CAPÍTULO 6

—Hola, dormilona —Susurró acercándose a la cama y acariciando con cuidado uno de sus hombros, destapado de la manta que cubría el resto de su cuerpo —.Ya es hora de despertarse.

—Un ratito más, Emma —suplicó aún con los ojos cerrados y tapándose totalmente —.Tengo sueño.

—Elsa, mañana te darán el alta y tendrás todo el tiempo para descansar en casa —dijo cogiendo los extremos de las mantas con ambas manos y destapando la hasta la cintura —.En unos minutos vendrá Ruby para llevarte a hacer las últimas pruebas —Elsa colocó los brazos sobre su cara, intentando taparse de la claridad que entraba por la ventana.

—Vale, me levantaré, mamá —aceptó con un tono burlesco y sacando la lengua a la rubia que reía al ver el comportamiento tan aniñado de su amiga —¿Qué hora es? —preguntó incorporándose y estirando sus brazos, con cuidado, intentando no enredarse con la vía y el suero.

—Son las nueve —Terminó de quitar las mantas y sábanas, y le ofreció sus manos a Elsa para ayudarla a sentarse en uno de los extremos de la cama —.Así que date prisa y vete a prepararte, te he dejado tu neceser en el baño.

—Ah, ahora entiendo por que tienes tanta prisa —Sus labios se curvaron en una amplía sonrisa, con la única intención de meterse con Emma, como siempre hacía, como tanto le gustaba —.Tienes que ir a tu cita matutina con Killian en el Granny's.

—No seas tonta, sabes que no es una cita —Frunció el ceño, sabía que no lo hacía con mala intención pero no le gustaba que Elsa insistiese en que podría haber algo entre ella y él. Para que perder el tiempo hablando de algo que jamás tendría lugar —.Solo intentamos ser amigos, conocernos y simplemente es un desayuno.

—Ya, claro, solo amigos —Bajó de la cama con cuidado y se colocó sobre sus pies las zapatillas que Emma le había dejado junto a la mesa —.Cuando desayunas conmigo no vuelves tan feliz.

—Jamás seremos nada más, no tiene sentido seguir hablando del tema.

—¿Por qué no? Ha venido a visitarme los últimos días, hemos hablado y creo que es perfecto para ti —Se puso de pie y dio pequeños pasos acercándose a Emma, que la agarro de las manos —¿No te gusta?

—Elsa, sabes mejor que nadie que no está en mis planes iniciar una relación, enamorarme, pero eso no quiere decir que este ciega. Claro que me gusta Killian y creo que yo también le gusto a él. Pero la vida es algo más complicado que eso, no es suficiente el hecho de que nos sintamos atraídos el uno por el otro; Él tiene una relación y yo una vida, que se complicaría si me permitiera sentir algo más de lo que ya siento.

Emma cogió una chaqueta de color azul claro que estaba sobre el sofá en el que había intentando dormir las últimas noches. La colocó sobre los hombros de Elsa, tapando su destemplado cuerpo, cubierto solo por la blanca bata de hospital, con una abertura vertical en la espalda, dejando poco a la imaginación.

—Hola, chicas —Ruby entró en la habitación empujando una silla de ruedas en la que Elsa se subió con la ayuda de sus dos amigas.

—Yo iré a desayunar algo a donde siempre y os traeré un par de cafés para después —Elsa dio un leve codazo a la morena cuando esta estaba a punto de decir algo, sabía exactamente que iba a sacar el tema de Killian y que a Emma le molestaría.

—Saluda a mi abuela y dile que la semana que viene me pasaré por allí —dijo Ruby dándose cuenta del gesto de Elsa y de la intención de este.

—CS—

Llevaba toda la noche de guardia, estaba realmente agotado, no podía más con el cansancio. No había parado ni un minuto para comer o simplemente cerrar los ojos durante un breve instante. Y lo único que deseaba era poder volver a casa y acostarse en su cama, dormir durante horas. Pero sabía que eso era imposible, que no podría dormir hasta que solucionase el tema que no había parado de rondar por su cabeza desde hace más de una semana.

Entró en el ascensor y se colocó de espaldas a la puerta, que se cerró en escasos segundos. Introdujo su mano derecha en el bolsillo de su bata y sacó una tarjeta. La observó sin casi parpadear hasta que la puerta se abrió de nuevo. Escuchó unos pasos tras el ruido de la puerta al cerrarse. Decidió no girarse, no estaba de humor para hablar con nadie pero sus planes se arruinaron cuando sintió unos finos dedos rozando su brazo y esa dulce voz acarició sus oídos.

—¿Killian? —Apretó con más fuerza el brazo que sostenía entre su mano cuando él se giró y pudo observar esos preciosos ojos azules.

—Emma —En su voz se podía notar el cansancio de las noches en vela pero también la alegría por la presencia de Emma —.Pensé que hoy no te vería.

—Lo sé —Se apartó un poco de él cuando Killian se dejó caer sobre la pared, apoyando su espalda sobre el frío metal —.Me alegro de que no haya sido así.

Intentó regalarle una sonrisa por esas palabras pero fue inútil, la preocupación anuló cualquier motivo para hacerlo. Guió la mirada a la tarjeta que aún sostenía en su mano izquierda y por su mente pasó la idea de guardarla, esconderla, pero no lo hizo. Quizás Emma podría darle una solución o simplemente hablar con ella le sentaría bien.

—Necesito tu ayuda con algo —Levantó su mano, enseñándole a Emma la tarjeta con el número y el nombre del inspector Graham —.Con esto —Ella la agarró entre sus dedos y después de unos segundos para identificarla volvió a guiar la mirada a los ojos de Killian.

—¿Ya lo has llamado?

—No, ese es el problema, no sé que hacer —Cogió la tarjeta de nuevo, guardándola en el bolsillo de donde la había sacado minutos antes —.Mañana acaba el plazo que Graham me dio para llamarlo y sigo sin creer que hablar con él sea una buena idea.

—¿Sí tienes claro que en una mala idea por qué dudas en si hacerlo o no? —Dio un paso hacia delante, colocó su mano derecha sobre la barandilla que rodeaba la pared, acercándola a la de Killian, rozando con las yemas de sus dedos los de él, que se estremeció al sentir el tacto de la suave piel de la rubia sobre la suya, que se erizó inevitablemente.

—Porque he hablado con Mi...mi pareja, ella cree que debo hacerlo —Emma apartó su mano al escuchar esas palabras, "mi pareja", aveces lo olvidaba y en otras ocasiones como en ese preciso momento deseaba olvidar lo —¿Tú que opinas? Necesito saber que piensas, que me digas que hacer.

—Creo que no pierdes nada por hablar con él, por escucharlo, se veía arrepentido —La puerta del ascensor se abrió y ambos salieron a la vez —.Quizás saber su parte dela historia te ayude.

—Gracias, Emma —Colocó su mano derecha sobre el brazo de ella, dejando pequeñas caricias con su pulgar —.Siento no poder acompañarte a desayunar pero tengo que atender una urgencia y me llevará bastante.

—No te preocupes, podré sobrevivir a un día sin tu compañía —bromeó Emma provocando que Killian mostrase por fin su anhelada sonrisa —.Adios, Killian.

—CS—

Ese último paciente le había llevado más tiempo de lo planeado, ya casi había anochecido, y por eso después cambiarse de ropa fue directamente al aparcamiento y cogió la moto. Solía acercarse a la cafetería dando un paseo pero esta vez necesitaba darse prisa, ya llevaba veinte minutos de retraso.

Aparcó frente a la terraza de Granny's y se quedó inmóvil por unos segundos, observando el interior y a la persona que lo esperaba dentro. Llevaba yendo a aquel local casi una semana y durante esos días no pudo evitar sonreír al entrar por aquella puerta porque era Emma quien estaba sentada en la barra y no Graham.

—Creí que ya no vendrías —dijo el moreno de ojos marrones, levantándose de su asiento y ofreciéndole a Killian una de sus manos para saludarlo pero este no dudó en esquivarla .

—No creas que no he estado tentado —La expresión de su rostro era totalmente seria pero se permitió un instante para sonreír, para regalarle una leve sonrisa a la camarera que se acercó a él con la bebida que siempre pedía —.Pero no pierdo nada por escucharte, así que empieza a hablar ya.

Killian agarró con una mano la taza de café y con la otra el casco que había dejado sobre la silla que estaba a su lado. Se acercó a una de las mesas y Graham siguió sus pasos, sentándose frente a él.

—Quiero empezar pidiéndote perdón por todo lo que hice, por todo lo que os hice, Killian —Dio un pequeño sorbo a la cerveza, ya caliente, que se había pedido al entrar, para humedecer sus labios secos de los nervios —.Jamás pensé que volvería a verte,que tendría la oportunidad de hablar contigo de nuevo después de la última vez en el entierro.

—Vete al grano, no necesito tus disculpas, no cambiaran nada —No le gustaba comportarse de esa manera pero la rabia que sentía hablaba por él —.No borrarán el pasado.

—Lo sé y ojalá fuera posible borrarlo o volver a atrás y hacerlo todo de forma diferente —En su mirada se podía observar la tristeza y el arrepentimiento —.Pero yo no pude elegir, Killian, nada de lo que hice fue mi elección. Él me obligó a hacerlo y se que todos pensaban que era por dinero, que era un policía corrupto pero no fue así. Jamás renunciaría a mis principios por el sucio dinero pero si por salvar la vida de mi familia.

—¿Tu familia?

—Sí, Killian, yo tenía una familia que él uso a su favor —Giró su cabeza en dirección a la ventana que quedaba a su derecha y cerró los ojos por unos segundos, como en un inútil intento para recordar las caras de esas personas que ya se habían ido, dejando un gran vacío en su corazón —Yo crecí en esa pequeña ciudad, me crié siendo testigo de todos los negocios sucios y del miedo que Gold causaba a sus habitantes. Por esa razón me hice policía, para acabar con él y ayudar a las personas. Y sabía que intentaría sobornarme con dinero, como solía hacer con el resto de autoridades pero también sabía que jamás aceptaría nada a cambio de mi honor. Con lo que no contaba era con que amenazase a mis padres e incluso llegó a entrar en mi casa y darle una paliza a mi padre. Desde entonces me convertí en una marioneta entre sus manos.

—¿Y por qué debo creerte, Graham?

—Porque yo quería a Milah, ella siempre estuvo a mi lado, siempre fue mi amiga —Dejó de hablar por un instante para mirar de nuevo a los ojos de Killian —La primera vez que vino a verme y me contó que él la maltrataba quise matarlo y me presenté en su despacho, me enfrente a él y a sus hombres. Te acordarás del día que llegue a urgencias con la cara totalmente destrozada. Yo intenté proteger a Milah de su marido, de Gold, pero fracasé.

—Continúa —No estaba seguro del todo que esa historia fuera real, podría ser una gran mentira, una trampa, pero a la vez podía sentir el dolor en esas palabras.

—Hasta la semana pasada aún guardaba un pequeño hilo de esperanza de que continuase viva. Jamás se encontró el cuerpo y durante todos estos años ha pasado por mi mente la posibilidad de que estuviera contigo. Pero cuando, la otra noche, te vi con otra mujer toda esperanza murió. Tú nunca le serías infiel, la amabas demasiado para ello o para separarte de ella. Sé que si Milah estuviera viva tú seguirías a su lado.

—CS—

—Emma —Aprovechó que el semáforo cambió a rojo para contestar a la llamada, no le dio tiempo a ver el nombre de la persona que llamaba pero al escuchar su voz, ya no fue necesario, era él —¿Podemos hablar?

—Claro, espera que aparco el coche, Killian —Dejó el móvil sobre el asiento del copiloto y tras unos minutos consiguió aparcar —Ya puedo hablar.

—Siento molestarte pero he seguido tu consejo y he hablado con Graham, he escuchado cada palabra de lo que tenía que decirme —Hizo una pequeña pausa y Emma pudo escuchar su agitada respiración a través del teléfono —, y necesito contárselo a alguien, a ti.

—No te preocupes, no me molestas —No pudo evitar sentir un leve sentimiento de felicidad en su interior al escuchar que la necesitaba, que alguien lo hacía —En un cuarto de hora llegaré a mi casa si quieres nos podemos ver allí.

—De acuerdo, mándame la dirección en un mensaje y voy para ahí —Cogió el casco, que tenía apoyado sobre el asiento, con la mano que tenía libre y se colocó encima de la moto —.Muchas gracias, Emma.

Esas fueron las últimas palabras que ambos compartieron hasta que Killian llego al apartamento de Emma. Después de unos eternos minutos de conducir, subir hasta su planta y esperar a que ella abriese la puerta por fin pudo escuchar de nuevo su voz. Un bálsamo que aliviaba el dolor de cada herida que llevaba grabada en el corazón.

Al abrirse la puerta y ver esos ojos verdes esperándolo sintió la ardiente necesidad de abrazarla, de borrar sus penas con el roce de sus brazos, con las caricias de sus manos. En el poco tiempo que Emma llevaba en su vida se había convertido en una persona especial, en una "buena amiga". Y era curioso porque a pesar de la brevedad de su amistad sentía que era como un libro abierto para él, que la conocía. Un libro en el cual no le importaría perderse.

—Killian, entra —dijo la rubia al ver que permanecía quieto frente a ella, indeciso —.Ven —Agarró su mano derecha, empujando de él hacía el interior del piso.

—De verdad que siento presentarme así, no tenía previsto que hablar con él me afectase tanto, que me hiciese recordar y replantearme tantas decisiones tomadas en el pasado —Se disculpó mientras Emma lo dirigía hasta el pequeño sofá de color gris que decoraba el centro del pequeño salón.

—No te disculpes más —Emma soltó su mano de la de Killian y la colocó sobre su hombro, empujándolo levemente, obligándolo así a sentarse —, y espera un momento —dijo quedando frente a él, haciendo que tuviera que elevar la mirada para poder verla a los ojos.

Emma se apartó de él y se acercó a la cocina que comunicaba con el salón. El apartamento no era muy grande así que Killian fue testigo de cada movimiento que ella hacía. Abrió uno de los armarios y sacó una botella de cristal con un líquido en su interior, que él no tardo en identificar. Cogió dos vasos y volvió de nuevo junto al moreno de clara mirada, centrada por completo en ella.

—Creo que un poco de ron te sentará bien –Le ofreció uno de los vasos, que llenó hasta la mitad y luego hizo lo mismo con el suyo.

—Me conoces bien, Swan —Dio un largo sorbo a su copa y la dejo sobre la pequeña mesa de cristal que quedaba a sus pies —, y me gusta —Separó su espalda del respaldo y se deshizo de la fría cazadora de cuero que cubría su torso.

—Bueno, es lo que hacen los amigos, se conocen y es lo que intentamos ser ¿no? —Imitó su gesto y bebió un poco de ron, el necesario para humedecer sus labios.

—La verdad es que no soy muy bueno haciendo amigos pero los pocos que tengo son de lo mejor, como yo —Bromeó, provocando la dulce risa de Emma que se mezcló con la suya, causando la melodía perfecta.

Pero la risa de él cesó al recordar porque estaba allí. Al pasar por su mente el encuentro que tuvo con Graham.

—Emma, lo que necesito contarte no se lo he dicho a muchas personas -Giró levemente su cuerpo para poder observar esos ojos mejor y subió una de sus piernas al sofá, poniéndose más cómodo —.Pero siento que puedo confiar en ti.

—Así es, Killian, puedes hacerlo —Agarró su mano, apretándola con fuerza entre sus dedos, intentando consolar el dolor que veía reflejado en el azul de sus ojos.

—Todo empezó cuando terminé la universidad y comencé mi año de residente. Decidí pasarlo en un hospital de una pequeña ciudad en Maine. Creí que así conectaría más con los pacientes y siempre he pensado que eso es una parte importante del trato médico, además de todos los conocimientos —Por un leve momento, Emma creyó ver una sutil curvatura en los labios de Killian, una sonrisa pero falsa alarma—Y esa fue exactamente la razón de todo lo que pasó después, conectar con los pacientes. Mejor dicho enamorarme de una paciente. —Hizo una pequeña pausa para recordar —Una noche baje a urgencias y allí estaba, sentada en una de las camillas, una médica la estaba atendiendo. Su rostro estaba muy golpeado pero a pesar de ello no pude apartar mi mirada de sus ojos. Me acerqué a mi compañera y le pregunté que le había pasado, "claros signos de maltrato" dijo, pero la mujer estaba aterrada y no había pronunciado ni una sola palabra. Cuando nos quedamos solos me acerqué a ella y dije "no quiero que nuestra primera conversación comience con una mentira, así que si estás dispuesta a contarme quién te a hecho esto me quedaré y te curaré esas heridas si no me iré". Agarró mis manos con fuerza —Guió su mirada a la mano que Emma entrelazaba con la suya —y me suplicó que no me fuera, que no la dejará y no lo hice y nunca lo haré. Me contó todo, su marido la maltrataba, hace años que lo hacía. Después de eso nos seguimos viendo, tenía la necesidad de protegerla, de alejarla de esa vida.

—¿Y lo conseguiste? —preguntó Emma con curiosidad. Tenía la necesidad de saber más sobre esa historia de amor, de un tipo de amor que ella jamás había sentido.

—Sí, lo hice, pero fue realmente difícil. Su marido comenzó a sospechar y lo que hizo fue encerrarla en su casa, prohibirle salir, solo le permitía acudir a la cita medica que tenía cada viernes. Aprovechamos ese día para vernos, para amarnos. Pero esa felicidad que sentía solo cuando estaba con ella fue efímera, se acabo cuando dejó de acudir a nuestros encuentros —Killian apartó la mirada de Emma y la fijo en algún punto perdido del cuarto —Lo primero que pensé fue que su marido le había hecho algo pero me llamó y dijo que lo nuestro se tenía que terminar, que solo había sido un entretenimiento y ya se había aburrido de mi.

—¿Y era verdad, no te quería?

—No, solo era una mentira, ella si me quería. Y por esa misma razón intentó alejarme de su lado, sabía que tarde o temprano su marido daría conmigo, descubriría quien era el hombre que su mujer amaba en realidad —Dejó escapar un profundo suspiro del interior de su pecho y ladeo su cabeza para ver de nuevo a Emma, que no podía apartar los ojos de él —Pero yo no pude hacerlo, alejarme de ella dolería demasiado, sería un dolor que nadie podría sanar jamás. Así que después de días sin recibir ni una sola noticia de él, no lo pensé más, cogí mis llaves y subí al coche para ir a por ella, debía sacarla de allí, apartarla de él.

Las palabras murieron en su boca y el dolor se reavivó en su interior. Hablar de ello lo hacía más real, convertía el pasado en un despiadado presente que desgarraba su corazón con cada verdad, con cada detalle. Y aunque tener a Emma a su lado aliviaba levemente ese dolor, por un breve instante, los recuerdos son un lastre que pesa demasiado, que hunde tu mundo por completo.

—Emma, lo siento, pero no puedo continuar —Volvió a apartar sus ojos de los de ella —.Demasiadas confesiones por una noche —dijo mientras Emma, agarrando su cara entre sus dedos, lo obligó a mirarla de nuevo.

—Tranquilo, podemos continuar otro día, si quieres —Killian asintió con la cabeza y cogió su copa de la mesa, dando un largo sorbo, terminando con el ron de su vaso.

—Killian, sabes que no soy una persona a la que le gusten los abrazos pero si necesitas uno puedo hacer una excepción.

Abrió sus brazos y Killian se acercó lentamente, apartando su espalda del respaldo del sofá. Sintió la suave piel de ella bajo su mano, desde la punta de sus dedos hasta sus descubierto hombro, recorriendo tímidamente su brazo. Apartó su dorado cabello y la rodeó entre sus brazos, acercándola a su cuerpo.

Emma hundió su cara sobre el cuello de él y cerró los ojos para disfrutar por completo de las caricias que él dejaba sobre su espalda. Esos minutos rodeada por los brazos de Killian habían sido suficiente para hacerla cambiar de opinión respecto a los abrazos, quizás podría acostumbrarse, sí todos fueran así, si todos fueran con él.

Se separaron, pero no por completo. Emma apoyó su frente en la de Killian y mientras se perdía en el azul de su mirada colocó su mano izquierda sobre su rostro, rozando su mejilla con el pulgar y enredando los azabaches cabellos de él con los otros dedos.

Esa cercanía entre sus cuerpos era peligrosa y el poco espacio entre sus labios tentador. Emma fue demasiado débil y la tentación ganó la batalla. Dejó un leve beso sobre la comisura de su boca mientras observaba la confusión en los ojos de Killian. Pero al sentir que no se separaba, si no que por el contrario se acercó más a ella, colocó su mano sobre la nuca de él y lo empujo hacía ella, uniendo por fin sus labios. Esos labios, que se devoraron en una perfecta danza de sus lenguas, que se necesitaban, se complementaban.

—Emma, ¿Qué haces? —dijo Killian separándose e intentando recuperar el aliento —.No puedo hacer esto.

—Shhh —Puso su dedo indice sobre los labios de él, silenciando sus palabras y deslizó esa mano por su cuello hasta llegas a su palpitante pecho, empujándolo hacía atrás—.No más palabras —Se colocó enzima de las piernas de Killian y lo agarró de las manos, dejándolas sobre sus caderas mientras regresaba a besar su boca.

Hola! Aquí os traigo otro capítulo más, espero que os guste y disfrutéis de la lectura como yo he disfrutado escribiéndolo y sobretodo el final. Me he atrevido con el primer beso. Ay quien lo pillara, besar a Killian *resbala con sus babas, se desmaya y fantasea con "besar" a Colin/Killian * XD Saludos y como siempre CAPTAINSWAN TRUE LOVE