Corazón Esmeralda

Chap. 6: La llave de la felicidad

NOTA: Este capítulo es clasificación "M" por escenas MADE..:XD…leerlo con discreción.

Castillo Stenberg, Praga, República Checa. Seis Meses Después.

La joven de cabello castaño abre las ventanas de la habitación que ha sido dispuesta para ella en el bellísimo y elegante castillo propiedad de su prometido, y se asoma hacia la histórica Plaza de Hrad

any en cuya explanada a esas horas de la mañana había muy pocos transeúntes, casi todos grupos de turistas extranjeros que caminaban hacia el Palacio de Praga o la Catedral.

Makoto suspira hondo al mirar la belleza del amanecer que pinta de amarillo los tejados de la ciudad y las torres de la iglesia catedral en donde las campanadas llaman a misa de ocho. Pintando una hermosa sonrisa en su semblante se aleja hacia un espacio lateral de su habitación, alejada de la bellísima cama de doseles de caoba que seguramente cobijó el sueño de muchas damas de la familia Stenberg, se haya un pequeño altar en que destaca la imagen del icono griego de "Nuestra Señora Panagnia" patrona de Atenas, que abraza amorosa a su pequeño niño, flanqueado por jarrones con azucenas y unas veladoras. La joven se hinca en el reclinatorio y se santigua con fervor ante la imagen.

-Gracias, Madre Nuestra, por este nuevo día que inicia hoy, te pido que tú y tu hijo bendigan mi matrimonio y me ayudan a hacerlo feliz-ora fervorosa la chica de ojos verdes sonriendo encantada ante el maternal rostro de la Virgen Griega. Curiosamente, desde que se había convertido al catolicismo, Makoto había adquirido una devoción muy fuerte por la Virgen Madre, quizá porque al carecer ella misma de ese tipo de cariño toda su vida, le enternecían las imágenes de las MADONNAS con el pequeño en brazos. El nombre católico que ella eligió para su bautizo fue justamente María, y al ser bautizada el 16 de Septiembre, día de Santa Euphemia de Calcedonia, el padre Lomsky, confesor de la familia Stenberg, habías sugerido que el mejor nombre para la nueva princesa Stenberg podía ser María Euphemia, lo cual ella aceptó gustosa.

Pero aunque le agradaba mucho ese nombre con la musicalidad y felicidad que traía a su corazón el decirlo en voz alta, le agradaba mucho que Andrew, cuando estaban solos, la siguiera llamando "Mako" con aquella dulzura que la hacía estremecer. Desde que el príncipe regresó de su viaje con aquel hermoso anillo de compromiso de diamantes rosas que Rei y Toda Oboro san decían era más caro que toda la villa Tókamachi, las cosas entre los dos habían sido cada día más dulces. Andrew no la había besado en los labios de nuevo, solo en la mejilla el día que regresó a Japón en la sala del castillo Kamiyamada donde la había abrazado con fuerza, casi con desesperación, como si ese tiempo de no verla le hubiese afectado mucho.

-Te extrañé mucho, querida-fueron todas las palabras de su rubio príncipe, pero ese "Querida" y la forma como lo dijo hicieron que el corazón de la joven saltara de felicidad. Después, todo en su vida fue tan rápido que ahora lo recordaba como una película que pasaba ante sus ojos con velocidad vertiginosa: Su viaje a Kobe para elegir su vestido, la emoción de Hiroko Ito, la diseñadora amiga de Rei cuando supo que diseñaría el vestido de novia para la princesa Stenberg y todo lo que siguió a esas semanas como fue la preparación de su traslado a Praga, las compras de su ropa sabiamente asesorada por Rei y las charlas en la sala del castillo de los Fujimoto con Andrew que le mostraba las invitaciones, manteles, flores y adornos para el día de la boda en que ella se asombraba como una niña que descubre un mundo nuevo ante las maravillas que su prometido le mostraba.

-Quiero que todo sea a tu gusto, querida, y que alguna vez llegues a sentir el Palacio Stenberg como tu verdadero hogar-le había dicho él emocionado. Makoto sonreía recordando su primera impresión cuando llegó a la bellísima ciudad de cuento de hadas, capital de República Checa, hacía una semana, su cara de asombro cuando en la limusina negra de lujo con los blasones de la familia Stenberg recorrió con su prometido, Hotaru, Rei y Nataku aquellas calles de ensueño atravesando el puente que atraviesa el río Moldava hasta entrar en la ciudad medieval. Makoto recuerda su emoción cuando comprobó por si misma porqué había leído en tantos libros que Praga era llamada "La Ciudad de las Cien Torres" o "La Ciudad Dorada".

-¡Esta es la ciudad de las princesa!-había sido el comentario inocente de la pequeña Hotaru que iba sentada en sus piernas mientras miraba las primorosas tiendas y casas del distrito de Hradčany.

-Tienes toda la razón pequeña, esta es la ciudad de las princesas y de los cuentos de hadas-respondió Andrew en el automóvil y tomando la mano de Makoto entre las suyas agregó-y es por eso que he traído aquí a mi princesa, porque quiero que mi propio cuento de hadas se haga realidad-Makoto recordaba cómo se sonrojó al escuchar aquellas palabras así como la risa discreta de Nataku que iba en el asiento delantero con Rei.

Después llegaron al Castillo Stenberg, en el centro de Hradčany, frente al Castillo de Praga y la bellísima Catedral de San Vito. La chica recuerda su impresión al entrar en la imponente mansión como solo pensó existían en las películas, con los sirvientes vestidos de negro alineados a los lados del pasillo principal esperando a su señor. Recuerda aun con los ojos cerrados cómo Andrew la presentó.

-Fieles amigo, más que servidores de la familia Stenberg, quiero que conozcan a la mujer que mi corazón ha elegido para ser la princesa Stenberg, Hino Makoto, quien desde este momento es señora de esta casa y espero también de su fidelidad -había dicho Andrew tomándola de la mano y hablando en checo. Los ojos asombrados de los empleados se posaron sobre ella y Makoto le agradeció a Rei que le haya elegido aquel bellísimo y discreto atuendo en color palo de rosa con el sombrero que le favorecía tanto.

-Es un gusto y un honor conocer a quienes por tantos años han servido con amor y paciencia a la familia de la cual ahora formaré parte, espero poder llegar a ganarme su amistad y que juntos hagamos de este castillo un verdadero hogar-respondió ella en el mimo idioma levantando una ola de murmullos de aprobación entre la servidumbre del Castillo Stenberg quienes no esperaban que la esposa de su señor fuese tan bella y que hablara su idioma tan bien.

-¡Tres hurras de bienvenida a la Princesa!-gritó un joven mayordomo siendo seguido por sus compañeros. Makoto se sentía como una verdadera reina al ver el afecto con que todos la saludaban. Andrew le presentó al viejo mayordomo, Ingmar, quien no pudo evitar derramar una lágrima de felicidad al saludarla. Makoto sintió rápidamente mucha simpatía por el anciano mayordomo, así como por la cocinera, Anezka, ambos los más antiguos siervos de los Stenberg.

Lo que pasó después fue que Andrew puso toda una ala del castillo a disposición de los chicos japoneses, unas habitaciones hermosas y regias para Rei y Nataku y otra al lado, decorada primorosamente con una gran casa de muñecas de madera que era una obra de arte, para Hotaru. Makoto se instaló en el ala del Castillo en que estaban las habitaciones de Andrew en una habitación que tenía colocada la frase en Checo "Růže pokoj" o "Habitación de las rosas" por estar toda su decoración, desde muebles, cortinajes y tapices, relacionada con esta flor. Darina, su doncella personal, le había contado orgullosa que aquella habitación estaba destinada siempre a las princesas Stenbger, hijas de la familia, y a Makoto le había encantado cada detalle de sus aposentos.

Luego de esas divagaciones, la chica se levanta del reclinatorio donde rezaba y camina hacia el tocador bellísimamente tallado con figuras de rosas, sentándose en este comenzó a cepillar sus cabellos mientras una discreta llamada de la puerta la hizo salir de sus ensoñaciones.

-Señora, ¿Puedo pasar?-habló en checo la discreta y linda doncella de cabellos rubios.

-Adelante, Darina-responde ella. La chica da unos pasos y se asombra de nuevo al ver que su señora había hecho todo el servicio sola. Estaba ya vestida con ese traje color verde Nilo, la cama estaba impecablemente tendida y ahora la señora estaba cepillando su bellísimo cabello por sí misma.

-Solo venía a ver si no le hace falta nada y a ponerme a sus órdenes…señora…¿No le place mi trabajo?-preocupada la muchacha hablando en checo.

-Todo lo contrario Darina, todos en el Castillo son en extremo amables conmigo, tanto que me hacen sentir en extremo bienvenida en esta mi nueva patria.

-¿Entonces por qué se empeña en hacer por si misma el servicio si eso es mi trabajo?-inquiere la doncella preocupada.

-La razón, Darina, es que estoy acostumbrada a hacer todo por mí misma, y no me parece correcto dejarte el trabajo de la atención a mi persona-responde ella sonriendo. La muchachita la mira desconcertada, ahora le parece muy posible lo que le contó la vieja Anezka sobre que la prometida del príncipe le había cocinado la cena a este el día anterior por sí misma y ambos habían cenado en la cocina con la pequeña niña japonesa en lugar del comedor…hasta entonces algo imposible en el castillo Stenberg.

-Comprendo, señora, pero debe entender Usted que eso es mi trabajo, y que si no lo cumplo el príncipe puede despedirme, y no quiero eso-responde Darina.

-No te preocupes, Andrew no se enterará, puedes hacer todo lo demás que son tus obligaciones pero de mi atención personal me encargo yo-concluye Makoto.

Unos nuevos golpes de la puerta indican que alguien llama y la joven de largo cabello castaño asiente para que la doncella abra la puerta.

-Darina, pregunte a mi prometida si puedo pasar-escucha Makoto la voz varonil que solicita entrar tiene un involuntario sonrojo y siente que su corazón golpea su pecho con fuerza. La doncella mira extrañada a su patrón, cuestionándose cómo un hombre que se casa en unas horas puede ser tan formal para entrar en la habitación de su futura mujer.

-Adelante…Andrew…puedes pasar-responde ella. Darina se inclina y se aleja dejando solos a los dos jóvenes. El rubio príncipe camina hacia su prometida y la toma de las manos mirándola con sus hermosos ojos azules, como si la viera por vez primera. Ella de nuevo se sonroja ante esa mirada.

-Estás más hermosa que nunca este día-comenta el príncipe-quizá te extrañe que venga a verte tan temprano, pero quería tener un momento a solas antes de que inicie todo lo de la boda. Perdona por el tamaño que ha tomado esto, quería que fuera algo íntimo, con pocos invitados y nada de publicidad pero no sé de dónde se enteran esos reporteros y no vamos a poder evitar entrevistas y fotografías.

-No te preocupes, siendo quién eres eso se veía venir, lo sabía y no me molesta-le sonríe ella. Andrew la jala un poco hasta que ambos se sientan en la mullida cama.

-Quiero preguntarte algo muy importante. Tu vida ha cambiado mucho en los últimos seis meses y no sé si estés dispuesta, con la forma como sabes que será tu vida a mi lado, a aceptar esta boda. No te pregunto sobre tus sentimientos porque me basta mirar tus ojos para saberlo-asegura el rubio acariciando la mejilla de ella que se sonroja con fuerza-pero quiero saber si no te arrepentirás de ser esposa del príncipe Stenberg. Quisiera decirte que todo será felicidad pero no puedo, tengo un nombre y ciertas responsabilidades que en momentos no podré eludir y quiero ser honesto contigo. No todo será fácil…¿Aun así quieres casarte conmigo?-suplica el joven con cierta ansiedad-solo responde sí o no. Por favor…es muy importante para mi…

-Si…aquí en este lugar, sí, si me lo preguntas en otro lugar, si, si me lo preguntas mañana, dentro de tres años, o veinte años siempre mi respuesta va a ser sí, Andrew, quiero casarme contigo-confiesa Makoto. El joven la mira asombrado de la sinceridad, de la honestidad que lee en sus ojos y en sus palabras, ambos tienen las manos enlazadas, y allí, en ese momento, Adrew Zdenko Stenberg se dio cuenta de que sus intenciones iniciales, egoístas y superficiales para casarse con esta mujer habían dejado lugar –sin que él se diera cuenta cómo- a un amor intenso y profundo, ahora el fantasma de Reika, el deseo de venganza, su propia idea sobre el amor, se habían ido al demonio y solo quedaba ella, siempre ella, solo ella.

-Gracias-murmura él juntando su frente con la de Makoto y sonriendo con los ojos cerrados.

-¿Por qué me das las gracias?-turbada ella por la cercanía de Andrew que siempre la hacía sentir como si todo a su alrededor desapareciera.

-Porque es la primera vez en mucho tiempo, que me siento completo-termina él y acercándose le da un beso en los labios con mucho cariño. Es un beso suave, dulce, casi una caricia, que termina rápido y deja a la hermosa joven muy sonrojada pero sonriente, cuando abre los ojos que había cerrado durante el beso, descubre en sus piernas un hermoso estuche de terciopelo verde el cual mira asombrada. Andrew sonríe al ver a su prometida tomar en sus bellas manos el pequeño cofre-Ábrelo…-pide emocionado el príncipe.

Makoto abre el estuche y mira asombrada lo que tiene en el interior. En medio del cofre destaca una bellísima joya, un corazón hecho de esmeraldas engarzadas en un molde de oro rodeado de pequeñísimos diamantes rosas y con una cadena dorada a su alrededor. El sol que entraba por la ventana daba a aquella impactante gema brillos mágicos que destellaban en el rostro de Makoto cuyos ojos del mismo tono de la gema se abrían más por la sorpresa.

-Andrew…esto es…es…-no articula ella una sola palabra aun impresionada por aquel tesoro.

-Esto, querida, es uno de mis regalos de boda. Quizá el más importante y significativo para mí. Su nombre es "Corazón Esmeralda" es una joya legendaria que perteneció a mi familia por mucho tiempo y que por tradición ha lucido siempre en los cuellos de las princesas Stenberg. ¿Recuerdas a las mujeres de las pinturas de la galería Sur?-cuestiona Andrew, Makoto asiente recordando como su prometido la había llevado a esa galería al día siguiente de llegar a Praga para mostrarle a sus bellas antepasadas, efectivamente tenían todas una joya verde al cuello, pero verla en vivo era mucho más asombroso; ni el mejor pintor habría podido plasmar en un cuadro la belleza del "Corazón Esmeralda"-Por eso quería que la tuvieras, es muy importante para mí que la uses.

-¿Dijiste que tiene una leyenda?-inquiere Makoto mirando al príncipe-Quiero saberla…por favor…

-Trataré de ser breve…verás…hace muchos años, en tiempos medievales, cuando Praga no era aún la capital de República Checa sino parte del ducado de Bohemia, los duques Stenberg recibieron a un embajador muy importante del lejano reino de Prusia. Su nombre era Alejandro, hermano menor del zar. El príncipe Alejandro venía a tratar asuntos políticos y se hospedó en este mismo castillo donde estamos ahora. Se dice que el príncipe se enamoró perdidamente de la hija menor del duque Stenberg, la joven Esmeralda Stenberg. Ante de regresar a Prusia, el joven pidió la mano de la bella Esmeralda a su padre. Otón Stenberg ambicionaba para su hija el matrimonio con un heredero real, y el pobre embajador era solo un segundón, jamás heredaría un trono, así que pensó en negarse…

-Pobres de ambos-conmovida Makoto.

-El Duque sin embargo no quería herir susceptibilidades y sabía que una negativa al joven ruso provocaría una ruptura de sus relaciones con Prusia, lo cual no deseaba, así que ideó un plan mucho más astuto-narra el rubio.

-¿Qué cosa?-asombrada Makoto tomando del brazo a su prometido con ansiedad de una niña que escucha un cuento.

-Se decía que en las lejanas montañas de la fría Siberia, habitaba un terrible dragón que diezmaba a aldeas y asolaba la región. El Duque Stenbger le exigió a Alejandro de Prusia, como muestra de amor a su hija, llevar el corazón de aquel temible dragón, a lo cual el valiente y enamorado príncipe accedió. Esmeralda estaba realmente asustada ante la terrible idea de perder a su amado en una búsqueda de la que todos sabían no volvería. Se cuenta que en el pozo del jardín, junto a las rosas de la enredadera, ambos amantes de despidieron entre lágrimas y promesas, y Alejandro partió-asegura Andrew narrando con matices de mucha emoción aquella misma leyenda que su madre le repitiera de pequeño antes de dormir.

-¿Y qué ocurrió?-inquiere Makoto conmovida.

-Pasaron los días, los meses…finalmente tres años, y nadie volvió a saber de Alejandro de Prusia. Pronto en el castillo todos se olvidaron de él, menos Esmeralda, que siempre oraba por él a Dios y a la Virgen. El Duque trató de casarla en una ocasión con un rey de lejanas tierras, y ella en un acto heroico para evitarlo, fiel a su amado, se cortó el hermoso cabello castaño que era el orgullo de los suyos y su belleza más distintiva, se lo cortó como hombre. Al verla su padre se horrorizó y desistió de casarla. Esmeralda Stenberg vivió entonces recluida en sus habitaciones, triste y silenciosa esperando por su amado, hasta que un día en que su Padre recibía a embajadores y políticos en su salón, un pordiosero sucio cubierto por un manto llegó frente a él y delante de todos pronunció unas palabras aterradoras: "Duque Otón de Stenbger, vengo delante de Usted para presentarle aquello que exigió de mí hace tres años como muestra de amor hacia su hija" y delante de toda la corte, el peregrino se retiró el manto mostrando la arrogante figura de Alejandro de Prusia, pero muy diferente al joven y apuesto príncipe que había salido del castillo. Ahora tenía el rostro desfigurado, quemado horriblemente. Todos en la corte gritaron de espanto cuando el peregrino lanzó al suelo un cofre de madera que al abrirse mostró el palpitante corazón sangrante de un dragón.

-¿Y Esmeralda?-cuestiona Makoto, sumamente interesada, a su prometido.

-Unos pajes habían avisado a la joven del regreso de su enamorado, y ella, dejando la reclusión de sus habitaciones habían corrido hacia la sala del trono, donde entró llamándolo amorosa con lágrimas en los ojos, y se abrazó de él. A Esmeralda no le importó que Alejandro tuviera el rostro quemado, el cuerpo lleno de cicatrices y que no pudiera caminar bien, lo besó y abrazó como si siguiese siendo el mismo apuesto joven de que se había enamorado, y a Alejandro tampoco le importó que su hermosa dama tuviese el cabello corto como un mozo. Ambos enamorados se abrazaron y besaron entre lágrimas conmoviendo a toda la corte-a este punto, Makoto no puede contener una traicionera lágrima que escapa de sus ojos. Andrew conmovido de la emoción de ella la limpia con su mano.

-Es una hermosa y triste historia-asegura ella.

-Y es muy significativo que hayas llorado en ella, querida, porque justamente fueron las lágrimas de Esmeralda Stenberg y Alejandro de Prusia las que hicieron el milagro. Al caer sobre el corazón palpitante del dragón, este destelló con brillos verdosos cubriendo a ambos enamorados y ante los ojos asombrados de la corte de Bohemia, Alejandro de Prusia recuperó su apuesto semblante, y Esmeralda Stenbger su larga cabellera. Además, en lugar del corazón sangrante del dragón se encontró en el cofre una gema de piedra verde que rápidamente Alejandro puso en el cuello de su amada. Desde ese momento ni el Duque ni nadie se interpuso en el amor de ambos, que se casaron después y fueron muy felices. Alejandro de Prusia no volvió a su patria y se dice que con el tiempo, debido a las guerras y la muerte del duque y sus hijos varones, acabó por gobernar con su esposa estas tierras. Ambos son mis antepasados, hay registros de su existencia en las crónicas de la biblioteca, aunque confieso que la mayor parte es solo una leyenda que mi madre me la narraba de niño.

-¡Es hermosa!-confiesa Makoto mirando la joya y tomándola en sus manos.

-Nóvak, mi administrador, dice que lo más seguro es que solo haya sido un regalo que mandó hacer Alejandro de Prusia para Esmeralda Stenberg con algún joyero famoso, pero me gusta más la versión de mamá.

-A mí también-le sonríe Makoto.

-Lo cierto es que desde Esmeralda Stenberg, todas las mujeres de mi familia han usado esta joya que es vista como un buen augurio de felicidad y amor. Cuando los Stenberg huimos de Praga, en la segunda guerra mundial, mi abuela no quiso deshacerse de esta joya y la llevó consigo cuando emigramos a Suiza. Mi abuelo tuvo que trabajar allí en unas fábricas de relojes; no fueron buenos tiempos, habíamos sido despojados de todo, nuestra casa, herencia, riqueza…-furioso aun Andrew recordando todo. Makoto pone su mano sobre el hombro de la de él-allí papá conoció a mamá y se enamoraron. Los Stenberg tuvimos que vivir como cualquier obrero mucho tiempo, nadie nos creía que éramos de la nobleza. La abuela heredó el collar a mamá, pero cuando murió mi padre y nos quedamos solos, mamá tuvo que vender el "Corazón Esmeralda" aun con el dolor de su alma, para poder pagar mis estudios. Debieron darle mucho dinero por la joya porque nos trasladamos a París y siempre vivimos holgadamente solo con lo que le pagaron a mi madre los coleccionistas privados que la compraron, pero ella me repetía una y mil veces que yo debía algún día recuperarla para que regresara a la familia y poder colgarla yo mismo al cuello de la mujer que mereciera ser la nueva princesa Stenberg y que fuera digna de mi amor-narra Andrew mirando amoroso a la joven frente a él y acariciando su mejilla-eres esa mujer, Makoto, y por eso quería verte a solas, porque quiero que uses esta joya el día de nuestra boda, quiero verte con ella al cuello entrando a la iglesia y quiero que sea un símbolo eterno de nuestro amor.

-¿Cómo la recuperaste?-cuestiona ella.

-Cuando gané el juicio legal y el gobierno me devolvió todo lo que me pertenecía, tuve de pronto una fortuna en mis manos y lo primero que hice fue rastrear, encontrar y comprar el "Corazón Esmeralda" al jeque árabe que lo tenía en su colección personal. Así lo recuperé, pero ahora estará donde debe estar, en tu cuello-decide Andrew tomando la bella joya del estuche se levanta con Makoto tomada de la mano-¿Me permites ponértelo?-cuestiona él. La bella chica por toda respuesta recoge la cascada de rizado cabello castaño y le da la espalda al joven quien coloca delicadamente la joya sobre el pecho de su prometida. Cuando la ha abrochado en lugar de retirarse pasa los brazos por la cintura de Makoto y la abraza con fuerza colocando su cabeza sobre el hombro de la joven. Ambos cierran los ojos, en silencio, como disfrutando de aquel momento especial para los dos, hasta que los golpes de la puerta los hacen regresar a la realidad. Se separan sonriendo, pero el príncipe toma la mano de Makoto y no la suelta.

-Adelante…-dice ella con un hilo de voz y muy sonrojada. La doncella aparece en el lugar inclinándose respetuosa.

-Siento interrumpir, señora, pero venía a avisar que la señora Fujimoto pide autorización para venir a su habitación, ha ordenado que se le prepare un desayuno especial porque dice que no saldrá usted de esta habitación hasta las seis de la tarde rumbo a la iglesia. Nos ha dado a todos los sirvientes el itinerario con sus horarios de comidas, baño y arreglo, sabemos la hora a que vendrá el maquillista, la modista y la estilista, además de un hombre de apellido japonés que la señora Fujimoto contrató para darle un tratamiento especial de relajación y purificación con té y masajes-explica la joven leyendo le papel con el itinerario ante la atónita mirada de la joven de ojos esmeralda.

-¿Y de verdad es necesario todo eso?-inquiere Makoto.

-Lo es Mako chan, vas a ser la esposa del príncipe Stenberg, muchos medios de comunicación van a cubrir el evento y tú debes ser la novia más deslumbrante de todas las que han entrado a la catedral de San Vito-declara la hermosa mujer de cabello negro y ojos amatista entrando como un huracán en la habitación de Makoto con tres doncellas más tras ella.

-Diría que mi futura esposa no necesita de todo eso para verse más hermosa que ahora, pero sé que no me haría mucho caso…¿Cierto, bella señora?-bromea Andrew con Rei.

-Cierto, señor futuro esposo, así que si no le importa le pediré de la forma más atenta que salga de la habitación porque nos corresponde preparar a la novia-sigue la broma ella.

-Ni hablar, en ese punto no tengo la mínima autoridad mucho menos ante una futura madre-asegura Andrew en referencia al embarazo de Rei que ya era evidente-Supongo que nos veremos hasta el momento de la boda-asegura el atractivo joven rubio y besa levemente la mejilla de la chica castaña saliendo de la habitación. Makoto se queda mirando el lugar por donde se ha ido sonrojada.

-Bien, Mako, es momento de bajar de tu nube y concentrarte en lo que sigue, serás la princesa Stenberg en unas horas y el mundo tiene que verte deslumbrante-firme Rei con ese típico tono de autoridad con el que comandaba los arrozales y comienza a dar órdenes a las chicas que conducen a Makoto como si fuese una muñeca. Ella se deja hacer respondiendo a las preguntas de su amiga casi maquinalmente, en verdad lo que hagan para embellecerla no le interesa mucho, esa escena anterior con Andrew, con su príncipe, le había dejado el corazón latiendo desbocado y una sensación extraña en la boca del estómago cada vez que él la miraba, la tocaba o le hablaba. Ahora no tenía más dudas, él la debía querer, aunque sea un poco, cuando le había dicho esas hermosas palabras y le había dado el "Corazón Esmeralda" y ella misma se propuso que si Andrew la quería "Solo un poco" ella haría que la quisiera más y más hasta que se enamorara tanto de ella como ella lo estaba de él. Después de todo, entre cientos de mujeres, él la eligió a ella…¡A ella! Y con esas palabras, mirando de vez en cuando la gema verde que pendía de su pecho, recordando la leyenda de Alejandro de Prusia y Esmeralda Stenberg, pudo soportar todo lo que la dura agenda de novia de Rei tenía escrito, aguardando el momento de su boda.

Catedral de San Vito, Praga, República Checa.

En el interior del recinto del castillo de Praga, las altas torre de la catedral gótica refulgen aquella noche alumbradas por reflectores multicolores mientras toda la explanada del casco más antigua de la capital Checa luce abarrotada de reporteros que son malamente contenidos por el personales de seguridad del gobierno tras barricadas de postes blancos y cadenas impidiendo que inoportunen a los ilustres y selectos invitados al gran evento de la boda del príncipe Stenberg. Era singular que el mismo príncipe haya dictaminado que no deseaba que cadena televisiva alguna transmitiese su boda siendo que él era una de las personalidades más destacadas del JET SET europeo y debido a ello la curiosidad de los reporteros por obtener fotografías del evento, sobretodo de la misteriosa y bellísima novia asiática del príncipe, era descomunal.

Todo el camino desde la entrada del puente levadizo que conducía a casco del Palacio de Praga, había sido adornada por muchísimas azucenas, así como una alfombra de pétalos desde este lugar, atravesando la explanada hasta llegar a las puertas de la catedral y dentro de esta era la misma flor blanca la que decoraba todo el lugar expandiendo su aroma natural y dándole un ambiente singular al evento.

Mujeres vestidas con trajes discretos de noche y hombres de frac, funcionarios de gobierno y personalidades de la cultura de toda Europa estaban reunidos en la catedral esperando el momento de la aparición de la novia. En el altar, el atractivo joven de cabello rubio, luciendo un correcto saco negro, camisa blanca, corbata y chaleco gris con pantalón del mismo tono, así como algunas medallas propias de su condición de príncipe de Bohemia, esperaba ansioso al frente del altar de la nave principal con evidente nerviosísimo, frotando sus manos una con otra.

A su lado, el joven japonés vestido de frac negro sonríe.

-Así que estás nervioso, mi buen amigo-sonríe Nataku palmeando la espalda del rubio príncipe-¿Quién dijera que hace seis meses tú me estabas dando consejos a mí sobre este mismo tema?

-Me arrepiento de ello, Nataku, ahora entiendo mejor que nadie tu ansiedad ese día. Es una emoción mezclada con incertidumbre-responde el príncipe rubio.

-Nada tienes que temer, a estas alturas sería muy tonto si dudaras de su amor-responde Nataku-al menos a mí y a todos nos queda claro que te quiere de verdad. Solo espero que a ti te quede igual de claro y hagas honor a ese cariño.

-Si alguien sabe lo que vale el verdadero amor, el amor puro, limpio y honesto que ella siente por mí, soy yo amigo-responde Andrew y Nataku sabe que es sincero-Gracias por el apoyo amigo. Me habría gustado que Rei y tú fueran nuestros padrinos pero…

-Lo sé, igual no habríamos aceptado, no somos de la misma religión aunque respetamos sus creencias y habría sido extraño, es lógico que el príncipe Stenberg tenga como padrinos de bodas al presidente y su esposa así que por nosotros no te preocupes. Bastante tenemos con ocupar el honorable puesto de familia de la novia-asegura Nataku mirando hacia la banca principal donde su Madre, Hotaru, Rei y la anciana Mariko a quien habían convencido de asistir a la boda. Solo Hino san no se encontraba allí porque sería el que entregara a la novia.

-Aunque Makoto y yo estaremos fuera por casi tres meses, queremos que se queden en Praga y en el Castillo como si fuera su casa, es lo menos que les debemos-pide Andrew.

-No sé si mi mujer quiera, ya sabes cómo es con lo relativo al trabajo y estamos en pleno periodo de siembra en la villa…además su estado no es precisamente para vacacionar-reitera el joven en referencia al embarazo de su esposa-creo que deberé sobornar al médico para que la obligue a reposar un poco porque conociéndola es capaz de trabajar hasta el último día y mi hijo nacería entre los arrozales.

-Muy poético pero muy poco recomendable. Gracias por haber viajado hasta aquí aun con el embarazo de Rei sama-confiesa Andrew.

-No te preocupes, solo tiene cinco meses y no es riesgoso, además ella no se pierde la boda de Mako por nada del mundo-reitera Nataku.

-Ni Makoto se lo habría permitido. Se quieren como hermanas. Como tú y yo-confirma el príncipe.

-Justo has dicho la palabra correcta. Sabes que Mako y tu serán los padrinos de mi hijo. ¿Verdad?-pide Nataku.

-Tenlo por seguro. Si es una niña le regalaré una casa de muñecas típica de Praga hecha por los mejores artesanos, y si es un niño un Pony-promete el príncipe. Los dos amigos estrechan sus manos justo en el instante en que la algarabía de afuera les indica la inminente llegada de la novia. El arzobispo vestido de gala se acerca al joven príncipe e intercambia unas palabras con él antes de salir con el cortejo de sacerdotes hacia la puerta a recibir a la novia. Andrew luce muy nervioso y mira hacia afuera por la alfombra roja tapizada de pétalos blancos pero los flashes y las luces no le permiten observar bien hasta que la música del órgano y las voces del coro le indican que el cortejo ha avanzado. El arzobispo y los sacerdotes pasan a su lado subiendo al altar y al fin Andrew puede mirar embelesado la belleza que camina del brazo de Keitaro Hino hacia él, envuelta en tul blanco, con su bellísimo cabello castaño peinado en alto con una tiara sosteniendo el velo y además de sus aretes el único adorno que destaca en su pecho es la bellísima gema verde que por efecto de las luces lanza destellos esmeralda en el hermoso rostro sonriente.

Keitaro Hino llega al altar y deposita la delicada mano de la joven novia sobre las de Andrew quien no aparta los ojos de ella, hasta que ambos suben las escaleras que los separan de los reclinatorios donde ambos se hincan para recibir la bendición del arzobispo de Praga.

Makoto aún recuerda como en sueños el momento en que en fuerte y claro idioma checo pronunció sus votos ante el altar diciendo que aceptaba a Andrew Zdenko Stenberg como su esposo, y después lo escuchó a él decir su nombre católico por vez primera en público confesando que la aceptaba como su esposa hasta que la muerte los separara. El arzobispo de Praga bendijo la unión y Václav Klaus, el presidente y su esposa, les acercaron los anillos de oro grabados con sus nombres con que sellaron su unión.

Cuando minutos más tarde la nueva pareja salió de la catedral de San Vito del brazo hacia la explanada del Palacio de Praga, Makoto se asombró al sentir la terrible descarga de flashes que los acosaron de parte de los ansiosos reporteros que ansiaban capturar la imagen del momento. Realmente ambos esposos eran la vida imagen de la perfección y de un cuadro como debía ser el de un cuento de hadas: la hermosa noche de luna llena, el escenario del palacio de ensueño frente a ellos, un príncipe apuesto y encantador que daba el brazo a una hermosísima cenicienta. Así mismo pensaban muchos de los reporteros de prensa y televisión mientras los veían atravesar la explanada hacia un hermoso carruaje tirado por caballos que los condujo hacia el puente levadizo que separaba el castillo de Praga de Hradčany hasta la puerta del propio Castillo Stenberg que refulgía de luces y adornos de azucenas como hacía siglos no había lucido, en una boda de un legítimo heredero Stenberg.

Durante la fiesta se realizó el matrimonio civil y después de este la cena durante la cual la nueva princesa Stenberg pudo lucir maravillosamente las clases de etiqueta que había recibido por seis meses en Kamiyamada logrando hechizar a la difícil y selecta sociedad europea que estaba encantada con la belleza, gracia y juventud de la chica. Andrew estaba literalmente encantado con su esposa la verla conversar animadamente con sus invitados y desenvolverse perfectamente reiterándose a sí mismo que no se había equivocado al mirarla aquel lejano día en la preparación del festival Otaue cuando a primera vista estuvo seguro de que ella estaban destinada a la grandeza.

El baile principal de la fiesta fue abierto por los príncipes Stenberg, un hermoso vals de Strauss "Rosas del Sur" el cual bailaron ambos jóvenes totalmente solos en la pista del bellísimo salón principal del castillo Stenberg bajo la mirada complacida y asombrada de sus invitados. A pesar de lo difícil del vals por los constantes cambios en la velocidad de este los jóvenes esposos parecían tan compenetrados que un halo de gracia envolvía a ambos realzado por los destellos verdes del "Corazón Esmeralda" que refulgían con las luces de los candelabros como si la misma gema quisiera exaltar con su brillo a la nueva pareja. Andrew llevaba a Makoto del talle con habilidad y seguridad en cada una de las vueltas de esta danza elegante y difícil aprisionando su talle con posesividad pero al mismo tiempo con suavidad y ella miraba a su marido sonriente y sonrojada por el cúmulo se sentimientos que leía en sus pupilas azules, brillando ese día para ella de una forma tan especial y preguntándose asombrada si todo aquello no sería uno de sus tantos sueños…

Nadie de los demás invitados se atrevía a integrarse al baile impresionados por la belleza de la pareja de recién casados.

-¿Eres feliz?-le preguntó Andrew a Makoto en una de las vueltas en que regresó a sus brazos.

-Más de lo que jamás pensé…Andrew-le respondió ella sonriente-no quiero que sea un sueño…-confesó cerrando los ojos cuando él la tomó de nuevo de la mano para seguir la danza. El príncipe rubio se acercó al oído de su esposa.

-No es un sueño querida, es real, ahora tenemos en las manos la llave de la felicidad, hay que saber aprovecharla-fueron las palabras del joven. Al pasar la pareja de esposos junto a sus amigos japoneses, Andrew habló en ese idioma-Amigo, señora linda, es mejor que bailen o nadie se atreverá a acompañarnos-les dijo a los esposos Fujimoto. Nataku miró a su esposa y le ofreció el brazo uniéndose al vals de sus amigos; ese acto de los invitados japoneses pareció romper las restricciones de los demás invitados y pronto la pista se llenó de parejas que danzaban entre las notas del vals vienés.

Al finalizar este baile, todos los invitados aplaudieron a la feliz pareja y enseguida un ejército de embajadores, políticos y hombres de frac invadió a Makoto solicitando el siguiente baile; la joven los miraba a todos sonriendo sin saber a quién atender hasta que el gobernador Hino fue a reclamar su justo derecho de bailar con la novia dispersando a todos los caballeros quienes lo reconocían como el padre de la chica y decidieron aguardar su turno.

Por su parte otro grupo de mujeres pedía bailar con el atractivo príncipe. Makoto sintió un extraño malestar al ver como las elegantes damas jóvenes acosaban a su esposo, aunque eran discretas, todo lo que sus modales les permitían se notaba que aun casado Andrew seguía siendo demasiado cotizado. La joven bailando con Keitaro Hino tuvo un destello de ira en sus bellas pupilas verdes.

-Tranquila pequeña, debes aprender a acostumbrarte a esto, será frecuente en el mundo donde ahora vivas que escenas como esta y algunas aún menos edificantes se den entre tu marido y algunas damas. Debes entender y no dejarte llevar por los celos, el príncipe Stenberg es un hombre que gusta a las mujeres pero es seguro que a él solo le gusta una, tú, su esposa, así que si quieres un consejo que te evitará muchos malos ratos como casada ten la inteligencia de no darle importancia a esas cosas y solo pórtate con él tan encantadora y enamorada como siempre, así solo tendrá ojos para ti aunque lo acosen cientos de mujeres. ¿De acuerdo? –le explica paternal el gobernador. Ella le sonríe.

-Gracias Otou san…seguiré tu consejo…no sabes cómo me harán falta ahora Rei chan, Hotaru, tú, Mariko…y…y…

-Dilo, vamos, di el nombre de tu hermano-anima el gobernador.

-Es lo único que me ha puesto triste esta noche, Otou san, pensar que por mi culpa Kazuo…

-No es culpa de nadie mi pequeña, además hablé con él y me dijo que hará un examen para especializarse en psiquiatría en la Universidad Médica de Frankfurt de modo que puedes estar tranquila porque lo escuché entusiasmado. Las cosas pasan por algo y sé que él terminará por agradecerte que no le hayas dado falsas esperanzas.

-Si vuelve a llamarte dile que le deseo lo mejor y que espero algún día podamos volver a ser los hermanos de antes-tanto el gobernador Hino como Makoto siguen bailando y charlando.

A lo lejos, una hermosa joven de cabello aguamarina se abrió paso entre las mujeres que acosaban al príncipe y cruzando los brazos lo llamó con familiaridad.

-¡Andy!-al escuchar ese nombre, el rubio aristócrata miró atrás y sonriendo se reunió con la bella violinista en un fuerte abrazo.

-¡Michiru!-los dos se abrazaron cariñosamente y ese abrazo terminó por disipar a las jóvenes que deseaban bailar con el apuesto novio-¡Asombroso! No pensé que pudieras venir…¿Tenías temporada en Milán no es así?-cuestionó el príncipe estrechando las manos de su amiga.

-La tenía pero cancelé para venir a tu boda, era algo que no podía perderme, tanto por nuestra amistad como por ver por mí misma que al fin habías encontrado la felicidad. Permíteme felicitarte, parece que la vida te ha dado una muy hermosa compensación-advierte la hermosas violinista al ver pasar a Makoto bailando con el gobernador Hino.

-Así es amiga, y créeme cuando te digo que esa adorable criatura me ha hecho cambiar absolutamente todas mis creencias tontas y resentidas sobre el amor-confiesa el joven.

-Me alegro por ti, el amor es algo a lo que nadie debemos huirle, sino abrirle las puertas de par en par cuando llama a ellas- sonríe la joven artista, Andrew la mira inquisitivo.

-No sé por qué me parece que hablas por experiencias propia-confirma él sus sospechas al verla ruborizada.

-Es posible, su alteza…si Usted me cuenta su lindo idilio con su novia yo le narraré el mío con mi piloto de Fórmula 1-promete Michiru.

-¡Vaya! Un piloto, de verdad me asombras…¿Estás volviéndote más rebelde?-reitera él ofreciéndole su brazo y llegando a una mesa donde ambos toman una copa.

-Haruka me está enseñando ese lado de la vida y me agrada…Andy…hay algo más que debo decirte…hace dos meses hice una temporada de conciertos en Nueva York y vi de nuevo a Reika-inicia la charla la joven de cabello aguamarina mirando la reacción de su amigo, pero asombrada puede ver cómo ni un solo rasgo del rostro viril del príncipe se altera ante la mención de ese nombre y con ecuanimidad el hombre baja la copa sin siquiera temblar.

-Ya veo, ¿Su esposo radica allí?

-Sí, tiene una empresa que se mueve mucho en la bolsa de valores, su nombre de Neflyte Crawford y me sorprendió que al finalizar mi concierto me estuviera esperando con su marido para invitarme a cenar en su mansión. Quizá te parezca mal que haya aceptado pero sabes que ella era mi amiga aun antes de lo que hubo entre ustedes dos y aunque no apruebo lo que te hizo ella sigue siendo mi amiga-habla la violinista.

-Michiru, no tienes nada que explicarme, lo sé y no te lo reprocho. Ya lo he superado-declara con decisión Andrew.

-¿Totalmente?-duda ella quien había vivido con su amigo los terribles años después de su ruptura con todo y su horrible desmoronamiento.

-Totalmente-seguro el rubio sirviéndose otra copa-admito que me costó mucho, ahora que lo analizo en retrospectiva creo que me dolía más mi orgullo lastimado que la misma Reika, lo cual fue sumamente egoísta y tonto de mi parte. En ese tiempo no sabía lo que era el verdadero amor, porque en ese tiempo solo amaba yo y no recibía nada a cambio, ahora sin embargo, estoy tan feliz que comparando ambos momentos puedo decirte que lo de Reika era solo un espejismo-asegura el joven, Michiru lo mira a los ojos y descubre en ellos tanta verdad que acaba por sonreír.

-Eso necesitaba saber. Créeme que no era mi intención traerte malos recuerdos, menos este día, pero me preocupaba que quizá en un arranque de egoísmo o deseos tontos de venganza hubieras querido dañar a esa pobre niña que se nota te ama demasiado-confiesa la violinista. Aquí el joven rubio tiene una leve crispación y su ceño se frunce un poco lo cual nota rápidamente su amiga-creo querido que tú y yo necesitamos una larga charla personal en otro lugar que no sea tu recepción de bodas. Sé que te irás de Luna de Miel varios meses y de igual modo yo tendré una larga gira por Norteamérica así que no podremos vernos en un tiempo, aunque ten por seguro que hablaremos-advierte seria la joven –ahora no hablemos más de cosas tristes y preséntame a tu encantadora esposa.

Andrew recupera su sonrisa y se levanta junto con Mihciru en dirección a la mesa de la familia Fujimoto donde Makoto se ha sentado junto con Rei y la madre de Nataku, y al llegar hace la presentación oficial de la violinista a la cual todos los Fujimoto y los Hino hacen un recibimiento cordial mostrándose asombrados de que una famosa violinista japonesa fuera amiga de Andrew. Tanto Muchiru como Makoto y Rei simpatizan desde el primer momento y en poco tiempo charlan animadamente en japonés.

-Muy bien amigo, ya que después te requerirán seguramente tus importantes amistades quiero brindar contigo por tu felicidad, que sea para mucho tiempo-asegura Nataku alargando una copa a Andrew que la recibe y la choca con su compañero entrelazando sus codos como solían hacerlo en sus días de estudiantes en París.

-Kampai, Nataku, y gracias por ser mi amigo, gracias a ti tengo la llave de mi felicidad-responde él antes de beber.

Cerca de las dos de la madrugada, casi todos los invitados se han ido. En la sala principal del Castillo Stenberg el príncipe termina de despedir a sus últimos invitados correctamente. Nataku baja las escaleras hacia donde está su amigo y espera que despida al embajador ruso con su mujer sentándose en los escalones de mármol de la escalinata principal. Una vez que se han ido Andrew se sienta en la escalera al lado de su amigo mientras ve el desfile de criados que bajo las eficientes órdenes de Ingmar, el mayordomo, terminan de ordenar todo.

-¿Ya se ha dormido tu madre?-inquiere Andrew hablando en japonés a su amigo.

-Sí, ella y Mariko se recogieron a sus habitaciones, igual Hotaru, aunque estaba muy contenta terminó rendida. Hino san también se ha retirado y yo solo espero a Rei que fue ella misma a ayudar a Makoto a instalarse.

-¿Hablaste con ella sobre la posibilidad de que se queden unos días?-inquiere el rubio.

-Sí y claro que se negó, aunque mi madre la convenció de ceder una semana. Es una adicta al trabajo, lo que dije antes de sobornar al médico para que la obligue a descansar lo que queda del embarazo no era broma. Mi mujer es un torbellino-confiesa Nataku.

-Y tú estás tan enamorado que haces lo que ella quiere.

-No te burles porque creo que tú estarás peor que yo, si no puedes ocultar lo enamorado que estás de Makoto y menos aún el orgullo de verla conquistando a tus amistades aristócratas-sigue burlón el joven japonés.

-Realmente fue así, Makoto es maravillosa. Mañana salimos temprano en avión hacia Venecia donde nos espera mi yate personal, quiero olvidarme del mundo y solo ocuparme de ser feliz y de hacerla feliz a ella-confiesa emocionado el príncipe.

-Pues me alegra por ti amigo, ambos lo merecen-acaba Nataku.

-Caballeros, creo que es hora de que ambos se retiren a sus habitaciones, ha sido un muy largo día y al menos el príncipe no debe dejar sola a su esposa ni un segundo-asegura Rei llegando al lado de los hombres que se levantan la verla.

-Gracias, señora linda, por su ayuda y apoyo con Makoto. Le debemos mucho-confiesa besando la mano de Rei con el respeto de siempre.

-Solo cuide mucho de mi hermana, hágala feliz, y me daré por bien pagada.

-Procuraré que en la medida de lo posible Mako no se distancie mucho de Ustedes. Los visitaremos con frecuencia y espero que Hotaru, su padre o Mariko pasen temporadas largas aquí, no quiero que se sienta sola. Además aprovecho para felicitarlos a ambos, Nataku me dio la noticia-Rei se sonroja un poco.

-Definitivamente querido no sabes mantener un secreto.

-No tenía porque, estoy feliz y mi mejor amigo y futuro padrino de nuestro bebé tenía que saberlo-asegura Nataku haciendo sonreír a Andrew-porque en cuanto nazca mi hijo tú y Mako irán a Japón para ser sus padrinos.

-Denlo por hecho. Ahora, mis estimados amigos, si me disculpan, tengo un mejor lugar en donde estar-ansioso se despide Andrew subiendo las escaleras a toda prisa bajo la mirada cómplice de los esposos Fujimoto. Nataku pasa su brazo por la cintura de su esposa y ambos suben también a sus habitaciones.

-¿Aún temes que Mako no sea feliz con mi amigo?-cuestiona el joven de cabello plata a su esposa.

-Claro que no, querido, ahora me queda claro que el karma no se equivocó el día que Makoto lanzó esa piedra a la frente del príncipe-acaba la joven de cabello negro sonriendo a su esposo y dándole un beso en la mejilla-serán tan felices como nosotros-dictamina mientras ambos caminan por los pasillos del palacio Stenberg hasta el ala en que se hayan sus habitaciones.

En las bellísimas y amplias habitaciones principales de la mansión señorial, frente al enorme tocador, la hermosa joven sentada en el banco de asiento rojo contempla su belleza natural y juvenil mientras se cepilla el largo cabello castaño. Ahora solo viste una hermosa bata de seda rosa, de excelente gusto, y como único adorno la gema verde sobre su pecho. Un leve sonrojo tiñe sus mejillas mientras espera a su esposo. Había hablado largamente con Rei y con Toda Oboro san sobre las dudas inocentes respecto a su vida como mujer casada y para su fortuna ambas mujeres, desde su experiencia personal de esposa joven y viuda le habían disipado todos sus temores con claridad, lo cual no significaba que estuviese exenta de ellos.

Suspiró con fuerza mientras miraba su reflejo en el espejo, su amiga le había dicho que solo se dejara llevar y le mostrara a su esposo cuanto lo amaba, pero ella sentía que el corazón le retumbaba en el pecho con fuerza, mucho más al ver reflejada también en el espejo la enorme y señorial cama matrimonial con doseles blancos.

Makoto se sobresaltó al ver como las enormes puertas de madera con el escudo Stenberg labrado en ellas se abrían dando paso justamente a su esposo quien llevaba el saco negro en su brazo, la corbata deshecha y unos cuantos botones del chaleco desabrochados. La joven lo miró por la luna del espejo en que se encontraba sentada al rubio príncipe que caminaba hacia ella. La luz de la habitación era muy poca, solo dos lámparas encendidas a los lados del tocador de Makoto y la luz de la noche de Praga que se filtraba por los ventanales pero no era necesaria la luz para que la chica se diera cuenta de que la mirada de los ojos azules había cambiado. Ella conocía los ojos irónicos y crueles con que la miró cuando la conoció, los ojos amorosos y dulces con que la miró después, pero esa nueva forma de mirarla a través del espejo, esa sonrisa en sus labios y esa manera de recorrer su reflejo con los ojos era nuevo para ella, no era temor lo que sentía al verlo sino un sentimiento nuevo y totalmente extraño, una escalofrío, una anticipación difícil de definir que la hace dejar el cepillo sobre el tocador con un leve temblor de su manos.

Andrew llegó a su lado, dejó en el tocador su saco y su corbata y se acercó a Makoto. No se habían mirado directamente sino solo por el espejo, pero los ojos azules no dejaban ni un momento las pupilas color esmeralda de su esposa, y sonriendo se acerca colocando sus manos en los hombros de ella. Mako se estremece al sentir las manos de su príncipe sobre sus hombros, es como si su piel sintiera el calor de esas manos aun sobre la leve tela de la bata de seda.

-Estás muy hermosa. Pensé que nada te haría ver más linda que ese vestido blanco de novia, pero me equivoqué, me gustas mucho más así. Muy pocas mujeres pueden jactarse de ser más hermosas sin pinturas y adornos que con ellos…

-Andrew yo…yo…-confundida ella intenta levantarse del banco muy sonrojada, pero las fuertes manos de él se lo impiden, ella se siente incapaz de enfrentarse a la fuerza dominante con que ahora él la trata, porque es a la vez de una forma tan dulce en que la mira por el espejo que no tiene forma alguna de resistirlo.

-Tú me encantas como te veo ahora, tu cabello-habla Andrew enredando sus dedos en el cabello castaño de ella. Makoto confundida ante el cúmulo de sensaciones que estaba experimentando con el toque de su príncipe opta por cerrar los ojos respirando entrecortadamente- tu cuello…-sigue el joven rubio bajando su mano hacia el cuello de su esposa y acariciándolo por encima de la gema de esmeraldas, inclinándose hacia ella y colocando su cabeza en su hombro-tus labios…sobretodo tus labios…-asegura Andrew mientras su dedo índice toca los rosados labios de Makoto.

Confundida y asombrada por las extrañas sensaciones que experimenta y no puede controlar ella se levanta de golpe e intenta alejarse, pero no ha dado ni unos pasos cuando un par de fuertes brazos la rodean por la cintura dejándola asombrada. Andrew la abraza ahora con fuerza y ella no sabe si se siente más nerviosa por la cercanía de su príncipe o porque esa es la sensación más maravillosa que había sentido en su vida.

-No me has dicho ni una sola vez que me amas-susurra Andrew en el oído de Makoto logrando que ella se estremezca de nuevo entre sus brazos que no ceden ni un momento en la fuerza con que la abrazan, sino que por el contrario, suben por la cintura de ella cada vez más arriba lentamente.

-No…no creo que…sea necesario…decirlo cuando me…he casado contigo…-incapaz ella de hilar un pensamiento coherente habla entrecortadamente.

-Pero quiero que me lo digas. Quiero que me digas que me amas-suplica él deteniendo sus manos justo por debajo de los senos de su esposa que se mueven debido a lo acelerado de su respiración, y de un movimiento rápido la obliga a girar para quedar de frente, mirándose al fin uno al otro, tan juntos que no queda espacio entre ellos; las manos se Makoto se posan sobre el fuerte pecho de su marido descubierto por los botones abiertos de su camisa y se pierde en sus mirada y en sus ojos azules que la miran con…algo tan extraño que no logra definir, pero que tiene un nombre muy claro que ahora experimentará en plenitud. Se llama deseo…y ella siente que le falta muy poco para dejar libres todas esas emociones que amenazan con salir de su pecho-como te resistes a decírmelo, entonces tendré que obligarte a hacerlo, querida-sonríe de lado Andrew con ojos chispeantes de travesura logrando asustar un poco a su esposa.

-Andrew…por fav…-pero él no la deja terminar la frase pues antes de que lo haga la besa con fuerza en los labios. Ella abre los ojos asombrada de intensidad de aquella boca que literalmente la estaba devorando. Era un beso intenso, nada comparado con sus dos anteriores besos, ni siquiera el día que él le arrancó la promesa de matrimonio en el lago de Tókamachi la había besado de esta forma tan posesiva, tan completa y la misma Makoto no supo en qué momento ella terminó por devolver el beso con la misa intensidad con la que él la estaba reclamando y entrelazó sus brazos en el rubio cabello de su príncipe; era como si un volcán desatado se hubiese encendido en su interior, un calor dulce y a la vez abrazador que la consumía al mismo ritmo que los labios de su esposo.

Los labios de ambos se separan un poco para tomar aire, sintiendo sus respiraciones cercanas que creaban un ambiente tibio. Andrew la abraza fuertemente de nuevo y le sonríe al ver abrirse los ojos de su esposa, dejando a su vista las pupilas color esmeralda, deslizando una de sus manos por la espalda de su esposa hacia arriba, hasta detenerse en su nunca, presionándola suavemente, acercando su boca a la de ella, acariciándole ahora suavemente el contorno de sus labios que le parecían más suaves que los pétalos de una rosa, disfrutando el sabor de su aliento más dulce que la miel. Un beso dulce y tierno que con el pasar de los segundos se torna como el primero de esa noche, en uno beso lleno de deseo y pasión en el que sus lenguas se encuentran enredándose frenéticamente, saboreándose el uno al otro.

Ella siente que los labios de él se apartan de los suyos nuevamente, pero dejándose llevar por el deseo naciente en lo profundo de su corazón, que le hacía actuar de formas que jamás esperó presiona suavemente su cabeza, impidiendo que se aparte de su lado, profundizando el beso.

-Andrew- Pronuncia ella el nombre de su príncipe dulcemente una vez que la falta de oxígeno los obliga nuevamente a separarse, sintiendo su corazón palpitar, deseando confesarle el amor que por el siente, pero algo dentro de ella se lo impide, como si aún temiera ser rechazada por el o ver su antigua mirada irónica.

-Te hare el amor lenta y suavemente- Susurra el en el oído de ella haciéndola estremecerse- Confía en mí y solo déjate llevar- Le dice notando aun nerviosismo en sus pupilas color esmeralda.

Andrew la vuelve a besar suavemente, pero esa vez va más allá de los labios de su esposa, bajando por su mentón hasta llegar a su suave y delicado cuello, besando suavemente, otras veces succionándola con dulzura, arrancándole suspiros de placer a su esposa y otras veces mordiéndole suavemente la piel sensibilizada y humedecida. Makoto escucha sus propios suspiros y leves gemidos como si no fuesen suyos, como si no le pertenecieran, jamás pensó que una sensación semejante pudiese ser posible en brazos de su príncipe, pero ahora ya no siente vergüenza, ahora, conforme Andrew la besa, se siente cada vez más libre.

-Mako. Déjame amarte y dame tu amor. Quiero perderme en cada rincón de tu piel…te amo-confiesa dulcemente el joven rubio con los ojos cerrados juntando su frente a la de ella.

-¡Oh!- Balbucea ella entre suspiros, sin poder creer que él le haya dicho un "Te amo" y siente como el delicioso placer comenzara a crecer en su vientre bajo expandiéndose por todo su cuerpo con un calor agradable.

Lentamente, al final de su cuello, Andrew se encuentra con el nacimiento de los senos de su esposa, y apartando suavemente el "Corazón Esmeralda" pero sin quietárselo, regresa a su tarea besando suavemente, hasta que siente la tela de seda rosa poniendo una barrera entre ellos. Lleva entonces sus manos hacia el cinto de seda con que está atada la bata y lentamente lo desata, despojándola con paciencia de la bata mientras su boca recorre los hombros de su princesa. Cuando la bata cae al piso, se separa un poco de ella, mirándola a los ojos, bajando después sus ojos hacia las mejillas de ella enrojecidas como dos cerezas maduras, dándole un aire de inocencia que le hicieron enternecerse, desearla aún más y querer hacer de esa noche un recuerdo especial para ella. Su vista va bajando, deleitándose en los labios rosados de su esposa ligeramente hinchados a causa de sus besos y de pronto la miró llevarse los brazos al pecho, cubriendo con ello sus senos redondeados, pues ahora solo quedaba en su cuerpo, unas pequeñas bragas semitransparentes de encaje en color rosado que cubrían su intimidad.

-No te cubras- Le dice el dulcemente, bajándole las manos, deleitando su vista al ver los hermosos senos redondeados de su esposa en cuya cumbre refulgen sus pezones tan duros como dos perlas rosadas- Así me gustas, eres hermosa…perfecta tal como eres- susurra el joven rubio acariciándole los pezones con las yemas de sus dedos, estimulándola, arrancándole suspiros de placer.

Ella siente que el pudor que se había apoderado de ella por un momento desaparece cuando siente de nuevo los labios húmedos de él besando sus hombros cadenciosamente, las manos de él que se deslizan en suaves caricias por sus brazos, toqueteos que se tornan atrevidos cada vez más conforme las manos masculinas se deslizan desde su cintura hasta sus caderas, rodeándola después entre sus brazos, acariciándole suavemente la espalda, deslizándole los dedos en una dulce caricia por la espina dorsal, arrancándole gemidos de placer hasta detenerse un poco más allá de su espala baja apretujándola suavemente. Definitivamente esto tiene que ser bueno, cuando alguien la hacía sentir todas esas emociones, debía ser bueno, además es su esposo…su príncipe…y ella quiere dejarle claro cuánto lo ama…y si para ello debe dejarse llevar por sus emociones lo hará.

Makoto, quien tiene sus dedos enredados en el cabello rubio, decide en ese momento dejarse llevar por el deseo que parece dicta sus acciones y desliza sus manos hacia abajo, metiéndolas por debajo de la camisa de su marido, deseando sentir su piel, retribuirle el placer que sus besos ardientes le estaban provocando.

Él, dándose cuenta de la ansiedad que empezaba a nacer en ella, la levanta en vilo, apoderándose de la boca de su amada nuevamente, mientras ella lo abrazaba con las piernas, apretándose a él, juntando sus senos con su pecho. Su vientre plano contra su erección.

-Te deseo, querida mía- Dice el contra su boca. Makoto no sabe qué es esa fuerza mayor a ella que se apodera de su cuerpo y de su mente con los besos de su príncipe, pero le gusta cómo se siente al liberarse…

-Entonces tómame, mi amor- Responde ella entre jadeos- Quiero ser siempre tuya- Se atreve a confesar ella casi como una súplica para que su príncipe continuara.

Andrew sin apartar sus labios de los de ella, se inclina sobre la cama, recostándola suavemente, acomodándose entre sus piernas, llevando una de sus manos a uno de los senos redondeados de su amada, acariciándole la curva suavemente, hasta encontrar el pezón endurecido que suavemente aprieta entre sus dedos, haciendo que ella rompa el beso a causa de los gemidos que no puede controlar.

-Andrew...- Balbucea ella sintiendo las mejillas calientes, sintiendo la respiración de él entremezclándose con la suya, perdiéndose en las pupilas azules de su amado que ya no le causan vergüenza sino que la miran con tanto deseo que la hacen actuar de formas que jamás soñó. Lleva entonces sus manos temblorosas a la camisa desabotonada, deseando acariciarlo, pero aun asustada por aquel primer descubrimiento de sus deseos, se detiene temblorosa al sentir la piel de su príncipe.

A él no le pasa desapercibido el nerviosismo de su amada, y toma suavemente una de sus manos, guiándola con paciencia a desabotonar cada botón hasta que la camisa va a parar al piso. Makoto posa entonces sus ojos sobre el torso desnudo de su amado: ancho y musculoso, deslizando sus ojos hacia abajo donde una tira de vello rubio recorría su vientre hasta perderse en la cintura de su pantalón. Un nuevo sonrojo acude a sus mejillas, pero no es uno de vergüenza, pues parece que esta se ha perdido junto con su camisón de seda, es un sonrojo de anticipación, de quien sabe lo que ocurrirá y no solo no lo evita sino que lo desea. El príncipe, como hombre de mundo que conoce a las mujeres, sonríe encantado de que su bella esposa haya perdido el inicial nerviosismo y poco a poco se deje llevar más por sus deseos.

-Te amo, mi hermosa Mako- le susurra acercándose a su oído, mientras desliza un dedo desde la base de su cuello, pasando por encima de la gema color verde, hasta el lugar en medio de sus senos que se encuentra humedecido, su ombligo, hasta detenerse en el inicio de sus braguitas en color rosa- Te amo tanto- Le repite lamiéndole el lóbulo de la oreja, haciendo que ella deje escapar un gemido apenas audible.

Lentamente los labios de él van bajando desde su oído hasta su cuello, lamiendo y mordisqueando suavemente a su paso, deteniéndose un momento al llegar a su clavícula, hasta llegar a los hermosos senos de ella, besándole suavemente la curva de uno de ello, haciéndola que ella gimiera de placer. Él sabe lo que ella desea, y con su lengua humedecida delinea la areola en cuya cumbre está el pezón endurecido, logrando que ella se apretara contra su erección en un deseo primitivo por sentirlo más. Andrew toma entonces entre sus labios el pezón endurecido, succionándola suavemente, haciendo que ella de manera más desinhibida comienza a gemir con más fuerza, apretándole la cabeza contra su seno, incitándola a lamerlo con su lengua caliente y succionarla con fuerza una y otra vez. Ahora no hay más límites para lo que siente, ahora todo su nerviosismo ha dejado lugar a la pasión desbordada y natural que sentía por su esposo, él había logrado con sus besos sacar esa parte de ella que jamás pensó que pudiera actuar así, esa parte casi salvaje que ahora no podía…y no quería reprimir más…

-¡Oh, si… muérdeme!- Pide ella ansiosamente, dando rienda suelta a la pasión que dormía en ella, y él ante su petición comienza a pellizcarle el pezón entre sus dientes, mientras con una mano le retuerce el otro pezón y con la otra acaricia suavemente su piel desde su cintura, hasta llegar a sus caderas, atrapando entre sus manos la frágil tela de las braguitas color rosa pálido.- ¡Oh me quemas, me haces arder!-confiesa Makoto describiendo con palabras lo que sentía ante ese toque de su esposo.

Andrew aparta sus labios del pecho de Makoto brindándole con su lengua húmeda la misma atención al otro seno, saboreándola lentamente, haciéndola desear más, explotar de placer. Si ero era lo que Rei le había dicho, si era la entrega total y completa al ser amado, entonces era maravilloso…los labios de su príncipe van descendiendo lentamente hacia abajo, deslizando su lengua en el abdomen liso de su esposa, pellizcándola con los dientes suavemente en ocasiones, mientras sus manos acarician suavemente las caderas de ella, sus muslos, arrugando con sus manos ansiosas la única prenda que queda en el bello cuerpo de su mujer.

De pronto ella, al sentir que las caricias cesaban abre sus ojos, encontrándose con la frente perlada de sudor de su marido y con pupilas azules que ahora se miraban oscurecidas, mezcla de ternura, pasión, amor y deseo, todo a la vez.

-Te quiero sin nada en medio- Susurra el con voz ronca cargada de deseo, despojándola lentamente de la última prenda con que cubría su intimidad, dejándola totalmente desnuda sobre la cama, únicamente con la deslumbrante gema verde de la familia Stenberg por todo adorno, pendiendo de su cuello.

Ella cierra sus ojos sintiéndose vulnerable cuando percibe la mirada de él recorrer su cuerpo: desde sus ojos, hasta pasar por sus labios, su cuello, sus senos, para finalmente sentir que su mirada se detiene en su intimidad hasta ese momento resguardada. Siente de pronto las manos delicadas y a la vez fuertes del príncipe posarse sobre sus muslos, y es como si una deliciosa descarga eléctrica recorriera su cuerpo haciéndola desear que esa noche le apague la hoguera en su cuerpo.

-Me encanta cómo sabe tu piel, mi bella dama- Le dice él, y Makoto tiembla de anticipación al verlo agachándose entre sus piernas, rozando apenas con sus labios el interior de uno de sus muslos, para después pellizcarle con los dientes, lamiendo después en círculos la mancha rojiza.

Makoto, quien se siente al borde de la locura entre besos y caricias ardientes en sus muslos, grita entonces de placer cuando siente los dedos de su amado invadiendo su intimidad, abriéndole entre los pliegues, estimulándole la fuente de placer femenino con cada uno de sus dedos, sintiendo la ansiosa necesidad de hacerla estallar de estallar de placer.

-¡Oh!- Se arquea ella ansiosa.- ¡Andrew!... ¡Por favor!- Habla entre jadeos con voz suplicante. Aunque en medio de tantas sensaciones juntas no sabe exactamente qué es lo que ruega, aunque entiende que solo su esposo puede dárselo.

Andrew sonríe lleno de satisfacción, le parece glorioso ver a su amada al borde de la locura por su causa, sus piernas humedecidas le hacen saber que esta lista para él, pero quiere hacerla desearlo más, llevarla al límite de la ansiedad y entonces llenarla completamente.

-No tan rápido- Levanta el su vista, deleitándose al ver los círculos rosados en las mejillas de su esposa, el sudor entre en medio de sus senos y algunos mechones de su largo cabello castaño que se pegan a su cuerpo.- Quiero que esta noche sea inolvidable para ti, que comprendas la maravilla del amor completo y de la entrega total- Le dice acariciándole de nuevo su húmeda intimidad con su dedo índice, para después acercarlo a su boca y pasarse la lengua por el- Tu sabor es delicioso y quiero saborearlo lentamente- Le susurra mirándola a los ojos.

Makoto no tiene tiempo de hablar y se muerde el labio inferior cuando siente el aliento cálido de el en su intimidad, pero al sentir como el besa los pliegues de su sexo, y el centro de su femineidad comienza a gemir descontroladamente, apretando entre los puños de sus manos la tela de la fina colcha del lecho nupcial, retorciéndose de placer ante la lengua demandante de su príncipe que con ansiedad mueve su lengua dentro de ella, haciéndola sentir como si su propio cuerpo fuera un volcán que había estado apagado y que ante tan delicioso estimulo comienza a arder, una deliciosa sensación de escalofríos que nublan sus sentidos desde el centro de su vientre recorriendo todo su cuerpo que la hacen gritar de placer dentro de la habitación tan caliente y húmeda como sus cuerpos.

Al abrir sus ojos, respirando entrecortadamente, se encuentra nuevamente con la mirada de su marido, que le regala una sonrisa que a ella le hace sentir que el corazón se le saldrá del cuerpo, deseando sentir ese algo más que su cuerpo le pide, pero que sabe aún no había descubierto.

-Se acabaron los juegos mi niña hermosa- Dice Andrew acomodándose entre sus piernas- Veo que ahora estas lista para mi.- Susurra el agachándose a la altura de sus senos, besándolos suavemente.

-Siempre estaré lista para ti…mi príncipe- susurra Makoto- Por favor, enséñame lo que es el amor completo…la entrega total de quienes se aman...quiero sentirte esta noche…mío…una y otra vez-habla ella en medio de sus respiraciones entrecortadas.

Makoto lo ve hincarse de nuevo entre sus piernas, sabe lo que vendrá y aunque con los nervios propios de quien nunca ha experimentado, desea sentirlo y se sienta sobre la cama tomando las manos que él tiene posadas sobre la cremallera de su pantalón.

-Déjame hacerlo yo- Dice ella mirándolo con esos ojos verde esmeralda ahora llenos del mismo deseo- Por favor-suplica ella, Andrew entiende que al fin su amada es una mujer completa, pasional y libre como él la quería, así que toma las manos de su amada y lentamente las va guiando, hasta que ella con soltura le baja la cremallera del pantalón, dejado a la vista la ropa interior bajos los cuales se visualizaba la masculinidad de su príncipe. Makoto cierra los ojos, metiendo con timidez una de sus delicadas manos bajo los calzoncillos, sintiendo que se estremece y un delicioso escalofrió recorrer su cuerpo al tocar con su mano la virilidad de su esposo bajo la tela: grueso, alargado, húmedo y ardiente. Apretujó suavemente con su mano, acariciado con la punta de sus dedos, deseando darle el placer que el mismo le daba y los roncos gemidos no se hicieron esperar. El rubio príncipe había estado en su vida con muchas mujeres, pero jamás, nunca, alguna le hizo sentir lo que le estaba haciendo sentir su mujer, lo estaba volviendo loco…y él se sentía a un punto de perder el control…

-¡Basta de juegos!- Le susurra Andrew con voz enronquecida apartándole la mano para tumbarla en la cama suavemente, depositando besos suaves desde sus mejillas hasta su cuello.- Quiero tenerte completa ahora mismo-reclama posesivo.

Andrew se despoja de la última prenda de su cuerpo, acomodándose entre las piernas de su princesa, haciendo fricción en la femineidad de su esposa con su miembro viril, pues, aunque está ansioso de hundirse dentro de ella, disfruta cada vez que Makoto le pide con sus ojos que llene su sexo hasta ahora resguardado.

-¡Andrew!…- Habla ella entre jadeos y casi con un tono de súplica, moviendo sus caderas para aumentar el delicioso goce que le provocaba la dureza del miembro viril de su príncipe contra su sexo virginal- ¡Por favor!- Suplicó ella con los ojos entrecerrados, acariciándole la ancha espalda con sus manos, siguiendo el recorrido un poco más abajo, apretándole en la espalda baja con ansiedad, como exigiéndole así que la tomara, que entrara dentro de ella.- ¡Por favor!...

Andrew sonríe y mientras se mueve besa suavemente el cuello de su esposa, recorriendo con sus manos las suaves curvas de su amada, desde sus senos que estruja deliciosamente, pasando por su cintura, hasta detenerse en sus caderas.

-Por favor… qué… mi bella dama…-pregunta él con un tono que hace a Makoto estremecerse más.

-Lo sabes, yo quiero…quiero…-no se atreve ella a ponerlo en palabras aun con un resto de temor propio de su inexperiencia.

-Quiero escucharlo- exigió él, y la miró a los ojos mientras con la punta de su virilidad hacia presión en la calidez de su amada, acariciándole un pezón entre sus dedos- Dilo, es fácil…solo déjate llevar…

-¡Hazme tuya, amor mío!-grita casi desesperada la joven de ojos esmeralda cerrando estos con fuerza acometida de un violento sonrojo ante du petición. Andrew sonríe y la toma de la nuca, haciendo un poco de presión en sus cabellos.

-Entonces mírame mi bella dama- Le susurra dulcemente mientras le acaricia una de sus mejillas sonrosadas- Quiero guardarme por siempre en mi corazón este momento, la mirada de tus dos esmeraldas cuando me hunda en tu precioso cuerpo.

Ella siente estremecerse cuando escucha la voz de su amado, dulce y a la vez apasionado y ardiente y clava sus orbes en la las pupilas azules de su querido príncipe, mientras sus blancas manos se aferran a la espalda masculina.

Lo siente al fin mover su virilidad, duro y fibroso en los pliegues de su intimidad, y en segundos siente como él se hunde lentamente dentro de su sexo virgen y estrecho, provocándole dolor que ella manifiesta mordiéndose el labio inferior y encajando sus uñas en la espalda varonil, mientras se pierde en las pupilas de su príncipe y unas lágrimas se formas en sus ojos.

Él se hunde un poco más dentro de ella y siente rasgar su intimidad al mismo tiempo que ella deja escapar un suave quejido de su garganta. Las uñas femeninas que se encajaban suavemente en su espalda, la expresión en su rostro, la mezcla de sudor y sangre en la intimidad de ella le hacen saber el dolor de su dama, no quiere lastimarla, tan solo quería que sintiera placer y atrapa los labios rosados de ella en un beso, primero dulce, que después se torna pasional, mientras sus manos grandes acarician las suaves curvas femeninas, deslizándole las manos desde la cintura hasta sus caderas, bajando por sus muslos de mujer.

El príncipe nota entonces que el dolor al principio es sustituido por placer en el cuerpo de su princesa, pues ella responde con dulzura y pasión a sus besos, las manos de ella que al principio acariciaban con timidez ahora acarician más allá de su espalda baja deliciosamente incitándolo a no detenerse y ella bajo su cuerpo comienza a retorcerse, respondiendo al placer recién descubierto al enredar sus piernas en la cintura masculina como si quisiera permanecer unida a él por siempre.

Los gemidos de placer de ella, los roncos gemidos de él hacen romper el beso imposible ya de mantener. Él la enviste cada vez con mayor fuerza, nublándole la vista, inundándola de puro placer, mientras sus manos la acarician ya con deseo primitivo, subiendo de nuevo desde sus muslos hasta su cintura mientras su boca devoraba el cuello femenino.

Ella por su parte, siente que si no estuviera recostada en ese momento se desvanecería y entrecierra los ojos cuando siente una de las manos grandes de su marido retorciéndole uno de los pezones.

-Andrew…mi príncipe…eres mío, solo mío- Susurra ella retorciéndose de placer.

Siente la mano de el que se desliza hacia abajo, tocando su cintura, pero ella un poco más desinhibida se irgue para besarle el cuello, después el lóbulo de la oreja, susurrándole unas palabras que son dictadas por su deseo.

-Tócame otra vez- Suplica ella con voz cortada.

-¿Dónde quieres que te toque?- Pregunto el entre jadeo, aun a sabiendas de lo que ella desea, mientras entra dentro de su cuerpo y sale para hundirse con mayor fuerza.

Makoto le toma una de las manos y la pone sobre sus senos. Él vuelve a separar la mano del pezón de su esposa, humedeciéndose los dedos con la lengua para después tocarle el pezón rosado y apretujarlo suavemente.

Ella acaricia la espalda masculina con suaves movimientos y ansiosa por probar el sabor de su piel masculina le muerde el hombro.

-Mi dama atrevida…así quería tenerte… te amo tant- Susurra el con voz ronca pellizcándole el pezón con más fuerza.- ¡Dime que eres mía!.- Pide el casi como exigiendo.

-Tuya, soy tuya…tuya por siempre- Le susurra ella entrecerrando los ojos, aspirando cuanto le era posible el olor masculino de su príncipe, disfrutando del sudor del cuerpo de él entremezclarse con el suyo, y es en ese momento, estando unidos ambos, sus cuerpos y sus almas, que ella se decide a confesarle al fin lo que por el siente, sin miedos, sin inseguridades, completamente cierta de que su amor es mutio-¡ Te amo, te amo, Andrew!-Gritó llena de placer.

Andrew al escuchar lo que aun sin que ella lo dijera ya sabía, siente que la presión en virilidad está a punto de explotar y comienza a envestirla más rápidamente, profundamente una y otra vez, mientras sus manos se aferraban a las caderas femeninas haciendo presión.

Ella aferra sus brazos en la espalda de él y siente de pronto como si oleadas del más exquisito placer inundaran su ser haciéndola gritar, un espasmo en su vientre bajo, los músculos de todo su cuerpo contrayéndonos y lágrimas de placer cayendo por sus mejillas, mientras sus oídos escuchan los roncos gemidos de su marido.

El siente como el éxtasis de placer explota en su cuerpo, dejando por primera vez su semilla en el cuerpo de su dama, haciéndola suya por completo a partir de esa noche, sabiendo que será así para siempre. No más fantasmas, no más miedos, no más inseguridades, esa era su mujer, suya y de nadie más, lo amaba y él a ella, había encontrado al fin a la única mujer capaz de hacerlo feliz.

Cuando la calma llega a su cuerpo se deja caer encima de ella con la cabeza entre sus húmedos senos, sin salir del cuerpo de su amada, mientras ella juguetea enredando sus dedos en el cabello rubio. A pesar de la semi penumbra de su habitación, pareciera como si en ese momento la joya verdosa que pendía del cuello de la princesa Stenberg brillara con luz propia. Unos pequeños destellos verdes se proyectan en el techo de la cama y en el cuerpo desnudo de los dos esposos.

-Ha sido maravilloso…- La escucha Andrew interrumpir el silencio después de unos segundos.

El levanta su rostro, mirando que la timidez en las pupilas esmeraldas de su esposa había sido substituida por una mirada cómplice, de satisfacción y amor al mismo tiempo. Recuerda como ella entre jadeos le había confesado amarlo, pero no, no era lo mismo, quería escucharla decírselo otra vez y suavemente acaricio una de sus mejillas.

-Tú has sido maravillosa- Le dice después acariciándole los labios con su dedo índice- ¿Me amas?

-Ya te lo dije.- Responde ella sonrojada aun recordando cuándo se lo había dicho.

-Quiero escucharlo otra vez…mi dama…por favor- Pide el con tono suplicante.

-Te amo- Susurra ella dulcemente tomando las fuertes mano de su príncipe entre las suyas- Te amo desde el primer momento en que se cruzaron nuestras miradas, pero no te lo dije porque tenía miedo de que me rechazaras, que te burlaras de mi cariño, es que tu antes eras…

Andrew se acerca mucho al rostro de ella, besándola suavemente en los labios, mientras una de sus manos acaricia amorosamente una de las suaves mejillas de su esposa.

-Perdóname por la manera en que te trate al principio- Le susurre suavemente en el oído- Me arrepiento de haberme comportando contigo de esa manera. Hoy solo pienso en llenar de felicidad cada uno de tus días, me esforzare por ser el marido que mereces.

Makoto siente palpitar su corazón al escuchar la manera en que su marido le habla… ¿ El que es el príncipe Andrew Zdenko Stenberg el que suplica por ser el mejor de los maridos para una plebeya?

-Andrew, tú me haces feliz tal como eres, yo soy quien tengo que esmerarme para estar a tu nivel- Le dice ella- Tu eres el príncipe Andrew Stenberg y yo solo soy…

Él le pone un dedo en los labios haciéndola callar, no piensa permitir que se menospreciara así misma.

-Tu eres mi princesa, eres la princesa que ha elegido mi corazón- Le dice él.- Mi hermosa dama y de entre todas las mujeres te elegiría a ti una y otra vez, porque solo tú has logrado hacer que mi corazón vuelva a creer en el amor.

Andrew sale finalmente del cuerpo de ella y se tumba de espaldas en la cama, obligándola a recostarse encima de él, con su rostro en el torso masculino y sus piernas enredadas la una con la otra en suaves caricias, mientras afuera la luz de la luna se filtra por la ventana y unas gotas de suave lluvia repiquetean en la ventana, anunciando la tormenta de que se avecina.

-Me gusta la lluvia.- Comenta ella levantando su rostro para encontrarse con los ojos azules de su marido.

-A mí también.- Dijo él.- Me relaja-asegura Andrew jugando con la cadena de oro de la que pende la gema verde de su familia.

-Creo que el "Corazón Esmeralda" brilla mucho esta noche-confiesa Makoto mirando los destellos verdosos que la joya pintaba en el techo de su recámara.

-Debe ser porque presiente nuestro amor-reitera él.

-Andrew…¿Crees que la princesa Esmeralda y el príncipe Alejandro hayan sido tan felices como nosotros?-inquiere ella.

-Creo, mi dama, que nosotros les llevamos mucha ventaja a ambos-termina Andrew abrazando con fuerza a su mujer entre sus brazos, ella le da un suave beso en los labios y desliza sus manos por entre las líneas que dividen los músculos en el abdomen masculino, haciéndolo gemir de placer, pasando por su ombligo, hasta tocar con sus manos la virilidad de su esposo de nuevo listo para ella.

Andrew sonríe ante el comportamiento desinhibido de su esposa y mientras las gotas de lluvia golpeaban con más fuerza la ventana, dentro del cuarto húmedo por la pasión que desbordaban ambos amantes, una y otra vez las manos de cada uno recorren el cuerpo del otro, tierna y apasionadamente, derrochando amor en cada toque, pasión en cada beso, disfrutando del sabor mutuo del otro, la piel sudorosa que se pega a la del otro, uniéndose una vez más en cuerpo y alma para alcanzar de nuevo el delicioso elixir del éxtasis en esa noche de lluvia, en esa primera noche como marido y mujer.

NOTAS FINALES: No mucho que decir, solo mil gracias a mi amiga MADE que me ayudó a seguir adelante con esta historia cuando más desanimada estaba, amiga, orgullosa de trabajar contigo, creo que las dos juntas logramos escribir la noche de bodas más dulce, tierna, romántica y sensual del fanfiction…XD…digo, si todos los cuentos de cenicienta fueran como este habría que felicitar a Charles Perrault…XD... ARIGATOU MADE! Esta historia está dedicada a ti por ayudarme y a todas las Mako fans que me animan con sus comentarios. ¡Las veo la siguiente semana!

(sentimos lo largo del chap pero de verdad no queríamos cortar nada)

ATTE: LADY PHOENIX.