Los personajes de"Seiya" (Sailor Moon) y"Zero" (Vampire Knight), son propiedad de Naoko Takeuchi y de Matsuri Hino, respectivamente.

Capitulo 06 "Melancolía"

Escrito por: Ceejay

***SEIYA***

Luego de salir casi disparado de la clase de Taxonomía Elemental, me dirigí a los casilleros en busca del pañuelo que debía entregar a aquella señorita a la cual conocí en circunstancias adversas. Había tenido sumo cuidado al lavarlo, ya que la tela era en extremo delicada y el olor impregnado en ella era único.

Encontré a Marion en el pasillo, musitando algo mientras veía la foto traspuesta de su relicario en forma de cruz que solía llevar en el cuello. Por más que traté de descifrar lo que decía, me fue imposible. Pero ya estaba acostumbrado. Con ella siempre es así. Nunca logro entender que le pasa cuando esta cabreada o con un bajón. Es como si se valiera de una especie de mecanismo de defensa frente a mis extrañas habilidades. Hablamos de cosas triviales, pero no sonrió ni una sola vez, lo cual me preocupaba un poco. Quise sonsacarle algo, pero se las arreglaba para cambiar de tema. Por momentos posaba la mirada en mis manos. Sin duda, hurgar en aquella mente en batalla era tan fácil como encontrar una aguja en un pajar, pero, la inquietud en su mirada por saber, quizás, a quien pertenecía aquella prenda, podría jugar a mi favor. Noté que el flequillo carmesí ya le tapaba parte de sus melados ojos brillantes y se lo alboroté un poco. Se limitó a girar los ojos y negar con la cabeza, volviendo así cada cabello a su lugar y luego golpeándose la frente contra la puertecilla luego de poner la combinación al candado. ¿Acaso estaba molesta?

–Marion... hoy estás un tanto…

– ¿Ya te cambiaron la asignatura que solicitaste el lunes? –me interrumpió nuevamente.

–Sí, el joven doctor Charlson fue de mucha ayuda y… –me detuve, al ver que no me estaba prestando la más mínima atención.

–Ya veo –Fijó la mirada en su bolso, de donde sacó un grueso libro sobre la conducta de las aves –rayos, debí perderlo en ese lugar –murmuró rebuscándose algo en el bolsillo de la chaqueta – ¿me prestas tu resaltador?

–Aquí tienes –le pasé un rotulador amarillo.

–Debo darme prisa o ese granuja no me dejará entrar –sombreaba un párrafo que hablaba de las águilas. Sonreí para mi mismo al recordar que ambos somos zurdos. Lo único que pude "leerle" fueron palabras sueltas como "club de natación" "Microbiología" "el imbécil aristócrata" y otras que no entendí muy bien, y sin embargo podrían darme una pista de su frustración.

– ¿Almorzamos juntos? –le pregunté instintivamente.

–Lo siento, hoy tengo un día pesado, pero gracias por la invitación – guardó el libro con presteza –Te veo luego, chico –dijo finalmente dándome una palmada en la espalda que casi me hace golpearme contra la puerta del casillero adyacente.

– ¡Oye, Rufous, si no mides tu fuerza nunca conseguirás novio! –bromee esperando que volteara, mas no lo hizo. Eso me desconcertó un poco. La traté de alcanzar antes que su larga cola de caballo desapareciera tras la puerta del pasillo principal, que lleva al salón de Anatomía, pero fue inútil.

"Que mosca le habrá picado ahora"

Tras de mí sentí el dulce aroma que despedía la chica que esperaba ansiosa hasta que terminara de cerrar para pedirme algo de la clase que tenía mas adelante. Antes que sus impacientes ojos azules consultaran por tercera vez en menos de tres minutos su reloj de Pucca, ya sabía lo que diría: "Disculpa. ¿Serías tan amable de prestarme tu libro de Botánica I? olvidé el mío en la van de papi y casualmente hoy tengo esa clase, ja ja"

–Hola linda –le dije intentando parecer sorprendido – ¿Te puedo ayudar en algo?

–Ah, mm, bueno es que me preguntaba si de casualidad, es decir yo… –el leve sonrojo de sus mejillas la delataba y tuve que reprimir una sonrisa.

–Perdona… am

– ¡Claudia! –se apresuró a decir como si adivinara que había olvidado su nombre. –Descuida, siempre nos confunden –Me sentí algo culpable, pero ese sentimiento se desvaneció al darme cuenta que solo trataba de acercarse a mi y no quería parecer tan obvia. Así que se limitó a soltar lo primero que los nervios delatores le permitían decir. ¿Tenía derecho de ponérselo más difícil?

–Claro, estamos juntos en la clase del Dr. Harald, no?

Asintió inesperadamente complacida de que haya recordado ese nimio detalle, cuando ya llevamos casi dos semanas de ser compañeros de Botánica I, en donde ella y Dana –su gemela –se me presentaron y pusieron a disposición en todo lo que necesitara. Me pregunto cuando, cómo y por qué de pronto Clau estaba también en clase de la Srta. Ruxandra. Eso sin duda me traería más de un conflicto. Bianca, Verónica y Corina, las mosqueteras barbies, quienes se habían autoproclamado mis "guardaespaldas" no se la pondrían fácil.

– ¿Te puedo pedir un favor? –le dije, advirtiendo que mi reloj apuraba los últimos minutos para empezar mi clase favorita.

–Claro, lo que quieras.

–Veras, es que tengo que entrar a la clase del Dr. Charlson ahora y no puedo cargar con tantos libros –le pasé el libro de Botánica I y enganchándome la mochila, me despedí con una sonrisa de agradecimiento acompañada de un sutil guiño para acto seguido atravesar el pasillo que me conducía a la escalera.

– ¡Te lo cuidaré mucho! –se abrazaba a él al pie de las escaleras con una pueril sonrisa a la que correspondí antes de perderla de vista y entrar al salón.

Eché un rápido vistazo y noté que había entrado poco más del ochenta por ciento de la clase de Historia y Geografía de la Flora y la Vegetación. Se habían reunido en pequeños grupos de cinco. Como nuestro simpático tutor no terminaba de entrar, me empecé a aburrir. Me puse a hojear una revista de semillas exóticas que tomé prestada de Andrei, el chico de la clase del Dr Harald. De pronto los demás chicos se reunieron alrededor con marcada curiosidad. Me sorprendí al ver su entusiasmo por el artículo, pero mi sorpresa aumentó al ver que solo miraban la contraportada donde posaba una beldad sudafricana cubierta tan solo de espigas de trigo, promocionando un tipo de crema para el cuerpo. Debí suponer que el retorcido cerebro de Andrei no estaba precisamente interesado en el artículo del Dr. Hawthorsten Krömer sobre la flora veracruzana. Sentí el fuego expandirse en mis mejillas.

"Lo que me faltaba, ahora pensaran que soy un pervertido".

Afortunadamente estaban muy absortos en su "observación de campo" como para siquiera acordarse de mi presencia. El murmullo se limitó a silencio casi absoluto. Me quité los cascos cuidadosamente y miré de reojo hacia el fondo del salón. La vista era más interesante. Allí la vi sentada, como siempre, silenciosa y guapa. Dejé la revista al cuidado de aquellas hormonas alborotadas y me dirigí hasta ella, quien parecía estar deseosa de compartir con el resto, pero solo se quedaba mirando.

"Así que eres tímida. Esto si que no me lo esperaba"

Aquello se me antojó un tanto lindo. Me acerqué al ver que el asiento a su derecha estaba vacío. Cuando giró me perdí por un instante en aquellos grandes ojos verdes. Sin proponérmelo, había extrañado esa sensación que aunque no era otra cosa que admiración momentánea por una musa, me hacía sentir relajado. Lo que buscaba era una oportunidad para agradecerle el "rescate". Si no me da ese "amuleto de la buena suerte" fijo que me desmayaba frente a los ojos atónitos de los presentes por la debilidad de ser ultrasensible al fétido olor de la hemoglobina.

– ¡Hola! –Le dije con una sonrisa acercándome a su pupitre – ¿Puedo sentarme? Ella me miró sorprendida sin decir una palabra.

– ¿Tu estas en esta clase? –dijo al fin. La frustración en su cara era tal que no pude evitar reírme de ello –No. –Le contesté –Es decir, hasta hoy. Pedí que me cambiaran una asignatura, creo que esta es mas interesante "y más divertida" ¿Entonces puedo? –Me senté sin esperar a que me diera la aprobación.

–Si claro –dijo luego de una larga pausa.

–El otro día tenias tanta prisa que no me dejaste tiempo para disculparme adecuadamente, la verdad es que andaba despistado, siento el percance. "siento haber actuado como un tonto."

–No fue nada –negó con la cabeza aún con un aire de contrariedad en sus gestos. Antes que estuviera más incómoda, quise alivianar un poquito la situación e instintivamente me llevé las manos al bolsillo en donde guardaba su pañuelo.

–Gracias –lo puse sobre la mesa en dirección suya –Si no llega a ser por ti no se lo que hubiera hecho. Odio la sangre. "La verdad es mas que odiarla, me asquea. Pero ya de por si parezco sospechoso. Así que gracias por haberme evitado un mal rato" –pensé mientras una sonrisa cómplice intentaba hacerle ver cuan agradecido estaba. Ella sonrío también, lo cual se me antojó un alivio a su tensión y tomó el pañuelo por una esquinita. Eso último no me pareció del todo agradable, pero no le di más vueltas. Quizá ella también tendría un problema similar.

–No hay de que –Me pareció que estaba algo tensa y que sus ojos evitaban mi mirada. ¿La ponía nerviosa? Interesante. Si se enterara de que puedo oír mentes…excepto la suya, como pude apreciar. Mis ojos se posaron una vez más en el pañuelo y la inscripción.

–Es una seda poco común, y ese tipo de bordado solo se utilizaba a principios del siglo XX. Diría que se ve bastante antiguo... ¿me equivoco?

–Tienes razón, lo he heredado de mi tatarabuela –Contestó rápidamente, más tranquila y segura de sí.

Sentí una amalgama de decepción y frustración por su respuesta. Solo había una manera posible de que ella y su tatarabuela guardaran el mismo nombre de familia, y es que ambas madres se hubieran casado con un Delacroix. El detallito insignificante era que "Delacroix" era un apellido francés y según los rumores esta niña era londinense. Por otro lado, estaba el asunto del nombre. Era mucha casualidad que las dos se llamaran "Darla", ¿no? A menos que sea un nombre común en alguna comuna del Reino unido. ¿Debería aceptar que ese tipo de casualidades puede ocurrir? De lo contrario debía convencerme de que la linda chica que estaba sentada a mi lado tenía más de 45 años, a juzgar por la fecha inscrita. ¿Está la plástica tan avanzada?

Cada pensamiento al respecto me resultaba más absurdo que el anterior. "Absurdo" me repetía a mi mismo, mirando una vez más aquel rostro adolescente.

–Vaya...–pensé en voz alta, resignándome a imaginar que la chica talvez tuviera una razón poderosa para mentir así, en caso de que lo hiciera, claro. – ¿No eres muy conversadora no? –Pregunté tratando de no pensar o decir algo inapropiado.

–Depende –me respondió, desviando la mirada.

Sentí curiosidad en preguntarle de que"dependía", cuando la –inoportuna cuatro ojos –asistente del decano se asomó a la puerta.

–Disculpen por el retraso, pero el señorito Charlson no se encuentra bien hoy, lamentablemente la clase será suspendida. Pueden quedarse aquí o ir a la biblioteca a estudiar, hagan lo que prefieran, y perdonen las molestias. –Dijo arreglándose las gafas con el dedo índice repetidamente, antes de largarse por donde había venido. Me tomó un gran esfuerzo percatarme de las verdaderas razones por las que el agradable guía no se había presentado a dar la cátedra. Quizá habría criptonita cerca.

–Así que con resaca...–pensé en voz alta, sin querer y al tiempo deseando no haberlo hecho.

– ¿Como? –Preguntó mi compañera.

–Em, nada –Dije con el cerebro echo un lío, por el esfuerzo al leer la divagante mente de la secretaria –Vaya, que perdida de tiempo ¿no? –dije con una sonrisa tonta, mientras ella comenzaba a recoger los libros metiéndolos en la maleta.

–Bueno, nada que no se pueda remediar en la biblioteca –Me quedé parcialmente helado con esa frase. Había escuchado algo similar de mi inolvidable profesora de violín. Algo que honestamente prefería mantener alejado de mis pensamientos. – Nos vemos –me dijo saliendo de detrás del pupitre y comenzando a caminar.

–Espera –Se dio la vuelta. –Después del almuerzo es la clase de Botánica I, no deberías de faltar. Estamos avanzando deprisa, y la Srta. Ruxandra te terminará de echar la cruz si no asistes, y créeme que tiene ganas. – Busqué en la mochila unas fotocopias grapadas que había preparado unas semanas antes pensando en "mis guardaespaldas" –Fotocopié mis apuntes por si quieres ponerte al día –No le mentí. Aunque no lo hiciera originalmente para ella, el asunto es que lo hice, ¿no? además prefería dárselos a alguien que al menos supiera distinguir entre un crisantemo y una orquídea –Te debía una por lo del pañuelo – Sonrió.

–Gracias, no tenias porque haberte molestado –Dijo sorprendida y tomándolas con presteza. –Iré a ponerme al día entonces, nos vemos más tarde –se marchó, dejándome apreciar una dentadura perfecta y saludable.

Había olvidado por completo a mis lindas guardaespaldas quienes, al parecer eran pitonisas, ya que "por artes mágicas" descubrieron que estaba libre.

– ¡Seiya! –dijeron a coro y al frente salió su "representante", la escultural rubia de pelo rizo, Verónica Krull –Nos hemos enterado que tienes libre esta clase y hemos pensado que igual podrías hacer algo con nosotras.

–Nos prometiste que nos ayudarías con la práctica de la pagina 12. –Se quejaba Corina, revolviendo su corto y rubio pelo lizo.

– ¿No era la pagina 2? –preguntó Vero confundida.

–Demonios, sabía que había olvidado algo importante –dijo Bianca frustrada.

–Ay Dios, ¿ese dinosaurio no sabe pronunciar bien o qué? –prosiguió Vero, cuyo acento delataba sus orígenes germánicos.

–Mejor aparto ese bolso ese bolso de Prada que vi en e-Bay antes que lo olvide – Dijo Bianca abriendo su nanobook.

Todo aquello me pareció divertido. En las cabezas de estas barbies no había mucho que buscar y el uso de mi iPOD se limitaba a escuchar canciones mas acopladas, mientras observaba a aquella musa partir. Le sonreí ante la situación inesperada. Yo hubiera querido ir con ella a la biblioteca y aprovechar mas el tiempo. Pese a que era algo introvertida, me agradaba su compañía. Ella me devolvió la sonrisa antes de perderse de vista.

Ajusté el volumen de los cascos. Pues de repente fui golpeado por la ráfaga de pensamientos aleatorios que provenían de los estudiantes que dejaban las aulas del salón adyacente. La música era mi refugio. Desde pequeño siempre me sentí atraído por ella y aprendí sin mucho esfuerzo a tocar varios instrumentos. En cuanto entré por primera vez en el cuarto de música de la escuela, di por descontado cual sería mi vocación. Nunca imaginé que me desengañaría unos escasos meses mas tarde. Aún sigo practicando algunas viejas partituras con mi guitarra, pero en el momento del clímax, recuerdo aquellos ojos césped acentuados por unas largas pestañas oscuras que hacían contraste con la melena rubia revuelta que tantas veces alisé con mis dedos. Decidí enterrar aquellos recuerdos, estudiando algo que me distrajera. La Botánica me pareció la mejor alternativa, pero no imaginé que iba a gustarme tanto. Sin darme cuenta, abrí un viejo libro de poemas en donde guardaba con recelo un espécimen de tulipán rojo, diseco. Me quedé un poco más leyendo un poema épico de Homero. Hacía bastante tiempo que no leía ese tipo de literatura desde que leyera la Ilíada unos años antes de viajar a la academia de Música de Viena. Acaricié la primera página con las yemas de los dedos sin dar vuelta a la hoja. Era un regalo de aquella musa cuyo recuerdo aún me quemaba la piel. ¿Por qué tenía que acordarme de esas cosas dolorosas ahora?

Cerré el libro, incapaz de alejar mi mano de la página donde guardaba el último vestigio de aquellos días. Un sentimiento de pesadumbre me tejía un nudo en la garganta, deseando con todas mis fuerzas que la guitarra de Judas Priest, me atrofiara el cerebro causándome amnesia lacunar.

–Eh, Planeta Tierra llamando a Seiya –gritó de pronto una voz familiar, sacándome de aquel ensueño.

–Las chicas y yo queremos ir a explorar el campus. ¿Has visto el lago tras la facultad de Ciencias?

No había reparado en lo dulces que eran los ojos verde azules de Vero. Era como una especie de "deja vu" que me transportaba de nuevo a aquellos días que si bien fueron gratos, una nube gris los había tornado en los más tristes que he experimentado en todos mis diecisiete años.

–Apúrate y deja de leer tanto o se te irá la juventud sin que lo notes –Me tomó del brazo, sacándome de allí sin darme tiempo siquiera a negarme a ello.

Corina y Bianca nos miraron algo airadas, pero el buen humor de Vero cambió sus semblantes de muñecas sin alma. Recorrimos un sendero lleno de flores y verde pasto que conducía hacia el jardín trasero de la facultad de Humanidades, muy cerca de la facultad de Ciencias de la Salud. Sabía del hermoso lago que había allí por cierta personita que agotó casi toda una noche describiéndolo. Como no pude contactarla al Mobil, supuse que talvez la encontraría allí.

–Waw, es el chico nuevo que te conté, a que es guapo – anunció Bianca cuando llegamos cerca de unos abetos

–No está mal, pero mejor te fijas en alguien dis-po-ni-ble, morena –dijo Corina.

– ¿Esa no es la rarita de la clase de Taxonomía? –dijo Vero y me detuve a medio camino de forma automática. Al chico lo había visto ya y me suponía que eran muy cercanos, pero no fue sino al ver sus rostros tan juntos, cuando me di cuenta cuan íntimos eran.

No quería ser inoportuno, así que mi primera reacción fue retroceder, pero los cuchicheos y las risas de mis adorables compañeras arruinaron el plan. La chica, visiblemente incómoda, optó por tirar hacia atrás deshaciéndose del abrazo de su acompañante, el cual me fulminó con la mirada. Sentí una sensación que no me gustó en absoluto. Era la primera vez que sentía tal repulsión hacia alguien. Había algo en él que me hizo sentir en extremo incómodo. Tampoco es que ese fuera el mejor lugar para ese tipo de demostraciones.

"No es como si yo representara en forma alguna una absurda especie de amenaza. Deberías confiar más en tu chica. Psicópata aristócrata inseguro"

Yo, sin encontrar una forma más idónea de disculparme por la "imprudencia" e ignorando la furtiva mirada de asesino en serie que me lanzó el extraño tipo, sonreí a mis compañeras y seguimos caminando en dirección Este sin pensar más en el asunto.

Las clases de Botánica terminaron antes de lo normal. En cuanto entregamos los trabajos pendientes, la Srta. Ruxandra los acomodó en su sofisticado maletín, mientras nos avisaba del examen que tendríamos la semana entrante. Abandonó el salón y luego el resto de la clase no tardó en hacer lo mismo.

Busqué con la mirada a Darla, pero al parecer se había saltado la clase. La Srta. Ruxandra sentía aversión por esta chica y la aislaba a propósito, pero eso no parecía importarle mucho. Bien por ella el no dejarse intimidar por un profesor poco profesional. Era una lástima que una chica tan linda tuviera tan mal gusto. Que más me daba. Cada quien lo suyo. No era asunto mío.

De pronto Corina se puso pálida y me concentré en ella. Tenía algo de sed, así que fuimos directo a la cafetería de la universidad.

–Eh, Seiya es tu turno o ¿quieres que pida por ti? –me anunciaba Vero pasándome el menú.

–Pidan ustedes, yo invito –le dije con una sonrisa.

–Mmm Ey, chicas no volteen ahora, pero ahí está otra vez: la versión rumana de Edward Cullen, pero este está mejor mira nada mas que cu…erpo –susurraba Corina mientras yo con disimulo, con la mirada por encima del menú veía la impaciente y malhumorada peli roja esperando en el autoservicio de la cafetería.

–Parece estudiante de término, pero ya tiene un doctorado en Anatomía –le avisaba Vero.

– ¿Y tú cómo sabes eso? –preguntaba Bianca

– Hello, no subestimes a "Alice", "Bella" – añadió Corina

–Mi hermano mayor y el son íntimos –continuó Vero. Una vez fue a una de nuestras fiestas sociales. Y su padre es nada más y nada menos que del dueño del Hospital Veterinario de Alba Iulia.

– ¿Quieres decir que ese sujeto es…? –Empezó a decir Bianca

–Dimitrie Keldish –dijo Vero como un detective resolviendo un enigma.

–Vaya –se quejaba Corina –sabes mucho como para no estar "interesada"

–Ni hablar –saltó Vero un tanto mosca –Es guapo, rico y todo lo que quieras, pero no es mi tipo. He oído que es muy arrogante.

– Woa, no importa, no hay muchos profesores ardientes – decía Bianca

– Excepto en nuestra clase – Replicaba Corina

"Para que envidiar un espécimen de esos, teniendo a tu lado una proeza de los dioses" –pensaba Vero, mientras hacía un sensual gesto con la pajilla de su batido.

Me valía madre quien fuera el aristócrata aquel, pero no pude evitar escuchar lo bien informada que parecía estar Vero. Su voz era muy suave y firme. No negaré que me intimidó un poco, pero la verdad estaba más interesado en saber qué rayos pasaba con mi amiga. Me disculpé con las chicas y salí en busca de Rufous, pero ni rastro de ella. Saqué el móvil del bolsillo y leí el mensaje que me había enviado. "Me voy en cuanto salga de esta clase, estoy muerta"

Revisé una copia que conservaba de su horario y me percaté que aún faltaba como poco media hora más para que terminara. Después de pensarlo mucho me encaminé a la facultad de Humanidades. Subí al segundo piso y esperé frente a la puerta del salón del Dr. Krogen. Pasaron unos quince minutos y la puerta se abrió. Los estudiantes de Microbiología salían a diestro. Me quedé tras la pared, evitando ser tocado, hasta que todos salieran y entré. Pero ella no estaba. El Dr. Krogen hablaba con una chica de pelo corto color arena y gafas. El salió primero y al notar mi presencia, me dio un saludo de cortesía y abandonó el salón a paso de tortuga.

–Si buscas a Poe, ella pidió permiso para irse mas temprano –me dijo de pronto la chica, de forma extrañamente familiar.

–Ah gracias, pero ¿cómo…?

–Soy Anne –dijo sonriente y alargándome la mano. –está esforzándose mucho, pero es una chica fuerte.

"Ni que lo digas".

Tras sus anteojos tenía unos enormes ojos azules maquillados a lo gótico que hacían contraste con unas graciosas pecas en el rostro.

–Soy Seiya Krown, encantado –dije con impaciencia.

"Que guapo es. ¿Será su novio?" – ¿Tu eres su…?

–Soy su esposo –dije, solo para ver la cara que pondría.

–Es…po… "Espera, ¿No se supone que el apellido debe cambiar?" Si, claro ja ja que gracioso eres. "¿Tendrá novia?"

Era más lista de lo que aparentaba. Sonreí ante el fracaso de la broma. Pero a decir verdad sus pensamientos me daban escalofríos, así que inventé una excusa y salí pitando de allí.

...............Continuará..............