NI LOS PERSONAJES, NI LA HISTORIA DE CANDY CANDY ME PERTENECEN, PERO ÉSTE FIC, ES MI PEQUEÑO HOMENAJE A LA MISMA, TOTALMENTE CON FINES DE ESPARCIMIENTO.

7. Flores silvestres

Llegaron a Lakewood casi a la hora de la cena, Annie se había marchado directo a su casa. Candy subió a toda prisa para guardar todo lo más rápido posible, ni la puerta cerró, estaba ansiosa por ver al fin a su adorado rubio. Revisó frente al espejo su aspecto, -"podría estar mejor"- cepillaba apresuradamente su cabello cuando se sintió observada, alzó la mirada y vio reflejada en el espejo la visión más hermosa que jamás hubiera imaginado: un apuesto chico , recargado en el marco de su puerta, con una mano en el bolsillo y ese cuello de la camisa levantado, dándole un aspecto desenfadado que a ella tanto le gustaba, con una amplia sonrisa y un par de brillantes zafiros observándola, embriagando el ambiente con aquél perfume fresco que tan varonil le parecía

-¡Albert! –sonriendo y lanzándose a sus brazos-

- Qué bueno que ya estás en casa, Pequeña ¿Cómo estás?

-¡Bendecida! Bert, no podría pedir más. Gracias por ser tan detallista y generoso conmigo, la tía abuela también ha sido muy buena –añadió sentándose en la cama-

-¡Cuánto me alegra escuchar eso! Pero Pequeña, no tienes nada que agradecer, ésta es tú casa, y todo lo que aquí hay, es tuyo

-Sabes que eso no es cierto. Tengo muchos recuerdos hermosos de éste lugar, pero para serte sincera, el lugar donde he sido más feliz, es el Magnolia, mi casa

-Pequeña, entiendo lo que tratas de decir; porque no importa el sitio donde nos hallemos, sino la gente con quien departimos para sentirnos en un hogar verdadero

-Bert, no sé cómo siempre tienes las palabras precisas para todo; pero dejemos tanta solemnidad, ¿Vamos a comer? La otra opción es que en cinco minutos caiga muerta por inanición –dijo sacando la lengua de lado y provocando una carcajada en el rubio

-Pequeña, ¡No cambias en nada!

- Oye, me encantaron mis sorpresas, el arreglo floral está bellísimo, las florecitas silvestres le dan un toque de color que lo hace muy bonito

- En ocasiones, lo que en apariencia es más sencillo, es en realidad lo más hermoso –afirmó el chico mirándola fijamente a los ojos, esos bellos ojos verdes en los que tanto le gustaba perderse, mientras Candy agradecía internamente por estar sentada o seguramente sus piernas estarían temblando cual gelatinas

-Ven pequeña hambrienta –ofreciendo su mano- solicité una sorpresita en la cocina para darte la bienvenida, es una insignificancia, pero te gustará

-Todo me gustará siempre y cuando no sea sopa de cebolla –contestó entusiasmada encaminándose al comedor-

-Pequeña, la sopa de cebolla es muy rica si no agregas diez cebollas por ración, alguien te dio muy mal esa receta

-Y supongo que si tu apartamento y tus cosas no apestan varios días también podría ser más tolerable –ambos estallaron en carcajada

Llegaron aún riendo al comedor, ante la mirada curiosa de Elroy, quien se sorprendió por la familiaridad entre ellos, pero todavía más de la risa de William, su sobrino el más serio, bastante rebelde de jovencillo, pero siempre responsable y propio, lo había visto firme, decidido y hasta preocupado por la familia, por Candy y por sus benditos animales pero nunca riendo tan relajado como lo que realmente era: solo un muchacho

-¡Gatita! Estás muy alegre

- Hola Archie, tía abuela –contestó Candy, haciendo una reverencia a la última

-Que la familia esté reunida es suficiente motivo para estar alegre ¿No te parece Archie? –comentó Albert

La cena transcurrió agradablemente entre anécdotas de Archie y Candy , que Albert estaba interesadísimo en escuchar y muy divertido –así como sorprendentemente la tía abuela , quien pese a escuchar con nostalgia nombrar a sus sobrinos fallecidos, los recuerdos felices, la hacían sonreír

-¿Recuerdas Gatita cuando nos metimos bajo la mesa a comer pastelillos?

-Claro Archie, si me retaron por eso, ¿Cómo se me va a olvidar?

-Pero Anthony nos salvó con su brindis

-Es que Candy haría cualquier cosa por unos pastelillos –intervino Albert

-Y Anthony hacía cualquier cosa por su dulce Candy -dijo Archie

-Los tres querido –irrumpió la tía abuela para sorpresa de todos- si me provocaban bastantes dolores de cabeza," los tres paladines"; cómo olvidar cuando cambiaron sus elegantes kilts en esa fiesta para hacer menos suntuoso el ambiente

-Jajaja cierto tía abuela, ¡Si hasta le cosimos un vestido a Candy!

-¿Cómo? –exclamó extrañadísimo Albert

-Si, Stear y yo le compramos un vestido a Candy para la fiesta, y el mañoso de Anthony, para "evitar problemas", sugirió que uniéramos la parte más bonita de cada uno, así usaría los dos, y mientras nosotros ingenuamente lo hacíamos, ¡Él se fue a pasar el rato con ella!

Todos rompieron en carcajadas, mientras servían el postre: pastel de chocolate. Candy inmediatamente volteó a ver a Albert con una sonrisa de oreja a oreja mientras él le guiñaba un ojo

-¡Lo más bonito fue cuando me adoptó el tío abuelo! – dijo sin dejar de mirarlo y sonrojándose por su imprudencia

-Ah, yo recuerdo tu primera cena como una Andry –comentó Archie- lucías muy linda y a Elisa casi le da un ataque, lo mejor fue que a causa de tu amabilidad, la dejaste en ridículo con todo y sus comentarios malintencionados ¡Cómo disfrutamos los chicos y yo ver eso!

-Éramos solo unas niñas Archie, ha pasado mucho tiempo

-Pero Elisa sigue siendo la misma arpía jajaja

La tía abuela volteó a ver a Albert, y cruzaron sus miradas con una expresión de amargura: él se lo había dicho antes, a Elisa ni sus primos la soportaban-

-Archibald, ¡Compórtate por favor! –atinó decir la tía

-Lo siento tía abuela, me dejé llevar

Cuando todos se retiraron a sus respectivas habitaciones, Candy escuchó un toquido en la ventana, se asomó y se llevó una grata sorpresa

-¡Albert!

-¡Te la pusiste! –señalando la piyama

-¡Y tú! –sonriendo

-¡Entra! ¡Porqué vienes por aquí? Siéntate

-No quiero malos entendidos, entre la tía y el personal puede haber bastante… comunicación

-Entiendo Bert jajaja

-Pequeña, mañana es mi último día de libertad, George lo dejó para ultimar detalles y para tener un tiempo a solas, pensaba ir al bosque ¿Irías conmigo?

-Lo dices como si te fueran a encarcelar o algo así

-No, claro que no; pero sé que muchas cosas cambiarán para mí. Me gusta trabajar solo y las decisiones las ejerzo a través de George, creo que soy algo ermitaño

-¿Tiene miedo?

-No precisamente, me he preparado para esto toda la vida, es solo que el tiempo que disfruté en el anonimato disfrutando de la naturaleza, o contigo… Me parece tan lejano, tan poco… Pero no me has contestado ¿La pasas conmigo mañana?

- ¡Considéralo una cita Bert!

-Paso temprano por ti, no me hagas esperar dormilona

-¡Hay, pero que impacientes son los abuelos!

Albert la miró sorprendido

-¡No querrás averiguarlo! – contestó retándola en tono juguetón

- Pues no temo a las nalgadas –dijo inocentemente, dirigiéndose al armario para buscar algo.

Había sido el turno del rubio para sonrojarse, mientras tragaba en seco y observaba a Candy precisamente de espaldas y la recorría perdiéndose en su figura, al tiempo que sus pensamientos volaban muy, muy lejos. Esa noche apremiaba para ser muy larga. Se puso de pie tratando de esconder su turbación y dijo con un tono ligeramente coqueto

-Me voy pequeña traviesa, antes de tomarte la palabra –al tiempo que la rubia abría grandemente los ojos, y dándose cuenta de su error al querer bromear con eso

-Bert, espera. Fui de compras hoy – dijo girándose

-Lo sé

-Te traje algo, puedes usarlo cuando quieras, supongo que por tu trabajo, podría ser cualquier día –dándole una cajita con un lazo

-¡Candy! No debiste

-Es una insignificancia –dijo la chica sonriendo y usando las mismas palabras que él hacía solo un rato

-¡Un pañuelo! Es muy bonito, gracias; el color me encanta, sabes que el verde es mi color favorito – dijo sugestivamente… O al menos así lo sintió la nerviosa y sonrojada rubia a la que miraba fijamente a los ojos

-Te ves hermosa cuando te sonrojas –exclamó Albert sonriendo con naturalidad – Hasta mañana- dijo saliendo algo apresurado por la ventana

"¡Pero que demonios estás pensando Albert! Se recriminaba a si mismo, ¡Ya vete!"

-Gracias por el pastel –susurró Candy a modo de despedida, también ella iba a tener una noche larga…

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Gracias chicas por sus bellos comentarios, son de verdad un gran estímulo para continuar más y más.

Laila: Tienes razón, Candy debe apoyar mucho a nuestro hermoso rubio

Lety: muchas gracias

Verito: Sí, es simplemente ¡perfecto! no hay otro más

Gatita andrew: Muchas gracias por tu apoyo, yo creo que ya pronto le van a salir las garras a la gatita

Carito Andrew: Gracias, que bueno que te guste

Rosa y Azúl: Me siento honrada, espero no decepcionarte, seguimos actualizando