Seis

-Los Tamers son una horda que juzgan a las personas por la raza, odio como se atreven a rechazar a cualquiera que se les atraviese, sólo por no pertenecer a su prestigiada familia- un chico llamado Johac demostraba su poca información al respecto de los Tamers, era el típico que criticaba tanto al poder de la ley, como al de injusticia. ¿Por qué no hacen algo para detener a los criminales?; así eran los reclamos de él, como de muchos otros que querían respuestas sobre la inseguridad que cargaban.

Su pueblo estaba siendo utilizado por los soldados de los leones, saqueando a distintos lugares porque no seguían las normas del Rey Rasi.

En realidad, los Tamers no eran racistas, al contrario, le tenía mucho respeto a la cultura de los guardianes y la fe, he inclusive muchas de sus investigaciones las aprendieron de ellos. En realidad el Rey Rasi y sus soldados eran los que querían hacer creer que era un conflicto racial, para ocultar la verdad.

Mi familia siempre le ha interesado el asunto de La orden de la rosa; es cierto que la orden tiene cierto lado de prejuicios, levantando su ego por ser huéspedes, ¿pero qué involucra ser huésped a una persona normal?, en realidad esa era la búsqueda de intelectuales. Algunas teorías afirmaban el hecho de que los huéspedes tienen contacto con El otro lado. Un tema muy delicado, ya que aquel otro lado, afirman ser la realidad absoluta, y una vez muertos, la conoceremos.

-¿Por qué no hacen nada los padres de la invocación?, ¿qué no ven que estamos en crisis?- seguía reclamando Johac, mientras el grupo de personas que iban frente de él, se le quedaron viendo con odio en sus ojos.

-No lo hacen porque ellos cuidan de nuestra seguridad, pero sin usar la violencia, recuerda que para los padres, la palabra es el arma más fuerte- al responderle eso una chica a Johac, las personas dejaron de intimidarlo con la mirada.

-¿Quieres que te maten?, todos los que están aquí son creyentes- le dije a la joven Jolette a susurros, y golpeándole con el codo.

-¿Oye?, ¿que no se supone que debemos alentar a las personas a actuar?- me decía Johac.

-Pero no debes decirlo de esa manera, en estos momentos hay que bajar la guardia, además ellos te están salvando la vida- le decía Jolette quien le hacía entender sobre la situación tan precaria que vivía su pueblo. Estaban caminando con guardias del reino de Rasi para cambiarlos de su hogar para investigación del reino. Tenían que salir de su pueblo, para luego tomar a los Charizard como transporte.

-¿Aquellas criaturas nos llevaran a La isla?- Johac no le agradaba la idea de montar un Charizard, ya que éstos le atemorizaban, e inclusive, detuvo el paso al escuchar sobre los Charizard.

-No te preocupes, no montarás al Charizard, estarás seguro en la cabina de viaje- le decía Jolette mientras le indicaba que siguiera caminando, ya que la fila de personas que tenían atrás era considerable.

-¿Entonces son Charizard gigantes y salvajes?

-No Johac, son Charizard Ex, son entrenados por el reino, por lo tanto estaremos bien- Aquellos Charizard Ex que le explicaba Jolette a Johac no eran sólo enormes, sino que eran bastante mansos con los humanos, ya que cualquiera sabe que un Charizard es un Pokémon agresivo, que puede llegar a asesinar a personas, si es que se sienten ofendidos. Es por eso que ellos viven en las montañas altas.

-¿Eso es la cueva de un Charizard?- decía temblando y tartamudeando Johac, su experiencia con los Charizard explicaba su reacción, pero aquello ya tenía cinco años de sucedido, por lo tanto era un trauma total para el joven Johac.

-No te preocupes Johac, aquí ningún Charizard te quemará el trasero- le decía Jolette, burlándose de su desgracia.

-Oye, en verdad no te gustaría que te quemen.

-Yo no ando molestándolos, es obvio que te iba a atacar- Jolette le explicaba mientras pasaban a un lado de aquel agujero. Aquella entrada parecía no tener fin, ya que sólo se apreciaba el color negro en totalidad. Muchos afirman que Charizard quema el lugar, dejando que se carbonice la tierra y esté completamente oscura, pero también lo hace para calentar su hogar.

-Están locos- decía Johac mientras no le quitaba la vista al hogar de aquella criatura.

-Como sea- al decir eso Jolette, de la cueva salió una llamarada disparada, afortunadamente, las personas pudieron escapar antes del ataque, pero era claro que el Charizard estaba molesto por caminar por su hogar.

-¡Johac, es hora de actuar!- le indicó Jolette mientras la criatura de color naranja oscurecido, alas que llegaban hasta el suelo, una figura reptil que superaba el tamaño de su cueva. Un color amarillo bastante débil llegaba desde su pecho a su cola. Y una flama ondeante que ardía con fervor, mirando a los hombres y mujeres del pueblo, dispuesto a atacar.

-¿Estás loca?, él es un dragón, ¡mira sus colmillos!, y sus ojos, dan miedo- realmente era intimidante el dragón, pero Jolette sentía que debía hacer algo. Al ver que la participación de Johac no la acompañaría, simplemente se hincó frente al gran dragón y empezó a murmurar una especie de oración mientras que con sus manos hacía una especie de triángulo, haciendo una sombra en el suelo liberando una serie de destellos que saltaron de forma aleatoria, y luego formaron una silueta, que después, empezó a mostrar a una criatura de aspecto coral, masa rocosa, mirada de ternura, que al mismo tiempo arrojaba una sonrisa. Sus microalgas, le representaban de color rosado, y manchas blanquecinas. Sus ramas que le rodeaban, reflejaban brillos del sol escaso, ya que en las montañas, la neblina absorbe la vista, por lo tanto me guiaba de aquellas ramas, para ver los movimientos de Corsola.

Al mirar de frente, se colocó en posición de ataque, plantando bien sus cuatro patas, y arrojando un sonido así imprescindible, que parecía eco de conchas de mar.

-¡Corsola, Poder de la gema!- gritó Jolette observando cualquier movimiento brusco que realizase el Charizard, pero él seguía muy brusco con la gente, que hizo que la joven gritara nuevamente para apresurar y evitar desgracias.

Corsola daba saltos para evitar numerosos Lanzallamas, para después enfocarse a Charizard y lanzarle con rayos que salían de las puntas de sus ramas. Aquellos rayos se solidificaron en gemas, que después se dispararon en el cuerpo de Charizard, el cual inmediatamente se tiró al suelo, para ser rodeado de cientos de gemas, para aplastar su cuerpo y detener su reacción violenta.

-¡Perfecto Corsola, ahora, por favor señores, avancen antes de que logre escapar!- avisó ella a la multitud que se encontraba tras el Charizard sepultado de rocas. A pesar de que les hubiera salvado la vida, muchos de ellos, mientras pasaban a su lado y se ubicaban con el grupo, empezaron con pestes, y miradas frías. Jolette sabía que no estaban agradecidos, pero tampoco enfadados, sino ofendidos.

-Lo sentimos mucho, pero era una acción de vida o muerte, ¡vayan con los demás que se les han adelantado!- decía Johac, tratando de evitar los murmullos de la gente que avanzaba con rapidez. Ya estaban cerca para detenerse en el pueblo Dorado, el cual sería el punto de encuentro con los Charizard Ex, quienes los resguardarían mientras los soldados hacían sus estudios.

-Que imprudente muchachita, ¿qué piensas que haces?- se acercó un caballero del reino, quien al igual que todos, vestían de armadura de un metálico brillo, que ocupaba tanto su torso, como sus hombros, muñequeras, desde las rodillas hasta sus pies envueltos en metal.

Lo demás, era oculto de una tela negra, que igualmente, encima de ella era envuelta de una cascada de cadenas. Su rostro estaba oculto por un casco guerrero de igual metal, exceptuando sus ojos y su boca. Encima de aquel caso, justo desde la frente hasta la nuca le rodeaba una fina hoja metálica muy delgada.

Aquel hombre acercándose y volteando violentamente para darle a Jolette una bofetada, lo cual, gracias a su estado envuelto de metal, sólo la hizo caer. Inmediatamente Johac se acercó al caballero para preguntar sobre su acción, pero al caballero no le intimidaba la apariencia campesina de Johac.

Johac con una camisa de tela amarilla con detalles realizados con paja. Su pantalón blanco y su calzado estaban desgastados, descubría sus pies al igual que todos los de su pueblo, junto al pantalón rasgado desde la cintura y amarrado con un simple listón rojo.

A pesar de la situación que presentaba Johac, que con su cara sin lavar no ocultaba sus ojos azules claros. Su modo humilde no convenció al caballero y lo tomó de la mano para junto con Jolette dirigirlos con el grupo, que ya se estaban acercando a las entradas del pueblo.

-¿Pero por qué lo hace?, ¡les acabamos de salvar la vida!- le reclamó Jolette al caballero, quien sostenía su muñeca más fuerte una vez que le empezaba a gritar.

-Lo que hiciste está prohibido, las invocaciones son sólo para los hermanos de las sacerdotisas, y sin el consentimiento de una, no puedes utilizarlas.

-¿Está usted loco?, ¿qué hubiera pasado si mi amiga no salvara su pellejo?- dijo Johac. Corsola nos seguía con la mirada baja, lo cual parecía sentir algo de culpa por lo ocurrido.

-No te preocupes Corsola, no es tu culpa- le dijo Jolette, pero el caballero notó a Corsola. Rápidamente le ordenó desaparecer a Corsola, lo cual accedió, sin antes calmar un poco a Corsola por su tristeza.

Una vez llegando con la multitud de personas del pueblo de Johac, los recibieron con pestes hacia ellos, e inclusive empezaron a arrojarles rocas del suelo, la cual una logró darle en la cabeza a Jolette, pero sin ningún daño.
Johac se interpuso entre la gente para evitar más insultos. Curiosamente los caballeros del reino, quienes dirigirían los Charizard Ex no hacían nada por la agresión. Jolette simplemente quedaba en silencio.

-Ustedes violaron a la sagrada inquisición, merecen ser castigados- se acercó un anciano, señalándolos, miró a la gente pidiendo respuesta de su propuesta. Inmediatamente una ola de gritos y malos entendidos se dejaron oír, pero todos querían juzgarnos.

-Tenías razón, sí que son creyentes, ¿qué hacemos ahora?- se acercaba Johac a Jolette como tratando de ocultarse de la muchedumbre, quien esperaba una solución, pero la respuesta concebía volver a violar y ofender a los pueblerinos, pero no importó ya que ellos no teníamos ninguna fe asegurada a sus creencias, así que nuevamente Jolette hizo la misma posición, pero esta vez en vez de un triángulo formaba un crículo con sus manos reflejando la figura en el suelo para liberar un nuevo monstruo.

-¡Vamos Charizard!, ¡aléjalos!- una vez liberado el monstruo dragonario, la gente empezó a retroceder, lo cual hizo que los caballeros del reino respondieran y los sacaran de la entrada del pueblo Dorado a punta de lanzas.

-¿Cómo fue que?- sorprendido estaba Johac por tener a un Charizard de su lado. -¿Cuándo lo hiciste?- seguía impactado mientras hacían una elegante retirada con Charizard, montándolo mientras tanto comenzaban a elevarse, la gente cambió su actitud a una más agresiva, y continuó lanzando lo que tenía a la mano, pero un rugido del dragón hizo callar a el descontrol y los caballeros comenzaron a soltar a los Charizard Ex, para su captura.

-¡Oh, no puede ser esto!- decía Jolette mientras veía a esas criaturas que eran el triple del tamaño del Charizard que estábamos montando.

-¿Qué comen esas cosas para estar así?- mencionó Johac, quien temblaba de miedo al ver la altura que estábamos alcanzando.

El viento se hacía presuroso, y los temporales comenzaban a atacar antes que los Charizard gigantes lo hicieran. Jolette y Johac empezaron a volar en círculos para perder a los enormes dragones entre la niebla, pero el aire venturoso los hacía bajar ya que aquellos vendavales forzaban a la llama del Charizard, lo cual arriesgaba su vida.

-Son tres, ¿crees que podamos?- se agarraba fuertemente del chaleco de Jolette el joven Johac, mientras ella estaba sintiendo los siniestros vértigos del subir y bajar de la gravedad. Se tomó fuertemente de la piel escamosa del Charizard ya que tendrían que hacer un corte y bajar sin detenerse.

Los escalofríos se hacían venir, ambos cerraban sus ojos ya que la caída era muy fugaz, en cierto momento sintieron que la respiración se les iba, pero al ver todo un bosque desde arriba, se alentaron para seguir adelante, y pedirle a Charizard que se introdujera en aquel bosque.

Las figuras de los Charizard Ex se habían perdido, pero era sorprendente el hecho de que semejantes criaturas pudieran perderles la pista, así que con un giro vertiginoso lograron adentrarse a aquel bosque que salía como milagro, llegando a ser rozados con algunas ramas y hojas de árboles. Un golpe del tronco haría impactarse al Charizard y frenar el viaje para caer, derribando varios árboles y con el Charizard herido quien e inmediatamente desapareció en un rayo fugaz de luz que volvió hasta las manos de Jolette.

-Me dijiste que no montaría ningún Charizard- le replicaba Johac, quien se levantaba con un tronco que le atravesaba el lado izquierdo de su abdomen, inmediatamente él tomó con valentía el pedazo de tronco y lo sacó de su cuerpo con un grito ensordecedor. Rápidamente Jolette tocó su herida y empezó a invocar un hechizo para cerrar su herida. Al poco rato y con un resplandor oscuro, le dejó una corta cicatriz, pero cerró su abertura y detuvo la hemorragia.

-¿Cómo hiciste eso?- preguntaba Johac, quien estaba sorprendido de una de las habilidades que la madre de Jolette le había heredado.

-Es una práctica que mi madre, era curandera, tiempo después ella se volvió sacerdotisa, te lo había contado, ¿lo olvidaste?

-No es eso, es que jamás te había visto hacerlo, pero sí recuerdo que lo habías mencionado- le decía Johac, mientras parecía buscando algo, mirando a todos lados.

-El Charizard está en libertad ahora, así que ya habrá alzado el vuelo- le dijo Jolette casi leyendo la mente de Johac respondiendo su duda.

-Ah, vaya que capturaste rápido a Charizard para hacerlo tu guardián.

-Sí, pero ahora no tenemos guardines, excepto Corsola, que dudo que tenga energía para más altercados.

-¿A qué te refieres con altercados?, ¿crees que nos seguirán después de todo eso?- seguía mirando al cielo Johac, quien buscaba las figuras de los dragones de gran tamaño, pero las copas de los árboles ocultaban el cielo.

-Yo creo que siguen buscándonos, pero por el hecho de la gente de tu pueblo, seguro sólo nos ahuyentaron, pero tenlo por seguro, nos tienen en la mira, ahora deberemos tener precaución por ser prófugos- mientras le decía eso, unos sonidos de pasos entre el paso se escucharon alrededor de nosotros, lo cual, inmediatamente nos preparamos para cualquier problema.

-Son ellos, al parecer sí nos siguieron- decía Johac que estaba petrificado por que los pasos se hacían más evidentes.

-Tienes razón son ellos… ¡Tenemos que correr Johac!- le advertía Jolette a Johac, quien lo tomó de la mano y se lanzaron a correr entre el bosque, pero inmediatamente un zumbido se escuchó, lo cual asustó a los dos, era difícil correr con el denso pasto, ya que en ciertos momentos, se hundía, o en otros había lodo, lo cual nos detenía, una vez que se escuchó nuevamente ese zumbido, Jolette notó algo inmediatamente al ver el ambiente que los rodeaba.

-Johac, te parecerá extraño pero estamos corriendo en el mismo lugar- dijo señalando la pila de árboles que había tirado Charizard con su cuerpo. -¿Ves?... eso se supone que debería estar atrás si estamos corriendo de frente.

-Es verdad, yo también, la verdad es que me siento un poc extraño Jolette- dijo Johac quien empezó a danzar frente a Jolette, lo cual la confundió aún más, de repente empezaron a salir pequeñas espinas que se quedaron clavadas en el tronco del árbol que tenían detrás.

-¡Johac!, ¡despierta!... esto es el ataque de un guardián- dijo Jolette quien analizaba la situación mientras cuidaba de Johac para que lograra despertar del transe.

El ataque de aquellas espinas se hacía con más frecuencia, y los golpes con los tronco avisaban que el enemigo estaba en diversas direcciones, y su número era extenso, cuando estaban a punto de llegar frente a ellos, Jolette gritó esperando su final, pero inmediatamente todo se disolvió como si fuera un mal sueño, ambos estaban alucinando y era obra de un monstruo de plasma de un color morado en forma de puntas con manos, ojos y sonrisa que flotaban sobre él, parecía que se burlaba de los jóvenes mientras los dos soltaban un suspiro de alivio.

-Sólo era un Haunter, Dios esta invocación de verdad te puede matar con sus juegos- decía Jolette, pero se preguntaba quien lo había invocado, seguía buscando al causante de esa travesura, mientras Johac seguía mareado de tanto danzar sin sentido.

-¿No crees que fuiste un poco cruel Kein?- dijo un hombre que se acercaba a los jóvenes y el Haunter, quien respondió como un cachorro al oir esa voz.

-Eso será para que aprendan Bernan, no deben jugar con nosotros- sonrió un soldado de los leones, pero esta vez su armadura era de color negro, al igual que la de su compañero, un negro oxido pero con los mismo detalles que los otros soldados en dorado, ellos eran de la División Maestra, quienes cuidaban del Rey Rasi, tanto Johac como Jolette temían un poco al verlos llegar, no podían apreciar sus rostros, solamente que uno tenía sus ojos verdes y el otro de un azul claro, quien parecía ser responsable de la invocación del fantasma Haunter.

-Tú no cambias nada Kein, sigues siendo un niño- dijo aquel soldado quien se agachaba para ver a Jolette y Johac, quienes eran de menor altura que él. -¿Y se les perdió algo niños?

-¡No hablaremos contigo sucio soldado de los leones!- se adelantaba el violento Johac quien seguía confundido y choco con el tronco de un árbol haciéndolo caer.

-Disculpe no teníamos intención de molestarlos… sólo queremos salir de aquí- dijo Jolette, pero los soldados tenían otra idea, al parecer no se mostraban molestos, ni siquiera trataban de atacarlos.

-Esperen… perdonen a mi amigo Kein, él fue quien los engañó en su juego, nos comunicaron que debíamos atrapar a unos revoltosos que saboteaban el plan de desalojar al pueblo del Sol.

-Pero yo no veo revoltosos, sólo son un par de niños.

-Disculpen, pero yo tengo quince años, no soy una niña, además tengo habilidades de invocadora, no se deben burlar sólo por nuestra apariencia- cuando dijo eso ambos soldados miraron a Johac, aquel pequeño que apenas se podía levantar del piso por el juego mental de Haunter que seguía haciéndose presente, al verlo que seguía cayéndose en el mismo lugar, ambos se soltaron a reír.

-Bueno señorita invocadora nosotros no les haremos daño- decía Bernan el de los ojos verdes, quienes prácticamente trataba de hacer amistad con los jóvenes.

-No trates de engañarme sucio soldado, tú eres quien asesina personas, ¿porqué debería creerte?- preguntó Jolette, a lo cual el soldado respondió.

-Estamos de su lado, ambos no apoyamos al Rey Rasi- decía Kein quien seguía jugando con su Haunter y Johac.

-¿Entonces porqué visten así?- preguntó Jolette obviamente refiriéndose a sus armaduras.

-Quisiera contarles toda mi vida aquí, pero es peligroso que se queden aquí, será mejor que vengan con nosotros- dijo Bernan quien le ofreció la mano a Jolette, quien ella se rehusaba en un principio, pero después aceptó con dificultad.

-Explícate- dijo Jolette aceptando la petición, por alguna razón esos soldados no tenían esa fría mirada o razón de destruir como los otros.

Tanto los dos soldados como Jolette y con dificultades Johac por su estado, siguieron caminando por una ruta del bosque que lentamente se fue volviendo más calurosa hasta el punto de llegar a zonas rocosas y áridas, tanto Jolette y Johac no habían estado ahí y eso que se encontraba muy cerca de la montaña donde estaba el pueblo donde habían estado peleando con los pueblerinos y los otros soldados.

Pasaron toda la costa del lugar, empezando a llegar a unas viviendas hechas de madera húmeda, con ciertas algas que le rodeaban. Muchas tenían como palmeras estructura principal. Teniendo escaleras rodeando a las palmeras, en la cima había en forma cuadrada, casas que estaban impresionantemente hechas de arena, con adornos de corales, igualmente con algas colocadas al azar, en medio de aquellas casas colgadas, estaban estatuas a Invocaciones acuáticas como Corsola, todas hechas completamente de barro. Había vasijas decorativas en todos lados, era un centro turístico, con toques de cultura, todo tenía un diseño arquitectónico tan perfecto, que hacían creer que era de fantasía.

-Este lugar es hermoso, sería maravilloso amanecer aquí y ver inmediatamente a las montañas, escuchar un oleaje tan pacífico, el mar en el horizonte, todo envuelto en naturaleza- le decía Jolette a Johac, quien empezaba a quitársele su confusión, mientras seguíamos caminando podían ver otras casas que estaban destruidas, varios estandartes que colgaban símbolos de la religión que tomaban ahí, estaban caídos, muchas huellas estaban plasmadas en la arena, pero entre esos escombros salieron varios niños y jóvenes de la edad tanto de Jolette como de Johac, muchos niños que parecía vivían en comunidad.

-Aquí escondemos a muchos niños como ustedes de las garras del imperio, aquí ellos han aprendido a convivir, crear un vínculo que ni leyes ni religiones han logrado forjar- decía Bernan, quien era aclamado por aquellos niños junto con Kein.

Al parecer ambos si estaban de su parte, pero Jolette seguía con sus dudas, si tenía ese tipo de armadura era porque su puesto era de alto poder, podía hacer lo que quería, pero… ¿cómo lo había obtenido?

-Bien bien soldaditos, ya me dijeron la verdad, ¿pero a que vienen sus armaduras si no están ni a favor del Rey Rasi, y además porque apoyan a los hijos que siguen la fe sino creen en ella?- preguntó Jolette quien parecía una chica inteligente, pero los soldados explicaron su causa.

-Yo soy hijo del general Ghaboni, quien es que controla todas las tropas de los soldados de los leones, los mismos que dan su vida por el Rey Rasi- decía Bernan con la mirada baja, sentía vergüenza al decir que llevaba en su sangre el título de soldado.

-Eres un perro que obedecen a su amo, ¿no es así?- dijo Johac como siempre tan presuroso.

-No, no… mi padre empezó a cambiar, él tenía otro tipo de ideales, pero fue corrompido por el Rey Rasi, está siendo obligado a crear estas guerras santas.

-¿Y por qué no los detiene y listo?- preguntaba Johac.

-No es tan fácil jovencito… no creas que no escuchamos sus críticas, pero estamos sometidos a corromper nuestras creencias por ese tirano- decía Kein quien igual lamentaba portar esa armadura.

-Lo que quiere decir Johac es que están amenzados con su vida por el Rey Rasi- le explicaba Jolette, quien parecía impactada por la declaración de ambos soldados. –Pero tiene razón mi amigo, si son varios quienes no tienen el interés de seguir al Rey, ¿por qué no se rebelan?

-Porque al igual que hay los que no creen, están los que creen, ellos son los que siguen al Rey Rasi y lamentablemente son la mayoría.

-Ya veo… pero viendo que son grupo deberían unirse entre ustedes, ¿no creen?- seguía cuestionando Jolette, pero ya estaba convencida completamente con los dos soldados.

-Me temo que también es un problema pequeña- decía Bernan mirando al cielo. –Todo tenemos nuestros ideales, y el nuestro está con los Tamers.

-¡Qué!- gritó Johac como pareciendo ser traicionado. –¡Ayudar a esos locos es peor que ayudar al Rey Rasi, se sienten superiores sólo por creer pensar de otra manera!

-Basta Johac… lo sabía… algo planeaban ustedes dos… ¿pero porqué los Tamers?- Jolette estaba completamente intrigada, la verdad es que ella siempre quiso pertenecer a los Tamers, es por eso que estudiaba a fondo el tema como lo hacía su familia.

Los Tamers eran una sociedad que se dedicaba en investigar la naturaleza y el territorio, por eso mandaban a sus jóvenes investigadores a recolectar datos, ellos tenían cierta intuición que en el mundo existían ciertos seres llamados Huéspedes, quienes eran una clase de personas que tenían una capacidad de aparecer en diferentes mundos a su gusto como mensajeros, y aquella secta eran los promulgadores de los Tamers.

La idea es que los huéspedes nunca mueren, ellos mismos controlan su destino dentro de La barrera líquida, que es como nombraban al mundo donde habitaban.

Inmediatamente frente a los niños, Johac y los dos soldados apareció un portal del cual salieron tres personas de capucha blanca quienes asintieron con la cabeza mirando a los niños con atención.

-Es increíble… tanta energía… inmediatamente salió otro portal del cual salió Isar, quien ahora portaba al igual que los otros hombres de blanco, una capucha similar, pero a su medida.

-Maestro he llegado- dijo Isar quien hacía una reverencia a uno de los encapuchados de blanco.

-Basta Isar, tenemos trabajo que hacer- dijo aquel hombre quien nuevamente abrió otro portal el cual señaló a los niños que entraran ahí.

-¡No!- gritó Johac.

-¿Qué pasa?... ¿le temes a la verdad niño?- dijo el encapuchado que apenas se le podía ver sus ojos por la capucha, pero si se mostraba una sonrisa.

-¿A dónde los llevan?- preguntaba Jolette, quien fue respondida por uno de los dos seguidores del que parecía ser el líder de los encapuchados.

-Los llevaremos a ver la luz, gente joven sin prejuicios son los elegidos- dijo aquel encapuchado de voz grave quien ayudaba a todos los niños a entrar.

-¿Quiénes son ustedes?- Jolette parecía sorprendía, mientras una voz femenina venida de los tres encapuchados respondía.

-Somos los Tamers niña… ¿quieres saber la verdad?- al decir eso Jolette se sintió hipnotizada, sus piernas se movían, pero no pensaba en las consecuencias.

-¡No Jolette a dónde vas!- gritaba Johac.

-Quiero ver la luz…

-Anda joven… entrar aquí sabrás la verdad de este sitio mundano- dijo el líder de los Tamers a Johac, mientras Isar tomaba de la mano a Jolette para entrar al portal.

-¿La verdad?... ¡la verdad está aquí! ¿Qué no la ven?- daba pasos hacia atrás Johac quien le asustaba el grupo de Tamers, pero los dos soldados impidieron que se fuera.

-Te salvamos la vida muchacho… es hora que nos devuelvas el favor- dijo Bernan, mientras Kein lo cargaba y lo arrojaba al portal como si se tratara de un simple trapo.

-Bien hecho Kein… Bernan… o quiero decir… su majestad Rey Rasi- al decir eso el líder de los encapuchados, Johac logró ver que aquellos dos soldados se disolvían y se volvían aquella temida figura de armadura dorada y ojos rojos… el Rey Rasi.

Dentro del portal Johac veía algo que no podía creer, estaba dentro de una habitación blanca con luces arriba de él, inmediatamente se abrieron unas ventanas y se hicieron notar otro mundo distinto a lo que él había visto… estaba en la cima de cientos de personas, de frente más castillos con luces alrededor, sonidos que jamás había imaginado, una sociedad moviéndose de un lugar a otro con carrozas de metal, todo era mecánico y con una velocidad que no creía. Eran como él se ponía a pensar Johac en su mente, pero vestían distinto a él. ¿Dónde estaba?

Inmediatamente al ver su cara de espanto, aquel encauchado con voz grave se quitó la capucha y mostró a un hombre de piel morena y cabello azul largo con los ojos cerrados, tomó a Johac de su hombro y le dijo...

-Esto niño es la realidad… has salido de la Barrera Líquida.