Disclaimer: Los personajes de TWD ni de TVD me pertenecen, otros personajes tampoco son de mi autoría, tanto como lugares. Yo solo escribo por y para entretener.

Recordatorio:

"" pensamientos

"" recuerdos

(cursiva) canciones que recomiendo escuchar para la escena

-diálogos-

. cambio de escena


Todos volteamos incrédulos y nos quedamos viendo la luz que salía del interior, estábamos atónitos, pero luego de unos segundos entramos apresuradamente, observando todo a nuestro alrededor, esperando que alguien apareciera.

–Daryl, cubre la retaguardia. – Le solicitó Shane.

Sentí un alivio indescifrable cuando di el primer paso dentro del lugar. Rick había tenido razón, al igual que Stefan. Las puertas se cerraron detrás de nosotros, dejándonos fuera de peligro.

– ¿Hola? – Llamó Rick. – ¿Hola?

El gran edificio, de varios pisos, hacía que la voz potente del policía tuviera eco. Miré a mi alrededor, aún alerta, no parecía haber peligro pero tampoco podía bajar la guardia.

– Vigila esas puertas. – Le indicó Dale a Glenn. – Cuidado con los caminantes.

– ¿Hola? - Repitió más fuerte Rick después de haber estado unos segundos en silencio.

Se escuchó en medio del silencio que cargaban un arma, todos nos inquietamos.

Todos levantaron sus armas, apuntándole. Incluso me incluyo en ello. Un hombre portaba un arma de fuego, nos apuntaba a todos nosotros. - ¿Alguien está infectado? - Averiguó la voz dueña del arma.

–Uno de nosotros lo estaba– respondió Grimes. –No lo logró–

El hombre se acercó gradualmente a nosotros. –¿Por qué están aquí?, ¿qué quieren?

–Una oportunidad

–Eso es pedir mucho por estos días– respondió de vuelta. Era un hombre alto, blanco, cabello rubio.

–Lo sé

Un silencio se instaló. La mirada de los ojos claro recorrió uno a unos, como si buscara algo en nuestros rostros.

–Todos se harán un examen de sangre– murmuró el desconocido. –Ese es el precio de admisión–

Miré de reojo a Damon y a Stefan, parecían tranquilos con todo eso. Fue entonces que algo hizo click en mi cabeza, la compulsión, los dos controlarían la mente de aquella persona para saltarse el "examen de admisión".

–Podemos hacerlo

El hombre de cabellos rubios bajó el arma entonces, señaló por encima del hombro de Rick. –Si tienen cosas que traer, háganlo ahora. Una vez cerrada la puerta, se mantendrá así–

.

No tardaron en traer las cosas. El tiempo parecía volver a transcurrir con normalidad cuando minutos atrás todo parecía ir en cámara lenta.

Observé como Damon se acercaba con una jovial sonrisa. –Está hecho– soltó con una felicidad fingida, observando a su hermano y luego a mí. –No hay de qué preocuparse, el Dr. Jenner estará feliz con nuestra estadía–

Arqueé ambas cejas y suspiré, sabía a lo que se refería. Damon ya había hablado con el desconocido. Tanto Stefan como Damon tenían su pase de admisión al lugar, sin inconveniente alguno.

–Vi, sella la puerta principal– El Dr. Jenner habló a través de un intercomunicador. –Corta la electricidad aquí arriba.

Las puertas se cerraron y no tardamos en empezar a caminar, alejándonos de la entrada.

–Rick Grimes–

–Dr. Edwin Jenner–

Los dos hombres se presentaron y los últimos en avanzar los alcanzamos a oír.

Nos apretujamos dentro de elevador. Todos entramos, a empujones pero lo logramos. El silencio, que ya se había hecho costumbre en acompañarnos, no se hizo de esperar.

–¿Los médicos siempre andan por ahí con armas de ese tipo, huh? – Daryl cortó el silencio, pretendiendo incomodar, utilizando un tono sarcástico que me recordaba un poco a Damon.

–Había muchas tiradas por ahí, me acostumbre a ello– respondió él, sin inmutarse por aquella pregunta. –Pero ustedes parecen inofensivos – murmuró tras unos minutos donde nadie agregó nada. –Excepto tú– Carl, el hijo de Lori y Rick, alzó el rostro y yo no pude evitar sonreír. –Tendré que vigilarte– agregó. Carl sonrió.

Sentí una mirada sobre mí y cuando alcé la vista, solo por una fracción de segundo, pude ver como Daryl me miraba y la desviaba hacia el doctor.

.Unos segundos después salimos del elevador, caminaron detrás de Jenner por un largo pasillo blanco.

–¿Estamos bajo tierra? – cuestionó Carol

–¿Eres claustrofóbica? – indagó de regreso el Dr. Jenner.

–Un poco–

–Trata de no pensar en eso–

Entremos a un salón, bastante amplio. A decir verdad creí que jamás volvería a entrar uno sin poner en riesgo mi vida.

–Vi, enciende las luces del salón– ordenó Jenner. Las luces se prendieron hasta formar un círculo en el techo. –Bienvenidos a la zona 5– soltó. Mis ojos se abrieron ligeramente al observar aquel salón, era una sala circular, había escritorios con computadoras y cuatro pantallas gigantes en el frente, pero no había nada de gente.

–¿Dónde está el resto de las personas, los otros doctores, el personal? – cuestionó Rick.

–Soy yo. –Llegaron al centro de la sala. –Soy solo yo aquí. –

–¿Qué pasa con la persona con la que estabas hablando? –indagó Lori, claramente preocupada. –¿Vi?

–¡Vi, saluda a nuestros invitados!, diles… bienvenidos

–Hola invitados, bienvenidos– sonó en la habitación una voz, que era indiscutiblemente artificial.

–Soy todo lo que queda–reafirmó el doctor. –Lo siento

.

De nuevo quedamos en silencio, viéndonos, con incomodidad y preocupación.

Jenner nos llevó a una sala de conferencias, donde había muchas sillas, se ausentó unos minutos, pero volvió con un maletín, donde sacó jeringas e instrumentos para extraer sangre.

El doctor había sacado sangre a la mitad del grupo a éstas alturas, el doctor quería ser cuidadoso, pues había roto cada regla manual cuando nos permitió entrar.

Stefan había salido de la habitación, junto con Damon. Estaba segura que ninguno de los dos se había estado alimentando bien, no había que cazar, pero Alaric y Meredith habían llevado una prenda que cubría su garganta éstos últimos días, por lo que supuse ellos eran los que constantemente tenían que donar sangre a los dos vampiros.

Me llevé una mano al lugar donde Jenner había sacado sangre, apretando ligeramente el algodón. Jamás me habían agradado las agujas y ahora mucho menos. Observé en silencio al resto de las personas que se encontraban ahí. Me levanté y salí en busca de cualquiera de los dos hermanos Salvatore, podría asegurar que no se habían quedado ahí por el olor que despedía la sangre, por muy mínima que fuera.

–Hey– escuché la voz de Glenn a mis espaldas. Me giré y observé como iba corriendo hacia mí. –¿Todo bien?, luces pálida–

–Hola– saludé con una tenue sonrisa. –Todo bien, es solo que allá adentro está todo muy callado, es decir, el mundo de por sí ya está sumido en silencio como para que nosotros le ayudemos aún más– tuve que inventar eso, ponerlo como excusa, aunque no estaba muy lejos de la realidad.

–Lo sé– el coreano se pasó una mano por el cabello. –Esto apesta–

Sentí como un ligero empujón hacia que perdiera por unos instantes el equilibrio. Miré a Daryl que ni si quiera se inmuto por ello y siguió andando, entrando al salón por donde -tanto Glenn como yo-, habíamos salido.

–¿Qué le pasa? – preguntó malhumorado. Miré por donde había desaparecido el ojiazul, unos segundos más tarde; negué con la cabeza.

–No tengo la más remota idea– susurré.

–Yo aún no sé cómo le has defendido en el campamento. –

Mi atención se centró en él y mis labios se volvieron una línea fina. Aquel suceso parecía que nunca había pasado. Dixon y yo parecíamos unos desconocidos, parecía que él no había sido el que había sugerido que regresara al campamento. Maldición, no le entendía. Incluso había días en que ni si quiera cruzábamos palabra.

–Él me salvó la vida de un caminante– murmuré y Glenn me miró unos segundos, sorprendido. –Ya, no pongas esa cara, cualquiera de ustedes lo hubiera hecho–

El coreano pareció recomponerse de la impresión y asintió. –Sí, bueno… somos un equipo–

Edwing Jenner nos llevó a un comedor con cocina, nos mostró todo lo que había para comer y para beber, entre ellas muchas botellas de alcohol. El humor de todos se transformó, prepararon la cena y al poco tiempo todos estaban sentados a la mesa, charlando, comiendo y bebiendo y la mayoría ya había bebido más de la cuenta.

. (Hold it against me-sam tsui)

La atmósfera era muy diferente a la que nunca creí capaz de ver. Todos convivíamos en armonía y compartíamos anécdotas. Quizás era la felicidad de que por fin nos encontrábamos a salvo o por el simple hecho que todos habíamos ingerido más de una copa.

–Yo solía vivir en Mystic Falls. –relaté, meciendo la copa de cristal que estaba en mis manos, viendo cómo se balanceaba el líquido en el interior. –Era una mierda, pero creo que era el cielo comparado con lo de ahora– musité, sentía las miradas del grupo sobre mí. –Perdí a mis padres años atrás, a mi tía Jenna… –me callé unos instantes, al recordar eso, todo parecía muy lejano e irreal. –Mi única familia son Jeremy y mi tutor, Alaric.– Alcé el rostro para ver a esos dos, quienes habían estado en las buenas y en las malas, pero me topé con la penetrante mirada de Daryl, no me había quitado los ojos de encima en toda la cena… lo que no me hacía sentir mal. Me ruboricé.–Pero ahora me doy cuenta… que todos ustedes también son mi familia. Nos aceptaron y ahora estamos para defendernos los unos a los otros, en buenas y malas. – murmuré. –Sé que no conozco a todos los presentes como me gustaría, pero espero que en un futuro cercano tenga esa posibilidad–

Y tras dichas estas palabras, alcé la copa.

–Por un futuro cercano– apoyó Rick, quien se le notaba tomado por la voz rasposa.

–¡Boyaah! –

Otro sorbo de la copa de licor. Busqué con la mirada a Damon, cuando Stefan comenzó su brindis, no le veía por ningún lado. Cada persona estaba dedicando palabras que, de alguna forma, unían al grupo y dejaban la desconfianza a un lado, eran como los primeros días de una excursión, donde se empezaban con las presentaciones.

–¡ Boyaah! –

Y un sorbo más. Me di cuenta, cuando di la tercera pasada al salón, que tampoco estaba Andrea.

–¡ Boyaah! –

Me levanté de mi lugar. Sentía como mi corazón latía con fuerza. La voz de Alaric hacia fondo en todo aquel asunto.

–… Por darnos otra oportunidad. Para volvernos fuertes y sobrevivir–

–¡ Boyaah! –

–Por el licor– celebró Daryl, quien estaba mucho más animado que de costumbre.

–¡ Boyaah! – soltaron tras varias carcajadas.

El ambiente no podía ser más agradable y confortable, como esas cenas de navidad. Pero por alguna extraña razón yo no podía compartir ésos niveles de entusiasmo.

–Saben, en Italia los niños toman un poco de vino en la cena– comentaba con voz rasposa Dale. –Y en Francia–

–Bueno cuando Carl este en Francia o en Italia… puede tomar algo– soltó Lori, no alcancé a escuchar lo último que decía. Salí del salón con copa en mano.

Los pasillos se me hacían tan largos como una caminata de 8km. No fue hasta que escuché algunos ruidos que me detuve unos instantes. ¿Lo estaba imaginando?. No. La respuesta fue clara cuando en una de las habitaciones, vislumbré un hilillo de luz que se reflejaba en el suelo, por la puerta entreabierta.

Me asomé por aquel reducido espacio, los ruidos provenían de ahí. Podía ver la espalda de Damon descubierta y más abajo,- si me atrevía a seguir observando-. Había dos piernas blancas y torneadas aferradas a la cadera de éste. No eran simples sonidos los que se escuchaban… eran gemidos, muy alejados de estar vinculados con el miedo.

Flashback

No puedo, Stefan– murmuré, cruzada de brazos, mirando cualquier punto, excepto sus ojos. No podía con ello. –Hay mucho de ti que no conozco– me defendí. –Cuando Klaus te obligó a apagar el interruptor, todo lo que hiciste después fue una parte tuya. Yo… siento que solo conocí a un Stefan que no fue real–

Elena…–Él se acercó, yo me alejé.

Tenía miedo– proseguí. –Te tenía miedo– mis ojos saltaron a los suyos. –Y me negaba a creer que ese fueras tú, pero lo eres. Mereces a alguien que te ame completamente, que ame cada faceta tuya–

No, Elena, por favor, no hagas esto– me imploró con la mirada.

Es lo mejor, para los dos. Lo siento–

Le di la espalda, sintiéndome la peor persona del mundo. Pero él era bueno, demasiado y merecía algo mejor. Me recosté en el colchón del pequeño refugio y traté de conciliar el sueño.

.

A la mañana siguiente estaba un Damon que luchaba por no lucir radiante, recargado en una de las portezuelas del coche.

No finjas que no escuchaste la conversación de ayer– solté, malhumorada.

Alguien se levantó con el pie izquierdo– silbó más no ocultó la sonrisa que se extendía de oreja a oreja. Lo fulminé con la mirada. –Bueno, al menos ya no me sentiré culpable con mi hermano si…

Yo no soy Katherine– le advertí, antes de que lograra terminar de decir aquello. –No pasará Damon–

Eso lo veremos

No pasará–reafirmé. Él me guiñó un ojo y se fue.

Fin Flashback

Me alejé de ahí. No estaba segura por qué, pero sentí que aquella visión me molestaba, luego llegó el enojo.

No era nada de Damon y viceversa. No podía enojarme porque estuviera… satisfaciéndose, él era así, ¿o no?. ¿Había olvidado ya cómo era?.

Lo sabía, estaba consciente de eso… pero aun así, me sentía… extraña.

Me alejé, me perdí entre los largos pasillos y cuando sentí que me había alejado lo suficiente me dejé deslizar en una de las paredes hasta tocar el suelo. Me terminé la copa de un jalón. Me abracé las piernas y cubrí mi rosto.

"Yo no soy Katherine",

Mentirosa.

"¿qué tan cerca había caído?, al final... ¿había llegado a sentir algo por Damon?, imposible"

Mentirosa.

"No podía ser… no, no quería caer con lo mismo que cayó ella. No quería ser como Katherine. Yo no era ella"

–¿Estás bien, cariño? – cuestionó una voz dulce, raposa, pero no por eso menos cálida. Me aguanté las ganas de soltar un sollozo, por la confusión. Asentí, pero no dije nada más.

Pensé que se había marchado, pero me había equivocado. Dale se sentó a mi lado, sin decir palabra.

–Estoy bien– musité, tratando que no se me quebrara la voz a la mitad.

–He escuchado eso tantas veces en mi vida. ¿Alguna vez te conté… como murió mi esposa? – cuestionó y negué. Limpiándome las lágrimas con las muñecas. Mirándole, sintiendo como temblaba ligeramente mi labio inferior. ¿Era por culpa del alcohol o era porque me sentía tan vulnerable?, ¿es que Damon quería que me diera cuenta… que al final no había mucha diferencia entre ella y yo? –Tenía cáncer. Tratamos de todo, pero al final no logré absolutamente nada. "Estoy bien", había dicho, "estoy lista". Y me dejó. –le miré unos segundos, sintiéndome tan tonta en ese momento. Llorando por una tontería como esa, cuando el mundo se estaba viniendo abajo y a mí se me ocurría llorar por una situación así,

–No hay situación que valga más o menos. ¿Sabes?, no está mal, de vez en cuando, compartir tus penas con otros– susurró. –Amy y Andrea, ellas son las personas por las que me di cuenta que podía seguir, preocupándome por esas dos. Ellas me dieron las fuerzas para seguir–

Le miré y sonreí, aunque fue más una mueca que otra cosa. Andrea.

Desvíe la mirada y parpadeé varias veces, evitando que más lágrimas se derramaran. Dios, ¿por qué tenía que sentirme así por un absurdo?.

–Déjame ser yo el que te de una mano ahora, ¿me permitirías? – Sonreí sin poder evitarlo, un sollozo se deslizó por mis labios y simplemente asentí. Uno de sus brazos pasó por mi hombro, atrayéndome a él. Me rodeo con sus brazos y sollocé, sin pena, quizás era por culpa del alcohol, no lo sabía. Pero llore en brazos de ese hombre al que, con aquella preocupación sin fingir, me acogió en sus brazos y limpió mis lágrimas.

No había mentido cuando dije que ahora eran como mi familia.

(If Today Was Your Last Day Lyrics by Nickelback)

Mis sollozos se habían mitigado, apenas eran un fantasma de los quejidos dentro de mí. Las lágrimas se habían secado. Una voz carraspeo, mi rostro se alzó en esa dirección y me topé con sus ojos zafiro. –¿Interrumpo? – cuestionó con voz ronca. Sentí la mirada de Dale sobre mí pero ni aun así pude apartar mis ojos chocolate de los zafiros.

–¿cariño? – indagó Dale. Parpadeé y me ruboricé. Apartándome de él, de sus brazos, de su consuelo.

–Para nada– murmuré por lo bajo.

–¿Qué sucede? –cuestionó con curiosidad.

–Andrea ha preguntado por ti, las cosas se han puesto… incómodas ahí dentro. Me ha mandado a buscarte–

–Oh– Dale le levantó de su lugar. –Gracias por avisar Daryl– el viejo colocó una mano sobre su hombro y se alejó después de mirarle unos segundos.

–¿No vienes? – curioseó Dixon, acercándose vacilante unos pasos. –¿Todo bien?

Negué con la cabeza y abracé mis piernas, aún más fuerte que antes. –Si– musité, mirando la pared blanca, frente mío. –Todo bien

Sus pasos acercándose me sorprendieron. Daryl había mantenido la distancia, lo había notado, estos últimos días y solo me hablaba si era estrictamente necesario. Así que, cuando se me acercó no pude mostrar que ese acto me era indiferente.

–¿No regresarás? – cuestioné, desviando la mirada. Dixon tomó el lugar que había ocupado anteriormente Dale.

–¿Para qué?, incluso aquí parece mejor que allá adentro– soltó Daryl en un gruñido, ofreciéndome la botella. Sonreí levemente y tomé lo que me ofrecía, dando un largo trago.

–¡He, no te la acabes! – soltó como crío, quitándome la botella sin cuidado, haciendo que se me regara algo de licor en la blusa. –No quiero hacer de jodida niñera de nuevo– gruñó por lo bajo, tomando desde la botella.

Rodé los ojos y me limpie la comisura de los labios con la manga derecha de la blusa. –Dejaste de hacerlo desde que me integré al grupo–

Hubo un silencio, sonreí sin ganas. Tomé la copa que estaba a mi derecha y la extendí en su dirección. Daryl me sirvió. Llevé la copa a mis labios. –No necesitas de mi protección, sabes cuidar de tu culo, sola– comentó entonces. Le miré de reojo y tomé un sorbo del líquido que había vertido sobre la copa.

–Si es así, no sé qué haces aquí–

Sentí su mirada sobre mí, pero yo seguía viendo la nada. –Porque lo estoy empezando a poner en duda–

Sonreí tenuemente. –Me las arreglaré– solté, levantándome de mi lugar, con cierta torpeza por culpa del alcohol.

–Me gustará ver como lo intentas, ojos irritables–

Desvíe la mirada y me recargué en la pared opuesta. –Hum– musité. Cerré los ojos, no quería ser tan evidente, nunca me había gustado que otros viesen mis lágrimas. –Al menos yo no soy bipolar

–¿Qué?-preguntó a la defensiva

–¿Cómo que, qué? – cuestioné burlona. –¿Ahora te preocupas por mí?, ¿me hablas?, vamos, creo que más adelante culparás al alcohol por eso, Dixon. –Le miré fijamente.

Se levantó, cabreado. ¿No dije que era bipolar?. –Yo no fui quien no tuvo los suficientes huevos y mando a decirme que no me quería cerca– gruñó. Golpeó la pared con su mano, a un lado de mi cabeza. Me sentía encoger, Daryl lucía bastante… enojado.

–¿De qué hablas? – murmuré, confundida.

–¿Ahora quién culpa al alcohol? – cuestionó, irónico. –Mandaste decir a Salvatore que me centrara en mis asuntos– soltó, con voz burlona. Su rostro se acercaba con cada palabra, ahora podía sentir su aliento que apestaba alcohol chocar contra mi rostro.

Se alejó. Me sentí aturdida. Su mirada me miraba con enojo y burla.

–No sé de qué hablas– dije por fin, cuando lo que me dijo empezó a encajar poco a poco. –Yo no mandé decir nada. ¿Con qué motivo?

–No sé, dime tú– Tomó otro sorbo de la botella.

–Yo no mande decir nada de eso. –me defendí. –Ahora bien, ¿por qué les has creído?, ¿no has podido preguntarme?

Sus ojos zafiro me perforaron unos instantes. Bufó y se río sin una pizca de gracia. –¿No son tus amigos?, ¡no había motivos para desconfiar!, pregúntale al viejo, se lo han dicho delante de mí

Fruncí el ceño conforme soltaba aquellas palabras. Me pase una mano por el cabello, frustrada. –¿Quién? –

–Stefan lo iba acompañando, al tal…Damian

–Damon- corregí

–¡Como sea! – soltó un malhumorado Dixon. Tomando lo poco que quedaba de la botella.

–Hablaré con él– musité, haciendo una mueca cuando el recuerdo de su cuerpo desnudo junto con el de Andrea me pegaron como si fuese una oleada de agua fría. –No puede estar metiéndose a sí en mi vida, no de esa forma

Le miré y en ese momento, justo cuando terminaba de decir esas palabras, los ojos de Daryl me observaron. –¿Cuál forma entonces? – preguntó con la voz cargada de ironía, apretando la mandíbula

Su pregunta me sacó de juego momentáneamente. –¿Por qué me preguntas eso? – cuestioné, mirándole con confusión. Buscando alguna respuesta en su mirar, en sus gestos. Dixon me miró una fracción de segundo, se acercó y un momento después cortó la distancia, aplastando sus labios torpemente contra los míos.

Me quedé estática. Sus labios eran rudos y toscos, sabían a alcohol y a… dulce. Y por alguna extraña razón, me gustó, me gustó la sensación de calidez y protección que transmitía, la forma en que se llevó mis penas y el mal rato. Muchos dirían que no era nada del otro mundo, pero para mí fue diferente.

Sentí como sus manos sostenían mi rostro, casi con desesperación, con angustia. Y solo entonces reaccioné, mis labios se movieron al compás de los suyos. Mis manos se enredaron alrededor de su cuello.

La copa y la botella se rompieron contra la superficie prácticamente al mismo tiempo, poca importancia le di.

Solo estábamos nosotros. Temblé y esta vez no fue producido por pensamientos tristes, sino porque me di cuenta que la sensación de sus labios amoldándose a los míos era… era indescriptible. Algo dentro de mí se prendió, recorrió cada poro de mi piel y me hizo recordar que estaba viva.

Nos separamos, jadeantes. Mi pecho subía y bajaba, y todo alrededor daba vueltas.

–No me importaría ser una jodida niñera de nuevo– masculló, con la voz ronca. Sus manos bajando hasta colocarlas en mi cintura. Sonreí de forma ladina y recargué mi cabeza contra la pared.

–Siempre y cuando cumplas tu promesa, Dixon– murmuré, en un hilo de voz. Sonriendo inconscientemente por la sensación que me provocaba estar a su lado de esa manera. Parecía que todos los problemas habían desaparecido, que todo podría permanecer así, que el mundo no estaba roto.

Pude sentir la punta de su nariz contra mi cuello. –Mierda, más que nunca. –Susurró, besando hasta alcanzar mis labios. Su aliento choco contra mi rostro. Le miré a los ojos.

–Más te vale Dixon

–Habla por ti, Gilbert– soltó, antes de volver a besarme.

Había regresado con Daryl al salón, después de que mis ojos dejaran de tener un tinte rojizo y mis mejillas no estuviesen igual de rojas, habíamos decidido mantenerlo entre nosotros, por el momento. Stefan y Damon me habían mirado de reojo. No estaba segura de que ellos me hubiesen escuchado, pero tampoco importaba mucho. No les debía explicaciones, ellos me las debían a mí

Jenner al notar las voces apagadas y nuestra llegada, se ofreció a llevarnos a algunas habitaciones que podíamos utilizar. Caminamos por otro pasillo que parecía más bien un barco.

–La mayor parte de las instalaciones están apagadas. Incluye la vivienda, por eso están aquí– El Dr Jenner nos condujo por un pasillo. Uno de tantos que había allí. –Los sofás son cómodos, pero hay camas plegables en el almacén por si gustan. Hay una sala de recreación abajo en la entrada, seguro a los niños les gustará– El doctor Edwin se giró y agachó levemente, deteniéndose frente a los tres chiquillos. –Solo no conecten los videojuegos, ¿de acuerdo? – Los pequeños asintieron, obedientemente. –o cualquier cosa que malgaste energía, lo mismo aplica si se duchan, no gasten agua caliente–

Y sin más, se fue.

Solo tuve que ver el rostro de Glenn para saber que el mío estaba igual de radiante que el suyo. –¿Agua caliente? – cuestionó, sin poder ocultar el entusiasmo.

–Es lo que ha dicho el hombre– respondió T-dog, contagiado por la enorme sonrisa del coreano.

Uno a uno fueron tomando las habitaciones vacías del pasillo. Todos parecían con los ánimos a tope de nuevo con la idea de bañarse como solían hacerlo, antes de que sus vidas se fueran al demonio.

Con la mirada busqué a Daryl, se había ido a por otra botella, alegando que merecía ser celebrado como se merece.

–Elena– me giré y fue una sorpresa cuando me topé con Lori, que era apresurada por su hijo para ir al cuarto de juegos. –¿Todo bien?, no pude evitar ver que te salías y uhm…

Le sonreí, con agradecimiento. –Más que bien, gracias por la preocupación.

Me regaló una sonrisa cálida en respuesta. –Oh, no, no agradezcas. Cuando tengas algún problema, seré toda oídos.

Me reí, por lo bajo. –Digo lo mismo

Lori asintió y se fue con su hijo. Junto con Carol y Judith, además de sus respectivas hijas.

–Carl, ¡no me dejes atrás! – se quejaba Angie, tomando su mano con total naturalidad. –Vamos Sophia –la niña de Judith le ofreció la otra mano a la niña y ésta la tomó con timidez, bajo la supervisión de las madres. –Oye, ¿tan feo sabía el vino?

Carl hizo una mueca de asco, ambas niñas rieron. Los tres empezaron a avanzar y la pequeña Angie por poco se tropieza. –Cuidado A– murmuró Sophia, preocupada por su amiga.

–Cuidado niños, no se vayan a caer–riñó Judith, con cierto cariño impreso en la voz.

–No mamá

–No señora Judith

–¡Eso no pasara, las estoy cuidando!

Se escucharon unas risas y luego unos suspiros. –Yo iré a cuidarles– se ofreció Judith

–Enseguida te alcanzamos, ¿No, Carol?

La mujer asintió y cada quien tomo una dirección distinta. Miré hacia los lados, sonreí a mi hermano quien veía lo mismo que yo. Me hizo una seña con la mano y se metió con Alaric a una de tantas habitaciones vacías.

Dejé la mochila sobre el sofá. Dios, todo parecía muy extraño, poco real pero también tan… increíble.

Saqué la ropa de la mochila que había traído y sin más me metí al baño. Abrí la llave y cerré la puerta. Poco a poco el baño empezó a llenarse de vapor, no me resistí y me metí. Por mi podría pasar siglos ahí adentro. Hacia tanto tiempo que no podía disfrutar de la sensación del agua caliente deslizándose por mi piel.

Me bañé, quizás tomándome más del tiempo debido, pero realmente me pareció que se detuvieron los segundos. Unos toquecillos en la puerta me advirtieron la entrada de una segunda persona al cuarto de baño. Miré sobre mi hombro, a través de las puertas corredizas empañadas por el vapor. Podía ver la silueta de Daryl, solo con unos boxers. Me giré nuevamente, sintiendo mi cara arder.

Luego se escuchó la puerta corrediza, su cuerpo pegado al mío y sus labios rozando la piel de mi cuello. Un escalofrió recorrió mi cuerpo y un suspiro se escapó de mis labios. Me sobresalté al sentir algo frío tocar mi espalda baja.

Escuché su risa muy cerca. Me giré y le miré, el agua escurría por su cuerpo mientras Dixon tomaba de la botella de vino. Sentía que mi corazón daba un vuelco. Mis mejillas estaban rojas como una manzana madura, sin saber si era por la situación o por el alcohol. –Elena. – Su voz hizo que saliera de mis pensamientos. Desvíe la mirada. ¿Las cosas no estaban pasando demasiado rápido?. –Gracias– Le miré confundida a los ojos, tentada a recorrer con la mirada su cuerpo a escasos centímetros del mío. –Por ésta oportunidad. No sé qué pasará el día de mañana, pero…– su voz se había reducido a un murmullo, sus labios rozaban los míos. Era verdad, ya no importaba, el tiempo se había cortado y prácticamente estábamos avanzando de la mano con la muerte. ¿Rápido?, solo… solo tenía que hacerlo, si lo sentía así estaba bien, ¿no?, porque estaba lejos de sentirse incorrecto. –Mantente con vida, Gilbert– Su dedos sujetaron mi cabello mojado y luego lo siguiente que supe es que nos habíamos fundido en un beso donde sobraban las palabras.


N/A: Gracias a todos los que aúnn siguen por ahí leyendo, lamento la demora pero es que ando ocupada con proyectos y digamos que ya tenía la mitad de este capítulo así que me dio tiempo de subirlo, espero que haya sido de su agrado anónimos y Nina(:

Os quiere

BCM