CÓMO LEGUÉ ALLÍ
Así que, ¿por qué estoy deprimida? Esa es la pregunta del millón de dólares, bebé, la pregunta Tootsie-Roll; ni siquiera el búho sabe la respuesta a eso. No lo sé tampoco. Todo lo que sé es la cronología.
Hace dos años entré a una de las mejores secundarias de Manhattan: Secundaria Ejecutiva Pre-Profesional. Es una nueva escuela hecha para crear a los líderes del mañana; los internos corporativos están allí; los altos cargos de Merrill Lynch vienen y hablan a la clase. Este filántropo billonario llamado Bernard Lutz la estableció en conjunción con el sistema de escuelas públicas, todo lo que tienes que hacer es pasar un examen. Entonces tu completa secundaria es pagada por ti y tienes acceso a los 800 más inteligentes e interesantes estudiantes del mundo, sin mencionar los profesores y los visitantes. Puedes salir de esta secundaria Ejecutiva Pre-Profesional e irte directo a Wall Street, aunque eso no es lo que deberías hacer; lo que deberías hacer es salir e ir a Harvard y luego a la escuela de leyes. Así es como terminas siendo, algo como, un presidente.
Lo admito: como que quiero ser presidenta.
Así que este examen (lo llamaron el examen filantrópico de Bernard Lutz, en honor a su filantropía) se volvió muy importante en mi vida. Se volvió más importante que, uh, comida, por ejemplo. Compré la guía para el examen, Bernard Lutz sacó su propia línea de libros para su propio examen, y empecé a estudiar tres horas diarias.
Estaba en el séptimo curso, y estuve cómoda en mi habitación por primera vez. Llegaba a casa con mi pesada mochila y la tiraba a la cama, mirando como rebotaba hacia las almohadas mientras me sentaba en mi silla y sacaba mi guía. En mi celular, iba a HERRAMIENTAS: ALARMA y me ponía dos horas de examen de práctica. Había cinco exámenes de práctica en el libro, y después de que los hice todos, estuve sorprendida de descubrir un anuncio al final por doce guías más para los exámenes de Bernard Lutz. Fui a Barnes & Noble; no los tenían todos en el inventario, nunca habían tenido a alguien que los pidiera todos, así que tuvieron que hacer un pedido para mí. Pero entonces comenzó el juego. Comencé a hacer un examen de práctica cada día. Las preguntas cubrían la basura que te preguntaban para determinar que no fueras un idiota.
Lectura de comprensión. Ohh. ¿Puedes leer este texto y decir qué tipo de árbol están intentando salvar?
Vocabulario. ¿Compraste algún libro lleno de palabras raras y las aprendiste?
Matemáticas. ¿Eres capaz de cerrar tu mente del mundo y llenarla de símbolos que siguen reglas?
Hice de ese examen, perra. Devoré los exámenes de práctica y dormí con los libros debajo de mi almohada y convertí mi cerebro en una máquina fiera, algo que podía manejar cualquier cosa. Podía sentirme a mí misma haciéndome más inteligente, debajo de la luz de mi escritorio. Podía sentir que me llenaba a mí misma.
Ahora, dejé de salir con amigos cuando me puse en el modo Ejecutiva Pre-Profesional. Para empezar, ni siquiera tenía muchos amigos. Tenía a los chicos con los que me sentaba en la hora del almuerzo, pero cuando empecé a llevar mis fichas de estudio comenzaron a evitarme. No sé cuál era su problema, sólo quería aprovechar mi tiempo. Cuando terminé todas mis guías, tuve una tutora personal para prepararme para el examen. Ella me dijo cuándo iba por la mitad de las sesiones que no la necesitaba, pero se quedó con los 700 dólares de mi mamá.
Tuve un puntaje de 800 en el examen, de 800.
El día en el que obtuve esos resultados, un frío día de finales de otoño de Nueva York, fue mi último buen día. Tuve buenos momentos desordenados desde ese entonces, momentos en los que pensaba que estaba mejorando, pero esa fue la última vez que me sentí triunfante. La carta de la secundaria llegó con el correo, y mamá me la guardó en la cocina para cuando llegué a casa de mis clases de Tae Bo después de la escuela, lo cual era algo que pretendía seguir haciendo en secundaria, para tener actividades extracurriculares para cuando entrara a la Universidad, lo cual sería el siguiente paso.
—Rachel, ¿adivina que hay aquí?
Dejé mi mochila y pasé corriendo junto el Espejo Vampiro hacia la cocina. Allí estaba: un envoltorio manila. Era la clase de envoltorio bueno. Si fallabas el examen, te enviaban un paquete pequeño; si entrabas, tenías uno grande.
— ¡Sí! —grité. Lo abrí. Tomé el paquete morado con dorado de bienvenida y lo alcé como si fuera santo. Podría haberlo usado para crear mi propia religión. Le podría haber hecho, tú sabes, el amor. Lo besé y lo abracé hasta que mamá dijo: —Rachel, detente. Es algo enfermo. ¿Qué tal si llamas a tus amigos?
No sabía, porque nunca se lo dije, que mis amigos eran un poco distantes. Pero para mí están como en segundo lugar. Quiero decir, son importantes, todo mundo lo sabe; la televisión te dice eso, pero vienen y van. Pierdes un amigo y tienes otro. Todo lo que tienes que hacer es hablar a las personas, y esto era así cuando podía hablar con cualquiera. Mis amigos, cuando los tenía, me molestaban y tomaban mi asiento cuando dejaba la habitación de todas maneras. ¿Por qué tenía que llamarlos?
Excepto Puck. Puck era un amigo verdadero; supongo que podría llamarlo mi mejor amigo. Era uno de los chicos más grandes de mi clase, nacido en esa cúspide en donde puedes ser la persona más joven en una clase vieja o el viejo en una clase joven, y sus padres tomaron la correcta decisión de ir por lo último. Era inteligente e intrépido, con un fracaso de pelo con una mohicana y el tipo de lentes que hacían que las chicas les gustaran, unos negros y cuadrados. Tenía grandes pectorales y hablaba mucho. Cuando estábamos juntos empezábamos proyectos: un reloj de alarma destruido y distribuido en toda una pared, un video stop-motion2 de Lego teniendo sexo y un sitio web para imágenes de retretes.
Lo había conocido caminando hacia mi mesa durante el almuerzo con mi cabeza dirigida a mis fichas de estudio, sentándome, teniendo a uno de sus amigos preguntándome qué estaba haciendo allí, y él acercándose, con tacos, para rescatarme y preguntar qué estaba estudiando. Resultó que él y yo estábamos haciendo el mismo examen, pero él no estaba estudiando, no creía en eso. Me introdujo en la conversación acerca de cómo la Princesa Zelda sería en la cama, y yo dije que sería terrible porque había estado encerrada en calabozos desde la pubertad, pero Puck dijo que eso la hacía súper caliente.
Puck me llamó esa noche de viernes.
— ¿Quieres venir y ver películas?
—Claro —Ya había terminado con mi examen de práctica en ese día.
Puck vivía en un pequeño apartamento en un gran edificio en el centro de Manhattan, por City Hall. Tomé el metro (mi mamá tuvo que verificarlo con la madre de Puck, lo cual fue horrible), me identifiqué con el portero, y tomé el elevador. La madre de Puck me saludó y me llevo a su cámara ventilada (pasando su padre, quien escribía en una habitación que recordaba a una celda de prisión, ocasionalmente golpeando su cabeza contra su escritorio, mientras la madre de Puck le traía té) y me dejé caer en su cama, la cual todavía no estaba cubierta de las manchas que la definirían en el futuro. Soy buena dejándome caer en las cosas.
—Oye —decía Puck—, ¿Quieres fumar algo de marihuana?
Oh. Así que esto era lo que "ver películas" significaba. Hice una rápida recapitulación de lo que sabía sobre drogas: mi mamá me dijo que nunca las usara; mi padre me dijo que no hasta después de los exámenes de admisión para la Universidad. Así que opté por nunca usarlas, pero ¿qué tal si alguien me obligaba? Pensé que las drogas eran algo que las personas te ponían, como enterrarte una aguja mientras intentabas meterte con tus propios asuntos.
— ¿Qué si alguien me obliga, mamá? —Le había preguntado, estábamos teniendo la conversación de las drogas en un parque de juegos. Tenía diez— ¿Qué pasa si apuntan una pistola a mi cabeza y me obligan a tomar las drogas?
—No es así como funciona, cariño —respondió—. Las personas toman drogas porque quieren hacerlo. Sólo no tienes que desearlo.
Y ahora aquí estaba con Puck, deseándolo. Su habitación olía como a ciertas áreas del Central Park, cerca del lago, en donde chicos blancos con rastas tocaban bongós.
Mi mamá rondó en mi cabeza.
—Nah —dije.
—No hay problema —Él puso algo de los contenidos en un muy fascinante pequeño objeto que parecía un cigarrillo, pero estaba hecho de metal. Lo encendió con un encendedor de butano que sacaba una flama tan larga como mi dedo mayor. Se recargó en una pared.
— ¿No tienes que abrir una ventana?
—Nah, es mi habitación; puedo hacer lo que quiera.
— ¿A tu mamá no le importa?
—Ella está muy ocupada con papá.
La sección de la pared en donde fumaba, se descoloró en los siguientes dos años. Después, como el resto de la habitación, se cubrió de posters de raperos con dientes de oro.
Puck tomó tres o cuatro aspiraciones de su cigarro metálico e hizo que la habitación se tornara caliente y rancia, entonces anuncio:
— ¡Vamos a motivarnos, hijo! ¿Qué es lo que quieres tener?
—Acción. —Duh. Ya estaba en séptimo grado.
— ¡Está bien! ¿Sabes lo que quiero? —Los ojos de Puck se iluminaron— Quiero una película con un acantilado.
— ¿De los de escalar montañas?
—No tiene que ser sobre escalar montañas. Sólo necesita al menos una escena en donde algunos hombres estén peleándose y alguien sea lanzado a un acantilado.
— ¿Escuchaste de Paul Stojanovich?
— ¿Quién es ese?
—Es el productor que inventó Las Persecuciones Policíacas Más Aterradores Del Mundo y Policías.
— ¿Bromeas? ¿El conductor?
—No, el productor. Aunque el conductor también es genial.
Puck nos dirigió afuera de su habitación, pasando a su padre hasta su puerta principal, en donde su mamá, quien tenía un largo cabello de rubio sucio, se acercó y nos dio galletas y nuestros abrigos.
—Amo mi vida —dijo Puck—. Adiós, mamá —Entramos al elevador con nuestras bocas llenas de galletas.
—Bueno, ¿entonces qué estabas diciendo? Amo Las Persecuciones Policíacas Más Aterradoras Del Mundo —Puck tragó—. Amo cuando el hombre dice —Puck puso una voz dura: —Esos dos delincuentes pensaron que podían evadir la ley, pero la oficina del Sheriff del condado Broward les enseñó la luz y los mandó directo a la cárcel.
Mordí, mandando pedacitos de galleta por todos lados.
—Soy bueno haciendo voces. ¿Quieres escuchar a Jay Leno? Lo obtuve de ese comediante Bill Hicks.
— ¡Nunca me dejaste terminar sobre Paul Stojanovich! —dije.
— ¿Quién?
El elevador llegó al vestíbulo de Puck. —El productor de Las Persecuciones Policíacas Más Aterradoras Del Mundo.
—Oh, claro —Puck abrió la puerta de vidrio del vestíbulo. Lo seguí a la calle, me puse mi capucha.
—Estaba posando con su prometida, para una foto de boda. Y lo estaban haciendo en Oregón, justo al lado de un gran acantilado. Y el fotógrafo estaba diciendo: "Muévanse para atrás, para la izquierda" Y se movieron y él se cayó del acantilado.
— ¡Oh, dios mío! —Puck sacudió su cabeza— ¿En dónde te enteras de estas cosas?
—Internet —sonreí.
—Eso es muy bueno. ¿Qué le pasó a la chica?
—Ella estaba bien.
—Debería de demandar al fotógrafo. ¿Lo demandaron?
—No lo sé.
—Pues deberían. Yo lo haría. Sabes, Rachel... —Puck me miró, con los ojos rojos pero muy brillantes— Voy a ser un abogado.
— ¿Oh, sí?
—Sí. Que se joda mi papá. No hace nada de dinero. Es un desgraciado. La única razón por la que siquiera vivimos en donde estamos es porque el hermano de mi mamá es un abogado y adquirieron el apartamento. Solía ser el apartamento de mi tío. Ahora trabaja para el edificio, así que hicieron un trato con mamá. Todo lo bueno que tengo es debido a los abogados.
—Entonces tal vez quiera ser una también —dije.
— ¿Por qué no? ¡Haces dinero!
—Sí —miré hacia arriba. Estábamos en una banqueta brillante, fría y gris de Manhattan. Todo costaba mucho dinero. Miré al hombre de los hot-dogs, la cosa más barata alrededor... no te alejarías de él sin dejar cuatro o tres dólares.
—Deberíamos ser abogados juntos —dijo Puck—. Pukerman y... ¿cuál es tu apellido?
—Berry.
—Pukerman y Berry.
—Bien.
Estrechamos manos, manteniendo el paso, casi arrollamos a una niña caminando en la otra dirección. Entonces giramos a la calle Church y rentamos un DVD de realidad, Vida Contra Muerte, el cual tenía un montón de acantilados, así como fuegos, ataques de animales, y accidentes de paracaidismo. Me senté apoyada en la cama de Puck, con él fumando marihuana y yo negándome. En las partes geniales de Vida Contra Muerte, lo pausábamos y acercábamos: en las explosiones, ruedas girando después del choque de un camión y un tipo perdiendo el control en la jaula de un gorila y haciendo que le avienten una roca. Hablamos de hacer nuestra propia película algún día.
No me fui a dormir hasta las cuatro, pero estaba en la casa de alguien más, así que me levanté temprano. A las ocho, con esa loca energía que te daba dormir en la casa de alguien más. Pasé al padre de Puck frente a su computadora y tomé un libro de su repisa en la sala de estar, Raíces Latinas. Estudié Raíces Latinas toda la mañana para el examen.
Lo seguimos haciendo. Se volvió una cosa regular. Nunca lo formalizamos, nunca lo nombramos... pero los viernes Puck me invitaba a ver películas. Creo que se sentía solo. Lo que sea que fuera, él fue la única persona con la que quise seguir manteniendo contacto después de la escuela media. Y ahora, un año después, estaba en mi cocina sosteniendo mi carta de aceptación y preguntándome si él tenía una también.
—Llamaré a Puck —le dije a mamá.
Bueno aquí les dejo el Cap. espero y les guste…
Nos seguimos leyendo mañana…
Deseo que estén disfrutando de su fin de semana….
