JIGOKU NO TOBIRA

-Puerta De Infierno-

Capitulo VII: Confesiones

Lizzy había olvidado el lugar donde se encontraba, se sintió atraída por el hermoso piano de cola que había en medio del salón de baile cuando bajó las escaleras en busca de un lugar donde olvidar todo lo que pensaba y de forma casi mecánica comenzó a tocarlo.

Tal vez si Paula hubiera estado a su lado o su mente no estuviera tan llena de tantas preocupaciones hubiese recordado que en la mansión Phantomhive nada era suyo, y entonces no hubiera comenzado a interpretar aquella melodía que tan bien conocía.

El joven aristócrata había apagado las velas detrás de la puerta, de algún modo el sonido que los dedos de la chica producían sobre las teclas blancas y negras lo relajaban y lo último que deseaba de cualquier forma era incomodar aún más a la rubia.

Se quedó de pie en el marco de la puerta como una sombra más, escasamente iluminada por los rayos de la luna que se encontraba en lo alto del cielo nocturno. Desde ese lugar podía ver claramente el perfil de la joven mujer, y de algún modo le pareció que Lizzy se veía tan hermosa bajo el claro oscuro que temió perderla por sus decisiones.

Ciel comenzaba a cansarse de sus constantes inseguridades, de sentir ese lejano temblor en su cuerpo, producto de la duda y del miedo. Él, como heredero del apellido Phantomhive podía contar con los dedos de una mano las veces en que realmente había dudado al tomar una decisión, verdaderamente contaba con un talento innato para saber conducirse hasta entonces con éxito en el manejo de su casa o negocio, pero hasta ahora sentía que su mundo giraba en la dirección opuesta a él y sus metas.

Por eso ahora, incluso cuando no tenía ninguna duda de sus sentimientos por Lizzy y mientras la observaba como si se tratase de algo inalcanzable, no se atrevía a acercarse a ella, ni siquiera abrazarla para saber de que forma le afectaba su cercanía.

Pero de algún modo el peso de la soledad comenzaba a pesar sobre sus hombros, y aún cuando mantenía en primer plano su pacto con Sebastián temió no conocer lo que pasaría si se daba una oportunidad por ser feliz, al menos descubrir por un corto tiempo la felicidad al lado de ella, en esa única vida que se le prestaba y que sus padres de algún modo habían tratado de salvaguardar con sus muertes.

-"Moon Ligth Sonata"-

Lizzy abrió asustada sus ojos y sus manos temblaron sobre el piano emitiendo un torpe sonido que inundó la armonía que reinaba en la habitación un instante atrás.

-"Fue compuesta por Ludwing Van Beethoven. Se dice que la compuso para su alumna la condesa Giulietta Guicciardi, cuando ella contaba con apenas 17 años y de quien irónicamente Beethoven estaba enamorado"-

La joven condesa escuchó esta vez la voz de Ciel más cerca de ella, teniendo la certeza aún cuando no lo miraba que estaba junto a ella.

-"Siento haberte despertado, no debí haber empezado a tocar el piano ni estar rondando por tu casa a esta hora"- Se disculpó con aquel tono suave y pausado que su voz había adoptado.

Ciel no realizó ningún gesto cuando la agradable música se convirtió en un rápido tropiezo antes de cesar, cuando habló no pensó que su voz tuviera ese efecto en Lizzy. Además notó el ligero temblor que se apoderó del cuerpo de la chica y aún sin mirarlo le había hablado.

-"No debes disculparte por ese tipo de cosas. Sabes que este siempre será tu hogar"-

Elizabeth percibió el tono grave en la voz de Ciel, y aunque ese timbre no había perdido su rasgo autoritario y aristócrata tan típico en él, supo del esfuerzo que hacía por sonar amable. Pero ella no contaba con el suficiente valor para encararlo, por eso se limitó a agradecerle con un simple movimiento con su cabeza.

-"Sé que todo este asunto no se solucionará con una simple disculpa. Pero incluso cuando me conoces mejor que nadie no haces las cosas más fáciles"-

Lizzy no hizo ningún intento por seguir la conversación, tan solo le indicó que lo escuchaba cuando cerró sus manos.

Ciel la miró haciendo un esfuerzo por entender su actitud; quiso comprenderla, y tal vez una parte de él lo hizo, porque conocía su propio carácter y como actuaba con las personas. Incluso cuando no lo deseara terminaba hablándole a la chica como si se tratase de uno más de sus empleados, Ciel nunca había juzgado a las personas por un mero capricho, cuando tomaba la decisión de hacerlo era porque había estudiado con anticipación al sujeto y conocía sus verdaderas intenciones, aún así su voz solía escucharse autoritaria con todos aquellos que se encontraban a su alrededor. Era un rasgo inherente a él que hasta ahora no lo juzgaba como defecto, pero ver el ligero temblor de la chica frente a él y su reticencia a mirarlo comenzaba a incomodarlo.

Pero su carácter se volvía voluble con facilidad, cierto que muchas veces lograba dominarlo pero sabía que esta vez no seria igual, porque conocía de sobra el carácter y determinación de su prima. Elizabeth nunca se había detenido tanto tiempo a pensar en sus acciones o en lo que debía de responder, ella era tan espontánea que durante sus visitas solía marear a Ciel, manejándose como una interminable fuente de energía.

Pero desde la tarde anterior Ciel no había reconocido a la joven mujer, de la misma manera en que él no se reconocía. Intentó reanudar su monologo pero las palabras y las ideas no acudieron a él, así que por lo pronto recorrió con la vista la figura de la chica.

-"La sortija, la haz rechazado"- Lo dijo en voz alta, aún cuando no pretendía que ella lo escuchara.

Lizzy miró su mano comprobando lo que Ciel le había dicho.

-"No creí correcto usar algo que pretendía devolver por la mañana"- Se sincero sin apartar su vista de su mano.

Aquellas palabras actuaron como un mal alimento en el estomago del Conde, aunque no lo quisiera su rostro se mostró sorprendido.

-"Así que tus palabras no eran ciertas. Seguías creyendo que guardabas tus sentimientos de años atrás, pero hoy pudiste darte cuenta de quien es verdad Ciel Phantomhive y has tomado la mejor decisión"- Lo dijo tratando de convérsese más él, que a la mujer.

-"No es de esa forma. En ningún momento te he mentido, es cierto que mis sentimientos por ti no son los mismos de cuando éramos niños, en ese tiempo no creí que podría llegar a sentir esto por ti.

Porque incluso cuando tus deseos sean otros, puedes estar seguro de mis sentimientos. Si pretendía devolverte la sortija no es porque no la quisiera, lo iba a hacer porque no pretendo presionarte.

Acabas de decir que este siempre será mi hogar, pero él tuyo Ciel. A qué lugar puedes llamarle tu hogar, porque incluso cuando te encuentras en la mansión de tus padres te pones limites para no revelarle a los demás tu verdadera esencia."-

Hasta ese momento Ciel reconoció la determinación y valentía de su prima, recordándole lo difícil que era para él sincerarse como ella.

-"Es verdad que las personas no pueden conocer lo que otros sienten si no se dice. Siempre he admirado la facilidad con que te desenvuelven con las personas."- Empezó a hablar, sin pensar lo que decía como estaba acostumbrado.

-"Esta mansión no solo fue el hogar de mis padres, también lo fue de mis antepasados. Si ellos fueron felices o no, es algo que no puedo saber; pero en el caso de mis padres te diré que lo fueron desde el momento que se conocieron hasta su fuerte fueron felices, lo sé porque aún recuerdo sus sonrisas y la forma en que Madame Red sonreía con la mirada perdida en algún recuerdo cuando hablaba de ellos.

Tal vez yo no sea capaz de acerté feliz como mereces. Es casi seguro que después de un tiempo termines arrepintiéndote por unir tu vida a la mía, si ese es el caso entonces yo estaría dispuesto a devolverte tu libertad.

De cualquier forma no espero vivir una existencia apartado de la persona que siempre me ha brindado su amistad sincera y que sin importar como me comporte no deja de decir que me ama, sin importarle que yo no sea capaz de decirlo aún cuando es lo que siento"-

Elizabeth comenzó a llorar sin saber muy bien porque lo hacía, si era resultado de la presión que comenzaba a dispersarse o por las palabras del Conde. De cualquier forma escucharlo hablar con esa vieja nota de nostalgia y melancolía que eran tan extrañas en él, le provocó un profundo vació en su interior; como si parte de su esencia se hubiese desvanecido mientras sus palabras atravesaban su cuerpo.

Porque incluso cuando no lo decía, ella lo entendía y se sentía satisfecha porque era más de lo que alguna vez hubiera esperado de Ciel.

El hombre vio como la espalda de Lizzy se estremecía escuchando los débiles sollozos, como en ocasiones anteriores no supo que hacer. Notó como se llevaba las manos al rostro, y lo único que atinó hacer fue colocar su mano sobre su hombro.

Lizzy sintió su cálida mano sobre su hombro y aquello contuvo su llanto. Le hubiera gustado que las cosas fuesen de otro modo, pero justamente por eso que amaba al hombre junto a ella. Por la forma en que se comportaba, puede que no fuese aquel príncipe azul que solía verse en los libros o en las obras de teatro, tampoco era como los demás hombres que solían acudir a los bailes, tan llenos de vida y una jocosidad que terminaba por fastidiarla.

Estaba segura que Ciel no sabía como sonreír de una forma que no parecía que ese gesto desencajaba con su expresión seria, de la misma forma en que sabia que nunca decía algo por lo cual debiera arrepentirse más tarde. De cualquier forma el hombre junto a ella, aquel joven aristocrático y lerdo para expresar sus sentimientos era quien ella prefería por sobre cualquier caballero de brillante armadura y montado en un corcel.

Sin que él lo esperará Lizzy se había lanzado hacía él, rodeando su cuello con sus delgados brazos. Y antes de que Ciel hiciera algo sintió como la joven recostaba su cabeza sobre su pecho, y si aquello no logró sorprenderlo lo suficiente su rostro se cubrió de un ligero rubor cuando sintió como el cuerpo de la mujer se juntaba con el suyo.

Aquella cercanía más que provocarle una reacción erótica, tuvo la sensación de ser el primer contacto que tenía con otra persona después de tantos años de soledad, y mientras sus brazos rodeaban el cuerpo de la chica y su rostro se volvía más blando Ciel sintió como el frío peso de la venganza y rencor comenzaba a ceder.

Experimento en su interior algo que había olvidado casi por completo, preguntándose si entonces aquellas emociones encontradas y arremolinándose en su interior eran el significado de estar con vida; porque su garganta se había cerrado como si alguien sostuviera un puño de acero sobre su pecho y supo que si bajaba los párpados en ese momento las lágrimas que trataba de contener aflorarían mojando sus mejillas venciendo a su orgullo.

Pero no lo hizo, en su lugar apoyó su rostro en la curva que formaba uno de los hombros de Lizzy, y cerró los ojos aspirando el dulce aroma que desprendía la mujer entre sus brazos.

En medio de aquella magnifica habitación, bajo al amparo de las últimas horas de la noche Ciel Phantomhive se atrevió a murmurar esa única palabra que jamás creyó volver a sentir.

Lo había dicho, un débil –Te amo- pronunciado en un murmullo había salido de sus labios y Lizzy sintió con sus propios labios comenzaron a temblar antes de aferrarse con más fuerza a su cuerpo, sus brillantes ojos color esmeralda se habían abierto de par en par incrédulos ante lo que sus odios habían captado.

-"Incluso si es un año, ambos seremos felices. Me esforzare por estar a la altura de un Phantomhive, y sin importar que tu no digas nada te ayudare a soportar esa carga que has sostenido tu solo"- Le dijo después de un rato, en que ninguno volvió a hablar.

Ciel no hizo mucho caso a sus palabras, aunque más tarde en la soledad de su cuarto las meditaría durante varias horas, sin ser capaz de encontrar una solución. Quiso decirle algo, pero ahora que se habían separado y notaba la cercanía de la joven frente a él, confirmó sus sentimientos hacia ella.

Ambos adolescentes se miraron un segundo, y aunque ninguno de los dos pensó lo que pasaba si encontraron satisfactorio ese primer contacto. Cuando los labios de él, o fueron los de ella, los que se inclinaron sobre los del otro, notando el débil temblor y la suavidad del primer roce.

Un tímido beso; que muchos lo hubieran considerado como torpe, pero que para ellos era la alianza que cerraba un pacto entre ambos, dejando atrás todo temor infantil y dudas que pudieran haber albergado. Un ligero contacto que ninguno de los dos se atrevió a profundizar y sin embargo en esos escasos segundo se había impregnado las emociones del otro en su propio interior.

Ninguno de los dos volvió a hablar, Lizzy simplemente se paso una mano por su rubio cabello mientras le sonreía antes de dar media vuelta y regresar a su habitación.

Ciel la observó en el mismo lugar sin moverse, captando como el menudo cuerpo de la joven se mecía con cada paso que daba, dejando al descubierto sus piernas bajo el camisón que usaba y que era de él, vio como se llevaba los dedos a sus labios, y deseo en ese momento que aquel año pudiera volverse toda una vida.

Un tiempo indefinido e inagotable junto a ella, pero incluso en el éxtasis de la felicidad era consiente del pacto con Sebastián y lo único que podía hacer era esperar a que el plazo se cumpliera, evitando que esa decisión tomada tiempo atrás no interviniera con lo que recién iniciaba.

Giró el rostro hacía el antiguo reloj y vio como las manecillas ahora se encontraban anunciando las cinco de la mañana, fijo ahí su vista siguiendo el lento y monótono pero preciso movimiento de las manecillas, percatándose que a esa hora Sebastián debía de estar despierto o al menos ya andaría recorriendo alguna habitación de la mansión, pues dudaba que el demonio descansara en realidad durante las noches.

Un movimiento tras la puerta atrajo su atención pero lo único que distinguió fue una sombra desvaneciéndose entre las otras tantas que aún perduraban. Curvó sus labios en un gesto de resignación antes de abandonar la sala y mientras subía las escaleras distinguió el aroma que desprende una vela al ser apagada, ni siquiera fue necesario que miraba hacía atrás para saber quien lo observaba desde debajo de la escalera.

Sebastián ni siquiera necesitaba de la débil luz que emitían las tres velas que conformaban el candelabro, él era capaz de ver incluso en la oscuridad más densa pero aquello era una de las tantas costumbres que había adoptado en la mansión de su nuevo señor. Al igual que había aprendido a permanecer alejado cuando dos personas conversaban de algo que para ellos debía de ser trascendental.

Pero incluso desde esa distancia Sebastián era capaz de saber de que hablaban, y los actos de ambos adolescentes confirmaba toda duda que se hubiese formado por un acto que no captara.

Sintió deseos de estallar en una sonora carcajada al ver como su amo había besado a la joven marquesa, pero se contuvo justo como lo había hecho mientras escuchaba lo que decían o como ella lo había abrazado.

Después de todo los humanos continuaban actuando de la misma forma, apegándose al mismo patrón sin importar en que época se encontraran, él conocía de antemano el desenlace de aquella actuación, incluso sin esforzarse sabía como se desarrollarían las cosas de ahora en adelante. Los humanos eran tan predecibles que incluso llegaban a ser aburridos, salvo contadas ocasiones en las que él mismo había tenido que intervenir.

Algunos decían como verdugo pero él simplemente cumplía con su deber, y con la parte del trato que acordaba con un hombre en turno.

Sin embargo en esa ocasión le apetecía ver un final diferente, estar presente en el clímax y ser el mismo quien los condujera hasta ese nuevo desenlace.

Su mirada por un momento se tornó más roja de lo usual y su sonrisa era tan similar a la de aquellos actores de sátira mientras contemplaba la espalda de su apreciado contratista.

Lo vio entrar a su cuarto y sus facciones recobraron esa falsa imagen de amabilidad, escondiendo sus impulsos tras una encantadora y soñara sonrisa antes de emprender su camino hacía la cocina.

-"Un té de menta con un suflé de naranja, estaría bien para Bochan y su joven invitada. Algo ligero antes de pasar al almuerzo"- Habló en voz alta pensando en los ingredientes para el desayuno.

-"En cuanto a mi, no me siento con el suficiente apetito como para reclamar el plato fuerte. Ese podría venir en unos cuantos años"- Se dijo a si mismo, pensando que aplazar su propia comida no resultaría tan malo como pudiera parecer.


Reconozco mis cinco meses de ausencia, por muchos motivos no había subido este capitulo, que también es el último, la falta de ideas e inspiración fue el principal culpable. Pero el domingo vi el 1er chp de Kuroshitsuji II y la inspiración llegó de nuevo a mi.

No sé si habra quedado muy fuera de lugar el Ciel de mi fic, pero la culpa fue mía por escribir hacerca de personajes tan hermeticos y que no muestran sus sentimientos tan facilmente, de cualquier forma espero que les haya gustado el final.

Hoy en la mañana sin proponermelo llegó a mi cabeza una idea para un epílogo, así que si lo quieren solo diganlo en un review y lo tendran en pocos días, pero solo advierto que no creo que resulte para nada un fina feliz.

Muchas gracias a todas las que leyeron mi historia y dejaron sus rvw: LadySc-Maaya-,riku, artemisav, Inner_Sakura30, Ehsabet, Leo, Alois Trancy Phantomhive, Vicky Yun Kamiya, SweetAngel91, Kusubana Yoru, doremishine itsuko, sasukistar.

-Sherrice_Adjani-