Furia
Personaje: Fluttershy
A pedido de: Slash Torrance
Ya de por sí comencé el día con los cascos izquierdos. Adoro a los animalitos, comprendo sus instintos naturales, pero… cuando son variados y desordenados, me cuesta conseguir que me obedezcan. Había rescatado unos mapaches el día anterior, y hoy amanecieron peleándose con los demás por su comida. Me llevó un buen rato ponerlos a todos en orden.
Y bueno, luego mi conejito Ángel, rigurosa y extremadamente puntual con lo de su comida. Hoy más que nunca estuvo insoportable, con sus caprichos culinarios. ¿Por qué simplemente no puede aceptar la comida que le doy? ¿De dónde me ha salido un conejo tan delicado? Quería una ensalada de rúcula, zanahorias y apio, hasta ahí bien, pero la ensalada incluía unas hojas de menta que justo no tenía en mi casa. Traté de convencerlo de que aceptara la preparación con lo que yo tenía… pero ya saben cómo es Ángel.
No me quedó otra opción más que tomar mis alforjas e ir al mercado. Está muy concurrido a estas horas, y todos van pensando en sus cosas. Los mercaderes deberían someterse a unas rápidas sesiones sobre moral, es increíble que en tres días una verdura cueste el cincuenta por ciento más que antes. Lo que me molesta no es el aumento de los precios, después de todo entiendo que la agricultura tiene sus gajes, sino la actitud de los comerciantes. Hoy la vendedora de mentas se había puesto bastante caprichosa, y éste es uno de los mejores adjetivos que pude encontrar para definirla. Tenía pensado guardar unos bits para comprar más alpiste para los pajaritos, pero con las compras que debí hacer ya no creo que me alcance.
Había una fila interminable para cruzar el puente, y tuve que tragarme toda una discusión entre unas ponis que reñían por simples estupideces. En verdad, ésta es una de las tantas demoras que tuve esa mañana. Estaba segura de que los mapaches volverían a pelearse con los demás animales en mi ausencia, y quería llegar a casa para evitar un desorden mayor.
Pareciera que las fuerzas cósmicas ocultas decidieran ponerse de acuerdo hoy para probar hasta qué limite puedo llegar. Recién hoy, después de mucho tiempo, echo de menos las clases de Iron Will. A veces hay que ser un poco asertiva, hacerme valer. Quizá ahora no me cuesta tanto como antes, pero lo mismo me enfrento al mal humor o las groserías de los demás casi todos los días.
Como si no fuera poco, hoy todas mis amigas requerían de mí al mismo tiempo. Cuando por fin se me ocurrió abrir las alas y cruzar volando el río, con la mala suerte de que otro pegaso apurado me pasó a toda velocidad y varias de mis compras cayeron al agua, me interceptó Pinkie Pie cuando pasaba cerca de Sugar Cube Corner. No me pidan que especifique toda la verborragia con la que quería explicarme que me invitaba a una fiesta esta tarde o cosas así. Yo estaba algo cansada, y sin ánimos de ir a una fiesta, sinceramente. Pinkie tiene ese algo invasivo que primero lo tomas con calma, pero luego tu único pensamiento es escapar de ella. Con su inagotable hiperactividad y su carácter acelerado, sin contar además de que es capaz de decirte las cosas más desmotivadoras en el peor momento, estaba haciendo subir la línea roja de mi termómetro temperamental.
Luego me paró Rarity, seguida por Spike, que necesitaba que le modelara para una línea nueva de vestidos que estaba haciendo.
Rainbow Dash quería continuar con las clases de vuelo con las que pretendía hacer de mí una mejor voladora.
Apareció Applejack desesperada porque otra vez tenía problemas de plagas en su huerto.
Y Twilight…. Bueno, yo ya no prestaba suficiente atención a nada, no sé concretamente qué es lo que ella quería.
Y Pinkie que no cesaba de hablar y de hacer tonterías, potenciada por la presencia de las demás.
Son raros los procesos mentales, ¿no? Pareciera que ese día todo tenía que ponerse torcido, pues todos querían hablarme a la vez, yo pensaba en mis cosas, quería escapar pero no me respondían las piernas. El detonante llegó pronto: Ángel y una manada que con sus chillidos de diverso tono reclamaban mi atención.
Entonces llegó el momento en que mi cabeza no daba para más. Oí a Twilight preguntarme qué me pasaba, pues mientras la lava iba subiendo para estallar en la erupción final, mi cara sufrió una transformación dantesca: mis pupilas se dilataron, mis dientes rechinaban al tiempo que mi boca se torcía como la de un perro gruñendo, y mi ceño se fruncía como nunca, sin contar las venas que palpitaban en mi sien.
Con la primera que estallé fue Pinkie. "¡CIERRA LA MALDITA BOCA!", le grité.
Me dirigí a mi conejo: "¡ESCUCHA BIEN, PEDAZO DE BASURA CON OREJAS, SI NO QUIERES LA COMIDA QUE TE DOY, PUES VETE A MUDAR AL BOSQUE!"
"¡Y TODOS USTEDES VÁYANSE AL TÁRTARO, DÉJENME EN PAZ!"
Con estas palabras emprendí un vuelo veloz hasta mi casa, encerrándome en mi cuarto para poner mi cabeza bajo la almohada y quedarme ahí, en la paz del recinto.
Pasaron unas cuantas horas. Me dormí. Cuando desperté, oí unos suaves toques en la puerta. No respondí. El visitante no esperó a recibir mi autorización, después de todo, cuando creía tener una causa justa nada lo detenía. Descubrió mi rostro seco con su cola de dragón, mientras entre sus garras sostenía una bandeja con dos tazas de té y un plato de bocadillos.
"Te traje un tilo. Sé que te gusta" dijo Discord.
Suspiré. No tenía nada en contra de Discord. De hecho, ya en ese momento me sentía mucho mejor que nunca, y así se lo dije, además de agradecerle por su gesto. Compartimos la merienda en calma, no sin una que otra broma de su parte.
Al salir, me miró con unos ojos profundos, y me preguntó:
"¿Sabes que ahora tienes que dar una importante disculpa, verdad? ¿Estás preparada para esto?"
"Sí" respondí con firmeza, pues sentí que había descargado muchísima furia acumulada.
