Así comenzó todo
Capitulo 6: El regreso de Yamcha.
Repentinamente sintió ganas de haber hecho caso a Vegeta cuando le pidió, o más bien ordenó que arreglase la cámara de gravedad. Pero eso no iba a impedir que él volviera, por alguna razón, ya no sentía deseos de verlo, pero su sonrisa que reflejaba arrepentimiento hizo que fingiera alegría al verlo atravesar la puerta de entrada.
- Hola Bulma…. yo - Dijo Yamcha sin preocuparse por ocultar su nerviosismo.
- Hola Yam¿Qué haces aquí? Eh… quiero decir ¿No estabas entrenando? – Titubeó la peliazul antes de proseguir. – No creí que regresaras tan pronto….
- No me gustó la forma en la que me fui, necesitaba venir a verte. – Centrándose en su mirada, ignoró la presencia de Vegeta cercana a ellos.
Desde su entrada prefirió callar un momento y presenciar el encuentro de los novios en silencio, ya conociendo un poco de la personalidad de esa molesta humana, alzó una ceja al ver que se mantenía un poco indiferente, reacia, como si hubiera preferido posponer el encuentro, lo que provocó un poco de curiosidad en él.
- Me gustaría que saliéramos a algún lugar… y conversar o -
- Lo lamento mucho Yam, tendrá que ser en otra ocasión. – Contestó más tranquila.
- ¿Eh¿Por qué¿Qué sucede Bulma? -
- Es que… yo iba… iba a arreglar la cámara de gravedad. – Concluyó victoriosa por al excusa que había ideado tan rápidamente. - ¿No es así Vegeta? – Preguntó girándose al Saiya.
- Hmp! Si… supongo…. – Dijo extrañado por la actitud de la joven.
- Ya veo… - Comentó Yamcha con decepción, no esperaba ser recibido de esa manera, tampoco esperaba que ella saltara a sus brazos, pero usualmente lo hubiera echado de la casa montando sus pequeñas escenitas a las que tanto se había acostumbrado. Pero esta vez Bulma había elegido darle excusas con una sonrisa en el rostro. – Bien, entonces… supongo que nos vemos después. -
- Si… adiós… - Finalizó un poco incomoda.
Yamcha se acercó a ella para despedirse con un beso, un beso que ella correspondió apenas rozándole los labios. Incómodos todos aquellos que estaban en el recibidor, mientras uno se volteaba asqueado y un poco molesto ante la cursi escena, la pareja se despedía del estrés que se respiraba en la habitación.
El muchacho se retiró sin más, extrañado por lo sucedido. Recientemente se había percatado de lo mal parada que había dejado a su novia, justo antes de retirarse de la Corporación Cápsula, ofendido sin hacer caso de sus llamados, ella no tenía la culpa de sentir preocupación por un ser viviente, por más que este sea un mercenario del espacio, ella tenía un alma buena y siempre ayudaría a quien lo necesite, y si se trataba de rehabilitar casos perdidos ella era una experta. Ese joven ladrón que un día conoció, lo convirtió en un buen muchacho honesto, que podía llegar lejos siendo el mismo, sin robar al prójimo o aprovecharse de los demás.
Lo mejor por el momento sería regresar a casa y planear mejor el próximo encuentro, ya que algo esta vez había cambiado, pero por ella valía la pena pensar las cosas para saber exactamente que decirle y así regresar a ser lo que eran antes.
Bulma se giró inmediatamente al ver la puerta cerrarse detrás de Yamcha, con la mirada triste pasó junto a Vegeta con rumbo a la cámara de gravedad.
Vegeta estaba un tanto confundido, tanto le discutió que le hiciera caso, y ahora sin que le dijera nada se disponía a arreglar su preciada cámara. Su comportamiento estaba diferente, mientras la seguía hasta su destino se mantuvo silencioso, caminando con los brazos cruzados, sin mostrar expresión alguna que delate su intriga.
Presionó un botón ubicado en la pared de la cámara una vez dentro de ella. Al abrirse, tomó una caja de herramientas que se situaba en el suelo. Agachada comenzó abrir las puertas que mostraban las conexiones dentro del centro de la cápsula.
Vegeta se apoyó en la pared, y la observó mientras ella se mantenía silenciosa haciendo su trabajo. Ni siquiera se molestó en ponerse el mono que tantas veces la vio usando mientras realizaba este tipo de tareas, era como sí le urgiera llegar allí y comenzar su trabajo.
Pasaron dos horas mientras Bulma se dedicaba de lleno a la reparación de la cámara, mientras Vegeta no la perdía de vista y seguía en la misma posición, sin mostrar molestia alguna en sus músculos.
Ella estaba absorta en su trabajo, tal vez lo uso como modo de descarga, y obviamente como excusa para alejarse un tiempo de su novio, un poco sorprendida con la presencia de Vegeta junto a ella, pero feliz de no estar sola, de sentir su compañía aunque se mantuviera sin cruzar palabras. Varias veces lo miraba por el rabillo del ojo, encontrándolo siempre en la misma posición.
- Vegeta… deberías sentarte, esto tomará un tiempo. – Dijo con un tono condescendiente.
- Bah, mi resistencia no se compara con la de ustedes débiles humanos. – Contestó sin darle importancia.
- ¡Bien! Haz lo que quieras. -
Aún intrigado por la actitud de la terrícola horas antes no sabía como llevarla al tema dándose por aludido, pero ella se le adelantó y lo dejó en evidencia.
- ¿Por qué te quedaste escuchando cuando Yamcha llegó? – Preguntó Bulma sin detenerse en su labor.
- Hmp! Yo -
- ¿Creíste que no lo noté? – Comentó entre risas.
- Estaba esperando que tu insulso encuentro termine, así te traería arrastrando para que arreglaras la cámara. – Dijo con seguridad, a pesar de saber bien que el grado de verdad de lo que había dicho era deplorable. Pasados unos segundos de total silencio, que le pareció extraño, ya que después de lo que había contestado lo mínimo que esperaba era un par de insultos o una respuesta que rebatiera la suya, haciendo que el tiro le saliera por la culata, como tantas otras veces. - ¿Por qué cambiaste de opinión? – Preguntó con su voz ronca.
- ¿A qué te refieres? – Su pregunta fue contestada con el silencio frió del saiya, después de unos segundos se dio cuenta de lo que se refería tomó aire y lo dejo salir pesadamente para después contestarle. – La verdad es que no sentía muchas ansías de salir con Yamcha, y esta me pareció la mejor salida.
- Ah. – Contestó pensando que le respondieron más de lo que quería saber.
- ¿Es todo lo que vas a decir¿"Ah"? -
- ¿Y qué más esperas que te conteste mujer? -
- No lo sé, lo que piensas… - Dijo en un tono más bajo que el que usaba normalmente.
- Creo que… creo que si no quieres estar con él, no deberías hacerlo. – Contestó reprimiendo sin darse cuenta sus instintos, comenzando a entablar una verdadera conversación.
- Pero, estamos juntos hace mucho tiempo, no puedo dejar eso solo por que ahora me siento diferente… - Cabizbaja deteniéndose en su trabajo.
- Me preguntaste lo que pensaba y ya te lo dije, si no eres lo suficientemente inteligente para seguir mi consejo no lo hagas, solo tú eres quien sale perjudicada. – Concluyó cerrando los ojos aún apoyado en la pared.
- Jaja por lo menos logré sacarte unas palabras. – Comentó sonriente.
Vegeta giró su rostro para no mirar el sonriente de ella, ambos en silencio continuaron hasta que ella se levantó.
- Bien, ya terminé, se supone que ahora debería funcionar. – Dijo secando el sudor de su frente con el dorso de su mano.
Vegeta deshizo su posición que había mantenido por un par de horas, mientras Bulma caminaba hasta la salida. Antes de retirarse apoyó una mano en el marco de la puerta y se volteó al Saiya, que en ese momento le daba la espalda.
- Vegeta... ¿no vienes a comer? - Preguntó en voz baja.
- Bien. - Contestó lo más frió posible. Iba a dedicarse a entrenar, pero al estar tantas horas de pie esperando que terminara, prefirió alimentarse primero y luego entrenar, y tal vez después alimentarse de nuevo.
Esperó a que ella se marchara, para ir por el mismo camino hasta la cocina. Se sentó en una de las sillas que durante toda su estancia en la Tierra marcó como suya, y se inclinó un poco hacia atrás.
Bulma abrió la blanca puerta del refrigerador, encontrándolo falto de alimento. Se encaminó al mueble de madera en que se guardaba otro tipo de comida, encontrándolo en la misma condición.
- Assh, Vegeta, no hay comida… - Comentó volteándose a ver su reacción.
- ¿Y qué quieres que haga? -
- Nada, supongo… Bien, me hace falta un poco de aire fresco. – Comentó a sí misma suspirando. – Volveré en un momento Vegeta, voy a ir de compras. -
- No tardes mucho. -
Bulma se volteó coqueta, y le guiñó un ojo. – De acuerdo Vegeta, no me extrañes. –
- Hmp! No digas tonterías, humana vulgar. – Contestó desviando la mirada con un leve rubor en las mejillas.
Bulma contuvo la risa dentro de ella, a pesar de lo mucho que Vegeta se esforzaba por no dejarle ver el rubor de su rostro, ella se percataba de que con esos simples gestos lograba dejarlo apenado.
Se abrigó y salió de su hogar en busca de sustento, sabiendo muy bien que Vegeta no la acompañaría si se lo pidiera, prefirió salir sola.
Al verla retirase, saiya continuó sus entrenamientos, ahora in interrumpidos. La cámara de gravedad estaba en perfectas condiciones, el tiempo empeñado por la peliazul había valido la pena.
Para apresurar las cosas Bulma solo tomó una cartera en la que tenía guardada la cápsula de su vehículo favorito, y bien sabía que allí se encontraba su tarjeta de crédito, la predilecta, de la que en cada salida el humo que desprende es lo que predomina.
Al llegar al comercio que, a parecer de Bulma era el mejor abastecido tomó tres carritos de compra, mientras ordenaba a algunos empleados que la ayudaran con los víveres. Muy sorprendidos los jóvenes ayudaron a la heredera a cargar con toneladas de comida, lo que parecía muy extraño, usualmente este trabajo o realizaban con la madre de la peliazul, y siempre les pareció extraño que se llevaran tanta comida cada semana.
Al terminar Bulma cargó todo lo adquirido en una cápsula Hoi – Poi, despejada, se divirtió con las miradas de los muchachos que anonadados la ayudaban, mientras cargaba kilos y kilos de carnes. En una de las góndolas del supermercado se detuvo, las barras de chocolate llamaron su atención, preguntándose si en algún otro lugar del universo esa delicia existiese. Tal vez su invitado no había tenido el gusto de probarlo, decidiéndose así a llevarse una dotación como para un año de este, se marchó, presurosa pensando en que el saiya estaría sacando chispas, literalmente, por su tardanza.
Guardó su Hoi – Poi en el bolsillo de sus shorts, y de su bolso sacó su cápsula para volver a casa.
- Bien, será mejor que vuelva, no tengo ganas de lidiar con el príncipe si es que esta de mal humor. – Comentó en voz baja, presionando el botón que la cápsula tenía en la parte superior, para después lanzarla lejos.
La nube de polvo que se formó, a escasos segundo se deshizo pero Bulma detuvo su camino al vehículo, al sentir una gota de lluvia caer sobre su nariz. Miró al cielo, que mostraba claramente el inicio de una tormenta, no se hicieron esperar los truenos y relámpagos, acompañando la lluvia que espesa cubrió la cuidad en cuestión de segundos.
- ¡Maldición¡Lo que me faltaba! – Mientras subía rápidamente a su aeronave.
Bulma avanzó unas cuantas cuadras, sabiendo bien el camino de memoria, pero aún así viendo con dificultad hacía a donde se dirigía. El agua de lluvia cubría completamente el parabrisa, en todo momento siendo arrastradas a los lados por los limpiavidrios.
- Lo mejor será poner un poco de música, para alivianar este clima ¡horrible! – Se dijo sí misma agachándose para presionar los botones del pequeño reproductor.
El sonido de una bocina hizo que levantara la vista. Asustada vio las luces del vehículo que venía en el mismo carril.
- AAAAHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!! – Gritó mientras giraba el vehículo desesperada, impactándose de lleno con un árbol a un lado de la carretera.
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- Yuuuujuuuu, apuesto Vegeta. – Contó a través de una pantalla que apareció en la cámara de gravedad.
- "Maldición, que aprendió a usar ese maldito botón no me dejaré en paz". – Pensó acariciando su sien.
- Jove¿No has visto a mi hija? -
- Salió de compras… - Respondió dándole la espalda, en un tono bajo.
- Ah! Ya veo, supongo que no tardará en llegar. – Concluyó con apoyando su dedo índice en su barbilla. – ¡Adiós joven! – Antes de que la pantalla se apagara, y Vegeta continuará su entrenamiento.
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Abrió lentamente los ojos, percibiendo todo a su alrededor nublado, se incorporó quedando sentada. Sacudió la cabeza, cerrando con fuerza los parpados. Abrió repentinamente los ojos recordando lo que había sucedido.
Salió de la aeronave para ver que no estaba muy dañada. Se sintió desvanecer por un momento pero pudo recobrar la conciencia por si misma, tocó su frente y descubrió un chichón, se acercó al espejo retrovisor para ver con mayor precisión su estado. Varias franjas rojas adornaban su frente.
- Hay! Me lastime… Bueno, debo regresar a casa, falta poco para llegar…. El muy maldito que provocó todo esto ¡se fue sin preocuparse por mí! – Suspiró resignada. Intentó repetidas veces encender su aeronave sin más respuesta que un rugido ahogado del motor. - ¡DEMONIOS! – Se volteó a mirar por la ventana. – Ya no llueve tan fuerte como antes, y no queda mucho camino…… si no me queda otra salida tendré que regresar caminando… ¡Maldición¿¡Por que solo traje una cápsula!? Que descuidada….
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Con una toalla en el cuello salió de la cápsula, sin inmutarse por la lluvia, hasta llegar al interior de la mansión. Gruñó al pasar frente a la cocina y encontrarla en las mismas condiciones, sabiendo que Bulma había ido de compras se molestó creyendo que lo más probable era que se haya detenido o preocupado en sandeces. Buscó su ki, que permanecía casi inmóvil. Entonces estaba ocupándose en otra cosa.
- Humana estúpida, más le vale terminar con sus jueguitos y regresar con mi comida si no quiere vérselas conmigo. – Se dijo antes de entrar a la ducha de su habitación.
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Tomando rumbo a la corporación, caminó bajo la lluvia, lamentándose de los pequeños pantalones que traía puestos, lamentándose de no haber recordado en llevar su móvil. ¿Para que llevarlo? Si solo se iba de compras, unos minutos fuera, tal vez una hora. Arrepentida de no haberse llevado más cápsulas con ella por su urgencia de salir de su casa, todo por alimentar a ese Saiyajin, que seguramente no le importaría el frío que ella estaba sufriendo, ni el resfriado que estaba comenzando a padecer.
La falta de calor que sufría su frágil cuerpo la obligó a rodearse a sí misma con sus brazos, para alejar un poco el frío, que lo húmedo de su piel y la escasez de ropa le provocaban. Tiritando, comenzó a desvariar, en el medio de la carretera, creía ver taxis, tratando de detenerlos con movimientos de sus manos sin resultado, dejando colérica a la delirante mujer.
El camino que tomó Bulma, era su favorito por la falta de transito que por allí circulaba, pero sin darse cuenta se castigó a si misma con la soledad que la casi desértica carretera le dio.
Temblando y estornudando sin cesar, visualizó la corporación a unos cuantos metros, su imponente tamaño se dejaba ver a gran distancia.
Corrió hasta ella con un aspecto de ebriedad, hasta llegar a la puerta y caer arrodillada cerca de ella.
Vegeta sintió que su pequeño ki se acercaba hasta detenerse en la puerta. Bajó a la planta baja preparado para hacer que se arrepintiera de su retraso, pero se paró junto a la puerta extrañado por que, sabiendo que ella estaba del otro lado no hacía entrada en la mansión. Sino que se mantuvo afuera bajo la lluvia.
-"¿Qué esta haciendo esta mujer loca?"-
Bulma torpemente presionaba los botones del sistema de seguridad sin resultado. Sus dedos apenas poseían movilidad, lo que le impedía marcar con mayor precisión. Se apoyó ya parada en la puerta, con la poca fuerza que tenía formo un puño con su mano y golpeó débilmente la puerta.
Vegeta escuchó los leves golpes. - ¿A que esta jugando esta humana? – Comentó antes de presionar el botón que habría la puerta.
La peliazul cayó tendida sobre el saiya, que en acto reflejo la sostuvo.
- ¿Qué diablos? -
La tomó en una mejor posición, de forma tal que podía ver su rostro. Además de las marcas rojas en su frente, el rubor en su rostro delataba su fiebre. El resto de su cuerpo congelado y sus manos rojizas por el frió sufrido.
Bulma se acurrucó en el torso de Vegeta, cuyo pecho comenzó a sentir una sensación de ardor, casi quemaba. Sacudió la cabeza, alejando los pensamientos que seguramente vendrían acompañados de una ducha fría. Cargó el frágil y agotado cuerpo, sosteniéndolo por debajo de las rodillas.
Subió las escaleras, hasta llegar a la habitación contigua a la propia, hasta colocarla sobre la cama. Ahí yacía completamente mojada la muchacha de cabello exótico.
Pensó en dejarla allí, casi abandonada, pero por algún motivo pensó que lo mejor era sacarle esa ropa mojada que lo único que haría sería empeorar su estado.
- Bulma… Bulma despierta. – Decía mientras sacudía su cuerpo. – Maldición, si no te despiertas me veré obligado a sacarte la ropa inconsciente. – Hablaba a la mujer que le respondió con un leve suspiro. – Bien¿eso es todo lo que tienes que decir? – Bulma respondió con un gemido. – De acuerdo, después quiero que vengas a quejarte. - Esbozando media sonrisa. Se volteó asegurándose de que la puerta estuviera cerrada, al comprobar que así era, se giró nuevamente a mirar a la joven tendida en la cama.
Mirando el cuerpo húmedo de Bulma, la tentación vino a él, una como tantas veces. La perfecta figura de la joven se delineaba por la ropa, que por efecto del agua se adhería a su piel.
Con cuidado desbrochó los botones de la blanca camisa que llevaba puesta, a través de ella se podía apreciar perfectamente el sostén que traía puesto. Ya con la camisa completamente desabrochada, se detuvo a contemplar su desnudez, seducido por los leves gemidos que ella producía en su sueño. Si así lo quisiera la haría suya en ese momento, quitando de sí de una vez por toda esa necesidad que tanto le molestaba. Se colocó sobre el húmedo cuerpo de la peliazul, sintiendo su aroma, viendo en la perfección de sus pechos el movimiento de su respiración, para después mirarla a ella a la cara, algo en su rostro afiebrado hizo aflorar en él un sentimiento que jamás había experimentado. ¿Culpa?
Por primera vez, sintió la culpa de sus actos, de lo que estaba a punto de comenzar, pero no pudo, y al momento de sentir esa pesada molestia en su pecho se sentó junto a la muchacha semidesnuda.
-"¿Qué rayos me pasa¿¡Por qué diablos no puedo hacerlo?!"- Pensaba el guerrero comenzando a molestarse.
- Mmmm… Vegeta…..- Musitó entre sueños la peliazul captando la atención del saiya.
- "Así que sueñas conmigo mujer". – Pensó esbozando media sonrisa, pero esta sonrisa era diferente de la que se dibujó en su rostro al ver la oportunidad de aprovecharse de ella. Esta sonrisa reflejaba un atisbo de ternura.
Suspiró resignado, de alguna manera la hembra se había ganado su respeto, y no podía abusar de ella de esa forma, sabía que no se lo merecía.
Continuó con su pesada labor de desnudar a la mujer, deseando encontrarse debajo de la lluvia, que en esa habitación que repentinamente encontraba tan acalorada.
Terminó su tarea, vistiendo a Bulma con una pijama rosa que encontró en uno de los cajones, adornada con estampados de cachorritos y corazones. Acomodó su cuerpo bajo las sabanas, y acomodó su cabello fuera de su rostro antes de retirarse de la habitación.
Sonrió al llegar al marco de la puerta, y voltearse a mirar a la peliazul que yacía placidamente dormida. Riéndose de lo que se había convertido se retiro a su tercera ducha fría.
Bulma durmió más tranquila de lo usual a pesar de su fiebre y resfriado, por lo general era bastante inquieta y al despertar encontraba las sabanas revueltas y la mitad de su cuerpo descubierto. Pero esta vez su sueño se tranquilizo y pudo dormir en quietud.
Se abrazó con firmeza de su almohada, segundos después de que el Saiyajin se haya retirado.
- Vegeta…..-
CONTINUARÁ…
Hola de nuevo, bueno espero sus review:) saluditos
NADESHICO
