La joven morena miró a su lado pero Dean ya no estaba allí. Lo había perdido de vista y ahora sería casi imposible encontrarle. Miró a Skandar y al grupo que lo acompañaba. Un chico alto, con el pelo rojizo, junto con una chica rubia de ojos claros, charlaban sin prestarle atención a su amigo.
— ¿Te apetece algo de beber?— preguntó el castaño con una sonrisa—.
Aceptó y se hicieron paso entre la gente hasta llegar a los pequeños chiringuitos que habían al lado del escenario. Skandar, que ya se había terminado al bebida pidió una más para él y otra para Miren. Les dieron cerveza en unos vasos de plástico que pronto estuvieron vacíos y llenos otra vez. La joven española parecía haberse olvidado de Dean, su compañero y por el momento se encontraba entretenida riendo y bebiendo sin parar con el inglés de ojos color miel. Pasaron de la cerveza a cosas con mucho más contenido de alcohol y pronto se encontraron ebrios tumbados sobre el césped. Se habían alejado de aquella muchedumbre y habían llegado dando tumbos hasta la otra punta del parque donde no había nadie. A lo lejos se oía la música procedente de los enormes altavoces que ocupaban ambos lados del escenario y las centenares de voces que cantaban a coro. Se tumbaron uno al lado del otro, boca arriba, mientras sin poder contener la risa se miraban fijamente. Con la poca luz que había en ese lugar, a duras penas podían ver lo que había a su alrededor.
— ¿Así que... no…que no…—pausa y más risas— no eres…d-de aquí?—preguntó el castaño—.
Miren negó con la cabeza y se giró apoyando la cabeza sobre el pecho de Skandar.
— Hueles bien—dijo ella entre risas—.
Sin saber cómo sus bocas se encontraron casi rozando. El chico pasó sus manos por la cintura de ella haciendo que cayera tumbada encima suyo. Miren miró fijamente a los labios de él, carnosos, deseando poder besarlos. El instinto la hizo probar. Skandar la siguió besando con desespero, y con ganas de llegar más allá la giró quedando él encima de ella. Le desabrochó el abrigo y pasó sus manos por debajo del jersey. Sus manos frías hicieron que Miren se estremeciera pero dejó que siguiera acariciándole la piel. Se quitó la ropa de arriba, quedando solamente el sostén, ante la mirada deseosa del chico, el cual se desprendió de su ropa rápidamente. El frío de la noche les erizó la piel. Incluso así siguieron despojándose de la poca ropa que les cubría el cuerpo.

A lo lejos Dean, que seguía en medio del pelotón de gente miraba por encima de las cabezas la preciosa mirada de Miren. La había perdido de vista hacia ya más de una hora y después de dar vueltas por todos sitios como un idiota, pensó que quizá se hubiera ido al hotel. Se acercó al mismo chiringuito en el que horas antes habían estado ella con Skandar. Pidió una cerveza y se fue a su casa andando, mientras oía de fondo una de las bandas de rock locales.

— Joder, no puedo—dijo Skandar molesto y a la vez avergonzado—.

— ¿Qué ocurre?—preguntó Miren mirándole a los ojos.

El castaño se puso de nuevo la ropa interior y se levantó de encima de la chica.

Empezaron a vestirse en silencio y después uno de los dos rompió el hielo.

— ¿Te acompaño a casa?— se ofreció el chico—.

— No deja, da igual—.

— ¿Segura?

Miren empezó a andar hasta la salida mientras Skandar la seguía por detrás.

El viento, a esas horas soplaba más fuerte que por la mañana. Las temperaturas empezaban a bajar y eso hizo que Miren se estremeciera. Cruzó los brazos por debajo del pecho y siguió andando mientras oía los pasos del chico detrás de ella. Una vez llegó a la puerta se detuvo y miró hacia atrás. Pensó en lo que acababa de suceder. Quizá hubiera sido un poco grosera.

— Perdona— dijo Miren mirando a sus dulces ojos color chocolate—.

— ¿Perdón, por qué?— respondió él cuando llegó a su lado—. La culpa es mía. No debería…—no finalizó la frase, se quedó mirando a Miren, como si estuviera pensando lo que diría pero luego dejó ir un soplido—. He sido un poco grosero.

— ¿Grosero?—dijo ella sin entender—. La única que ha sido así ahora he sido yo.

— No, no. Entiendo que estés ofendida. No suelo hacer esto.

— ¿Empezar una cosa y luego dejarla a medias?—dijo con tono un poco irritado.

— Me refiero a "hacerlo" sin tan solo conocer a la otra persona.

Entonces, la irritación o el pequeño enfado que tenía desaparecieron al oír a Skandar decir eso. Ella, que ahora solo pensaba en acabar aquello que tantas ganas tenia de sentir y que él la había dejado a medias, se sintió despreciable cuando él dijo aquello. No sabía nada de él. Sólo su nombre y que tenía un físico realmente bien. Para ser sinceros, nunca había llegado hasta tal punto con un chico desconocido, pero él, por alguna razón que no conocía, era diferente. Quizá suene un poco extraño, pero sentía que lo conocía desde siempre pero a la vez desconocía todo de él.

— Tengo una idea—dijo Miren—. Empecemos de nuevo. Quedemos mañana y conozcámonos un poco antes de nada.

— ¿Qué tal mañana a las diez? ¿Tienes algo que hacer?

— A esa hora estoy trabajando. Mejor si quedamos para almorzar.

— ¿A las doce y media?

Miren afirmó. Le dio la dirección del Berris y él la acompañó hasta la puerta del hotel. Se quedaron un rato en la puerta sin saber cómo despedirse. Digamos que había que romper un poco la tensión que había en el ambiente.

— Bueno… Mejor que entre— dijo la joven mirando a la puerta—.

— Eh... sí. Que duermas bien.

Le dio un beso en la mejilla derecha y sin poder evitarlo Miren se puso roja. Se rió.

— Es por lo que he bebido. Ahora me ha subido a la cabeza—contestó a modo de broma.

— Claro, te entiendo— respondió Skandar con una sonrisa—.

Miren subió los primeros escalones de la entrada y él se alejó por la acera en dirección a la estación de metro.

Cuando ella ya hubo entrado, el chico se giró y se quedó mirando fijamente la puerta por la que ella había desparecido.

— Te quiero— dijo en un susurro para luego seguir su camino—.