a todos sus compañeros.

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Ino miraba por la ventana luchando por no quedarse dormida.

No era mala estudiante, en absoluto, tenía un promedio bastante aceptable, el mejor de la clase a decir verdad. Pero las clases de historia impartidas por un hombre viejo eran tan…

—Yamanaka-san— la voz del anciano la sacó de sus pensamientos donde se planeaba con seriedad meter solicitud para ser miembro del consejo estudiantil e institucionalizar todas las fiestas relacionadas con flores y emitir una solicitud para días de descanso luego de los bailes.

—¿Sí, Akari-sensei?

—Su teléfono— indicó el hombre sin dejar de escribir en la pizarra, entonces, solo en ese momento, Ino se percató de que efectivamente el aparato portátil sonaba desde la mochila.

—¿Puedo tomar la llamada?

—Me imagino que sí, pero hágalo en el servicio sanitario, si el prefecto la ve, nos va a reportar a los dos. Debió dejarlo en la gaveta o yo decomisárselo.

—Lo siento. Gracias.

La rubia dejó el salón y como se le indicó, corrió hasta el final del pasillo para encerrarse en un cubículo.

—¿Sí?

Iba esperar a que entrara la llamada al buzón ¿Por qué estás contestando en clase?

—Akari-sensei me dejó tomarla.

Ah, ese maestro, me dio clases a mi cuando tenía tu edad ¿Aún vive?

—¡Papá!

Cierto, Ino-chan, no te lo pediría si no fuera importante, necesito que inmediatamente terminen las clases vengas a la tienda, pero si pudieras hacerlo sin detenerte a platicar con cualquiera que pase, estaría infinitamente agradecido.

—¿Lo suficiente como para levantarme el castigo?

Solo hubo silencio al otro lado de la línea.

—Tomaré eso como un no ¿Qué pasó? Digo, si al menos eso puedo saber.

Inoichi dudó unos momentos y con la voz casi apagada le dijo.

Llamaron a un jardinero para que retirara las malas hiervas y recortara los árboles del jardín de la casa Hyūga, el muy imbécil se llevó las clemátides de montaña* que pusimos en las pérgolas creyéndolas hiedras…

—¡Pero si será bestia! ¡¿En qué se parecen una y otra?!— exclamó ofendida, tanto como su padre cuando recién le llamó una sirvienta al borde de la histeria ya que ella se supone que vigilaba al jardinero — ¿Vamos a poner algunas de las que ya tenemos?

Sí y no, Zetsu-san dijo que venía hoy a entregar nuestro pedido, ya lo estuve llamando, pero no me responde su teléfono, así que quiero que tú te quedes en la tienda a esperarlo. Eso significa, yo voy a la casa Hyūga, tú vas a la tienda.

—¡No! ¡No!— Ino había sentido súbitamente cómo la sangre perdía impulso al circular por su cuerpo.

Solo no te le quedes viendo, recibes las semillas, el dinero está en el doble fondo de la caja, le pagas, te da la factura y se va, eso es todo. Anda, igual yo ya estoy saliendo de la tienda, Hiashi ha de estar que ni el sol lo calienta.

— ¡No! ¡Espera no…!

Besos, princesa.

Y la llamada terminó dejando a Ino pálida en el baño de la escuela.

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—¡Eres una cínica sinvergüenza!— gritaba Sakura señalándola acusadoramente —¡Primero me humillas frente a toda la escuela y ahora me vienes a pedir favores!

Pero la rubia no le estaba poniendo atención a sus exageraciones, porque ni era cínica ni había sido frente a toda la escuela. Tan solo se dedicaba a darle la más lastimera de sus miradas con las manos al frente a modo de súplica desesperada, porque que en realidad estaba desesperada.

—Realmente me da mucha pena llamar a Shikamaru, casi no ve a Temari, y la abuela de Chōji sigue enferma…

—¡Ah! ¡Y aparte de todo ni siquiera fui tu primera opción!

Ino consiguió hacer acuosos sus ojos y Sakura dirigió la mirada a otro lado para no caer, pero ya era demasiado tarde.

—Igual mi mamá sabe que voy a llegar tarde.

—¡Oh, Sakura! ¡Eres tan buena amiga! ¡No tienes idea del terror que me da ese hombre!

—Solo como pregunta— inquirió Sakura entrecerrando los ojos — ¿Por qué no llamas a Sai?

La chica bufó moviendo un poco su fleco por acción del soplido incluido.

—Creo que tuve una diferencia de opiniones con su papá y considero que será mejor no molestarlo, pero quiero hacer constar que yo no traté de golpearlo.

Sakura sonrió de medio lado, resignada solo movió la cabeza.

—Al final si te lo contó.

—¡Eres una loca demente! ¡No puedes golpear a todo el mundo! ¡Un día te vas a topar con un tipo que no se toque el corazón para pegarle a una mujer y vas a saber lo que se siente!

Sakura rió encogiéndose de hombros y caminó a la salida junto con su amiga, luego de despedirse de los tres chicos que ya programaban la tarde, y tal como Sakura lo había sospechado "Icha-Icha" "chicas" y "Jiraiya" fueron palabras que se distinguían perfectamente.

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—Falta que no traigas llave— dijo Sakura sentándose en el piso mientras miraba a Ino vaciar sobre la acera el contenido de su bolsa.

—¡Claro que la traigo! Están por aquí.

—Buenas tardes, Ino-san.

Y las manos de la muchacha se volvieron torpes, Sakura se puso de pie haciendo una breve reverencia a modo de saludo asumiendo que era la persona a la que esperaban.

—Bue… buenas— y el tartamudeo junto con la hurgada entre cuadernos, lápices y demás menesteres escolares se hicieron casi desesperantes para la joven Haruno.

Sí, el sujeto era algo peculiar, pero hasta cierto punto comprendía el pánico de su amiga con ese par de ojos amarillos clavados en su nuca. Sin embargo, le pareció bastante gracioso, usualmente era ella quien miraba sin descaro, ahora le devolvían el favor.

—Ahí está— señaló Sakura para liberar a su amiga de la presión en cuanto vio el metal del llavero destellar.

A toda prisa la rubia guardó todo, tomó las llaves y contra todo pronóstico consiguió meterla en el cerrojo en el primer intento y girar sin problemas, enseguida liberó los otros tres seguros abriendo la puerta, girando el letrero que indicaba "Regreso a las dos" con carita feliz incluida, para dejar solo el de "Abierto".

—Pase, por favor.

—Debo ir por la caja al auto ¿No está Inoichi-san?

—No, no, él… él no está.

—Bien, solo espere un momento.

Dejando la tienda y cerrando la puerta haciendo la campanilla sonar, Sakura dejó de contener su risa.

—¡Deberías verte!

—¡¿Es que tú estás ciega?! ¡La frentesota te tiene corta la vista!— luego bajó su volumen de voz y se acercó a la otra.

—¡Mira sus ojos!

—Sí, los vi. Mi madre y Tsunade-sama han estado tratando muchos casos de hepatitis en la clínica, es normal dentro de lo que cabe.

Ino la miró unos momentos ¿Había algo que Sakura no supiera? Pero al menos podía sacar provecho de aquella enciclopedia andante.

—¿Es… es contagioso?

La chica dudó un momento.

—Solo la tipo A por vía oral, l por sangre y fluidos.

Ino cerró los ojos y movió violentamente la cabeza de un lado a otro dando un salto en cuanto la campanilla sonó de nuevo. Por reflejo de buena educación hizo a Sakura a un lado con poca delicadeza corriendo a auxiliar al hombre que traía dos cajas de buen tamaño en un acto de equilibrio precoz.

—Gracias, tome la de arriba por favor, Ino-san.

Ella así lo hizo, inevitablemente mirando bajo las solapas mal colocadas.

—Esas son un regalo— indicó Zetsu caminando hasta el fondo de la tienda —Para que puedan ir exhibiendo lo que tendrán en algún tiempo.

Sakura, curiosa, se puso en puntas de pie para mirar la caja que ya habían dispuesto sobre el mostrador.

—¿Puedo?— preguntó Ino refiriéndose a abrir la caja.

—Adelante.

Entre las dos retiraron las solapas y no pudieron ni se molestaron en ocultar su expresión se asombro.

—¡Son bellísimas!

Con sumo cuidado, Ino tomó la pequeña maceta entre sus manos y sacándola como si del traslado dependiera su propia vida, la levantó un poco para mirarlas a detalle.

Sinceramente, era la primera vez que veía una fuera de un libro de botánica, los lóbulos rojos estaban abiertos en las cinco trampas, las filas de pequeños "dientes" se miraban tan frágiles. En el medio se encontraba un tallo floral que sostenía un ramillete de flores blancas.

¡Tan pequeña! ¡Casi ni parecía verdad que aquella belleza fuera una predadora!

Zetsu le hizo una seña para que la colocara sobre el mostrador y ella obedeció sin mermar el cuidado de sus movimientos. El hombre revisó las bolsas de su saco y sustrajo de una de ellas lo que parecía un salero, aunque dentro no era precisamente sal lo que tenía. Con la precisión de un cirujano acercó el objeto y lo movió un poco dejando caer un bicho que poco le importo identificar, pero a primera vista parecía una mosca sin alas.

El insecto negro, evidentemente atontado por el previo ajetreo del frasco, anduvo torpemente, pero, de pronto, tan solo en un parpadeo la trampa se había cerrado.

Los ojos azules de Ino se abrieron tanto como pudieron, apenas capaces de haber conseguido ver el acto, contuvo innecesariamente la respiración por unos segundos y asintió torpemente cuando el hombre le advertía que no jugara con las trampas o la mataría de estrés.

Ni siquiera por ser la más popular de toda la gama exótica podía simplificarse a una descripción como las que hacía para vender rosas y geranios.

Una Venus atrapamoscas.

—Una Dionaea muscipula.

Y prosiguió a recitar los cuidados, aunque en algún momento Sakura fue quien llevó la conversación asegurando que se la repetiría a la rubia después, ya que Ino, oficialmente estaba enamorada.

—Debo marcharme, Ino-san, Sakura-san. Tengo algunas cosas pendientes.

—Sí, claro— respondió automáticamente la joven Yamanaka examinando a las otras macetas. Sakura, sin embargo, carraspeo.

—Creo que debes pagarle.

El rubor cubrió la blanca tez de la chica que corrió a la caja a hacer todo el procedimiento de retiro.

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Desde el momento en que el hombre se marchó, pasaron al menos unos quince minutos en silencio.

—No fue tan malo— dijo Sakura finalmente ya aburrida de mirar nada en especial.

—No… de hecho fue bueno.


Comentarios y aclaraciones:

*Una plantita blanca muy olorosa perfecta para adornar.

¡Muchas gracias por leer!